Part 16
--¡Hombre!... Me venís como a un veintiocho un tres, jugando a la treinta y una...--exclamó mi pariente don Emeterio al verme entrar al clásico café de la Recova, en que hacen su tertulia desde 1874 varios criollos amigos, que después de darse una vuelta por la casa de gobierno y por la aduana, en busca de mentiras y de embrollas o por el palacio del congreso, donde se saturan de oratoria parlamentaria, acostumbran echar su truquito, levemente interesado con un modesto coñac...--Casualmente les estaba queriendo probar a éstos, aura que no hay sesión en diputados por la consabida falta de número, que a est'italiano Barzini que nos ha pegao una felpiada desde su tierra, disparandosé de aquí como perro que ha robao sebo, le debíamos levantar un'estatua o mandarle una pensión... ¿Qué te parece a vos... com'hombre del oficio?
--Eso no es argumentar, che... El señor, que puede ser muy buena persona...
--Permitime, che... El señor es sobrino mío... hijo de mi prima Margarita ¿te acordás?... que supo vivir frente a tu casa, en la plaza Monserrá...
--¡Perfetamente...! El señor, como decía, puede ser muy buena persona y más sobrino tuyo que los hijos de tu hermano, pero eso no quiere decir qu'ese gringuito, esté autorizao pa cairnos como a'jenos, cuando ni siquiera nos conoce... ¿No le parece, amigo...? Pues linda estaría la patria, si cada vapor que llegase nos trajese güespes d'esa clase, que sin saber bien ni ande tienen las narices nos agarrasen a guascazo... ¿Qué dirían en Italia si el señor... pinto el caso... llegase una mañana y a la tarde los pusiera mormosos al rey, al papa y a todos los jueces y magistraos?... ¿No dirían en italiano lo que nosotros decimos en criollo?... ¿Es un macaniador que no tiene madre viva...? ¡Oh!... ¡Lo qu'es razón es razón... che... y no tiene vuelta!
--¿Ve...? ¡Por la tuya, cualquiera conoce la figura de todos los criollos, con mil demonios!... ¡Pura espuma como el chajá! ¿Me vas a decir que aquí tenemos justicia, ni administración, ni nada que valga un pito?... No embromés, hombre, y acordate de que todos nos conocemos... ¡Mirá!... La verdá no tiene patria, ¿sabés?... y todo eso que dicen de nosotros es verdá... ¡ni an'que te pique...! Y aura venime con tu divorcio y tus leyes contra el juego... ¡Purito papel pintao!
--¿Y también vas a'tacar el divorcio y el proyeto de Varela...? ¡Bueno...! ¿Sabés?... ¡A'nque seás el tío del señor y todo lo que querás, yo te digo que tenés una lengua viperina, y que si te mordés comiendo, van a cantar las lechuzas sobr'el techo de tu casa!
--¿Y quiénes son esos legisladores, que no han estudiao en ninguna parte, pa meters'en tales honduras, che?... ¡Claro que los v'y a'tacar!... Lo que quieren es nombrarlo tutor de los matrimonios y hasta de los gustos de uno, al president'e la república... ¡La gran perra!... Aura v'a resultar que uno ya no v'ha poder ni peliarse con la mujer si no es del partido e Roca y que pa jugar sus pesos v'haber que sacar permiso quizás en papel sellao y con firma de abogado... ¡La pucha con la libertá, que se nos va enflaqueciendo, che...! ¿Vos crés, tal vez, que las leyes se pueden andar haciendo como se hacen pelotillas... así no más... por afición? ¡Mirá divorcio en esta tierra, a'nde a las doce del día lo agarran a Juan Demetrio Piñero en la misma esquina de Artes y Cangallo y le quitan la cartera y eso con ser qu'es nada menos qu'el hermano del médico e don Bartolo!... ¡No m'embromés, che!... Mejor sería que arreglasen la policía ¿sabés? y qu'hiciesen lo que pudieran por la niña, pa que los patos chilenos no nos limpien el comedero, ni los ladrones se metan a las iglesias a robarse hasta las velas...
--¡Pucha que sos arruinao, che!... ¿Conque aura querés que la policía conozc'a los ladrones de las iglesias, cuando ni los mismos santos han podido conocerlos...? ¿Por qué no pedís también que te nombren senador en lugar de don Bartolo o que te manden a Roma en vez de mandarlo a Wilde p'acerlo rabiar al papa y que Roca se tenga por mozo diablo...? Vea, amigo, su parient'es como las butifarras, que cuanti más viejas son van siendo más indigestas... ¡Cuidenlón si lo quieren conservar y digalé a la familia que y'ha perdido la fuerza hasta pa envidar el resto y que lo encierren porque tal vez le haga daño salir con tanta humedá!
