Divinas palabras

Part 4

Chapter 43,946 wordsPublic domain

EL IDIOTA

¡Hou! ¡Hou!

MIGUELÍN

Dale otra, Ludovina.

LUDOVINA

Ya van tres por tu cuenta, tres perras.

MIGUELÍN

Cóbrate de ese machacante.

LUDOVINA

¡Viva el rumbo!

_Miguelín, la boca rasgada por una mala risa, y la lengua sobre el lunar rizoso del labio, hace beber al enano que, hundido en las pajas del dornajo, se relame torciendo los ojos. Bajo la campana de la chimenea resuena deformado el grito epiléptico._

EL IDIOTA

¡Hou! ¡Hou!

MIGUELÍN

Bebe, Napoleón Bonaparte.

EL SOLDADO

Píntale unos bigotes como los del Káiser

MIGUELÍN

Voy a afeitarle una corona.

LA TATULA

Tienes ideas del pecado.

_A canto del hogar, un matrimonio de dos viejos, y una niña blanca con hábito morado, reparten la cena. Rosquillas, vino y un pañuelo con guindas. La niña, extática, parece una figura de cera entre aquellos dos viejos de retablo, con las arrugas bien dibujadas y los rostros de un ocre caliente y melado, como los pastores de una Adoración. El grito del idiota pone la flor de una sonrisa en la boca triste de la niña._

LA NIÑA

¿Quieres pan de la fiesta, Laureaniño? ¿Y un melindre?

EL IDIOTA

¡Releche!

LA TATULA

Se encandila viendo a la rapaza. ¡Es muy pícaro!

_El idiota agita las manos con temblor de epilepsia, y pone los ojos en blanco. La niña deja sobre el dornajo guindas y roscos, y vuelve a sentarse en medio de los padres, abstraída y extática. Con su hábito morado y sus manos de cera, parece una virgen mártir entre dos viejas figuras de retablo._

LA MADRE

Ludovina, no consientas que tanto le den a beber. ¡A pique de que lo maten!

LA TATULA

¡Maldita palabra!

_El idiota, los ojos vueltos y la lengua muerta entre los labios negruzcos, respiraba con ahogado ronquido. La enorme cabeza, lívida, greñuda, viscosa, rodaba en el hoyo como una cabeza cortada. Miguelín el Padronés, sesgando la boca, sacaba la punta de la lengua y mojaba de salivilla el rizo de su lunar. Las otras sombras se inclinaban sobre el dornajo._

LUDOVINA

No le quitéis el aire.

MIGUELÍN

Metedlo de cabeza en el pozo, que eso se le pasa.

LUDOVINA

Tatula, sácalo para fuera. Aquí no quiero más danzas.

_Con la boca cada vez más torcida, araña la colcha remendada del dornajo, y sus manos, sacudidas de súbitos temblores, parecen afilarse. La niña y los viejos guardan una actitud cristiana, recogidos tras la llama del hogar._

EL PADRE

Lo acontecido no le acontece a la finada. Aquella tenía mano, pero este pronunciamiento de darle cada uno su copa...

LUDOVINA

Saca para fuera el carretón, Tatula.

MIGUELÍN

Mételo en el pozo, que eso no es nada.

EL SOLDADO

¡Nada más que la muerte!

LUDOVINA

¡Centellón! ¡Que no lo quiero bajo mis tejas!

LA TATULA

¡Acaso no sea muerte total!

LUDOVINA

Yo miro por mi casa: ¡Y tú tienes toda la culpa, Maricuela!

MIGUELÍN

Después de que pago las copas, aún me vienes con apercibimientos.

_El enano había tenido el último temblor. Sus manos infantiles, de cera oscura, se enclavijaban sobre la colcha de remiendos, y la enorme cabeza azulenca, con la lengua entre los labios y los ojos vidriados, parecía degollada. Las moscas del ganado acudían a picar en ella. Ludovina había dejado el mostrador._

LUDOVINA

¡Que no quiero compromisos en mi casa! ¡Centellón! ¡A ver cómo os ponéis todos fuera!

