Deberes de buena sociedad

Part 2

Chapter 24,152 wordsPublic domain

Conviene esperar que se devuelva la visita antes de presentarse otra vez en la misma casa.

Un convite a una comida o baile equivale a una visita.

Etiqueta de la señora visitada

Una señora procura disponer sus ocupaciones de suerte que le permitan estar con las visitas durante las horas de recibo.

Cuando le anuncien una visita, si esta es señora, se levantará para ir a su encuentro y le dará la mano.

Después del saludo se sentará en seguida, y el visitante tomará también asiento junto a ella, si es posible, sin aguardar a que se lo rueguen.

Lo esencial en las visitas consiste en mantener viva la conversación. Tarea es esta difícil y en la que ha de brillar la discreción, encomendada principalmente a la dueña de la casa, que procurará animar el diálogo con su ingenio, sin recurrir a trivialidades ni a la vulgaridad de las exposiciones de álbums, ilustraciones, cuadros, etc.

El visitante debe hablar de la persona que recibe la visita, no de sí mismo, y evitará entablar diálogo en voz baja con su adlátere. La conversación debe ser general.

Si llega otra visita diez o quince minutos después de la primera, esta se despedirá. En el caso de ser aquella una señora, la de la casa se levantará, irá a su encuentro y le dará la mano, volviendo luego a sentarse. No debe levantarse si la segunda visita es un caballero, el cual, luego de dar la mano a la dueña de la casa saludándola, tomará asiento cerca de ella, si es posible.

Cuando hay varias visitas a un tiempo, la discreción de la señora logra hacer entrar a todos en conversación, y su habilidad en citar los nombres de los presentes, hace que estos se conozcan mutuamente. No debe hacer presentaciones, a no ser que tuviese para ello motivos especiales.

El que recibe una visita, se levanta al despedirla, le da la mano y la acompaña a la puerta si se trata de una señora.

En el supuesto de haber varias a un tiempo, al despedirse una de ellas, que será probablemente la primera que llegó, la señora se levantará y le dará la mano sin acompañarla a la puerta, a menos que sea persona de categoría muy superior a las demás presentes. Si el que se despide es hombre, la dueña de la casa no le acompañará, ni se levantará si no es persona de mucho respeto por su edad o cargo.

En ningún caso dejará de tocar la campanilla para advertir al criado.

Una señora, al hacer una visita, no llevará consigo a una amiga desconocida de la persona visitada, sin motivos que justifiquen completamente la presentación.

Si tiene que visitar a una amiga, que vive en casa de una señora a quien no conoce, o a la que trata superficialmente, solo preguntará si está en casa su amiga, si no está, dejará tarjeta para la amiga y para la señora de la casa.

Etiqueta de huéspeda y hospedada para con sus visitas

La señora que tenga en su casa a una amiga forastera pondrá a su disposición, a ser posible, un gabinete donde pueda recibir sus visitas.

Si esto no fuere dable, cuidará de no hacerse visible durante el tiempo en que su amiga espere visitas que no sean relaciones comunes.

Si por casualidad estuviere con su amiga al anunciarse una visita desconocida de la señora de la casa, aquella deberá hacer la presentación, y la señora se retirará al poco rato con alguna excusa plausible, no volviendo hasta después de la salida de la visita. No obstante, deberá quedarse si se lo rogase su amiga, o si, siendo esta una joven soltera, recibiere visita de un caballero, en cuyo caso aquella ha de hacer las veces de madre.

Dado que la señora de la casa deseara entrar en relaciones con alguna de las visitas particulares que espera la amiga hospedada, esta preguntará a la visitante si tiene gusto en ser presentada a aquella, y tocará la campanilla en caso de contestación afirmativa, para noticiarle, por conducto del criado, la presencia de la visita, debiendo acudir la señora en el acto para que se verifique la presentación.

