Part 2
¡Ay, Juana, hermana mía, qué blanca estás! ¡Ya no me miran tus ojos! ¡Ya esa boca no tiene palabras para esta tu hermana que lo es! ¡Ya no volverás a detenerte en mi puerta para catar los bollos del pote! ¡Cegabas por ellos! ¡Inda esta segunda feria los merendamos juntas! ¡Qué bien te sabían con unto y con nebodas!
_Después del planto, queda recogida sobre las rodillas, gimiendo monótonamente. Las mujerucas se sientan en torno, refiriendo azares de los caminos, casos de muertes repentinas, cuentos de almas en pena. Y cuando decae el interés de aquellas historias, renueva su planto Marica del Reino. Atravesando la robleda, llega el matrimonio de los Gailos. La mujer echada sobre los hombros la mantilla, y el marido con capa larga y bastón señoril de dorada contera y muleta de hueso. La hermana, viéndolos llegar, se alza en las rodillas y abre los brazos con dramática expresión._
MARICA DEL REINO
¡Tarde vos dieron el aviso! Yo llevo aquí el más del día, casi que estoy tullida de la friura de la tierra.
PEDRO GAILO
El hombre que tiene cargo no dispone de sí, Marica. ¿Y cómo fue que aconteció esta incumbencia?
MARICA DEL REINO
¡Ordenado estaría en la divina proposición!
PEDRO GAILO
¡Cabal! ¿Pero cómo fue que ello aconteció?
MARICA DEL REINO
¿Y a mí lo preguntas? ¡Vírate para la difunta, que ella solamente puede darte la respuesta!
PEDRO GAILO
¡Difunta, hermana mía, mucho te tiraba el andar por caminos, y andando por ellos topaste la muerte!
MARICA DEL REINO
¡Las mismas consideraciones le tengo hechas! ¡Dios nos ampare!
_El sacristán, limpiándose los ojos, donde el estrabismo parece acentuarse, se acerca al dornajo del idiota._
PEDRO GAILO
¡Ya eres huérfano, y no puedes considerarlo, Laureano! ¡Tu madre, la hermana mía, es finada, y no puedes considerarlo, Laureano! ¡Por padre tuyo putativo me ofrezco!
MARICA DEL REINO
El cargo del inocente a mí me cumple.
MARI-GAILA
Nosotros tampoco lo abandonamos, cuñada.
_Mari-Gaila tiene el gesto de desenfado y una luz provocativa en los ojos parleros. La otra tuerce la cabeza mostrando desdén._
MARICA DEL REINO
A mi hermano, que lo es, me refería.
MARI-GAILA
Mas yo te respondía.
EL PEDÁNEO
Muera el cuento.
PEDRO GAILO
¿Qué esperamos, Bastián?
EL PEDÁNEO
Esperamos la comparecencia de la Justicia.
PEDRO GAILO
Poco tiene que esclarecer. Para mí, la difunta bebió alguna agua corrompida, y eso la mató. Es probado que los sulfatos de las viñas emponzoñan las aguas y producen muertes.
EL PEDÁNEO
¿Recordáis aquella mi vaca pintada?
MARI-GAILA
¡Una vaca como una reina!
EL PEDÁNEO
Pues a la muerte la tuve, que la saqué adelante con cocimientos de genciana. Por cima de siete reales gasté en botica.
UNA VIEJA
Hay aguas mortales.
PEDRO GAILO
Que las hay no tiene duda, y al cuerpo adolecido más pronto lo dañan. Le corrompen el interior.
MARI-GAILA
Entre el señorío, tanto mirar mal el aguardiente, y no decir cosa ninguna contra las aguas.
EL PEDÁNEO
El señorío mira mal el aguardiente porque se regala con otros resolios.
MARI-GAILA
¡Anisete escarchado!
