Fábulas y cuentos en verso Selección
Part 5
Pues mal hace en no decirlo claro: dolores y penas no se han de decir por frases. Dolíale a un hombre una muela; vino un barbero a sacarla, y estando la boca abierta: --¿Cuál es la que duele? --dijo--. Dióle en culto la respuesta, --La penúltima --diciendo--. El barbero, que no era en penúltimas muy ducho, le echó la última fuera. A informarse del dolor acudió al punto la lengua, y dijo en sangrientas voces: --La mala, maestro, no es ésa. Disculpóse con decir: --¿No es la última de la hilera? --Sí --respondió--; mas yo dije penúltima, y ucé advierta que penúltimo es el que junto al último se asienta. Volvió mejor informado, a dar al gatillo vuelta, diciendo: --En efecto, ¿es de la última la más cerca? --Sí --dijo--. --Pues vela aquí, --respondió con gran presteza, sacándole la que estaba penúltima; de manera que quedó, por no hablar claro, con la mala y sin dos buenas.
(_Los dos amantes del cielo_, jornada 2.ª, escena VI.)
CONTENTAR A TODOS
Hay cerca de Ratisbona dos lugares de gran fama, que el uno Ágere se llama, y el otro, Macarandona. Un solo cura servía, humilde siervo de Dios, a los dos, y así a los dos misa las fiestas decía. Un vecino del lugar de Macarandona fué a Ágere, y oyendo que el cura empezó a cantar el prefacio, reparó en que a voces aquel día _Gratias agere_, decía, y a Macarandona no. Con lo cual muy enojado dijo: --El cura gracias da a Ágere, como si acá no le hubiéramos pagado sus diezmos--. Cuando escucharon tan bien sentidas razones los nobles macarandones, los bodigos le sisaron. Viéndose desbodigar, al sacristán preguntó la causa. Él se la contó, y él dió desde allí en cantar, siempre que el prefacio entona, por que la ofrenda se aplique: _Tibi semper et ubique gratias a Macarandona_.
(_El secreto a voces_, jornada 2.ª, escena XVIII.)
LOS HUÉSPEDES QUÉ GUSTO DAN...
Llegando una compañía de soldados a un lugar, empezó un villano a dar mil voces, en que decía: --Dos soldados para mí. --Lo que excusar quieren todos --dijo uno--, ¿con tales modos pides? Y él respondió: --Sí; que aunque molestias me dan cuando vienen, es muy justo admitirlos, por el gusto que me hacen cuando se van.
(_El pintor de su deshonra_, jornada 1.ª, escena III.)
LA MANDA DEL SOLDADO
Un soldado de hartos bríos, muriéndose, así decía: --Ítem, es voluntad mía que los camaradas míos me lleven en mi ataúd; a quien quiero se les dé treinta reales, para que los beban a mi salud.
(_Los dos amantes del cielo_, jornada 2.ª, escena XVII.)
EL GANGOSO
Cautivó un moro a un gangoso; y él, bien o mal, como pudo, se fingió en la nave mudo, por no hacer dificultoso su rescate; de manera que cuando el moro le vió defectüoso, le dió muy barato. Estando fuera del bajel: --Moro --decía--, no soy mudo, hablar no ignoro. A quien oyéndolo el moro, de esta suerte respondía: --Tú fuiste gran mentecato en fingir aquí el callar; porque si te oyera hablar, aún te diera más barato.
(_Los dos amantes del cielo_, jornada 2.ª, escena XVII.)
[Ilustración]
APRENDIERA BUEN OFICIO
De una fiesta a su lugar volvía un tamborilero, y un fraile también volvía de la fiesta a su convento. El tamborilero iba en un burro caballero, y el fraile a pie. Preguntóle el padre: --¿De dónde bueno? --De tañer --dijo-- esta flauta y este tamboril. --Por eso --le preguntó--, ¿qué le han dado? Él respondió: --Poco, cierto: cincuenta reales, comido y bebido, que no es menos, llevado y traído; sin otros regalillos que aquí tengo. --¿Eso es poco? --dijo el padre--. Pues yo de predicar vengo, y ni aun de comer me han dado, y como ve, a pie me vuelvo. El tamborilero entonces dijo enojado y soberbio: --Pues tamborilero y padre predicador ¿es lo mesmo? Aprendiera buen oficio, y no se quejara deso, que no somos todos unos frailes y tamborileros.
