Dramas (1 de 2): Hernani; El Rey se divierte; Los Burgraves

Part 4

Chapter 43,906 wordsPublic domain

D. RUY.--¿Es este el pago, señor huésped?--Buen señor, id á ver si la muralla es segura, si están las puertas cerradas y el arquero en su torre. Revisa tu castillo, busca en tu arsenal una armadura á tu medida; requiere á los sesenta años tu arnés de batalla: he aquí la lealtad con que pagaremos la tuya.--¡Santos del cielo! He vivido más de sesenta años, he encontrado á veces gentes desalmadas; muchas veces al sacar mi espada de la vaina he levantado caza de verdugo; he visto asesinos, traidores, monederos falsos, criados infieles que envenenan á sus amos; he visto á Sforza, á Borgia, á Lutero; pero nunca he visto perversidad tan grande que no hubiera temido el rayo de Dios haciendo traición á su huésped. Esto no es de mi tiempo: tan negra traición petrifica á un anciano en el umbral de su casa, como si fuera la estatua de su misma tumba. ¿Quién es este hombre? ¡Oh vosotros, todos los Silvas que aquí me escucháis! (_Á los retratos._) perdonad si ante vosotros, perdonad si en mi cólera, llamo á la hospitalidad mala consejera.

HERNANI.--Señor duque...

D. RUY.--¡Silencio! (_Adelanta unos pasos._) ¡Muertos sagrados! ¡Mayores míos! ¡hombres de hierro, que veis lo que viene del cielo y del infierno! decidme quién es este hombre. ¿Es Hernani ó Judas Iscariote? Hablad, decidme su nombre. (_Crúzase de brazos._) ¿Visteis en vuestros días nada semejante?

HERNANI.--Señor duque...

D. RUY (_Á los retratos._)--¿Veis? ¡Quiere hablar el infame! Pero mejor que yo veis vosotros su alma. ¡Oh, no le escuchéis, es un trapacero! Prevé sin duda que mi brazo va á ensangrentar mis lares, que mi corazón acaso engendra en sus tempestades una venganza, hermana del festín de las Siete cabezas, y os dirá que es proscrito, que se hablará de Silva como se habla de Lara, y... que es mi huésped, y que también lo es vuestro... ¡Antepasados míos! ya lo veis: suya es la culpa, mía no. Juzgad entre los dos.

HERNANI.--Ruy Gómez de Silva, si jamás se elevó al cielo una frente noble, si hay un corazón hidalgo, un alma grande en el mundo, es vuestra alma, señor; es la tuya, huésped mío. Soy culpable y no tengo que decir nada en mi abono, sino que soy digno de tu cólera. Sí, he querido robar á tu esposa, y hasta manchar tu lecho: es una infamia. Pero sangre tengo: derrámala, limpia luégo tu espada y en paz.

D.ª SOL.--Señor, yo sola soy la culpable; castigadme á mí sola.

HERNANI.--Callad, doña Sol, porque esta hora es suprema y me pertenece á mí: no tengo ya nada más. Así, dejad que á solas me explique aquí con el duque. Duque, cree en mis últimas palabras. Soy culpable; pero no te inquietes: te juro que es pura. Así, para ella, pura, tu amor y tu fe; para mí, culpable, tu espada ó tu hacha ó tu puñal; después mandas tirar afuera mi cadáver, y lavar el suelo, manchado con mi sangre y... en paz.

D.ª SOL.--¡Ah! Yo soy la causa de todo, porque le amo. (_Don Ruy retrocede sorprendido y mira á la novia con fulgurantes ojos. Sol cae de rodillas y añade._) ¡Oh! Perdonad, señor; pero le amo.

D. RUY (_Con escándalo._)--¿Le amáis? (_Á Hernani._) ¡Tiembla pues! (_Són de trompetas fuera. Entra un paje._) ¿Qué es eso?

EL PAJE.--El Rey; señor duque, el Rey que viene en persona con un cuerpo de arqueros; toca su heraldo.

D.ª SOL.--¡Gran Dios! ¡El Rey! ¡Esto faltaba!

EL PAJE.--Pregunta el Rey por qué está cerrado el castillo y manda abrir la puerta.

