Part 8
Al emprender la suya, Lebrija, no sólo echó los cimientos de la Gramática española, sino también los de la Gramática moderna, introduciendo en el estudio de las lenguas romances el método gramatical que ha dominado más de tres siglos hasta el nacimiento de la Gramática histórica y comparativa. Ó en otros términos: la Gramática más antigua que se conoce de una lengua romance ó neolatina, con arreglo á las doctrinas del Renacimiento, es la _Gramática de la lengua castellana_, del maestro Lebrija. Los estudios gramaticales de esta clase más antiguos en Italia y Francia, todos son posteriores: en Italia Fortunio (1516) y Bembo (1525), y en Francia Palsgrave(l530), Robert Estienne (1569) y Canchie (1570). Demostré esta verdad doce años hace en mi trabajo _España y la Filología principalmente neolatina_, publicado en la _Revista Contemporánea_ correspondiente á Enero de 1880, y más tarde en mi Memoria, leída primero en la _Sociedad lingüística de París_, que acababa de dispensarme el honor de elegirme socio de número el 19 de Febrero de 1887, y después en la Academia de Inscripciones y Bellas Letras en 4 de Marzo del mismo año, por M. d’Arbois de Jubainville. Puede leerse integra en las _Mémoires de la Société de Linguistique de Paris_ (t. VI, págs. 176-179).
En esta última Memoria, no sólo traté de evidenciar la prioridad de Lebrija sobre los gramáticos italianos y franceses, sino de probar al propio tiempo que le pertenecía de derecho y en exclusivo la paternidad de algunas doctrinas gramaticales que corren en Francia atribuídas á escritores de este país. Y así fué reconocido por los filólogos de la nación vecina en términos honrosos para nuestra patria[3].
[3] Al dar cuenta de mi Memoria, leída en la Academia de Inscripciones y Bellas Letras por M. d’Arbois de Jubainville, escribía lo siguiente la _Révue critique d’Histoire et de Littérature_ (14 de Mars, 1887, page 220): «M. d’Arbois de Jubainville communique une remarque due à un philologue espagnol, M. Sánchez Moguel, professeur à l’Université de Madrid. La plus ancienne grammaire qui ait eu pour objet une langue néolatine, depuis la grande rénovation des études provoqués par l’invention de l’imprimerie, est la grammaire espagnole du célèbre humaniste Lebrija. M. Sánchez Moguel a reconnu que le grammairien espagnol du XVᵉ siècle a le premier découvert, et explique le mode de formation du futur et du conditionel des langues néo-latines, composées comm’on sait, à l’aide de l’infinitif et d’un temps du verbe _avoir_, le présent de l’indicatif pour le futur, l’imparfait pour le conditionel.» Véase también, sobre este punto, entre otras, la _Révue Archéologique_ de París (troisième serie.--Tome IX, p. 354).
Hoy que los españoles de ambos mundos conmemoramos unidos comunes glorias, nada más justo que consagrar un recuerdo á la memoria del viejo humanista de los tiempos de Colón y los Reyes Católicos, que, aparte de la relación que pueda tener su nombre con la empresa descubridora, en los días mismos en que el genio de Colón y el arrojo de los españoles buscaban nuevas tierras para Castilla, fundaba el estudio científico del patrio idioma, que había de ser en lo futuro el vínculo más estrecho y más firme de la indestructible fraternidad de americanos y españoles.
[Ilustración]
LA AURORA EN COPACAVANA
COMEDIA DE DON PEDRO CALDERÓN
Derrocado el secular Imperio de los Incas, ondeando triunfante el estandarte de Castilla desde Túmbez hasta el Cuzco, creían los vencedores asegurada su dominación en las auríferas tierras peruanas, cuando un acontecimiento inesperado vino á poner en grave aprieto el naciente poderío español: el alzamiento, en 1536, de los indios, los cuales, en formidable número, sitiaron el Cuzco, guarnecido solamente por 180 españoles de á pie y de á caballo.
