Part 5
Merced a las sugestiones de estas fuerzas sociogenéticas, la superior ambición de toda mente vigorosa ha llegado a ser la de contribuir con algo a la gran corriente de la civilización y marchar en la senda del progreso intelectual. En el fondo de tal aspiración palpita el placer mismo que produce una sana labor intelectual, el encanto de la creación y el amor a la gloria, a la inmortalidad en el recuerdo de los hombres. A medida que pasan las edades y la historia anota en sus páginas los resultados de la acción humana, va quedando más en claro para un mayor número de personas que tal es el fin de la vida y por conseguirlo se esfuerzan. Se ve que sólo aquellos que han inventado algo, creado algo, sentido por sobre la muchedumbre, son recordados y que, con el tiempo, sus nombres tórnanse más brillantes en lugar de empañarse. Así, la invención, la creación llega a constituir una forma de inmortalidad que, a medida que la esperanza de una inmortalidad personal se desvanece con los adelantos de las ciencias biológicas, se hace más atractiva y echa más raíces en el corazón humano.
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La concepción de Mr. Ward sobre la materia de la sociología es hermosa y casi podría decirse que toma los hechos humanos por el lado heroico. Como podremos ver en varias ocasiones más adelante, una de las características de esta sociología es la rehabilitación de la fuerza psíquica, la consideración del valor que tiene la mente humana, siendo ilustrada, como directora de los fenómenos sociales y propulsora del progreso artificial.
Fué una doctrina que en 1883, con la primera obra fundamental de Mr. Ward «Dynamic Sociology» se levantó contra las tendencias demasiado mecánicas y menospreciadoras de la acción humana que entonces dominaban sostenidas por la propaganda y el prestigio de Mr. Spencer.
Pero la tesis de Mr. Ward es incompleta. Teniendo los _achievement_ (inventos en el sentido de la sociología de G. Tarde), toda la importancia que no es posible desconocerles, sin embargo, no comprenden por sí solos todos los fenómenos que deben formar la materia de la sociología. Más amplia y comprensiva al mismo tiempo de la idea de Mr. Ward, es la tesis sostenida por Albion W. Small[5] de que «la materia de la sociología es el proceso de la asociación humana».
[5] _General Sociology_, I.
No todos los fenómenos que merecen ocupar la atención de nuestra ciencia son _achievements_.
Para esclarecer esta afirmación conviene hacer las siguientes preguntas: ¿Tienen todos los hechos sociales el carácter de _achievements_? ¿Hay hechos sociales que puedan ser descuidados por la sociología?
Me parece que no todos los hechos sociales son _achievements_. No lo son todos los que forman la inmensa multitud de las imitaciones, es decir, los actos llevados a cabo por los hombres que son meros imitadores. En los tiempos de decadencia, corrupción y crisis moral, el gran fenómeno de la disolución de una sociedad, que no debe ser descuidado en ningún estudio sociológico, está formado en último análisis por la suma de todas las debilidades, costumbres viciosas y prácticas corrompidas de los individuos de la época, y ninguno de estos actos es un _achievement_. Esto se puede comprobar con analizar un poco los ejemplos clásicos de la decadencia de Roma después de la conquista del mundo y de la decadencia de Grecia después del siglo V. Que un solo individuo despilfarre su fortuna o sea inmoral, son hechos sociales, cualquiera que sea la posición del individuo, porque si no fuera así no podríamos señalar la existencia de ningún hecho social. Es claro que el sociólogo ni el historiador no han de andar inquiriendo la vida privada de cada vecino; pero la estadística se encarga de darla a conocer sin nombres propios, y de los hechos que la estadística publica sólo algunos son _achievements_, mas todos constituyen eslabones del proceso social, cuyo estudio no es posible descuidar.
III
LA SÍNTESIS CREADORA.--EL DUALISMO CÓSMICO.--EL PRINCIPIO DE LA SINERGÍA.--BASE PSICOLÓGICA DE LA SOCIOLOGÍA.--EL ALMA.--LAS FUERZAS SOCIALES.
Al inquirir el génesis y transformación de las fuerzas que llegan a convertirse en las fuerzas sociales, la sociología extiende sus raíces en un campo tan vasto, que viene a encontrar sus antecedentes en una verdadera cosmología.
