Estudios americanos (primera serie)
Part 11
La tarifa de 1828 produjo aquel gran debate que se recuerda todavía como el más elocuente que registran los anales parlamentarios de la gran república. El duelo oratorio entre Robert Y. Hayne, de South Carolina, «el Aquiles del Sur», y Daniel Webster, el eminente campeón de Nueva Inglaterra, es un episodio clásico de la leyenda legislativa americana y él figura en todos los tratados políticos como un modelo para las generaciones futuras. El triunfo obtenido por la soberbia arenga de Webster desconcertó por un tiempo a sus adversarios, pero las ideas de independencia absoluta o de separatismo permanecían latentes, manifestadas en la famosa «Ordinance of Nullification», que dió motivo a Calhoun para medir sus armas con el vencedor de Hayne. En aquel torneo tomó también una parte prominente Thomas Hart Benton y sus resultados, favorables a la integridad de la Unión, se sintetizaron en la ley de aduana de transacción de Clay, promulgada en 1833. «Cuando se preguntó al general Jackson, muchos años después,--dice Mr. Moore--qué medida hubiera tomado con Mr. Calhoun y los otros nulificadores si ellos hubieran persistido en su camino, él replicó con su antiguo ardor: «Colgarlos, señor, colgarlos. Habrían servido de escarmiento a los traidores de todos los tiempos y la posteridad lo hubiera considerado la mejor acción de mi vida».--Otro debate memorable tuvo lugar con motivo de la ley de concesión del Banco de los Estados Unidos, vetada por el presidente Jackson en abierta oposición con la mayoría de los legisladores. Los representantes de los whigs o republicanos nacionales, en aquel tiempo, contaban con miembros eminentes en el congreso, como sucedía también con los demócratas. En el elenco de aquel alto cuerpo figuraban los nombres de siete futuros presidentes de los Estados Unidos, Polk, Buchanan, Johnson, Pierce, Tyler, Fillmore y Lincoln.
La anexión de Tejas y la guerra de México, que fué su consecuencia, dió motivo a largas discusiones, relatadas por Mr. Moore de una manera clara y comprensible. No está de más extractar la narración sucinta que nos hace de este episodio histórico. La inmensa región de más de 200.000 millas cuadradas que los Estados Unidos reclamaron como una parte de la compra de la Louisiana, pero que fué entregada a España en cambio de la cesión de Florida, llegó a ser una provincia o departamento de México conocido por Tejas. En 1820, un residente de Missouri, llamado Moses Austin, que conocía la fertilidad de la región, obtuvo una concesión de las autoridades españolas para establecer en Tejas una colonia americana... La colonia de Austin fué seguida por otras y pocos años después hubo varios miles de americanos establecidos en Tejas. Declarada la independencia de México, en 1834 el general Santana, a la cabeza de un ejército de mercenarios, se alzó contra la constitución mejicana, abolió la soberanía de los estados y con el título de presidente, se hizo jefe de un despotismo militar. Todos los estados, excepto Tejas, le rindieron sus armas, y en octubre de 1835 el general Cos fué enviado a Tejas para forzarlo a la obediencia... Los tejanos se organizaron en compañías y lograron desalojar al general Cos de sus fortificaciones en San Antonio primero y luego del territorio del estado. Entretanto, el pueblo declaró la independencia y adoptó el nombre de República de Tejas... Tres meses después de la derrota del general Cos, la República de Tejas fué invadida por Santana con un ejército de 5.000 hombres, que fueron también derrotados en la batalla de San Jacinto por una fuerza bajo el mando del general americano Sam Houston. Santana reconoció la independencia de la república y aceptó al Río Grande como límites entre México y el nuevo estado. El congreso mejicano, sin embargo, desaprobó el acuerdo, pero como ninguna tentativa se hizo por parte de México para restablecer su soberanía, los Estados Unidos, a la par de Inglaterra, Francia y Bélgica, reconocieron la nueva república. Poco tiempo después Tejas pidió ser admitida en la Unión Americana. Rechazada dos veces su tentativa, la cuestión de la anexión llegó a apasionar la opinión pública y a convertirse en un asunto de primordial interés. El sur, que trataba de extender el territorio esclavócrata, favorecía la anexión, mientras el partido llamado del libre suelo se oponía fuertemente a ella. Al fin triunfaron los primeros y Tejas fué admitido como estado, produciendo la guerra con México, en que tan mala suerte cupo a la vecina república, desmembrada por el vencedor.
