Part 13
--No ha de... Ahí siento el escarceo del petizo... Es un patrio viejísimo que mandó hace como cinco años el hijo de doñ'Amalia... el mayor González, que le llaman Conejito por mal nombre...
--¿Qué me dice?... ¿Aquí vive la madre de Conejito...? dijo mi compañero con acento de asombro.
--¡Sí, señor! Aquí vive y es mi compañera... ¿Quién lo diría, no? ¡Un hombre así, que tenga a su mama d'este modo!
Y mi compañero, mirándome de soslayo, agregó como por vía de explicación endilgada a mí:
--Es el caudillo del pueblo y... candidato para el Congreso...
Como llegara doña Amalia y trajera en una pequeña maleta las provisiones esperadas y el agua estuviese hirviendo, nos colocamos al lado del fuego, que chisporroteaba alegre.
--¿Conque usted había sido la madre del mayor González?
--Sí, señor... para servirle.
La cara angulosa de la vieja china se transfiguró:
--¿Lo conocen a m'ijito?... ¡Pobre!... En el pueblo todos lo quieren y aurita no más me decía el bachicha de la pulpería que tal vez lo hagan gobierno...
--No ha tráido sal, doñ'Amalia, ¿sabe?... ¡Lindo vamos a estar!
--¿Y qué quiere ña Martina... El hombre no quiso dar...
--¡Mirá qué bolada...! Otra semana de guiso e bagre o de lagarto asao sin pisca e sabor...
--¿Comen lagarto ustedes?
--¿Y sinó...? Si es riquísimo según dice doñ'Amalia, y nosotras cuando agarramos alguno estamos de fiesta... Aquí la carne es como la sal... ¡Cosa e lujo!
--¿Y hace mucho que no lo ve al mayor González, señora?
--¡Cómo no!... ¡Mucho!... El pobre casi no se puede mover del pueblo, y yo, ya ve, acostumbrada a esta vida del bañao, tengo hasta pereza d'ir...
--Cómo no, doñ'Amalia, dijo ña Martina indignada... ¡Ust'es una mujer sonsaza con el muchacho ése...! S'está muriendo de hambre aquí, metida en l'agua pa cortar la paja y teniendo que vivir de bichos del bañao y él... ni se acuerda de su mama... ¡Y toavía viene a defenderlo!... ¡No diga!... ¡Ése no tiene perdón de Dios!... ¿Quieren creer que vez pasada la pic'un coral y que cuando vi que la contravíbora parecía que no hacía efeto, le mandé decir que se moría y ni siquiera contestó?
--Callesé, ña Martina, es mejor... dijo doñ'Amalia, irguiéndose enojada... ¡Cómo se conoce que no es madre!... Caramba con la compañera que tiene una lengua de rastrillo ¡Mirá decir que m'hijito no se acuerda de mí, cuando hasta me mandó el petizo ése que muento, qu'es una alhaja, señor!
* * * * *
Una noche, meses más tarde, nos hallábamos en la Ópera con el compañero de caza, y como me constaba que no conocía a nadie en el mundo brillante que nos rodeaba, y notara la insistencia conque fijaba el anteojo en uno de los palcos bajos, le dije:
--¿Halla'lgo aquí que le guste más que'lmonte, compañero?
--Ya lo creo... Pero aura miraba'l Conejito, qu'es el nuevo diputado de nuestra provincia y qu'está allí en un palco con varios amigos... Es el hijo'e doñ'Amalia, ¿se acuerda?... Aquella china del bañao que nos sacó cuando nos perdimos...
Miré hacia el palco y vi, lustroso y rozagante, un tape de edad mediana que miraba como distraído la sala resplandeciente, y me acordé del modesto fogón campero a cuya orilla una pobre china vieja chamuscaba la carne de un lagarto que sazonaría, a falta de sal, con buena voluntad y con cariño de madre.
DESPUÉS DEL RECIBO...
--¡Dejam'hijita...! exclamaba doña Prudencia, de pie en los últimos peldaños de los treinta que forman la escalera de la casa de su sobrina.--¡No me hablés... que vengo con la garganta seca y n'oigo ni una palabra...! Dios me libr'y me guarde de volver a semejante visita... ¡Se fueron báules, che, y han vuelto petacas...! ¡Con eso te digo todo!
--¡Pero mi tía... si yo no sé ni de dónde viene...! Esperesé...! Saquesé la gorra...
--¡No, hijita, dejáme así no más...! Mirá... ¡Hacéme servir más bien una tacit'e caldo, si tenés a mano... o mejor un matecito, che!... ¡Qué cosa bárbara las tales Pitiguascas...! ¿Pa qué me habré metido a visitarlas...? ¡Aura, m'hijita, después de lo que me ha pasao, les hago una cruz a todas las que vuelven de Uropa, ni an'que les pongan noticias en los diarios y digan que han visitao a las reinas y a las princesas...! Querés crer que Ramona me acompañó hasta la puert'e la sala y allí m'hizo una reverencia como si yo fuese alguna condesa qu'iba a visitarla y me largó a pata... con este romatismo y sin decirme ni siquiera el trangüe que tenía que tomar...?
