Cuentos de Fray Mocho

Part 17

Chapter 174,103 wordsPublic domain

--¡Yo, amigo don Robustiano... lo tengo que pensar! Vez pasada entré también en la subscripción aquélla de los brasileros de que me habló ¿se acuerda?... Entonces compramos también un jueguito de muebles y...

--¿Ahora salimos con ésas?... ¿Y cree que los muebles van a durar toda la vida...? ¡A mí no me venga con agachadas, compañero!... Los muebles ahí están en casa, todos comidos por la polilla, y sería una vergüenza presentarlos en el salón cuando vayan los ilustres huéspedes... Es por eso y para cumplir como la gente, que ahora ando viendo a los amigos honorables y patriotas que se quieren hacer ver y para los cuales no sea un par de miserables pesos, asunto tan esencial como el hígado o las tripas... Dejémosnos de roñas cuando se habla de la patria.

--No digo que no, don Robustiano... pero cuando el hombre no puede...

--¡Ah! ¡No puede...! ¡Bueno!... ¡Vea!... Esta venida de los chilenos me va a servir para liquidar muchas amistades que no sirven ni para escupirlas... ¡Vaya a juntarse con Roca, con Pellegrini, con Tornquist, con Basualdo y con toda la caterva de acopiadores de centavos que reniegan del nombre de argentinos, cuando llaman a formar en nombre de los más caros intereses de la patria, y olvídese de su amigo Robustiano Quiñones que felizmente no es de su casta ni de su laya!

Y salió el patriota como si le hubiesen puesto un cohete en los talones... probándome que de todos los brebajes que venden en la confitería, era el más económico el San Martín a la portuguesa, como él lo preparaba y lo bebía.

LA BIENVENIDA

--Fijesé, viejo... pero hagasé el que no mira, pa que no coceen... Ha e ser triste la llegada a tierra extraña y sentir que lo están filiando, ¿no?... ¿Y de ande vendrán todos estos?

--Parecen italianos por la cachorrada y los paraguas... ¿Ha visto? Un italiano podrá llegar sin saco u tal vez sin sombrero, pero de fijo trai su paragüita abajo el brazo... A la cuenta creen que aquí no vivimos sino mojaos y se vienen prevenidos...

--Ese friolento, medio recortao, que está'hi junto a las canastas ha e ser el marido d'esa grandota con trazas de capataza... ¿Qué quiere apostar a qu'ese tiene almacén p'al año que viene?... Vealó: tiene ojos de codicioso y de aporriao por la mujer... ¡Mire, amigo!... ¿Sabe por qué se hacen ricos estos bichos?... Pues es porque le obedecen a las mujeres, que no saben sino juntar pesos y criar muchachos... Cuando acuerdan son cincuenta los que tiran p'al montón...

--¡Qué me va'decir, amigo! Vea. Vez pasada dentré a trabajar en el rejuardo y conocí en la fonda ande almorzaba un muchacho lavaplatos qu'era la roña andando... ¿Quiere crer que un buen día, ansí en silencio no más y casi hasta sin lavarse la cara, salió comprando la casa?... ¿Qué le parece?

--Sería ligero p'al cuchillo el hombre y encontraría carne blanda...

--¡No, señor! Era superior el muchacho... Lo que hay es que había tenido un enjambre d'hermanos y que a la madre le gustó la bolada y los metió a toditos en el asunto...

--Y decir, amigo, que nosotros los criollos que nos creemos tan vivos y tan civilizaos no vamos si no reculando, ¿no? ¡Porque, mire, cada barco d'estos que llega al puerto trai de todo: ahí vienen maridos pa las hijas de familias ricas, patrones pa las casas de comercio, estancieros que no sabrán lo qu'es un pingo pero que harán galopiar a su pionada, y sin fin de pajarracos desplumaos que pronto se pondrán desconocidos...!

--Sin ir más lejos ahí tiene al finao mi abuelo que dicen que era genovés. El hombre llegó con lo puesto y se metió de albañil o qué sé yo, el hecho es que dejó platita, casas, terrenos y el diablo también, porque lo dejó a mi padre que, a los cinco años, andaba poco menos que atorrando, asigún me ha contao mi madre... Yo he oservao, amigo, qu'éstos vienen y amontonan y se apuran, pero después cain los hijos que se ocupan en desparramar como con rabia...

