Del Plata al Niagara

Part 32

Chapter 323,345 wordsPublic domain

En materia de asistencia escolar efectiva, el Massachusetts, con sus 7859 escuelas y su 450.000 alumnos para una población de 2.239.000 habitantes, ha alcanzado el resultado ideal y absoluto: la cifra de 20 escolares por 100 habitantes debe de representar la proporción demográfica, siendo muy probable que _ningún ciudadano_ futuro resulte analfabeto. Dos datos demuestran que dicho resultado ha sido alcanzado en la región entera: 1º el hecho de ser sensiblemente igual la escolaridad de todos los condados; 2º el hecho de que el acrecentamiento escolar sea, de algunos años atrás, exactamente igual al de la población. Mirada por esta faz anterior, pues, la obra parece concluída y perfecta: falta saber si la substancia es digna del molde, y si la calidad de la educación distribuída corresponde á su cantidad.

Respecto de la educación primaria en todos sus grados, mi respuesta es categóricamente afirmativa; no sucede lo mismo para la secundaria (_Latin_ y _High Schools_, primer año de _Harvard College_); y, en lo que atañe á la educación superior (_Harvard University_) es decididamente negativa. Desgraciadamente, no podré poner á la vista del lector los datos comparativos y las cien observaciones diarias que han concurrido á establecer este último juicio; pero confío en que bastarán algunas reflexiones nacidas del aspecto y de la esencia de las cosas, para prestar á mis conclusiones algún viso de probabilidad. En cuanto á la educación primaria, podré ser muy breve: desde luego, porque nunca el elogiado niega la competencia del elogio, y también porque la evidente superioridad de este sistema escolar es la consecuencia necesaria de premisas conocidas.

Existen actualmente (1893) en Boston 585 escuelas públicas generales[63], que pueden agruparse como sigue para nuestro concepto latino: 1º instrucción secundaria (primeros años): una escuela normal, 10 escuelas superiores y de latín; instrucción primaria: 55 escuelas de gramática, 476 de primeras letras y 43 Kindergartens. Hay un personal docente total de 1364 maestros, que se descompone así: 163 hombres; 1201 mujeres[64]. Ahora bien, fuera de la dirección de algunas escuelas de gramática, no existe un solo maestro en la instrucción primaria: está exclusivamente confiada á la mujer. Es la primera explicación de su excelencia. La educación infantil es, en efecto, obra de paciencia solícita y de disciplina casi maquinal, en que la mujer americana (sobre todo la bostoniense) tiene que sobresalir, mayormente cuando su tarea está regularmente distribuída y encajada, por así decirlo, en programas, textos y preceptos pedagógicos de una claridad y eficacia insuperables. Repito que algunas _Primary Schools_ de Boston me han dado la idea de la perfección. Los locales son generalmente agradables y cómodos, sin el relumbrón advenedizo ni las proporciones inadecuadas de otras partes; los educandos, varones y mujeres, evolucionan, material y moralmente, con una precisión metódica y, si vale la expresión, una «autodocilidad» que causan admiración. El material escolar, desde el mueblaje hasta el texto de lectura (tengo en vista, sobre todo, la bonita _Franklin serie_ de lectura, en cinco tomos graduados)[65] es el último eslabón provisional de una cadena de mejoramientos incesantes, estimulados por el interés y la competencia. Las maestras—regularmente, las exportadas no dan idea cabal del género—poseen todas las cualidades profesionales: revelan una convicción profunda en el cumplimiento del deber y un ardor de propaganda patriótica que es producto del medio ambiente. Ni tampoco debe evocarse una imagen de _teacher_ rígida y casi asexuada, que fuera un programa en acción. Desde luego, casi todas las maestras primarias son jóvenes, como los tenientes en el ejército; muchas de ellas elegantes y bonitas; todas correctas, dignas (_dignified_), criadas las más pobres en esta atmósfera de independencia y altivez, en que entra como elemento principal este triple concepto: 1º que los Estados Unidos son la primera nación del mundo; 2º que Boston es el _Hub_ de los Estados Unidos; 3º que la función educativa es la más noble y honrosa que exista en la República. Dadas todas esas premisas, como decía, la consecuencia era fácil de prever; y causa una suerte de respeto el asistir á las lecciones y ejercicios infantiles, que sin duda realizan el ideal tangible de un pueblo enérgico, activo, mental y moralmente homogéneo, cuyas facultades todas deben converger, desde la primera edad, á la lucha por la vida y á la fortuna,—siendo así que dichas facultades prácticas se robustecen con la poda metódica de la gracia espontánea, de la imaginación creadora y otras ramas «superfluas» de la planta frutal.