--Bueno, mi tía... pero usted ha hecho mal también en irse a meter de visita en lo de Misia Ramona...
--¿Mal?... ¿Y por qué...? ¿No las he visitao siempre hasta que se fueron pa Uropa y no me trataban antes como me correspondía no solamente por mis años sino por ser la viuda del hermano de su marido...? ¡Bastantes tortas de tape nos hemos comido con mate, sentadas frente a la puert'e la cocina!... ¿A'n'de se ha visto que porque haigan estao dos meses en París, ya se van a olvidar hast'e la parentela...? ¡Mirá que antes m'iba'a dejar salir Ramona sin darme siquiera p'al trangüe y sin convidarme a'n'que fuese con un matecito...! ¡Éstas de aura, son cosas de las muchachas, que l'han trastornao con sus lujos y con sus modas, che...! ¡Mocosas atrevidas...! La muert'el padre no les ha servido sino pa que agarren al destajo los pesitos que les juntó y todavía las he de ver arriand'ovejas en algún puesto e mala muerte, como la he visto tantas veces a su madre... porque Ramona, m'hijita, a'nque la veás aura con tanto ringorrango, montaba hecha hombre en cualquier mancarrón y se largaba por esos campos con la pollera como chiripá... ¡Y aura quien la ve metida a pelo colorao, cuando tiene las cerdas como cepillo... y con el pescuezo, qu'era una cola'sada por lo negro y por lo seco, pintao de blanco y hasta con venas azules...!
--¿Pero que le han hecho, mi tía... qu'está tan enojada?
--¡Enojada no, che...! Lo qu'estoy es resentida como argentina, con todas esas mamarrachas que siempre se han llenao la barriga con galleta y mate amargo... y eso cuando tenían... y que aura no toman sino té con bizcochitos de ala e mosca... ¡Fijate...! Llego a la casa y m'entro sin golpiar, como siempr'he tenido por costumbre, pero cuando subo, me topo arriba e la escalera con un gringuito todo afeitao, qu'estaba e centinela y que pela una bandejita de oro y me la mete por las narices pa qu'eche la tarjeta... ¡Mirá yo con tarjetas, che...! ¿An'de estaremos...? Le dije despacito, porque noté que había gent'en la sala y no quería hacer ruido, que yo ib'a pasar al comedor y que cuando saliese Ramona le avisara... ¡Si vieses la cara que puso y los ojos conque me miró...! ¡Parecía que le hubiese propuesto ir a robar el Cristo e la Catedral, che...! ¡En eso veo que se levantan dos paquetonas de las qu'estaban de visita y qu'eran nada menos que las hijas de don Pepín, aquel verdulero del mercao Comercio que m'hizo que le sacase un hijo e la pila, allá p'al tiempo en que mi marido era ispetor y que son unas gringuitas conocidísimas...! ¡Claro!... Quise saludarlas, pero no tuve tiempo porque parándose frente a la escalera, se hicieron unas cortesías con Ramona y las hijas, dando como unas sentaditas sobre los garrones y largandosé la cola pa lucirla, haciéndose las que la dejaban p'agarrarse de la baranda, salieron muy orondas... Ni me miraron, che, y pasaron por junto a mí embebidas en los trapos... La saludo a Ramona y a las muchachas, que me recibieron, no como antes, con aquellas esclamaciones y aquellos agasajos de la gente criolla, sino con una sonrisa con mostrada e colmillo y un apretón de manos con el brazo tieso como pa ensartarte si acaso querías besarlas... y ya me dió un sofocón, che... ¡No sabiendo qué decirles después de los saludos, me acordé de las gringuitas de don Pepín que aura andan tan alcotanas y que yo había conocido roñosas, comiendo los desperdicios del mercao... y no me contestaron ni una palabra, che!... Aquello no era visita sino baño helao y me salí ligerito no fuera que me agarrasen a escobazos...
--¡Hizo mal, mi tía, en ir a decirles esas cosas, también!... ¿Para que andar así... recordando la vida pasada...?