--¡Claro! Ahí tiene al de las canastras que usté dijo, fijesé con los ojos que mira a la ciudá... Parece que anduviese buscando las casas que va'comprar y ya verá cómo las halla y cómo todos esos pergenios que trai criando lo ayudan a'montonar... Pero después va'ser el baile que no veremos ni usté ni yo.

--¡Quién sabe...! Acuérdese de que los criollos somos como los duraznos: nos conservamos en caña. Creamé lo que le vi'a decir, a'nque parezca macana... Yo era más viejo hace diez años que aura y más sonso también. Me sabía venir aquí al puerto, ¿sabe a qué?... a insultar a los imigrantes que llegaban y ellos como no m'entendían le jugaban risa. Después dentré a trabajar en la descarga y poco a poco les fuí tomando cariño, porque cuanto más llegaban más pesitos embolsicábamos nosotros y hasta llegué a'cordarme de que mi abuelo también había sido d' ellos...

--¡Y ansina no más es la cosa, pues! El hombre, amigo, juja de la vida asigún está de comida... ¿no le parece?

HACIENDO LOBOS DE MAR

El contramaestre, con la gorra sobre la oreja y las manos en los bolsillos, acaba de dar sus instrucciones al cabo de mar, con respecto a la instrucción de los conscriptos.

--¡Ya sabe, cabo... nada de malas palabras ni de golpes...!

--Mirá yo pa ser capaz de semejante barbaridá...

--¡No!... es qu'el teniente me ha dicho que les recomiende los modos... ¡y ya saben qu'él nunca se anda con chicas...! ¡Si llegase a'veriguar que le maltratan la gente, les arma una zafacoca que se oy'en Montevideo...!

--¡Qu'esperanza...! Le v'y a sacar una hornada que v'a ser de dar calor... Pucha con la muchachada... ¡Cad'año viene más linda!

--¡Bueno...! Aura ya lo sabe... ¡Guante blanco y mucha miel...! ¡A ver...! ¡A embarcar todos los nombraos ayer pa la segunda lancha...! ¿Ha comprendido bien las instrucciones, cabo...? Enseñelés bien lo qu'es un bote y que apriendan a manejarlo como si fueran sus piernas...

* * * * *

--¡Ala, concritos, y abrir el ojo... que aquí se bañan de arriba los sonsos y los dormidos...! ¡Trote!... Todos s'embarcan por el tango, qu'es ese puntal qu'está derecho al costado de babor... ¡Vivos...!

--¡Tenga cuidao, cabo...! ¡N'olvide lo que l'he dicho que me recomendó el teniente...!

* * * * *

--¡Cómo no...! ¡Abre...! ¡Listo...! ¡Armar...! ¡Atiendan, ñanduces pichones...! ¡Atiendan...! ¡Miren que las cañas del timón saben bailar solitas y hasta levantar chichones...! ¡A ver...! ¡Las palas p'al lao de proa!... ¡Vos, che, nariz de garrón de mono...! ¡Poné bien el remo...! ¡Mire qué gente p'hacer lobos de mar con ella...! ¡A ver! ese segundo proel de estribor, con mil demonios... ¡si pone las manos juntas en el guión y con las uñas p'abajo! ¡Y qu'esté creyendo la patria que la van a salvar estos gorgojos...! ¡Mirá, che...! ¡Vos...! ¡Cara e mocito abombao...! atendé las liciones o se me acaba la pacencia y te... ¡Mire que son animales! ¡Vea ese tercero e la bancada e popa... todo despatarrao y que parece que se quiere tragar toda l'agua...! ¡A ver si t'enderesás, che, antes que yo t'enderiese...! ¡Poné bien el luchadero del remo, qu'es ese pedazo e cuero que tiene en el medio...! ¡A ver... encajalo en la chumacera, cara e tamango patria...! ¡Y que me venga a recomendar pacencia con estos salvajes...! ¡La gran perra que cuestan caras las jinetas teniendo que lidiar con concritos!... ¡Vaya... hombre! ¡Al fin izaron la maldita P... A ver, avestruces... a bordo!

* * * * *

--¡Suba la gente!... ¡A ver, contramaestre, aliste para izar el bote...! ¡Venga usted, conscripto!...

--¡Ordene, señor!

--¿No sabe que cuando se sube a bordo de un buque de guerra se saluda al oficial de guardia?... ¡Maestro de armas... póngale a este conscripto, por recluta, seis horas de plantón con el coy al hombro...! ¿Cómo anduvieron, cabo?

--¡Como una seda... mi teniente... y, después, como se les trata como a damitas y son muchachos de vergüenza... Yo los trato como a los de la familia...!

