Fábulas y cuentos en verso Selección

Part 4

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Esta fabulilla, salga bien o mal, me ha ocurrido ahora por casualidad. Cerca de unos prados que hay en mi lugar, pasaba un borrico por casualidad. Una flauta en ellos halló, que un zagal se dejó olvidada por casualidad. Acercóse a olerla el dicho animal, y dió un resoplido por casualidad. En la flauta el aire se hubo de colar, y sonó la flauta por casualidad. --¡Oh --dijo el Borrico--, qué bien sé tocar! ¡Y dirán que es mala la música asnal! Sin reglas del arte borriquitos hay, que una vez aciertan por casualidad.

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PEDRO DE SALAS

_Siglo XVII._

EL RATÓN DEL CAMPO Y EL CORTESANO[10]

A un ratón cortesano otro salvaje dió rústico hospedaje. En parca mesa su pobreza profesa; aunque arrastrados, sus más ricos bocados le franquea: desechos de la aldea, cualque orujo y mijo allí le trujo. El mejor plato fué un zatico mulato. El estadista ratón, con grave vista, al campesino dice: --¡Triste, mezquino, miserable! ¿Cómo te es tolerable aquesta vida? Si tan lauta comida hay en la aldea, a quien tal la desea bien le cuadre. ¡No más campo, compadre! Ven conmigo y verás cuánto va de amigo a amigo. Paso a paso por una y otra cueva al palacio le lleva, y muy sin ruido le previene al descuido que esté alerta a todo són de puerta. Por estrados ricamente alfombrados, cañas juegan, saltan, retozan, bregan y ya hambrientos entran con pasos lentos la despensa, adonde, sin ofensa de enemigos, en dos quesos amigos le sepulta. De aquí por senda oculta le endereza a su mayor riqueza, que atesora una alacena. Agora entre conservas le dice: --¿Vuestras hierbas, ermitaño, daros han todo un año tan buen día? Mirad la gloria mía. ¡Este es banquete y no el vuestro, pobrete! Al mejor plato oyen que maulla un gato, habla una puerta. --¡Ay! ¡Nuestra muerte es cierta! --el cortesano al ratón aldeano triste exclama. Turbado se derrama cada uno por su hueco oportuno. El ratoncillo agreste halló un portillo a dicha rara, y volviendo la cara hacia el palacio, respirando despacio, dice: --¡Oh fuego en tal desasosiego! Tus manjares más dulces, rejalgares son. ¿Tus gustos compras con tales sustos? ¿Muerte al ojo? ¡No más corte! Yo escojo en paz mis hierbas, no en guerra tus conservas, con tal costa, que tu ancha puerta angosta al temor viene, y tu regalo mil venenos tiene.

(_Afectos divinos._ Valladolid, 1638.)

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JOSÉ DE CAÑIZARES

_Madrid, 1676; † 1750._

LO CIERTO POR LO DUDOSO[11]

¡Ay de vosotros, si acaso dejáis torticeramente el bien que está asegurado por el que en duda os prometen! Contaros quiero aquel cuento, que ya cuido que sabedes, del Can que al agua llegó con la presa que hurtó alegre; y reparando al pasar que el espejo transparente del arroyo le ofrecía, en la fugitiva especie de la sombra, otro pedazo mayor que el que asido tiene, engañado y codicioso abrió, por trocar las suertes, la boca, para agarrar el otro; pero, pardieces, que el pedazo que soltó, llevado de la corriente, sin ambos a dos le deja, que eso y mucho más merece quien por la sombra desprecia la realidad que posee.

(_La heroica Antona García_, jornada 2.ª)

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FRANCISCO DE LA TORRE

_N. en Tortosa (Tarragona) hacia 1620; † hacia 1680._

AL ROMPER EL ALBA

A cierto Clérigo, que era madrugador impaciente, le esperaba mucha gente para la misa primera. Tarde el Clérigo llegó, y al querer con mucha prisa salir a decir su misa, la alba de un clavo se asió, y aquí dijo, haciendo salva a la gente en pronto alarde: --Señores, no vengo tarde pues vengo al romper el alba.