Desgraciadamente, el éxito obliga—es decir, encadena. Perseguidos además por la obsesión de superar á la Europa, imitándola,—lo que implica contradicción en los términos,—los Estados Unidos han creído que resolvían el problema con incluir humanidades y ciencias en sus planes de estudios y organizar la instrucción secundaria y superior sobre el modelo de la primaria. Tengo el convencimiento de que, á este respecto, su fracaso es poco menos que absoluto, y claro está que si esta conclusión resulta del experimento efectuado en Boston y Cambridge, será aplicable _a fortiori_ al resto del país.

La Universidad de Harvard.

Como su homónima inglesa, Cambridge es una villa universitaria; pero dicho se está que, á pesar de la acumulación y dimensiones de los edificios: halls, salones de estudios, bibliotecas, museos y laboratorios del famoso Colegio de Harvard, dista mucho el conjunto de recordar la nobleza y serena majestad del _alma mater_ británica. Es propiamente un arrabal de Boston, separado de la capital por el río Charles, que el tramway eléctrico atraviesa en el _West Boston Bridge_; y, aunque el crudo invierno entristece el camino, es una excursión instructiva y agradable que repetiré casi diariamente. El primer día, el amable presidente de la Universidad, Mr. Charles W. Eliot, me acompañaba á todas partes con una complacencia inagotable, á que daban mayor realce aún la ruda temperatura y la nieve congelada en las aceras. Consignaré de paso un lijero incidente que activó la confianza de nuestras relaciones; uno de mis cien resbalones sobre el hielo fué menos feliz que otros, y como mi solícito acompañante me tomase del brazo para restablecer el equilibrio instable, nos quedamos los dos sentados en el sitio: «Es lo que llamamos en Francia (díjele riendo) _rompre la glace_». Se rió también y supongo que había entendido.

La universidad de Harvard, la más antigua é importante de los Estados Unidos, comprende, además del Colegio propiamente dicho, las facultades de derecho, medicina y teología; las escuelas de veterinaria, de arte dentario y de agricultura, á más de otros establecimientos casi independientes: museos, bibliotecas, observatorio, gimnasio, jardín botánico, iglesias de todas las comuniones, etc. Es ocioso decir que es institución autónoma; vive de sus rentas, procedentes de donaciones que se acrecen anualmente, y se administra por sus Estatutos y _Governing Boards_, sin intervención directa ni indirecta del Estado. La población escolar, fuera de los cursos de verano, fué durante el último año académico (1892) de 2658 estudiantes, distribuídos en internados libres; agréguense á éstos un conjunto de 253 profesores, casi todos residentes, y 55 empleados administrativos, y se comprenderá el efecto imponente que produce tal organismo educativo, con su centenar de departamentos aislados, algunos seculares, otros recientes, confortables ó lujosos todos ellos, separados por parques y céspedes, y que se desenvuelven alrededor del Old Cambridge, donde se levanta el Colegio, cubriendo un espacio de una milla cuadrada.

Si bien no hay límite de edad para la admisión, las condiciones exigidas la mantienen entre 18 y 19 años. Los estudiantes más jóvenes ó _freshmen_ son, pues, ya hombres, y hombres americanos, es decir acostumbrados al _self-control_. Se les trata como tales, dejándoles vivir con la más completa independencia[66]. Ellos mismos se organizan en _clubs_, para comer, trabajar y divertirse juntos. Por subscripción entre antiguos alumnos se ha erigido un imponente _Memorial Hall_ á «los estudiantes y graduados que perdieron la vida durante la guerra civil». En el vestíbulo revestido de mármol están grabados los nombres de las víctimas, y el interior ¡es un inmenso refectorio estudiantil!