* * * * *

--¡Iza bote!... ¡Arriba a las tiras!... ¡Cada brigada a su banda!... ¡Ala!... ¡Pi... pio!... ¡Parejo!..., ¡a una...! ¡Pio... pio! ¡Aguanta...! ¡Listo!... ¡Qué macacos que me han hecho sudar!

* * * * *

--¡Al fin podemos dar por ganaos los centavitos del día y el jarro e mate cocido!... ¡Qué salvajes!... ¡Mir'el modo e caminar de los tales lobos marinos...! ¡Bueno...! ¡Hay que contar que cuand'un recluta tiene hambre se olvid'hasta de la madre...! ¡Pobre locro!... ¿Qué les darían de comer a los conscritos si n'hubiese maíz en el mundo...? ¿Si se tendrían que bandiar, alimentaos solamente por el cariño del jefe y de los oficiales...? ¡Pucha que es chancha la vida!

REGALOS DE BODA

--Mire, che--me decía la otra noche el comandante González, durante la fiesta con que celebrábamos la boda de parientes comunes--su primo Nemesio es hombre de puntería... ¡Fíjese qué gentecita la que se ha traído a presenciar su casamiento...! No se ven sino entorchados, congresales y banqueros y los parientes de él o de la novia, como usted y como yo, resultamos unos verdaderos porotos caídos como por casualidad en esta olla brillante en que se cocina la dicha de un nuevo hogar argentino, como le dije anoche a la pareja en el brindis que le eché... ¿Se acuerda?

--¡Cómo no, comandante amigo!... Tengo en el oído sus palabras tan sentidas y, anoche, cuando me estaba acostando, se las repetía a mi mujer, diciéndole precisamente que no había conocido un militar que calzara más altos puntos que usted como orador y que me extrañaba que ya no ocupara una banca en el Congreso...

--¡Hombre...! Nada tendría de particular y le prevengo que aunque usted lo diga por broma, hay más de cuatro que dicen lo mismo con verdadera seriedad... Dígame... ¿Lo conoce al doctor Garrapata?... ¡Bueno! ¡Ése es uno de ellos!... El domingo, sin ir más lejos, estuvo a visitarme, pues Garrapata y yo somos como chanchos desde chiquitos, habiendo nacido casi el mismo día, nada menos que en abril del 56...

--¿Cómo del 56...? Tenía el pálpito de que usted era de los del 69 y hasta me parecía haberlo leído así en aquella su autobiografía que comenzaba con el párrafo magistral: “Mi cuna no se meció bajo el techo de palacios artesonados, sino en la modesta chacra de mi abuelo, sexagenario a la sazón, a pesar de llamarse Juan Bautista y ser hijo de un honrado matrimonio oriundo de Santander”.

--¡La gran perra con el memorión!... Pero esta vez está equivocado, compañero, y confunde la fecha de mi nacimiento con la de mi entrada al ejército, a los trece años de edad, hecho al cual atribuyo todas mis desventuras en la carrera, pues el trece nunca me ha sido propicio... Siempre me han tenido estancado, ya sea porque los ministros de la guerra me han juzgao elemento peligroso, como ocurre ahora con Richeri, que me está sentando el nombre en la lista de ascensos que prepara, o ya por razones puramente literarias, como lo declaró el general Victorica, que ahora forma parte de la convención que organiza Roca por debajo de cuerdas para lavarse las manos como Pilatos en el amasijo presidencial, según la frase del coronel Descalzo, persona de muy buen sentido, aunque de humildísimo origen, pues la madre fué cocinera de don Ergusto Rodríguez, aquel tendero viejo de la esquina de Perú y Venezuela, frente por frente de lo del finao Peroso, que murió cuando la fiebre amarilla y a quien, con el apuro lo enterraron medio vivo, según las crónicas de entonces, hecho que desmintió Héctor Varela en una publicación, motivada por ciertos cargos velados contra la Comisión Popular...

--Vea, mi comandante... abandonemos la historia y piano piano vamonós hasta aquella salita donde se ha'lan los regalos... Me han dicho entre la familia que Nicasio se ha hecho ver...

--¡Déjeme, amigo, de regalos y de vanidades tontas!... Yo no soy de los que me extasío delante de una vidriera mirando piedras, como le sucedió a la hija del general Cascabolas, a quien se le cayó la dentadura a fuerza de abrir la boca, delante de una joyería de la calle de Florida, teniendo después que ir a reclamarla en la policía, pues parece que la recogió uno de los transeuntes, según lo declaró un señor Cabello, que es un corredor rengo, casado casualmente con una sobrina...