LA TATULA

Fuera me pongo. Pero conviene que todos se callen la boca de cómo se pasó este cuento.

LUDOVINA

Aquí ninguno vio nada.

_La vieja rueda el dornajo, y en el umbral de la puerta, blanco de luna, aparece la Mari-Gaila. Su sombra, llena de ritmos clásicos, se pronuncia sobre la noche de plata._

MARI-GAILA

¡Salud a todos!

LUDOVINA

Oportuna llegas.

MARI-GAILA

¿Qué misterio se pasa?

LA TATULA

Que la muerte no tiene aviso.

MARI-GAILA

¿El baldadiño?

LUDOVINA

Espichó.

MARI-GAILA

¡Espadas son desgracias! ¿Cómo a Séptimo le daría aviso? ¡Bien quisiera pedirle consejo!

MIGUELÍN

¿Dónde quedó?

MARI-GAILA

Fue llamado del Casino de los Caballeros.

LUDOVINA

El consejo es darle tierra.

MARI-GAILA

¿Tierra bendita?

LUDOVINA

¡No vas a enterrarlo al pie de un limonero!

EL PADRE DE LA NIÑA EXTÁTICA

Cumple en conciencia, y pon al hijo bajo la cruz de la madre.

MARI-GAILA

Habré de caminar toda la noche con el muerto en el carro. ¡Arrenegado el Demonio sea! Échame una copa, Ludovina. Tragos con tragos. Échame otra para que sea medio real. Si por mí preguntase Séptimo...

LUDOVINA

Tendrá respuesta. ¡Mari-Gaila, pónteme fuera! ¡No quiero más sobre mis bienes el aire del muerto!

MARI-GAILA

¡Nuestro Señor Misericordioso, te llevas mis provechos y mis males me dejas! ¡Ya se voló de este mundo quien me llenaba la alforja! ¡Jesús Nazareno, me quitas el amparo de andar por los caminos, y no me das otro sustento! ¡No harás para mí tus milagros, no me llenarás el horno de panes, Jesús Nazareno!

JORNADA SEGUNDA: ESCENA VIII

_Noche de luceros. Mari-Gaila rueda el dornajo por un camino blanco y lleno de rumor de maizales. Canta el cuco. Cuando fina, suena la risa tremolante del Trasgo Cabrío. Está sentado sobre un peñasco y con la barba greñuda, estremecida por una ráfaga de viento. Mari-Gaila lo conjura._

MARI-GAILA

¡A la una, la luz de la luna! ¡A las dos, la luz del sol! ¡A las tres, las tablillas de Mosén!

EL CABRÍO

¡Jujurujú!

MARI-GAILA

¡Arrenegado!

EL CABRÍO

¡Esta noche bien me retorciste los cuernos!

MARI-GAILA

¡A las cuatro, el canto del gallo!

EL CABRÍO

¡Jujurujú! ¡Bésame en el rabo!

_El paraje se trasmuda. Mari-Gaila atraviesa una calzada por un estero rielante. El Cabrío, sentado sobre las patas, en medio de la vereda, ríe con aquella gran risa que pasa retorciéndose por las perillas de su barba._

MARI-GAILA

¡A las cinco, lo que está escrito! ¡A las seis, la estrella de los Reyes! ¡A las siete, ceras de muerte!

EL CABRÍO

Cuando remates, echaremos un baile.

MARI-GAILA

¡A las ocho, llamas del Purgatorio! ¡A las nueve, tres ojos y tres trébedes! ¡A las diez, la espada del Arcángel San Miguel! ¡A las once, se abren las puertas de bronce! ¡A las doce, el trueno del Señor revienta en las tripas del Diablo Mayor!