_Por el camino real vese venir al juez, caballero en un rucio de gayas jalmas y anteojeras con borlones. El alguacil zanquea al flanco, como espolique. Las mujerucas, alzadas sobre las rodillas y soplándose los dedos, avivan la luciérnaga de sus faroles. Comienza un planto solemne._
MARICA DEL REINO
¡Juana, hermana mía, si en el mundo de la verdad topas con mi difunto, dirasle la ley que le guardé! ¡Dirasle que nunca más quise volver a casar, y que no me faltaron las buenas proporciones! Ahora soy una vieja, pero me dejó bien lozana. Dirasle que un habanero de posibles me pretendía, y que jamás le viré cara. ¡Un mozo como un castillo!
MARI-GAILA
¡Cuñada, flor de los caminos, ya estás a la vera de Dios Nuestro Señor! ¡Cuñada, que tantos trabajos pasaste, ya tienes regalo a su mesa! ¡Ya estás en el baile de los ángeles! ¡De hoy más, tu pan es pan con huevos y canela! ¡Ay, cuñada, quién como tú pudiese estar a oír los cuentos divertidos de San Pedro!
JORNADA PRIMERA: ESCENA V
_San Clemente. El atrio con la iglesia en el fondo. Pasa entre los ramajes el claro de la luna. Algunos faroles, posados en tierra, abren sus círculos de luz aceitosa en torno al bulto de la difunta, modelado bajo una sábana blanca. Los aldeanos del velorio —capas y mantillas— beben aguardiente al abrigo de la iglesia. El murmullo de las voces, las pisadas, las sombras tienen el sentido irreal y profundo de las consejas._
PEDRO GAILO
Desde el momento primero, yo fui en decir que la difunta finó por haber bebido de alguna fuente ponzoñosa, pues ya van muchas desgracias en ganados y cristianos así aparejadas.
MARI-GAILA
Y el engendro bebió algún trago de la misma agua, pues todo se derramó, con perdón, en las pajas. Fue menester lavarlo como a un niño de teta. ¡Y si supieseis qué completo es de sus partes!
MARICA DEL REINO
¡Calla, cuñada! Poco tendrás que renegar de tales trabajos, que yo me hago cargo del carretón.
MARI-GAILA
¡Ahí está tu hermano! Con él te gobiernas, Marica.
MARICA DEL REINO
¿Qué tienes tú que deponer, hermano mío?
PEDRO GAILO
Los brazos de un hombre llevan mejor cualisquiera carga.
MARICA DEL REINO
La voluntad de la difunta era encomendarme el cuido del carretón. ¡Declarado me lo tenía!
MARI-GAILA
¿Dónde están los testigos, Marica?
MARICA DEL REINO
Con mi hermano hablaba.
MARI-GAILA
Pero yo te escuchaba.
MARICA DEL REINO
¡Ay, si la difunta pudiera declarar su voluntad!
PEDRO GAILO
¡Habla tú, difunta hermana mía! Habla si era tu intención negar la ley de familia.
LA TATULA
No esperes te responda, que la muerte no hila palabras.
EL PEDÁNEO
Tiene sin aire el fol, y no hay palabra sin aire, como no hay llama.
PEDRO GAILO
Pero se obran prodigios.
EL PEDÁNEO
En otros tiempos, que en estos al carro de la muerte ninguno le quita los bueyes.
MARICA DEL REINO
¡Y todo este hablar salió a cuento del pleito que tratan entre sí de sustentar dos hermanos propios carnales!
MARI-GAILA
No habrá pleito si tú respetas el derecho del que nació varón.
MARICA DEL REINO
Consultaremos con hombres de Ley.
EL PEDÁNEO
¡Como lleguéis a la puerta del abogado, os enredáis más! Sin salir de la aldea hallaréis barbas honradas sabiendo de Ley.
PEDRO GAILO
¿Cuál es tu dictado, Bastián de Candás?
EL PEDÁNEO
Si fuese a daros mi dictado, a ninguno había de contentar. ¡Como que ninguno tiene la Ley!
MARI-GAILA
¿No llama al hermano varón?
EL PEDÁNEO
Las voces de la Ley tú no las alcanzas.
MARI-GAILA
¡Pero aquí hay alguno que sabe latines!
EL PEDÁNEO
A eso solamente respondo que latines de misa no son latines de Ley.
