Fábulas y cuentos en verso Selección
Part 6
Dijo un rey a un secretario que escribiese a cierto reino le hiciesen cien alabardas. Los reyes nunca hablan recio, y por no le preguntar, escribió al reino que luego le enviasen cien albardas. Despacháronselas presto; y estando el rey a un balcón con el secretario mesmo, vió venir las cien albardas; y diciéndole: --¿Qué es esto?, le respondió que traían lo que él mandó; a quien discreto replicó el Rey: --Repartamos desta manera las ciento: las cincuenta para mí, que firmo lo que no leo, y las otras para vos, pues más ligero que cuerdo hacéis lo que no entendéis. [Aplicar podéis el cuento.]
(_La llave de la honra_, acto 1.º, escena XVI.)
EL LEÑADOR Y LA MUERTE[22]
Escucha el cuento: Un caduco viejo, con años ochenta, traía leña de un monte hasta la ciudad de Atenas; como era tanto el trabajo, rogaba a la muerte fiera que le llevase, diciendo: --¡Ven, Muerte! Muerte, ¿no llegas? Oyóle la Muerte un día y con la armadura seca se puso al viejo delante; habló en los huesos sin lengua: --Dime, ¿qué quieres? --le dijo--. Y el viejo temblando en verla: --Que me ayudes a cargar este hacecillo de leña.
(_Quien más no puede_, acto 2.º)
NORMA DE PRIVADOS
Pésame, pues no es pequeño principio de aborrecer un criado el entender que sabe más que su dueño. De cierto rey se contó que le dijo a un gran privado: --Un papel me da cuidado, y si bien le he escrito yo, quiero ver otro de vos, y el mejor escoger quiero. Escribióle el caballero, y fué el mejor de los dos. Como vió que el Rey decía que era su papel mejor, fuése, y díjole al mayor hijo, de tres que tenía: --Vámonos del reino luego, que en gran peligro estoy yo. El mozo le preguntó la causa, turbado y ciego; Y respondióle: --Ha sabido el Rey que yo sé más que él; [y el alto no sufre a aquel que en algo le haya excedido.]
(_El perro del hortelano_, acto 1.º, escena XVII.)
EL ASNO Y LA DIOSA
MENDO.
Pues ¿a quién llevan dinero que reciba mal a quien se lo lleva?
TELLO EL VIEJO.
Dices bien, y agradecértelo quiero; que en un librillo he leído que en un jumento llevaban una diosa, que adoraban con el respeto debido los que la vían pasar, hincándose de rodillas, cuyas altas maravillas pudo el jumento pensar (como en fin era jumento) que eran por él, y paróse. Viéndolo el dueño, enfadóse del soberbio pensamiento, y pegándole muy bien, le dijo con voz furiosa: --No es a ti, sino a la diosa. Que es esto mismo también; y así, pidiendo primero del compararte perdón, las honras del Rey no son, Tello, a ti, sino al dinero.
(_Los Tellos de Meneses_, 1.ª parte, acto 3.º, escena I.)
[Ilustración]
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EL PERRO Y EL ASNO[23]
Isopo cuenta que había un hombre en cierta nación que para su recreación una perrilla tenía; ésta, al entrar cada día en su casa, si tardaba, le halagaba y retozaba, por cuya causa a la mesa con la más segura presa el señor la regalaba. Atalayando un jumento desde su caballeriza que porque le solemniza le daba siempre sustento, con asnal atrevimiento una mañana salió, y en dos pies se levantó, y puso en el pecho todo las manos llenas de lodo, y aun dicen que le besó. Y al punto el señor mandó que le diesen muchos palos, en lugar de los regalos que entre sus piensos pensó.
(_El más galán portugués_, acto 2.º)
EL CASCABEL AL GATO[24]
Juntáronse los ratones para librarse del gato, y después de largo rato de disputas y opiniones, dijeron que acertarían en ponerle un cascabel, que andando el gato con él guardarse mejor podían. Salió un ratón barbicano, colilargo, hociquirromo, y encrespando el grueso lomo dijo al senado romano, después de hablar culto un rato: --¿Quién de todos ha de ser el que se atreva a poner ese cascabel al gato?
(_La esclava de su galán_, acto 1.º, escena X.)
PERDER LO CIERTO POR LO DUDOSO[25]
Un perro una vez pasaba otro río como el Duero, y un pedazo de carnero entre los dientes llevaba. La sombra, que no era poca, dentro de las aguas vió, y por cogerla soltó lo que llevaba en la boca. Fué a asirla, y su desvarío el perro al instante vió; volvió a su carne, y halló que se la llevó el tal río.