D. RUY.--Abrid al Rey. (_Sale el paje._)

D.ª SOL.--¡Está perdido!

(_Don Ruy va á un cuadro, que es su propio retrato y el último á la izquierda, toca un resorte, y se abre una puerta dejando ver un escondrijo practicado en el muro. Luégo se vuelve á Hernani._)

D. RUY.--Entrad aquí.

HERNANI.--Mi cabeza es vuestra. Entregádsela, señor: estoy dispuesto á morir.

(_Entra en el escondrijo y vuelve á cerrar don Ruy._)

D.ª SOL (_Al duque._)--¡Señor, piedad para él!

EL PAJE (_Volviendo._)--¡El Rey!

(_Sol se baja precipitadamente el velo. Ábrese de par en par la puerta del fondo, y entra don Carlos de punta en blanco, seguido de multitud de caballeros y demás gente de guerra._)

ESCENA VI

DON RUY GÓMEZ, DOÑA SOL, DON CARLOS, séquito

(_Avanza don Carlos á paso lento, con la mano izquierda en el pomo de su espada y la derecha en el pecho, mirando al duque con expresión de desconfianza y cólera. Don Ruy sale á recibir al rey y lo saluda con extremada zalema. Silencio pavoroso._)

D. CARLOS.--¿Á qué se debe, amado primo, que esté hoy tan bien cerrada la puerta de tu castillo? ¡Por Santiago! Yo suponía más enmohecida tu espada. Ni sabía que estuviera tan ganosa de relucir en tu mano, cuando venimos á verte. (_Va á hablar el duque y él prosigue con imperio._) Es empeñarse algo tarde en echársela de mozo. ¿Hay acaso moros en campaña? ¿Acaso me llaman Boabdil ó Mahoma y no Carlos de Austria? Contesta ahora.

D. RUY.--Señor...

D. CARLOS (_Á sus caballeros._)--Tomad vosotros las llaves y apoderaos de las puertas. (_Salen dos caballeros, otros ordenan en triple fila á los soldados desde el rey hasta la puerta. Don Carlos se encara con el duque._) ¡Ah! Vosotros despertáis las rebeliones muertas. ¡Pardiez! Señores duques, si pretendéis hombrear con el rey, tened por cierto que el rey sabrá ser lo que es: vuestro amo y señor. Y á las crestas más altas de los montes donde tenéis vuestros nidos, iré personalmente á destruir con mis propias manos vuestros altivos señoríos.

D. RUY (_Irguiéndose._)--Los Silvas fueron siempre leales, y...

D. CARLOS (_Interrumpiéndole._)--Sin rodeos, duque, contéstame, ó mando arrasar tus once torres. Del incendio apagado, queda una chispa aún; de los rebeldes, muertos en la refriega, quedó ileso el caudillo, que se puso á buen recaudo. ¿Quién lo encubre? ¡Tú! ¡tú ocultas aquí en tu castillo á Hernani, cuya cabeza he puesto á precio por sus crímenes!

D. RUY.--Es verdad.

D. CARLOS.--Muy bien. Quiero su cabeza... ó la tuya. ¿Oyes?

D. RUY (_Inclinándose._)--Seréis satisfecho.

(_Doña Sol se deja caer en un sillón con la cabeza entre las manos._)

D. CARLOS.--En buen hora. Vé á traer á mi prisionero.

(_El duque cruza los brazos, baja la cabeza y queda un momento pensativo. El Rey y doña Sol esperan en silencio agitados por contrarias emociones. Por fin levanta la cabeza el anciano, toma de la mano al Rey y lo lleva lentamente al primer retrato, á la derecha del espectador._)

D. RUY (_Indicándole el retrato._)--Este es el mayor de los Silvas, el abuelo, el grande hombre; Silvio, el que fué tres veces cónsul de Roma. (_Pasando al segundo._) Don Galcerán de Silva, otro Cid, cuyos sagrados restos se guardan en Toro, en dorado féretro alumbrado por mil cirios. Él libró á León del tributo de las cien doncellas. (_Al tercero._) Don Blas de Silva, que por sí mismo se desterró viendo mal aconsejado á su rey. (_Al cuarto._) Cristóbal. En el combate de Escalona, el rey don Sancho huía á pié y á su blanco penacho se asestaban todos los golpes. ¡Cristóbal! gritó el rey llamándolo en su ayuda. Cristóbal tomó la blanca pluma y le dió su caballo. (_Al quinto._) Don Jorge, el que pagó el rescate de Ramiro, rey de Aragón.

