Dramas (1 de 2): Hernani; El Rey se divierte; Los Burgraves
Part 3
D. CARLOS.--Bien, yo sabré desbaratar tus maquinaciones insolentes y rebeldes.
HERNANI.--La venganza es coja y llega á paso lento; pero llega.
D. CARLOS (_Con desdén._)--¡Tocar á la dama que adora á un bandido!
HERNANI.--Recuerda que aún estás en mi poder, y piensa, futuro César, piensa que si apretara esta mano harto generosa, aplastaría en el huevo tu águila imperial.
D. CARLOS.--¡Á ver si os atrevéis!
HERNANI.--¡Vete! ¡vete!... Huye de aquí; pero toma antes mi capa. (_Se quita la capa y la echa á los hombros del rey._) Sin ella, te caería encima algún puñal. (_Envuélvese el rey en la capa del bandido._) Ahora parte sin temor. Mi sedienta venganza hace sagrada tu cabeza para otro que yo.
D. CARLOS.--Ya que me habláis así, no me pidáis nunca gracia ni perdón.
(_Vase._)
ESCENA IV
HERNANI, DOÑA SOL
D.ª SOL.--Ahora, huyamos sin tardanza.
HERNANI.--¿Estás resuelta á aceptar mi desgracia y acompañarme hasta el fin? Noble propósito, digno de un fiel corazón. Pero ya lo ves, bien mío; para llevarme gozoso á mi retiro un tesoro de belleza que codicia un rey, para que mi Sol me siga y me pertenezca, para tomar su vida y unirla á la mía, para arrastrarte conmigo sin vergüenza y sin pesar, no es tiempo, no es tiempo aún: veo el cadalso demasiado cerca.
[Ilustración]
D.ª SOL.--¿Qué dices?
HERNANI.--El rey á quien he mirado cara á cara, va á castigarme por haberle perdonado. Huyo; acaso esté ya en su palacio llamando á sus guardias, á sus criados, á sus caballeros y verdugos.
D.ª SOL.--¡Ah! Estoy temblando, Hernani. Pues bien, démonos prisa; huyamos juntos.
HERNANI.--¡Juntos! No, no. La hora ha pasado. ¡Ah! Doña Sol, cuando te revelaste á mis ojos, tan buena y aun piadosa, dignándote poner tu amor en mí, yo ¡desdichado! pude ofrecerte lo que tenía, mis montañas, mis bosques, mis torrentes, mi negro pan de proscrito, la mitad del lecho de musgo en que reposo; pero ofrecerte la mitad del cadalso... perdona ¡oh Sol! el cadalso es para mí solo.
D.ª SOL.--Me lo prometiste también.
HERNANI (_De rodillas á sus piés._)--¡Ángel mío! en este instante en que acaso se acerca la muerte entre las sombras, declaro aquí, proscrito, con mi dolor profundo de haber nacido en cuna ensangrentada, que por negro que sea el duelo que envuelve mi vida, soy un hombre feliz; y quiero que me envidien porque me has amado, porque tú me lo has dicho, porque en voz baja has bendecido tú mi frente maldita.
D.ª SOL.--¡Hernani mío!
HERNANI.--¡Bendita mil veces la suerte que puso para mí esta flor al borde del abismo! (_Levantándose._) Y no hablo ahora á ti en este lugar; hablo al cielo, á Dios, que me está oyendo.
D.ª SOL.--Permíteme que te siga.
HERNANI.--¡Oh! Sería un crimen arrancar la flor al caer en el abismo. Vete, ya he respirado su perfume: basta. Reanuda á otros días tus días por mí ajados; sé esposa del anciano; yo te desligo de tu palabra y vuelvo á mis sombras. Olvida y sé dichosa.
D.ª SOL.--No, te seguiré: quiero compartir tu suerte y no me apartaré de ti.
HERNANI (_Abrazándola._)--¡Oh! Déjame huir solo. Estoy desterrado, proscrito, soy funesto.
(_Se aparta de golpe._)
D.ª SOL (_Con desesperación._)--¡Hernani! ¡Me abandonas!
