Divinas palabras

Part 3

Chapter 34,061 wordsPublic domain

_La Mari-Gaila rueda el dornajo y dice donaires. Para convocar gentes bate el pandero. Claros de sol entre repentinas lluvias. Tiempo de ferias en Viana del Prior. Rinconada de la Colegiata. Caballetes y tabanques bajo los soportales: Verdes y rojas estameñas, jalmas y guarniciones. Un campo costanero sube por el flanco de la Colegiata. Sombras de robles con ganados. A las puertas del mesón, alboroque de vaqueros, alegría de mozos, refranes de viejos, prosas y letanías de mendicantes. Miguelín el Padronés, bajo la mirada de la mesonera, laña una fuente de flores azules. Coimbra, vestida de colorines, irrumpe entre el gentío, y el alcázar del pájaro mago aparece sobre los hombros del farandul, que ahora se cubre el ojo izquierdo con un tafetán verde. El Compadre Miau levanta su tabanque a la puerta del mesón, y tañe la flauta haciendo bailar a Coimbra. El pájaro mago entra y sale en su alcázar, profetizando. Mari-Gaila se arregla sobre los hombros el pañuelo de flores, y buscando que la mire el farandul, canta una copla en el ritmo habanero que mueve la flauta del Compadre._

MARI-GAILA

¡Yo quisiera vivir en la Habana, A pesar del calor que hace allí, Y salir al caer de la tarde A paseo en un quitrí!

MIGUELÍN

¿Reconoces al hombre de tu sueño?

MARI-GAILA

Cambia por el ojo que lleva tapado.

MIGUELÍN

Compadre Miau, una suerte del pajarito para esta mujer. Yo la abono.

EL COMPADRE MIAU

Yo se la regalo, que más merece por su gracia. Colorín, saca la suerte de esta señora. Colorín, interroga su estrella.

MARI-GAILA

Mi suerte es desgracia.

_Colorín, caperuza verde y bragas amarillas, aparece en la puerta de su alcázar, con la suerte en el pico. Mari-Gaila recoge el billete, y sin desdoblarlo se lo entrega al farandul, que hace la lectura en una rueda de rostros atentos._

LECTURA DEL COMPADRE MIAU

«Venus y Ceres. En esta conjunción se descorren los velos de tu Destino. Ceres te ofrece frutos. Venus, licencias. Tu destino es el de la mujer hermosa. Tu trono, el de la Primavera.»

MARI-GAILA

¡Quebrados aciertos! Mi suerte es desgracia.

_Bajo el parral ancho y corrido sobre las puertas del mesón, las figuras se definen en una luz verdosa y acuaria. Miguelín el Padronés, lañada la fuente, se arrima al corro, la lengua sobre el lunar, la risa torcida, recogidos los brazos, el andar ondulante._

MIGUELÍN

¿Qué representa el ojo que lleva usted cubierto, Compadre Miau?

EL COMPADRE MIAU

Que con uno me basta para conocerle a usted las intenciones, Comadre Maricuela.

MARI-GAILA

Vuelve por otra, Padronés.

EL COMPADRE MIAU

¿No me hace gracia el ojo tapado? ¿Dígalo usted, señora?

MARI-GAILA

Si usted se lo descubre, amigo, podré compararlo.

EL COMPADRE MIAU

Luego nos apartaremos secretamente para el cotejo. ¿Hace?

MARI-GAILA

¿Qué representa esa palabra?

EL COMPADRE MIAU

¿Quiere decir si quedamos convenidos?

MARI-GAILA

Si usted lo desea.

_El Ciego de Gondar, con la montera derribada y una taza de vino entre las manos, asoma en la puerta del mesón. Tiene la risa jocunda del mosto y del yantar._

EL CIEGO DE GONDAR

Mari-Gaila, ven a echar un trago.

MARI-GAILA

Se agradece.

EL CIEGO DE GONDAR

Bebe para refrescar la voz, Mari-Gaila. Adentro oí tu copla.

_Mari-Gaila enjúgase los labios con un pico del pañuelo que lleva a la cabeza, recibe la taza desbordante y roja de manos del ladino viejo, y bebe gorjeando el vino en la garganta._

MARI-GAILA

¡Es canela!

EL CIEGO DE GONDAR

Propio del Condado.

MARI-GAILA

Y con estas calores se aprecia doblemente.