[Ilustración]

D. CARLOS (_Cruzando los brazos y mirando al duque de piés á cabeza._) ¡Pardiez! Ruy Gómez de Silva, os admiro. Continuad.

D. RUY (_Pasando al sexto._)--Ved aquí á Ruy Gómez de Silva, gran maestre de Santiago y de Calatrava. Su armadura, sólo vendría bien á un cuerpo de gigante. Tomó trescientas banderas, ganó treinta batallas, reconquistó para el rey á Motril, Antequera, Suez, Níjar... y murió pobre. Saludadle, señor. (_Se inclina y descubre y pasa al séptimo, haciéndose visible la impaciencia y cólera del rey._) Á su lado, don Gil de Silva, su hijo, espejo de lealtad: su mano, para un juramento, valía lo que la del rey. (_Al octavo._) Don Gaspar de Mendoza y de Silva, honor de su progenie. Todas las casas nobles tienen algo que ver con la de Silva. Sandoval sucesivamente nos teme y se nos enlaza; Manrique nos envidia; Lara nos respeta; Alencastro nos odia. Tocamos á la vez con el pié á todos los duques, con la frente á todos los reyes.

D. CARLOS.--¡Pardiez!

D. RUY.--Este es don Vasco, llamado el Sabio. Éste don Jaime el Tuerto, que atajó un día él solo á Zanut y otros cien moros. (_Á un gesto de impaciencia del rey pasa de largo y va á los tres últimos retratos de la izquierda._) He aquí á mi noble abuelo. Vivió sesenta años guardando la fe jurada aun á los judíos. (_Al penúltimo._) Este anciano de sagrada cabeza es mi padre. Fué grande aunque fué el último que vino. Los moros de Granada habían hecho prisionero al conde Álvar Girón, su amigo; pero mi padre tomó para ir á rescatarlo seiscientos hombres de guerra; hizo labrar en piedra un conde Álvar Girón que llevó consigo y juró por su santo patrono que no desistiría de su empeño hasta que el conde de piedra volviera de suyo la cabeza. Combatió, y luégo fué al conde y le salvó.

D. CARLOS.--Muy bien... Venga mi prisionero.

D. RUY.--«Era un Gómez de Silva». Esto dicen cuando en esta mansión ven tantos héroes.

D. CARLOS.--Mi prisionero, sin más demora.

(_El duque se inclina ante el rey y lo lleva de la mano al último retrato, que sirve de puerta al escondrijo de Hernani, Sol le sigue ansiosa con la vista._)

D. RUY.--Este retrato es el mío. ¡Gracias, Rey de Castilla! pues queréis que digan al verlo aquí: «Este último, hijo de una raza nobilísima, fué un traidor á su fe, pues vendió la cabeza de su huésped».

(_Alegría de Sol. Movimiento de estupor en los circunstantes. Desconcertado el rey se aparta con ira permaneciendo en silencio buen espacio._)

D. CARLOS.--Duque, tu castillo me estorba y voy á derribarlo.

D. RUY.--¿Porque me vengaría tal vez?

D. CARLOS.--Arrasaré tus torres por tanta audacia, y cáñamo he de sembrar en tus solares.

D. RUY.--Señor, más vale ver el cáñamo en el solar de mis torres, que una mancha en el blasón de los Silvas. ¡Sombras de mis mayores! (_Á los retratos._) ¿no es verdad?

D. CARLOS.--En conclusión, duque, esa cabeza es nuestra y tú me has prometido...

D. RUY.--Yo he prometido la una ó la otra. (_Á los retratos._) ¿No es verdad? Os doy esta (_la suya_): tomadla, pues.

D. CARLOS.--Muy bien, duque. Pero pierdo en el cambio. La cabeza que necesito es la de un joven: muerta, hay que cogerla de los cabellos, y en vano lo intentaría el verdugo con la tuya, que no tiene un puñado por donde asirla.