(_La confesión con el Demonio_, jornada 2.ª)

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AGUSTÍN MORETO

_Madrid, 1618; † 1669._

RESPUESTA DE PERO GRULLO

De frailes acompañado pasaba un entierro un día, y uno, a quien le parecía el entierro autorizado, a un fraile con inquietud --¿Quién ha muerto? --preguntó--, y el fraile le respondió: --El que va en el ataúd.

(_Industrias contra finezas_, jornada 2.ª, escena XIII.)

CODICIA DE LO PROHIBIDO

Vaya un ejemplo. En mi tierra había una doncellita opilada, con gran riesgo, de puro comer ceniza. Sus padres la reservaban del brasero y la cocina, de suerte que cuando ella la daba alcance, embutía ceniza al sabor del hurto como si fueran mellizas. Llegó del caso a la muerte; y el dotor que la asistía para curarla fingió que su muerte era precisa si de ceniza un brasero no comiese cada día. Ella pidió luego a gritos tan sabrosa medicina. Trajéronla un gran brasero, y al comenzar a embestilla, como ya allí le faltaba el sabor de prohibida (que a nuestro ruin apetito da sazón la culpa misma), a cada bocado della la hallaba más desabrida. Viendo que obraba el remedio, la daba el dotor gran prisa, diciendo: --Señora, coma, que eso le importa la vida. Y ella, harta ya, entre los dedos repasaba la ceniza, y a fuer de tomar tabaco con cada polvo escupía. Porfiábala el dotor, y ella, del todo rendida, dijo: --Señor, yo no puedo; quítenla allá, muera o viva. Y desde allí le quedó tanto horror a la codicia, que de quince días antes, pensando que ya venía, lloraba en Carnestolendas el miércoles de Ceniza.

(_Yo por vos y vos por otro_, jornada 1.ª, escena II.)

LA FRUTA PROHIBIDA

Mira: siendo yo muchacho había en mi casa vendimia, y por el suelo las uvas nunca me daban codicia. Pasó este tiempo, y después colgaron en la cocina las uvas para el invierno; y yo, viéndolas arriba, rabiaba por comer dellas, tanto, que trepando un día por alcanzarlas, caí y me quebré las costillas.

(_El desdén con el desdén_, jornada 1.ª, escena I.)

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POR LA PUENTE, QUE ESTÁ SECO

Iba camino un abad muy gordo y muy reverendo; llegando a un río, intentó pasar el vado, y saliendo un pastor, le dijo: --Advierta que ayer se ahogó un pasajero porque erró el vado. El abad preguntó al pastor tosiendo: --¿Cuánto hay desde aquí a la puente? --Dos leguas y media pienso --dijo el pastor. Y el Abad le respondió entre un regüeldo: --Si el que se ahogó hubiera ido por la puente, aunque está lejos, desde ayer acá ya hubiera pasado el río. Y el freno torciendo a la mula, dijo: --Por la puente, que está seco.

(_No puede ser..._, jornada 1.ª, escena IV.)

EL DESAFÍO

Desafió a otro un portugués, y le esperaba en un monte, que el subir a su horizonte cansara a un gato montés. Llegó allá el desafiado, muerto del paso prolijo, y en viendo al contrario, dijo, molido y desalentado: --Yo no me puedo mover; ¿para qué me llamó aquí? Y él respondió: --Porque así teño menos que facer.

(_El caballero_, jornada 2.ª, escena I.)

EL PLACER DE LA VENGANZA

Un vizcaíno insufrible por una calle iba andando, y en una reja, pasando, se dió un codazo terrible. Enfurecido, aunque en vano, volvió a la reja culpada, y le dió tan gran puñada, que se destroncó la mano. Irritóse, y a dos brazos tomó, sacando la espada, y allí a pura cuchillada la hizo en la reja pedazos. Mas creyéndose vengado partió, diciendo a su modo: --¿Manos rompes, quiebras codo? Pues toma lo que has llevado.