EL CIEGO DE GONDAR

¿Quieres catar ahora un blanco que hay de Amandi? ¡Sabe a fresas!

MARI-GAILA

¡Buena vida te das!

EL CIEGO DE GONDAR

Si quieres catarlo, entra.

MARI-GAILA

¿Y si da en mareárseme la chola?

EL CIEGO DE GONDAR

Nos subimos a dormir al sobrado.

MARI-GAILA

¡Condenada tema! ¿Cómo estás tú sin una buena rapaza?

EL CIEGO DE GONDAR

Las rapazas solamente valen para sí. Un ciego requiere mujer lograda.

EL COMPADRE MIAU

¡Más parece al contrario! Como no ve, no puede apreciar hermosura, y cuando palpe querrá encontrar las mollas prietas.

EL CIEGO DE GONDAR

¿Tú, cómo las tienes, Mari-Gaila?

LA VENTERA

Después de parir, no hay mollas duras.

MARI-GAILA

Eso va en la condición de cada mujer. Yo, después de parir tenía la carne que no se me agarraba un repulgo.

EL CIEGO DE GONDAR

Deja ver cómo las tienes ahora.

MARI-GAILA

Para que te acompañe, has de tener las manos quedas.

EL COMPADRE MIAU

¡Si usted se va, no podremos hacer el cotejo!

MARI-GAILA

¿Habla usted del cotejo del ojo biroque?

EL COMPADRE MIAU

¡Cabal!

MARI-GAILA

Nos juntamos luego.

EL COMPADRE MIAU

¿Quiere usted esperarme en el mesón?

MARI-GAILA

Con este amigo le aguardo, si no se tarda.

_Mari-Gaila bate en la espalda del viejo ladino, y penetra en el mesón, tirando del dornajo. Antes de desaparecer en la oscuridad del zaguán, se vuelve, y con un guiño dice abur a los que se quedan._

EL COMPADRE MIAU

El garbo de esa mujer no es propio de estos pagos. ¡Y el pico!

EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN

¡Pues no se dan las pocas mujeres de gusto y postín en esta tierra! Y usted habrá oído de una que tiene fama en el mundo. ¡La Carolina Otero! Pues esa es hija del legoeiro de San Juan de Balga. ¡Esa, la propia que se acuesta con el rey de los franceses!

EL COMPADRE MIAU

Los franceses no tienen rey.

EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN

Pues del que manda allí.

EL COMPADRE MIAU

Allí es República, como debiera serlo la España. En las Repúblicas manda el pueblo, usted y yo, compadre.

EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN

Pues entonces, ¿con quién se acuesta la hija del legoeiro de San Juan de Balga? ¡Porque la historia es cierta! ¡Y ahí tiene usted una hija que no se olvida de su madre! ¡La sacó de andar a pedir, y la puso taberna!

LA TATULA

¡Y pensar que una suerte como esa pudo tener la Mari-Gaila!

MIGUELÍN

Coplas de este amigo.

EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN

Este amigo, por tener andado mundo, debe entenderlo.

EL COMPADRE MIAU

Esa mujer, en unas manos que supiesen conducirla, pudo llegar adonde la otra.

EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN

¡Mucho decir es!

EL COMPADRE MIAU

No soy el primero. Colorín también se lo ha pronosticado, y en su pico está toda la ciencia de lo venidero. ¡A la suerte del pajarito, señoras y señores! ¡A la suerte del pajarito, que les descorrerá el velo del porvenir! ¡Señoras y señores, a la suerte del pajarito!

JORNADA SEGUNDA: ESCENA IV

_La quintana de San Clemente, a la caída de la tarde, en la hora de las Cruces. Está llena de pájaros y de sombras casi moradas. Pedro Gailo, el sacristán, pasea por el pórtico, batiendo las llaves. Con las barbas grises sin afeitar y las mejillas cavadas, el sacristán tiene algo que recuerda la llama amarilla de los cirios. Salen de la iglesia las últimas mujerucas, y reza sobre la tierra fresca de una sepultura, Marica del Reino._

PEDRO GAILO

¡Adiós, Marica! Al salir cierra la cancela.

MARICA DEL REINO

No te vayas sin hablar conmigo. Déjame rematar este Gloria.

_El sacristán se sienta en el muro del atrio sonando las llaves. Marica del Reino se santigua. El hermano la ve venir sin moverse._

MARICA DEL REINO

¿Qué era lo tratado?