EN CONFIANZA
--Estuve a visitarl'a mi sobrina Sofía que acab'e llegar d'Europa y de allí me vine a verte, aunque sabía que recibís los viernes y corría el riejo de chasquiarme...
--Los viernes no son pa vos, che... que sos de confianza... sino par'esas relaciones de compromiso ¿sabés?... como las de Rodríguez, que son las del compañero de oficina que tiene Pedro o Misia Robustiana, la señora de su jefe... ¿Y cómo llegó tu sobrina?
--¡Lo más bien, che!... Han andao por todo y trai unos cuentos, la pobrecita, qu'es tan diabla, que son de perecers'e risa... Una se pasa las horas oyendolé los apuros en que anduvieron con la lengua... Así le decía yo: “Bien hecho... porque no estudiastes cuando andabas en la escuela...”.
--Es lo mismo que yo le repito a mi Rosita, todos los días... ¡Lé tus libros... Estudiá... que uno no sabe, sino, después lo que le v'a suceder!...
--¿Me han dicho que se casa Rosita...? Así se acordaron el otro día las de Tripasini en el atrio de San Inacio...
--¡Callate, hija!... Si hemos estao con el Jesús en la boca con semejante casamiento... Figuráte que desde el corso e las flores nos la visita un subteniente de artillería, pero de donde va y se les antoj'a los generales del congreso, presentar una ley prohibiendo a los oficiales que se casen, a pretesto de que si se morían les dejaban una pensión a las mujeres...
--¡Mir'eso...! ¿Y qué querían que les de'asen entonces?
--¡Ahí verás...! ¡Eso mismo decíamos nosotros, pensando en qu'el noviazgo se nos iba'cer piedra quién sabe por cuantos años...! Y, después, ¿qué ventaja hay para una madr'en casar su hija con un militar y verla sufriendo toda la vida con sus ausencias y con ese caráter que saben tener y qu'es del oficio, si no le qued'a una ni siquiera la espe'anza de la pensión...? ¡Claro!... Nos dimos un susto bárbaro, hasta que pasó todo y quedaron las cosas como antes...
--Sin embargo, che... no se fíen y apurensén... Ésos del Congreso cuando empiezan a temar con algo son como los locos y se van de un hilito como lista e poncho... Fijate sinó lo que han hecho con las vírgenes milagrosas. Han sacao la tarantela de no dejar pasar año sin darle un'alguna provinca... Esta vez le ha tocao a Salta...
--Han de ser puros pretestos para llevarles la plata haciendo que les dan limosna... ¡Si esos provincianos son como rastrillos, che...!.
--¡Eso digo yo...! ¿Cómo antes, cuando las iglesias eran pobres, no había más virgen que Nuestra Señora de Luján y aura empiezan a'parecer estas otras...? Dicen que la qu'está de moda, vino acompañada del Señor de los Milagros, entre un cajón que atravesó boyando por todo el mar y que fué a llegar a Salta y se acabaron las secas y los temblores de tierra...
--¿Qué me contás...? ¿Pero tendrán el diablo en el cuerpo esos descomulgaos para inventar semejantes picardías...? ¿Cómo van a'ber llegao nadando a Salta qu'es una ciudá que no tiene ni siquiera río en la orilla, como nos lo ha dicho el suteniente que la festej'a Rosita, qu'es precisamente de allí?
--¡Ah! ¿Es salteño el novio?... ¡Mirá qué suerte!... El marido de mi sobrina Sofía, qu'es un verdadero santo, es también de allí y no se ha visto hombre más bueno... ¡A mí me ha hecho traer un viso de seda, che... que se para solo!... Pues volviendo al asunto de las vírgenes, m'esplicaba un mocito el otro día en casa de Misia Paquita, que como Nuestra Señora de Luján se quedo en el paraje donde se halla el Santuario, negandosé a seguir viaje para Córdoba en el carro en que la llevaban, los cordobeses de puro vengativos le han urdido esta novela.