(_De una causa dos efectos_, jornada 2.ª, escena IX.)
[Ilustración]
EL MAL PINTOR
Un mal pintor compró una mala casa, y muy contento, un mal amigo llevó a enseñarla; lo primero fué un mal aposento y dijo: --¿Veis este mal aposento? Pues dejádmele blanquear, y que yo le pinte luego de mi mano todo él, las paredes y los techos, y veréis qué bueno queda. A que el amigo, risueño dijo: --¡Bueno quedará!, mas si le pintáis primero, y le blanqueáis después, quedará mucho más bueno.
(_Los dos amantes del cielo_, jornada 1.ª, escena IV.)
LA LIBERALIDAD
Pobre y miserable un día llegó a los pies de Alejandro el doctísimo Tebandro, celebrado en la poesía; y queriendo con alguna merced el César ufano hacer paces, aunque en vano, entre el ingenio y fortuna, le dió tan preciosos dones, que desvanecer pudieran a la ambición cuando fueran los átomos ambiciones. Suspenso el sabio quedó sin responder, temeroso a la merced, y dudoso Alejandro preguntó: --¿Cómo el bien das al olvido y a la memoria el agravio? ¿Tú cómo puedes ser sabio, siendo desagradecido? A quien Tebandro miró, diciendo: --Si el gusto está en la mano del que da, y del que recibe no, yo no debo agradecerte el bien que me haces aquí. Tú has de agradecerme a mí el darte yo desta suerte ocasión en que mostró tu pecho grandeza tal, pues no fueras liberal si no fuera pobre yo.
(_Saber del mal y del bien_, jornada 1.ª, escena XII.)
EL CIEGO
Un ciego en Londres había tal, que no determinaba los bultos con quien hablaba en el resplandor del día: Y una noche que llovía (como una de las pasadas) a cántaros y a lanzadas, por las calles caminando, se iba mi ciego alumbrando con unas pajas quemadas. Uno que le conoció, dijo: --Si no os alumbráis, ¿para qué esa luz lleváis? Y el ciego le respondió: --Si no veo la luz yo, la ve el que viene, y así no encuentra conmigo aquí; con que aquesta luz que ves, si no es para ver yo, es para que me vean a mí.
(_La cisma de Ingalaterra_, jornada 1.ª, escena VI.)
REGATEO
[Uno] llamó al sacristán y le dijo: --¿Cuánto quiere vuesarced por enterrarme? Él dijo, supongo: --Veinte reales. --¿Quiere diez y seis? --dijo. --Más costa me tiene --le replicó el sacristán--. A que respondió el doliente: --Pues mire si le está bien y entiérreme en diez y siete, porque no me moriré como un cuarto más me cueste.
(_Dicha y desdicha del nombre_, jornada 3.ª, escena V.)
PARA ABLANDAR LA CAMA
Con hambre y cansancio un día a una posada llegó cierto fraile, y preguntó a la huéspeda qué había de comer. --Si una gallina no mato --le dijo ella--, nada hay. --¿Quién podrá comella --respondió con gran mohina-- acabada de matar? --Tierna estará --replicó la huéspeda--, porque yo sé un secreto singular con que se ablande--. Y cogiendo la polla, que viva estaba, vió que los pies la quemaba, con que a nuestro reverendo muy blanda le pareció; y aunque el hambre pudo hacello, atribuyéndolo a aquello, en la cama se acostó. Estaba la cama dura, tanto que le tenía inquieto; y él, cayendo en el secreto, pegarla a los pies procura la luz. Dijo al ver la llama la huéspeda: --Padre, ¿qué es eso?-- Y él dijo: --Nuestra ama, porque se ablande la cama, quemo a la cama los pies.
