El abuelo (Novela en cinco jornadas)

Part 7

Chapter 74,000 wordsPublic domain

D. PÍO, ~decidido a tomar la lección~.

Orden, juicio. A ver: decidme algo de Temístocles.

DOLLY

Sí: el que le cortó la cabeza a una mala mujer, que llamaban la Medusa.

D. PÍO, ~llevándose las manos al cráneo~.

¡Por Dios, por todos los santos de la corte celestial, no me confundáis la Historia con la Mitología!

NELL

Tan mentira es una como otra.

DOLLY

Y nos importan lo mismo.

D. PÍO

¡Ay, ay, cómo estáis hoy!... ¡Silencio, formalidad! Pronto, referidme los principales hechos de la vida de Temístocles.

DOLLY

No nos gusta meternos en vidas ajenas.

D. PÍO

Temístocles, grande hombre de la Grecia, natural de Tebas, vencedor de los lacedemonios. ~(Corrigiéndose.)~ ¡Ah! no... le confundo con Epaminondas... ¡Cómo tengo la cabeza!...

NELL

¡Ay, que no lo sabe, que no lo sabe!...

DOLLY

¡Vaya con el preceptor de pega!

D. PÍO, ~afligido~.

Es que me volvéis loco con vuestros juegos, con vuestras tonterías. ~(Con gravedad.)~ Así no podemos seguir.

NELL

Digo lo mismo.

DOLLY

Queremos ser burras, y salir a los prados a comer yerba.

D. PÍO

Pero mi conciencia no me permite engañar a la Condesa, que sin duda cree que os enseño algo, y que vosotras lo aprendéis...

DOLLY, ~poniéndose las antiparras de Coronado, que están sobre la mesa~.

Piito, estamos aburridísimas.

D. PÍO, ~queriendo recobrar sus anteojos~.

¡Que me los rompes, hija!

NELL

Piito salado ¿no sería mejor que nos fuéramos los tres a dar un paseo por la playa?

D. PÍO

Está bien, muy bien. ¡Magnífico! ¡De pingo todo el santo día, aun las horas dedicadas a la educación! Muy bonito; sí, señoras, muy bonito... Y heme aquí de figurón, de monigote irrisorio; yo, que soy la ciencia; yo, yo, que estoy aquí para inculcaros...

DOLLY

Piito, no nos inculques nada, y vámonos.

NELL

En la playa seguiremos dando lección. Frente al mar, la del viaje de Colón a América.

DOLLY

Y el paso del Mar Rojo.

D. PÍO, ~suspirando, desalentado~.

¡Ay, qué niñas! ¡No hay quien pueda con ellas! Bueno, pues transijo... Pero antes pasemos un poco de Gramática.

NELL, ~tocando las castañuelas~.

¡Viva Coronado!

DOLLY, ~de carrerilla~.

La Gramática es el arte de hablar correctamente el castellano...

D. PÍO

Vamos más adelante. Dolly, dígame usted qué es participio.

DOLLY, ~flemática~.

No me da la gana.

NELL

Participio... Una cosa que se parte por el principio.

D. PÍO, ~poniendo el paño al púlpito~.

¡Tontas, casquivanas, que no tenéis aquel punto de amor propio que veo yo en otras niñas, ¡Señor!, en otras niñas aplicaditas y formales, que aprenden para lucirse en los exámenes, y para que a sus padres se les caiga la baba oyéndolas!

DOLLY

No queremos lucirnos, ni a mamá se le cae ninguna baba... ¡Vaya con el maestrillo este!

NELL

Coronadito, si no tienes juicio, te pondremos de rodillas.

D. PÍO

¡Anda, salero!... ¿Pero qué trabajo os cuesta retener en la memoria cosas tan fáciles? Luego seréis mujercitas aristocráticas, y cuando vuestra ilustre mamá os lleve a los salones, os vais a lucir, como hay Dios... Figuraos que en los saraos se habla del participio, y vosotras no sabéis lo que es. ¡Bonito papel harán mis niñas! Dirá la gente: «¿pero de qué monte ha traído la Condesa este par de mulas?» Eso dirán, y se reirán de vosotras, y no os querrán vuestros novios.