Reina la misma libertad para la habitación; entre otros inmuebles, el Colegio posee vastos _buildings_ de cuatro pisos, divididos en aposentos de dos ó tres piezas para alquilar á los estudiantes, variando los precios, según la comodidad y la situación, entre 25 y 300 dollars; pero no hay obligación de preferir estos alojamientos, y muchos viven en casas particulares; ni tampoco los inquilinos universitarios están sujetos á reglamento alguno. Es costumbre que cada estudiante tenga un compañero de cuarto ó _chum_, con quien comparte los gastos de alquiler é instalación, pues el colegio no suministra sino el local desnudo. Visito algunos _dormitories_ con el presidente Eliot; los «dueños de casa» nos reciben en su salita, como _gentlemen_ á otros _gentlemen_, sin que nada revele la disciplina escolar; algunos interiores son confortables y hasta lujosos, con piano, cuadros, tapices; otros modestos, todos cuidados, con mucho orden y aseo, y las paredes están cubiertas de fotografías. Nadie se encoge ante el Rector, por más extraña á los estudios que parezca la ocupación del momento: ello es negocio suyo; uno que está dibujando nos enseña con una sonrisa su empezada caricatura, otro se vuelve á sentar al piano y, á pedido mío, continúa una sonata de Haydn ... Nada menos tieso y _gourmé_ que el trato de M. Eliot, con profesores y alumnos, nada que se aleje más de la solemnidad del Provisor francés.

Me lleva en seguida al monumental _Hemenway Gymnasium_, también organizado en facultad, donde centenares de jóvenes practican el más variado _physical training_, desde el clásico trapecio hasta las más complicadas y grotescas dislocaciones «calisténicas», tendentes á corregir en cada caso individual un _lapsus_ de la naturaleza para constituir al «hombre normal». Penetramos en un departamento vecino, donde el director Sargent, rodeado de estatuas y aparatos, examina á una docena de jóvenes desnudos y, con auxilio de dinamómetros, esfigmómetros, espirómetros, etc., les receta minuciosamente la clase de ejercicio adecuado á su idiosincrasia y perfecta armonización. Es la pedantería del atletismo; pero los sajones ignoran el ridículo. El presidente llama á un examinando, que se acerca sin perturbarse y, con la ingenuidad de un joven griego, exhibe su musculosa desnudez. De ahí pasamos á las salas de lucha y pugilato, á los campos de _tennis_ y _base-ball_, donde se preparan con ardor increíble los _matches_ con las universidades rivales. Mr. Eliot atribuye una importancia que encuentro exagerada á esta faz de la educación universitaria; pero, ante mis objeciones, se ve en el caso de confesar que, de algunos años á esta parte, el _training_ intelectual viene perdiendo todo lo que gana el físico. Vamos adelante; pues el amable rector no acaba de hacerme recorrer sucesivamente las instalaciones materiales de todos los departamentos, bibliotecas, laboratorios, museos científicos, etc., etc., repitiéndome, con una insistencia que casi me envanece, que todo ello había sido muy admirado por mi compatriota, M. de Coubertin. El «laboratorio» de botánica, sobre todo, enciende su entusiasmo: aquí, dos ó tres preparadores especiales viven ocupados en modelar amorosamente en cera y pintura, frutas, hojas y flores de todas las especies americanas,—y me esfuerzo en admitir que ese taller de floristas se relacione estrechamente con el progreso de las ciencias naturales ...

Terminada la larga visita domiciliaria, el presidente me hace los honores del Cambridge histórico, enseñándome algunos sitios memorables: la secular _Shepard Church_, el olmo famoso bajo el cual Washington tomó el mando del ejército patriota; la _Craigie House_ del poeta Longfellow; los _homes_ de Russell Lowell, Agassiz y otras glorias americanas. Me señala al pasar los _cottages_ de algunos profesores, las estatuas del fundador Harvard, de Josiah Quincy, del puritano Bridge ... La nieve y la tarde de invierno amortiguan el paisaje, pero me figuro sin esfuerzo el encanto atractivo de esta existencia tranquila y estudiosa en la dulzura de los hábitos diarios; así como las galas primaverales de estos parques y jardines, hoy mustios y descoloridos, durante la estación de los gorjeos en los follajes obscuros y de las brisas perfumadas en el ambiente, á la hora de los alegres paseos sobre los céspedes de verde terciopelo.