A fin de que sea suficientemente claro este proceso cuyas remotas causas alcanzan hasta el funcionamiento de las fuerzas primordiales de la naturaleza, conviene considerar primeramente algunos fenómenos que tienen para nosotros la ventaja de estar más al alcance de nuestra inmediata observación.
Las obras de la naturaleza no son perfectas. Encontramos siempre en ellas mucho que criticar y formamos planes para transformar las cosas en vista de los fines que nos proponemos para hacer cosas nuevas. Esos planes son los ideales que surgen en la mente del genio inventivo y del genio creador en las artes, en las industrias, en las ciencias, en las cuestiones sociales. El nacimiento de un ideal es uno de los casos en que obra lo que se llama la _síntesis creadora_. La síntesis no es sólo la suma de los elementos que han servido para formar el cuerpo que por medio de ella resulta; es algo más. No habría sido fácil prever por ejemplo, lo que iba a resultar de una unión tan sencilla como es la de dos átomos de oxígeno con uno de hidrógeno. Así también la mente con los hechos, datos y representaciones que la experiencia le suministra, construye combinaciones nuevas, ideas, obras de arte, verdades científicas, inventos técnicos, máquinas, proyectos de reforma social, que son propiamente creaciones.
Mr. Ward ha tomado el principio de la síntesis creadora de la filosofía de Wund[6]. Según este principio, todos los actos o productos (Gebilde) psíquicos no solo están en relación con los elementos que han servido para formarlos, sino que contienen algo más que no se encontraba en dichos elementos. Tal afirmación vale tanto para las grandes concepciones de que acabamos de hablar, y en las cuales es obvio su carácter de creaciones sintéticas como en los casos de los poetas e inventores, cuanto para los fenómenos aparentemente simples de la inteligencia, como, por ejemplo, las sensaciones. La actividad del alma es propiamente sintética. Esto no quiere decir que el espíritu no sea capaz de efectuar análisis, sino que cada una de las partes mismas del fenómeno analizado es percibido distintamente en virtud de una síntesis especial.
[6] _Logik der Geisteswissenschaffen_. p. 267.
Ahora podemos decir que la naturaleza igualmente efectúa por sí sola síntesis creadoras, con la diferencia de que en la mente el fenómeno es _télico_, es decir, se propone fines, se produce en vista de algún fin, mientras que en la naturaleza es _genético_, esto es, resulta de la acción de causas eficientes que funcionan sin un fin determinado.
De cambio en cambio se ha pasado del caos de la nebulosa al cosmos, del cosmos a la vida, de la vida a la inteligencia, a la sociedad. Nosotros no sabemos cuál sea el estado absolutamente elemental de la materia. La creación de algo de la nada, según la concepción antropomórfica, es inconcebible; pero entonces, cuando sobrevino aquella relativa condensación que constituyó la homogénea e indiferenciada masa de difusa, materia llamada nebulosa, tuvo lugar una síntesis creadora. Que dicha nebulosa se diferenció subsecuentemente en sistemas de mundos, de los cuales nuestro sistema solar no es más que uno, en conformidad a la hipótesis de Kant y de Laplace, constituye una afirmación que envuelve una síntesis creadora. Los elementos químicos fueron convirtiéndose sucesivamente en compuestos inorgánicos, compuestos orgánicos protoplasma, plantas y animales a través de otras tantas síntesis creadoras.
En las aseveraciones anteriores va envuelto un concepto monista de la naturaleza, esto es, el de la existencia de una sola substancia; pero la manera de obrar de las fuerzas implicadas en esa substancia es lo que se llama el _dualismo cósmico_. La naturaleza encierra no sólo fuerzas que se transforman, sino fuerzas que contienden. La universal energía no cesa jamás de obrar y su incesante actividad constantemente crea. Las cantidades de materia, masa y moción que entran en actividad no cambian; todo lo demás cambia: posición, dirección, velocidad, combinación, forma. Decir con Schopenhauer que la materia es causalidad envuelve una elipsis.
No es la materia, sino la _colisión_ de la materia lo que constituye la única causa. Este eterno chocar de los átomos, este continuo esfuerzo de los elementos, esta presión sobre cada punto, esta lucha de todas las cosas creadas, este universal _nisus_ de la naturaleza que da existencia a todas las formas materiales y se coloca dentro de ellas como propiedades, como vida, como sentimiento, como pensamiento; esto es el hilozoismo de los filósofos, la autoactividad de Hégel, la voluntad de Schopenhauer, el alma del átomo de Haeckel, el alma del Universo, el espíritu de la naturaleza, la causa primera de la religión y de la Ciencia, es Dios.