Tres veces incendiaron la ciudad los sitiadores, arrojando piedras hechas ascuas y flechas encendidas sobre los techos de paja de los edificios, y otras tantas veces, sin ningún esfuerzo por parte de los sitiados, se apagó el fuego. Refiérenlo así los antiguos cronistas como los modernos historiadores, desde Cieza de León hasta W. Prescott.
Atribuyóse por todos á favor divino, con especialidad á la protección de la Virgen María, á quien, no sólo nuestra gente, sino los indios, declaraban haber visto con sus propios ojos, ornada de celestiales resplandores, sobre el paraje mismo en que había de alzarse después el templo consagrado á su culto.
Este poético episodio es el alma de la comedia de Calderón _La Aurora en Copacavana_. Y no digo el argumento, porque éste, como vamos á ver, es más amplio y complicado, si bien dicho episodio constituye en realidad el núcleo de la acción, en tales términos, que ha podido dar nombre á toda la comedia.
Subdivídese ésta en tantas otras piezas como actos, con asunto especial y propio: el primer acto se refiere en exclusivo á la primera llegada de Pizarro y los suyos á Túmbez; el segundo, al sitio del Cuzco y aparición de la Virgen; y el tercero, á la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Copacavana. Los dos últimos actos tienen alguna relación y enlace; no así el primero con los demás, puesto que la Virgen no tiene en él arte ni parte, como en los otros.
Lígalos todos el poeta en una fábula interesante, invención de su ingenio: la historia de dos amantes, el indio Jupangui y la india Guacolda, que sirve de argumento secundario, pero general, á toda la comedia, desde el principio hasta el fin.
Guacolda, virgen consagrada al culto del Sol, ama á Jupangui, personaje principal de la corte del Inca Guaxcar, y es correspondida de Jupangui. Ámala también el poderoso Monarca, pero en secreto, hasta el día en que tocó en suerte á Guacolda ser sacrificada al Sol. Entonces el Inca no puede ocultar por más tiempo su ardoroso cariño, y lo confía, para que la salve, á Jupangui, bien ajeno de sospechar en él un rival
Combatido tan á un tiempo De celos, lealtad y amor.
Guacolda, fugándose, resuelve el conflicto por el pronto. Búscala y hállala Jupangui, resuelto á morir con ella, cuando los sorprende el irritado Inca.
Son delicadas y poéticas las escenas en que Calderón nos presenta á los amantes pugnando á porfía cada uno por salvar al otro, atribuyéndose por entero toda la culpa. Mándalos Guaxcar matar; pero es impotente para conseguirlo, porque Guacolda se abraza á una cruz y Jupangui á un plátano, atributo de María, y no pueden arrancarlos de ellos los verdugos. Después de este prodigio, Guacolda y Jupangui se convierten, y son luego los mayores devotos de la Virgen, á cuyo culto se dedican toda la vida. Es Jupangui quien por sus toscas manos comienza á labrar la imagen de la Virgen de Copacavana, concluída después por ministerio de los ángeles.
El santuario de Copacavana es desde entonces en el Alto Perú, hoy Bolivia, lo que el de la Virgen de Guadalupe en Méjico. Hasta en sus orígenes guardan señalada relación las tradiciones de ambas Vírgenes. Ya el doctísimo Muñoz, en su _Memoria sobre las apariciones y el culto de Nuestra Señora de Guadalupe de México_, puso de manifiesto que la primera de estas apariciones se refiere á un indio; á un indio también, en la tradición peruana, se aparece la Virgen, sirviéndole de modelo para su imagen de Copacavana.
Desamparadas por sus antiguos dioses en los días de la derrota, las razas vencidas buscaban y encontraban igualmente en la Virgen María el puerto de su refugio y amparo, y en el culto de sus imágenes la satisfacción religiosa de sus corazones. Acaso, y sin acaso, nada haya influído tanto en la civilización de los indios, en su barbarie avezados á los sacrificios humanos, como el tierno y delicado culto de la Virgen María.