La acción del congreso americano durante la rebelión que puso en peligro la existencia de la Unión, llena un crecido número de páginas de la obra interesante de Mr. Moore. Las agitaciones de aquellos días tumultuosos, las diversas medidas financieras adoptadas para proveer recursos con que llevar a cabo la lucha gigantesca, todos los incidentes dramáticos de la época, desfilan a nuestros ojos en una sucesión brillante, hasta concluir con la enmienda décimatercia de la constitución que hizo al presidente Lincoln el emancipador de cuatro millones de esclavos. No menos interesante que la historia de aquellos acontecimientos, llenos de lecciones políticas y morales, es la narración del juicio político del presidente Johnson.
Los demás detalles contenidos en la obra que me ha dado ocasión para hacer esta rápida revista de una parte de la vida legislativa americana, tales como la ley de compra de plata de Sherman, la tarifa MacKinley, el arbitraje del mar Behring, y las terribles escenas que presenció el senado cuando Mr. Blaine exhibió las cartas de Mulligan, son demasiado conocidos y recientes para que sea necesario sino mencionarlos de paso. Baste decir que en el curso de los años, el prestigio del congreso americano ha crecido constantemente y, a pesar de algunos pasajeros eclipses, el nivel de sus deliberaciones ha sido siempre digno de la grandeza y altura moral de la gran república. Los problemas que está llamado a afrontar ahora van a poner como nunca a prueba las dotes de estadista de sus miembros y el sentimiento de justicia de que ellos están animados. Las miradas del mundo entero están fijas en la próxima asamblea y pronto veremos si ella amengua o enaltece la gloriosa tradición de los padres de la república.
X
MARAVILLAS DE LA PISCICULTURA
La Comisión de Pesquerías de los Estados Unidos se fundó por una ley del Congreso de 9 de febrero de 1871 que autorizó el nombramiento de un funcionario con el título de _Commissioner of Fish and Fisheries_. Sus deberes fueron definidos de la siguiente manera: «Emprender investigaciones a propósito de la diminución de peces valiosos, con el objeto de averiguar en qué partes de las costas y lagos de los Estados Unidos se había producido dicha diminución y en qué proporción: las causas de la misma; las medidas de precaución, de prohibición o protección de la pesca que debían adoptarse en dichas circunstancias». Para desempeñar ese cargo, fué nombrado el profesor Baird, eminente hombre de ciencia que se encontraba en la primera fila de los investigadores biológicos y autor de centenares de memorias que le habían conquistado una reputación universal. Bajo la dirección acertada de aquella eminente persona,--se ha dicho con razón,--la ciencia pura y aplicada empezaron a obrar juntas en la Comisión de Pesquerías con sus representantes respectivos trabajando en los mismos laboratorios, hasta el punto de que el éxito de la piscicultura en los Estados Unidos valió a su iniciador, en 1880, el gran premio de la Exposición Internacional de Berlín, por la cual fué designado «el primer piscicultor del mundo».
Los trabajos de la comisión se dividieron en tres secciones:
1.ª Investigación sistemática de las aguas de los Estados Unidos y problemas físicos y biológicos que ellas presentan. Los estudios científicos de la comisión están basados sobre una interpretación liberal y filosófica de la ley. Al trazar sus planes originales el comisionado insistió en que el mero estudio de los pescados alimenticios («_foodfishes_») carecería de importancia real y que para llegar a conclusiones útiles sería necesario arrojar las bases de investigaciones de carácter puramente científico. La historia biológica de las especies de valor económico debe ser comprendida desde el principio hasta el fin; pero no menos necesario es conocer la historia de los animales y las plantas de que dichas especies se alimentan o a las cuales sirven de nutrición; la historia de sus enemigos y amigos, y de los amigos y enemigos de sus enemigos y amigos, así como todo lo relativo a las corrientes, temperaturas y otros fenómenos físicos de las aguas en relación con la migración, reproducción y crecimiento. Un acompañamiento necesario de esta División es la recolección de material para investigaciones futuras destinado al Museo Nacional y otras instituciones análogas.