(_El milagro por los celos_, jornada 3.ª)
EL SOBERBIO Y EL HUMILDE
Se criaba un arbolillo en una huerta, y rogaba al que de él más cerca estaba, que era su muerte y cuchillo, que le dejase crecer; y el olmo presuntüoso, de sus ramas ambicioso, ni el sol le dejaba ver. --Arbolillo --le decía--, conténtate con vivir donde me puedas servir. Pero llegó al fin el día en que la villa intentó ensanchar el verde suelo, y el olmo atrevido al cielo cortado al suelo cayó. El arbolillo, ya dueño del sol, dijo: --Estos asaltos da la fortuna a los altos; más me quiero ser pequeño.
(_El desconfiado_, acto 2.º)
EL SOBERBIO ABATIDO
Escribe Esopo que había hecho burla el roble fuerte de la débil caña. Advierte lo que a los dos pasó un día: Vino un viento, y el altivo roble, fuerte, resistió tanto, que el tronco sacó de su cimiento nativo. Pero la caña humillada por encima le dejó que pasase, y él pasó sin que la ofendiese en nada. Y ansí, cesando la guerra, la caña se alzó como antes, y el roble las arrogantes ramas dejó por la tierra.
(_Los hidalgos del aldea_, acto 3.º)
CONTENTARSE CON SU ESTADO
Cuentan acá los pastores que a Júpiter se quejó un monte (presumo yo que de los montes mayores), diciéndole: --Gran señor, cuanto has criado se muda; si yo estoy firme, es sin duda que tengo poco valor. Los que estaban encumbrados bajan tan bajos que espantan, y a sus puestos se levantan los que estaban derribados. Alguno fué pobre ayer que hoy tiene suma riqueza, y otro viene a gran pobreza que tuvo inmenso poder. ¿Cómo yo nunca soy más de aquel ser en que nací? Pero respondióle así: --¡Oh necio! Engañado estás. Déjalo todo mudar, pues firme puedes vivir; que quien no pudo subir, tampoco pudo bajar.
(_El hijo de los leones_, acto 2.º, escena XI.)
LAS MUELAS Y EL HOMBRE
A Júpiter se quejaron las muelas del hombre un día, diciendo a su señoría los años que trabajaron desde la muela primera, mascando lo que comía, y que por dolor de un día luego las echaban fuera. Don Júpiter le riñó, y él respondió: --¿Qué he de hacer, si no dejan de doler? A quien luego replicó: --Hombre, sufre, pues te toca, el dolor, que bien podrás; que después te alegrarás de ver tu muela en tu boca.
(_Porfiar hasta morir_, acto 3.º, escena XII.)
ESCARMENTAR EN CABEZA AJENA[26]
La zorra, el asno y león, un día que a caza fueron, sobre un prado la pusieron para hacer su partición. Dijo el león al jumento: --Parte esa caza. Y el bobo hizo tres partes del robo: dió la suya al león hambriento. Viendo el león que le daba parte igual, agarró de él y deshízole cruel porque con él se igualaba. Luego a la zorra miró, y dijo: --Parte esa presa. La zorra tomó la presa más pequeñita que halló, y dió al león lo demás, que le dijo: --¿Cómo has hecho tan a gusto de mi pecho partes, pues tanta me das? Respondió: --Mi habilidad y cauta naturaleza me enseñó que a tu grandeza rinda mi flaca humildad. Por cuyas cuerdas razones me río yo de jumentos que igualan sus pensamientos a los soberbios leones.
(_Obras son amores_, acto 3.º)
EL LOBO Y EL CORDERO[27]
Bebía un cordero humilde de un arroyo en la corriente por lo bajo, y en lo alto un lobo voraz y aleve; y como matar quería al corderillo inocente, --Mira que me enturbias --dijo-- el agua; tan recio bebes. El cordero respondió: --Lobo amigo, pleito quieres; si estoy en bajo y tú en alto, tú la enturbias, tú me ofendes. ¿Qué tienen que ver mis deudos, que el agua en lo bajo beben, contigo, que estás en alto, si no es que pleito pretendes?
(_La hermosura aborrecida_, acto 2.º, escena VI.)