D. RUY.--No me afrentéis, señor. Mi cabeza bien vale todavía por la de un rebelde. ¿No es de vuestro real agrado la cabeza de un Silva?

D. CARLOS.--Entréganos á Hernani.

D. RUY.--Señor, ya he dicho en verdad cuanto tenía que decir.

D. CARLOS (_Á los suyos._)--Registrad todo el castillo sin que os quede por ver torre, rincón ni agujero.

D. RUY.--Mi castillo es tan leal como yo: sólo él sabe mi secreto y los dos lo guardaremos bien.

D. CARLOS.--¡Cuenta que soy el rey!

D. RUY.--Como de mi castillo, demolido piedra á piedra, no se haga mi sepulcro, no encontraréis lo que buscáis.

D. CARLOS.--Ruegos, amenazas, todo es en vano. Duque, entrégame el bandido, ó cabeza y castillo, todo lo derribaré.

D. RUY.--He dicho.

D. CARLOS.--Pues bien: en lugar de una, dos cabezas tendré. (_Al duque de Alcalá._) ¡Hola! Prended al duque.

D.ª SOL (_Arrancándose el velo é interponiéndose._)--Don Carlos de Austria, sois un mal rey.

D. CARLOS (_Turbado._)--¡Gran Dios! ¿Qué veo?

D.ª SOL.--No tenéis corazón ó no es el corazón de un español.

D. CARLOS.--Señora, sois muy severa con el rey. (_Acercándose. Bajo._) Vos sois la causa de mi cólera. Un hombre se vuelve ángel ó demonio al llegar á vos. ¡Ah! ¡cuán presto se malea el aborrecido! ¡Oh! Si hubiérais querido, acaso habría sido yo, que era grande, el león de Castilla: con vuestro enojo me hicisteis un tigre. ¿No lo oís rugir? (_Sol le echa una mirada y él se inclina._) Sin embargo, señora, obedeceré. (_Volviéndose al duque._) Mucho te estimo, primo Silva. Al cabo, al cabo, tus escrúpulos pueden parecer legítimos. Sé fiel á tu huésped, infiel á tu rey. En buen hora. Te perdono y soy mejor que tú: pero me llevo en rehenes á tu sobrina.

D. RUY.--¡Esto solo!

D.ª SOL (_Indecisa._)--¿Á mí, señor?

D. CARLOS.--Sí, á vos.

D. RUY.--¿Nada más? ¡Oh clemencia! ¡Oh generoso vencedor, que perdona la cabeza y tortura el corazón!

D. CARLOS.--Elige: tu sobrina ó el rebelde. Necesito uno de los dos.

D. RUY.--¡Oh! Sois el dueño.

(_El Rey se acerca á Sol para llevársela, y la doncella se ampara de su tío._)

D.ª SOL.--Salvadme, señor. (_Deteniéndose. Aparte._) ¡Desdichada de mí!

D. CARLOS.--Forzoso es. Ó la cabeza de vuestro tío ó la de Hernani.

D.ª SOL.--Antes la mía. (_Al rey._) Os seguiré.

D. CARLOS (_Aparte._)--¡Pardiez! ¡Gran idea! Al fin tienes que ablandarte, hija mía.

(_Sol va con paso firme al cofrecito de las joyas y toma el puñal, que esconde en su seno. Don Carlos se le acerca y le ofrece la mano._)

D. CARLOS.--¿Qué tomáis?

D.ª SOL.--Nada, señor.

D. CARLOS.--¿Alguna joya?

D.ª SOL.--Sí.

D. CARLOS.--Veamos.

D.ª SOL.--Ya la veréis después.

(_Le da la mano y se apresta á seguirle. Don Ruy que quedó inmóvil y como asombrado, da algunos pasos gritando_:)

D. RUY.--¡Sol! ¡Sobrina! ¡Esposa mía! ¡Ira de Dios! ¡Pues que el hombre no tiene entrañas aquí, derrumbaos en mi ayuda, piedras de mis murallas! (_Corre tras del Rey._) ¡Dejadme á mi sobrina! ¡á mi esposa! ¡á mi hija! ¡No tengo más que á ella!

