El abuelo (Novela en cinco jornadas)

Part 9

Chapter 94,059 wordsPublic domain

¡Menudo chaparrón nos viene encima!... Abuelito, ¿quieres que vaya a casa en cuatro brincos, y te traiga un capote de agua?

EL CONDE

No. ~(Para sí.)~ Ahora quiere desenojarme con sus zalamerías.

NELL

Nos meteremos en la gruta. Oiremos el eco. ~(Dirígense por un sendero áspero, entre peñas y zarzales.)~

DOLLY

Por aquí. Yo iré delante, apartando las zarzas para que el abuelo no se pinche... ¡Ay, ay, qué pinchazo me he dado! ~(Chupándose la herida.)~

EL CONDE

¿Te has hecho sangre?... Ya ves: por traviesa, por correntona.

DOLLY

Si ha sido por abrirte camino, para que no te hicieras daño. ¡Así me lo agradeces!

EL CONDE

Sí que te lo agradezco, tontuela.

NELL, ~que soltando el brazo del anciano, y recogiéndose el vestido para no engancharse, se adelanta~.

Dolly, da el brazo a papaíto, y tráele con cuidado.

EL CONDE, ~dejándose guiar por Dolly, que continúa chupándose el dedito lastimado~.

Chiquilla, ¿de veras te has hecho sangre?

DOLLY

Poca cosa. La he derramado por ti. Derramaría más: toda la que tengo.

EL CONDE, ~parándose~.

¿De veras?

DOLLY

¡Oh, sí!... Pruébalo... ¡Si pudiera probarse...!

EL CONDE

¿Tanto me amas?

DOLLY

Más de lo que crees.

EL CONDE

¿Me querrás más que tu hermana?

DOLLY

No, más no. Ofendería a Nell si dijera que ella te quiere menos que yo. Las dos somos tus nietas, y te queremos lo mismo.

EL CONDE, ~para sí~.

Pues esto es nobleza... y de la fina. ¿Resultará esta la legítima y la otra la falsa?... ¡Dios mío, luz, luz! ~(Alto.)~ ¿Dónde está Nell?

DOLLY

Ha dado un rodeo para no engancharse el vestido. Sabe sortear las púas.

EL CONDE

¿Y tú?

DOLLY

¿Yo? Tengo la piel mechada y endurecida de tanto aguijonazo, y una encarnadura que no me la merezco. Mi hermana es más delicada que yo. Por eso, cuando me has llamado ordinaria, dije para mí que tenías razón.

EL CONDE, ~para sí, aturdido, sin saber qué pensar~.

Razón... verdad... duda... problema.

NELL, ~desde lejos, mirando hacia atrás~.

Dolly, ¿por qué nos has traído por esta vereda? Es la peor.

DOLLY

¿Qué sabes tú...? Sigue, sigue, que a la vuelta tienes la entrada de la gruta.

EL CONDE

Llueve... Vamos a prisa.

NELL, ~encontrando el paso fácil hacia la gruta~.

Que os mojáis... Yo estoy en salvo ya.

EL CONDE, ~para sí~.

Paréceme Nell un poco egoísta... ¡Qué horrible duda, Señor! ¡Si resultará que Dolly es la buena! (Alto.) ¿Llegamos por fin?

DOLLY

Abuelo, por aquí... cuidado... Otro escaloncito, otro... ~(Llueve copiosamente.)~

NELL, ~guarecida en la boca de la cueva~.

Os habéis mojado; yo no.

~Gruta de Santorojo.~

~Cavidad ancha y profunda en la fragorosa peña. Festonean su boca parietarias viciosas, raíces de árboles cercanos, helechos y plantas mil de variado follaje. El interior se compone de masas cretáceas de variado color, con formas de una arquitectura de pesadilla. Las concreciones de la bóveda son como un sueño de bizarras magnificencias, labradas en cristal, azúcar y estearina.~

EL CONDE, ~sentándose en una piedra~.

¡Cuántas veces, niño, me he refugiado, como ahora, en esta soberbia estancia natural de Santorojo!

NELL

¿Y es cierto que aquí vivió y murió un ermitaño llamado Toronjillo, que hacía milagros?