--¡Con razón la tierra se nos v'a volviendo un bochinche, si ya no se respeta ni a las vírgenes y lo que van a sacar los tales cordobeses es que nos van a trair alguna desgracia tremenda por andar mezclando a los santos en sus intrigas...! ¡Esos envenenamientos de La Plata y esos huracanes horribles que han ocasionado tantas muertes, no pueden ser sino castigo del cielo...!
--¡Ya lo creo...! Y todo es el afán del lujo, che, y del deseo de aparentar y de lucir... El domingo fuí a la calle Florida a la hora del desfile y todavía no vuelvo de mi asombro al ver aquellos millones de coches atestados de muchachas y de señoras qu'eran una luz por los brillantes que llevaban... ¡Y qué vestidos, che!... ¡No veías sino seda y encaje d'Inglaterra...! ¿Sabés, sin ir más lejos, con quienes m'encontré?... Con las de Cantero que y'andan sangoloteandosé por todas partes y desparramando la herencia que les dejó su padre... ¡Si vieras el saludo que m'hicieron...! ¡Apenas fruncieron las narices y ni movieron la cabeza... quizás por no ajar los trapos que llevaban!... ¡Eran un mostrador de mercería!
--Has de haber ido a pie o en algún coche de morondanga... A mí me ha sucedido lo mismo con las de Tableta... aquellas muchachas que vivían antes aquí al lado... ¡Como aura las ponen en la vida social, les parece deshonroso saludar a la plebe y se olvidan de que su padre no salía de la confitería de la bocacalle... a pesar de ser comandante...!
--¡Si lo he conocido mucho, che...! A la hermana le llamaban El Ombú de San Nicolás, porque en su casa se guarecían todos los pájaros de la parroquia... ¡Vos lo has de haber conocido al padre también...! Era un colchonero tuerto de la calle de Artes, que nunca pudo hastiar derecho ningún colchón... ¡No me hablés de él, que hast'aura me duelen las costillas nada más que de recordarlo y si las viese a las nietas metidas a gente, creo que me darían hasta calambres!...
CALLEJERA
--Y bueno, che... Hagan de cuenta no más de que yo me les he muerto y arreglensén como puedan... Yo no las v'y a demandar y pueden vivir tranquilas...
--¡Pero eso es un campanazo, tata... y es lo que mama no quiere!... ¡Lindas nos van a poner todas las que andan con ganas!
--Ojalá que las charquéen, che, pa que apriendan a saber que la gente de copete no viv'en los conventillos como vivimos nosotros, ¿sabés? y que no pega muy bien que yo ande de masitero y ustedes de pura seda y peinado de oreja e perro...
--¿Y por qué s'empeña ust'en seguir de masitero?... ¿Por qué no cambia de oficio, siquiera pa'hacerle honor a su mujer y a su hija?...
--¡Ahí tenés!... ¿ve?... ¡de sonso!... Vez pasada bien pudieron elegirme pa una diputación como a cualquier argentino, pero esos del comité ni se acordaron de mí... ¡Bueno!... ¡Los pobres tenían razón, qué diablos! Como yo no soy amigo e Roca...
--¿Ves? ¡Eso es lo que dice mama!... Que ust'es un hombre cabezudo, que siempre la sacrificó por no dar su brazo a torcer... ¡Un terco y un orgulloso!... ¿Por qué le tiene odio a Roca... Vamos aver?... Digameló a mí, ya que nunca se lo ha querido decir a ella... ¿Qué ofensa puede haberl'hecho?
--¿A mí, che?... ¡Ninguna!... Y sobre todo cualisquiera que me hubiese hecho, estoy dispuesto a olvidarla, con tal de que mi familia pueda realizar su gusto... ¡Mirá! Quedan autorizadas, tanto vos como tu mama, y hasta tu tía doña Aurelia y su esposo don Román, pa que se vayan a verlo alguna d'estas mañanas y me arreglen ese asunto como mejor les parezca... Y la verdá qu'es sonsera andar enojao con Roca, perdiendo el tiempo en pavadas como es la venta e masas, en vez de empliarlo en pasiar, divirtiendo a la familia...
--Vea, tata... Mama me dijo que le dijiese que lo esperab'almorzar y que l'iba a proponer no sé qué cosa de un kiosco en la plaza de Lorea... Creo que d'eso han hablao con la señora González, qu'es la vicepresidenta de las Hijas del Socorro.
--¡Bueno!... ¡Decile a tu mama que no se ocupe de almuerzos hasta que hable con Roca ¿sabés? y qu'en cuanto a lo del kiosco lo deje pa otra ocasión... ya que a ésta la pintan calva... como ella lo supo ser!