2.ª Investigación de los métodos de pesquerías del pasado y del presente, estadísticas de la producción y comercio de los productos de pesquería. Siendo el hombre uno de los principales destructores de los peces, la influencia de éste sobre su abundancia debe ser estudiada. Se examinarán los métodos y aparatos para la pesca usados en los Estados Unidos comparándolos con los de otras naciones, con el objeto de suprimir los que amenacen la destrucción de peces útiles y reemplazar los ineficaces por otros más serviciales. Se reunirán estadísticas de la industria y del comercio para el uso del Congreso, al ajustar tratados o al imponer tarifas, así como para mostrar a los productores los mejores mercados y a los consumidores dónde y cómo sus necesidades pueden ser suplidas.
3.ª Introducción y multiplicación de peces alimenticios útiles a través de todo el país, especialmente en aguas sometidas a la jurisdicción del gobierno general o aquellas que sean comunes a varios estados, ninguno de los cuales se manifieste dispuesto a incurrir en gastos en beneficio de los otros. Esta parte de la obra de la comisión no entraba en el programa primitivo de sus trabajos, pero fué incluída en él a pedido de la Asociación de Piscicultura Americana, cuyos representantes solicitaron al Congreso que votara fondos especiales para este propósito. Dichos fondos han continuado votándose en aumento todos los años y la propagación de los peces es al presente la rama más importante de las labores de la comisión, tanto respecto al número de hombres empleados como a la cantidad de dinero gastado.
Sobre estas líneas generales y con estos propósitos y métodos de organización, se han emprendido y siguen llevándose a cabo los trabajos de la Comisión de pesquerías. En muchos departamentos ella ha contado con la ayuda desinteresada de hombres de ciencia americanos, pero la mayor parte de los resultados obtenidos se deben al celo e inteligencia de los miembros y funcionarios oficiales de la misma.
Como las más importantes pesquerías están localizadas a lo largo del Atlántico Norte, las costas de este distrito han sido objeto de más activas operaciones y en ellas se han establecido estaciones diversas, provistas de laboratorios y todo lo necesario para el mejor resultado de los estudios que se llevan a cabo. Durante la estación del verano, en cada una de dichas estaciones se recogen peces de las riberas, se colocan trampas para la caza de animales imposibles de obtener en otra forma, y se rastrilla por medio de dragas y albanegas el fondo del mar a distancias tan grandes como las que puede alcanzar un vapor en tres días de viaje. Para realizar estos diversos trabajos, en 1880 se construyó un vapor especial de 450 toneladas y en 1883 se añadió a él otro de 1.000 toneladas, bautizado el _Albatros_ y que es el más perfecto que existe en su género.
Mr. Brown Goode en una interesante monografía consagrada a este tema, sumariza de la manera siguiente los trabajos de la Comisión de Pesquerías: «Uno de sus rasgos más importantes,--dice,--ha sido la preparación de historias biológicas de los principales pescados y la acumulación de gran cantidad de material relativo a cada una de las diversas especies. Una parte de este material ha sido publicado, debiendo mencionarse especialmente las monografías biográficas sobre el _blue fish_, el _scup_, el _menhaden_, el _salmon_, el _white fish_, la _alosa_, la _macarela_, el _pez espada_, etc., etc., En conexión con los estudios de piscicultura se ha prestado una atención especial a la embriología. Los tiempos de cría y hábitos de casi todos nuestros peces han sido estudiados así como sus relaciones con las temperaturas del agua. La historia embriológica de un cierto número de especies, tales como el bacalao, la alosa, el salmón, la macarela española, la lobina, la percha blanca, las almejas y las ostras han sido escritas bajo los auspicios de la comisión. Muchos otros problemas han sido estudiados por los especialistas que trabajan en ella. Uno de ellos, por ejemplo, ha sido la determinación de la causa de las manchas rojas del bacalao salado, tan perjudiciales para el comercio de este artículo. El profesor Farlow descubrió que esta enfermedad se debía a la presencia de una especie de alga parecida a la sal de uso ordinario y dió instrucciones por medio de las cuales dicha plaga ha sido considerablemente reducida. La temperatura del agua en su relación con los movimientos del pescado ha sido objeto de una atención especial. Se hacen observaciones regulares durante los trabajos del verano en las varias estaciones de incubación y a dichas observaciones cooperan los empleados de los Faros, y de las Estaciones de Salvataje situadas a lo largo de las costas. Un resultado práctico de estas investigaciones ha sido la demostración de la causa del fracaso de las pesquerías de arenque en la costa del Maine en 1879 y un curso de estudios semejante, recientemente llevado a cabo por el coronel Mac Donnell, parece explicar las fluctuaciones recientes en la pesca de la alosa.