Cada fuerza se encuentra con resistencias; de otra manera no podría haber energía. La idea de fuerza es inconcebible sin la idea de alguna resistencia correspondiente. Si no fuera por estos conflictos del Universo, la evolución sería imposible. Las fuerzas de la naturaleza están perpetuamente comprimidas. Si la fuerza centrífuga no se hallara constreñida por la fuerza centrípeta, los planetas volarían de sus órbitas, siguiendo líneas rectas indefinidas. Si no hubiera habido tal restricción, éstos no habrían existido nunca. Todas las formas definidas de cualquiera clase que sean, son debidas a influencias antagónicas que constriñen, circunscriben y transforman el movimiento. La conservación de la energía resulta de esta ley y todos los multiformes modos de moción que se convierten perpetuamente unos en otros, son los productos de esta incesante lucha. Vemos atracción y repulsión, concentración y disipación, condensación y disolución; así se forman las nebulosas, los planetas, los satélites y los organismos. Viene a producirse una verdadera cooperación y colaboración de las fuerzas que compiten. Este es el principio de la _sinergía_, el principio de la acción productora y creadora de las fuerzas que contienden. El efecto normal y necesario que se destaca claramente en este dualismo cósmico, en esta lucha cósmica, es la tendencia a la _organización_ de algo, a convertir la mayor suma posible de materia inorgánica en materia orgánica.
Una de las creaciones sintéticas de la naturaleza es la _vida_.
Después de la formación de la corteza terrestre quedó siempre ocupando las concavidades de la superficie una gran cantidad de agua y, envolviéndolo todo, una atmósfera de oxígeno, nitrógeno, carbono dióxido (carbón dioxide) y vapor acuoso. Estos últimos son los principales materiales con que han sido formados los productos _bióticos_. En todas partes existe un universal _quimismo_ y constantemente son formadas diferentes substancias por medio del contacto y de las afinidades electivas de la materia. Debemos suponer que en el proceso de enfriamiento del planeta, el _quimismo_ se convirtió en _zoismo_.
Esta es una suposición. Lo que nosotros sabemos es que la vida debió comenzar en algún momento en nuestro planeta, lo cual seguramente sucedió cuando la temperatura era más alta que las más elevadas de nuestra zona tórrida actual. Los atributos primarios y diferenciales de la vida han sido la irritabilidad y la movilidad. Su forma más simple que conocemos es el protoplasma, el cual mirado desde el punto de vista biológico, apenas puede ser llamado un organismo, por lo simple que es, mientras que observado desde el punto de vista químico, es tan complejo que no es posible colocarlo entre las substancias químicas. Ocupa exactamente el término medio entre el mundo inorgánico y el orgánico. Fué perfectamente llamado por Huxley «la base física de la vida». El protoplasma posee sus cualidades esenciales de la movilidad e irritabilidad, como el azúcar posee la dulzura, la quinina la amargura. El _zoismo_ es una creación sintética del _quimismo_.
En el mundo orgánico, las primordiales fuerzas contendoras son la herencia y la variación, que corresponden en astronomía a las fuerzas centrípeta y centrífuga respectivamente. La herencia debe ser considerada como una tendencia de la vida a que continúe existiendo lo que ya ha empezado a existir. Todas las fuerzas son esencialmente iguales y la fuerza viva o fuerza de crecimiento es igual a cualquiera otra fuerza física, esto es, obedece a la primera ley del movimiento y produce movimiento en línea recta, siempre que no haya interferencia de otra fuerza. Si esto sucediese, resultaría un aumento constante en la cantidad de la vida sin que hubiese ningún cambio en la calidad. Pero en el dominio de la fuerza, como en el de cualquiera fuerza física, a consecuencia de la multiplicidad de los objetos de la naturaleza, existe necesariamente una constante colisión, una oposición constante, un continuo contacto con otras fuerzas que vienen de todos los lados imaginables. Éstas constituyen las resistencias del medio. La herencia sigue su camino lo mejor que puede en medio de los obstáculos que se le presentan. Ya hemos visto que bajo el principio de la sinergía cósmica la fuerza cósmica primordial que impulsó a la materia del espacio universal asumió por último, tras innumerables colisiones, una forma organizada y convirtió la materia del espacio en cuerpos simétricos coordinados en sistemas. De idéntica suerte, la fuerza vital, sujeta a la acción de muchas fuerzas contrarias, empezó a elaborar formas simétricas y a organizar sistema biológicos. Los protistas, las plantas, los animales, fueron los resultados de esta sinergía orgánica. Göethe esboza ya estas ideas en su «Metamorfosis de las plantas» (1790), y en su «Morfología» (1786).