El de Nuestra Señora de Copacavana no sólo se difundió en el Perú, sino también por España. Sólo en Madrid recuerdo dos iglesias donde le erigió altares la piedad de nuestros mayores: la Parroquia de San Ginés y el derruído templo de San Antonio del Prado. En Madrid también salió á luz su historia, obra de Andrés de San Nicolás, en 1665, quince años antes de la muerte del madrileño cantor de la peruana imagen. Ya antes, en Lima, había sido escrita y publicada en prosa (1621) por Alfonso Ramos Gavilán, y en verso (1641) por Fray Fernando de Valverde. Diríase que su devoción y culto se propagaron tan rápidamente como en nuestros días los de Nuestra Señora de Lourdes. De todos modos, la comedia de Calderón será siempre fraternal vínculo y monumento de la fe americana y española.
Con relación á la conquista del Perú, y desde el punto de vista histórico, Calderon se ajusta unas veces á las tradiciones y crónicas, y en otras se aparta de ellas, rindiéndose en absoluto á la fuerza creadora de su ingenio. La llegada de los españoles á Túmbez, asunto del acto primero; el desembarco de Pedro de Candía; la cruz que deja plantada por señales,
Pues nadie habrá que la vea Que no diga: «Aquí llegaron Españoles; que esta es muestra Del celo que los anima Y la fe que los alienta»,
se encuentra en el primer caso, y en el segundo las fieras, que se postran ante ella sumisas, y las flechas disparadas por los indios, que caen, sin tocarla, á su pie.
El sitio del Cuzco y aparición de la Virgen, del segundo acto, es el que contiene errores de mayor bulto, tales como los de atribuir dicho sitio á la segunda llegada de los españoles, el de poner al frente de los sitiados á Francisco Pizarro, y el de presentarnos al famoso conquistador escribiendo de su puño y letra á Carlos V y Felipe II la relación de sus victorias anteriores. Añádanse á éstos los de suponer reinando entonces á Guaxcar ó Huascar, tiempo antes muerto de orden de su hermano Atabaliba ó Atahualpa, y otros errores por el estilo. Y por lo que respecta al acto tercero, con decir que sigue generalmente á los historiadores de la imagen peruana, dicho está todo.
Ni la naturaleza, ni los indios, tales y como eran en los días de la conquista, ni las grandiosas escenas de audacia, valor, heroísmo y aun ferocidad verdadera de que dieron entonces señaladas pruebas los conquistadores, tienen en nuestra comedia el puesto natural y propio. Tejido de milagros, de alegorías convencionales y de escenas de amor, inverosímiles en los indios, trabajo costaría creer, si algunos rasgos felices no lo revelaran, que el autor de esta comedia es el mismo de _La Devoción de la Cruz_, y menos todavía del _Alcalde de Zalamea_.
Lo más extraño de todo es que poeta del vigor de Calderón no haya visto ni sentido la vigorosa figura de Francisco Pizarro, ejemplar y dechado como pocos de las excelencias y defectos del pueblo español en aquellos tiempos. Bien es verdad que ningún otro de los grandes conquistadores ha tenido tampoco la fortuna de inspirar con sus hazañas escenas de primer orden á nuestros autores dramáticos. Ténganlo en cuenta los que, sin pararse á comprobarlo, repiten uno y otro día que la historia de España en ambos mundos ha tenido su mejor órgano de expresión poética en nuestro viejo teatro.