_Mari-Gaila espera el trueno, y solo oye la risa del Cabrío. Otra vez se trasmuda el paraje. Hay una iglesia sobre una encrucijada. Las brujas danzan en torno. Por la puerta sale un resplandor rojizo, y pasa el viento cargado de humo, con olor de sardinas asadas. El Cabrío, sobre la veleta del campanario, lanza su relincho._

EL CABRÍO

¡Jujurujú!

MARI-GAILA

¡Arrenegado una y mil veces!

EL CABRÍO

¿Por qué me desconoces?

MARI-GAILA

¡Negro, si jamás te vi!

EL CABRÍO

¡Vente conmigo al baile!

MARI-GAILA

De tus romerías saber no quiero.

EL CABRÍO

¡Jujurujú! Te llevaré por los aires, más alto que el Sol y la Luna. ¡Jujurujú!

MARI-GAILA

Tu poder aborrezco.

EL CABRÍO

¿Quieres que te ponga al final de tu camino? Con solo soplar puedo hacerlo.

MARI-GAILA

Ya lo sé que puedes.

EL CABRÍO

Tú en toda la noche no das andado lo que te falta.

MARI-GAILA

¡Arrédrate, Cabrío, y déjame pasar!

_Mari-Gaila tira del dornajo sin poder moverlo. Lo siente pesado, como si fuese de piedra. El Cabrío deja oír su relincho._

EL CABRÍO

¡Jujurujú! En toda la noche no arribas a tu puerta. ¿Quieres mi ayuda?

MARI-GAILA

¿Por qué precio me la otorgas?

EL CABRÍO

Por ninguna cosa. En rematando el viaje echamos un baile.

MARI-GAILA

Como solamente fuera eso...

EL CABRÍO

Eso y no más.

MARI-GAILA

Tengo mejor cortejo.

EL CABRÍO

¡Jujurujú! A tu ventura te quedas.

_El Cabrío revienta en una risada, desaparece del campanario, cabalgando sobre el gallo de la veleta. Otra vez se trasmuda el paraje, y vuelve a ser el sendero blanco de luna, con rumor de maizales. Mari-Gaila se siente llevada en una ráfaga, casi no toca la tierra. El impulso acrece, va suspendida en el aire, se remonta y suspira con deleite carnal. Siente bajo las faldas la sacudida de una grupa lanuda, tiende los brazos para no caer, y sus manos encuentran la retorcida cuerna del Cabrío._

EL CABRÍO

¡Jujurujú!

MARI-GAILA

¿Adónde me llevas, negro?

EL CABRÍO

Vamos al baile.

MARI-GAILA

¿Por dónde vamos?

EL CABRÍO

Por arcos de Luna.

MARI-GAILA

¡Ay, que desvanezco! ¡Temo caer!

EL CABRÍO

Cíñeme las piernas.

MARI-GAILA

¡Qué peludo eres!

_Mari-Gaila se desvanece, y desvanecida se siente llevada por las nubes. Cuando, tras una larga cabalgada por arcos de Luna, abre los ojos, está al pie de su puerta. La Luna grande, redonda y abobada, cae sobre el dornajo donde el enano hace siempre la misma mueca._

JORNADA SEGUNDA: ESCENA IX

_Simoniña, en camisa, los pies furtivos y descalzos, desciende la escalera del sobrado. En la cocina, negra y vacía, resuenan los golpes con que llaman a la puerta._

SIMONIÑA

¡Están a petar, mi padre!

PEDRO GAILO

Petar petan...

SIMONIÑA

¿Pregunto quién sea?

PEDRO GAILO

¿Y qué mal puede venir de preguntar?

LA VOZ DE MARI-GAILA

¡Abriréis, condenados!

SIMONIÑA

¡Es mi madre que está de retorno! ¡Como ella es de ley!...

PEDRO GAILO

¡A saber qué achaque la trae!

SIMONIÑA

¿Dónde quedaron los mixtos?

PEDRO GAILO

De mi mano no quedaron.

