Cuentos de Fray Mocho

Part 15

Chapter 154,080 wordsPublic domain

Los hombres vivían más en la plaza pública que en su propio hogar, y como su existencia transcurría de club en club y de manifestación en manifestación y los servicios de fondas y restaurants andaban tan escasos como caros, abundaban los negros pasteleros, que eran la providencia de los estómagos famélicos, así como la confección de los pasteles que vendían, lo era también de más de una casa de familia, que no solamente costeaba con su producto los gastos ordinarios de su presupuesto, sino que aun proyectaba en el futuro siluetas de millonarios y potentados. Los días de agitación política, las fiestas patrias, el carnaval durante el cual no era prudente aventurarse así no más en busca de provisiones, y, sobre todo la Semana Santa, en cuyos términos no se hacía matanza en los corrales ni se expendía carne en los mercados, eran los grandes días de la industria casera.

Fué al aproximarse uno de esos períodos y en época de gran carestía de provisiones en la ciudad, por hallarse ésta bajo sitio y con todas sus comunicaciones interrumpidas, que hicieron su aparición en las plazas y en las calles los pasteles de Misia Paca, que vendidos a precios increíbles por su baratura y rellenados con generosa liberalidad, desalojaron a sus rivales en el comercio menudo y mataron toda competencia, produciendo una crisis espantosa en la antes boyante industria pastelera.

Y las aceradas lenguas criollas, que cortan como tijeras de sastre, y las mentes activas y cavilosas, se echaron a buscar, desesperadas, el secreto profesional de la victoriosa pastelera Misia Paca:

--¡Si nunca hizo ni tortas fritas, che!... Y, después, eso se ve clarito... ¡Los pasteles son de morondanga y sólo sirven pa los que caían de pobres!...

--Yo... lo que no me explico, ¿saben?... ¡es el precio!... ¡Si es una barbaridá con los artículos como están!...

Y las comadres llegaron a propalar que los pasteles de Misia Paca se hacían con carne, no de mula ni de caballo, que al fin hubiera sido una nimiedad, sino con carne humana. Hasta se habló de varios ingleses sin familia que habían desaparecido y se afirmó que un carrero de la Aduana se había atorado con un huesito el cual examinado, había resultado ser un pedazo de dedo chico... hasta con uña.

--¡Ya veremos!... Dejen que venga Semana Santa... ¡Entonces será la buena!... El pescado no tiene más que un precio... ¡y no es inglés sin familia!

Y vino la esperada semana y Misia Paca vendió sus pasteles como siempre, baratos y tan bien rellenos, que su jugo “chorreaba por los enemigos”, como decía la clientela, aludiendo a que al primer mordisco cuando estaban calientes, saltaba la salsa apetitosa mojando los carrillos...

Entretanto, Misia Paca estaba radiante y su triunfo la embriagaba, quitando de sus labios hasta las palabras de piedad, que otrora supo reclamar para los desheredados...

--Se han fundido porque son haraganas y ambiciosas, y quieren ganar platales como Anchorena... Que trabajen y se contenten con poco, como yo... y ya verán.

Y el reinado de Misia Paca fué real y positivo, extendiéndose su influencia por toda la ciudad, llegando sus pasteles a todos los estómagos, pues no quedó negro vendedor que quisiera otra factura que aquélla sin rival.

Ya no había competencia. Descartada la insidiosa calumnia de la carne de inglés y la malévola especie de que los tales pasteles no podían encontrarlos buenos sino las personas sin estómago, se acallaron las protestas y los labios enmudecieron, confundidas las mentes cavilosas por la evidencia de los hechos, siendo aclamada Misia Paca e inscripto su nombre en la lista de oro de las grandes damas caritativas de la ciudad y disputándoselo las asociaciones de beneficencia para encabezar los consejos directivos... Hasta su esposo, que era un triste capitán, ascendió en el ejército, llegando a jefe de batallón, debido al influjo de los pasteles, que siempre en esta tierra se vieron cosas de tal jaez y ya no llaman la atención de nadie: los poetas no ganan posiciones escribiendo versos, sino enseñando matemáticas; los abogados curando enfermos o proyectando ferrocarriles; los médicos tramitando testamentarías; los ingenieros pleiteando en los estrados y los militares... hasta vendiendo pasteles de confección casera, escribiendo artículos de diario o mezclándose a las turbias corrientes de la política.