PEDRO GAILO

¿Por dónde vienen esas palabras, Marica?

MARICA DEL REINO

¿Y no se te alcanza? ¡Pues es manifiesto!

PEDRO GAILO

Si no haces más luz...

MARICA DEL REINO

¿Qué fue del carretón?

PEDRO GAILO

Cuanto tú sabes, cuanto sé.

MARICA DEL REINO

¡Así dejas que la mujer se te vaya extraviada!

PEDRO GAILO

Tiene quien le cubra la honra.

MARICA DEL REINO

¡Ay, hermano mío, otro tiempo tan gallo, y ahora te dejas así picar la cresta! ¿Qué te dio esa mala mujer que de tu honra no miras?

PEDRO GAILO

¡Llegas como la serpiente, Marica!

MARICA DEL REINO

¡Porque te hablo verdad, me motejas!

PEDRO GAILO

¡Te dejas mucho llevar de calumnias, Marica!

MARICA DEL REINO

¡Calumnias! ¡Ojalá lo fueran, que esa mala mujer, con su conducta, es oprobio de nuestras familias!

PEDRO GAILO

¡Tanto hablar, tanto hablar, pudiese acontecer que diese fin de mi prudencia! Ya no le queda más que el rabo.

MARICA DEL REINO

¡Acaba de desollarlo, y paga en esta tu hermana, que lo es, la rabia de tu honra!

PEDRO GAILO

No iban por ti mis palabras, aunque bien pudieran ir. ¡Son muchas las malas lenguas!

MARICA DEL REINO

¡Ya se te caerá la venda, hermano mío!

PEDRO GAILO

¿Qué puñela quieres que haga? ¡Tú buscas que tu hermano se pierda!

MARICA DEL REINO

¡Busco que no sea consentido!

PEDRO GAILO

¡Que se pierda!

MARICA DEL REINO

¡Tendrás honra!

PEDRO GAILO

¡La honra de una cárcel!

MARICA DEL REINO

No te digo que la mates, pero májala.

PEDRO GAILO

Se me vuelve.

MARICA DEL REINO

No le darás a ley.

PEDRO GAILO

Estoy resentido de pecho. ¡Considera!

MARICA DEL REINO

¡Por qué considero!

PEDRO GAILO

Para alcanzar alguna cosa tendría que matarla. Las tundas no bastan, porque se me vuelve. ¡Considera!

MARICA DEL REINO

Pues desuníos.

PEDRO GAILO

Nada se remedia.

MARICA DEL REINO

Esa mala mujer te tiene avasallado.

PEDRO GAILO

Si un día la mato me espera la cadena.

MARICA DEL REINO

¡Eres bien sufrido!

PEDRO GAILO

¡Tú quieres que yo me pierda, y tanto harás que me subirás a la horca! ¡Me hilan el cáñamo las malas lenguas, y llaman sobre mí al verdugo! ¡Por perdido me cuento! ¡Tendrás, Marica, un hermano ahorcado! ¡Esta noche saco los filos al cuchillo! ¡No quisiera sobre mi alma tus remordimientos!

MARICA DEL REINO

¡A mí me culpas! Si tienes perdida la honra y miras por cobrarla, será tu sino que así sea.

PEDRO GAILO

El sino que me dan las lenguas murmuradoras. ¡Abrasadas sean tantas malas lenguas! ¡Así se pierde a un hombre de bien que iba por su camino sin faltar! ¡Cuitado de mí! ¡Marica, hermana mía, cómo de considerarlo no te entra la mayor pena!

MARICA DEL REINO

El corazón tengo cubierto.

PEDRO GAILO

¡Ay, qué negro calabozo el que me dispones!

MARICA DEL REINO

¡En qué hora triste fuiste nacido! ¡Jamás de los jamases me quitaré el luto de encima, si llevas a cabo tu mal pensamiento! ¡Ay, hermano mío, antes quisiera verte entre cuatro velas que sacando filo al cuchillo! ¡Celos con rabia a la puerta de la casa, nunca dictaron buen consejo! ¡Ay, hermano mío, sentenciado sin remedio! ¡Cuando quieres mirar por tu honra, te echas encima una cadena! ¡Esconde el cuchillo, hermano mío, no le saques filo! ¡No te comprometas, que solamente de considerarlo, toda el alma se me enciende contra esa mala mujer! ¡La gran anabolena se desvaneció con el carretón! ¡Ay, hermano mío! ¿Por qué es tan tirana la honra, que te ordena cachear, en busca de esa mujer, hasta los profundos de la tierra?