«Una serie de contribuciones verdaderamente notables ha sido recibida por la Comisión de Pesquerías de parte de los pescadores de Cape Ann. Cuando dicha Comisión estableció sus oficinas en Gloucester, en 1878, se desarrolló un interés general por el trabajo zoológico que ella realizaba en medio de las tripulaciones de los barcos de pesca y desde aquella época todos ellos rivalizaban en su empeño por encontrar nuevos animales. Su actividad era estimulada por la publicación de la lista de sus donaciones en los periódicos locales; y el número de distintos lotes de especímenes recibidos en poco tiempo, llegó a exceder todas las previsiones. Muchos de esos lotes son grandes, consistiendo en tarros de cristal en que los peces se conservan en alcohol. Casi todos los botes de pesca llevaban consigo esos recipientes y los traían llenos en cada viaje. De esta manera se adquirieron especímenes de cerca de _sesenta mil_ clases de pescados, muchos de los cuales hubiera sido imposible de obtener en otra forma».
Fuera de estos estudios, la Comisión de Pesquerías ha realizado admirables investigaciones con motivo de las causas de la diminución de los peces. En relación con este punto, existe una distinción marcada entre lo que se llama la exterminación de una especie y la destrucción de una pesquería. La primera es poco frecuente y parece imposible tratándose de especies americanas, mientras que la segunda es de ocurrencia diaria, especialmente en regiones limitadas. Así los mamíferos acuáticos, como las focas, pueden ser exterminadas y su destrucción, en efecto, ha dado origen a controversias y dificultades internacionales de un carácter grave entre Inglaterra y los Estados Unidos. En el caso de animales fijos como la esponja, la almeja y la ostra, las colonias o lechos pueden ser exterminados, como se corta una selva. La conservación de este último marisco especialmente es de importancia vital para los Estados Unidos, pues su cultura y su pesca emplea a miles de personas y alimenta a muchos millones en este país. La Comisión de Pesquerías ha conseguido proteger el desarrollo de estas culturas de una manera eficaz y su éxito en este sentido es uno de los hechos más admirables de la historia científica de la gran república.
Haría sumamente extenso este estudio si continuara dando una idea detallada de todos los terrenos en que se ejercita la actividad de la Comisión de Pesquerías. Voy a limitarme a extractar rápidamente algunos de los detalles de los trabajos realizados por ella en el año 1897. Según Mr. John J. Brice, durante la estación de desove del _bacalao_, en las estaciones de la costa del Atlántico, en el año referido, se recogieron 180 millones de huevos de los cuales 98 millones produjeron pescadilla que fué puesta en libertad en los criaderos establecidos a lo largo de Massachussetts. De esta manera se aseguraron 40 millones de peces más que el año anterior. Terminada la diseminación del bacalao, se procedió a propagar el _rodaballo_ en una escala mayor de lo que se había hecho hasta el presente, obteniéndose 64 millones de pescadilla de una colección total de 80 millones de huevos. Para extender más la propagación de la _langosta_, el más importante crustáceo que existe en las aguas de los Estados Unidos y cuyo número decrece rápidamente, se resolvió no sólo cubrir una gran región de la costa, sino hacer recolecciones sistemáticas de manos de los pescadores que operan en toda la región del Atlántico Norte. Como resultado, a pesar de la insignificancia del desove, se recogieron 128 millones de huevos de langosta que produjeron 115 millones de langostinos, o sea un aumento de 20 millones sobre la producción del año anterior. Persiguiendo el propósito de probar la facilidad que ofrecen ciertos ríos que desaguan en la costa del Sur Atlántico, antes de establecerse los criaderos auxiliares se hicieron observaciones cuidadosas sobre los movimientos, alimentación y crecimiento de la _alosa_ en varias partes de los mismos durante el invierno. Al llegar la primavera, el vapor de la Comisión, _Fish Hawk_, entró en la boca de los mencionados ríos con el objeto de recoger huevos y reunió 27 millones pertenecientes a aquella especie, que unidos a los recolectados en el Potomac, en el Susquehanna y en el Delaware, hacen un total de 203 millones recogidos durante la estación, o sea 55 millones más que el año precedente. Para probar la posibilidad de la introducción del _salmón de California_ en aguas del Este, se transportaron 5 millones de huevos de una estación situada en la costa de aquel Estado y de ellos se obtuvieron 4 millones de pescadilla de salmón que fueron diseminados en el San Lorenzo, el Hudson y el Delaware. El siguiente cuadro muestra el número de huevos, de nueve de las más importantes especies, recogidos en los tres años últimos:
AUMENTO ESPECIES HUEVOS RECOGIDOS SOBRE 1895 /-----------------/\----------------\ en 1897 en 1896 en 1895 Bacalao 180.000.000 140.000.000 140.000.000 40.000.000 Rodaballo 80.000.000 11.000.000 9.263.000 70.787.000 Langosta 128.000.000 105.000.000 82.000.000 46.000.000 Alosa 203.000.000 148.000.000 118.000.000 85.000.000 Trucha de Lago 16.000.000 16.000.000 16.000.000 -- White Fish 200.000.000 125.000.000 234.000.000 -- Salmón del Atlántico 2.000.000 2.800.000 983.000 1.817.000 -- de agua dulce 1.000.000 324.000 100.000 900.000 -- de California 75.000.000 37.000.000 10.000.000 65.000.000
Respecto a los resultados económicos obtenidos por el desarrollo extraordinario de las pesquerías americanas, baste decir que esta industria produce una renta anual de más de 45 millones de dólares, que la introducción de la alosa en el Pacífico da un rendimiento anual de 20.000 dólares y el mismo pez, en el Atlántico, rinde dos millones de dólares anualmente, y eso debido principalmente a los trabajos de la comisión de pesquerías. Añadiendo que más de un millón de hombres, mujeres y niños dependen de esta industria y se mantienen merced a ella, se tiene una idea aproximada de la magnitud a que ahora alcanza en esta nación tan opulenta y progresiva.
Un distinguido escritor francés, que es al mismo tiempo un hombre de ciencia bien conocido, M. Henry de Varigny, ha hecho plena justicia a la organización admirable de la institución de que vengo ocupándome, y como sus palabras sintetizan en una forma brillante los resultados de sus observaciones sobre las labores que ella lleva a cabo, no puedo hacer nada mejor que transcribirlas a continuación:
«Bajo el punto de vista de la piscicultura,--dice,--el nuevo Continente ha marchado con pasos gigantescos. En la actualidad existen en los Estados Unidos y en el Canadá 80 estaciones de incubación, de las cuales 66 corresponden a los Estados Unidos y que producen una cantidad de pescadilla de 15 a 20 especies diferentes que varía entre un billón y medio a dos billones anuales. La Europa, que tiene más de 400 estaciones análogas, verdad que en su mayor parte pequeñas y mal acondicionadas, no alcanza a producir 300 millones de pescadilla y en ese total la parte de la Francia es muy reducida, pues la mayor parte corresponde a la Alemania y a la _Deutsche Fischerel-Verein_. La piscicultura, sin embargo, nació en Francia y tomó allí su primer impulso. ¿Deberemos creer que las instituciones, como las especies animales o vegetales, prosperan mejor en un medio nuevo que en el de su origen? La comisión federal de pesquerías, en todo caso, ha hecho maravillas. Dispone de un buen presupuesto, pero saca de él un partido excelente. Su obra es muy variada y el programa de su trabajo es muy amplio. Ha hecho mucho por repoblar los ríos y aclimatar en ellos especies nuevas. El _cat-fish_, por ejemplo, ha sido objeto de sus cuidados, pero ha hecho más todavía en favor de las especies que son objeto de industrias importantes. Tal sucede con la alosa. Este pez, muy bueno y muy apreciado en otro tiempo, abundó mucho en la costa atlántica de los Estados Unidos; pero perseguido en la época reproductora cuando deja el mar y a la manera de los otros anadromos se introduce en los ríos para depositar allí sus huevos, esta especie ha disminuido considerablemente. Uno de los primeros cuidados de la _Fish-Commission_, desde su origen, fué tentar la piscicultura de esta especie. No ha tenido mucho trabajo para realizarlo. La recolección de los huevos es fácil: basta apretar suavemente el vientre de las hembras y los huevos salen casi por persuasión; el germen prolífico de los machos se obtiene del mismo modo y los huevos se fecundizan lo mismo en un receptáculo que en el fondo de un río, o aún mejor, pues los riesgos de pérdida disminuyen y el número de fecundaciones aumenta en proporción. En consecuencia, se han instalado estaciones para la recolección de los huevos y para la incubación de éstos.