Tomamos el _lunch_ en la residencia del profesor S., el conocido geólogo. Interior amplio y confortable; la familia nos recibe en un _hall_ lleno de cuadros, flores, _bibelots_; hay una docena de personas: académicos, cuatro ó cinco señoras y niñas. La dueña de casa y sus hijas han viajado por Europa (el profesor ha residido en Montpellier); su conversación es amena y, para mí, curiosa, por la mezcla de distinción mundana y _scholarship_ bostoniense. La charla deriva inevitablemente á las representaciones que está dando Henry Irving en el gran teatro de Boston, y quedo sorprendido, no tanto por la prevista información literaria de las señoras, cuanto por la apreciación crítica, solemne y «banal» de los profesores. Paréceme asistir á un examen de _high school_ sobre Shakespeare; y como una de las _misses_ parece gastar humor travieso, y recordar que ha pasado algunos años no lejos de Tarascón, me ocurre, por vía de estudio, dirigirle, á propósito de _Hamlet_, unas _galejadas_ meridionales: «¡Ah! sí, _indeed_, ¡admirable obra maestra! Pero ¡qué singular monólogo! Un príncipe que coloca entre las amarguras insoportables de la vida la «lentitud de los pleitos» (_law’s delay_) y «¡la descortesía de los empleados!» Y luego, esa ocurrencia, en la esplanada, á media noche: «¡Mi cartera! ¿dónde está mi cartera? ¡¡Urge escribir (_I set it down_) que se puede sonreir, siendo un villano!!»—Mis huéspedes se sonrien, sin ser _villain_, pero de dientes afuera, revelando tan poca afición al _joke_ que baraja sus hábitos mentales como al que revolviese los muebles del salón. Es natural que la gente puritana no cultive la paradoja; pero, en general, el yankee no percibe la ironía sino aderezada con el humorismo elefantino de Mark Twain.

Salimos, y el excelente Mr. Eliot me acompaña hasta el _car_; después de agradecerle todas su finezas, le expreso mi deseo de volver algunas veces para asistir á las conferencias del Colegio. Me concede el permiso con toda amabilidad; y he podido, en efecto, sentarme al lado de los alumnos durante una semana, no sólo en las clases y anfiteatros, sino también en los _eating clubs_, como un estudiante libre un poco postergado. Pero paréceme que el digno presidente, sobre todo después de mis herejías shakespearianas, creía que mi misión se limitaba á conocer y admirar los _halls_ de la Universidad—como M. de Coubertin.

* * * * *

El departamento académico, que se llama propiamente el Colegio de Harvard, corresponde en principio á la Facultad de filosofía de los alemanes, ó á nuestras facultades latinas de ciencias y letras reunidas—si se incorporara al plan de estudios el año superior de los liceos. No sólo por el número de sus alumnos (las dos terceras partes de la totalidad), pero sobre todo por el carácter fundamental y educativo de sus asignaturas, es el Colegio el departamento más importante y el que suministra el criterio real de la cultura americana. Fuera de que no podría tener opinión valedera sobre muchas asignaturas técnicas y profesionales de otros departamentos, es evidente que los estudios académicos son los que contienen la característica de la enseñanza superior.

Esta característica, como era de preverse, es la misma que aparece en la organización material de la Universidad, y la que domina toda la sociología americana: la independencia individual y el _self-control_. En el curso académico, que dura cuatro años, sólo el plan de estudios del primer año es obligatorio en teoría; para los demás, las asignaturas son en su mayor parte electivas. Cada estudiante designa á su antojo, en el árbol frondoso _de omni re scibili_, las materias sobre que habrá de examinarse al fin del curso, sin distinción de años ni necesidad de vincularlas á sus exámenes anteriores. Puede, como _sophomore_ (2º año), abandonar el griego que desfloró como _freshman_, substituir la filología clásica por el cálculo diferencial, dar examen de _senior_ (4º año) sobre asignaturas independientes de las que aprobó como _junior_ (3º año), etc. Las cuatro divisiones del colegio se confunden fragmentariamente en los mismos anfiteatros: á la conferencia de «lenguas semíticas» (profesor Toy), por ejemplo, asistían como alumnos: 2 graduados, 4 _seniors_, 2 _juniors_, 2 _sophomores_, 1 _freshman_ y 1 _special student_. Tratábase de literatura arábiga, y era muy evidente que algunos oyentes (desde luego el _freshman_) no conocían los elementos de la lengua ni acaso el alfabeto árabe. Y así con todo. No es del caso averiguar el valor científico de los profesores; baste decir que todos ellos dictan tres ó cuatro cursos, fuera de otras atenciones universitarias, para comprender cómo les sea imposible dedicarse á investigaciones personales. Los cursos son orales, sin deberes escritos ni interrogaciones, y cada profesor formula su programa y lo desenvuelve con absoluta libertad. Algunos de los textos clásicos inspiran dudas penosas, si no acerca de la competencia profesoral, al menos respecto de su diligencia: encuentro bajo un flamante disfraz yankee á viejos conocidos míos: muchos autores científicos europeos que han sido desterrados de nuestros colegios secundarios: Ganot, Legendre, Privat-Deschanel; los anticuados alternan con los novísimos, y, por ejemplo, me cuesta creer que la explicación del solo _Manual_ materialista de Lotze contenga un cuadro cabal del pensamiento filosófico moderno. Otros programas de alta literatura extranjera inspiran una dulce alegría: v. g: un curso de _clásicos españoles_ dedicado á _Gil Blas_; otro de clásicos franceses confiere la igualdad universitaria á Corneille, Racine, Balzac, About, Dumas y ... Amédée Achard (_The Clos-Pommier!!_). El orden de las materias en los programas suele también ser algo inesperado; encuentro, por ejemplo, que los jóvenes matemáticos estudiarán los logaritmos después de la trigonometría plana, _with its applications to navigation_; sin duda la trigonometría esférica se aplicará á la agrimensura, en el otro semestre. En literatura clásica, los _freshmen_ se dedican á traducir el texto griego de los trágicos y del mismo Aristófanes, dejando para después á Homero y Jenofonte; lo propio acaece en latín con las _Odas_ de Horacio, que preceden al clarísimo Cicerón ... Pero todo ello, y lo demás, se justifica cuando se asiste á las conferencias, que se componen esencialmente de traducciones hechas con el texto _en regard_, sin temas ni ejercicios gramaticales anteriores: evidentemente, para quien ignora la lengua, el aprendizaje mnemónico del sentido, por la versión yuxtalineal, no presenta diferencia, ya se trate de Tácito, ya de Cornelio Nepote ...