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CRISTÓBAL DE MONROY

_Alcalá de Guadaira, 1612; † 1649._

LA NATURALEZA PUEDE MÁS QUE EL ARTE[12]

GAZUL.

La poesía es adquirida.

TRIPULINO.

Es don de naturaleza.

ALFONSO.

El arte la perfecciona, y aun muchas veces la inventa.

TRIPULINO.

Eso no, que es diferente arte de naturaleza.

ALFONSO.

¿Con qué lo pruebas?

TRIPULINO.

Escucha: aquesa disputa mesma tuvieron dos hombres; uno con industria y diligencia enseñó un gato a tener con las manos una vela, y cuando estaba cenando le asistía así a la mesa, y éste decía que el arte vence la naturaleza; mas el de opinión contraria puso un ratón allí cerca, y el gato, así que le vió, corrió, soltando la vela, y embistió con el ratón; dando con esta advertencia a entender que más que el arte puede la naturaleza.

(_El encanto por los celos_, jornada 3.ª)

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ANTONIO DE SOLÍS

_Alcalá, 1610; † 1686._

NO ERA NADA LO DEL OJO

Pegáronle una pedrada a un hombre por un enojo, tan en buen punto pegada, que le echaron fuera un ojo, como quien no dice nada. Preguntóle al cirujano si el ojo, con el dolor, perdería; y él, ufano, le respondió: --No, señor, que yo le tengo en la mano.

(_El doctor Carlino_, jornada 2.ª)

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JUAN DE MATOS FRAGOSO

_Alvito (Portugal), 1614?; † 1692._

EL PERRO Y EL ASNO[13]

A su casa a descansar volvía un hombre de fuera, y un perrillo que tenía, comenzándole a hacer fiestas, en los hombros le saltaba. Estaba un pollino cerca y tuvo envidia del perro, y de la misma manera quiso halagar a su amo, y poniéndose en dos piernas le derribó una quijada. Saca tú la consecuencia.

(_Lorenzo me llamo_, jornada 3.ª)

AFEITAR POR AMOR DE DIOS

De limosna y sin dinero la barba hacía a un pastor con la navaja peor, desazonado, un barbero. Como la navaja estaba con mil mellas que tenía, el cabello no partía, pero el rostro desollaba. Conoció el pastor el yerro, mas vió ser fuerza que calle. En este tiempo en la calle le daban palos a un perro. --¿Qué será aquello? --decía el barbero a sus oídos, como con los alaridos el perro les aturdía. Respondió el pastor allí, viendo que en saberlo escarba: --Deben de hacerle la barba de limosna, como a mí.

(_Callar siempre es lo mejor_, jornada 3.ª, y _El redentor cautivo_, jornada 2.ª, en colaboración con Sebastián de Villaviciosa.)

EL DUENDE

En una casa había un duende, y hacíales muchos daños a los que en ella vivían: ya les daba con un jarro, ya les quitaba la ropa, ya les tiraba los platos. Los pobres, para librarse, mudarse de allí trataron a otro barrio, y aquel día que ellos se estaban mudando, viniendo el dueño de casa ya por los postreros trastos, al duende vió, que bajaba por la escalera, cargado con todos ellos, y el hombre le preguntó muy despacio: --¿Dónde vas? Y el duende dijo: --Allá; pues ¿no nos mudamos? A que él replicó: --Si es eso, y has de seguirnos los pasos, quedarnos aquí es mejor, y excusarnos el trabajo.

(_El Job de las mujeres, Santa Isabel, reina de Hungría_, jornada 2.ª)

LA MULA DEL DOCTOR[14]

Un barbero en un cuartago visitaba a cierto enfermo que tenía una apostema con unos dolores fieros. Alargábase la cura, y el paciente echaba verbos. --Hermano, tened paciencia --decía el quirurgo diestro--, que este achaque va despacio, que en el hipocondrio interno tenéis una hidropesía; alcanzadme ese tintero, porque quiero recetaros un nuevo eficaz remedio. Y al darle el pobre la pluma el caballo, que era inquieto, asentóle la herradura y le reventó el divieso, con que al punto le cesaron los dolores al enfermo, sintiéndose mejorado, y quedó a voces diciendo: --Vive Dios que mejor cura el caballo que el maestro.