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Tarjetas

Viviendo el hombre en sociedad, procura cumplir los deberes que esta le impone con la menor molestia posible; y como todos están sujetos a las mismas reglas y sienten igual deseo, de aquí las fórmulas convencionales que suplen ciertas obligaciones de sociedad.--Entre ellas la principal es la tarjeta, que suple las visitas, equivaliendo en determinados casos a estas con todas sus ventajas y sin ninguno de sus inconvenientes.

Desde la segunda mitad del siglo pasado se han generalizado tanto, que bien merecen capítulo aparte y que se fijen las reglas que la costumbre ha ido estableciendo. Respecto a tamaño, el capricho de la moda impera, pero a pesar de ella, hay algo que permanece fijo, y en ese algo nos fundamos para marcar las dimensiones que deben tener, lo cual no quiere decir que quien siga la moda caiga en ridículo.--La costumbre de doblar las tarjetas no es fija, pues mientras unos la doblan por el medio, otros doblan un ángulo o dos, si hay en la familia varias personas con quien deseen cumplir. Lo último da a las tarjetas feo aspecto, y por esto en buena sociedad se va aclimatando la primera manera de doblarlas. El tarjeteo puede degenerar en abuso, teniendo ya este carácter el del primer día del año; pero aunque así sea, fuera falta de atención no corresponder con tarjeta a las personas que envían la suya, pues el querer introducir innovaciones podría tomarse por descortesía.

Su importancia

La costumbre de dejar tarjetas es muy importante, pues constituye una de las bases de las relaciones sociales.

Horas de etiqueta para entregarlas

Las horas de etiqueta para entregarlas son de cuatro a siete de la tarde.

Su forma

Las tarjetas de señora deben estar impresas en tipo pequeño y claro, sin caracteres antiguos ni adornos de ningún género. La cartulina ha de ser delgada y sin barniz; su tamaño de nueve centímetros por seis. En el centro estará el nombre de la señora, y en el ángulo derecho el día de recibo, si lo tiene señalado.

En los círculos más distinguidos se considera anticuada la costumbre de usar los matrimonios tarjetas con los dos nombres juntos.

La etiqueta no permite a las señoritas tener tarjetas propias: sus nombres van manuscritos debajo del de su madre en las tarjetas de esta.

Si una señorita no tiene madre, hará imprimir su nombre en tarjetas propias para señora debajo del de su padre.

Las solteras de cierta edad usan tarjetas propias.

Las tarjetas de caballero, también delgadas, sencillas, sin barniz y de las dimensiones usuales, llevarán en el centro nombre y apellido, y en el ángulo derecho inferior la dirección.

Cuando se guarda luto riguroso, es preciso usar tarjetas con orla que lo indique, o completamente negras.

¿A quién corresponde dejarlas?

El deber de dejar tarjetas incumbe principalmente a las señoras.

La esposa las deja por su marido como por sí misma; la hija por el padre, la sobrina por su tío; pero ni la casada, ni la soltera las dejan en casa de hombre soltero.

Las señoras observan muy estrictamente la etiqueta del tarjeteo; por cuya razón las que sostienen muchas relaciones tienen un libro de visitas, en el que anotan con su correspondientes fechas los nombres de las personas de quienes han recibido o a quienes han pasado tarjetas, para saber fijamente a qué atenerse.

¿Cómo se envían?

Por el correo no se mandan más tarjetas que las destinadas a felicitar con motivo de año nuevo, las cuales se remiten el día primero de enero. En los demás casos o se envían por un criado o se dejan personalmente.

Doblez de tarjeta

Las tarjetas que reemplazan una visita, deben dejarse: las de los caballeros dobladas por el centro, lo cual indica que sirven para toda la familia, y las de las señoras doblado uno de los ángulos, lo que significa que va especialmente a la señora de la casa.

Etiqueta del tarjeteo

Un joven no necesita tratar de etiqueta a sus amigos íntimos, y no importa mucho que deje de mandarles tarjetas; mas si quiere pertenecer a la sociedad y desea conservar las relaciones que vaya adquiriendo, debe mostrarse muy atento respecto a este asunto.