HERNANI (_Volviendo._)--¡Oh! no, me quedo: tú lo quieres y aquí me tienes. Ven ¡oh! ven á mis brazos. Me quedo, y estaré á tu lado cuanto quieras. Olvidémoslo todo. Siéntate aquí. (_Siéntase Sol en un banco de piedra y él se coloca á sus piés._) La luz de tus ojos inunda los míos. Cántame algún cantar como otras noches mientras en tus pestañas temblaban para caer en mis labios las blandas perlas de tus lágrimas; ¡seamos felices! bebamos... la copa está llena... esta hora es nuestra, y lo demás es locura. Háblame, embriágame. ¿No es verdad, sol de mi cielo, que es dulce amar y saber que se nos ama de rodillas? ¿Y ser dos, y estar solos, y hablar de amor entre los velos de la noche, cuando todo duerme, sueña y calla? ¡Oh! Déjame dormir y soñar en tu seno, sol de mi alma, alma mía...
(_Tañido de campanas._)
D.ª SOL (_Levantándose asustada._)--¿Oyes? ¡Tocan á rebato!
HERNANI (_Aún á sus piés._)--No; tocan á nuestras bodas.
(_Arrecia el campaneo. Gritos confusos. Antorchas en las calles, luces en las ventanas._)
D.ª SOL.--Levántate y ponte en salvo. ¡Gran Dios! Se incendia la ciudad.
HERNANI.--Tendremos boda con antorchas.
(_Choque de espadas y gritos._)
D.ª SOL.--Es la boda de los muertos.
HERNANI (_Reclinándose en el banco._)--Volvamos á soñar.
UN MONTAÑÉS (_Corriendo, espada en mano._)--Señor, los esbirros, los alcaldes, desembocan en la plaza en tropel. ¡Alerta, señor!
D.ª SOL.--¡Ah! ¡Bien decías!
(_Hernani se levanta._)
EL MONTAÑÉS.--¡Socorro!
HERNANI.--Aquí estoy. No temas.
GRITOS CONFUSOS (_fuera_).--¡Muera el bandido!
HERNANI (_Al montañés._)--Tu espada. (_Á Sol._) Adiós, pues.
D.ª SOL.--¡Yo causé tu perdición! ¿Adónde vas? (_Indicándole la puerta pequeña._) Ven, huyamos por esta puerta.
[Ilustración: D.ª SOL.--_Ven, huyamos..._]
HERNANI.--¿Qué dices? ¡Abandonar á mis amigos!
(_Tumulto._)
D.ª SOL.--¡Esos clamores me espantan! (_Reteniendo á Hernani._) No olvides que si tú mueres, muero yo.
HERNANI (_Teniéndola abrazada._)--Un beso...
D.ª SOL.--¡Hernani, esposo mío, dueño mío!
HERNANI (_Besándole la frente._)--El primero.
D.ª SOL.--Acaso el último.
(_Parte Hernani, y Sol cae sobre el banco._)
[Ilustración]
[Ilustración]
ACTO III
EL ANCIANO
EL CASTILLO DE SILVA
EN LAS MONTAÑAS DE ARAGÓN
Galería de retratos de la familia de Silva; salón cuyo decorado forman estos retratos encuadrados con preciosas molduras que coronan emblemas y escudos ducales.--En el fondo, una alta puerta gótica.--Entre los retratos sendas panoplias de diversos siglos.
PERSONAJES
DON CARLOS. HERNANI. DON RUY GÓMEZ DE SILVA. DOÑA SOL. YÁGUEZ.
ESCENA I
DOÑA SOL, de blanco y en pié junto á una mesa. DON RUY GÓMEZ DE SILVA, sentado en su gran sitial de roble.
D. RUY.--¡Por fin llegó el día! Dentro de una hora serás mi duquesa. Nada ya de tío ni sobrina: ya podré abrazarte y... Pero ¿me has perdonado? No tuve razón, lo confieso: hice que palidecieran tus mejillas y se ruborizara tu frente, con harto pronta sorpresa, y no debí haberte condenado sin oirte. ¡Cómo engañan las apariencias y qué injustos somos! Verdaderamente, allí estaban los dos mozos, muy gentiles de persona ambos á dos. No debí dar crédito á mis propios ojos; pero ¿qué quieres, niña? cuando uno es viejo...