_Las voces declamadoras de aquella vieja, en el silencio del atrio lleno de sombras moradas, de fragancias de rocío, de vuelos inocentes de pájaros, tienen el sentido de las negras sugestiones, en la primera inocencia sagrada. El sacristán huye por el camino de la aldea: La sotana escueta y el bonete picudo ponen en su sombra algo de embrujado: Se vuelve, perdido entre los maizales llenos del rezo de anochecido, y levanta los brazos negros, largos, flacos._

PEDRO GAILO

¡Me entregas al pecado! ¡Me entregas al pecado!

JORNADA SEGUNDA: ESCENA V

_Cielo estrellado. Una garita de carabineros medio tumbada en la playa y deshaciéndose. Olas de mar con perfiles de plata abren sobre las peñas; se mecen sombras de masteleros; alumbran las boyas lejanas; en la taberna del puerto hay coplas y cartas. Mari-Gaila llega tirando del dornajo, y escucha, acurrucándose en la sombra de la garita. Suenan livianos unos cascabeles. Coimbra corre la playa olfateando. Y se destaca, por negro, en la puerta iluminada de la taberna, la figura de Séptimo Miau. Mari-Gaila le cecea, y en la sombra de la garita se juntan los dos._

MARI-GAILA

Vamos más lejos.

SÉPTIMO MIAU

No se sobresalte usted.

MARI-GAILA

Miro por mi honra. Si aciertan a vernos juntos, ya están levantando un enredo.

SÉPTIMO MIAU

Podemos ocultarnos en la casilla.

MARI-GAILA

No le quiero a usted tan cerca, amigo. Retire usted el brazo.

SÉPTIMO MIAU

Ya está usted amenazándome con las uñas.

MARI-GAILA

Es mi modo. ¿Y cómo va usted por el mundo sin una buena compañera?

SÉPTIMO MIAU

Aún no pude ganar un corazón.

MARI-GAILA

¿A quién requirió usted, que alcanzó tan mala correspondencia?

SÉPTIMO MIAU

De mujeres maldigo.

MARI-GAILA

Por ellas ciega.

SÉPTIMO MIAU

Por una sola, que es usted.

MARI-GAILA

¡Cuánta calor!... Pues iba el amigo acompañado, no hace mucho, de una buena hembra.

SÉPTIMO MIAU

Usted la ha conocido.

MARI-GAILA

Oí conversas. ¿Qué ha sido de ella?

SÉPTIMO MIAU

Se ha suicidado.

MARI-GAILA

¿Qué representa tal palabra?

SÉPTIMO MIAU

Que ella misma se ha dado muerte.

MARI-GAILA

¿De verse abandonada?

SÉPTIMO MIAU

De falta de cabeza.

MARI-GAILA

O de mucho amor.

SÉPTIMO MIAU

¿Por usted no se ha matado ningún hombre?

MARI-GAILA

¡Cómo se chulea!

SÉPTIMO MIAU

Pues seré yo el primero.

MARI-GAILA

No tiene mi cara ese mérito.

SÉPTIMO MIAU

Usted no puede apreciarlo.

MARI-GAILA

¡Qué labia gasta!

SÉPTIMO MIAU

Usted no querrá mi muerte.

MARI-GAILA

Ni la de usted ni la de nadie. ¡Demonio fuera! ¡No me pase usted el brazo!

SÉPTIMO MIAU

¿Tiene usted cosquillas?

MARI-GAILA

Sí las tengo. ¡Estese quieto el amigo, que llega gente!

SÉPTIMO MIAU

Nadie llega.

MARI-GAILA

Puede llegar. ¡Es usted atrevido!

SÉPTIMO MIAU

Vamos a entrarnos en la casilla.

MARI-GAILA

¡Le acudió buena tema!

_El farandul empuja suavemente a la coima, que se resiste blanda y amorosa, recostándose en el pecho del hombre. Los cohetes abren sus luces de colores y cabrillean sobre el mar. Clamoreo de campanas que tocan a vísperas. En la súbita claridad de los cohetes aparecen las torres de la Colegiata. Mari-Gaila, en la puerta de la garita, se agacha y levanta un naipe caído en la arena._

MARI-GAILA

¡Las siete espadas! ¿Cómo se interpreta?