--¡Dejesé de bromas, tata!... Mire que la cosa es seria... ¿No v'a ir entonces?
--No, m'hijita, yo no voy...
--¡V'a ser tremendo, tatita!... Todas aquellas brujas que se retuercen d'envidia porque me ven de sombrero, van a bailar de placer... ¿Un bochinche en nuestra casa?... ¡Pues es poco lo del ojo!...
--¡Cómo no!... Mañana no queda diario que no hable del asunto y traiga los comentarios de todita la ciudá... Vamos a dejar chiquito al hombre descuartizao... ¡Bueno!... ¡Vayasé m'hijita y ya sabe... la esquina en qu'está su padre, con sus canastas de masas!
--Mire qu'es cruel y qu'es malo... ¿no? Lo llama uno, le pide perdón, le dice que se deje de niñerías y sale contestando vivezas... ¡Vea!... ¿Qué le ha hecho mama, en resumidas cuentas?... ¿Por qué s'enoja?
--¡Mirá!... Afortunadamente ya sos grande, che, y se te puede hablar sin miedo a que reventés... Tu mama, aura a la vejez, se me ha hinchao com'una breva y no l'aguanta ni el diablo con semejant'importancia... Antes pasaba contenta, remendandomé la ropa y haciendoté vestiditos, pero aura los hace hacer y me lleva refundido, y en vez de dejars'estar atendiendo a su quehacer, no vive sino en la calle, visitando al pobrerío como si ella fuese rica...
--¡Pero, tata... siempre hay quien tenga necesidá!...
--¡Bueno, m'hijita!... A mí eso me revienta, ¿sabés?... porque nadies tiene más necesidá que yo y a'nque pobre masitero, cada vez que viene tu mama oliendo a trapo quemao, por causa d'esos mejunjes conque s'estira el pellejo, me dan ganas de darte un ejemplo malo... y es por eso, porque también me gust'hacer caridá, que me quedo aquí en mi esquina, pegadito a mis canastas, esperando a que lo vean a Roca y lo compongan conmigo...
MILICO VIEJO
--No embrome, amigo, dijo el capitán Churrasco atusándose con aire marcial el canoso bigote... ¡Esto de aura no es kepí, ni es morrión ni es nada! ¡Todito es papel pintao y redoble de tambor...!
--Yo no le digo que no, mi capitán... pero ya se acabaron también aquellos oficialitos de kepí sobre la oreja, jineteando sobre la chasca enaceitada y de botita bordada con las armas de la patria... ¡Eso no puede negarse tampoco, porqu'es claro como la luz...! Los oficiales de hoy parecen europeos y cuand'uno lo ve, no tiembl'a'e que lo rajen de un hachazo o le rebajen las narices de un tiro, como en aquellos tiempos de Maldonado y de Ederra...
--¿Y pa qué se va tan lejos, che...? ¡Acerquesé más al fogón y verá las cosas claras...! ¿Acaso yo le defiendo los milicos del Paraguay ni de la guerra e los indios...? ¡Ésos, che, no necesitan de que les hagan estatuas ni les recuerden el nombre...! ¡No ve qu'eran criollos guasos, que a'nque peliaran como héroes cuando les llegaba el turno, no sabían ni siquiera acetar acensos si no los habían ganao con la espada y la conciencia! ¡No, che...! Ésos ya tienen su pago con los sueldos que les han dao y con la gloria e saber de que agrandaron la patria... ¿Qué bárbaros, no?... ¡A'n'de quiera que cayó una gota de su sangre o quedaron sus güesos blanquiando, ha brotao un pueblito o un'estancia... pero eso lo hacía cualquiera en aquellos tiempos... y lo hacía de yapa no más!... ¡Mirá los de aura qu'iban a'cer semejante barbaridá, ni peliar hasta morir, pa dejar asentao el nombre a'nque fuera entre los indios...! ¡Ellos han aprendido en la escuela materias muy diferentes y a nosotros que fuimos tan inorantes, no nos queda más recurso que mascar el freno con fuerza y retorcernos d'envidia! Vea... ¡Una pirueta del más ruin de los bailarines que haig'aura en un batallón... vale más que diez campañas... y es muy justo! Ellos, los guasos, sabían peliar a bola y lanza, porque no tenían munición y había que defender el cuero en las soledades de la pampa... pero lo hacían así, a la bruta no más... De a'n'de iban a ser capaces de presentarse en un circo pa'cerle competencia a los pruebistas, revoliand'una cañita pintad'e color de fierro...