D.ª SOL.--Siempre me habláis de ello, y nunca os lo eché en cara.
D. RUY.--Pues yo sí. Yo debía saber que con un alma como la tuya, no puede tener galanes quien se llama doña Sol de Silva, y tiene en sus venas pura sangre castellana.
D.ª SOL.--Ciertamente; es pura y buena, y acaso se vea muy pronto.
D. RUY (_yendo hacia ella_).--Escucha: nadie es dueño de sí mismo, cuando está enamorado, como yo lo estoy de ti, y es además viejo. Cualquiera se vuelve celoso y malo en ciertas condiciones. ¿Por qué? ¡La vejez! Porque la belleza, la gracia, la juventud en otro, todo espanta y hace temblar; porque está uno celoso de los demás y avergonzado de sí mismo. ¡Qué irrisión que este hombre cojo ó tullido, con el corazón ardiente y embriagado de amor, haya olvidado el cuerpo al rejuvenecer el alma! Cuando pasa un joven pastor, muchas veces, mientras vamos, cantando él por su verde prado, yo soñando por mis negras avenidas, muchas veces digo para mí: «¡Oh, de qué buena gana daría yo mis almenadas torres, mi antiguo palacio ducal, mis bosques y sembrados, mis rebaños, mis títulos, todas mis ruinas por su cabaña nueva y por su frente juvenil!» Porque sus cabellos son negros, porque sus ojos brillan como los tuyos. Tú puedes verlo y decir: «¡Qué mozo!» Y después pensar en mí, que soy viejo. Verdad que soy Gómez de Silva; pero esto no basta. Sí, esto digo para mí. Ya ves hasta qué punto te amo: todo lo daría por ser joven y hermoso como tú. Pero ¿á qué viene delirar así? ¡Yo joven y bello, cuando debo precederte en la tumba!
D.ª SOL.--¿Quién sabe?
D. RUY.--Pero créeme, esos caballeros frívolos no aman tan inmensamente que no se gaste su amor en palabras. Si una doncella ama á uno de esos mozalbetes, ella se muere por él y él se ríe de ella. Todos esos pajarillos de alas ligeras y vistosas tienen tan mudable el amor como el plumaje. Los viejos, sin alas tan vistosas ni ligeras, amamos mejor. ¡Que nuestro paso es pesado, que nuestra frente está arrugada, y áridos nuestros ojos! Verdad, pero el corazón no se agosta ni se arruga jamás. ¡Ah! cuando un viejo ama, hay que considerarlo mucho; el corazón siempre es joven y puede lastimársele. ¡Oh! mi amor no es como un juguete de cristal que brilla y tiembla, no; es un amor severo, profundo, sólido, seguro, paternal, amistoso, de madera de roble, como mi silla ducal. He aquí cómo yo te amo, y de otras cien maneras más: como se ama á la aurora, como se ama á las flores, como se ama á los cielos. De verte todos los días con tu gracioso paso, con tu frente pura y tus brillantes ojos, me río con todo el júbilo del alma y en el alma llevo una eterna fiesta.
D.ª SOL.--¡Ah!
D. RUY.--Y luégo el mundo ve con buenos ojos que cuando un hombre se extingue y poco á poco se va, hasta tropezar en la piedra del sepulcro, una mujer, ángel puro, vele por él, lo abrigue y se digne sufrir al inútil anciano que no es bueno ya sino para morir. Excelente obra que con razón se alaba, el supremo esfuerzo de un corazón que se sacrifica, que consuela á un moribundo hasta el fin y sin amar acaso tiene dulzuras de amor. ¡Oh! tú serás para mí un ángel con corazón de mujer que regocije aún el alma del pobre anciano y soporte la mitad de sus últimos años, hija por el respeto y hermana por la piedad.
D.ª SOL.--Lejos de precederme, bien pudiérais seguirme, señor. No es razón para vivir ser joven. ¡Ah! muchas veces los viejos se retardan, y van delante los jóvenes.
D. RUY.--¡Qué ideas tan sombrías! He de reñirte, niña: un día como este es alegre y sagrado. Y á propósito ¿cómo no estás vestida ya para la ceremonia? La hora se acerca. Vé, corre á vestirte, mientras yo cuento los instantes.