LA VOZ DE MARI-GAILA

¡Ay, aborrecidos! ¿Es que cuidáis de tenerme toda la noche a la luna?

SIMONIÑA

Estoy a cachear por los mixtos.

LA VOZ DE MARI-GAILA

¡Llevo aquí la vida perdurable!

SIMONIÑA

Aguarde que encienda el candil.

_La sombra del sacristán, larga y escueta, asoma por encima del cañizo. Bajo la chimenea, el candil, ya encendido, se mece con lento balance, y la mozuela, cayéndole por los hombros la camisa, levanta las trancas de la puerta. Mari-Gaila se aparece en el claro de luna, negra y donosa. En el camino, medio volcado, está el carretón._

MARI-GAILA

¡Sois piedras cuando os echáis a dormir!

PEDRO GAILO

A los cuerpos cansados del trabajo, no ha de pedírseles que duerman con un ojo abierto, como las liebres.

MARI-GAILA

¿Qué estás a barullar, latino? ¡Así durmieses y no despertases!

PEDRO GAILO

¿No tienes mejores palabras cuando te acoges a tu casa, descarriada?

MARI-GAILA

¡No me quiebres la cabeza!

PEDRO GAILO

¡Más me cumplía, y era el rebanártela del pescuezo!

MARI-GAILA

¡Loqueaste, latino!

PEDRO GAILO

¿Dónde está mi honra?

MARI-GAILA

¡Vaya el cantar que te acuerda!

PEDRO GAILO

¡Te hiciste Pública!

MARI-GAILA

¡A ver si te enciendo las liendres!

SIMONIÑA

¡No comiencen la pelea!

MARI-GAILA

¡Buenos latines cuando perdimos nuestro bien!

SIMONIÑA

¿El baldadiño, mi madre?

MARI-GAILA

Espichó.

PEDRO GAILO

Por modo que... ¿Algún dolor repentino?

MARI-GAILA

Una alferecía. ¡Acabose nuestro provecho!

PEDRO GAILO

Él dejó de padecer, y no miró más.

MARI-GAILA

Cuatro machacantes junté en este medio tiempo.

_Mari-Gaila desanuda con los dientes una punta del pañuelo, y haciéndolas saltar en la mano, muestra las cuatro monedas. Simoniña, ante aquellas luces, comienza el planto._

SIMONIÑA

¡Ya se fue el sol de nuestra puerta! ¡Ya se acabó el bien de nuestra casa! ¡Ay, que se fue de este mundo sin mirar por nos!

PEDRO GAILO

Corresponde dar aviso a mi hermana Marica.

MARI-GAILA

Que la rapaza se llegue por su puerta al ser de mañana.

SIMONIÑA

¡Madre del Señor, cómo mi tía se va a poner de remontada! ¡La mar de Corrubedo!

MARI-GAILA

Tú no le hablas palabra. Le dejas el carretón a la puerta, y con la misma, te caminas.

SIMONIÑA

¿He de llevar el carretón?

MARI-GAILA

¡Por sabido, aborrecida! ¡Por sabido! ¡No han de ser nuestras costillas a pagar el entierro!

PEDRO GAILO

¡Y andar en declaraciones!...

SIMONIÑA

Falta que mi tía sea conforme.

MARI-GAILA

Cuando se mire con el carretón a la sombra de las tejas, verá si lo pone en salmuera.

PEDRO GAILO

Determinado de hacer conforme a este hablar, cumple que ello se remate antes de venirse el día.

MARI-GAILA

¡Ahí estás asesado, latino!

SIMONIÑA

No me llego a la puerta de mi tía sin cuatro chinarros en el mandil.

PEDRO GAILO

¡Calla, mal enseñada! ¡Es tu tía y no has de alzarte contra ella!

MARI-GAILA

Si te acoge con malas palabras, le rompes las tejas.

PEDRO GAILO

No hay caso de tal incumbencia, aprovechando el rabo de la noche.