PEDRO GAILO
¿Cuál es tu dictado, Bastián de Candás?
EL PEDÁNEO
¡Si no habéis de seguirlo, para qué escucharlo!
MARICA DEL REINO
Te pedimos tu consejo, y cumples con darlo.
EL PEDÁNEO
Si como la finada no deja otro bien que el hijo inocente, dejase un par de vacas, cada cual se llevaría su vaca de la corte. Tal se me alcanza. Y si dejase dos carretones, cada cual el suyo.
LA TATULA
Tampoco había pleito.
EL PEDÁNEO
Pues si solamente deja uno también habéis de repartiros la carga que represente.
LA TATULA
No es carga, que es provecho.
EL PEDÁNEO
Son bienes proindivisos, que dicen en juzgados.
MARI-GAILA
¡Ay, Bastián, tú sentencias, pero no enseñas cómo se puede repartir el carretón! ¿Zueco en dos plantas, dónde irás que lo veas?
EL PEDÁNEO
Pero vi muchos molinos, cada día de la semana, moler para un dueño diferente.
UNA MOCINA
Mi padre muele doce horas en el molino de András.
MARICA DEL REINO
Por manera que el justo sentir es de repartirse el carretón entre las familias, determinados los días.
EL PEDÁNEO
Un suponer: Sois dos llevadores de un molino. De lunes a miércoles saca el uno la maquila, y el otro de jueves a sábados. Los domingos van alternados.
LA TATULA
Así no había pleito.
MARICA DEL REINO
A ti te corresponde hablar, hermano mío.
PEDRO GAILO
Lo que propone aquí este vecino honrado es un consejo, y a nosotros cumple tomarlo o dejarlo. Mi sentir ya está manifiesto, el tuyo debes declararlo.
MARICA DEL REINO
Mi sentir está con el tuyo, y de ahí no me descarrío.
MARI-GAILA
Retuertas vienen esas palabras.
MARICA DEL REINO
Claras como el sol.
EL PEDÁNEO
Veremos si yo marcho por tus caminos, Marica del Reino. A mi ver, con tales palabras quieres significar que te avienes con aquello que se avenga este tu hermano.
MARICA DEL REINO
¡Claramente!
EL PEDÁNEO
¿Y tú qué respondes, Pedro del Reino?
MARI-GAILA
Este bragazas se conforma al respective.
EL PEDÁNEO
Pues muera el cuento.
MARICA DEL REINO
Por manera que tres días el carretón al cargo mío, y otros tres al cargo de mi cuñada.
EL PEDÁNEO
El domingo es el indiviso.
LA TATULA
Ya tenéis hechas las partijas, sin peritos.
MARI-GAILA
Hay que cumplimentarlo bebiendo una copa. Cachea por el caneco del aguardiente, marido.
PEDRO GAILO
Míralo a la vera tuya, arrimado a las parihuelas de la difunta.
MARI-GAILA
Y hay que darle una copa al baldadiño.
EL PEDÁNEO
¿Lo cata?
MARI-GAILA
Y se relame. Veréis vosotros cómo no se conforma con una. Está imbuido en la bebida.
LA TATULA
Tantas lluvias y soles por caminos... Sin ese reparo moría.
MARI-GAILA
¿Quieres echar una copa, Laureano?
LA TATULA
Amuéstrale el caneco, que por palabras no saca el sentido.
_Mari-Gaila, donairosa y gentil, erguida al pie de la difunta, colma el vaso de las rondas, y respira con delicia el aroma del aguardiente._
MARI-GAILA
Bastián, a ti toca beber el primero, que fallaste el pleito.
EL PEDÁNEO
Pues a la salud de toda la compañía.
MARI-GAILA
A tras de ti va el baldadiño. Ahora lo catas, Laureano.
LA TATULA
Dáselo para que remede el trueno. ¡Lo hace cumplidamente!
MARI-GAILA
¡Mirad aquí, por vuestra alma! ¡Saca la lengua como un pito!
EL IDIOTA
¡Hou! ¡Hou! ¡Dade acá!