(_No siempre lo peor es cierto_, jornada 2.ª, escena XIII.)
[Ilustración]
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FRANCISCO DE ROJAS Y ZORRILLA
_Toledo, 1607; † 1648._
LA MULA DEL DOCTOR[18]
Apeóse un médico a hablar a otro médico estafermo a la puerta de un enfermo que él venía a visitar de una postema o flemón que en la garganta tenía, y sobre cómo vivía trabaron conversación, y para hablar sin trabajo la mula al portal envía: es a saber que vivía el enfermo en cuarto bajo. La mula con desenfado, con gualdrapa y ornamento, se fué entrando al aposento adonde estaba acostado. El enfermo, que sintió herraduras, con dolor dijo: --Aqueste es el doctor. Sacó el pulso, y no miró. La mula, que miró el brazo sin saber sus accidentes, tomó el pulso con los dientes con grande desembarazo. Él volvió el rostro con tema y salió a echarla en camisa, pero dióle tanta risa que reventó la postema. El médico que la vió, para que el mozo la agarre le dijo a la mula: --¡Arre! Y él dijo al médico: --¡Jo! Señor doctor, yo he quedado absorto del caso y mudo; la postema, que él no pudo, su mula me ha reventado; y si esto otra vez me pasa, aunque el caso me atribula, envíeme acá su mula y quédese usted en casa.
(_También la afrenta es veneno_, jornada 3.ª)
EL COCHINO
Pues un cuento, Dios te libre, sobre ti a plomo se cae. En cierta parte del mundo, que aquí no importa la parte, había una grande hechicera que volvía en animales diferentes a los hombres. A unos los hacía elefantes, a otros gatos, a otros perros; a otros tigres muy galanes, y a otros torpes lechones. En fin, cuanto la nadante arca encerró de Noé, tenía ella en dos corrales. Llegó un hombre que sabía el contrahechizo al paraje en que estaba, y empezó con desenfado galante a ir desencantando hombres, que a sus formas naturales volvían dando mil brincos del contento de librarse. Llegó a uno, a quien la forma de cochino abominable cubría, y hacía gran fuerza con conjuros y ademanes por desencantarle; mas porque no le desencanten lo que hacía era gruñir, andar hacia atrás y darle. El tal desencantador se mataba por librarle; mas el maldito lechón le dijo, haciendo visajes: --Yo gusto de ser cochino; vuesa merced no se canse.
(_La más hidalga hermosura_, jornada 1.ª)
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JUAN RUIZ DE ALARCÓN
_N. en Méjico, hacia 1581; † 1639._
EL OFENSOR OFENDIDO
Oye este caso, señor: En una casa en que había conversación cierto día salieron al corredor dos solos, que una cuestión tenían que averiguar, y en ella le vino a dar uno a otro un bofetón. Pues el que le recibió, a grandes voces y apriesa dijo al otro: --Tomaos ésa. La gente, que dentro oyó el golpe, y no vió la mano, atribuyó la victoria al que cantaba la gloria tan orgulloso y ufano. Y así, con esta invención, vino a quedar agraviado aquel mismo que había dado al contrario el bofetón.
(_La prueba de las promesas_, acto 3.º)
EL COBARDE
Sacó la espada un valiente contra un gallina, y huyendo el cobarde, iba diciendo: --Hombre, que me has muerto, tente. Acudió gente al ruïdo, y uno, que llegó a buscarle la herida para curarle, viendo que no estaba herido, dijo: --¿Qué os pudo obligar a decir, si no os hirió, que os ha muerto? Y respondió: --¿No me pudiera matar?
(_Los pechos privilegiados_, acto 2.º, escena XII.)