Por regla general, un soltero ha de dejar tarjetas para el señor y la señora de la casa con quienes está relacionado, tan pronto como sepa que la familia ha llegado al punto donde él se encuentra; y si es él quien ha estado ausente por algún tiempo, tan luego como regrese.

Un caballero no dejará tarjeta para las hijas solteras, ni para ninguna parienta hospedada, a menos que sea una señora casada, en cuyo caso dejará una para esta y otra para su esposo.

Respecto a las nuevas relaciones, hay que advertir que un caballero no debe dejar tarjeta para una señora casada o que represente la casa en la que haya sido presentado, por más afable y benévola que haya estado con él, a no ser que ella le invite expresamente a que la visite, en cuyo caso dejará tarjeta no solo para la señora, sino también para su marido o padre, aunque le sean desconocidos.

Si fue presentado a una señorita, tampoco podrá dejarle tarjeta sin que le ofrezca ocasión de cultivar las relaciones la madre o persona encargada, nunca la señorita misma.

Un caballero invitado a una comida, baile u otra diversión en casa de una relación nueva, sea por la señora a quien recientemente fue presentado, ora por mediación de un amigo común, debe ir a dejar su tarjeta el día después del convite, haya o no asistido a él.

También irá a dejarla, aunque la relación no sea nueva, para agradecer la fineza; pero en este caso bastará que lo haga dentro de la semana, sin olvidar que la presteza avalora la cortesía.

Estas tarjetas se entregarán sin preguntar si la señora está en casa, menos cuando la invitación fue para una comida, en cuyo caso se procede como en visita.

Cuando es un soltero quien da el convite, observan ese mismo ceremonial de las tarjetas los conocidos de poca intimidad, pero no los amigos, que, por lo general, se encuentran con bastante frecuencia para poder prescindir de la etiqueta de visitas y tarjetas. De suerte que si uno va a ver a un amigo a quien no encuentra en casa y le deja tarjeta, esto es más bien una prueba de que desea verle que una muestra de fina atención.

La persona convidada a una reunión en casa de un conocimiento nuevo, directamente, o por mediación, puede continuar pasando tarjetas en un plazo razonable; mas si no se corresponde a ellas, deberá entender que no han de continuar las relaciones.

Al llegar una señora a la ciudad, después de una ausencia larga, dejará inmediatamente tarjeta a sus conocidas y amigas. Mas si, atendida la brevedad de la expedición, no creyó oportuno despedirse, reanudará el tarjeteo en el punto en que lo encuentre.

Es evidente que al llegar a cualquier punto o al regresar de una expedición, la iniciativa de tarjetas o visitas corresponde al recién llegado, no a sus conocidos, que en la generalidad de los casos ignoran su llegada.

Si una señora hace visitas en coche, manda el lacayo a preguntar si la señora de la casa recibe.

En caso negativo, la visitante entrega al criado dos tarjetas, una propia dedicada a la señora y otra de su marido, doblada por el centro.

Una señora únicamente deja tarjeta para otra señora.

Dado que una señora de rango superior corresponda a una tarjeta con una visita, preguntando si la señora está en casa, su proceder es de buena etiqueta y se considera como cumplido. Pero si pagase una visita solo con tarjeta, significaría deseo de que las relaciones sean muy superficiales.

La señora que corresponda con visita a una tarjeta, dejada por otra señora de superior clase, cometerá una infracción de la etiqueta. De aquí se infiere cuán importante es saber si la persona que dejó tarjeta preguntó antes si la señora estaba en casa, en cuyo caso la tarjeta equivale a una visita.

No debe apuntarse en la tarjeta el nombre de la persona a quien se destina, a menos que esta se hospede en una fonda de mucha concurrencia.