--¡No me saque la cuestión de su terreno, amigo teniente, hagam'el favor! El soldao era'ntes un animal de carga que no tenía ni derechos ni propiedades y que si le arrimaban una paliza o lo hacían trinar en las estacas, tenía que conformarse y aguantar, porque para eso era tropa... ¡Aura, mire qué soldaos los que tenemos!... ¡Una muchachada linda, culta, conocedora de sus deberes y que sabe que al vestir el uniforme que le da la patria no lo hace para deprimirlo sino para enaltecerlo...! ¡Hoy es un honor ser soldao y antes era una desgracia!
--¡Cómo no! ¡Si en vez de andarles prendiendo luces a los chilenos, tuviéramos que prenderles bala... ya verían la diferencia!... Cada milico de aura sería un general que dispondría batallas montando en pingo con la colita de un dedo y adornao con cintitas como pichicho faldero, y cuando lo mandaran a peliar, sacarían bien la cuenta y vería antes de obedecer si no ib'a ser un sacrificio al ñudo que le metieran un tiro... ¡Vea, amigo...! A mí, a'nque yo sea de los de antes, me gusta ver a los modernos y en el desfile del Campo e Mayo, delant'e los chilenos me apronto pa gozar lo que no puede figurarse... ¡Mirá, qu'en tiempo e nosotros ib'haber ningún ministro e la guerra capaz de hacer hast'e trompa de órdenes pa que se salvara una evolución de los cuerpos...! ¡Cómo no...! ¡El ministro sabi'a'nde estaban los cuarteles, pa mandar a los jefes de arrestaos en tropilla, pero no se ocupaba en enseñarles ni en andarles haciendo su papel...! ¡Hubiera querido verlo a Alsina, a Roca, a Luis María Campos, a Victorica, a Levalle o a Racedo, molineteando con la espada y corriendo como ayudantes pa quedar bien con los mirones haciéndoles gozar de un desfile como tabla... qu'en idioma militar es como decir balurdo!
--¿Y usté cre que no vale la pena dejar a un lao la fachenda y la prosopopeya de un ministro, para hacer qu'el ejército haga una linda figura?
--¡Cómo no...! ¡Pa que se luciese más, hasta se podían formar escuadrones de ministros de la guerra mandaos por presidentes de la república y enseñarles a bailar lanceros en caballos máistros y a cantar el himno nacional pa que de paso se recriaran los aficionados a la música!... Mire, amigo... ¿sabe un cosa?... Si estos chilenos que nos han visitao, son hombres de juicio y que saben lo qu'es ejército y milicia, se deben estar riendo de nosotros a mandíbula batiente... y pensando que como bailarines, nuestros milicos son un desastre y como milicos... no te digo nada por no darte que sentir.
--¡Pero, amigo...! ¿Quiere espectáculo más bonito que el juego del zendado que hizo la caballería en el carrousel organizado por la Sociedad Hípica y cuadros más novedosos que las evoluciones del Campo e Mayo, en que desfilarán con ropa nuevita, escuadrones de coroneles, de comandantes, de mayores, de capitanes, de tenientes, de alféreces y luego de tropa por orden de jerarquía...? ¡Eso es una invención de nosotros que no se le habría ocurrido ni al mismo Napoleón! ¿A qu'eso no lo han visto los chilenos ni en Europa?
--¿Sabe, amigo, lo que a mí me da rabia...? La diferencia que hay entr'el ejército y l'armada... ¡Los marinos no han bailao ni siquiera un schotis con quebrada!... Es una iniquidá mostrar un adelanto tan grande en el ejército y un atraso tan monumental en la marina y m'extraña qu'el presidente no adote alguna medida pa que no vuelva a ocurrir semejante barbaridá... ¡Los marinos debieron por lo menos bailar una mazurquita en algún tiatro como el Politeama pa que los viera más gente y la mejor sociedá!
--¿Pero sabe que son mordaces los milicos del tiempo viejo, aunque no sean bailarines ni pruebistas, amigo capitán?
--¡No crea, amigo...! ¡Lo que hay es que nos duele mirar tan por el suelo la gloria de nuestros tiempos y que no haiga nadie que la salg'a levantar... de miedo e pasar por guaso...!