(_Ver y creer_, jornada 1.ª)

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JUAN PÉREZ DE MONTALBÁN

_Madrid, 1602; † 1638._

TESTIGO RECUSADO

Tenía un lindo borrico para sus necesidades cierto alcalde, y como un día un su compadre llegase a pedírsele prestado, él, por librarse de darle, dijo que estaba en el monte; pero como rebuznase el borrico a esta sazón, dijo el otro: --¿Veis, compadre, cómo el borrico está en casa y que vos os engañasteis? A lo cual, muy enojado el alcalde, sin turbarse, le respondió: --No está tal, y miente quien lo pensare, que aunque el borrico lo dice con suspiros desiguales, yo digo aquí lo contrario, y es muy mal dicho, que nadie más crédito quiera dar a un borrico, que a un alcalde, siendo yo un hombre de bien y el burro un _pécora campi_.

(_Los hijos de la fortuna_, jornada 1.ª)

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FRANCISCO DE LEYVA

_Málaga, mediados del siglo XVII._

LA PRECIPITACIÓN

Un mozo, enfermo tenía de los ojos a su padre, y curarlo pretendía, que en efecto lo quería como si fuera su madre. El remedio procurando, en un libro que se halló de medicina, hojeando, un capítulo encontró de lo que andaba buscando. “Abrojos para los ojos” el primer renglón decía, y, sin leer más sus arrojos, como estrella que Dios guía, fué al campo a buscar abrojos. Dos almorzadas muy buenas trajo, y que quiso o no quiso, al padre que ve en sus penas, en los ojos al proviso le puso un par de docenas. Un lienzo muy apretado encima le puso luego, con que al padre desdichado le saltaron de contado los ojos, y quedó ciego. A leer volvió con enojos los renglones, y al mirarlos despacio, vieron sus ojos: “Para los ojos, abrojos son buenos para sacarlos.”

(_La dama presidente_, jornada 1.ª)

EL LOCO POR LA PENA ES CUERDO[15]

En Sevilla un loco había de tema tan desigual que una piedra de un quintal al hombro siempre traía, y al perro de cualquier casta que dormido podía ver, dejábasela caer, con que quedaba hecho plasta. Con un podenco afamado de un sombrerero encontró, a cuestas la ley le echó y dejólo ajusticiado. Indignado el sombrerero, con un garrote salió y dos mil palos le dió y tras cada golpe fiero muchas veces repetía: --¿Que era podenco no viste, loco infame? Fuese el triste y luego, aunque un gozque vía, mastín, o perro mostrenco, al irle la piedra a echar, volviéndola a retirar, decía: --Guarda, es podenco.

(_No hay contra un padre razón_, jornada 2.ª)

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ÁLVARO CUBILLO DE ARAGÓN

_N. en Granada a principios de siglo XVII._

EL BURRO ENTRE DOS PIENSOS

Pusiéronle dos montones a un borrico de cebada, toda limpia y ahechada como unos gordos piñones. Y puesto el asno en efecto a igual distancia apartado, se halló tan embarazado (porque era un asno discreto), que dudando a cuál iría, apeteciendo y dudando, se quedó a los dos mirando, sin comer todo aquel día.

(_El amor como ha de ser_, acto 1.º)

MALDICIÓN DE CORCOVADO

Hurtáronle a un corcovado una ropilla, y como era hecha a su medida y como para una tortuga hecha, cuando echó menos el hurto, no hizo mayor diligencia que decir contra el ladrón: --Plegue a Dios que bien le venga.