[Ilustración]
EL SABIO ENTRE LOS LOCOS
. . . . . . . . . . . . . . . . Un aguacero cayó en un lugar, que privó a cuantos mojó de seso. Y un sabio que por ventura se escapó del aguacero, viendo que al lugar entero era común la locura, mojóse y enloqueció, diciendo: --En esto ¿qué pierdo? Aquí, donde nadie es cuerdo, ¿para qué he de serlo yo?
(_El examen de maridos_, acto 1.º, escena XV.)
DESPUÉS DE YO MUERTO
Diógenes, cuando veía su fin cercano, mandó no enterrarse; replicó un su amigo que sería pasto su cuerpo de fieras. Él dijo: --Un palo tendré con que me defenderé. --Pues dime: ¿No consideras --su amigo le replicó-- que muerto, ni sentirás ni defenderte podrás? Y el sabio le respondió: --Luego son tus miedos vanos; que si he de estar sin sentido, ¿qué importa más ser comido de fieras que de gusanos?
(_Hazañas del Marqués de Cañete_, acto 2.º)
QUIEN PIDE, ALCANZA
Callando, ¿quién persuadió? ¿Quién venció sin intentar? ¿Quién obligó sin rogar? ¿Quién sin pedir alcanzó? Aun con los dioses, que entienden las humanas intenciones, a fuerza de peticiones negocian lo que pretenden; y al fin, para concluír, oye una comparación: Al tribunal del león llegó una oveja a pedir justicia de un carnicero lobo, que un hijo le había muerto, de dos que tenía; y con el otro cordero que vivo quedó, postrada, por dalle más compasión, ante los pies del león, calló un rato, o bien turbada, o bien por encarecer desta suerte de su mal el extremo, que es señal de gran pena enmudecer. Estaba hambriento el león, y como calló la oveja, o no previno su queja, o no quiso su intención entender; hízose bobo, y fingiendo que pensaba que el cordero le endonaba, hizo lo mismo que el lobo. La oveja, con agonía balando, empezó al momento a declaralle el intento con que allí venido había. Mas él dijo: --No negaras tanto la voz a los labios: si era contar tus agravios tu fin, al punto empezaras, hablando, a informarme dellos; que en esto de corazones sabemos más los leones de comellos que entendellos.
(_La amistad castigada_, acto 2.º, escena IV.)
EL RUIN CON MANDO
Juntó cortes el león, estando enfermo una vez, para elegir un juëz a quien la jurisdicción de sus reinos encargase. Los animales, atento a que es tan manso el jumento, pidieron que él gobernase. Tomó, al fin, la posesión; y por dalle autoridad, junto con la potestad, sus uñas le dió el león. Parabién le vino a dar luego con grande alegría un rocín, que ser solía su amigo; y él, por usar del poder, dos uñaradas le dió al amigo inocente; y viéndose injustamente las carnes acribilladas, dijo llorando el rocín: --No tienes tú culpa, no, sino quien uñas le dió a un animal tan ruin. El león, airado y fiero, le quitó con el oficio las uñas, y al ejercicio le hizo volver de arriero. Pues hombre que oficio empuñas, sabe templado ejercello, pues a tantos, por no hacello, has visto quitar las uñas.
(_La crueldad por el honor_, acto 2.º, escena V.)
LA CORNEJA CON PLUMAS AJENAS
Bien lo pudiera entender quien la fabulilla vieja supiera de la corneja, que ha mucho ya que por ser tan común nadie contó, y de puro no contada es de muchos ignorada, y así he de contarla yo, porque al caso se acomoda; y tú, para disculpar a Leonor, la has de escuchar. Asistir quiso a la boda del águila, mas se halló la corneja tan sin galas, que adornó el cuerpo y las alas de varias plumas que hurtó a otras aves; de manera que apenas llegó a las bodas, cuando conocieron todas sus plumas, y la primera el águila la embistió a cobrarlas con tal furia, que para la misma injuria ejemplo a las otras dió. --Detente. ¿Qué rabia es ésta? --dijo la corneja--. Advierte que sólo por complacerte, y por venir a tu fiesta más brillante, las hurté. Y el águila respondió: --Necia, ¿por ventura yo pudiera culpar tu fe, siendo tu fortuna escasa, cuando galas no trujeras? O con las tuyas vinieras, o estuviéraste en tu casa.