EL CONDE

Es tradición que viene labrando en la mente popular desde el siglo XIII. Ejecutorias de la casa de Laín mencionan al santo Toronjillo, que desde este balcón amansaba las olas furibundas con un gesto... Aquí abajo, al pie de la pendiente llena de malezas, bate la mar.

DOLLY, ~asomándose~.

Ya se ven de aquí los espumarajos.

EL CONDE

¿Y esto no te da miedo? ¡Si te cayeras...!

DOLLY

Llegaría al mar en pedacitos así.

NELL, ~cariñosa~.

Por Dios, hermana, no te acerques al abismo.

EL CONDE

Dolly, no hagas tonterías... Una tarde, siendo Rafael niño, quiso descender por esta escarpa... Al primer salto que dio, ya no podía bajar ni subir. ¡Qué susto pasó su madre! ¡Nos costó un trabajo subirle!

DOLLY

¡Qué trance!...

NELL

De pensarlo, me da escalofríos.

DOLLY

Dicen que nuestra abuelita era muy hermosa... ~(Se sientan las dos junto al Conde.)~

EL CONDE

Sí: la figura más arrogante y noble que podríais imaginar.

DOLLY

Y que Nell se le parece mucho.

EL CONDE, ~mirando a Nell~.

No sé... no veo bien las facciones de tu hermana.

NELL

Por el retrato que hay en casa, más se parece a Dolly que a mí.

DOLLY

¡Si fuera verdad! ¡Qué gusto parecerse a una señora tan santa y tan... bonita! Abuelo, mírame bien, y haz memoria.

EL CONDE

Dime que haga vista.

DOLLY

¿Me parezco?

EL CONDE, ~confuso, mirándola de cerca~.

No sé... No veo...

NELL, ~que se ha levantado para sentarse en mejor sitio, junto a la roca~.

Eso no puede decirlo más que el abuelo.

DOLLY

Eso no puede decirlo más que el abuelo.

EL CONDE, ~sobrecogido por la igualdad del timbre de las voces~.

¿Quién habla?

LAS DOS

Yo.

EL ECO, ~repitiendo la voz de Nell~.

Yo.

EL CONDE

Ese _yo_ me ha sonado como si lo pronunciara mi pobre Adelaida, vuestra abuela.

NELL, ~riendo~.

Es el eco, papá. ~(Gritando.)~ Conde de Albrit, soy yo.

DOLLY, ~que corre junto a su hermana y grita~.

Soy yo... yo... ~(El eco repite la voz de entrambas.)~

EL CONDE, ~tembloroso, profundamente excitado~.

Venid aquí... No os apartéis de mi lado... No hagáis hablar al eco... Me asusta.

DOLLY

¿De veras?

NELL

No creas, a mí también me asusta un poquitín.

EL CONDE, ~para sí~.

¡Confusión horrible!... «Soy yo,» dice la Naturaleza... ¿Y quién eres tú?... ~(Reflexionando.)~ ¿Será Nell la mala?... ¿Será Dolly? ~(Se clava los dedos en el cráneo, y permanece un rato en actitud de meditación o somnolencia. Un trueno retumba, con formidable sucesión de sonidos pavorosos.)~

DOLLY

¡Jesús, qué miedo!

NELL

¡María Santísima!

EL CONDE, ~vivamente, creyendo hallar un dato~.

¿Cuál de las dos se asusta de los truenos?

NELL

Yo.

DOLLY

Y yo... pero me hago la valiente. No me rinde un poco de ruido.

EL CONDE, ~para sí~.

Carácter entero.

NELL

Yo no finjo, yo no disimulo la falta de valor. Digo lo que siento. Cualidad de la familia, como decía papá.

EL CONDE

Es cierto... Ven acá, que yo te bese.

DOLLY

¿Y a mí no?

EL CONDE

También a ti. ~(Las besa y abraza.)~

NELL, ~con efusión~.

Abuelo del alma, las niñas de Albrit te adoran.

EL CONDE, ~asustado~.

Por Dios, no gritéis, no hagáis hablar al eco... Me espanta... no lo puedo remediar.

DOLLY

¿Y los truenos no te impresionan? ~(Retumba otro.)~

EL CONDE

Los truenos, no; el eco, sí. La tempestad corre hacia el Este.

NELL

Hay una clara. ¿Quieres que nos vayamos?

EL CONDE, ~levantándose~.