DOLLY

Los novios nos querrán aunque no sepamos el participio, ni la conjunción, ni nada.

NELL

Que seamos bonitas, que seamos elegantes, y verás tú si nos quieren.

D. PÍO

Sí, sí: lindas borriquitas seréis. Pues yo me planto, señoras mías; ya sabéis que soy atroz cuando me planto: tengo mal genio.

NELL

¡Terrible!

DOLLY

¡Ay, qué miedo!

NELL, ~que, apoyada en la mesa con indolencia, le mira burlona~.

¿Sabes, Piillo, que estoy observando una cosa? Tienes los ojos muy bonitos.

DOLLY

Parecen dos soles... pillines.

D. PÍO, ~cruzándose de brazos~.

Ea, burlaos de mí todo lo que queráis.

NELL

No es burla, es confianza.

DOLLY

Es que te queremos, maestrillo, porque eres muy bueno y no tienes malicia.

NELL, ~acariciándole la barba~.

¡Es un buenazo este D. Pío! Por eso te hacen rabiar las niñas de Albrit, que son y serán siempre tus amiguitas...

D. PÍO, ~embobado~.

¡Zalameras, melosas, carantoñeras!

DOLLY

Dí una cosa: ¿es verdad que tienes muchas hijas?

D. PÍO, ~lanzando un suspiro muy hondo y fuerte. (Diríase que lo saca de los talones~.)

Muchas, sí...

NELL

¿Son guapas?

D. PÍO

No tanto como lo presente.

DOLLY

¿Te quieren?

D. PÍO, ~intentando sacar otro suspiro hondo, que se le queda atravesado en el pecho, cortándole la respiración~.

¡Quererme... ellas!

NELL

Me han dicho que no. Si es así, no te importe, que bien te queremos nosotras.

DOLLY

¿Y tú, nos quieres? ~(D. Pío hace signos afirmativos.)~

NELL

Nos idolatra... Estudiamos cuando se nos antoja, y cuando no, jugamos.

DOLLY

Y eso haremos hoy: jugar, irnos a la playa.

D. PÍO, ~vencido~.

¡A la playa!

NELL

Está un día espléndido. ~(Mira por la ventana.)~

DOLLY, ~tocando las castañuelas~.

Y el cielo y la mar nos dicen: venid, volad, y traed a vuestro adorado preceptor.

D. PÍO, ~deseando ir, pero no queriendo manifestarlo~.

¿Yo... también yo?... ¡Viva la indisciplina!

NELL

Vendrás con nosotras, porque si no, Venancio no nos dejará salir ahora. Tú tienes que decirle: «hoy han estudiado tanto, que en premio de su aplicación las saco a dar una vuelta.»

D. PÍO

¡Anda, morena! ¡Vaya, que si la señora Condesa se enterara de cómo cumplo mis deberes profesionales!...

DOLLY

Lo que quiere mamá es que estemos siempre a la intemperie, y nos hagamos robustas como unas aldeanotas.

D. PÍO

¡Y qué diría vuestro abuelo!

NELL

El abuelito nos quiere lo mismo en bruto que pulimentadas.

D. PÍO

Os adora, sí. Como que sois sus nietas. Acompañadle, dadle palique, hacedle mimos: también él es niño. Y cuando le oigáis un disparate muy gordo, se lo contáis al señor Cura y al Médico.

DOLLY, ~enojada~.

No dice disparates el abuelo.

D. PÍO

Ayer me decía que vosotras dos no sois más que una para él...

NELL

Y eso, ¿por qué ha de ser disparate, maestrillo?

DOLLY

Quiere decir...

NELL

Que el grande amor que nos tiene nos iguala, y hace de las dos una sola.

D. PÍO

Esta chica es un portento.

DOLLY

Hola, hola; ¿y para mí no hay piropo?

D. PÍO

¿Te enfadas, ángel?

DOLLY, ~riendo~.

Está eso bueno. Mi hermana es un portento... y yo nada.

D. PÍO

Tú, otro portento... ¡Vivan las nenas de Albrit!

NELL, ~alborotando~.

