Estudios americanos (primera serie)
Part 3
Ha llegado el presidente McKinley, acompañado de periodistas y diplomáticos, el pueblo se aglomera en torno de ellos, aclamando al presidente, al general Schafter, el héroe de Santiago, al general Miles, el héroe de Puerto Rico, al viejo general _Joe_ Wheeler, a los ministros de China y de Corea, el primero de los cuales, graduado de Oxford, pronuncia _speeches_ en correcto inglés y a Gonzalo de Quesada, el representante da la junta cubana en Washington, que toma una parte activa en los torneos oratorios indispensables en las festividades patrióticas americanas. Se trata de la celebración del jubileo de la paz, y la ocasión da motivo al señor McKinley para pronunciar una de sus arengas más elocuentes y felices.
La exposición en sí misma no ofrece un interés extraordinario. La sobriedad y belleza de los edificios impone agradablemente; pero fuera de la exhibición agrícola, que es realmente notable, las demás secciones no tienen el desarrollo que sería de desear. Por la noche, es de una belleza indescriptible, el espectáculo de la iluminación eléctrica de los palacios, cuyas diez mil lámparas incandescentes se reflejan en la laguna central, donde resbalan góndolas venecianas. La exposición se encuentra situada a dos millas de la ciudad y posee todo el _atrezzo_ común a los espectáculos de su especie. Hay allí la montaña rusa y el _toboggan_ reglamentario, la calle de las Naciones con chinos verdaderos, levantinos escamados y muestras más o menos legítimas de las razas del Extremo Oriente. Los descendientes de las tribus que en 1854 cedieron a los Estados Unidos el territorio en que hoy se eleva la ciudad, hacen un simulacro de batalla _india_ lleno de interés y de gran actualidad, pues precisamente en estos momentos fuerzas americanas se baten _pour de bon_ con los salvajes en el estado de Minnesotta. Los teatros y los panoramas; los cafés moriscos y la posada bohemia; el túnel de una mina de oro californiana; la danza subterránea de los demonios en la sección llamada _The Big Rock_; la reproducción del peñasco de Plymouth, en que desembarcaron en 1621 los puritanos; la cámara obscura con sus cuadros cambiantes y sus linternas mágicas, la enana de Cuba llamada _Chiquita_, de veinte años de edad y veintiséis pulgadas de alto; el ciclorama en que se presenta el combate naval entre el Merrimac y el Monitor en 1862; los perros y los monos sabios; la aldea alemana; la menagerie con sus 500 especies de animales; el laberinto; la reproducción de una plantación antigua, y, finalmente, el ferrocarril en miniatura,--son las _novedades_ que amenizan la feria y que recuerdan una de las páginas más coloridas de Dickens, la pintura de los viajeros que con rumbo a las carreras se reunen en la taberna de Jolly Sandboys.
Omaha es el centro geográfico de los Estados Unidos y su rápido progreso representa de una manera digna, el crecimiento de la región transmississippi, cuya población alcanza hoy a más de 20 millones de habitantes establecidos en 2 millones y medio de millas cuadradas. La designación de aquel punto ha sido feliz y aunque los miembros del sindicato que proyectaron esta empresa no pudieron prever la guerra con España, que absorbió por tanto tiempo la atención pública, más de dos millones de visitantes han asegurado el éxito financiero de la exposición, dejando ya una ganancia líquida de 150.000 dollars para los promotores de la idea. Los recursos inagotables de este país son la mejor garantía de tentativas de esta especie. Los Estados Unidos constituyen un mundo aparte, y bastándose a sí solos, gozan de una verdadera independencia política e industrial. Pero sin duda el fenómeno más asombroso del desenvolvimiento de la joven democracia es la conquista del Oeste, la invasión pacífica y civilizadora de la región transmississippi.
El honorable J. W. Baldwin de Council Bluffs, en su oración inaugural recordaba que en 1858 la _North American Review_ declaraba lo siguiente: «El pueblo de los Estados Unidos ha alcanzado a su frontera terrestre occidental, y los bancos del Missouri son las orillas en que termina un vasto desierto de mil millas de ancho, que se propone atravesar, si ello es posible, con caravanas de camellos y que interpone una barrera final al establecimiento de grandes comunidades agrícolas, comerciales o aun pastoriles.»