D.ª SOL.--Siempre será tiempo.
D. RUY.--No tal. (_Entra un paje._) ¿Qué quiere, Yáguez?
EL PAJE.--Señor, un peregrino espera á la puerta pidiendo hospitalidad.
D. RUY.--Quien quiera que sea, la ventura entra en la casa con el forastero que en ella se recibe. Que éntre, pues. ¿Hay algunas noticias de afuera? ¿Qué se dice del capitán de bandoleros proscrito?
EL PAJE.--Todo acabó para Hernani, el león de la montaña.
D.ª SOL (_Aparte._)--¡Dios mío!
D. RUY.--¿Cómo?
EL PAJE.--La partida ha sido derrotada. Dicen que el mismo rey se puso al frente de la tropa que salió en persecución de los bandidos. La cabeza de Hernani vale por el momento mil escudos; pero se dice que ha muerto en la refriega.
D.ª SOL (_Aparte._)--¡Sin mí! ¡Pobre Hernani!
D. RUY.--¡Gracias á Dios! Por fin murió el rebelde. Ahora podemos alegrarnos sin peligro, hija mía. El bandido murió. Ea, vé á ataviarte, amor mío, mi orgullo. ¡Hoy doble fiesta! Vé, vé á vestirte.
D.ª SOL (_Aparte._)--De luto, ¡ay de mí!
(_Sale._)
D. RUY.--Que le lleven pronto el cofrecito de joyas, que yo le regalo. (_Siéntase._) Quiero verla adornada como una Virgen, ante la cual caiga de rodillas el peregrino. Á propósito. ¿Y ese que pedía hospitalidad? Corre, vé y dile que éntre, y guíalo aquí. (_Sale el paje._) Hacer esperar á un peregrino raya en impiedad.
(_Ábrese la puerta del fondo y aparece Hernani disfrazado de peregrino. El duque se levanta._)
ESCENA II
DON RUY GÓMEZ, HERNANI
HERNANI.--¡Paz y ventura al generoso duque!
(_Avanza._)
D. RUY.--¡Ventura y paz al peregrino mi bien venido huésped! (_Siéntase._) ¿No eres peregrino?
HERNANI.--Sí.
D. RUY.--Sin duda vendrás de Armillas.
HERNANI.--No; he tomado otro camino... se batían por allá.
D. RUY.--La partida del proscrito ¿eh?
HERNANI.--Lo ignoro.
D. RUY.--Y ese Hernani ¿sabes qué ha sido de él?
HERNANI.--¿Quién es ese hombre, señor?
D. RUY.--¿No le conoces? Peor para ti, que has malogrado la ocasión de ganar la gruesa suma en que se puso á precio su cabeza. Ese Hernani es un rebelde al Rey, nuestro señor; un capitán de bandoleros que andaba suelto é impune há mucho tiempo. Si vas á Madrid le verás ahorcar.
HERNANI.--No, no voy allá.
D. RUY.--Su cabeza es de quien quiera cortársela.
HERNANI (_Aparte._)--Que vengan por ella.
D. RUY.--Pues ¿adónde vas, buen peregrino?
HERNANI.--Á Zaragoza, señor.
D. RUY.--¿Á cumplir algún voto á la Virgen?
HERNANI.--Sí, á la Virgen del Pilar.
D. RUY.--¡Madre y Señora mía! Menester es no tener alma para olvidar los votos hechos á los santos. Pero una vez cumplido el tuyo ¿no llevas otros designios? ¿Ver el Pilar es todo lo que deseas?
HERNANI.--Todo.
D. RUY.--Bien. Y ¿cómo te llamas, hermano? Yo soy Ruy Gómez de Silva.
HERNANI.--Yo...
D. RUY.--Puedes callar tu nombre, si quieres; nadie tiene aquí el derecho de saberlo. ¿Vienes á pedir hospitalidad?
HERNANI.--Sí, ilustre Silva.
D. RUY.--¡Muy bien venido! Quédate en mi casa y dispón de todo. En cuanto á tu nombre, te llamas mi huésped y basta. Quienquiera que seas, te acojo, que al mismo Satanás recibiría, si Dios me lo enviara.