DESCRIPCIÓN DE COPACAVANA
Es Copacavana un pueblo Que casi igualmente dista, En la provincia que llaman Chucuitos, las propias millas De la ciudad de la Paz Y Potosí. Sus campiñas Son fértiles, sus ganados Muchos, y sus alquerías De frutas, pescas y cazas Abundantes siempre y ricas: Cuya opulencia, en su lengua, Á la nuestra traducida, _Copacavana_ lo mismo Que _piedra preciosa_ explica. Pero aunque pudiera ser Por esto grande su estima, Lo hizo mayor que en sus montes Yace aquella peña altiva Que adoratorio del Sol Fué un tiempo, por ser su cima Donde diabólico impulso Hizo creer que el Sol podía Dar á su hijo para que Los mande, gobierne y rija. Á esta causa, entre la peña Y la procelosa orilla De gran laguna, que hace El medio contorno isla, Se construyó templo al sol, En cuyas aras impías _Faubro_ al ídolo llamaron Superior, que significa Mes Santo, y mientras el cielo No nos revele el enigma, Ocioso es que discurramos Ahora en su etimología. En él, por los reservados Juicios de Dios, las insidias Del antiguo áspid, y en otros Oráculos, respondían Inspirando abominables Ritos, cuya hidropesía De sangre, mal apagada Con la de las brutas vidas, Pasó á beber la de humanas Virgenes sacerdotisas. En fin, siendo como era
* * * * *
Copacavana la hidra De tantas cabezas cuantas El padre de la mentira En cada garganta mueve, En cada anhélito inspira, Fué la primera en quien Dios Logró la feliz semilla De su fe, siendo primeros Obreros de su doctrina De Domingo y de Agustino Las dos sagradas familias. Roma de América hay Quien piadoso la publica; Pues bien, como Roma, siendo Donde más vana tenía La gentilidad su trono, Fué donde puso su silla Triunfante la Iglesia; así Donde más la idolatría Reinaba, puso la fe Su española monarquía. Mostrando cuán docta siempre La eterna sabiduría, Donde ocurre el mayor daño, El mayor remedio aplica.
* * * * *
(_La Aurora en Copacavana_, acto III.)
[Ilustración]
PEDRO DE VALDIVIA
Fué Diego de Almagro, al decir de Fernández de Oviedo, «uno de los escogidos é más acabados Capitanes que á Indias han passado, y aun que han militado fuera della.» La posteridad ha confirmado plenamente el juicio del viejo cronista de las Indias; pero para la generalidad de las gentes, el esforzado compañero y rival de Pizarro no es todavía lo conocido que merece. Basta decir que en ninguna de las publicaciones promovidas por la celebración del Centenario, el Adelantado del Cuzco ha sido recordado en el modo y forma que en justicia reclaman sus insignes merecimientos.
Solamente el descubrimiento de Chile coloca su nombre entre los más atrevidos y heroicos descubridores de los tiempos antiguos y modernos. El paso de los Andes, si indiscutibles testimonios históricos no lo probaran como lo prueban cumplidamente, parecería increíble. La travesía por el corazón de las nevadas sierras, que no han podido cruzar aún las vias férreas, para mayor grandeza, verificada en invierno, publica la fortaleza invencible de aquel capitán ilustre, á quien ni la magnitud de la empresa, ni el peso de la ancianidad, ni los sufrimientos pasados en la conquista del Perú, ni las riquezas y honores ya adquiridos, pudieron detener un solo instante en la ejecución de su colosal empeño.
¿Cómo, una vez coronado á tanta costa por el triunfo, después de arribar á Chile y de llegar hasta el Maule, dio la vuelta al Perú, sin dejar siquiera fundación alguna que asegurase y conservase lo descubierto y conquistado? Pregunta es esta, á la que no ha logrado aún responder satisfactoriamente la historia.
Tres españoles, Hoz, Camargo y Valdivia, acariciaron al mismo tiempo la idea de proseguir la abandonada empresa. Mas
Á solo el de Valdivia esta victoria Con justa y gran razón le fué otorgada, Y es bien que se celebre su memoria, Pues pudo adelantar tanto su espada: Éste alcanzó en Arauco aquella gloria Que de nadie hasta allí fuera alcanzada; La altiva gente al grave yugo trujo Y en opresión la libertad redujo.
Así cantaba, con verdad y justicia, el insigne autor de _La Araucana_; pero se aparta igualmente de una y otra cuando, más adelante, nos dice que Valdivia
Con una espada y capa solamente, Ayudado de industria que tenía, Hizo con brevedad de buena gente Una lucida y gruesa compañía.