¿Dónde está hoy ese desierto?, se pregunta con orgullo Mr. Baldwin, al hacer el balance de las conquistas realizadas por sus compatriotas. «En lugar de él podemos mostrar una inmensa chacra de 67 millones de acres bajo cultivo y cuyos productos alcanzan anualmente a un valor de _mil millones_ de dólares. Las praderas que fueron consideradas «impropias para el cultivo» producen anualmente 1.200 millones de bushels de maíz, 350 millones de bushels de trigo, 30 millones de toneladas de heno, cuyo valor total llega a 600 millones de dólares, sin contar el valor de los otros cereales, frutas y legumbres. En vez del «oso caparazonado y del búfalo», 9 millones de caballos y mulas trabajan en los valles; 32 millones de animales pastan en las colinas; 51 millones de ovejas y de cerdos producen sus vellones y engordan, y el valor de este ganado llega a 1.200 millones de dólares. Se pensó en un tiempo que 15 millones de dólares, era un precio excesivo para esta «región salvaje». Hoy su producción anual de oro y de plata es de 100 millones de dólares, de cobre y otros minerales de otros 100 millones y de carbón 30 millones. Con el solo precio de los metales preciosos, podríamos pagar el precio de compra en setenta días. La «barrera para el establecimiento de empresas comerciales», ha caído derribada por el hombre de la frontera y más allá de ella, giran las ruedas de las fábricas produciendo anualmente un valor de 1.400 millones en artículos de la mejor y más barata manufactura del mundo. Como las «caravanas de camellos» no venían del Egipto, el pueblo de esta región, construyó 80.000 millas de caminos de hierro, como medio de viaje y de transporte. En la tierra en que solamente hace cincuenta años vagaban salvajes aborígenes y se abrigaban en wigwams y tiendas de hojas de palma, ahora viven 22 millones de ciudadanos inteligentes, con 121 universidades y colegios; 62.000 escuelas, 5.700.000 niños, 6.000 periódicos y 45.000 organizaciones religiosas cuyos miembros alcanzan a 3.500.000 y que reverencian a su Dios en 44.000 iglesias destinadas al culto. Finalmente, la riqueza agregada de esta región del país llega a 22 mil millones de dólares, o sea, más de la mitad del capital íntegro de la Gran Bretaña.»
Próximamente, tendrá lugar aquí la exposición ganadera, y aunque ella se abrirá sólo dentro de dos semanas, casi todos los estados de la Unión están ya representados, mientras en las calles de la ciudad, se cruzan los principales criadores de los Estados Unidos. La exposición ganadera no se limitará a la región del oeste, habiendo llegado ya animales finos de Illinois, Indiana y hasta de los estados de la Nueva Inglaterra. Cincuenta mil dólares al contado, serán distribuidos, junto con una cantidad mayor en medallas, certificados, y otros premios. Refiriéndose a esta exposición, leo hoy en el carro eléctrico que me conduce a la feria, un artículo de _The Country Gentleman_, muy interesante: «La industria ganadera del oeste,--dice,--está en una condición floreciente. Nebraska, es un ejemplo elocuente de lo que pasa en los estados adyacentes, a este respecto. Los vacunos y otros animales han alcanzado un precio muy elevado. Un detalle curioso de la presente situación es el hecho de que el caballo, como artículo de comercio, parece estar atrayendo mucha más atención ahora en los estados occidentales que de diez años a esta parte. Este año un buen caballo de campo vale de 40 a 50 pesos, mientras hace algunos meses el mismo caballo no alcanzaba la mitad de ese precio. Muchos de estos animales vienen de las chacras de Illinois, Michigan, Indiana, Ohío e Iowa. Otro detalle interesante de la exhibición ganadera serán las lecciones prácticas de lo que se conoce por campaña educadora del «cerdo magro», que harán los empacadores del oeste. Esas lecciones tienden a demostrar a los productores que es preferible producir un animal que pese 200 libras, en vez de un animal más pesado. La demostración se hará en forma de corrales de varios tamaños, con cerdos de un peso de 195 a 300 libras. Habrá estadísticas preparadas mostrando lo que cuesta producir el cerdo liviano, el precio que obtiene el animal en la cotización del mercado diario y cuáles son las probabilidades de pérdida, comparado con el cerdo más pesado. Después, las mismas estadísticas serán aplicadas al cerdo de 300 libras. El deseo de los empacadores en general, es fomentar la producción del cerdo magro más pequeño, del cual se obtiene la más fina calidad de tocino inglés de desayuno (English breakfast bacon). Esta clase de cerdo, se cotiza siempre de uno a dos centavos más por libra, en Chicago, Kansas City, Omaha, que el cerdo de 300 y 350 libras.»