Sí... La gruta me confunde más de lo que estoy... Estas rocas son mi propio cerebro... Siento el eco aquí, como si mis ideas hablasen solas.

DOLLY

Ahora no llueve. Aprovechemos esta clara, y vámonos. En cinco minutos llegaremos a las primeras casas; y si el aguacero se repite, nos metemos en la casucha de la tía Marqueza.

NELL

Bien pensado. Y con cualquiera de los chicos mandamos un recado a la Pardina.

EL CONDE

Sí, vamos... Llevadme. ~(Salen de la gruta.)~

ESCENA IX

~Casa pobre de campo, de un solo piso, de una sola puerta, con dos ventanuchos tuertos. Sale el humo en bocanadas por entre las tejas musgosas, que en sus junturas y en las jorobas del caballete ostentan un jardín botánico en miniatura, colección lindísima de criptógamas y plantas parásitas. Junto a la casa, un huerto mal cercado de pedruscos, con un albérchigo desgarbado, un madroño copudo, varios girasoles con sus caras amarillas, atónitos ante la lumbre del sol, y unas cuantas coles agujereadas por los gusanos. La fauna consiste en un cerdo libre, que hociquea en el charco formado por la lluvia; dos patos, gallinas, y todos los caracoles y babosas que se quieran poner. Las moscas, huyendo de la lluvia, han querido refugiarse en el interior de la casa, y como el humo las expulsa, voltejean en la puerta sin saber si entrar o salir.~

~Agréganse a la fauna niño y niña, descalzos y con la menor ropa posible, y una vieja corpulentísima, mujer de excepcional naturaleza, nacida para poblar el mundo de gastadores, y que por su musculatura, en cierto modo grandiosa, parece prima hermana de la Sibila de Cumas, obra de Miguel Ángel.~

~LA MARQUEZA, EL CONDE, NELL y DOLLY; los dos NIÑOS~

LA MARQUEZA

Mira, Gilillo, ¿no es aquel el señor Conde con sus nenas?

NIÑO

Sí que son... madre, ellos... _Cá_ vienen.

LA MARQUEZA, ~adelantándose a recibirles~.

Señor mi Conde, Dios le guarde. ¡Quién pensara verle más!... ¿Quiere descansar?

NELL

Sí: descansaremos un rato.

DOLLY

No llueve. Madre Marqueza, sáquenos el banquito.

EL CONDE, ~muy complacido, mientras la anciana le besa la mano~.

Gracias, mujer... ¿Era tu marido Zacarías Márquez?

LA MARQUEZA

¡Ay, señor... no me haga llorar recordándomelo!... Hace dos meses que me le quitó Dios...

EL CONDE

Era más viejo que yo, mucho más. Buen hombre, recio como ninguno para el trabajo, y honrado a carta cabal.

LA MARQUEZA

Vea, señor, a qué pobreza hemos llegado desde el tiempo de usía... Entonces teníamos hacienda, ganado, y Zacarías traía napoleones a casa.

EL CONDE

¡Ay! desde aquel tiempo ha dado muchas vueltas y sacudidas el mundo, y se han caído algunas torres. Otros conozco yo que eran más ricos que tú, mucho más, y ahora son pobres, más pobres que tú... Y tus hijos, ¿qué ha sido de ellos? Yo recuerdo unos mocetones como castillos...

LA MARQUEZA

En la América están dos... Dicen que ricachones. Los demás se han muerto. Para mí, muertos todos... Pasó la nube, señor, y se llevó lo bueno, dejándome a mí para rociarlo con mis lágrimas. Estas criaturas son de mi hija la Facunda, que enviudó por San Roque, y en las minas trabaja como una mula. Vivimos en miseria. Dispénseme, señor mi Conde; pero no tengo nada que ofrecerle.

EL CONDE

Gracias. Yo tampoco puedo darte más que palabras tristes... el tesoro del pobre. Estamos iguales.

NELL

Marqueza, yo te voy a traer ropita para tus nietas.

DOLLY

Y yo los cuartitos que tengo ahorrados, para que tú les compres lo que quieras. ~(Se van a jugar con los chicos junto a unos troncos.)~

LA MARQUEZA

Bendígalas Dios... ¡Qué par de pimpollos tiene aquí el buen Conde! Da gloria verlas tan reguapas, tan bien apañaditas... ¡Ay, qué vieja soy, y cuánto he visto en este mundo! El día en que nació el señor Condesito Rafael, padre de estas nenas, estábamos mi hermana y yo en la Pardina. Las dos le planchábamos a la señora Condesa. Usía no se acordará...