(_Ábrese de par en par la puerta del fondo y entra doña Sol en traje nupcial, seguida de pajes, criados y dos doncellas que traen sobre un cogín de terciopelo un cofrecito cincelado, que dejan sobre una mesa. El cofrecito encierra una corona ducal, brazaletes, collares, perlas y brillantes en confusión. Hernani, jadeante y azorado, mira con fulgurantes ojos á la novia sin escuchar ya al duque._)
[Ilustración: HERNANI.--_...Yo soy Hernani._]
ESCENA III
Los mismos, DOÑA SOL, pajes, criados, doncellas
D. RUY.--¡He aquí á mi Virgen del Pilar! Orar ante ella, te traerá felicidad. (_Va á ofrecer la mano á Sol._) Futura esposa mía, venid, venid. Pero ¡cómo estáis todavía sin el anillo nupcial ni la corona!
HERNANI (_Con voz de trueno._)--¿Quién quiere ganarse aquí mil carlos de oro? ¡Yo soy Hernani!
(_Todos se vuelven sorprendidos. Hernani desgarra su hábito de peregrino, lo pisotea y queda en su traje ordinario._)
D.ª SOL (_Aparte, con júbilo._)--¡Aún vive! ¡Gracias, Dios mío!
HERNANI (_Á los criados._)--Yo soy el proscrito á quien se busca. (_Al duque._) ¿No queríais saber si me llamaba Pedro ó Diego? No, me llamo Hernani. Aquí tenéis la cabeza puesta á precio. Vale bastante oro para pagar vuestras bodas. Á todos os la ofrezco. Tomadla. Atadme de piés y manos... Pero es inútil: me liga una cadena que no puedo romper.
D.ª SOL (_Aparte._)--¡Infeliz de mí!
D. RUY.--¡Qué locura! Estáis sin duda loco, huésped mío.
HERNANI.--Vuestro huésped es un bandido.
D.ª SOL.--No, no le escuchéis.
HERNANI.--Dicho está.
D. RUY.--¡Mil carlos de oro! Tan fuerte es la suma que no respondo de todos mis criados.
HERNANI.--Me basta uno solo. Delatadme, entregadme.
D. RUY.--Callad, callad, no sea que os cojan la palabra.
HERNANI.--La ocasión es propicia. Os aseguro que soy el proscrito, el rebelde Hernani.
D. RUY.--Callad.
HERNANI.--¡Hernani!
D.ª SOL (_Á su oído._)--¡Oh! ¡calla, por Dios!
HERNANI.--Aquí por lo visto estáis de bodas. Yo también quiero celebrar una fiesta imperial. Mi esposa me espera: no es tan bella como la vuestra, señor duque, pero no es menos fiel... es la muerte. (_Á los criados._) ¡Ninguno de vosotros da un paso todavía!
D.ª SOL (_Bajo._)--¡Por piedad!
HERNANI.--¡Hernani! ¡Mil escudos de oro!
D. RUY.--Es el mismo demonio.
HERNANI (_Á un paje joven._)--Ven, ven tú; tú ganarás los mil carlos, y rico entonces, el paje será un hombre. (_Á los criados._) Pero ¿qué hacéis vosotros? ¡Temblar! ¿Hay peor suerte?
D. RUY.--Tocando á tu cabeza arriesgarían la suya. Aunque fueras Hernani ú otro cien veces peor, y así en lugar de oro ofrecieran un imperio, en mi casa debo protegerte contra todos, contra el mismo rey, porque al huésped lo envía Dios. ¡Muera yo, antes que nadie toque á un cabello de tu cabeza! Sobrina mía, dentro de una hora serás mi esposa. Vuelve á tu aposento. Voy á poner en armas el castillo y á cerrar sus puertas.
(_Sale seguido de sus criados._)
HERNANI (_Mirando con desesperación su cinto desarmado._)--¡Ah! ¡ni un puñal!