Los resultados de la exhibición ganadera serán, indudablemente, muy interesantes. Omaha, lo he dicho ya, es el tercer mercado de carnes en América, y en ninguna parte mejor que aquí puede estudiarse los adelantos de la ganadería de este país, así como admirarse la pujanza de la raza que ha edificado esta hermosa ciudad, y que hoy se regocija de su obra, recorriendo complacida y orgullosa los palacios monumentales de la exposición y aclamando con entusiasmo a los héroes de la guerra con España.
III
EN SAINT-LOUIS
No he querido abandonar el oeste, sin arrojar una ojeada a esta extraordinaria ciudad de Saint-Louis, que es, no solamente la metrópoli del valle del Mississippi, sino como ha sido dicho con exactitud, el corazón comercial de la inmensa región comprada a Francia en 1804. De aquí nace su abolengo de ciudad antigua. Después de Nueva Orleans, Saint-Louis, era el centro más importante de aquella soberbia adquisición territorial. Fundada nueve años antes que Filadelfia, doce años antes de la declaración de la independencia, a fines del siglo pasado, los franceses la habían convertido en una provechosa y próspera factoría, donde se realizaba en grande escala el comercio de las pieles con los indios, únicos habitantes de aquellas inmensas soledades inexploradas.
Saint-Louis, está situada en la banda occidental del Mississippi, y es la llave geográfica de esa magnífica cuenca que comprende un área territorial mayor que las de Alemania, Francia, Austria-Hungría, Italia y Turquía reunidas. Una avenida de 124 pies de ancho la divide de norte a sur. Su situación, excepcionalmente favorable, como punto a que convergen todas las grandes líneas férreas que cruzan el territorio de los Estados Unidos, y las que se dirigen a México, le da aún las ventajas de ser un puerto fluvial de enorme importancia, a donde se detienen los vapores que navegan el Mississippi y el Missouri. Así, su crecimiento ha sido tan estupendo como el de las más favorecidas metrópolis modernas, y el último censo le da una población de 611.268 habitantes.
Por lo demás, la fisonomía general de la ciudad, tiene los mismos caracteres que las de todas las capitales americanas, cortadas por el mismo patrón, con su Broadway tumultuoso, copiado del de Nueva York, su Washington Avenue, semejante a la de Boston, su Chestnut Street, igual a la de Filadelfia, su espléndido sistema de parques, análogos a los de todas las anteriores, sus cortes de justicia, monumentales, su City Hall coronado de pináculos y torrecillas y su Union Station colosal, con una superficie techada de cuatro millones de pies cuadrados. Esa uniformidad de aspecto, de arquitectura, de «high buildings», en que sobresalen siempre un templo masónico y una «Equitativa», se extiende en América, hasta a los nombres de los parques, las calles, las avenidas y las estaciones Los carros eléctricos, igualmente administrados y construídos, aumentan esa impresión de monotonía.
Para distinguir, pues, a Chicago de Saint-Louis, a Saint-Paul de Cincinatti, a Pittsburgh de Providence, es necesario hacer desfilar las cifras estadísticas, que muestran la importancia relativa y los rasgos característicos, comerciales o industriales de cada agrupación. Naturalmente, en este terreno, Chicago aplasta a todas, a pesar de su juventud; pero Saint-Louis puede exhibir un _record_, que es por sí mismo suficientemente recomendable. Por de pronto, Saint-Louis es, por su rango, la quinta ciudad de la Unión. Sus calles ocupan una superficie de 818 millas, pavimentadas con macadán y piedra, con excepción de 53 millas en que se han empleado otros materiales. El sistema de sus aguas corrientes, costó 13 millones de dólares, y ellas tienen una capacidad de 132 millones de galones diarios.
La longitud total de sus caños de desagüe en 1890, era de 328 millas, y el costo total de su construcción de 7.206.780 pesos. Como centro manufacturero, Saint-Louis, figura dignamente, con sus 6.148 establecimientos industriales, con un capital de 141.872.386 pesos. Ellos emplean un término medio de 94.951 obreros, cuyos salarios suben a 53.294.630 pesos.
Las materias primas empleadas en dichos establecimientos cuestan 122.216.570 pesos, y el valor de sus productos llega a 229.157.343 pesos. ¿Para qué seguir? Con lo dicho basta para comprender que Saint-Louis no tiene motivos por qué humillarse, ni aún al lado de ese fenómeno de crecimiento y riqueza que se llama Chicago.