Una noche había reunión en una noble sociedad caritativa, presidida por la radiante Misia Paca y se atendía el pedido de una pobre mujer cargada de hijos, viuda reciente de un viejo soldado.

--¡Bueno!--decía Misia Paca, dirigiéndose a la pobre o postulante y manteniendo una atención aduladora, de parte de sus consocias,--ust'es pobre porque quiere... Trabaje y economice... La economía es la madre de la riqueza.

--Sí, señora.

--Yo también soy esposa de soldado y... ¡ya ve! adónde he llegado haciendo pasteles...

--¡Cómo no, señora!... Pero para eso ya'stoy vieja y muy llena d'hijos...

--Eso qu'importa... ¡No se'haragana!

--Si no es por haraganería... Sino que yo no voy a'llar sino alguno de tropa que me quiera... Y casarme, así... ¡usté ve!

--¿Acaso yo le aconsejo eso?...

--Ya sé que no... pero si no me caso con un oficial que me mande las economías del batallón... la leña, la carne, la grasa, la harina... ¡que son tan caras!... ¿cómo voy a fabricar pasteles baratos, señora?...

El argumento fué contundente y al explicarse de manera tan sencilla como inesperada el secreto profesional de Misia Paca, acabó su reinado, basado solamente en la economía... del cuerpo que mandaba su esposo y que resultaba ser la madre de la riqueza, como ella lo pregonaba...

LA DESPEDIDA

A ña Simona Peraira, como ella solía decirlo, no la agarraban sin perros ni los más madrugadores y en cuanto a su Carmencita, tal vez cayese en las uñas de algún gavilán artero, pues no hay muchacha en el mundo de quien se puede decir que sabe seguir consejos, pero antes que desgraciada, habían de verla sus ojos en el mismo cementerio. Y al mirarme ña Simona, por entre un monte de cejas, juntadas sobre sus ojos para darle a sus palabras un tinte de más firmeza, halló que me estaba riendo, al verlos cerca del pozo al aparcero Francisco y a la linda Carmencita, diciéndose sus ternezas como si nadie los viese en esa hora postrera, pues él dejaba sus pagos para irse de pialador a trabajar en las yerras...

--No crea que me la ganan y que yo me mamo el dedo...

--¡Qué ocurrencia, ña Simona...!

--Déjese de cumplimientos y de hacerse el socarrón, que usté no nació par'eso, como no nació Francisco, a quien si yo le doy lao pa que hable con Carmencita y le diga lo que quiera, es porqu'el mozo me gusta y no porque m'echen tierra, como ustedes se lo piensan.

--¡Pero, mire!... Atiéndame con paciencia y verá...

--¿Y paqué quiere que vea... si viendo he llegado a vieja?... Sepa sólo de una vez y pa que no alegue inorancia, que a ña Simona Peraira no es quién usté pa pitarla, por más narices que tenga y que a'nqu'hijo del patrón, no me ha'e boliar el caballo ni me ha'e gritar “bijulé” cuando salga d'este rancho... Son muy cachorros los dos p'hacer semejante hazaña y a usté, a'nque no le guste, se lo'e decir francamente... ¡pa gancho no le veo laya!

--Pero atienda, ña Simona, y no agarre campo afuera... mire que voy a pensar que es cierto lo que se corre, de que usted ve piernas en todas partes cuando no ve interesados en alzarle las tamberas y que no tiene más vida qu'estar chumbando los perros a cualquiera que se allega...

--¡Mirenmelón al dotor, afanao por hacer renga a Simona la puestera!... Vaya, pregunte a su padre, que con ser lo que él ha sido, nunca pudo en este rancho venir a soliar sus jergas sin permiso de la dueña o al menos... ¡sin que lo viera!... Fijesén la parejita que hace m'hija con Francisco, paradita junto al pozo, oyéndolé las mentiras con que trata de envolverla!... Lo mismo que a ella le pasa me pasó a mí con Mamentro, a quien Dios tenga en su gloria, el día que vino a'blarme antes de dirse a la guerra... Era un mozo bizarrote, así como Carmen su hija, y sabía decir las cosas con una gracia y un modo, que a'nque uno ya las supiese, gustaba escuchárselas, pues parecían siempre nuevas... Cayó a casa esa mañana montado en un redomón que recién mascaba el yerro y mientras mama'cababa de llenar un zarzo e quesos, trujo el caballo e la rienda, así como hizo Francisco y m'empezó a decir cosas, qu'eran todas cosas viejas, porque no encontré ninguna que yo ya no la supiera... Y habiendo estao en el trance, quiere usté que yo no sepa lo que le dice Francisco a la pobre de m'hijita, que hacen ya como dos meses que lo anda llevando en e'alma como él la llev'a ella?... ¡No crea en eso que corre de que yo chumbo los perros a todos los que se allegan!... Son dichos de pulpería, circulaos por cuanto vago sale a campearse un churrasc'o una cebadura e yerba pegandolé a la sin güeso p'hacer crer que no'stá seca... Francisco es un mozo bueno, como lo era mi Mamerto, y ya me ha dicho el patrón que lo v'hacer capataz cuando haga l'estancia nueva y entonces mi Carmencita y también mis cuatro riales, han de pasar a sus manos, si acaso Dios me permite...