--¡De gusto...! ¡P'hacerlas rabiar y morderse la cola, por mamarrachas y por sonsas...! ¡Quisiera que levantase la cabeza mi cuñao, pa que viera en un recibo la familia'e su apellido... él qu'era tan criollazo...! Nunca me olvidaré del reto que le pegó a Ramona, una vez, por meterse a'ndar hablando con dicionario y queriéndolo'bligar a qu'hiciera lo mismo... Estábamos en rueda y él contaba que por no haber pagao un compadre suyo la sepultura e la mujer, cuando se le venció el plazo, echaron los güesos al osario... ¡Si vieras la cara e Ramona cuando le oyó decir osario con toda aquella boca que le había dao Dios al pobre... y la de él, cuando ella, con su vocesita e flauta, le dijo haciéndosé la fina: “No es osario, Miguel... sino Osorio...! ¡Tené cuidao... pa no pasar por lo que no sos...!”.
¡VIVA CHILE... Y SIGA EL BAILE!
--¡Pa chancha y pa puerca, che, la suerte mía...! ¡Mire qu'irsemé los chilenos nada menos que cuando se vienen los fríos y dejándomé a la intemperie...! ¡Si parece maldición, amigo...!
--¡Per'hombre...! ¡Esto si qu'es lindo...! ¿Si quedrás que los güéspedes se quedaran hast'el día'el juicio final?
--¿Y cómo no...? ¡Gente tan buena y tan simpática...! Yo ya'bía'prendido a decir “puj'hombre”, “al tiro” y “donde Concha”... como si fuese oriundo de las orillas del Mapocho y les había entrao, hast'el estremo de que Vergara me decía las otras noches “vengasé conmigo, cabaiero Rodríguez Ese”--pues yo para'chilenarme mejor me agregué la inicial de Salchicha, qu'es el apellido e mi madre--“Y haremos una visit'a la tierra”... ¡Es una verdadera lástima que nos hay'abandonao esta gente y no m'explico porque no se le ha pedido a la delegación que se quede siquiera un mes...! ¡Qué banquetones, che, todas las noches...! ¡Y después los habanos y los licores y la charla...! ¡Te aseguro que yo he'ngordao... y del ñato Tripita no te digo nada!
--¿Qué me contás...? Con razón me dijeron que no se te veía por el jujao hacía como diez días y que a tu cuarto ni pisabas...
--¡Pues hubies'estado lindo que me costeara hast'allá, teniend'un espléndido alojamiento en el Royal... hasta con ropa para mudarme! ¡Y después no nos daban alce los güéspedes, che!... ¿No ves que dragoniábamos de periodistas, d'estancieros, de rentistas y teníamos que andar por allí no más?
--¿Y ustedes de qué dragoniaban?
--Yo de chileno criao aquí y Tripita de redator político... pero había muchísimos otros...
--¿Y cómo fueron a colarse en la comitiva, che...? ¡La gran perra, si yo l'hubiese sabido...!
--¡Ahí tenés...! ¡Fuimos a la intendencia a pedir dos entradas p'al puerto el día de la receción y uno de los empliaos oyendo a Tripita qu'es medio gangoso p'hablar, lo tomó por chileno y le preguntó si éramos recién llegaos. ¡Fijate que bolada, che!... ¡Claro! ¡Ahí no más nos dieron un palco de honor haciendo arriar a la policía por mistificadores a dos chilenos verdaderos...! ¡Si era de perecer de risa, lo mismo que cuando en el baile del Jockey, el senador Cané, pa mostrarme su viveza e criollo diablo, hizo echar a la calle a un pobre reporter qu'iba con invitación de su diario a ganarse la vida y a mí me acompañó hast'el comedor, diciéndome con su vocesita e nervioso. ¡Mire, la facha del periodista... sin frac. ¡Es un escándalo lo que sucede con los colados, chileno amigo!”.
--¡Eso es invento tuyo, che!... ¿Cómo no v'ha saber Cané que los periodistas de verdá, los pobres bichos que honradamente cambian su salú por el mendrugo miserable, no tienen el aspecto rozagante y florecido de los que viven del cuento...? ¡Eso es macana!
--¿Qué v'a saber hombre...? ¡Si él a fuerza de cernirs'en las nubes ya no se acuerda de lo qu'es la tierra! ¡Mirá...! ¡No hay bicho más cruel con sus semejantes qu'el hombre que l'ha calzao!... Nosotros éramos como treinta, que andábamos con fraques alquilados y si vieras cómo nos trataban nada más que por la colita e pato! Todos se desvivían por agasajarnos y a pesar de sospechar qu'éramos casi zanagorias, nos obsequiaban y convidaban a cuerpo e rey... Cuando entrábamos a una mesa e lunch hacíamos repeluz de lo que caía y si vieras como nos trataban los mozos y los capataces porque rompíamos copas con el apuro y tirábamos al suelo hasta las fuentes de masas... ¡Por poco no nos abrazaban de contentos lo que le agrandábamos las cuentas y les dábamos ocasión para salarlas!... ¡P'andar bien con ellos, hay que hacer eso y ni escupir en los restaurantes donde se banquetea en detalle... ¡Tan sonsos que son los empresarios!