SÉPTIMO MIAU

Que de siete trabajos te recompensas durmiendo esta noche con Séptimo.

MARI-GAILA

¿Y si duermo la semana?

SÉPTIMO MIAU

De tu vida entera.

MARI-GAILA

¡Se proclama usted Dios!

SÉPTIMO MIAU

No conozco a ese sujeto.

_Mari-Gaila se detiene resistiéndose a entrar en la garita, entorna los ojos respira con reír alegre de vino y licencias. Dejándose abrazar del farandul, murmura con transporte:_

MARI-GAILA

¿Eres el Conde Polaco?

SÉPTIMO MIAU

Deja esos cuentos.

MARI-GAILA

¿No lo eres?

SÉPTIMO MIAU

No lo soy; mas pudiera suceder que le conociese.

MARI-GAILA

Pues si es tu amigo, cumples dándole el santo de que le buscan los Guardias.

SÉPTIMO MIAU

¿Piensas que él no lo sepa? ¡Ya estará advertido!

MARI-GAILA

¿Tú no lo eres?

SÉPTIMO MIAU

Cambia la tocata.

MARI-GAILA

Por cambiada.

SÉPTIMO MIAU

Entra.

MARI-GAILA

¿Y qué hago del carretón?

SÉPTIMO MIAU

Lo dejas fuera. Entramos, pecamos y nos caminamos.

MARI-GAILA

Lindo verso.

SÉPTIMO MIAU

¡Hala!

MARI-GAILA

¡Séptimo, no me aprecias!

_El farandul muerde la boca de la mujer, que se recoge suspirando, fallecida y feliz. El claro de luna los destaca sobre la puerta de la garita abandonada._

SÉPTIMO MIAU

¡Bebí tu sangre!

MARI-GAILA

A ti me entrego.

SÉPTIMO MIAU

¿Sabes quién soy?

MARI-GAILA

¡Eres mi negro!

JORNADA SEGUNDA: ESCENA VI

_La casa de los Gailos. En la cocina, terreña y a tejavana, ahúma el pábilo sainoso del candil, y las gallinas se acogen bajo la piedra morna de las llares. Simoniña, dando cabezones tras un cañizo, soltábase los refajos para dormir, y el sacristán bajaba del sobrado, descalzo y cubierto con una sotana vieja. En una mano trae negro cuchillo carnicero, y en la otra un pichel. Hablando con su sombra se sienta a canto de la piedra larera._

PEDRO GAILO

¡He de vengar mi honra! ¡Me cumple procurar por ella! ¡Es la mujer la perdición del hombre! ¡Ave María, si así no fuera, quedaban por cumplir las Escrituras! ¡De la mujer se revira la serpiente! ¡Vaya si se revira! ¡La serpiente de las siete cabezas!

SIMONIÑA

¿Qué barulla mi padre? ¡Ande a dormir!

PEDRO GAILO

Callar la boca es obediencia.

SIMONIÑA

Hoy achicó fuera de ley. ¡Ande a dormir, borrachón!

PEDRO GAILO

Tengo de sacar filo al cuchillo.

SIMONIÑA

¡Borrachón!

PEDRO GAILO

¡Toda la noche a la faena!... ¡Para vengar mi honra! ¡Para procurar por ella! ¡Ya va dando los filos! ¡Es mi suerte que me pierda! ¡Sin padre y sin madre te vas a encontrar, Simoniña! ¡Considera! ¡Mira cómo el cuchillo da los filos! ¡Tiene lumbres de centellón! ¿Y tú, tan nueva, qué harás en este valle de lágrimas? ¡Ay, Simoniña, el fuero de honra sin padre te deja!

SIMONIÑA

¡Condenada tema diole la aguardiente!

PEDRO GAILO

¡Sin padre te quedas! Con este cuchillo he de cortar la cabeza de la gran descastada, y con ella suspendida por los pericos iré a la presencia del Señor Alcalde Mayor: Usía ilustrísima mandará que me prendan. Esta cabeza es la de mi legítima esposa. Mirando por mi honra se la rebané toda entera. Usía ilustrísima tendrá puesto en sus textos el castigo que merezco.

SIMONIÑA

¡Calle, mi padre, que toda la sangre se me hiela! ¡Levantáronle la cabeza con cuentos! ¡Ay, qué almas negras!