MARI-GAILA
¿Quién lo da?
EL IDIOTA
Nanay.
LA TATULA
¿Qué es ello, Laureano?
EL IDIOTA
¡Hou! ¡Hou!
MARI-GAILA
¿Cómo se pide?
EL IDIOTA
¡Releche! ¡Hou! ¡Hou!
MARICA DEL REINO
Dale el trago y no lo hagas más condenar.
MARI-GAILA
Has de hacer el trueno, si quieres beber.
EL IDIOTA
¡Miau! ¡Fu! ¡Miau!
MARI-GAILA
Cativo, así es el gato.
LA TATULA
Laureano, remeda el cohete que vas a beber.
MARICA DEL REINO
No lo hagáis más condenar.
EL IDIOTA
¡Ist!... ¡Tun!... ¡Tun!... ¡Tun!... ¡Ist!... ¡Tun!...
EL PEDÁNEO
Ya se ganó el trago.
MARI-GAILA
¡Es un mundo de divertido!
PEDRO GAILO
¡Enternece!
MARICA DEL REINO
¡La finada, muy bien adeprendido lo tenía! No por ser nuestra hermana dejaba de ser una mujer de provecho. ¡Ay, Juana, qué negro sino tuviste!
MARI-GAILA
¡Ay, cuñada, espera el día para el planto, y bebe tu copa, que ya se me cansan los brazos de estar alzados con el caneco!
_La otra suspira y, antes de catar el aguardiente, se pasa por los labios un pico de la mantilla. Luego, de un sorbo y con mueca de repulsa, apura el trago. Mari-Gaila bebe la postrera y se sienta en el corro. Una vieja comienza un cuento, y el idiota, balanceando la cabeza enorme sobre la almohada de paja, da su grito en la humedad del cementerio._
EL IDIOTA
¡Hou! ¡Hou!
EL SAPO
¡Cro! ¡Cro!
FIN DE LA JORNADA PRIMERA
JORNADA SEGUNDA
DIVINAS PALABRAS: JORNADA SEGUNDA: ESCENA PRIMERA
_Lugar de Condes. Viejo caserío con palios de vid ante las puertas. Eras con hórreos y alminares. Sobre las bardas, ladradores perros. El rayar del alba, estrellas que se apagan, claras voces madrugueras, mugir de vacas y terneros. Sombras con faroles entran y salen en los establos oscuros, portando brazadas de yerba. Cuece la borona en algún horno, y el humo de las jaras monteses perfuma al casal que se despierta. Marica del Reino, acurrucada en el umbral de su casa, se desayuna con el cuenco de berzas._
UNA VECINA
¿Cuido que espera al carretón, tía Marica?
MARICA DEL REINO
Desde ayer que lo espero.
LA VECINA
Pues se demora su cuñada la Gaila.
MARICA DEL REINO
¡Cuñada! Esa palabra me sujeta la lengua. A la gran ladra, como trae otras luces dentro del fol, la toma el escuro sobre los caminos, y se pasa la noche por ventorrillos y tabernas, perdiendo la conducta.
LA VECINA
Cuando tiene una copa, muy divertida se pone. ¡San Blas, lo que pudimos reír con ella estos tiempos pasados en el ventorrillo de Ludovina! El Ciego de Gondar, que también estaba a barlovento, la requería para que se le juntase, y ella le cerraba la boca con cada sentencia...
MARICA DEL REINO
Pues el ciego es agudo.
LA VECINA
Pues no le valía su agudeza. Y todo se lo decían en coplas: El ciego con la zanfona, y ella con el pandero.
MARICA DEL REINO
Milagros del vino, y mal mirar por la conducta.
LA VECINA
¡Si no se paga todo lo que bebe! Muchos la convidan por su labia y por oírle las coplas tan divertidas que saca.
MARICA DEL REINO
¡Es gracia nueva que nunca le conocí! ¡Y no haber modo de redención para el baldadiño! Ni mira por él, ni le remuda la paja del jergón, ni le pasa unas aguas por sus vergüenzas, que está llagado como un San Lázaro. ¡Ay, qué alma negra!