EL CONDE

Mi memoria flaquea. ¿Y tú te acuerdas de mi hijo?

LA MARQUEZA

Como si lo tuviera delante. Ya sé que está gozando de Dios.

EL CONDE

Dime una cosa: ¿se parecen a él mis nietas?

LA MARQUEZA, ~mirándolas detenidamente~.

Se parece la señorita _Nela_. Es la misma cara.

EL CONDE

¿Y su hermana?

LA MARQUEZA

La señorita _Dola_ no... digo, sí, también tiene la pinta; pero cuando se ríe, nada más que cuando se ríe.

EL CONDE, ~secamente~.

Rafael era muy serio...

LA MARQUEZA

¡Y qué galán! Tan caballero y _respetoso_ que toda Jerusa se quitaba el sombrero cuando pasaba, y hasta la torre de la iglesia parecía como si le hiciera la reverencia.

EL CONDE, ~que mira y no ve, impaciente~.

Dime, Marqueza, ¿qué hacen ahora las niñas? Oigo sus risotadas; pero no las veo.

LA MARQUEZA

Juegan con mis chicos... ¡Qué bonicas son, y qué afables con el pobre! La señorita _Nela_ quiere bailar con mi Narda, y la señorita _Dola_ y mi Gil están ahora cogiendo moras. Las niñas de la Pardina llevan la alegría por donde quiera que van. ¡Ay, si el señor las hubiera visto aquí, esta primavera, cuando venían a pintar...!

EL CONDE, ~sorprendido~.

¡A pintar!... ¿Acaso mis nietas son pintoras?

LA MARQUEZA

Anda, anda... ¿Pues no sabe...? Si pintan como los serafines. Pues en un librote grande retrataron toda esta casa, y a mí mesma... y hasta el guarro, con perdón, hasta el guarro, tan parecido, que era él en persona.

EL CONDE, ~excitadísimo, llamando~.

Nell, Nell... Ven acá, hija... ~(Se acerca.)~ Oye lo que dice la Marqueza... ~(Esta repite lo del guarro.)~

NELL

Yo, no. Es Dolly la que dibuja y hace acuarelitas...

EL CONDE, ~llamando~.

Dolly... ven... ¿Es verdad esto, Dolly?... ~(Acércase esta, sofocada.)~ ¡Qué callado te lo tenías! ¡Tú pintora!

DOLLY, ~con modestia~.

Me dio por hacer monigotes. Aquí veníamos algunas mañanas, por ser este el sitio más bonito de los alrededores de Jerusa.

NELL, ~que quiere congraciarse con Dolly~.

Tiene un álbum lleno de apuntes preciosos.

DOLLY

No valen nada, abuelito.

NELL

Dí que sí. Pinta y dibuja... ¡Si tuviera fundamento, qué preciosidades haría!

DOLLY

Quita, quita.

EL CONDE, ~con profundo interés~.

¿Quién te ha dado lecciones?

DOLLY

Nadie: lo que sé lo he aprendido yo solita, mirando las cosas. Me gusta, eso sí, y cuando me pongo a ello no sé acabar.

LA MARQUEZA

Unos señores que vinieron acá una tarde... eran de Madrid, y traían unas cajas con trebejos y cartuchitos de pintura... vieron lo que hacía la señorita Dola, y se pasmaron...

DOLLY, ~ruborizada~.

No hagas caso, papá.

NELL

Y dijeron que esta chica, si estudiara, sería una gran artista... sí que lo dijeron. No vengas ahora con farsas.

EL CONDE, ~con gran agitación, que procura disimular~.

¡Eres pintora, Dolly... y te avergüenzas de serlo! Dime, ¿sientes una afición honda, un gusto intenso de la pintura? ¿Te sale del fondo del alma el anhelo de reproducir lo que ves? ¿Ayúdante los ojos y la mano, y encuentras facilidad para dar satisfacción a tu deseo?

DOLLY

Facilidad, sí... digo, no... Me gusta... Quiero, y a veces no puedo...