PEDRO GAILO

¿La mujer que se desgarra del marido, qué pide? ¿Y los malos ejemplos, qué piden? ¡Cuchillo! ¡Cuchillo! ¡Cuchillo!

SIMONIÑA

¡No se encienda en malos pensamientos, mi padre!

PEDRO GAILO

¡Está escrito! ¡Mujer, pagarás tu vilipendio con la cabeza rebanada!... Te quedas huérfana, y lo mereces por rebelde. No me da ninguna dolor de tu orfandad. Pues a lo mío. ¡Mira cómo el cuchillo reluce!

SIMONIÑA

¡Arrenegado! Usted no es mi padre. El Demonio revistiose en su forma. ¡Tres veces arrenegado! ¿Qué gran culpa es la de mi madre? ¿Dónde se manifiesta?

PEDRO GAILO

¡Su culpa tú no la ves! ¡Cacheas por ella, y no la ves! ¿Y ves al viento que levanta las tejas? ¡Tu madre tiene sentencia de muerte!

SIMONIÑA

¡Ay, mi padrecito, esperemos que Dios se la mande! Usted no se cubra las manos de sangre. ¡Mire que habrá de verlas siempre manchadas! ¿Y quién nos dice que mi madre no volverá?

PEDRO GAILO

¡Oveja que descarría, clamará en cortaduría! No te pongas de por medio, Simoniña. ¡Desapártate! ¡Déjame que prenda de los pericos a esa mala mujer! ¡He de arrastrarla por la cocina! ¡Berrea, gran adúltera! Llevarás una piedra entre los dientes, como los puercos.

SIMONIÑA

Repórtese, mi padrecito. Beba otra copa, y duérmase.

PEDRO GAILO

¡Calla, rebelde! ¿Por qué abriste la puerta para que se esvaneciese? Enterrada al pie del hogar, nunca descubierta sería...

SIMONIÑA

Ha de ser una cueva bien honda, y ahora le cumple tomar ánimos con un trago.

_En camisa, descubiertos los hombros, toma el pichel del aguardiente y lo levanta sobre la boca del borracho, que lo aparta con una mano y cierra los ojos._

PEDRO GAILO

Bebe tú primero, Simoniña.

SIMONIÑA

¡Es anisado!

PEDRO GAILO

Bebe tú y déjame una gota. ¡La mujer se desgarra de su casa!

SIMONIÑA

Apure lo que resta, y espante los malos pensamientos.

PEDRO GAILO

La mujer se debe al marido, y el marido a la mujer. Los dos usan de sus cuerpos por el Santo Sacramento.

SIMONIÑA

Si quiere mujer ha de hallarla, que no es tan viejo ni tan cativo. Usted busque el amigarse fuera de casa, que otra a gobernar, aquí no entra.

PEDRO GAILO

¿Y si de noche el enemigo me solivianta, que es muy tentador? ¡Muy tentador, Simoniña!

SIMONIÑA

Con latines lo espanta.

PEDRO GAILO

¿Si me llama a pecar contigo?

SIMONIÑA

¡Demonio fuera!

PEDRO GAILO

Cúbrete los hombros, que el pecado está en mí revestido.

SIMONIÑA

Beba y duérmase.

PEDRO GAILO

¡Qué piernas redondas tienes, Simoniña!

SIMONIÑA

Si toda yo soy repolluda, no había de tener flacas las piernas.

PEDRO GAILO

¡Y eres blanca!

SIMONIÑA

No mire lo que no debe.

PEDRO GAILO

Vístete un refajo, y vamos a minar la cueva.

SIMONIÑA

¿Otra vez vuelve con el mismo delirio?

PEDRO GAILO

¡Me parte la cabeza!

SIMONIÑA

Ande para la cama.

PEDRO GAILO

¿Para qué cama, venturosa? Si no has de estar conmigo en la cama, no voy a ella.

SIMONIÑA

Pues deje el cuchillo. ¡Era buena burla acostarnos los dos!

PEDRO GAILO

Vamos a jugársela.

SIMONIÑA

¿Ya no piensa en rebanar ningún pescuezo?

PEDRO GAILO

Calla la boca.

SIMONIÑA

Póngase en pie, y no me pellizque las piernas.

PEDRO GAILO

¡Eres canela!