(_No hay mal que por bien no venga_, acto 2.º, escena VIII.)
[Ilustración]
[Ilustración]
FRAY GABRIEL TÉLLEZ, TIRSO DE MOLINA
_Madrid, 1571?; † 1648._
EL LEÓN Y LA RAPOSA[19]
Estaba cojo una vez un león viejo --no es nuevo quien anda mucho mancebo estar cojo a la vejez--. Como no podía cazar, y andaba solo y hambriento, aguzó el entendimiento para comer sin andar; y llamando a cortes reales, mandó por edicto y ley que atendiendo que era rey de todos los animales, acudiesen a su cueva. Fueron todos, y asentados, dijo: --Vasallos honrados, a mí me han dado una nueva extraña, y que me provoca a pesadumbre y pasión, y es que dicen que al león le huele muy mal la boca. No es bien que un sujeto real, de tantos brutos señor, en vez de dar buen olor, a todos huela tan mal. Y así, buscando el remedio, hallo que a todos os toca, que llegándoos a mi boca, veáis si al principio o medio alguna muela podrida huele mal, por que se saque, y desta suerte se aplaque afrenta tan conocida. Metióse con esto adentro, y entrando de uno en uno, no vieron salir ninguno. La raposa, que es el centro de malicias, olió el poste; y convidándola a entrar para ver y visitar al león, respondió: --¡Oste! Y asomando la cabeza, dijo: --Por no ser tenida por tosca y descomedida, no entro a ver a vuestra alteza; que como paso trabajos, unos ajos he almorzado, y para un rey no hay enfado como el olor de los ajos. Por aquesta cerbatana vuestra alteza eche el aliento; que si yo por ella siento el mal olor, cosa es llana que hay muela con agujero, y el sacalla está a otra cuenta, que yo estoy sin herramienta y en mi vida fuí barbero.
(_El pretendiente al revés_, acto 1.º, escena XII.)
LA MULA DEL DOCTOR[20]
Tuvo un pobre una postema (dicen que oculta en un lado) y estaba desesperado de ver la ignorante flema con que el doctor le decía: --En no yéndoos a la mano en beber, moríos, hermano, porque esa es hidropesía. Ordenóle una receta, y cuando le llegó a dar la pluma para firmar, la mula, que era algo inquieta, asentóle la herradura (emplasto dijera yo) en el lado, y reventó la postema, ya madura; con que cesando el dolor, dijo, mirándola abierta: --En postemas, más acierta la mula que su doctor.
(_El amor médico_, acto 1.º, escena I.)
EL ASNO Y EL COCHINO[21]
Señor Juan de Silva, escuche: Crió un villano en su casa un cochino y un jumento. Al cochino regalaba tanto, que al jumento mismo daba envidia, que esta falta es muy de asnos. Llegó el día de San Martín, y escuchaba el asno grandes gruñidos. Asomóse a una ventana, y vió al mísero cochino, el cuchillo a la garganta, que roncaba sin dormir. --¿Para aquesto le engordaban? --dijo el asno--. Voime al monte por leña, venga mi albarda.
(_Adversa fortuna de D. Álvaro de Luna_, jornada 2.ª, escena IV.)
MEJOR GOZA EL BIEN QUIEN DESDE EL MAL VINO A ÉL
Yo sé de cierto señor algo regalado y tierno que, acostándose el invierno, después que el calentador la cama le sazonaba, se levantaba en camisa, y dando causa a la risa, desnudo se paseaba. Burlábase de él su gente y juzgaba a desvarío que tiritase de frío y diese diente con diente quien abrigarse podía; mas él, después de haber dado sus paseos, casi helado a la cama se volvía, diciendo: --Para estimar el calor que ahora adquiero es necesario primero el frío experimentar.