Si una señorita tiene que ir sin su padre o su madre a dejar tarjeta en casas de conocidas o amigas, y la persona en cuya casa reside o la acompaña no está relacionada con la familia objeto de la visita, entregará una tarjeta que contenga su propio nombre debajo del de su madre, borrando este con lápiz para indicar que no iba con ella.

La señora que va a visitar a una amiga en casa de personas desconocidas, únicamente por aquella ha de dejar tarjeta. Pero por poco que conozca a la dueña de la casa dejará otra para esta en su primera visita, sin repetirlo en las sucesivas si son frecuentes.

Una señora presentada a otra en ocasión de una comida o un té, no debe aventurarse a mandarle tarjeta sin haberla encontrado en sociedad varias veces y sin tener la seguridad de que el deseo de relacionarse es recíproco. No obstante, si una de ellas es de clase elevada, puede tomar la iniciativa, bien mandando tarjeta a la otra, bien rogándole que vaya a verla. Si son iguales en categoría, el buen sentido aconsejará lo conveniente; mas, en todo caso, la visita debe hacerse dentro de la misma semana.

Las personas de igual condición social dejan tarjetas o hacen visitas, según deseen relaciones de cumplido o de amistad, correspondiendo siempre la otra parte de la misma manera: a visita con visita, a tarjeta con tarjeta.

Un forastero, aunque de rango superior, no puede ir primero a visitar a un residente, pues debe esperar a que este tome la iniciativa.

Si el forastero no gusta de continuar las relaciones, las interrumpirá no repitiendo la visita, y si deseare interrumpirlas, pagará las visitas con tarjetas solamente.

Cuando una señora hace una visita puramente de negocio, debe entregar su tarjeta al criado para que la pase a su amo o señora; pero tal proceder, muy correcto en este caso, sería altamente impropio en cualquier otra ocasión, estando en casa la señora.

Luego que se recibe una esquela participando un casamiento, un bautizo o una defunción (estas dos últimas van pasando de moda), hay que enviar tarjeta dentro de los ocho días siguientes a su recepción, si no hay bastante confianza para hacer una visita a la persona que tal atención tuvo.

A una esquela participando un casamiento, sin invitación para asistir a la misa, no se envía más que una tarjeta, aunque se esté emparentado con la familia.

Si una persona que reside en población distinta de la nuestra nos envía una carta participando algún acontecimiento, es preciso corresponder con otra de felicitación o de pésame, según el caso.

Al amigo o conocido que acaba de distinguirse por un hecho notable, un triunfo artístico, literario o algo que le ponga en evidencia, se le mandan tarjetas en señal de felicitación.

Deben enviarse tarjetas al salir de una enfermedad a todas las personas que durante ella se han interesado enviando la suya o mandando a preguntar por el paciente.

Cuando una persona a quien se trata, escribe solicitando caridad con motivo de una colecta de la cual está encargada, se le manda el donativo acompañado de una tarjeta bajo sobre.

Al marcharse de una población se envían tarjetas, escribiendo al pie S. D. (se despide); puede añadirse el punto a donde se va, en particular cuando no es la residencia habitual.

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Esquelas

Esquelas de nacimiento

Las esquelas de participación de nacimiento de un hijo, se mandan sin cerrar.

A los superiores o personas respetables que residan en la misma ciudad, se les envían por un propio que las entregue al portero; a los demás, por el correo.

Esquelas de participación de matrimonio

La envían los contrayentes y sus padres respectivos.

Esquelas de defunción

Las esquelas de defunción se extienden en papel satinado con orla negra y se mandan dobladas con un solo pliegue y dentro de un sobre con orla de luto.

Estas esquelas, que siempre son sencillas, contienen el nombre y apellidos del difunto y los de los individuos de la familia hasta primos hermanos, expresando íntegramente los títulos y dignidades del primero y en abreviatura los de los demás.

Las esquelas impresas y hasta las manuscritas pueden formularse en tercera persona, diciendo por ejemplo: «El Sr. y la Sra. N. ruegan a D. F. etc.»