LA VECINA
Pues el carretón rinde su provecho. ¡Algunos quisieran ese bien!
MARICA DEL REINO
A ella le rinde, porque no se duele de pasearlo por soles y lluvias, de feria en feria. Otra cosa acontece conmigo. Como es mi sangre, me compadece, y solamente trabajos me procura. ¡Rodando el carretón todo el día, nunca arribé al estipendio de una peseta!
LA VECINA
Pues su cuñada, en bebida ya lo sobrepasa.
MARICA DEL REINO
A mí me ata la decencia.
LA VECINA
Y cuando ella bebe, convida al carretón.
MARICA DEL REINO
¡No es mérito! También se lo gana.
LA VECINA
Pues el anisado tampoco ha de ser cosa buena para el Inocente.
MARICA DEL REINO
Superado, no. Una copa, si tiene lombrices, se las quema.
LA VECINA
Quedárase en una...
MARICA DEL REINO
¡No me lo digas!
LA VECINA
Y hoy no espere a su cuñada la Mari-Gaila.
MARICA DEL REINO
¡Cállate ese texto! ¡Cuñada! ¡Cuñada! ¡Nunca esa gran bribona lo fuera! ¡Y el hermano mío, tan engañado!
LA VECINA
Tío Pedro canta en los entierros, y la mujer en los ventorrillos.
MARICA DEL REINO
¡Cuánta verdad que las mujeres somos hijas de la Serpiente! ¡Y el hermano mío, tan ajeno de su vergüenza!
LA VECINA
Él solamente ve la moneda.
MARICA DEL REINO
¡Ni eso!
LA VECINA
La Mari-Gaila aventuro que se fue con el carretón a la feria de Viana. No pierde ella ese provecho.
MARICA DEL REINO
¡Y me roba mi día! ¡Santo Tomás, una y no más! Rescato el carretón y no se lo vuelvo. Te lo digo secretamente: La sombra de mi hermana vino a llamar en mi puerta: Ve los trabajos que pasa el hijo de su pecado, y me declaró que no quiere verlo en manos ajenas. Me ordenó hacerme todo el cargo del carretón, y a esa intrusa le pronosticó fierros de cadenas en este mundo y en el otro. ¡Si te digo mentira, que me condene!
LA VECINA
Son cosas que traen los sueños.
MARICA DEL REINO
Estaba bien despierta.
LA VECINA
¿Y talmente habló con el alma de la difunta?
MARICA DEL REINO
¡Talmente! No lo divulgues.
LA VECINA
Sepulto queda.
_La vecina entra en su casa a mirar por la lumbre. Pica en el umbral una clueca con pollos, y tres críos, sucios, que enseñan las carnes, se desayunan sobre una higuera._
JORNADA SEGUNDA: ESCENA II
_Un soto de castaños, donde hace huelgo la caravana de mendigos, lañadores y criberos, que acuden anuales a las ferias de agosto en Viana del Prior. La Mari-Gaila, gozosa de su nueva ventura, sofocada y risueña, llega tirando del dornajo, por la carretera cegadora de luz._
MIGUELÍN
Mucho te vale el tesoro, Mari-Gaila.
MARI-GAILA
Ni un mal chavo pelón.
EL CIEGO DE GONDAR
¡Si robas la plata con la ocurrencia que sacaste de enseñar las vergüenzas del engendro!
MARI-GAILA
No son tiempos estos en que corra dinero.
EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN
El dinero, aun cuando se deje sentir, es a corros, y siempre se duelen los de algún arte.
EL CIEGO DE GONDAR
¡Por acá nos dolemos todos!
MIGUELÍN
No hay dinero, y el que hay lo emboba el Compadre Miau.
MARI-GAILA
¡Séptimo Miau! Tengo oído, y también de su perro Coimbra. A lo que cuentan, es un tuno de mucho provecho.
MIGUELÍN
¡Un condenado!
_Mari-Gaila arrima el dornajo a la sombra de los castaños y se sienta a la vera, los ojos y los labios alegres de malicias._
MARI-GAILA
Me va por la pierna una pulga con zuecos, y voy a ver si la cazo. ¡No mires, Padronés!