--Y se lo ha de permitir, porque Carmen y Francisco...

--¡No me hable d'esos canallas que cren que m'están pitando!... No les diga que yo sé, mejor que lo qu'ellos saben, ese secreto que guardan... Hay flores que sólo güelen en el misterio e la noche, pues parece que el olor con la sombra se casara...

MI PRIMO SEBASTIÁN

Las personas que no tengan entre sus parientes un ejemplar como mi primo Sebastián, no mirarán seguramente, los tramways eléctricos ni los automóviles, con la fruición que yo los miro, ni leerán las noticias referentes a choques y colisiones, con mi impaciencia golosa, sobre todo al recorrer anhelante la lista de las desgraciadas víctimas. Anteayer acababa de desayunarme en el club y leía los periódicos, cuando se me presentó mi pariente:

--¡No salgás todavía, che! Tengo que hablarte seriamente de un asunto importante, que te interesa como primo y como argentino...

Y tomando asiento, con ese desparpajo fanfarrón, propio solamente de los hombres necesitados de entereza y que ocupados en fingirla no ven el ridículo que les hace señas, llamó al mozo encargándole uno de sus tantos brebajes favoritos, y encarándose conmigo, me dijo a quemarropa:

--Decime che... ¿vos ya te has afiliao a alguno de los partidos en lucha?... ¿Qué sos en l'atualidá?...--Y mi primo Sebastián revolvía nerviosamente su vaso, sin mirarme.

--¿Yo?... ¿Y qué quieres que sea, Sebastián?

--¿Cómo que quiero que seas?... ¡Yo no quiero nada!... El que debe querer sos vos, que no podés permanecer indiferente cuando ya están hirviendo las parroquias, olvidándote de que tenés un nombre tradicional en nuestras luchas electorales y parientes, como yo, ¡que solamente esperan tu palabra pa pararse!... Anoche, no más, les decía a los muchachos de casa, que comentaban tu indiferencia: “!Vean!... ¡A ese dejenmelón a mí, que yo lo v'y a templar!...” ¡Y aquí me tenés a tu lao, dispuesto a todo!... Vos sabés que yo soy el último Ferro que queda en la familia y que tengo de mi padre, entre muchas cosas buenas, la condición de ser desinteresado y decidido, como era él, que aunque hijo de italiano, no tuvo nunca nadie que decirle que no fuese un criollo cuadrao!... Yo, ¿sabés?, ¡estoy dispuesto a transigir con todo, menos con verte alejao del puesto que te corresponde y he tenido mucha rabia al no hallarte entre los notables que forman la convención!... ¿Qué se piensa Roca de nosotros, che?... Ya sería tiempo'e saberlo pa tomar un rumbo fijo y enseñarle a respetar... ¿Qué te ha dicho Pellegrini?...

--¿A mí?... ¡Nada!

--¿Aura salimos con ésa?... ¡El gringo ha de estar creyendo que se la lleva de arriba!... ¡Bueno: ¡Mirá!... Lo primero que hay que hacer, es cambiar de táctica y formar un clusito independiente pero maniobrero, algo así livianito, que podamos manejarlo como queramos... Sería una vergüenza pa vos y pa todos los amigos, che... que dejaran a un hombre como yo que dentrara a transar por el puchero, nada menos que con esos usurpadores envalentonaos... ¿Entonces quedamos en que vos lo que querés es dentrar entre los notables?...

--¿Yo?...