[Ilustración]
LA GATA MUJER[28]
¡Plegue al cielo que no sea como aquel hombre de Atenas, que pidió a Venus le hiciese mujer, con ruegos y ofrendas, una gata dominica, quiero decir, blanca y negra! Estando en su estrado un día con moño y naguas de tela, vió pasar un animal de aquestos, como poetas, que andan royendo papeles, y dando un salto ligera de la tarima al ratón, mostró que en naturaleza la que es gata, será gata; la que es perra, será perra, _in saecula saeculorum_. . . . . . . . . . . . . . . . .
(_El castigo sin venganza_, acto 3.º)
LA GATA MUJER
Cierta fabulilla trata que un hombre quiso a una gata, de suerte que cada día a Júpiter le pedía con ofrendas de oro y plata se la volviese mujer. Júpiter lo vino a hacer; y estando el hombre casado, y ella sentada en su estrado viendo cantar y tañer, dicen que un ratón pasó, y apenas ella le vió cuando, corriendo tras él, le dió uñarada cruel y al primero ser volvió.
(_El Príncipe Perfecto_, 1.ª parte, acto 2.º, escena XIV.)
LA GATA MUJER
Las fábulas nos cuentan que una gata de tal manera amaba un hombre rico, que pidió a Juno, y dió un blandón de plata que la hiciese mujer, y a mí la aplico. La diosa, por no ser al dón ingrata, mudóle en rostro humano el negro hocico, la piel pelosa en cuerpo deseado, y fué su casamiento celebrado. Mas como en el estrado viese un día pasar unos ratones, como antes arrojóse tras ellos la que había tratado en liviandades semejantes[29].
(_Ejemplo de casadas_, acto 2.º)
EL ASNO Y EL COCHINO[30]
[Al amor de la lumbre], en un librillo, leía esotra noche mi carillo, pienso que eran las _trápulas_ de Esopo, que un asno, viendo a un puerco como un topo siempre echado a pacer en la pocilga, con envidia que el ánima pecilga decía: --Que éste engorde y yo trabaje, que el mozo el pan, y el amo a veces baje cáscaras de melón y otros regalos, y a mí con agua y leña me den palos. Pero llegado el día de San Lucas, agarraron al puerco, y al pescuezo pusieron el cuchillo; y cuando el asno oyó los gritos, dijo: --Hermano puerco, si para eso os engordaba el amo, igual es trabajar; asno me llamo.
(_Con su pan se lo coma_, acto 1.º)
GRATITUD
Feroz león la planta, fiera en vano, atravesada de la dura espina, muestra al esclavo, y a curarle inclina, humilde el inhumano, al sabio humano. Vele después salir en el romano Anfiteatro, y que a morir camina, y paga la piadosa medicina rendido al pie que le curó la mano. Pues si humilla un león tanta fiereza, ¿quién hay que corresponda con mal trato a quien debe piedad, honra y nobleza? Siendo un león de la amistad retrato, corrida puede estar naturaleza el día que ha formado un hombre ingrato.
(_Amar sin saber a quién_, acto 2.º, escena III.)
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BALTASAR DEL ALCÁZAR
_Sevilla, 1530; † 1606._
DESENGAÑO
Quiso Mercurio saber, juzgándose sin segundo, la estimación que en el mundo su deidad pudo tener. Y halló ser necesario para enterarse del hecho, irse a la tienda derecho de un pintor imaginario. Y así en ello resumido, hizo al punto su viaje, mudado el divino traje, para no ser conocido, sin mirar cuán fácil es, al escarbar la gallina, descubrir la aguda espina que le lastima los pies. Vido llena la oficina de tablas artificiosas, todas de dioses y diosas de belleza peregrina. También vió la suya entre ellas, que a su parecer ultraja las demás con la ventaja que el sol hace a las estrellas. Hallóse a todo presente el artífice discreto, con quien el dios inquieto tuvo el coloquio siguiente: --Esta tabla principal de Júpiter ¿cuánto vale? --Esa de ordinario sale vendida en medio real. --Y ésta de la diosa Juno, ¿en qué se suele vender? --Esta, por ser de mujer, suele venderse por uno. --Y esta del famoso dios Mercurio ¿en qué sueles dalla? --De balde suele llevalla quien me compra esotras dos. Amargóle esta verdad, pero juzgó sin pasión que la propia estimación no suele dar calidad, y que los que más están con su estimación casados, sólo tienen de estimados lo que los otros les dan.
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JUAN RUIZ, ARCIPRESTE DE HITA
Del “_Libro de Buen amor_” escrito en 1330.