Ciudad comercial por excelencia, como Cincinatti, como Chicago, como Omaha, las glorias de Saint Louis consisten en amontonar muchos dólares y en edificar muchas casas de grande altura, colmenas de actividad industriosa. No aspira a los triunfos académicos ni a los lauros universitarios. Lo que desea y lo que consigue, es que a sus elevadores afluya mucho trigo, que su puerto sea visitado por muchos navíos, que sus estaciones rebosen de productos de la agricultura, de la ganadería y de la minería; y en su calidad de pueblo práctico, de pueblo trabajador, curado de quimeras, como todo el joven oeste, Saint-Louis es expansionista y conquistador, Saint-Louis quiere que «donde la bandera americana ha flameado, ella permanezca por siempre»; y se deleita de antemano pensando en la cantidad de máquinas y de géneros de toda especie, que le comprarán los portorriqueños, los cubanos y los filipinos.
He aquí la cuestión que por ahora absorbe a la inmensa región a que está vinculada esta magnífica capital, cuestión puesta sobre el tapete por el viaje presidencial a Omaha y a Chicago, con su acompañamiento de héroes como Shafter, Wheeler, Greely y Miles. La visión de tanta gloria encarnada ha trastornado la cabeza de los habitantes del oeste y ha refluído de una manera inesperada sobre el espíritu del presidente McKinley. El corresponsal del _Chicago Record_, que acompañaba la gira presidencial, William E. Curtis, explica de una manera clara el efecto de esta recíproca sugestión. Refiriéndose a la resolución tomada por el presidente, de pedir a España el grupo entero de las Filipinas, dice el distinguido publicista: «No creo que el presidente iría tan lejos en el asunto de las Filipinas, si no hubiera realizado su gira reciente por el oeste. Los iniciadores del jubileo de la paz de Chicago y de la exposición de Omaha, tienen en consecuencia no poca responsabilidad en la dirección de la política exterior del gobierno. El presidente se impresionó tanto con el sentimiento público, manifestado por todas partes en el oeste, que desde entonces no persistió más en sus inclinaciones de evitar la responsabilidad que la adición de tanto territorio le impondría. Los miembros del gabinete se han divertido bastante con el desarrollo de esta cuestión. Mientras más se internaba el presidente en el oeste más expansionista se mostraba, y uno de sus consejeros declaró que si hubiera llegado hasta Denver también hubiera pedido las islas Canarias.»
Ha existido en la Unión, hasta hace poco--y malos profetas dicen que existe todavía--un oeste _platista_ en oposición a un este rebosante de _gold-bugs_; y si la expresión de este nuevo sentimiento continúa, tendremos ahora un oeste imperialista en contraposición a un este enemigo de la expansión territorial. Mientras las muchedumbres de Omaha aclamaban a los héroes de la campaña, y pedían nuevas posesiones, _panes et circensis_, el senador Hoar, uno de los espíritus más cultos y distinguidos de esta nación, y una de las lumbreras del Massachussetts, universitario y apegado a la tradición de los padres, señalaba a sus oyentes los peligros y los errores de la expansión, en palabras tan sobrias como elocuentes.
«Este año--exclama--ha rebosado de historia y ha rebosado de gloria. Pero, a mi juicio, también él ha estado lleno de peligros. La bandera de España, en otro tiempo, y desde los días del imperio romano, el más orgulloso de los poderes de la tierra, ha caído en la obscuridad y en la sangre, ante la escuadra y el ejército victoriosos de los Estados Unidos.
«El pendón americano se ha alzado en el firmamento oriental, como una nueva constelación. Pero no aceptemos los deberes y responsabilidades de esta victoria, con ningún sentimiento de vanagloria, y todavía menos con ambición vulgar de poder o de ganancia. Los Estados Unidos han ido a esos pueblos del este y del oeste, como un gran libertador. Aprovechar esta ocasión para hablar de estaciones carboneras y de ventajas comerciales, los degrada y empequeñece.
«No hemos derribado a España, no hemos puesto en peligro las vidas preciosas de nuestros hijos para poder aumentar nuestras posesiones, o para poder obtener ganancias de nuestras nuevas relaciones.
«El primer deber del pueblo americano es preocuparse de sí mismo, y cuando digo esto no lo hago en un espíritu de egoísmo o de indiferencia por el bienestar del género humano. Por el contrario, creo que el más alto servicio que el pueblo americano puede prestar a la humanidad y a la libertad, es reservar sin mancha y sin cambios, la república tal como nos vino de nuestros padres. Es por medio del ejemplo y no por medio de cañones o bayonetas que la gran obra de América, en beneficio de la humanidad, deberá realizarse.