MARI-GAILA

No dictaminas mal.

PEDRO GAILO

Hay que evitar pleitos entre familias. Simoniña, tú le dejas el carretón a la puerta, y te caminas sin promover voces.

SIMONIÑA

Ya pudo mi madre hacerlo cuando acá dio la vuelta.

PEDRO GAILO

Son discursos de hombre.

MARI-GAILA

¡Calla, latino! ¿Consideras que no alcanzo tanta doctrina?

PEDRO GAILO

No te hago de menos, pero el hombre tiene otras luces.

SIMONIÑA

¡Muera el cuento!

MARI-GAILA

Muerto y sepultado. Aprovecha este ínterin de noche y llega con el carretón a la puerta de tu tía.

SIMONIÑA

¡Estoy a temblar!

MARI-GAILA

¡Eres muy dama!

SIMONIÑA

¡El muerto me impone!

MARI-GAILA

Anda a turrar del carretón.

SIMONIÑA

¡Ir por esos caminos tan negros!

MARI-GAILA

Por ellos vino tu madre.

PEDRO GAILO

No seas rebelde, Simoniña.

SIMONIÑA

Venga usted conmigo, mi padrecito.

PEDRO GAILO

Yo te hablaré desde la puerta, Simoniña.

MARI-GAILA

No te dilates con retóricas, aborrecida.

_Simoniña se ata el refajo con manos temblorosas, échase el mantelo por la cabeza a guisa de capuz, y sale al camino haciéndose cruces y gimoteando. Por el claro de luna tira del negro carretón, donde la enorme cabeza del idiota, lívida y greñuda, hace su mueca. Las manos infantiles, enclavijadas sobre la cobija, tienen un destello cirial. Pedro Gailo, arrodillado en la puerta, con los brazos abiertos, envía la escolta de sus palabras._

PEDRO GAILO

¡Sé bien mandada!... ¡Llegas en una carrera!... ¿Óyesme?... ¡No lleves temor!... ¡Tienes luna!... ¿Óyesme?...

LA VOZ LEJANA DE SIMONIÑA

¡Hábleme, mi padrecito!

JORNADA SEGUNDA: ESCENA X

_Prima mañana, rosadas luces, cantos de pájaros. En la copa de las higueras abren los brazos derrengados peleles, y dos marranos gruñen sobre el dornajo, ante la puerta aún cerrada de Marica del Reino. La vieja, raída y pelona, saca la cabeza por el ventano, y con gritos espanta a las bestias._

MARICA DEL REINO

¡Cache!... ¡Cache!... ¡Cache, grandísimos ladrones!... ¡Nuestro Señor me valga, los bacuriños sobre el carretón! ¡A las calladas me lo trujeron! ¡Las malas almas ni una voz para advertirme!

_Marica del Reino, el refajo mal ceñido, y los pechos de cabra seca fuera del justillo, surge del fondo de la cocina, enarbolando la escoba._

MARICA DEL REINO

¡Cache, ladrones! ¡Cache, empedernidos!... ¡Alma, no te espantes! ¡No te me vayas, alma! ¡Ay, que toda la cara le comieron! ¡Devorado! ¡Devorado de los bacuriños! ¡Frío del todo!

_A las voces van acudiendo los vecinos: Asoman a los ventanos angostos que se abren al socaire de los tejados, se agrupan en los patines, salen de los establos, envueltos en el vaho de los mugidos. La bruja, toda en un grito, apalea las escurridas ancas de los puercos, que gruñen y dan vueltas en la querencia del carretón. Habla Serenín de Bretal, un viejo docto que ahora apaga un farol en la puerta del establo._

SERENÍN DE BRETAL

Está el mundo desgobernado. Ya las bestias se vuelven sin miramiento para comerse a los cristianos.

_Una mujer encinta que, rodeada de críos, está en lo alto de un patín, se santigua y abre los brazos sobre su prole, con expresión triste y resignada de muerte lenta._

LA MUJER EN PREÑEZ

¡Madre de Dios! ¡Madre de Dios!