¡Viva el más sabio profesor y catedrático de la antigüedad pagana, mitológica... y cosmopolita! En fin, ¿nos vamos o qué?

D. PÍO, ~deteniéndolas~.

Esperad. Parece que viene alguien.

DOLLY

Siento el vocerrón de D. Carmelo.

D. PÍO, ~tomando el tonillo profesional~.

¡Orden, formalidad! Pues hemos dado un repasito a la Gramática, venga ahora un buen jabón a la Historia. Niñas, el Papado y el Imperio... A ver...

ESCENA II

NELL y DOLLY, D. PÍO, EL SEÑOR CURA, VENANCIO

EL CURA, ~riendo, en la puerta~.

Presentes, mi general. Yo soy el Papado, y el Imperio es este. ~(Entran.)~

VENANCIO

¿Cómo vamos de lección?

EL CURA

¿Saben, saben mucho estas picaruelas?

D. PÍO

Regular... Hoy, vamos, hoy, no lo han hecho del todo mal.

EL CURA

No me fío. Este Coronado es la pura manteca. ~(Saludando a las niñas y acariciando sus manos.)~ ¡Qué monada de criaturas!

VENANCIO

Muy monas, pero desaplicaditas... No quieren más que corretear por el campo.

EL CURA

Mejor... ¡Aire, aire!

VENANCIO

Y su abuelito, en vez de reprenderlas para que se apliquen, les dice que la señora Gramática y la señora Aritmética son unas viejas charlatanas, histéricas y mocosas, con las cuales no se debe tener ningún trato.

EL CURA

¡Qué bueno!... Si digo que el Conde...

VENANCIO, ~a D. Pío~.

¿Y anoche, cuál fue la tecla que nos tocó?

D. PÍO

Que no debo introducir más paja en la cabeza de las señoritas, pues lo que les conviene es educar la voluntad.

EL CURA

No está mal...

DOLLY

Por eso a mí no me gusta saber nada de libros, sino de cosas.

EL CURA

¡Brava!

VENANCIO

¿Y qué son cosas, señorita?

NELL

Pues cosas.

DOLLY

Cosas.

EL CURA, ~comprendiendo~.

Ya... Pero el arte de la vida ya lo iréis aprendiendo en la vida misma.

VENANCIO

Y eso no quita que estudien lo de los libros, ¿verdad, D. Pío? ~(El maestro hace signos afirmativos.)~ Tan distraídas están con el corretear continuo, que ya Dolly ni siquiera dibuja.

EL CURA

¡Qué lástima!... ~(A Dolly.)~ Y aquellos monigotitos, y aquellas vaquitas, y aquellos... ~(Dolly se encoge de hombros.)~

NELL

Ya no dibuja. Le gusta más cocinar.

EL CURA

¿De veras?... ¡Oh, serafín de los cielos!

VENANCIO

A lo mejor se nos mete en la cocina, se pone su delantal de arpillera, y allí la tiene usted entre cacerolas, tiznada, hecha una visión...

EL CURA

¡Divino!

VENANCIO

¡Miren que una señorita de la aristocracia, con las manos ásperas y llenas de pringue!

EL CURA

Eso es juego... Pero no está de más saber de todo... por lo que pueda tronar. ¿Y Nell, no cocina?

DOLLY

A mi hermana le gusta más lavar cristales... mojarse, fregotear, pegar cosas rotas, limpiar las jaulas de los pájaros, y echarles la comidita.

EL CURA

También es útil. Bien, bien, niñas saladísimas; seguid estudiando...

NELL

Es que...

DOLLY

D. Pío había dicho que... pues hoy hemos trabajado bárbaramente... podíamos pasear.

D. PÍO

¡Ah!... permítanme... dije que si acabábamos la Aritmética, saldríamos, y en el bosque les explicaría algo de Geografía.

EL CURA

Paseen, sí.

VENANCIO

Pero por el bosque no.

DOLLY

A la playa. ~(Las dos se quitan los delantales.)~

VENANCIO, ~aparte a D. Pío~.

El Conde suele pasear por el bosque. Llévelas usted a la playa... No se separe de ellas... ¿Se entera de lo que le digo?...