(_Luégo que ha desaparecido el duque, da Sol algunos pasos como para seguir á sus doncellas; después se detiene, y cuando salen, vuelve con ansiedad hacia Hernani._)
ESCENA IV
HERNANI, DOÑA SOL
(_Contempla Hernani con mirada fría y como distraída el cofrecillo nupcial de encima la mesa y fulguran sus ojos._)
HERNANI.--Os doy el parabién. Me encanta el adorno... me encanta... (_Acercándose al cofrecillo._) El anillo nupcial es de buen gusto... la corona ducal admirable... el collar, precioso... los brazaletes, bellísimos; pero cien veces, cien veces menos que la mujer que en seno tan blanco oculta un corazón tan negro. Y ¿qué habéis dado por todo esto? Un poco de vuestro amor. ¡Gran Dios! ¡Engañar así, no tener vergüenza y vivir! Pero al cabo, al cabo tal vez sean falsas estas perlas, cobre el oro, vidrio y plomo los diamantes, y falsos los zafiros y falso todo. ¡Ah! Si es así, duquesa, como estas joyas, es falso tu corazón y no eres más que oropel. Pero no, todo es fino y bueno y bello. Collar, brillantes, pendientes, corona, anillo nupcial... nada falta. ¡Magnífico regalo! Y á fe que lo merece amor tan seguro, tan fiel, tan profundo.
D.ª SOL.--No has llegado al fondo. (_Registra ella misma y saca un puñal._) Es el puñal que arrebaté al rey cuando me ofrecía un trono, que desprecié yo por quien ahora me ultraja.
HERNANI (_Cayendo á sus piés._)--¡Oh! Deja que de rodillas recoja las lágrimas que lloran tus tristes cuanto bellos ojos. Después, por esas lágrimas, toma tú toda mi sangre.
D.ª SOL.--Te perdono, Hernani; pero no olvides nunca que todo mi amor es tuyo.
HERNANI.--¡Me ha perdonado y me ama! ¡Oh! Quisiera saber dónde pisas para besar el suelo.
D.ª SOL.--¡Oh!
HERNANI.--No, yo debo serte odioso; pero escucha, dime otra vez que me amas; calma un corazón que duda: dímelo por piedad, porque muchas veces con tan pocas palabras han curado hondas heridas los labios de una mujer.
D.ª SOL.--¡Creer que fuera tan olvidadizo mi amor! ¡No recordar, no saber que nunca jamás ninguno de esos hombres sin gloria podría ocupar un corazón lleno de Hernani!
HERNANI.--He blasfemado. Cualquiera en tu lugar se hubiera cansado ya de este loco furioso, que no sabe acariciar, sino después de haber ofendido, y le hubiera dicho: _¡Basta! ¡Vete!_ Recházame, recházame. Yo te bendeciré, porque has sido bondadosa y dulce siempre conmigo, porque me has sufrido demasiado tiempo, porque soy un malvado oscureciendo, manchando tu luz con mis sombras. Sí, es demasiado ya: tu alma es bella y noble y pura, y si yo soy malo, ¿acaso es tuya la culpa? Sé esposa del duque; es bueno y rico: sé feliz con él. No olvides lo que esta mano puede ofrecerte: un dote de dolores. La proscripción, los hierros, la muerte, el espanto que me cerca: tal sería tu collar, tal tu corona. Sé esposa del anciano, te repito. Y él lo merece más. ¿Cómo casar tu pura frente con mi cabeza proscrita? ¿Quién, viéndonos unidos, á ti tranquila y bella, á mí violento y fiero, á ti apacible, limpia como blanca azucena, á mí, á mí airado, sombrío, azotado por tantas tempestades; quién diría que nuestra suerte sigue la misma ley? No, Dios que lo hace bien todo, no te hizo á ti para mí. No me concedió el cielo derecho ninguno sobre ti; me resigno: poseer tu corazón sería un robo, y se lo restituyo al más digno. Jamás consintió el cielo en nuestro amor; y mentí, si te dije que era nuestro destino, mentí. Amor, venganza, ¡adiós! Se acabó todo: me voy avergonzado de no haber podido vengarme ni ser feliz. ¡Y que naciera para odiar yo que no he sabido más que amar! Perdóname, huye de mí: es ya mi único ruego; no lo desoigas, porque es también el último. Tú vives y yo muero. No veo por qué razón habrías tú de enterrarte conmigo.
D.ª SOL.--¡Ingrato!