EL CONDE

¿Y hace tiempo que sientes en ti ese ardor, esa fiebre del arte, don concedido a la criatura desde el nacer, que no se aprende, que se trae de otro mundo, de...?

DOLLY

Me entró la afición... qué sé yo cuándo.

NELL

Desde niña hacía garabatos...

EL CONDE

Ya me acuerdo. Cinco años tenías, y me quitabas todos los lápices.

LA MARQUEZA

¡Ángel de Dios!

EL CONDE

Y tú, Nell, ¿no dibujas?

NELL

¡Soy más torpe...! No sirvo... no acierto. Me aburro.

EL CONDE, ~con viveza~.

¡Tú eres pintora, Dolly, tú... tú!... ¡Y te avergüenzas!... Bueno, hijas, seguid jugando... Dejad aquí a los viejos que hablemos de cosas tristes. ~(Nell y Dolly se alejan y continúan su juego.)~

LA MARQUEZA

¡Qué par de serafines! Ya puede el señor estar contento. ~(El Conde no contesta. Mirando al suelo se sumerge en profunda abstracción.)~ ¿Qué tiene, mi señor, que está tan triste?

EL CONDE, ~como quien vuelve de un letargo~.

¡Ay, Marqueza, qué malo es vivir mucho!

LA MARQUEZA

Lleva razón. Mientras más se vive, más cosas malas se ven. Digo yo, gran señor, que los niños de pecho ya saben lo que hacen al morirse.

EL CONDE, ~con tristeza~.

¡Y otros ¡ay! qué bien harían en no nacer!... Porque después de nacidos y crecidos, ya no hay remedio...

LA MARQUEZA

¿Y los viejos, qué tenemos que hacer aquí?

EL CONDE

Por algo estamos cuando estamos.

LA MARQUEZA

Es verdad: somos troncos, que servimos para que las plantas tiernas se agarren y vivan.

EL CONDE

Tú eres útil, Marqueza. Hoy me has hecho un gran servicio.

LA MARQUEZA

¿Yo? ~(Pausa larga. El Conde vuelve a quedarse abstraído, cual si su espíritu se sumergiera en abismos profundos.)~ Señor... ¿qué le pasa que no habla?

EL CONDE, ~después de otra pausa~.

Has sido la Sibila que me ha revelado lo que yo quería saber. Dios me trajo a tu choza.

LA MARQUEZA, ~confusa~.

¿Qué dice que soy?

EL CONDE

Mis horribles dudas, gracias a ti, se han trocado en triste certidumbre...

LA MARQUEZA, ~creyendo fundado lo que se dice del desorden mental del Señor de Jerusa~.

¿Quiere que le dé un vasito de vino? Lo tengo blanco y bueno.

EL CONDE

No, gracias.

LA MARQUEZA

Lo que tiene mi Conde es debilidad.

EL CONDE

Es tristeza, y mi tristeza no se disipa bebiendo. Es muy honda. A veces el descubrimiento de la verdad nos amarga la existencia más que la duda. No sé cuál es más terrible monstruo, si la madre o la hija, si la duda o la verdad...

LA MARQUEZA, ~con espontánea filosofía, por decir algo~.

No se caliente la cabeza, señor... porque ¿de cavilar, qué sacamos? El cuento de que las mentiras son verdades y las verdades mentiras. Todo es dudar, gran señor... Vivimos dudando, y dudando caemos en el hoyo.

EL CONDE, ~con ingenua indecisión~.

¿Y qué debo hacer yo?

LA MARQUEZA

Pues dude siempre el buen padre, y hártese de dudar y de vivir... tomando las cosas como vienen, y vienen siempre dudosas.

EL CONDE

Eres la Sibila de la duda. Te agradezco tu filosofía. No sé si podré seguirla.

NELL, ~corriendo hacia el anciano~.

Abuelo, vienen a buscarnos.

EL CONDE

Sí, es Venancio; oigo su rebuzno.

~(Aparecen Venancio y un Mozo por entre un grupo de castaños.)~

ESCENA X

~LOS MISMOS; VENANCIO y un MOZO con paraguas y capotes.~

VENANCIO

Locos buscándole, señor Conde... En cuanto vi venir el nublado, salimos... Mira por aquí, mira por allá. Nos dicen que en el bosque... nos dicen que en la playa, nos dicen que en la gruta...