D. PÍO

Sí, hombre. A la playa...

NELL, ~a Venancio~.

¿Ha salido ya el abuelito?

VENANCIO

No; ni creo que salga. Vayan las señoritas con el maestro.

NELL

¿Y usted se queda, D. Carmelo?

EL CURA

Sí, hija mía: espero al amigo Angulo, con quien tengo que hablar.

VENANCIO, ~mirando por la ventana~.

Ya está aquí.

EL CURA

Pues bajemos todos. Las niñas por delante.

DOLLY, ~que sale la primera, gozosa~.

En marcha. ~(Llamando al perrito.)~ _¡Capitán!_

NELL, ~detrás de su hermana~.

_¡Capitán!_

~(Salen los demás.)~

ESCENA III

~Sala baja en la Pardina.~

~GREGORIA, EL MÉDICO; después VENANCIO, EL CURA~

EL MÉDICO

¿Cómo es que no ha salido aún a dar su paseo de la mañana?

GREGORIA

¿Yo qué sé?... Todavía le tiene usted en su cuarto. He mirado por el agujero de la llave, y está dando paseos arriba y abajo, con las manos en los bolsillos.

EL MÉDICO

¿Come bien?

GREGORIA

Regular.

EL MÉDICO

¿Sabe usted si duerme?

GREGORIA

Esta mañana, cuando le entré el desayuno, le dije... con todo el respeto del mundo, claro: «¿Qué tal ha pasado la noche el señor Conde?» y me contesto: «Bien;» pero en seco, y con un tonillo que, a mi parecer, era lo mismo que decir: «Mal.»

EL CURA

¿Qué? ¿Hay algo de nuevo?

EL MÉDICO

Nada. Hoy no le he visto aún. En la conversación que anoche tuvimos, pude, observar que a la exaltación del orgullo aristocrático, añade nuestro D. Rodrigo otra monomanía: la sutileza del honor y de la moral rígida, en un grado de rigidez casi imposible, y sin casi, en las sociedades modernas.

EL CURA

Lo mismo observé yo en nuestro paseo de ayer tarde. Por cierto que... me hizo pasar un mal rato.

EL MÉDICO

¿Qué ocurrió?

EL CURA

Nada... Es que por lo visto gusta de pasear solo... Desde que salimos, hube de comprender que le desagradaba mi compañía. Claro que no me despidió de mala manera: su buena educación no se desmiente nunca. Pero con perífrasis ingeniosas, me decía: «Mejor voy solo que mal acompañado.» Francamente, creía yo hacerle un favor dándole el brazo, entreteniéndole con una conversación grata...

EL MÉDICO

Pues mire usted, D. Carmelo: en esto no conviene contrariarle. ¿Quiere andar solo? Pues solo. No, no se cae. En mi opinión, ve bastante más de lo que dice. ~(A Venancio.)~ Lo que puede usted hacer es mandar un criado que le vigile a distancia...

GREGORIA, ~de mal temple~.

En esta época, Sr. de Angulo, no tenemos a nuestra gente tan desocupada...

VENANCIO, ~arrancándose~.

D. Carmelo, D. Salvador, yo que ustedes, diría a la Condesa que su señor suegro estará mejor en otra parte. Y esto no significa que queramos echarle. Es nuestro deber tenerle aquí; hemos sido... fuimos, como quien dice, sus criados...

GREGORIA

El cuento es que el Sr. D. Rodrigo, por haber venido tan a menos, no encaja en nuestras costumbres de gente pobre, ni se acomoda al trato modestito que le damos. Y es natural: yo me pongo en su caso.

VENANCIO, ~rascándose la cabeza~.

Hay que mirarlo todo, señores. Con la consignación que nos ha señalado la señora no podemos hacer milagros. A un grande de España, por más que ahora sea _chico_, no hemos de tenerle aquí como un estudiantón, hartándole de puchero, y... vamos, que con tanto extraordinario y tanta finura de cocina, se nos van nuestros ahorros que es un gusto.

EL CURA

En efecto...

GREGORIA

Y, por añadidura, vivimos siempre sobresaltados... Que si sale, que si tarda, que si le habrá pasado algo... Se necesita un regimiento de criados para servirle y atenderle.