MIGUELÍN
¿Qué temes? ¿Que te saque tacha? Público es que las piernas tienes tuertas.
MARI-GAILA
Tuertas y encanilladas.
EL CIEGO DE GONDAR
Contigo no hay penas. Puestos los dos a correr ferias y romerías, ganáramos muy buenos machacantes. Y tú ya no dejas esta vida.
MARI-GAILA
Es el bien que me trujo la herencia renegada.
MIGUELÍN
¿Pues no abandonaste el Palacio del Rey?
MARI-GAILA
Abandoné mi casa, donde era reina.
EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN
Muy mal le irá a usted, señora, pero tiene usted unas carnes que no tenía.
LA TATULA
¡Y colores!
MARI-GAILA
Toda la vida tuve las colores de una rosa, así me achacaron lo de la bebida. ¡Cuando era la buena conducta!
_Ríen los mendigos, negros y holgones, tumbados a la sombra de los árboles. Por la carretera, una niña con hábito nazareno, conduce un cordero encintado, sonriendo extática entre la pareja de sus padres, dos aldeanos viejos. Mozas vestidas de fiesta pasan cantando, entre tropas de chalanes y pálidos devotos que van ofrecidos..._
EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN
Promete estar superior la feria de Viana.
MIGUELÍN
La feria que estos tiempos suena, es la del Cristo de Bezán.
MARI-GAILA
Esas ferias distantes son buenas para vosotros, que sois cuerpos libres. ¿Pero, adónde voy yo, siete leguas tirando del carretón?
EL CIEGO DE GONDAR
Se busca una buena compañía, y se hace el camino por jornadas. Para sacar del carretón su porqué, las ferias de la montaña. Esas son ferias de mucho bien de Dios.
MARI-GAILA
A donde ese año no falto es al San Campio de la Arnoya.
EL CIEGO DE GONDAR
Y verás tu provecho, si te pones en un acuerdo conmigo.
MARI-GAILA
De acuerdo ya estamos, salvo que tú llames acuerdo al dormir juntos, y eso de mí no lo esperes.
LA TATULA
¡Amén de Dios, si el pecado no puede con vosotros!
MARI-GAILA
Con mi carne de rosas, que este cativo ya me está palpando. ¡Aparta la mano, centellón!
EL CIEGO DE GONDAR
¡No escapes, Mari-Gaila!
MARI-GAILA
Cachea si tienes un mixto.
EL CIEGO DE GONDAR
¿Quieres hacerte la calderada?
MARI-GAILA
¡Mucho penetras!
EL CIEGO DE GONDAR
Me llegaron vientos de sardinas. ¿Y si juntáramos el compango, Mari-Gaila?
MARI-GAILA
De mi banda, solamente puedo poner cuatro arenques que me dieron en una puerta. Es comida que reclama bebida.
EL CIEGO DE GONDAR
Tiéntame las alforjas, que algo bueno viene en ellas.
MARI-GAILA
¡Ay, tunante! Te das el trato de un Padre Prior.
_Mari-Gaila, los brazos desnudos y las trenzas recogidas bajo el pañuelo de flores, enciende unas ramas, y se levantan cantando las lenguas de una hoguera. El humo tiende olores de laurel y sardinas, con el buen recuerdo del vino agrio y la borona aceda. Un viejo venerable, que parecía dormido, se incorpora lentamente. Tiene el pecho cubierto de rosarios y la esclavina del peregrino en los hombros._
EL PEREGRINO
A fe que siento, cristianos, no tener cosa que ofreceros para ser parte.
MARI-GAILA
Pues la alforja rumbo mete.
EL PEREGRINO
No guarda otra cosa que mi penitencia.
EL CIEGO DE GONDAR
¡Algún pernil!
EL PEREGRINO
La piedra donde descanso la cabeza cuando duermo.
_Abre la alforja y enseña un canto del río con un gran alvéolo redondo y pulido, la huella de largos sueños penitentes. Mari-Gaila, ante aquel prodigio, siente una gozosa ternura._
MARI-GAILA
Llegue acá venturoso, y haremos entre los tres reparto.