SERENÍN DE BRETAL

Conócese que durmió el carretón a la luna.

UNA VIEJA EN UN VENTANO

Así pudo suceder.

LA MUJER EN PREÑEZ

¡Madre de Dios! ¡Madre de Dios!

MARICA DEL REINO

¡Calladamente esta noche me lo trujeron, y calladamente se caminaron sin revelarme del sueño con una voz, sin batirme en la puerta! ¡Su negra conducta ocasiona este ejemplo!

LA MUJER EN PREÑEZ

¡Su madre estaba a llamar por él!

MARICA DEL REINO

¡Aquí tenéis este cuerpo frío! ¡Cara y manos le comieron los cerdos! ¡Duélense las entrañas, la vista se duele viendo esta carnicería! ¡Testigos sois! ¡Comido de las bestias!

SERENÍN DE BRETAL

Las bestias no tienen idea.

LA VIEJA DEL VENTANO

¡Es manifiesto!

MARICA DEL REINO

¡Las entrañas se estremecen viendo estos despojos! ¡Abandonado fuiste a mi puerta, Laureaniño! ¡Almas soberbias te trajeron la muerte!

LA VIEJA DEL VENTANO

¡Extraño se hace que al ser mordido no diese voces!

UNA RAPAZA

Y pudiera ser que las diese, tía Justa.

MARICA DEL REINO

Hubiérame revelado del sueño.

LA MUJER EN PREÑEZ

Yo en toda la noche no cerré los ojos.

LA VIEJA DEL VENTANO

¡Se hace extraño!

SERENÍN DE BRETAL

¿Y si era muerto cuando los cerdos vinieron a comer en él? ¡Reparad que no ha corrido la sangre! ¡Y el carretón había de estar encendido! Conócese que murió del relente de la luna, que es una puñalada para estos titulados fenómenos.

LA VIEJA DEL VENTANO

¡A saber si lo trajeron ya muerto!

SERENÍN DE BRETAL

De andar en justicias no os libráis.

MARICA DEL REINO

¡Si hay culpados, no se verán sin cadena!

LA VIEJA DEL VENTANO

¡Muy calladamente vinieron!

MARICA DEL REINO

¡Un levante de barbas honradas había de haber contra este vituperio! ¿Quién te quitó la vida, Laureaniño? ¡Si hablaras tú, cuerpo muerto!

SERENÍN DE BRETAL

No alces esas voces, que son responsabilidades. El carretón finó de muerte propia, que nadie va contra su sustento.

MARICA DEL REINO

¿Quieres decir que acabó bajo mi custodia?

SERENÍN DE BRETAL

Quiero decir que se lo llevó la voluntad del Señor.

MARICA DEL REINO

¿Y por qué del sigilo con que me lo dejaron a la puerta? ¡Acabó en sus manos ladronas!

SERENÍN DE BRETAL

Si es así, tú cumples con volver a llevárselo. Como ellos hicieron, haces.

LA VIEJA DEL VENTANO

¡Aquí hay misterio!

FIN DE LA JORNADA SEGUNDA

JORNADA TERCERA

DIVINAS PALABRAS: JORNADA TERCERA: ESCENA PRIMERA

_La casa de los Gailos. En la cocina, terreña y ahumada, se acurrucan —sombras taciturnas— marido y mujer. Por el tejado rueda burlona una piedra, y un vuelo esparcido de rapaces que pasa ante la puerta, levanta esta copla:_

COPLA DE RAPACES

¡Tunturuntún! La Mari-Gaila. ¡Tunturuntún! Que tanto bailó. ¡Tunturuntún! La Mari-Gaila. ¡Tunturuntún! Que malparió.

MARI-GAILA

¡Hijos de la grandísima!

PEDRO GAILO

¡Prudencia!

MARI-GAILA

¡Centellas!