No creo, pues, que sea aventurado ni excesivo afirmar que no existe en los Estados Unidos lo que en Alemania y Francia se entiende por educación superior universitaria. Ello se explica al punto con saber que no existe tampoco verdadera educación secundaria. Faltando la base, es decir, la sólida preparación del gimnasio y del liceo, la enseñanza universitaria, aunque fuese lo que no es, no hallaría el firme cimiento en que pudiera asentarse. ¿De dónde salen, en efecto, estos _freshmen_ de primer año, que vienen á seguir en Harvard la senda sinuosa que les conducirá al magisterio en artes ó al doctorado profesional? Los más favorecidos, los menos numerosos, traen un certificado de la única _Latin School_ de varones (cuyo plan es idéntico al de la de mujeres); otros lo tienen de las _High schools_ de Boston; muchos, por fin, proceden de otros Estados, donde la organización escolar es muy inferior á la del Massachusetts. Pero los mismos privilegiados, que pudieron desflorar las asignaturas secundarias y saludar de pasada el griego ó la historia literaria, no han conocido otro régimen intelectual que el de la educación primaria, en los primeros cursos, y el mismo de la universidad en los últimos: á saber, la disciplina infantil, por una parte, y, por la otra, la ausencia de disciplina.

El plan de estudios de las _High Schools_ de Boston (varones y mujeres) comprende cuatro años ó _classes_; el de la _Latin School_, seis, y corresponde _nominalmente_ á la enseñanza «moderna» de los colegios franceses[67]. Pero, fuera de lo inconexo y superficial de los programas, hay que asistir á las lecciones y recorrer los textos clásicos, para comprobar lo dicho más arriba, respecto del carácter subalterno y mujeril de la enseñanza, con excepción quizá de las matemáticas elementales. Forman la base de la instrucción: la recitación de manuales (_Leading Facts of History_; _Hand-book of Science_, etc.) para algunas materias; la traducción yuxtalineal de trozos selectos para las lenguas clásicas y extranjeras (_Half-Hours with Greek and Latin authors_, etc.); para todas las asignaturas, la absorción pasiva y maquinal de datos objetivos y hechos concretos, sin asomo de gusto, de espontaneidad, de crítica personal, así en los maestros, como en los alumnos de uno y otro sexo. Porque, si no existe ya la _coeducation_ material, funcionando por separado las escuelas de varones y de niñas, persiste en realidad por la identidad de los programas, de los _teachers_ y de los métodos. Aquí los hombres aprenden y saben las ciencias y las letras como las mujeres suelen saberlas, es decir, de memoria. Y ante esa distribución mecánica de la ración pensante, á que diez veces he asistido, nunca dejó de acudir á mi memoria la escena cómica de aquel personaje de Dickens, que se nos muestra visitando una escuela y declamando su profesión de fe positiva y práctica: «No enseñéis á esos varones y niñas sino hechos: ¡es lo único necesario en la vida ...![68]»