EL CONDE

Es muy de agradecer tu solicitud. Nos hemos mojado poco. Las chiquillas tan contentas.

VENANCIO

A casa. La humedad no es buena para usía. Lo ha dicho el médico.

EL CONDE, ~con humorismo~.

Pues si lo ha dicho el médico... boca abajo. Vamos a donde quieras. Tú mandas, Venancio.

VENANCIO

Yo no mando, señor.

EL CONDE, ~levantándose~.

Que sí. Eres el amo, y aquí estamos todos para obedecerte...

DOLLY, ~displicente~.

No necesitamos de tu oficiosidad, Venancio. Nada nos pasa, y sabemos volver a casa.

EL CONDE, ~chancero~.

Ya lo ves... Te riñe esta mocosa. Chiquilla, no: hay que respetar las jerarquías... Vaya, pongámonos en marcha, conforme al deseo del señor de la Pardina... Yo te digo, Venancio, que hoy has sido muy previsor... No, no quiero capote. Supongo que será tuyo... Póntelo tú.

NELL, ~dando el brazo a su abuelo~.

Yo contigo.

EL CONDE

Sí... y vayan delante Venancio y la pintora. Adelantaos todo lo que queráis. Esta y yo no tenemos prisa, ni hemos de perdernos. Adiós, Marqueza. Que prosperes... que vivas muchos años.

LA MARQUEZA, ~despidiéndoles afectuosa~.

Vayan con Dios... Señorita _Nela_, señorita _Dola_, la Virgen las acompañe.

ESCENA XI

~Comedor en la Pardina.~

~EL CONDE, NELL, DOLLY, EL CURA, EL MÉDICO, sentados a la mesa; VENANCIO y GREGORIA, que les sirven.~

~La cena toca a su fin. El Conde, en el sitial, a la cabecera de la mesa, tiene a su derecha a Nell; enfrente el Cura, teniendo a su derecha a Dolly. Entre las dos parejas el Médico.~

EL CONDE

¿Qué secretos son esos, _pastor Curiambro_? Toda la noche picoteando con Dolly.

EL CURA, ~riendo~.

¡Ah! son cosas nuestras. La señorita Dolly es muy simpática y ocurrente. Yo celebro infinito que el señor D. Rodrigo haya alterado esta noche la colocación de costumbre, y me haya cedido a una de sus nietas...

EL CONDE

Por variar. Cuando están las dos a mi lado me aturden.

EL CURA

A mí esta me encanta... ¡Qué pico, qué sal!

DOLLY

Como está tan desganadito, no sé cuántas cosas tengo que decirle para hacerle comer.

EL CURA, ~riendo~.

¡Si es ella la que no come, y tengo que partirle la comida en pedacitos, y dárselos envueltos en un poco de sermón para que no me desaire!

DOLLY

Yo me como el sermón y él los pedacitos. Cada uno lo que más le aprovecha.

EL CURA, ~riendo más fuerte~.

¿Te gustan mis sermones?

DOLLY

Si, padre; quiero enflaquecer. ~(Todos ríen.)~

EL CONDE, ~deseando volver a un tema interrumpido~.

Cuando acabes de reír las gracias de Dolly, continuaremos lo que hablábamos de los monjes de Zaratán, y del Prior...

EL CURA, ~tragando a prisa para poder hablar~.

¡Ah! sí... ahora voy...

EL CONDE, ~al Médico~.

¿Decís que el Prior desea verme?

EL MÉDICO

Sí, señor... quiere ofrecer sus respetos a D. Rodrigo de Arista-Potestad, cuyos antecesores fundaron aquel insigne Monasterio.

EL CONDE

Y lo dotaron espléndidamente. Después vinieron años malos, la exclaustración. Siendo yo niño vi frailes en Zaratán. Desde aquel tiempo hasta hace poco, ha permanecido el edificio como un panteón en ruinas.

EL CURA

Hasta que el Conde de Laín, Diputado por Durante, gestionó que se incluyera una partida para restauración, y que volvieran los monjes...

EL MÉDICO

No ha tenido poca parte en la resurrección del Monasterio el actual Prior, hombre de gran virtud, de una actividad asombrosa, conocedor del mundo...

EL CURA

Como que es de la escuela romana... hombre de mucha sociedad, instruidísimo. Treinta y tantos años ha estado en las oficinas _De Propaganda Fide._

EL CONDE

¿Y cómo se llama ese sujeto?