_Simoniña conduce al borracho a la yacija, tras el cañizo, y le empuja, sofocada. Cayéndole la camisa por los hombros, y deshecha la trenza, descuelga el candil y sube a dormir en el sobrado. La voz nebulosa del sacristán sale del cocho de paja._

PEDRO GAILO

¡Ven, Simoniña! ¡Ven, prenda! Pues que me da corona, vamos nosotros dos a ponerle otra igual en la frente. ¿Dónde estás, que no te apalpo? Ahora tú eres mi reina. Si coceas, no lo eres más. Le devolvemos su mala moneda. ¡Cómo ríe aquel Demonio colorado! ¡Vino a ponérseme encima del pecho! ¡Tórnamelo, Simoniña!... ¡Prenda! ¡Espántamelo!

_Simoniña, con el candil en la mano, escucha acurrucada en la escalera. El borracho comienza a roncar, y las palabras borrosas que dibujan la línea del sueño, se distinguen apenas._

JORNADA SEGUNDA: ESCENA VII

_Viana del Prior. Clamoreo de campanas. Noche de luceros. Un hostal fuera de puertas. Hacen allí posada mendigos y trajinantes de toda laya, negros segadores, amancebados criberos, mujeres ribereñas que venden encajes, alegres pícaros y amarillos enfermos que, con la manta al hombro y un palo en la mano, piden limosna para llegar al Santo Hospital. El acaso los junta en aquel gran zaguán, sin otra luz que la llama del hogar y la tristeza de un candil colgado a la entrada de las cuadras. Aparece Rosa la Tatula tirando del carretón del enano, llega al mostrador, y se registra la faltriquera al tiempo que ríe toda su boca sin dientes._

LA TATULA

¿Es buena esta peseta, Ludovina?

_Ludovina, pequeña, pelirroja, encendida, redonda, hace sonar la moneda y la frota entre los dedos, examinándola a la luz cornuda del candil. Vuelve a saltarla sobre el mostrador._

LUDOVINA

Parece buena. Mírala tú, Padronés.

MIGUELÍN

No tiene tacha.

LA TATULA

¿Quieres ponérmela en perras, Ludovina? Tenía mi recelo de que fuese cativa, por la mano de donde viene. Me la dio el castellano que va con el pajarito.

MIGUELÍN

El Compadre Miau.

LA TATULA

Ese ventolera, que ya encartó con Mari-Gaila. Juntos como dos enamorados quedan en la plaza viendo los castillos de fuego, y como es tanto el gentío, me encomendaron el carretón. Bien hacen en divertirse, que son mozos.

LUDOVINA

De mocedad poco les queda.

MIGUELÍN

El rabo por desollar. Son pieles del mismo pandero.

_Del fondo oscuro del zaguán sale a la luz un mozo alto, con barba naciente, capote de soldado sobre los hombros, y el canuto de la licencia al pecho. Tiene cercenado un brazo, y pide limosna tocando el acordeón con una mano._

EL SOLDADO

Mari-Gaila no es mujer para un hombre de ese porte. ¡La otra tenía un garbo y un ceceo más bien puesto!

MIGUELÍN

La otra llevaba un crío a cuestas, y esta lleva en el carretón un premio de la lotería. El Compadre Miau, a ese engendro de la cabeza gorda lo pasea por la redondez de España, sacándole mucho dinero.

EL SOLDADO

No es caso superior. Fenómenos, otros que vemos.

LA TATULA

Mejor enseñados en sus principios.

MIGUELÍN

El Compadre, de un perro con pulgas hizo el sacadineros de Coimbra.

LA TATULA

Mari-Gaila, teniendo el disfrute del engendro, o el medio disfrute, no hacía nada.

EL SOLDADO

No es caso superior.

MIGUELÍN

Es para lucido en una verbena del propio Madrid. Ludovina, dale una copa, que yo la abono, y trae papel, que le haré un bonete.

EL SOLDADO

Para una cabeza tan gorda, será solideo.

EL IDIOTA

¡Hou! ¡Hou!

EL SOLDADO

Tú como sacabas el dinero, era con barbas, una joroba y el bonete colorado.

EL IDIOTA

¡Hou! ¡Hou!

MIGUELÍN

Y con todo te verás, si caes en la mano del Compadre Miau.

LA TATULA

Págale otra copa, y estaos atentos. Cuando tiene dos copas se pone un mundo de divertido. Haz la rana, Laureano.

EL IDIOTA

¡Cua! ¡Cua!

MIGUELÍN

¿Quieres otra copa, Laureano?