--¡Es que estos regalos debemos verlos, mi comandante, siquiera para hablar de ellos en familia, después...! Usted como tío de la novia no se puede quedar así...

--Qué tío ni qué berenjenas, compañero... La novia es sobrina tercera de la prima de una cuñada de mi sobrina Carmencita, y si yo he venido a la fiesta ha sido sencillamente por ver si me los pescaba a Roca o a Pellegrini, pues me sospechaba que su primo Nemesio, se los hubiese enganchado como a tanto alarife... Quería ver si les hablaba sin hablarles de la que me está tramando Richeri, contra quien los militares andamos alborotadísimos... Lo que es yo no hablo mal todavía porque no sé si voy o no voy en listas, pero si me llega a echar al bombo, le garanto que va a ser de alquilar balcones para oirme, porque yo, como me dijo el doctor Garrapata, tengo más sangre de polemista que de soldado y...

--¿Y por qué se anda por las ramas...? Váyasele a Roca, directamente, hombre... y háblele sin hablarle... con toda claridad. Por ahora es mejor que pensemos en los regalos...

--Le prevengo que me los conozco de memoria...

--¿Sabe que no me parecen muy católicos...? ¡Mucha caja y mucha etiqueta... pero latita corrida no más...!

--¡No se aflija...! Ya verá en los diarios, mañana, las listas interminables de los obsequios, adornados con los títulos más rimbombantes... ¡Vea...! Esos candeleros de bronce que están en aquel estuche, se los regalé yo en 1890 a mi compadre Pérez cuando se casó, ¿se acuerda?... ¡Bueno!... Desde entonces andan viajando de mano en mano y casi no ha habido matrimonio en Buenos Aires que no los haya recibido y se hayan apresurado a deshacerse de ellos, pasándoselos a otro... ¿Para qué diablos sirven ahora los candeleros con el gas y la luz eléctrica, sino para estorbo?... ¡Mire...! Lo que es eso, estoy seguro de que me conocen y ni siquiera me les acerco, de miedo que me saluden o me reprochen sus andanzas... ¡Ya los he hallado como diez veces en la vida! Hay regalos de éstos, que andan en circulación desde hace veinticinco años y me contó una señora de mi amistad, que conocía cierta viuda a quien, en sus terceras nupcias, le regalaron unos floreros con los cuales ella había obsequiado a una amiga mucho antes de celebrar su primera boda, que fué precisamente con el mayor Rivademar, hijo de Misia Petronita Bocafría, prima hermana del dueño.

--¿Sabe, amigo comandante, que sería una novedad un libro escrito por usted con el cúmulo de noticias que conoce...? Le daría la masita al mejor cinematógrafo.

--Como para libros ando yo, amigo... con las cosas que nos suceden a los miembros de la benemérita familia militar... ¿Que no ve que hasta hombres callados, como yo, se desbordan y charlan hasta por los codos? ¿Y cree que lo hacemos por gusto o por un prurito de malevolencia?... ¡No crea!... Lo hacemos por hacer algo no más y para aliviarnos un poco del fuego que nos devora... ¡Vea! Yo me he refugiado en los recuerdos históricos y con ellos lo cañoneo al mundo a mi placer y aun me parece poco... ¡Lo lindo va a ser ahora, cuando me convenza de que no voy en la lista...! ¡Entonces sí, compañero, que voy a trabajar para conquistarme la fama imperecedera de malhablado y peor pensado...! Le garanto que no me he de ocupar de los regalos que se pasan de mano en mano en los casamientos y que he de afilar la espada...

--¿Se hará microbio patógeno... entonces?

--El pato es bicho inofensivo, a menos que uno no lo coma medio crudo... ¡Yo necesito ser algo que no erre, amigo!... Una cosa así como el microbio de la bubónica o del cólera, que no deje títere con cabeza.

--¡Hágase motorman de tramway eléctrico, entonces...! ¡Con ese oficio y un poco de conversación, mi comandante, se deja usted peticitas las siete plagas de Egipto!

BORDONEO

--Pero, digamé, che... ¿Su asunto lo v'y'a dirigir y'o lo v'a dirigir usté?

--¡Mire, don Serapio... atiendamé!... L'único que quería era darle un'esplicación del hecho...