PEDRO GAILO

No los incitemos.

MARI-GAILA

¡Más mereces!

PEDRO GAILO

¡Titulada de adúltera!

MARI-GAILA

¡Titulado de cabra!

_Tornan a quedar en silencio. La sombra de una bruja pasa escurrida pegada a la casa, y se detiene a mirar por la puerta. Es Rosa la Tatula, encorvada, sin dientes, escueta la alforja y el palo en la mano. Mari-Gaila se levanta, y en voz baja tiene coloquio con la vieja. Entran las dos. Mari-Gaila canta._

LA TATULA

¿Nada me dices, Pedro Gailo?

PEDRO GAILO

Que vamos viejos, Tatula.

LA TATULA

Tú aún no rompes unas mangas.

MARI-GAILA

Y unas bragas. Por cuentos está virado contra mí, como un león africano. ¡Hasta habló de picarme el cuello!

LA TATULA

Es hablar que tienen los hombres.

MARI-GAILA

¡Si de hablar no pasa!

_Un profundo suspiro levanta el pecho de Mari Gaila. Con garbo de talle y brazos alcanza el pichel, llena una copa, que cata con mimos de lengua, y desde lejos, desgarrándose, se la ofrece al marido._

MARI-GAILA

¡Bebe!

PEDRO GAILO

¡Quería recibir a Dios!

MARI-GAILA

Bebe en mi copa.

PEDRO GAILO

Quería descargar mi conciencia.

MARI-GAILA

¿Me haces ese feo?

PEDRO GAILO

¡Tengo sobre mi alma una negra culpa!

MARI-GAILA

Bebe, que yo te lo ofrezco.

PEDRO GAILO

Mi alma no te pertenece.

MARI-GAILA

Bebe sin escrúpulo.

PEDRO GAILO

¡Pestilencia!

MARI-GAILA

¡Ahí tienes sus textos, Tatula!

PEDRO GAILO

¡Mujer de escándalo!

MARI-GAILA

¡Alumbrado!

_El sacristán échase fuera, negro y zancudo, mas queda espantado sobre el umbral, con los pelos de pie, los brazos en aspa. Marica del Reino, cubierta con el manteo, venía rostro a la casa, tirando del carretón._

PEDRO GAILO

¡El fin de los tiempos, mi hermana Marica!

MARICA DEL REINO

Lo recibido vuelvo.

MARI-GAILA

Ese cuerpo frío a mi puerta no lo dejas.

_Marica del Reino, antes de contestar, vuelve la cabeza: Una sombra y una mirada hostil, adivina a su espalda. Simoniña, que tornaba de la fuente, estaba erguida en medio del camino, las manos firmes en las caderas. En aquella hora tenía un recuerdo de su madre la Mari-Gaila._

SIMONIÑA

Llévese esa boleta, señora mi tía.

MARICA DEL REINO

Franquéame el paso.

SIMONIÑA

¡No se ponga en pasar!

MARICA DEL REINO

En pasar y en picarte la cresta.

SIMONIÑA

¡Acuda, mi padre!

PEDRO GAILO

¿Qué cisma traes a mi casa?

MARICA DEL REINO

Es difunto de tu sangre.

PEDRO GAILO

Y de la tuya, Marica.

MARICA DEL REINO

En mis manos no murió.

MARI-GAILA

Vivo te fue entregado, cuñada.

MARICA DEL REINO

¡Cuñada! ¡Maldita palabra que mi lengua encadena!

MARI-GAILA

¡Habla! ¡Tendrás tu respuesta!

MARICA DEL REINO

¡Malcasada!

PEDRO GAILO

¡Selle vuestra boca el respeto de la muerte! ¡Espante su presencia las malas palabras!

LA TATULA

¡Asustas!

SIMONIÑA

Abájese los pelos que tiene derechos, mi padre.

PEDRO GAILO

El que está sobre la puerta me los ha levantado con su aire. ¡Pide sepultura!