D. CARLOS (_Soltando la mano de Sol._)--Entonces entregadme el prisionero.

(_El duque baja la cabeza y parece que sostiene una lucha dolorosa. Yérguese al fin y mira á los retratos juntando las manos en actitud de súplica._)

D. RUY.--¡Tened vosotros todos piedad de mí! (_Da un paso hacia el escondrijo._) ¡Oh! velaos; vuestra mirada me detiene. (_Avanza vacilante hasta su retrato y después se vuelve al rey._) ¿Así lo queréis?

D. CARLOS.--Sí.

(_El duque temblando lleva la mano al resorte._)

D.ª SOL. (_Aparte._)--¡Dios mío!

D. RUY.--¡No! (_Echándose á los piés del rey._) Por piedad, señor, tomad mi cabeza.

D. CARLOS.--Tu sobrina.

D. RUY.--Llévatela y déjame el honor.

D. CARLOS (_Tomando la mano de Sol._)--Adiós, duque.

D. RUY.--Adiós. (_Sigue al rey con la vista y luégo crispa la diestra sobre su puñal._) ¡Dios... Dios te guarde, señor! (_Vuelve al proscenio y queda inmóvil, jadeante, sin ver ni oir. Entre tanto sale con el rey su séquito, hablando entre sí dos á dos._) ¡Oh Rey! Mientras tú abandonas gozoso mi noble casa, sale de mi afligido corazón mi vieja lealtad.

(_Alza los ojos y mira en torno de sí viendo que está solo. Corre á una panoplia, descuelga dos espadas, las mide y las deja sobre una mesa. Hecho esto, va á la puerta del retrato y la abre._)

ESCENA VII

RUY GÓMEZ, HERNANI

D. RUY.--Sal. (_Sale Hernani, á quien indica el duque las dos espadas._) Elige. El rey está fuera del castillo. Ajustemos, pues, la cuenta pendiente. Elige, pues, y despachemos pronto. ¡Vamos! ¡Tiembla tu mano!

HERNANI.--¡Un duelo! No, no podemos batirnos.

D. RUY.--¿Por qué? ¿Tienes miedo? ¿No eres noble? Noble ó no, para cruzar las espadas, el hombre que me ultraja es harto caballero.

HERNANI.--Anciano...

D. RUY.--Ven á matarme ó á morir, joven.

HERNANI.--Á morir sí. Me habéis salvado á pesar mío, y os pertenece mi vida: tomadla pues.

D. RUY.--¿Tú lo quieres? (_Á los retratos._) Ya veis que él lo quiere. (_Á Hernani._) Está bien. Ponte bien con tu conciencia y dirige á Dios tus ruegos.

HERNANI.--Á vos, señor, dirijo el último.

D. RUY.--Habla al otro Señor.

HERNANI.--No, no, á vos. Anciano, matadme: daga, espada ó puñal, todo es bueno para mí. Mas por piedad, dignaos concederme una gracia suprema. Señor duque, antes de morir permitidme que la vea.

D. RUY.--¡Verla!

HERNANI.--Á lo menos permitidme que la oiga por la última vez.

D. RUY.--¡Oirla!

HERNANI.--¡Oh! Comprendo, señor, vuestros celos; pero ya en manos de la muerte ¿qué podéis temer de mí? ¿Queréis que la oiga, aunque no la vea siquiera? Y luégo moriré. ¡Oh! ¡Con cuánta dulzura exhalaría el último suspiro de mi vida, si antes de volar al cielo pudiera ver mi alma la suya en sus ojos! No le diré nada: vos estaréis presente y después me mataréis.

D. RUY (_Indicando el escondrijo aún abierto._)--¡Santo Dios! ¿tan profundo es ese albergue, tan sordo y tan perdido que no haya oído nada?

HERNANI.--Nada he oído.

D. RUY.--Ha sido preciso entregar á doña Sol ó á ti.

HERNANI.--¿Á quién?

D. RUY.--Al rey.

HERNANI.--¡Estúpido viejo! ¡El rey la ama!

D. RUY.--¿La ama?

HERNANI.--¡Es nuestro rival y nos la ha robado!