--¡Qu'esplicación ni qué macana!... Aquí lo que hay que hacer es proceder y dejar'e firuletes... Que su hermano le cerraj'un tiro a su cuñao y le vació l'ojo a l'amigo qu'iba con él... ¡Bueno! ¿Y que hay con eso?... ¿Acaso es el primero que se v'a ver en un apuro?... ¡Gran cosa!... Convenzasé, che... ustedes se áugan entre un dedal, y cualquier cosa que les suceda bien merecida se la tienen por ensimismaos en sonceras...

--Yo no le digo que no, don Serapio... pero en este caso es diferente... Mi hermano...

--Su hermano no ha hecho ni más ni menos qu'el hermano de cualquiera, y así se lo h'e decir al juez... Mire, una vez... era cuando recién había dentrao Avellaneda a la presidencia... un compadre mío hizo un'atrocidá con un italiano en la calle cortad'el Mercao del Plata y a mí me dieron el asunto, o mejor dicho, lo agarré yo no más, al verla'llorar a mi comadre y a la mama, qu'era una d'esas viudas grandotas y carnudas, che, que no tienen desperdicio... Me voy a verlo al gringo con intención de pedirle que me acompañara y usté sabe lo qu'es el gringo pa servir a los amigos...

--¿Qué gringo?...

--¡La gran perra...! ¡Aura salimos con ésa...! ¿No sabe ni quién es el gringo?... ¿Pero qué se han pasao haciendo en su casa hasta hoy, che?... ¿Parec'incréible que haiga gente tan inorante en esta ciudá tan grande?... ¿Quiere ver a que no le defiendo el asunto y los dejo a usté y a su hermano que se pudran en una cárcel, siquiera pa que apriendan a conocer, ni aunque sea de nombre, a la gente de su patria...? ¿Entonces no sabe quién es el gringo?... ¡Bueno...! ¡Mire...! Entienda... Aquí en Buenos Aires no hay más gringo qu'el dotor Pellegrini... ¿sabe?... como no hay sin'un solo don Bartolo y no habrá más Roca que Julio, a quien los amigos le llamamos el zorro en la intimidá, pa sinificar que el hombr'es capaz de pelarse un gallo sin que cacaree y hacerle crer que le van a salir plumas el domingo e carnaval... ¡Bueno!... Pues vo'y, lo busco al gringo y no lo encuentro... ¡Claro!... Me dió'una rabia grandísima y sin mirar ni lo que hacía le dejé un parte con el sirviente... que hast'aura, cuando se acuerde, le ha de hacer arder el cuero y agarré solo pa'l correcional y de allí pa'l jujao del crimen donde se hallaba l'asunto... ¡La gran perra!... Nunca l'he dicho a un hombre las cosas que le dije al juez, que me mirab'asustao como si viese visiones... P'cha con el hombre mulita, como le declaré después a Jos'inacio Garmendia, un día que conversábamos cuando lo hicieron general...

--¿Y lo salvó a su compadre...?

--¿Lo salvó...? ¡La gran perra!... ¡Como pa salvarlo estaban las cosas...! El pobre fué vítima d'el canalla d'el juez, que pa vengarse de todas las que yo le cante'n sus propias narices l'hizo pegar cuatro tiros en el patio e la Nueva, como a cualquier criminal vulgar... Así han sido también las maldiciones que l'echao y la propaganda que l'echo en cuanto café y confitería he sabido frecuentar...

--Siempre que al pobre de mi hermano no le vay'a suceder lo mismo... Vea... ¡Yo creo qu'eso, ¿sabe?, es mejor arreglarlo por las buenas...! Que más quiere maña que fuerza...

--¿No ve?... ¡Ya saltó el criollo habilidoso que prefiere perder su derecho a que le anden en el cogote...! ¡Y haga usté patria con esta gente...!

--Pero mire, amigo don Serapio... Nosotros... ¿sabe?... preferimos qu'el pobre de nuestro hermano pierda, no digo su derecho sino todo lo que tenga que perder... pero que lo larguen...

--¡Eso es...! ¿Y el honor y la dinidá...? ¡Ustedes, che, no pesan ciertas cosas, ni las conocen...! Lo que quieren es que lo larguen, ni a'nque sea con un cuero atao a la cola o jediendo a misto, pa que no se le acerquen ni las moscas sin sentirse deshonradas...

--¿Y usté qu'es lo que quiere, entonces...? ¿Que lo fusilen?