(_El invisible príncipe del baúl_, acto 1.º)

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SEBASTIÁN DE VILLAVICIOSA

_Floreció a mediados del siglo XVII._

EL SUEÑO ENGAÑOSO

Soñaba un hombre una noche que le venía gran suma de doblones del gran Cairo, y en una cabalgadura soñó que iba a recibirlos, y al irlos a echar la uña, viendo un montonazo de oro, por apear de la mula, ¡zas!, se cayó de la cama, y sobre una piedra aguda se abrió un jeme de cabeza, y vino a quedarse, en suma, sin dineros y sin sueño, descalabrado y a oscuras.

(_Nuestra Señora del Pilar_, jornada 1.ª)

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JACINTO DE HERRERA

_N. en Madrid a fines del siglo XVI._

EL EMBUSTERO

Dijéronle a un caballero la murmuración que había de lo mucho que mentía, y él dijo a un paje: --Yo quiero enmendarme; a ti te encargo que te estés siempre conmigo, y si algunos cuentos digo, cuando vieres que me alargo en lo que voy a decir, tírame, estando allí junto, de la capa al mismo punto, y no me dejes mentir. Esperó el paje ocasión, y su amo en la primera de mentir, que en fin ya era aquella su inclinación, dijo: --En una casa mía tengo sala de mil pasos de largo, y no son escasos. --¿Y cuántos de ancho tenía? --preguntó luego un oyente--. A que el paje le tiró de la capa y respondió: --Seis pasos tasadamente. Replicaron los demás: --Pues ¿cómo así lo trazaste, que a sala tan larga echaste seis pasos de ancho no más? Y a los que le preguntaron respondía él al pasar: --Más le quisiera yo echar, sino que no me dejaron.

(_Duelo de honor y amistad_, jornada 2.ª)

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LA ZORRA Y EL LEÓN[16]

Murmuraban del león que tenía mal aliento de boca, y él descontento de tener esta opinión, como es rey este animal, mandó que todos le oliesen la boca, y luego dijesen si le olía bien o mal. El que llegaba decía: --Mal le huele a vuestra alteza. Y él, con enojo y braveza, le mataba y le mordía. Fué la zorra y preguntada --¿Huéleme mal? --respondió: --Tengo romadizo yo y no he podido oler nada.

(_Duelo de honor y amistad_, jornada 2.ª)

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LUIS DE BELMONTE BERMÚDEZ

_N. en Sevilla, 1587._

LOS ARQUEÓLOGOS

Pleiteaban ciertos curas de San Miguel y Santa Ana, probando el uno y el otro la antigüedad de su casa; y el de San Miguel un día, que acaso se paseaba por el corral de su iglesia, descubrió mohosa y parda una losa y ciertas letras, que gastó tiempo en limpiarlas; dicen: _Por aquí Selím_... Partió como un rayo a casa del obispo, y dijo a voces: --Mi justicia está muy llana, ilustrísimo señor; esta piedra era la entrada de alguna cueva, por donde el moro Selím entraba para guardar los despojos en la pérdida de España. Quedó confuso el Obispo; pero el cura de Santa Ana, que estaba presente, dijo: --Vamos a ver dónde estaba esa piedra tan morisca, que tan castellano habla. Fuéronse los dos, y entrando a la misma parte, hallan rompida otra media losa, y que juntándolas ambas, dicen: _Por aquí se limpian las letrinas de esta casa_.

(_La Renegada de Valladolid_, jornada 1.ª)

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ANTONIO MIRA DE AMESCUA

_1578-1640_

LA CIGARRA Y LA HORMIGA[17]

La hormiga de su hormiguero sacaba con alegría lo que en el verano había recogido en su granero. Llegó una cigarra y dijo: --De aqueso me puedes dar, pues no lo puedo ganar, que es el invierno prolijo. Mas la hormiga con gobierno le respondió en canto llano: --Pues cantaste en el verano, danza, hermana, en el invierno.