Cartas de pésame, felicitación, etc.

Cuando estas cartas están dirigidas a un pariente o amigo no hay más que expresar el sentimiento que nos posee; pero como algunas veces han de dirigirse a personas muy elevadas, y quizá a los soberanos, es bueno recordar las condiciones que han de tener estas cartas.

Hay que expresar la idea con sencillez y claridad, empleando para ello las menos palabras que sea posible, teniendo en cuenta que sería impertinencia ocupar largamente la atención de los que la deben a muy altos intereses.

El mayor espacio que debe ocupar el pésame o felicitación es el centro de la primera página, encabezando y acabando esta tal como queda dicho en la página 56 que trata de las peticiones.

Tratamientos

Un caballero, en una esquela a una señora más joven, la llama «Muy distinguida Sra. mía:» solo cuando hay intimidad puede decir:

«Mi querida señora y amiga.»

Una joven, al escribir a un caballero, no le da jamás otro tratamiento que «Muy distinguido señor mío;» pero si se dirige a una señora, la trata de «Muy Sra. mía y amiga.»

Advertencias

Una señora no dice «tengo la honra» sino dirigiéndose a un sacerdote o alto personaje, o bien cuando su carta reviste la forma de petición.

A una persona respetable por su edad o posición social, se le puede mandar carta con las iniciales y armas, pero no con alegorías y divisas.

Las cartas comerciales son las únicas que llevan margen.

No se cierra una carta al entregarla a un portador que no pueda considerarse como dependiente.

B. L. M.

Los B. L. M. se redactan poniendo primero el cargo que se ejerce y después de la fórmula B. L. M. el de la persona a quien se dirige. Sigue la exposición sencilla y clara del objeto, y al terminar y al reiterar el respeto y consideración, se escribe el nombre y apellidos de la persona a quien se dirige y de aquella que lo envía.

Se usan otros B. L. M. en forma de esquela, en los cuales se suprime la fórmula de los cargos y solo se consigna el nombre y apellidos, antes del B. L. M. se escribe el de la persona que lo envía, y después el de la que lo recibe. Hoy están muy en uso y tienen la ventaja de reemplazar las cartas, abreviando y suprimiendo todas las fórmulas de ellas. Los B. L. M. no se firman.

También se usa la fórmula E. L. M. (estrecha la mano).

Memorándums

Los memorándums también se emplean, pero siendo su origen puramente mercantil, no pueden reemplazar al B. L. M. en la buena sociedad.

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Peticiones

Las peticiones, por lo mismo que en ellas se solicita algo, han de ser muy respetuosas, sobresaliendo la modestia, pues el orgullo y vanidad sientan mal en todas ocasiones, y más en quien pide. Ha de cuidarse de que la modestia no degenere en afectada humildad, porque esta puede confundirse con la bajeza. La letra ha de ser clara, pues la letra mala indica que no se guarda a la persona a quien la petición se dirige toda la consideración que se merece, ya que no se ha cuidado de que hubiese belleza en la escritura. También son irrespetuosos los borrones, raspaduras y enmendados, que equivalen en los escritos a la falta de aseo en las personas. Al redactarse, hay que tener en cuenta que el laconismo y la claridad son dos grandes cualidades que distinguen al que las posee.

El espacio que se deja al principiar y al terminar cada página, es igualmente prueba de respeto, pues el llenar la hoja revela mal gusto y mezquindad. También la supresión de la rúbrica es señal de respeto.

Papel para peticiones

Las peticiones deben escribirse en la columna derecha de una hoja grande de papel satinado, llamada papel ministro, doblada a lo largo por su mitad.

Tratamientos

Si se dirigen al Papa, se encabezan con la expresión «Santísimo Padre».

Si a un soberano o soberana, con la palabra «Señor» o «Señora».

En el cuerpo del escrito se da el tratamiento de «Vuestra Beatitud» o «Vuestra Santidad» al Papa, y de «Vuestra Majestad» al monarca.