VENANCIO

Tenemos aquí muchos trajines. Vivimos de nuestro trabajo.

GREGORIA

Atendemos a la tierra, a las plantas, al fruto. Hay que mirar a todo.

VENANCIO

Al ganado de pelo y de pluma.

GREGORIA

Ahora me tienen ustedes todo el santo día en la cocina; y que no trabajo menos con la cabeza que con las manos: ¡Señor, qué pondré hoy!... ¡Si le gustarán las manos de ternera!... ¡Si acertaré a freír el filete!... ¡Ay, Jesús!... Y a todas estas, mis judías sin coger, mis tomates pudriéndose en las ramas... y mis gallinitas olvidadas...

VENANCIO

Olvidadas, no, que aquí estoy yo para retorcerles el pescuezo... A este paso, señores míos, pronto liquidará la Pardina.

EL CURA

Vamos... siempre habéis de ser lo mismo... aldeanos que se ahogan, aunque naden en la abundancia.

EL MÉDICO

Siempre llorando... y escondiendo a la espalda las llaves del granero.

EL CURA

¡Avarientos, mezquinos!

VENANCIO, ~achicándose~.

Sr. D. Carmelo, no hemos dicho nada.

GREGORIA, ~suspirando~.

Sr. D. Salvador... ustedes mandan.

EL CURA

Por lo demás, yo creo también que el pobre león de Albrit estará mejor en otra leonera.

EL MÉDICO

A ver si ha pensado usted lo mismo que yo.

EL CURA, ~enfatuado~.

Tengo una idea...

VENANCIO, ~adivinando~.

Yo tengo también una idea...

EL MÉDICO

Llevarle a Zaratán.

EL CURA

Al convento de Jerónimos.

VENANCIO, ~asintiendo con viveza, lo mismo que Gregoria~.

Eso, eso.

EL CURA

Solución que debe ser la mejor, pues se aprueba por unanimidad.

EL MÉDICO

Allí estará como un príncipe. Falta que los reverendos quieran.

EL CURA

Deseándolo, querido Salvador, deseándolo. Locos de contento en cuanto les propuse...

VENANCIO

¿Pero habló usted con el Prior?...

EL CURA

¡Toma! ¿Creen que soy de los que cuando dan con una feliz idea, la están rumiando siete meses?... Y no solo he hablado con el Prior, sino que he escrito a la Condesa...

GREGORIA, ~viendo llegar al Conde~.

Cuidadito, que aquí viene.

ESCENA IV

~EL MÉDICO, EL CURA, VENANCIO, GREGORIA; EL CONDE, a paso lento, apoyado en su palo. Nótase más deterioro y descuido en su ropa. Avanza muy abstraído, sin parar mientes en las personas que están en la habitación.~

EL CURA

¿Señor Conde, cómo va ese valor?

EL CONDE

¡Ah! _pastor Curiambro_, ¿estás aquí? No te había visto... ~(Examinando las personas.)~ ¿Y este bulto...?

EL CURA

No es bulto, es nuestro gran médico...

EL MÉDICO, ~saludándole~.

Señor Conde...

EL CONDE, ~muy afectuoso~.

Perdona, hijo... ¡Veo tan poco!... Y aquel es Venancio... a ese le conozco sin verle... Y Gregoria... Ya está aquí todo el cónclave... Bien, bien... Antes de que me lo preguntes, médico ilustre, te digo que, fuera de este achaque de la vista, me encuentro muy bien... ¡Y qué contento vivo en la Pardina! Venancio, Gregoria, sabed que estoy contentísimo, y que tendréis la satisfacción de alojarme por mucho tiempo...

VENANCIO

Es lo que deseamos...

EL MÉDICO

¿Va el señor Conde a dar su paseo?...

EL CONDE

Si ustedes no disponen otra cosa... Pero me quedaré un poquito por hacer los honores debidos a las dignas personas que honran mi casa. ~(Se sienta en el sillón.)~

EL CURA

Mil gracias, señor Conde. Veníamos...