(_Lo que le toca al valor_, jornada 3.ª)

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DON PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA

_Madrid, 1600; † 1681._

POR UN CERO

De una dama era galán un vidriero, que vivía en Tremecén, y tenía un grande amigo en Tetuán. Pidióle un día la dama que a su amigo le escribiera que una mona remitiera; y como siempre quien ama se desvela en conseguir lo que su dama le ordena, por escoger una buena tres o cuatro envió a pedir. El tres o cuatro escribió en guarismo el majadero: y como es allí la _o_ cero, el de Tetüán leyó: “Amigo, para personas a quien tengo voluntad, luego al punto me enviad trescientas y cuatro monas.” Hallóse afligido el tal; pero mucho más se halló el vidriero cuando vió contra su frágil caudal, dentro de muy pocos días, apearse con estruendo trescientas monas, haciendo trescientas mil monerías.

(_El secreto a voces_, jornada 1.ª, escena XIII.)

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COMEDIMIENTO Y ASTUCIA

A cuatro o cinco chiquillos daba de comer su padre cada día; y como eran tantas porciones iguales, un día se olvidó de uno. Él, por no pedir (que es grave desacato de los niños), estábase muerto de hambre. Un gato maullaba entonces, y dijo el chiquillo: --¡Zape! ¿De qué me pides los huesos, si aún no me han dado la carne?

(_El pintor de su deshonra_, jornada 3.ª, escena XXI.)

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EL CONSUELO

Cuentan de un sabio que un día, tan pobre y mísero estaba, que sólo se sustentaba de unas hierbas que cogía. --¿Habrá otro--entre sí decía-- más pobre y triste que yo? Y cuando el rostro volvió halló la respuesta, viendo que iba otro sabio cogiendo las hojas que él arrojó.

(_La vida es sueño_, jornada 1.ª)

DESPRECIO DE LA GRANDEZA HUMANA

Medita un poco este ejemplo: Un filósofo que estaba en un monte, o en un valle (que no importa a la maraña que esté en bajo o esté en alto), vió un soldado que pasaba; se puso a parlar con él, y al fin de pláticas largas, le dijo: --¿Posible ha sido, que nunca has visto la cara de Alejandro, nuestro César, de aquel cuyas alabanzas le coronan de laureles y rey del orbe le aclaman? El filósofo le dijo: --¿No es un hombre? ¿Qué importancia tendrá el verle más que a ti? O si no (para que salgas desa adulación común), del suelo una flor levanta, llévala y dile a Alejandro que digo yo que me haga sola una flor como ella. Verás luego que no pasan trofeos, aplausos, glorias, lauros, triunfos y alabanzas de lo humano, pues no puede, después de victorias tantas, hacer una flor tan fácil, que en cualquier campo se halla.

(_La cisma de Ingalaterra_, jornada 2.ª, escena II.)

PASIÓN DE POETA

Oye lo que sucedió a un poeta con su ama: Como dicen que se inflama de un espíritu su pecho, de cuyo ardor satisfecho es el corazón la llama, él enfurecido estaba, y tanto se divertía del afecto que llevaba, que todo cuanto escribía a voces representaba. Llegó al paso de un león a aquella misma ocasión que con la comida entraba el ama, y como él estaba llevado de su pasión: --¡Guarda el león! --con voz fiera dijo--. Y el ama ligera, que ya temió sus cosquillas, con puchero y escudillas rodó toda la escalera, diciendo: --¡Ay, Virgen Sagrada, librad a Mari-Guisada de sus uñas importunas! Quedando el amo en ayunas, y la rucia ama, rodada.

(_Lances de amor y fortuna_, jornada 3.ª, escena IV.)

CULPAR AL PRÓJIMO DE LA FALTA PROPIA

Sordo un hombre amaneció, y viendo que nada oía de cuanto hablaban, decía: --¿Qué diablos os obligó a hablar hoy de aquesos modos? Volvían a hablarle bien, y él decía: --¡Hay tal! ¡Que den hoy en hablar quedo todos!, sin persuadirse a que fuese suyo el defecto. Tú así presumes que no está en ti la culpa; y aunque te pese, es tuya, y no la conoces, pues das, sordo, en la locura de no entender la hermosura que el mundo te dice a voces.

(_El pintor de su deshonra_, jornada 2.ª, escena II.)

POR NO HABLAR CLARO