EL PEREGRINO
¡Alabado sea Dios!
MARI-GAILA
¡Alabado siempre sea!
_Mari-Gaila aparta las sardinas de la lumbre y las pone en una escudilla de peltre. Luego saca el pan y la bota de las alforjas del ciego, y hace un lugar al peregrino en torno de la capa remendada, que sirve de mantel. Mientras come la compañía, el ciego, con risa socarrona, huele su sardina puesta sobre una tajada de pan, y alarga la oreja._
EL CIEGO DE GONDAR
El cabezal lo tiene de piedra, pero las muelas aún le ganan. La penitencia es para el mal dormir, que para el mal comer... ¡Contro con el santo!
EL PEREGRINO
Tres días llevaba sin tocar sustento.
EL CIEGO DE GONDAR
¿Indigestado?
EL PEREGRINO
¡Penitente!
EL CIEGO DE GONDAR
Somos viejos en esos engaños, amigo.
_El Peregrino acoge tales palabras con gesto seráfico, y el ciego, tras de refrescar la boca con el trago, torna a reír. Miguelín el Padronés, que en las mismas sombras remienda un paraguas, hace un guiño maleante y silba un aire. La pareja de tricornios, negra y polvorienta, penetra en las sombras del soto donde sestea la taifa de hampones. Viéndola llegar, todos callan, y la pareja, inquiridora, cruza entre unos y otros._
UN GUARDIA
¿No estuvo aquí uno que hasta hace poco corría las ferias con una mujer de la vida? El Conde Polaco.
EL CIEGO DE GONDAR
Aquí no tratamos con gente tan política.
EL OTRO GUARDIA
Es el nombre con que viene reclamado.
EL CIEGO DE GONDAR
El nombre se cambia más pronto que la pelleja.
MIGUELÍN
¿En qué oficio se emplea ese sujeto, Señores Guardias?
UN GUARDIA
En los más peores, y se me representa extraño que os sea desconocido.
EL CIEGO DE GONDAR
Unos corremos el mundo con honradez, y otros sin ella.
MARI-GAILA
Ya se les alcanza a los Señores Guardias.
EL OTRO GUARDIA
Yo, para no equivocarme, os ponía a todos a la sombra. ¡Cuidado con lo que se hace, que andamos vigilantes!
MARI-GAILA
Nuestras obras están a la luz del sol, Señores Guardias.
UN GUARDIA
¡Pues mucho ojo!
_Los señores Guardias, adustos, partida la jeta cetrina por el barboquejo de hule, se alejan bajo miradas de burla y temor. El correaje, los fusiles, los tricornios, destellan en la carretera cegadora de luz._
EL CIEGO DE GONDAR
¡No hay prenda como la vista! Estos son más ciegos que los que andamos a las escuras.
MIGUELÍN
Pudiera suceder.
EL CIEGO DE GONDAR
Me parece que señalamos al mismo santo.
MIGUELÍN
Yo nada aventuro.
EL CIEGO DE GONDAR
Pues mi boca está sellada.
MARI-GAILA
¡Qué hablar por cifra!
EL CIEGO DE GONDAR
Acá nos entendemos.
MIGUELÍN
¡Miau!
_El taimado mozuelo, recostado en el tronco de un árbol, abre el paraguas por juzgar del arte con que puso el remiendo, y silba un nuevo aire. Mari-Gaila, procurando tomarle al oído, escucha con una sonrisa quieta y los ojos entornados._
MARI-GAILA
¡Linda tocata! Parece habanera.
EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN
El Compadre Miau vino con ella del fin del mundo.
MARI-GAILA
Será de reír la primera vez que nos encontremos. No le conozco, y llevo tres noches que sueño con él y con su perro.
MIGUELÍN
Falta que el hombre de tu sueño tenga la cara del Compadre.
MARI-GAILA
Padronés, si tal acontece, también te digo que tiene pacto.
JORNADA SEGUNDA: ESCENA III