HERNANI.--¡Montes de Aragón! ¡Galicia! ¡Extremadura! ¡Oh! Yo llevo la desgracia á todo lo que me rodea. Os quité vuestros mejores hijos; sin remordimiento les hice pelear por mis derechos y murieron. Eran los más bravos de la heróica España. Y cayeron, cayeron todos heridos en el pecho. He aquí lo que hago yo con todo lo que se me une. No, no es para ti unión esta de que debas tener celos. Cásate con el duque, con el diablo del Rey... enhorabuena: todo lo que no sea yo vale más que yo. Ni un amigo tengo que se acuerde de mí; todos me abandonan: tiempo es ya de que te llegue tu vez, porque debo quedar solo. Huye de mi contagio. ¡Oh! por piedad de ti huye de él. Acaso me creas un hombre como son los demás, un sér inteligente, que corre derecho al fin que se propuso. Desengáñate. Soy una fuerza que va, un agente ciego y sordo de fúnebres misterios, un alma formada de tinieblas. ¿Adónde voy? No lo sé. Pero me siento empujado por soplo impetuoso, por un loco destino, y bajo y bajo sin detenerme nunca. Si jadeante á veces vuelvo la cara atrás, oigo una voz que me grita: _¡Adelante!_ Y el abismo es profundo; y de fuego ó de sangre, lo veo todo rojo allá en lo hondo. Entre tanto, á una y otra mano de mi vertiginoso camino, todo se rompe, y muere todo. ¡Ay, del que me toca! ¡Oh! huye, aléjate de mi fatal camino, pues sin querer, doña Sol, te haría daño.
D.ª SOL.--¡Dios mío!
HERNANI.--El ángel de mi guarda ha de ser un demonio poderoso; mi felicidad es el único prodigio que le es imposible. Y tú eres la felicidad; no eres para mí. Toma otro esposo; y si algún día el cielo se aplacara... ¡Qué ironía! No, no lo esperes. Cásate con el duque.
D.ª SOL.--No era bastante haberme desgarrado el corazón y ahora me lo arrancas. ¡Ah! no me amas.
HERNANI.--¡Oh! mi corazón eres tú, mi alma eres tú, el ardiente foco que á mí me da luz y calor eres tú; pero no he debido hablarte así: no me quieras mal por eso.
D.ª SOL.--No, pero moriré.
HERNANI.--¡Morir tú! ¿Por quién? ¿Por mí? ¿Habrías de morir por tan poco?
D.ª SOL (_Rompiendo á llorar._)--Moriré.
(_Cae en una silla._)
HERNANI (_Acudiendo._)--¡Oh! ¡Lloras! Y siempre por culpa mía. ¿Quién me castigará, ya que tú siempre me perdonas? ¿Quién, á lo menos, pudiera hacerte ver lo que yo sufro, cuando una lágrima extingue la luz de tus ojos, que es la única luz del alma mía? Pero han muerto mis amigos; estoy loco... perdóname otra vez. Quisiera amar y no sé; y, sin embargo, me estoy muriendo de amor. No llores: muramos antes. ¡Que no tuviera yo un mundo que poner á tus piés! ¡Pero soy tan pobre!...
D.ª SOL (_Abrazándole._)--¡Oh! tú eres mi león soberbio y generoso, y yo... yo amo á mi león.
HERNANI.--¡Oh! El amor sería un bien supremo, si pudiéramos morirnos á fuerza de amar. ¿Quién de los dos se hubiera muerto antes?
LOS DOS Á LA VEZ.--Yo.
HERNANI (_Con desesperación._)--¡Oh, cuán dulce me sería una puñalada tuya!
D.ª SOL.--¡Ah! ¿No temes que te castigue Dios?
HERNANI (_Apoyando la frente en su seno._)--Pues bien, que Dios nos una. Tú lo quieres así, así sea. Yo he resistido.
(_Se contemplan extasiados sin ver ni oir nada en torno. Entra don Ruy por el fondo, los ve y se detiene como petrificado._)
ESCENA V
HERNANI, DOÑA SOL, DON RUY GÓMEZ
D. RUY (_Inmóvil y con los brazos cruzados._)--He aquí el pago de mi buena hospitalidad.
D.ª SOL.--¡Dios mío! ¡El duque!
(_Se aparta con sobresalto._)
[Ilustración]