--¡Perfetamente!... ¡No hay ni que hablar!... Che!... ¡Mozo!... ¡Oiga! Traiga una botellita e coñaque del mejor que tenga... que vamos a festejar una alianza que será famosa... ¡Este hombre tiene una suerte...!

--¡Sebastián!... ¡Yo no te he dicho nada ni quiero nada!... ¡No me mezclo en política, ni quiero saber de notables ni de convencionales!

--¿Qué no vas a querer, hipócrita del demonio?... ¡Lo que hay es que ya estás creyendo que yo te me voy a dejar cair con un par de a quinientos y m'estás sacando el cuerpo!... ¡No creas, hermano!... Aura, desde que dejé mis viejos vicios, o mejor dicho, desde que ellos me dejaron a mí, se acabó el Sebastián de antes, aquél pasiandero y divertido que tanto les dió que hacer...

--Yo no te digo nada, Sebastián... pero no me meto en política ni quiero oir hablar de asuntos semejantes!...

--¿Qué no te metés?... ¡Eso será lo que tase un sastre!... ¿Y con qué derecho me querés cortar mi carrera, arrancándome de las manos nada menos que la bandera de la regeneración? ¡No, che!... ¡Vos tenés una tradición de familia que no es de tu sola propiedá y yo no v'y a consentir que te den una bofetada y te quedés como si tal cosa!... ¡No, m'hijito!... El honor y la dinidá no se valoran con plata, entendelo bien... y pensá que si vos sos rico en cambio te falta sangre en las venas y que yo tengo pa los dos...

--Bebete tu copa, Sebastián, dejémonos de zonceras...

--¿Zonceras la dinidá?... ¿Zonceras el orgullo y la altivez?... Es decir, que porque a vos se te antoje dejarte aporriar con Roca y con Pellegrini, nosotros nos tenemos que aguantar... ¡Hombre!... ¡Ni que fueras don Bartolo, pa disponer así de nuestra voluntá!... No, che, vos no te pertenecés y perdoná que te lo diga, ni tenés derecho pa condenarte a vivir como estoy viviendo yo, por conservar con honor el apellido...

--¿Y qué sé yo de lo que vives, ni lo que haces?...

--Ah!... ¿No sabés de lo que vivo?... ¡Bueno!... Vas a saberlo y entonces comprenderás de lo qu'es capaz el último de los Ferro de la familia, pa no desmentir la cría... ¡Asombrate! Yo exploto el apellido, haciéndoló servir pa encabezar banquetes en los hoteles y restaurants, pues soy nada menos que promotor de despedidas de la vida de soltero y felicitaciones por haber concluido la carrera!... ¿Y sabés cuál es mi suerte?... ¡Bueno!... ¡El llamarme Ferro!... ¡Si me llamase Martínez, Velázquez, Álvarez o Fernández no tendría ni siquiera ese miserable recurso de la comisión que me pagan los hoteleros como promotor!... ¿Quién diablo s'iba a dejar promover nada, con un individuo llamado así? ¿Quién iba a crer que un criollo o un gallego podían andar pagando banquetes a cada triquitraque ni festejando estudiantes?... ¿Y aura que conocés el misterio, decime si crés que yo puedo mirar con indiferencia tu alejamiento egoísta de la política, que me quita hasta la posibilidad de poder lograrme un calce?

--¡Qué Sebastián éste!... ¿Entonces creés de veras que yo tengo la obligación de meterme en lo que no quiero, nada más que por solidaridad de familia?

--¡Claro! ¡Los antecedentes atan, che, y obligan!... ¡Vos jujandomé por las historias de mi juventud de antes, te negás a ponerte en condiciones de ayudarme y preferís tu tranquilidá al honor, y yo, ni la familia, te lo podemos consentir!... Vos sos un personaje y tenés obligación de proceder como tal, con altura y dinidá... Yo, te lo confieso con franqueza, me veré obligao a hacerte dentrar entre los notables y a ponerte en condiciones, proclamando tu nombre en todos los banquetes que promuevo, porque me faltan unos doscientos pesos pa plantear mi clusito man'obrero...

--¡Y yo te digo redondamente, Sebastián, que no te doy ni un centavo y que te prohíbo hasta acordarte de mí!

--¡Cómo no!... Esta misma noche comienzo la proclamación y mañana vuela tu candidatura presidencial de boca en boca... Pues estaría lindo que rehusaras a ser nada menos que personaje en estos momentos solenes... ¡Ya verás de lo que yo soy capaz por honor de la familia y por no dejar un güeco nada menos qu'en la historia electoral de nuestra patria!