Valdivia, al emprender la conquista de Chile, no era un simple y vulgar aventurero de capa y espada, como nos cuenta Ercilla, sino Maestre de Campo en el Perú, reputado por sus hazañas en las guerras de Italia, en el descubrimiento y conquista de Venezuela y en la batalla de las Salinas. Á su bien ganada fama y á su alto grado en la milicia, el esforzado extremeño añadía una posición desahogada, pues poseía el valle de la Canela, en las Charcas, que después de su partida fué suficiente para ser distribuído entre tres conquistadores; y una mina de plata que, en un decenio, produjo más de 200.000 castellanos. Consta del modo más auténtico, por confesión del mismo Valdivia en carta al Emperador Carlos V, fechada el 15 de Octubre de 1550. Si no hubiese estado acomodado, no habría podido emprender, como emprendió por su cuenta, la conquista de Chile. De Pizarro sólo recibió el nombramiento de Teniente de Gobernador y Capitán general de la Nueva Toledo y Chile, con facultades de explorar la tierra de allende los Andes, á su costa, como pudiera, sin proporcionarle ninguna especie de auxilio.
Uno de sus compañeros de armas, el capitán Alonso de Góngora Marmolejo, nos ha dejado el siguiente retrato de Valdivia: «Era hombre de buena estatura, de rostro alegre, la cabeza grande conforme al cuerpo, que se había hecho gordo, espaldudo, ancho de pecho, hombre de buen entendimiento, aunque de palabras no bien limadas, liberal, y hacía mercedes graciosamente. Después que fué señor rescibía gran contento en dar lo que tenía; era generoso en todas sus cosas, amigo de andar bien vestido y lustroso, y de los hombres que lo andaban, y de comer y beber bien: afable y humano con todos; mas tenía dos cosas con que obscurecía todas estas virtudes: que aborrecía á los hombres nobles, y de ordinario estaba amancebado con una mujer española, á lo cual fué dado.»
No son estas las faltas que censura en Valdivia el autor de _La Araucana_, sino que fuese
Remiso en graves culpas y piadoso, Y en los casos livianos riguroso.
Trece años duró el descubrimiento, conquista y gobierno de Chile por Valdivia; trece años de trabajos en tierras, no auríferas, sino yermas, y en lucha, no con indios como los del Perú, sino con uno de los pueblos más fieros y valerosos del Nuevo Mundo: los indómitos araucanos. «No eran éstos ciertamente--escribe el ilustre historiador chileno Amunátegui--los cumplidos caballeros armados de lanzas y macanas que ha pintado Don Alonso de Ercilla en octavas bien rimadas y peinadas, sino bárbaros sin más religión que algunas supersticiones groseras, ni más organización social que la que resultaba de la obediencia á los jefes que sobresalían por el valor ó la astucia; obediencia que, sobre todo en tiempo de paz, era sumamente floja.»
¿Qué testimonio mayor de la barbarie de estas gentes que lo que hicieron con Valdivia cuando cayó en sus manos prisionero, en la desgraciada rota de Tucapel? Según Ercilla, el conquistador de Chile fué muerto de un golpe de maza. El Padre Alonso de Ovalle dice que le echaron oro derretido en la boca. Pero lo más cierto en este punto es la relación de Góngora Marmolejo, confirmada por la carta del Cabildo de Santiago á la Real Audiencia de Lima, el 26 de Febrero de 1554, según la cual el desgraciado Valdivia, después de prisionero, vivió hasta tres días, herido y maltrado horriblemente, y, después de muerto, los feroces araucanos _cortaron el cadáver en pedazos y se lo comieron_. Ercilla, que con tan patéticos colores nos pinta la muerte del bárbaro Caupolicán, no tuvo para el heroico español sino vulgares frases, desnudas de poesía. No sabemos si para la honra de España han sido más fatales los versos de Ercilla ó las páginas del Padre Las Casas, abogados igualmente de los Indios é injustos con los conquistadores.
Codicia, fué ocasión de tanta guerra, Y perdición total de aquesta tierra.
Decía el autor de la _La Araucana_, La codicia, y solamente la codicia, han repetido después, en su odio á nuestra patria, los detractores de sus glorias.