MARICA DEL REINO

Y cumples dándosela. ¡Pero no murió en mis manos, y la sepultura no es del mi cargo!

MARI-GAILA

¡Bruja cicatera!

MARICA DEL REINO

¡Malcasada!

PEDRO GAILO

¡Vete, Marica! ¡Vete de mi puerta! El sobrino tendrá su entierro de ángel.

SIMONIÑA

¡Muy rico se encuentra mi padre!

MARI-GAILA

¡Iluminado!

MARICA DEL REINO

¡Déjame paso, Simoniña!

SIMONIÑA

Está en pasar, y no pasa.

MARICA DEL REINO

¡Que te clavo esta lezna!

SIMONIÑA

¡Bruja!

MARICA DEL REINO

¡Que con ella el corazón te paso!

SIMONIÑA

¡Acuda, mi madre!

MARI-GAILA

¡Aborrecida, déjala que se vaya!

PEDRO GAILO

Simoniña, rueda para dentro de la casa ese cuerpo difunto. Hay que lavarle y amortajarle con mi camisa planchada, pues va a comparecer en presencia de Dios.

SIMONIÑA

¿Oye, mi madre?

MARI-GAILA

Oigo, oigo, y me estoy callada.

LA TATULA

No arméis vosotros una nueva parranda. Tres días que os pongáis con el carretón a la puerta de la iglesia, juntáis el entierro y mucho más.

MARI-GAILA

Tres días no los resiste con estas calores.

LA TATULA

Está curtido del aguardiente.

PEDRO GAILO

Hay que muy bien lavarle la cara, rabecharle las barbas que le nacían, y ponerle su corona de azucenas. Como era inocente, le cumple rezo de ángel.

MARI-GAILA

¿Y tú, latino, no tocas para la misa? ¿Esperas que toquen solas las campanas?

_Tapando la luz de la puerta, negro en la angosta sotana, el sacristán juzga de la hora por la altura del sol, y corre al atrio, sonando las llaves de la iglesia. En torno de la casa vuelve a rodar la copla de los rapaces._

COPLA DE RAPACES

¡Tunturuntún! La Mari-Gaila. ¡Tunturuntún! No sé que le dio. ¡Tunturuntún! La Mari-Gaila. ¡Tunturuntún! Que malparió.

JORNADA TERCERA: ESCENA II

_Mari-Gaila y la Tatula conversan secretamente a espaldas de la casa, bajo la pompa de la higuera donde abre los brazos el espantapájaros: Una sotana hecha jirones, vestida en la cruz de dos escobas._

LA TATULA

Ya podemos hablar sin misterio.

MARI-GAILA

Pues comienza.

LA TATULA

¿Recuerdas de la suerte que una cierta ocasión te pronosticaron las cartas?

MARI-GAILA

¡Cartas veletas!

LA TATULA

Prendas de amor te salieron por tres veces.

MARI-GAILA

¡Fallidos pronósticos!

LA TATULA

Tú misma pudiste leerlas.

MARI-GAILA

Mi suerte no muda.

LA TATULA

Será porque tú no quieras... He de darte cierto aviso.

MARI-GAILA

¿Qué es ello?

LA TATULA

Palabras de uno que espera las tuyas.

MARI-GAILA

¿Vienes mandada de Séptimo Miau?

LA TATULA

Diste pronto en el sujeto. ¿Sabrás igualmente cuál es su tocata?

MARI-GAILA

La tocata es buena.

LA TATULA

Quiere entrevistarse contigo.

MARI-GAILA

¡Ay, qué trueno! ¿Qué ceño puso al conocer el fin del carretón?

LA TATULA

Interrogó a los presentes, y sacó el hilo como un juez. Te conviene saberlo. El baldadiño espichó de tanta aguardiente como le hizo embarcar el maricuela.

MARI-GAILA

¡Había de ser ese ladrón! ¿Y Séptimo, qué dijo al enterarse?

LA TATULA