EN FAMILIA...

--Mirá mamá querida... todas esas cosas que me decís, yo las sé, pero no me sirven de nada, porque con ellas no adelanto ni pizca... ¡Mi situación es d'empantanamiento clavao y no tiene vuelta!... ¡Fijensé!... No he podido n'ingresar en el nuevo partido, pa ver si siendo de los primeros me liga alguna cosita, porque ustedes me tienen en una categoría que... ¡francamente!... da vergüenza.

--¿Y'acaso yo te privo?... ¿No es verdá, Mari'Elenita que yo no le privo nada?

--¿Y qué le vas a privar?... ¡Mirá semejante nene para'cer caso de lo que le digan!...

--Yo sé que no me privan... pero... ¿y con qué hago la parada?... ¡Aquí no caí pesito que vos no te lo tragués con tus modas y a mí me tenés reventao!... No tengo ni ranglar siquiera y le sacudo al over-coat hasta de tarde... arriejo de que me tomen por cobrador... Está bueno, che... que uno vaya pasando a fuerza de hacerse el loco y el mozo diablo... ¡pero no hay que ser tan calvo que se vean hasta los sesos!

--¿Y por qué no lo ves a tu sastre? ¿Qué nos venís a nosotras con semejantes historias... pedazo de sonso?

--¿Ves a tu sastre?... ¿Y te crés que yo tengo eso, che... ni que porque yo lo vea ya me v'alargar un ranglar?... No seas pava... hijita... Tengo que llevarle veinte pesos y sinó no hay tutía.

--¿Y cómo tenés para llevarlas a palco y nada menos que al Odeón... a las lombrices de Misia Pepa?...

--¡Mirá Marí'Elenita... no me saqués los cueros al sol, porque no se van a'soliar solos, eh?

--¡Bueno!... Dejensé d'eso... y vamos a ver cómo arreglamos para que te hagás un sobretodo...

--Acordate, mamá, qu'este mes hay que pagar los réditos y que se precisan los cincuenta pesos para el bordador de tu capa... Vos no podés seguir con la que tenés... ¡Es un verdadero asesinato!

--Dejal'a mamá, che... qu'ella sabrá lo que v'a'cer... No la mariés con tus esageraciones...

--¿Vos crés que son esageraciones?... ¡A este paso nos vamos a quedar en la calle! Mejor sería qu'en lugar de andar de tiatro en tiatro, te ocupases de alguna cosa...

--¿Pero vos crés que yo gasto un centavo en tiatros?... ¿Y de dónde v'y a sacar?... ¿No sos vos la que la metés a mamá en los gastos de dar recibos, para que no venga, nadie... pues no lo quiero contar al desgraciao de Pambazo?...

--¡Bueno!... sosieguensén y vamos a reglar el asunto...

--Si yo no hago más que contestarle a esta... mamá... ¡Figuráte que yo tengo que tomar mi café con el Dientudo chico que me lo paga pa que lo acompañe a pasar por una casa de la calle de Artes...

--¡Eso no es el tiatro... che!... ¡Yo te hablaba de las lombrices de Misia Pepa... no te hagás el sonso...!

--¿Y sabés por qué voy con ellas?... Porque son portuguesas... y yo las acompaño...

--¿Que Pepa es portuguesa, decís? ¿Pero estás loco?... Si hemos andao juntas en l'escuela'e Misia Pamela y nos conocemos desde chicas... El padre'ra un chino gordo...

--No, mamá... Si no es portuguesa de nacionalidá sino de oficio... En los tiatros les llaman así ¿sabés? a las familias que sirven p'al relleno e las salas no más... Cuando se da una función y no va gente, la empresa comienza a mandar los palcos y las lunetas, conforme nota que no se van a vender, a las casas que ya se tienen en lista... Todas esas familias qu'entran tarde a la función son generalmente del gremio...

--¿Qué nos contás, hijito?

--¡Como lo oyen! Misia Pepa es muy amiga del empresario y es la segund'e la lista... A las ocho, ya se visten las muchachas y se ponen los sombreros y esperamos, jugando a la baraja, hasta que llega el zanagoria con las localidades... Ves... vos, che... És'es el secreto que tengo para ir casi todas las noches y si no fueses tan criticona yo ya te hubiese convidao, porque las muchachas...