ROBUSTIANO QUIÑONES
Mi amigo exclamó exasperado mirando las botellas que traía el mozo del café:
--Que se vayan al diablo todos los falsificadores y con ellos el ministro de hacienda y el presidente de la república... oye... ¡Esto se lo dice Robustiano Quiñones, que no tiene pelos en la lengua, y que gracias a Dios se precia de saber hacer un San Martín como la gente y de no beber estos brebajes infames conque ahora se envenena al público a mansalva!
Y luego bajando el tono, como arrepentido de sus excesos oratorios, agregó:
--¡La ginebrita no parece mala... pero mezclada con ese bitter plebeyo, debe resultar una verdadera canallada... una cañifla infame!
--Tómela sola, entonces, compañero...
--¿Yo?... Pues no faltaría más... ¡Nosotros, los de mi casa, no tomamos jamás la ginebra sola, compañero, porque nos han dicho que es mala para el reumatismo...! ¡Vea... che... mozo! Hagamé el San Martín a la portuguesa... ¿sabe?... ¡Bueno!... Yo lo voy a dirigir... ¡Eche la ginebra...! Siga no más... siga sin miedo hasta que se llene el vaso... ¡Bueno! Venga ahora el aperital y echelé despacito cinco gotas chicas y dos más grande... ¡Eso es!
Cuando concluyó don Robustiano la delicada operación que dirigía, y que no era otra que prepararse disimuladamente un medio litro de ginebra, me dijo chasqueando la lengua:
--¡Qué hombres los portugueses, amigo! ¡Ellos con cinco gotitas de bitter, le preparan a usted un verdadero néctar, delicioso y económico...! A mí me enseñó la receta el jefe de mi oficina, cuando estaba empleado en el correo... Ése era hombre tigre, che, y que sabía vivir, como decía mi mujer... Cuando vinieron los brasileros ¿se acuerda? me propuso a mí que diéramos un baile en casa para festejarlos, y con veinticinco pesos que sacamos de subscripción entre varios amigos y su ingenio, puso una mesa en que no faltaba ni el marrasquino para las señoras de paladar delicado... ¡Los brasileros no concurrieron a la fiesta porque tuvieron que asistir al baile del Jockey Club, pero nosotros pasamos una noche de ésas que no se empardan... y sé que cuando volvieron a Río era, el haber faltado, uno de los pesares que llevaban!... ¡Y... a propósito...! ¿Sabe que vienen los chilenos a visitarnos? El país argentino, mi amigo, les debe demostrar que los sentimientos de fraternidad y de compañerismo, no son entre nuestro pueblo pura faramalla y papel pintado, como ocurre entre la gente de gobierno. Yo, por mi parte, he resuelto darles una fiesta en casa, como la que habrá en lo de Unzué y en lo de Luis María Campos... ¿Qué le parece la idea?... ¡Mozo!... ¡Vea!... ¡El San Martincito éste, se está poniendo picantito... agreguelé un poco más de la maldita ginebrita esa...! ¡Bueno!... ¿Y qué me dice del proyecto, compañero...?
--Me parece bien...
--Yo he hablado con varios amigos y es con ellos que hemos resuelto invitarlo a formar el comité de festejos... Están apalabrados el tuerto García, el ñato Miguelín, Pituco y ese mozo oriental que va todas las noches a la confitería de la esquina de su casa y que hace maravillas en el billar... uno bajito, medio tartamudo...
--¡Lo conozco...! Pero es el caso, compañero, que yo estoy con enfermos en casa y que el asunto es para largo...
--¿Y eso qué tiene?... ¡Contribuya con su cuota de diez pesos y cumpla con la patria, amigo, como le corresponde! ¡Aquí, en estos casos, es cuando se ven los hombres de entraña y de hígado, che... que aman la tierra en que nacieron...! ¡No se me niegue a la subscripción, hágame el favor...! ¡Mire que me va a dar vergüenza de comunicarle al comité que nada menos que un criollo de su laya se ha hecho el sordo a la voz del patriotismo!
--¡Pero la cuota es muy alta, don Robustiano...!
--¿Alta? ¿Y con qué quiere hacer cantar un ciego, entonces?... ¿No ve que hay que poner una mesa y comprar un juego de sala y otras chucherías...? Yo doy la casa, pero no los implementos de que carezco... Después... hay que poner coches, porque los chilenos no van a ir a pie hasta la calle Castro Barros... ¡En fin, la cosa se hace bien o no se hace...!