(_La Fingida Arcadia_, jornada 1.ª)
[Ilustración]
[Ilustración]
LOPE DE VEGA
_Madrid, 1592; † 1635._
PERDICES ME MANDA MI PADRE QUE COMA
Un cuento en esta ocasión te diré muy semejante: Tenía un viejo estudiante, a tu traza y condición, un hidalgo en Salamanca, y escribióle que comiese lo más barato que hubiese en aquella plaza franca. Preguntaba qué valía una vaca a sus criados, y como veinte ducados el comprador respondía, replicaba: --¿Y dos perdices? --Cuatro reales. --Pues comer perdices y obedecer. . . . . . . . . . . . . . . . .
(_Sembrar en buena tierra_, acto 1.º)
SI EL BURRO CAE, NADA
Preguntóle un caminante a un labrador qué llevaba en una carga, y él dijo, previniendo la desgracia: --Yo, nada, si cae el jumento (que era de vidrios la carga).
(_¡Si no vieran las mujeres!_..., acto 2.º, escena IV.)
EL MAL HACE APRECIAR EL BIEN
En mi tierra, un azotado dió al verdugo cien escudos por que se los diese mudos, que era honrado y delicado. En saliendo por la puerta así la mano asentó, que al primero que le dió le dejó la espalda abierta. El hombre volvió del yugo la cabeza al golpe fiero y díjole: --¿Y el dinero? Y aquí respondió el verdugo: --Todos habían de ser como éste, y así sabrá en qué obligación me está por el dinero de ayer; que si quedo se los diera, bien sabe que no podía conocer la cortesía de los que adelante espera.
(_Las cuentas del Gran Capitán_, acto 2.º)
[Ilustración]
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EL LABRADOR, SU HIJO Y EL ASNO
Yo no sé cómo ha de ser, que me sucede, señor, como al otro labrador que llevó el asno a vender. Que él y un hijo que tenía iban a pie tras la bestia y la gente con molestia ver libre el asno sufría. Subió el viejo, y no faltó quien dijo: --El mozo lleváis a pie, y caballero vais. Luego el viejo se bajó y subió el mozo; mas luego hubo quien dijo: --El anciano va a pie, y el mozo villano va caballero, ¡oh mal fuego! El viejo entonces subió con el mozo, y un lugar entero empezó a gritar: --¿Dos en un asno? Eso, no. Viendo tal desasosiego, los pies le ató, y en un pino llevaba al hombro el pollino de él y del hijo; mas luego se burlaron de los dos, diciendo: --¿Desa manera lleváis, necios, quien pudiera mejor llevaros a vos? El viejo entonces, tomando el asno, le despeñó a un río, y sospecho yo, que en estas vísperas ando, que viendo el ingenio mío, que no puede contentar a todos, habrá de dar con todo el asno en el río.
(_Con su pan se lo coma_, acto 2.º)
ERROR SALVADO
Mandóle pintar la Cena a un pintor un bachiller, y acabada, fuéla a ver, y hallóla de gente llena. Trece apóstoles contó, y dijo muy espantado: --Todo este lienzo está errado, no pienso pagarle yo. Un apóstol aquí está de más. Y el sabio pintor dijo: --Llevadla, señor, que éste, en cenando, se irá.
(_Amar sin saber a quién_, acto 3.º, escena I.)
CENSURAR ES FÁCIL
Escriben que Cicerón, oyendo al representante Galo, que en Roma triunfante tuvo excelente opinión, vió silbar y murmurar, y que comenzó a decir: --Mancebos, el escribir es ingenio, y no el silbar. Y esto al hombre se prohibe, porque en diferencia igual, silba cualquier animal, pero sólo el hombre escribe.
(_Lo que ha de ser_, acto 1.º, escena VIII.)
NO FIRMES CARTA QUE NO LEAS