--¿No ve...? ¡P'cha qu'es bárbaro el criollo cuando sale mañero y mal acostumbrao...! ¿Conqu'es decir que ustedes prefieren que su hermano quede com'un delincuente adocenao, a que salga de la cárcel por sus cabales...? Pa qué quiere la vida un hombre sin dinidá, acusao de haber herido a su cuñao que debía ser inviolable pa un hombre de corazón...

--¿Y acaso él lo ha herido a su cuñao?... No l'he dicho qu'el herido fué el amigo y que fué por casualidá...

--¡Bueno, bueno... che! Yo no me ocupo d'embrollos, en que se desprecea el derecho, queriend'usar del soborno, como me dij'una vez el gringo, cuando fuí a consultarle l'asunto de don Patricio Maidana, que le había robao un caballo al tuerto Tejerina y quería hacerlo pasar como dádiva voluntaria...

--¿Y qué quiere don Serapio...? Nosotros no entendemos d'eso y l'único que buscamos es que lo larguen a Pancho...

--¡Perfetamente, che... perfetamente...! Busquien cualisquier ave negra que se ocupe d'esas cosas pero no a Serapio Cortina que al fin, a'nque pobre no le ha'e'ceder la derecha ni al president'e la Corte cuantimás a un alfayate. ¡Y aura... pagá y vamos, como me decía el finao Sarmiento cuando dejó e ser presidente y salíamos a pasiar!

“ENTIDÁ JUDICIAL”

Ya estamos en pleno invierno, aunque ello no sea tanto por los fríos reinantes cuanto por encontrarnos todos reunidos en la ciudad, terminadas las excursiones veraniegas, reales o simuladas y dispuestos a comenzar la _season_, como reza el lenguaje de los cronistas sociales. En casa de mis vecinos los Ferralladas, ya se desenfundó el microscópico farol paralítico del zaguán y comenzaron los sabrosos diálogos del señor y la señora, más instructivos a propósito de costumbres y modalidades contemporáneas, que todas las crónicas habidas y por haber.

--¡Pero, che...! ¡Vos ya t'estás pasando a las grandes...! ¿Te crés que las siet'y media son horas de venir a la casa?... ¿Cuando demonios v'a estar la comida entonces?

--¿La comida...? ¡Cualisquiera crería que tenés a tu disposición el Mercado del Centro y que te lo vas a tragar enterito...! ¡Gracias conque tengás pa llenar el buche un salpiconcito con el puchero frío d'esta mañana y estás compadriando y haciendot'el acostumbrao a puro cenar de fonda...! Vos t'estás volviendo sonso, che... con tu importancia... ¡A ver...! ¡Ponéte a picar la carne y esa cebollita qu'está sobre la tabl'e la cocina, junto a la botella del aceite... mientras yo me aliviano d'estos embelecos...! ¿Qué no ves que hoy estrené mi batita nueva?... ¡Ya no tenés ni ojos!...

--¿Batita nueva...? ¡Claro...! ¿Cómo diablos v'a tener uno qué comer, si peso que agarran es para chantárselo en trapos y en perendengues?...

--¿En trapos y en perendengues?... ¿Qué no ves que la bata está hecha con la pollera vieja del año pasao?... ¡Mirá!... ¿Sabés lo que merecerías vos, por desconsiderao y por charlatán?... ¡Que te tuvieran como lo tienen las de Pérez a don Federico!...

--¡Hombre!... Pior que lo que me tienen ustedes a mí no creo que lo tengan a don Federico... ¿Y Ernestina, dónde diablos se ha metido?... ¿Por qué no va ell'a picar la carne?... Acuerdensén, che, que yo soy un funcionario público y que me debo respetar...

--Pero qué no ves que no ha venido, o estás borracho o con ganas de que te diga cuatro barbaridades... ¡Se quedó a comer en lo de Pérez!...

--¡Mirá quién es la muchacha, pa dejarla venir así... y tan luego en su día de recibo y cuando vienen de novedades hasta la boca!... Si no charlaran, che... ¡yo creo que reventarían!...

--¡Lo que m'iba a importar a mí!... ¡Has hecho mal en dejarla!... Las señoritas no deben tener más recreo que su hogar y no acostumbrarse a'ndar como las tales de Pérez, que al fin no son más que unas alpargatas viejas, qu'en cualquier pie que las pongan bailan!...

--Dejat'e chocheces... y andá picá la carne... si querés servir par'algo... ¡Si vieras cómo ha venido Robustiana!... Está lo más gruesa y lo más remozada... ¡Bueno!... Porqu'eso sí que no se puede negar... Siempre fué bizarrota y no deja de ser agraciada...