Después alcanzamos, por medio de una nueva síntesis creadora, a la aparición del primer esbozo de lo que ha de ser más tarde el núcleo de las fuerzas sociales: el alma. A la primera substancia viva, siendo frágil y delicadísima, necesitando renovarse para mantenerse y estando expuesta a mil causas de destrucción provenientes de la materia inorgánica que la rodeaba, le fué preciso distinguir, so pena de la muerte, lo que le convenía aceptar o rechazar del mundo exterior, debió tener interés y experimentar impresiones agradables y desagradables. Tal fué la alborada de la fuerza psíquica, la más superior cualidad de la materia, cuyo brillante y prodigioso desarrollo ha venido a dar lugar a la fuerza propulsora de la más elevada creación de la naturaleza: la sociedad humana.
El alma del hombre que no es más que el alma del átomo después de haber pasado por el alambique de la evolución orgánica, constituye, dentro de sus cualidades primordiales y fundamentales, la fuerza social, el agente dinámico y transformador por excelencia.
Dicho esto, no costará aceptar que la sociología descansa sobre la psicología y no sobre la biología, como algunos pensadores lo han sostenido.
En su obra: _The Psychic Factors of Civilizations_ entra Mr. Ward en minuciosos y originales análisis de los fenómenos psíquicos. Los fenómenos de la mente en su más amplio sentido pertenecen a dos distintas clases: a la de los sentimientos y a la del intelecto. Los primeros forman el objeto de la psicología subjetiva y el segundo el de la psicología objetiva. Cuando se pone en contacto la extremidad de un dedo con un objeto material, dos consecuencias resultan. Se produce una _sensación_ que depende de la naturaleza del objeto y la mente recibe una _noción_ de la naturaleza del objeto. El proceso por medio del cual se lleva a efecto esta noción o conocimiento se llama _percepción_. Estos son los elementos que sirven de base a las dos ramas de la psicología de que acabamos de hacer mención: la sensación a la rama subjetiva y la percepción a la rama objetiva.
Debemos decir que esta división no es perfectamente distinta y clara. Tanto en los fenómenos de la sensación y de las emociones y sentimientos como en los fenómenos de la percepción y las representaciones, asociaciones de ideas y pensamientos que de ellas se derivan hay elementos subjetivos. Las percepciones y representaciones no son nunca la imagen de los objetos únicamente. Son condicionadas en gran parte por los estados de conciencia anteriores y simultáneos. Además, si la sensación es un hecho elemental que se encuentra en el análisis de los sentimientos como elemento primordial de éstos, también se halla desempeñando un papel análogo en las percepciones. Sin sensaciones previas no puede haber percepciones. Sin experimentar la sensación de peso jamás podré decir de un cuerpo que es pesado o liviano. De manera que no es acertado formar dos categorías opuestas de fenómenos dentro de los hechos psíquicos que tengan por base respectivamente la sensación y la percepción.
Es menester, sí, tener presente que las primeras manifestaciones del alma, tanto en su desarrollo que podemos llamar histórico o filogenético, tomando como punto de partida su aparición sobre la tierra, como en su desarrollo individual u ontogenético, son las de la facultad _conativa_ (_conative faculty_), las del deseo, las del interés instintivo que busca el placer y huye del dolor, o sea que busca lo conveniente para la vida y se aparta de lo que puede dañarla. Lo primordial son los sentimientos y la voluntad.
La vida debe ser preservada y las especies perpetuadas. La selección natural ha hecho agradables los actos que favorecen estos fines y dolorosos los que los contrarían. Las especies incapaces de experimentar esas sensaciones han debido desaparecer y sólo han subsistido las organizadas de tal manera que han podido sentir placer al apropiarse lo necesario para su existencia y dolor al contacto, proximidad o previsión de alguna cosa perjudicial o peligrosa para su vida. Así el dolor y el placer no son condiciones indispensables que dependan de la naturaleza misma de las cosas. Para el mundo inanimado no existen ni el placer ni el dolor. Éstos son sólo estados necesarios a la existencia de los organismos plásticos. Sin el dolor y el placer esos organismos no habrían subsistido, porque habrían sido destruídos por el mundo exterior. De manera que el dolor, lejos de ser un mal en sí, ha sido la condición esencial de la vida, entendido como una especie de advertencia para huir de la causa que lo produce.