D. RUY.--¡Maldición! ¡Á mí mis vasallos! ¡Á caballo! ¡Persigamos al raptor!

HERNANI.--Escuchad: la venganza á pié firme hace menos ruido en el camino. Yo os pertenezco y podéis matarme. Pero antes ¿queréis emplearme en vengar á vuestra sobrina? Voy á la parte en la venganza y os juro que he de ayudaros... ¡Oh! Concededme esta gracia, que os pediré de rodillas si es preciso. Sigamos al Rey los dos. Vamos; yo seré vuestro brazo; yo os vengaré, señor duque. Después me mataréis á mí.

D. RUY.--¿Y entonces como ahora me estarás sumiso?

HERNANI.--Os lo juro.

D. RUY.--¿Por quién?

HERNANI.--Por la memoria de mi padre.

D. RUY.--¿Te acordarás de esto un día de tu propia voluntad?

HERNANI (_Presentándole una bocina que se quita del cinto._)--Guardad esta bocina. Suceda lo que quiera, siempre que á bien lo tengáis, en cualquier lugar y á cualquier hora, si creéis que es llegada la de mi muerte, no tenéis más que tocar el cuerno y yo mismo acudiré á ponerme en vuestro poder.

D. RUY.--La mano. (_Se la estrecha._) Todos vosotros sois testigos. (_Á los retratos de sus mayores._)

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ACTO IV

EL SEPULCRO

AQUISGRÁN

El subterráneo que encierra el sepulcro de Carlomagno en Aquisgrán.--Grandes bóvedas de arquitectura lombarda; gruesos pilares bajos, arcos, capiteles con relieves de pájaros y flores.--Á la derecha el sepulcro de Carlomagno con una puertecita de bronce baja y cimbrada.--Una sola lámpara, suspendida de una clave, alumbra la inscripción: CAROLUS MAGNUS.--Noche. No se ve el fondo del subterráneo, perdiéndose la vista en las arcadas, las escaleras y los pilares.

PERSONAJES

DON CARLOS. HERNANI. DON RUY GÓMEZ DE SILVA. DOÑA SOL. DON RICARDO. EL REY DE BOHEMIA. EL DUQUE DE BAVIERA. LOS CONJURADOS.

ESCENA I

DON CARLOS, DON RICARDO DE ROJAS, conde de Casapalma, con una linterna en la mano

D. RICARDO (_Sombrero en mano._)--Aquí es.

D. CARLOS.--¡Aquí se reune la Liga! Voy á tenerlos á todos juntos en mi mano. ¡Ah! Señor elector de Tréveris, aquí es. Le habéis ofrecido este lugar y... ciertamente está bien elegido. Negra maquinación prospera á la sombra de las catacumbas. Bueno es aguzar los puñales en la piedra de los sepulcros. Pero este es juego muy arriesgado; va en ello la cabeza, señores asesinos. En fin, ya veremos. Desde luego hicieron bien en elegir un sepulcro para tal empeño: así tendrán que andar menos, si pierden. (_Á Rojas._) ¿Se extienden mucho estos subterráneos?

D. RICARDO.--Hasta la fortaleza.

D. CARLOS.--Más de lo que se necesita.

D. RICARDO.--Otros por este lado corren hasta el monasterio de Altenheim.

D. CARLOS.--Donde Rodolfo exterminó á Lotario. Repíteme, conde, repíteme nombres y agravios, dónde, cómo y por qué.

D. RICARDO.--Gotha...

D. CARLOS.--Sé por qué el buen duque conspira: quiere un alemán de Alemania en el imperio.

D. RICARDO.--Hohemburgo...

D. CARLOS.--Ese, según entiendo, preferiría el infierno con Francisco al cielo conmigo.

D. RICARDO.--Don Gil Téllez Girón.

D. CARLOS.--¡Ira de Dios! El infame conspira contra su rey.

D. RICARDO.--Dicen que os encontró una noche en su casa, cuando lo hicisteis barón y quiere vengar el honor de su cara mitad.