EL MUR DE MONFERRADO E EL MUR DE GUADALAJARA
Mur de Guadalajara un lunes madrugara fuese a Monferrado, a mercado andaba; un mur de franca barba recibiol’ en su casa, convidol’ a yantar e diole una faba. Estaba en mesa pobre buen gesto e buena cara, con la poca vianda buena voluntad para, a los pobres manjares el placer los repara; pagos’ del buen talante mur de Guadalajara. La su yantar comida, el manjar acabado, convidó el de la villa al mur de Monferrado que el martes quisiese ir ver el su mercado, e como él fué suyo, fuese él su convidado. Fué con él a su casa e diol’ mucho de queso, mucho tocino lardo, que non era salpreso, enjundias e pan cocho sin ración e sin peso; con esto el aldeano tovos’ por bien apreso. Manteles de buen lienzo, una blanca talega bien llena de farina, el mur allí se allega; mucha honra le fizo e servicio quel’ plega, alegría, buen rostro, con todo esto se llega. Está en mesa rica mucha buena vïanda, un manjar mejor que otro amenudo y anda, e demás buen talente, huésped esto demanda: solaz con yantar buena todos los homes ablanda. Do comían e folgaban, en medio de su yantar, la puerta del palacio comenzó a sonar; abríala su señora, dentro quería entrar. Los mures, con el miedo, fuxieron al andar. Mur de Guadalajara entró en su forado; el huésped acá e allá fuía deserrado, non tenía lugar cierto do fuese amparado, estovo a lo escuro a la pared arrimado. Cerrada ya la puerta e pasado el temor, estaba el aldeano con miedo e con tremor; falagábal’ el otro deciendol’: --Amigo, señor, alégrate e come de lo que has más sabor. Este manjar es dulce, sabe como la miel. Dixo el aldeano al otro: --Venino yaz en él; el que teme la muerte, el panal le sabe fiel; a ti solo es dulce, tú solo come dél. Al home con el miedo nol’ sabe dulce cosa, non tiene voluntad clara la vista temerosa; con miedo de la muerte, la miel non es sabrosa, todas cosas amargan en vida peligrosa. Más quiero roer faba seguro e en paz que comer mil manjares corrido e sin solaz; las viandas preciadas con miedo son agraz, todo es amargura do mortal miedo yaz. Porque tanto me tardo, aquí todo me mato del miedo que he habido cuando bien me lo cato; como estaba solo, si viniera el gato, allí me alcanzara e me diera mal rato. Tú tienes grandes casas, mas hay mucha compaña; comes muchas vïandas, aquesto te engaña: buena es mi pobreza en segura cabaña, que mal pisa el home, el gato mal rascaña. Con paz e seguranza es buena la pobreza, al rico temeroso es pobre la riqueza, siempre tiene recelo e con miedo tristeza; la pobredad alegre es segura nobleza.
LA RAPOSA E EL CUERVO
La marfusa un día con la fambre andaba, vido el cuervo negro en un árbol do estaba grand pedazo de queso en el pico levaba, ella con su lisonja tan bien lo saludaba: --¡Oh cuervo tan apuesto!, del cisne eres pariente, en blancura en dono fermoso, reluciente más que todas las aves cantas muy dulcemente; si un cantar dixieres, diré yo por él veinte. Mejor que la calandria nin el papagayo, mejor gritas que tordo, nin ruiseñor, nin gayo; si agora cantases, todo el pesar que trayo me tirarías en punto más que otro ensayo. Bien se cuidó el cuervo que con el gorjear placía a todo el mundo más que con otro cantar; creyó que la su lengua e el su mucho graznar alegraba las gentes más que otro juglar. Comenzó a cantar, la su voz a ercer el queso de la boca hóbosele a caer; la gulhara en punto se lo fué a comer; el cuervo con el daño hobo de entristecer. Falsa honra e vana gloria y el risete falso dan pesar e tristeza e daño sin traspaso: muchos cuidan que guarda el viñadero el paso, e es la magadaña que está en el cadahalso.
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ÍNDICE
PÁGS.