--¿A mí?... ¡No faltaba más!... ¡Mirá quién, che... para andar de portuguesa en ninguna parte!... ¡Y yo que creía que esas que llegan tarde a la función lo hacían por darse corte!...

--¡Portuguesismo corrido, m'hijita!... Nosotros ya conocemos todo eso y no nos llama l'atención... ¡Bueno!... Vaya, hermanita querida, en cambio de la lección que l´he dao eche una manita a ver si arreglamos lo del ranglar... ¿Cómo hago?...

--Mi consejo es que hagás como hacen muchos... ¡Que veás si también hay portugueses en las sastrerías y te hagás poner en lista!

CALLEJERA

--¿Conque resulta entonces que vos no sos coya sino una miserable falsificación?... ¡La gran perra!... Y pague uno impuestos y sacrifiquesé trabajando, pa que le suceda estas cosas nada menos qu'en una ciudá civilizada... ¿Querés ver de que llamo al vigilante...?

--Orst... ¿Y sabe que es ocurrencia?... ¿Acaso yo l´he dicho que soy coya ni que no soy?... Usté me ha llamao pa que le venda polvitos p'al amor y l´he dicho que no tengo sino bálsamo católico, habas tongas y pepitas de quina-quina... ¿Qué más quiere?

--¡Hijo'e perra...! ¿Aura me venís con ésas, no?... Esperate... Ya te v'y a'cer ver que aquí no'stás entre gringos...

--Pero, digamé, señor...

--¡Nada!... ¿A ver?... ¿A'nde tenés la patente...?

--Patente'e coya... Esto sí qu'es lindo... ¡Mirá... en la que m'he metido!... ¡Vea... señor!... ¡Atienda! Yo soy criollo de aquí ¿sabe?... M'he criao en casa'e los Palmarini, en la call'e San José y siempr'he sabido trabajar d'elemento eletoral... así... pa'sistir a las manifestaciones o pa fundar algunos clus... pero aur'ha cambiao la cosa y pa ver de remediarme le pedí el traje a un amigo que ha dentrao al cajoncito y aquí me tiene rodando...

--¿Que ha dentrao al cajoncito, tu amigo?... Y qué diablos es eso, che...? ¿Sabés que m'interesás?

--¿No sabe?... Pucha... ¿ve?... Eso sí que no le creo... ¡Si ustedes son más corsarios los de la municipalidá, que no se les va ni el aire sin que le metan el sello...! ¡Mire...! Mi amigo ha dentrao de turco y anda con el cajoncito vendiendo la merchería...

--¡Ah! ¡Ah!... ¿Es decir que aura hasta los turcos son criollos y que ustedes se le agachan a lo que caiga?

--¿Y sinó, señor...? Antes, siquiera los pobres teníamos algún recurso con el cuento'e las elecciones y a veces hasta nos caian con alguna comilona... pero, aura, Roca no precisa de nadies pa fabricar los pasteles y hasta se chupa los dedos pa no perder la grasita...

--A ver... che... bajá la prima y no te vas a pasar... Mirá que soy del partido...

--¡Orst...! ¿Y yo?... ¿Se cre que a'nque ande de coya no he sabido hacerme ver...? ¡Mire...! Busqu'en la lista'el comercio que le osequió una medalla cuando subió a presidente y, allá así como a la mitá, v'hallar que Antonio Carreño, que soy yo para servirle, figura con cinco pesos...

--Pucha qu'eras entusiasta...

--¿Yo?... ¡Ya lo creo!... Me recuerdo que una noche aquel dotor Igarzábal que formaba el comité, pues yo entonces me ocupaba de ausiliar de zanagoria, me mandó buscar al circo y alcanzándome un pesito, me dijo: “pa que bebás una copa y sepás que figurás en clase de comerciante... Claro... Ya se pued'imaginar el viva que largaría...

--¿Y nunca vas a lo'e Roca?... ¿Por qué no te le acercás?... ¡Mirá!... Si yo no fuese inspector ¿sabés? y me hallas'en tu pellejo... yo le hacía un'atropellada...

--¿Sabe que tiene razón? ¡Mañana me voy a verlo...! Tal vez que si necesita, me haga coya verdadero ¿no le parece, señor?... ¿Quién diablos v'a'cer aquí las cosas qu'él sabe hacer... así... sin rairse y mirando, como quien mira p'al cielo?

EL CAFÉ DE LA RECOVA