EL CONDE

Ya me lo figuro: a pasar revista a la huerta y examinar los tomates, y armar las grandes peloteras con Gregoria sobre si son mejores los de allá o los de acá... ~(Todos ríen.)~

EL CURA

Los míos son así de gordos.

GREGORIA

Ya quisiera...

EL CONDE

Basta de polémicas, y si arrojáis en esta placentera reunión el tomate de la discordia, yo, deferente con el bello sexo, adjudico el premio a mi patrona... Gregoria, Venancio, Dios os colme de prosperidades... a ver si salís de pobres... ~(Con ironía sutil.)~ En ello voy ganando, porque de lo que tengáis, hijos míos, algo ha de participar siempre este pobre viejo... ¿Verdad que sí?...

VENANCIO, ~secamente~.

Sí, señor.

EL MÉDICO, ~que, sentado a su lado, le pone la mano en el hombro~.

¿Conque bien...?

EL CONDE

Pero no de la vista. Cada día se nublan más mis ojos.

GREGORIA, ~con un alarde de osadía~.

El señor se pondría bueno de la vista... y de la cabeza... ¿lo digo? si no tuviera tan mal genio.

EL CONDE

¡Mal genio yo! Si con la voluntad siempre en guardia he logrado dominarme, y ya no riño, ya no me oiréis gruñir...

VENANCIO

Nos dice palabras blandas, pero con intención dura... Entre flores esconde el látigo con que...

EL CONDE

¿Yo? No, hijo mío. Precisamente quería aprovechar esta ocasión para decirte que admiro y alabo tus hábitos de arreglo, y tus grandes dotes de administrador.

VENANCIO, ~sobresaltado~.

¿Qué quiere decir Vuecencia?

EL CONDE

Que eres un ejemplo digno de ser imitado por cuantos manejan intereses propios o ajenos. Así prosperan las casas. Si no eres ya rico, Venancio, yo te auguro que lo que posees en tomates y berenjenas, lo tendrás pronto en peluconas. Carmelo, Salvador, oigan este golpe: cuando llegué a la Pardina, este buen amigo mío y antiguo servidor puso a mis órdenes a un muchacho llamado Rogelio, inteligente, listo, para que fuese mi ayuda de cámara. Toda mi vida he tenido un servidor de esta clase. Mentira me parecía que pudiera pasarme sin él... Pero me paso, sí, señor, me paso... porque ayer me quitaron el criadito, y ya ven... estoy perfectamente.

VENANCIO, ~mascando las palabras~.

Señor, es que... Rogelio...

GREGORIA

Fue preciso mandarle a traer yerba... ~(El Médico y el Cura se miran, hablan con los ojos.)~

EL CONDE, ~con ironía finísima~.

Pero, tontos, si no os riño; si me parece bien lo que habéis hecho... si os lo agradezco, porque así me vais educando en la pobreza, y enseñándome a ser como vosotros, económico, administrativo... No quiero ser gravoso; quiero que prosperéis; y con medidas como esta claro es que habéis de llegar a ser riquísimos.

VENANCIO

Señor, díganos las cosas claras.

EL CONDE

Digo lo que siento. Y otra: tienes una mujer que no te la mereces. Esta Gregoria vale más que pesa, y con su instinto de gobernante de casa te ayudará, te empujará para que subas pronto a la cima de la opulencia.

GREGORIA, ~asustada~.

Señor, ¿por qué lo dice?

EL CONDE

Porque es verdad. ¡Cuánto siento no estar ya en edad de tomaros por modelo!

EL CURA

¿Pero qué...?

EL CONDE

Que esta Gregoria, con su arte sublime de mujer casera, me ha suprimido mi bebida favorita: el buen café.

GREGORIA

Señor, si se lo llevé esta mañana.

EL CONDE

Me serviste un cocimiento de achicoria, recalentado y frío, que... Pero no te riño, no. Si está muy bien. Siempre me dais mucho más de lo que merece este pobre viejo inútil, enfadoso... Prosperad, prosperad vosotros, y que os vea yo llenos de bienestar, desde el fondo de esta miseria en que he caído.

VENANCIO

No somos ricos, ni aspiramos a serlo.

EL MÉDICO, ~con severidad~.