Por dicha nuestra, es la gloriosa figura del conquistador de Chile una de las que, de manera más cumplida, patentizan ante el mundo la grandeza civilizadora del descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo. No fué sólo la codicia el móvil de obra tan grande, ni la guerra el único medio que emplearon nuestros padres. Valdivia, maestre de campo; Valdivia, acomodado, no fué á Chile por pura codicia; fué por dar rienda suelta á su espíritu aventurero, religioso y patriótico; fué por encontrar un campo en que poder dar vuelo á la fuerza de acción que sentía en sí mismo. Por eso en Valdivia vale, tanto ó más que el soldado, el civilizador y colonizador, el fundador de la sociedad chilena. Díganlo, si no, las ciudades que dejó fundadas, que son hoy las más florecientes de la República chilena. Santiago, La Serena, La Concepción, La Imperial, Valdivia, Valparaíso, todas fueron erigidas por Valdivia. En ninguna otra conquista entró por menos la sed de oro ni el afán de riquezas que en la conquista de Chile. Precisamente las minas de este país casi no han sido conocidas y explotadas hasta nuestro tiempo. La población de Chile fué desde el principio de gente trabajadora y modesta, pero fuerte y valerosa. Á esto quiza deba principalmente la hoy poderosa República el fundamento sólido y venturoso de su prosperidad y de su gloria.
Y, dicho sea en su honra, de todas las nuevas naciones americanas de origen español, Chile es la que más noblemente ha conservado y honrado las memorias de sus padres. En el cerro de Santa Lucía, en Santiago, coronando la ciudad, se alza hace años la estatua de Valdivia, ejemplo que no ha tenido hasta ahora los imitadores que debiera en otros Estados. Aún no tienen estatuas en Méjico Hernán Cortés, en Lima Pizarro, en Bogotá Quesada, en Buenos Aires Garay, y así otros grandes conquistadores de pueblos y fundadores de ciudades. Lejos de mi ánimo acusar de ingratas, sino de perezosas, á las naciones que se encuentran en este caso. Estoy seguro de que no ha de tardar mucho tiempo en que todas honrarán á sus conquistadores como Chile á Valdivia.
Importa añadir que, no sólo la estatua, sino la _casa y capilla de Valdivia_, en Santiago, publican la gratitud de los chilenos al desventurado y glorioso conquistador. Es más: la fiesta que anualmente consagran á su memoria, no fué interrumpida ni en los días de la guerra entre Chile y España. De este modo el pueblo chileno revela bien á las claras los caracteres que distinguen á su organización social, fundada igualmente en la tradición y el progreso, y la fuerza y esplendor de su cultura, de la que puede envanecerse justamente y con Chile la patria de Almagro y de Valdivia.
[Ilustración]
GONZALO JIMÉNEZ DE QUESADA
EN LA POESÍA Y EN LA HISTORIA
El 6 de Abril de 1536, D. Pedro Fernández de Lugo, Gobernador de Santa Marta, envió á su Teniente y Justicia mayor, el Licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada, con 800 hombres, 100 caballos y 5 bergantines, Río Grande de la Magdalena arriba, «á inquirir particularmente lo que por este río la tierra adentro se pudiese calar y entender.»
El resultado de esta expedición fué el descubrimiento y conquista del territorio que Jiménez de Quesada, como granadino que era, bautizó con el nombre de _Nuevo Reino de Granada_, y que hoy constituye la mejor parte de la actual República de Colombia.
Entre los héroes españoles en el Nuevo Mundo, el conquistador de Nueva Granada y autor de la maravillosa expedición á Eldorado, por sus condiciones personales como por sus gigantescas hazañas, se cuenta sin duda entre los más grandes, acaso, después del conquistador de Méjico, y seguramente al lado de Cortés, Pizarro, Valdivia, Almagro y Orellana. Letrado, poeta, historiador, inteligencia aguda y brillante, añadía á estas prendas las que más enaltecieron á los mayores conquistadores: la constancia, la prudencia, la generosidad; en suma, las cualidades del General y del político á un tiempo.