EL MÉDICO

Padre Baldomero Maroto...

EL CONDE, ~festivo~.

Baldomero... Maroto... Pues debiera llamarse con más propiedad _El abrazo de Vergara_.

EL CURA

Eso dice él... y se ríe... Su nombre y apellido no carecen de simbolismo, porque el hombre es el puro espíritu de la conciliación...

EL MÉDICO

Enlace entre las ideas que pasaron y las vigentes, siempre dentro del dogma...

EL CURA, ~con énfasis en el elogio~.

Y por su trato se diría que ha pasado la vida entre aristócratas... ¡Que finura, qué tacto y delicadeza en la conversación!

EL MÉDICO

He oído que procede de una gran familia.

EL CONDE

¿Es navarro quizás?

EL CURA

No, señor, malagueño... Es punto muy fuerte en heráldica, y cuando se pone a hablar de linajes no acaba. Conoce el _Becerro_ como nadie.

EL CONDE

¡Ah!... pues sí, me gustaría charlar con él.

NELL, ~bajito al Conde~.

Abuelito, ¿qué _Becerro_ es ese?

EL CONDE

Un libro... ya te lo explicaré.

DOLLY, ~por lo bajo al Cura~.

D. Carmelo, ¿qué es el _Becerro_?

EL CURA

Ya te lo diré.

NELL, ~a Dolly~.

Un libro. Debe de ser como un Diccionario.

EL CURA, ~encomiástico~.

¡Ah! lo que tiene usted que ver, Sr. D. Rodrigo, es el Monasterio.

EL MÉDICO

Han hecho maravillas, en el año y medio escaso que llevan en él.

EL CONDE

Yo lo he conocido habitado por los lagartos.

EL MÉDICO

Pues ahora... ¡qué amplitud, qué comodidad! Luz y ambiente por los cuatro costados. No hay en toda la provincia lugar más higiénico.

EL CONDE

¿De veras...?

EL CURA

Resguardado de los vientos del Norte por el monte de Verola, disfruta de un temple meridional.

EL MÉDICO

Y la huerta, que propiamente es un extenso parque, rodeado de tapias, mide ochenta hectáreas.

EL CURA, ~hiperbólico~.

¡Oh! allí verá usted toda clase de cultivos, desde el naranjo al almendro.

EL MÉDICO

Son agrónomos de primera... Además, tienen vacas holandesas, faisanes, un palomar con más de quinientos pares, gallinas de famosas razas, colmenas... estanques con riquísimas carpas... y qué sé yo...

EL CONDE, ~con donaire~.

Convengamos, amigos míos, en que esos pobres frailecitos se dan una vida de perros.

EL MÉDICO

Ellos trabajan infatigables, eso sí, de sol a sol. Por la vida común, por la igualdad en el disfrute de los dones de la tierra, por el orden y la división del trabajo, vemos en el instituto religioso de Zaratán como un _esquema_ de las futuras organizaciones sociológicas...

EL CURA

¡Ah, ya te lo diré yo...!

~(Arde en ganas de definir el verdadero papel de la Iglesia en la vida social; pero no conviniéndole abandonar el asunto que en aquel momento se trata, aplaza discretamente el punto evangélico-sociológico. Nell y Dolly atienden con toda su alma, sin chistar, a la conversación de los mayores.)~

DOLLY, ~muy bajito~.

D. Carmelo, ¿qué es _esquema_?

EL CURA

Es... ~(Con desdén.)~ Cosas de estos sabios... nada.

~(Las dos niñas, de un lado a otro de la mesa, con visajes y alguna palabra suelta, se entienden, y comentan lo que oyen.)~

EL CONDE

Hermoso será sin duda.

EL CURA

De mí sé decir que siempre que voy a Zaratán me dan ganas de ponerme la cogulla y quedarme allí.

EL CONDE

¿Por qué no te quedas? Te convendría, créeme, entablar relaciones con el azadón.

EL CURA, ~suspirando~.

¡Oh! sí... Pero no soy libre. Pertenezco a mis feligreses. Usted sí, Sr. D. Rodrigo; usted sí que debería ser el Carlos V de ese Yuste.

EL CONDE, ~vagamente, sin mirarles~.

No es mala idea...