Conviene que se sirva al señor Conde un café muy bueno. Yo lo mando.

EL CURA

Y yo... Y si no se le da como es debido, lo haré yo en casa, y se lo enviaré.

EL CONDE

Gracias... Pero ya veis que no me enfado... Soy pobre, y como a pobre quiero que me traten. Este Venancio, esta Gregoria, que tanto me quieren y no pueden olvidar los beneficios que de mí han recibido, desean hacerme a su imagen y semejanza, y que como ellos viva, y como ellos coma, para de este modo sujetarme y tenerme siempre a su lado. ¿Verdad que es esto lo que anheláis? Pues me tendréis. De aquí no me muevo. Estad tranquilos, que vuestro huésped seré... tendréis Conde de Albrit para un rato.

EL MÉDICO

Seguramente. Estos aires le prueban bien.

EL CONDE, ~con gravedad~.

No me cuido yo de los aires, sino de la misión que tengo que cumplir.

EL CURA, ~receloso~.

¿Aquí precisamente?

EL CONDE

Aquí... al menos por ahora. ~(El Médico y el Cura se sientan junto al Conde, uno por cada lado. Venancio y Gregoria se retiran y vuelven de puntillas, poniéndose tras el sillón a escuchar lo que hablan.)~

EL MÉDICO

Pues si el señor Conde quiere oír un consejo de amigo y de médico... de médico más que de amigo, me permitiré decirle que la misión más adecuada a su edad y a sus achaquillos es darse buena vida.

EL CURA

Y no cuidarse de nada ni de nadie.

EL CONDE

La ancianidad da derecho al egoísmo; pero a mí, pásmense ustedes, me han rejuvenecido las desgracias, y tras las desgracias han venido las ideas a darme vigor. Por unas y otras, yo tengo aún que hacer algo en el mundo. ~(El Médico y el Cura se miran, comunicándose con los ojos sus impresiones.)~

EL MÉDICO

¿Sería tan amable el Sr. D. Rodrigo que nos dijera qué misión es esa?

EL CONDE

Misión que, en cierto modo, tiene cierto paralelismo con la tuya, Salvador, y con la tuya, Carmelo.

EL CURA

Tres misiones paralelas.

EL CONDE

Tú, _pastor Curiambro_, luchas en el terreno de la moral, disputando almas al pecado; tú, Salvador, te bates con la muerte en el terreno físico, tratando de arrancarle los pobres cuerpos humanos; yo combato en la esfera moral contra el deshonor ~(Pausa; D. Carmelo y Angulo se hacen guiños)~, que es lo mismo que decir: por el derecho, por la justicia... ~(Pausa. Sonríe benévolamente.)~ Veo poco, amigos míos; pero lo bastante para hacerme cargo de que os reís de mí.

EL CURA

¡Oh! no, Sr. D. Rodrigo...

EL CONDE

Si no me enfado, no. ¡Ay! El quijotismo inspira siempre más lástima que respeto. Si compadecéis el mío, yo compadeceré el vuestro: el religioso y el científico... ¡Cómo ha de ser! En la relajación a que hemos llegado, el honor ha venido a ser un sentimiento casi burlesco.

EL CURA

Reconozcamos, mi señor D. Rodrigo, que lo han desacreditado los duelistas...

EL CONDE

Sí, sí, y los nobles presumidos. Aparte de eso, ¿no alcanzáis a ver la relación íntima del honor con la justicia, con el derecho público y privado? No, no la veis... Sin duda sois más ciegos que yo... Y decidme ahora, tontainas: ¿también os parecen cosa baladí la pureza de las razas, el lustre y grandeza de los nombres, bienes que no existen, que no pueden existir sin la virtud acrisolada de las personas que...? ~(Sus interlocutores callan, observándole.)~ No, no me entendéis. Tú, clérigo, y tú, doctorcillo, vivís envenenados por los miasmas de la despreocupación actual, de ese asqueroso _lo mismo da_, de ese inmundo ¿_y qué_?

EL CURA

Comprendemos la idea; pero...

EL MÉDICO

Es una idea feliz; pero...

EL CONDE, ~irritándose~.