D. CARLOS.--Entonces que se rebele contra España entera. ¿Quién más?

D. RICARDO.--Cítase también al reverendo Vázquez, obispo de Ávila.

D. CARLOS.--¿También para vengar la virtud de su mujer?

D. RICARDO.--Después Guzmán de Lara, descontento, porque desea el collar de vuestra orden.

D. CARLOS.--¡Oh! Si sólo se trata de un collar... lo tendrá.

D. RICARDO.--El duque de Lutzelburgo. En cuanto á los designios que se le suponen...

D. CARLOS.--¡Gran cabeza!

D. RICARDO.--Juan de Haro, que quiere á Astorga.

D. CARLOS.--Esos Haros han dado siempre mucho que hacer al verdugo.

D. RICARDO.--No hay más.

D. CARLOS.--No están todos, conde. No has citado más que siete y son más, según mi cuenta.

D. RICARDO.--No miento á algunos bandidos pagados por Tréveris y Francia.

D. CARLOS.--Hombres sin escrúpulos, cuyo puñal se inclina siempre al oro, como la aguja al polo.

D. RICARDO.--Sin embargo, entre ellos ví á dos audaces compañeros, recién llegados, un mozo y un viejo...

D. CARLOS.--Sus nombres, su edad...

D. RICARDO.--Ignoro sus nombres; en cuanto á la edad, el uno tendrá unos veinte años...

D. CARLOS.--¡Qué lástima!

D. RICARDO.--Y el otro sesenta á lo menos.

D. CARLOS.--El uno no tiene aún edad para conspirador, y el otro no la tiene ya. Peor para los dos. Cuidaré de ellos. El verdugo puede contar con mi ayuda, en caso necesario. ¡Oh! Si su hacha se embota contra los traidores, yo le prestaré mi espada, enemiga de las facciones. Si se me obliga, he de coser al paño del cadalso mi púrpura imperial. Pero ¿seré emperador?

D. RICARDO.--El colegio, reunido ya, delibera á estas horas.

D. CARLOS.--¿Qué sé yo? Nombrarán á Francisco primero ó al sajón, su Federico el Sabio. Lutero tiene razón; todo va mal. ¡Buenos fautores de majestades, que no aceptan sino razones doradas! Un sajón hereje, un conde Palatino imbécil, un primado de Tréveris libertino. En cuanto al rey de Bohemia, ese está por mí. Príncipes de Hesse, más pequeños aún que sus Estados, mozos idiotas, viejos libertinos, coronas; pero cabezas... que vayan por ellas. Enanos, que podría yo, ¡ridículo concilio! llevar como Hércules en mi piel de león. Me faltan tres votos, conde ¡todo me falta! Por esos tres votos daría yo á Gante, Toledo y Salamanca, tres ciudades á su elección, conde; tres de mis mejores ciudades de Castilla ó de Flandes... para recobrarlas más tarde, por supuesto. Ya lo oyes. (_Don Ricardo se inclina profundamente y se pone el sombrero._) ¿Os cubrís?

D. RICARDO.--Señor, me habéis tuteado y soy ya grande de España.

D. CARLOS (_Aparte._)--Le compadezco. ¡Ambicioso de nada! ¡Qué interesada amistad! ¡Cómo al través del nuestro siguen sus pensamientos! ¡Viles y famélicos mendigos de la corte á quienes el rey echa á migajas la grandeza! Sólo Dios y el emperador son grandes... y el Padre Santo; los demás reyes y duques... ¡Pardiez!

D. RICARDO.--Yo espero que proclamen á Vuestra Alteza.

D. CARLOS (_Aparte._)--¡Alteza, alteza á mí! Tengo desgracia en todo... ¡Si no pudiera pasar de rey!...

D. RICARDO (_Aparte._)--Sea ó no emperador, yo soy ya grande de España.

D. CARLOS.--Luégo que hayan elegido el emperador de Alemania ¿qué señal anunciará su nombre á la ciudad?

D. RICARDO.--Un cañonazo, si es el duque de Sajonia; dos, si es el rey Francisco; tres, si es don Carlos de Austria, rey de España.

D. CARLOS.--¡Y esa doña Sol!... Todo me irrita y me ofende. Conde, si por casualidad soy yo el emperador, corre á traerla... Acaso quiera un César...

D. RICARDO (_Sonriendo._)--Vuestra Alteza es demasiado bueno, y...

D. CARLOS (_Interrumpiéndole._)--Sobre eso, ni una palabra. Todavía no he dicho yo lo que quiero que se piense. ¿Y cuándo se sabrá el nombre del elegido?

D. RICARDO.--Dentro de una hora, á lo más.