A un miembro de la familia real se le titula «Señor» o «Señora» en el encabezamiento, y «Vuestra alteza» en lo sucesivo.

El tratamiento de un ministro es «Excelentísimo Señor»; el de los cardenales «Eminentísimo Señor»; el de un cardenal príncipe «Alteza Eminentísima», y el de un obispo «Ilustrísimo Señor», debiendo darle además el tratamiento de Excelencia si lo tiene, en cuyo caso se escribirá «Excelentísimo e Ilustrísimo Señor».

Forma de las peticiones

Se empieza la petición en el último tercio de la página, o después del principio de la segunda mitad. El escrito no ha de llegar hasta el extremo inferior, debiendo quedar en él un blanco.

Se continúa en la columna derecha del reverso, dejando también en la parte superior de este un blanco análogo al del pie del anverso, y se termina diciendo:

Cuando la petición va dirigida al Papa,

Santísimo Padre:

Besa el pie de Vuestra Beatitud.

Cuando se dirige a un cardenal,

Eminentísimo y Reverendísimo Señor:

Besa el anillo de V. Em.ª Reverendísima.

Igual, solo cambiando el tratamiento, cuando se dirige a un arzobispo u obispo.

Cuando se dirige al Rey:

Señor:

A los Reales Pies de V. M.

Igual para los Infantes, variando el tratamiento.

Se firma sin rúbrica cuando la petición se dirige al Papa o al Rey.

La fecha se pone antes de la fórmula que precede a la firma.

Cualidades

La petición ha de ser respetuosa, clara, lacónica y exenta de borrones o raspaduras.

No es costumbre que una mujer mande directamente una petición al Papa. En su nombre la formula el marido, el pariente más próximo u otra persona.

¿Cómo se envían?

Se envían las peticiones dobladas en cuatro partes, metidas en un sobre grande cerrado, no con oblea, sino con lacre, y sellado con las iniciales o armas del remitente.

En el sobre se pondrá sin abreviatura el título de la persona a quien se dirige, o el más honorífico, con un etc., si tiene varios.

Petición repetida

Si la petición queda sin respuesta, hay que dejar transcurrir un mes antes de remitir la segunda, que deberá ser la repetición de la primera.

Recomendación de peticiones

La recomendación de una petición a ministros, etc., se hará en carta separada.

Una mujer no recomienda la petición de un hombre que no sea su inferior.

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Demanda de audiencia

El estilo que ha de caracterizar los escritos de petición de audiencia, siempre ha de corresponder al carácter y posición de aquel a quien se dirijan, debiendo distinguirse por su laconismo; pues tratándose sencillamente de solicitar de una persona que reciba al demandante, no hay que entrar en pormenores, bastando en todo caso una breve indicación del objeto.

Se espera a que el que conceda la audiencia dirija primero la palabra a la persona a quien recibe, porque así se le da una prueba de respeto y consideración, tanto más necesaria cuanto más elevada es la posición de la persona en cuya presencia se está. Igual regla debe observarse en las recepciones, cuidando de no prolongar la audiencia ni la conversación cuando deba tener término, y procurando que en ella jamás se vea charlatanería. En este, como en muchos actos de la vida social, hay que tener en cuenta que la persona que nos recibe se ve obligada a conceder igual favor a muchas otras, y, por lo tanto, la cortesía exige no molestarla.

Petición de audiencia al Papa

La petición para obtener audiencia del Papa se dirige mediante el embajador de la nación respectiva a la secretaría del Vaticano. Esta es la costumbre, que no excluye el que se pueda dirigir por conducto de otra persona muy caracterizada, y directamente a la secretaría, si no hay otro medio.

Traje

Las señoras, a las cuales solo en casos excepcionales concede audiencia Su Santidad, se presentan sin sombrero, con vestido negro, guante blanco y velo negro o blanco.

Los caballeros llevan frac, corbata blanca y guantes también blancos o perla-claro.

Ceremonial