El agente dinámico, el principio activo del alma lo forman los sentimientos y los deseos. El deseo es una verdadera fuerza natural que, si no fuera por las interferencias que encuentra en su camino, seguiría como todas las cosas la primera ley del movimiento de Newton e iría siempre directamente a la consecución de sus fines.
El desenvolvimiento de la inteligencia y de la razón es un acontecimiento posterior al desarrollo de la facultad _conativa_, de los deseos y de los sentimientos. La inteligencia no es propiamente una fuerza; es el agente directivo de los deseos y sentimientos. Su acción es siempre teleológica; la inteligencia es una causa final, es una causa que se propone algún objeto, mientras que el agente dinámico, el deseo es causa eficiente, obedece ciegamente a la acción inmediata que lo pone en movimiento.
La psicología de Mr. Ward es monista, y aunque no cita a H. Höffding en ninguna parte de sus obras, hay analogía entre sus ideas y la hipótesis de la _identidad_ del citado filósofo danés, según la cual, el alma y el cuerpo no forman distintas substancias, sino que son dos aspectos diversos de una misma substancia.
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Acabamos de ver que el agente dinámico, la fuerza social (hablando en singular) es el sentimiento, el deseo, la facultad _conativa_, la voluntad: diversas expresiones con que se designa la tendencia propia de nuestra naturaleza a huir del dolor y buscar el placer.
En lugar de la locución, _fuerza social_, se puede usar la de _fuerzas sociales_ en el mismo sentido, y para comprenderlas mejor conviene hacer una clasificación de ellas.
He aquí la clasificación:
{ Positivas.--Que { Fuerzas { buscan el placer. { ontogenéticas { { o preservativas. { Negativas.--Que { Fuerzas { { evitan el dolor. { físicas, { { (funciones { { Directas.--Los { corporales). { { deseos sexuales { { Fuerzas { y amorosos. { { filogenéticas { { { o reproductivas. { Indirectas.--Las { { afecciones LAS FUERZAS { { consanguíneas. SOCIALES { SON: { { Morales.--Que { { buscan lo { Fuerzas { { bueno. { espirituales { Fuerzas { { (funciones { sociogenéticas. { Estéticas.--Que { psíquicas). { { buscan lo bello. { { Intelectuales.--Que { buscan lo verdadero { y lo útil.
Las fuerzas ontogenéticas o preservativas pueden ser llamadas las fuerzas de la preservación individual; las filogenéticas o reproductivas (susceptibles de ser caracterizadas con la palabra AMOR como las primeras pueden serlo con la palabra HAMBRE) son las que cuidan de la continuidad de la especie; y las fuerzas sociogenéticas, es decir, las fuerzas morales, estéticas e intelectuales, merecen en conjunto el nombre de las _fuerzas del mejoramiento de la especie_. (Race Elevation). Constituyen éstas los poderes civilizadores por excelencia, y la expresión de las más altas aspiraciones humanas. Por supuesto que estas últimas fuerzas son relativamente modernas y el producto de la complicada serie de acontecimientos llevados a cabo por la acción de la energía social primitiva. Es decir, han tenido lugar primero la lucha por la vida y la lucha por la reproducción con caracteres animales antes que naciesen las más rudimentarias ideas morales, estéticas e intelectuales, y sólo la aparición del Estado, resultado de la lucha entre los grupos sociales, según Mr. Ward hizo posible el más completo desarrollo de esas fuerzas sociogenéticas morales, estéticas e intelectuales.
IV
LA SINERGÍA SOCIAL.--LAS ESTRUCTURAS SOCIALES.--LA LUCHA DE RAZAS.--ORIGEN DEL ESTADO Y DEL DERECHO.--EL DARWINISMO SOCIAL
El mismo principio de la sinergía, es decir, de la producción de algo nuevo por la contención o colisión de elementos contrarios, principio llamado ahora _sinergía social_, es el que produce las estructuras sociales. Las fuerzas sociales dejadas solas serían esencialmente destructivas; pero combinadas, reprimidas las unas por las otras, producen las estructuras sociales, cuyo nombre más general y apropiado debe ser el de instituciones humanas.