«Y en mi opinión, estamos hoy en frente de un gran peligro, un peligro más grande que los que hemos encontrado, desde que los peregrinos desembarcaron en Plymouth. El peligro es que vamos a transformarnos de una república fundada sobre la declaración de la independencia, guiada por los consejos de Washington, en un vulgar y ordinario imperio, fundado sobre la fuerza material.
«Por mi parte, no estoy deslumbrado por el ejemplo de Inglaterra. Las instituciones de Inglaterra, que le han permitido gobernar con éxito colonias distantes y estados vasallos, están fundadas, como Mr. Gladstone señaló, en la doctrina de la desigualdad. Si estamos destinados a sobrepasar a Inglaterra en poder nacional, será siguiendo nuestro propio camino y no sus huellas.
«Se ha dicho que Puerto Rico ya es nuestro. Puede ser que Puerto Rico llegue a ser nuestro. Pero no existe autorización bajo la constitución de los Estados Unidos para adquirir ningún territorio extranjero, excepto por un tratado, aprobado por el senado, por dos tercios de votos o por un acto legislativo, en el cual, el presidente, la cámara de representantes y el senado estén unidos. Se dice que las islas Filipinas son ya nuestras por derecho de conquista. Los seres humanos--hombres, mujeres, niños, pueblos--no pueden ganarse como despojos de la guerra o presas del combate. Puede ser que tal doctrina encuentre un sitio en las antiguas y bárbaras leyes de la guerra. Pero ella no es admisible bajo la constitución americana.
«Ella no cabe, tampoco, en el código moral del pueblo de los Estados Unidos. He explicado, en otra parte, las consideraciones que a mi juicio garantizaban la adquisición del Hauaii. Hauaii vino a nosotros con el consentimiento de su propio gobierno, el único gobierno capaz de mantenerse allí por un considerable espacio de tiempo. En el caso de las Filipinas, se nos pide que avasallemos a una nación y que la mantengamos en vasallaje. Las tomamos por conquista y las conservaremos por la fuerza. En el caso de las islas Sandwich, las tomamos por acuerdo celebrado con su gobierno legal.
«Algunos de nuestros buenos amigos han dicho, en su celo irreflexivo, que donde va la bandera americana allí debe permanecer. Pero, seguramente, ellos no pueden desear que el país se ligue a esta doctrina. Plantamos nuestra bandera en la ciudad de México. Pero nadie pidió que permaneciera allí. Si la guerra continúa, podremos plantarla en la costa de España, aunque no deseamos mantener un dominio permanente sobre ella.
«Si las islas Filipinas llegan a ser nuestras, según la última decisión de la suprema corte, cada niño que en adelante nazca allí, llegará a ser un ciudadano americano, libre de entrar, libre de salir. ¿Pensáis conservarlos como vasallos? ¿Pensáis fundar una clase educada y gobernante? ¿Váis a tener al colector de contribuciones como el más frecuente y conocido visitante de toda casa americana? ¿Váis a aumentar varias veces vuestra deuda nacional? Todas estas cosas están envueltas en ese salvaje y apasionado grito a favor del imperio. Por mi parte, rechazo y detesto la idea que el pueblo americano se decida a someterse a semejante transformación.»
Entre las aclamaciones populares que piden la extensión del _imperium_ y la palabra sobria de los estadistas que se sublevan contra él, el presidente parece dispuesto a seguir las indicaciones de las primeras y ha impartido sus instrucciones en ese sentido, a los comisionados que en París ejecutan sus mandatos. España tratará de alegar que en el protocolo de suspensión de las hostilidades no se hablaba de la cesión de las Filipinas, y que la entrega de Puerto Rico ha sido en calidad de idemnización por los gastos de la guerra. Es demasiado tarde para ella y al fin tendrá que aceptar las condiciones impuestas por el vencedor.
IV
UNA VISITA A AMHERST
El colegio de Amherst, es una de las más interesantes y típicas instituciones de enseñanza que existen en este país. Sin tener el abolengo ilustre ni la antigüedad de Harvard o de Yale, su situación especial le da un carácter peculiar que han ido perdiendo poco a poco los anteriormente mencionados. Uno de sus encantos principales es el escenario en que se encuentra situado. Amherst, es la ciudad estudiantil por excelencia, un centro en que todo invita al trabajo intelectual y al cultivo del espíritu. He pasado algunos días viviendo la vida de la academia, y creo interesante registrar algunos datos relacionados con aquella tebaida científica.