ADVERTENCIA V
RAFAEL POMBO
El pinzón y la urraca 1
El sol y el polvo 2
La cangreja consejera 2
MANUEL DEL PALACIO
Los pedazos de mármol 4
Naturalismo 6
RAMÓN DE CAMPOAMOR
Los hijos y los padres 8
Los padres y los hijos 9
La carambola 10
El concierto de los animales 11
Los dos gorriones 15
Salvar el honor con frases 16
ANTONIO DE TRUEBA
El ejemplo 18
Los tres amigos 20
La parte del león 23
El lobo y el cordero 26
CONCEPCIÓN ARENAL
El sobrio y el glotón 28
El lobo murmurador 29
JUAN EUGENIO HARTZENBUSCH
Las espigas 31
Los tres quejosos 31
El dromedario y el camello 33
El comprador y el hortera 33
El jumento murmurador 35
El avaro y el jornalero 36
Las indirectas del padre Cobos 37
La alacena 40
El caballo de bronce 42
La rebanadita de pan 46
A su tiempo cada cosa 48
MIGUEL AGUSTÍN PRÍNCIPE
El papel y el trapo 49
El tiempo perdido 50
FRANCISCO MARTÍNEZ DE LA ROSA
El topo y el gusano de luz 51
El zagal y el nido 52
ANDRÉS BELLO
La ardilla, el dogo y el zorro 54
FÉLIX M. DE SAMANIEGO
El camello y la pulga 58
La alforja 59
El cuervo y el zorro 60
El perro y el cocodrilo 62
Las dos ranas 63
La zorra y el busto 65
El raposo, la mujer y el gallo 66
El león vencido por el hombre 68
La lechera 71
Los gatos escrupulosos 73
El viejo y la muerte 73
La mona 74
Los dos amigos y el oso 75
La zorra y las uvas 76
El congreso de los ratones 78
El charlatán 81
La cigarra y la hormiga 82
TOMÁS DE IRIARTE
Los dos conejos 85
El gozque y el macho de noria 87
La ardilla y el caballo 90
La compra del asno 92
El naturalista y las lagartijas 94
El topo y otros animales 97
El oso, la mona y el cerdo 101
Los dos loros y la cotorra 102
La campana y el esquilón 103
El pedernal y el eslabón 104
El burro flautista 105
PEDRO DE SALAS
El ratón del campo y el cortesano 107
JOSÉ DE CAÑIZARES
Lo cierto por lo dudoso 109
FRANCISCO DE LA TORRE
Al romper el alba 111
AGUSTÍN MORETO
Respuesta de Pero Grullo 112
Codicia de lo prohibido 112
La fruta prohibida 114
Por la puente, que está seco 115
El desafío 116
El placer de la venganza 116
CRISTÓBAL DE MONROY
La naturaleza puede más que el arte 118
ANTONIO DE SOLÍS
No era nada lo del ojo 120
JUAN DE MATOS FRAGOSO
El perro y el asno 121
Afeitar por amor de Dios 122
El duende 122
La mula del doctor 123
JUAN PÉREZ DE MONTALBÁN
Testigo recusado 125
FRANCISCO DE LEYVA
La precipitación 127
El loco por la pena es cuerdo 128
ÁLVARO CUBILLO DE ARAGÓN
El burro entre dos piensos 130
Maldición de corcovado 131
SEBASTIÁN DE VILLAVICIOSA
El sueño engañoso 132
JACINTO DE HERRERA
El embustero 133
La zorra y el león 135
LUIS DE BELMONTE
Los arqueólogos 136
ANTONIO MIRA DE AMESCUA
La cigarra y la hormiga 138
CALDERÓN DE LA BARCA
Por un cero 139
Comedimiento y astucia 141
El consuelo 142
Desprecio de la grandeza humana 142
Pasión de poeta 143
Culpar al prójimo de la falta propia 144
Por no hablar claro 145
Contentar a todos 146
Los huéspedes qué gusto dan... 147
La manda del soldado 148
El gangoso 148
Aprendiera buen oficio 150
El mal pintor 152
La liberalidad 152
El ciego 154
Regateo 154
Para ablandar la cama 155
FRANCISCO DE ROJAS Y ZORRILLA
La mula del doctor 157
El cochino 158
JUAN RUIZ DE ALARCÓN
El ofensor ofendido 161
El cobarde 162
El sabio entre los locos 163
Después de yo muerto 163
Quien pide, alcanza 164
El ruin con mando 165
La corneja con plumas ajenas 167
TIRSO DE MOLINA
El león y la raposa 169
La mula del doctor 171
El asno y el cochino 172
Mejor goza del bien quien desde el mal vino a él 173
LOPE DE VEGA
Perdices me manda mi padre que coma 175
Si el burro cae, nada 176
El mal hace apreciar el bien 176
El labrador, su hijo y el asno 178
Error salvado 179
Censurar es fácil 180
No firmes carta que no leas 180
El leñador y la muerte 181
Norma de privados 182
El asno y la diosa 183