--Y entonces toda esa gente que se veía en los teatros, siguiendo a los chilenos, ¿eran puritos com'ustedes?...
--Y si no... ¡Habí'algunos del sonsaje, que caían a visitarlos por curiosidá, pero no podían con nosotros que ya éramos de confianza... y los sacábamos peinando...! Una tarde llegaron unos cuantos periodistas de verdá y nosotros apenas los saludamos con la cabeza... así... como a inferiores. ¡Cuando se fueron Tripita tuvo la osadía de decirles a unos chilenos qu'eran pinches de los diarios que venían quizás a ver si les hacían algún regalito...! ¡Mirá, hermano! ¿Sabés que me he convencido de que aquí no hay nadie que pueda más de lo que puede un cola e pato? ¡Yo conforme tenga unos pesos, me le afirmo a uno de moda y dejo e ser ave negra...! ¡Quién sabe si todavía no me ves de personaje...!
--¡Sí, che...! Pero si lo lográs, no vayás a'cer conmigo alguna barbaridá porque me veás de saquito...
--¿Conque te gusta ser gente, no?... ¡Bueno! Entonces transformate, hermano... y seguí la corriente... Si no servís para otra cosa, servirás para comparsa... Comprate un frá y unos guantes y ponete en condiciones...
--Lo que dudo, che... es que vuel'va presentarse otra bolada como ésta...
--¡Ah! Tenelo por seguro... Ya como ésta, ni pintada... pero el asunto e la confraternitá es cosa que v'a durar. ¿No ves que el comercio y los empliaos ya le han tomao el gustito y an'que las otras naciones no se comparen con Chile, las tenemos que osequiar?... ¡Lo qu'es yo, v'y a'prender para oriental y un poco pa paraguayo y vas a ver qué papel cuando llegue la ocasión!
EL CAZADOR DE TIGRES
Me lo habían señalado como tipo digno de estudio, pero diversas circunstancias habían obstaculizado una entrevista durante el verano y al llegar el invierno se ausentó de la ciudad, quizás a alguna cacería de tigres, de aquéllas que formaban su especialidad. Una tarde me avisaron su regreso y fuí a buscarlo en la confitería que frecuentaba con regularidad casi cronométrica.
--Buenos días, amigo...
--Buenos... dijo el hombre, alzando la cabeza más cómicamente calva que he visto en mi vida, y mostrándome el chirlo rojo que le cruzaba la frente y del cual me había hablado mi informante, diciéndome que era el zarpazo de un felino.
--Me dijo mi amigo Gutiérrez que usted era cazador de tigres...
--¡Perfectamente!... ¿Y qué hay con eso?... Y se sonrió sin la menor vanidad por su belleza personal pues de haberla tenido, no hubiese exhibido con tanta franqueza una dentadura asaz maltratada por el uso.
--¡Nada!... ¡Quería conocerlo... hablar con usted!... ¿Quiere que tomemos alguna cosa?
--¡Permítame, señor!... ¿Usted se llama García?
--¿Yo? No, señor... a menos que no lo sepa... ¡Yo soy Pérez... el periodista Pérez!
Y nos sentamos en un rincón, echando al medio una botella de vermouth, pues el hombre, aunque cazador de tigres, era temeroso del cognac y de la ginebra. Supe de sus labios curiosísimos detalles a propósito de su especialidad y, entre otros, que las autoridades de la comarca que acababa de recorrer, le habían prohibido el ejercicio de su habilidad, porque no le había querido regalar al comisario de policía del partido el caballito que montaba.
--¿Pero eso no ha de ser así, amigo?...
--¿Y por qué no ha de ser, señor? ¿Acaso no sucede siempre lo mismo?... Nombran un comisario nuevo para cualquier partido y cuando más pobre llega, más pronto sale a hacer su recorrida para conocer el pago... Va de estancia en estancia y de rancho en rancho y aquí le gusta un caballito por la parada de las orejas cuando ladran los perros, allí una yunta de bueyes por el modo de mugir o porque tienen las astas blancas y más allá un carnero o unas ovejitas o un gallo, según la pinta de la gente con quien tiene que tratar... Ya ve, pues, que de esto, a tener un plantelito de estancia no hay ni media pulgada.
--Y usted sabía que había tigres por allí...
--¿Qué iba saber, amigo? ¿No le digo que era la primera vez que pisaba el partido?... ¡Andaba buscando no más!... La gran perra con el tal comisario... ¡Me ha hecho perder la bolada de probar ante propios y extraños, como lo he sostenido siempre, que el tigre le dispara al hombre en lugar de atropellarlo... ¡Vea...! ¡Al tigre, que es flojo pero atrevido, no hay como ganarle el tirón!...
--¡Lo creo... pero el miedo no es sonso... ni convida a bailes, amigo!
--¡Qué me va a decir a mí, señor Pérez, sobre el miedo, cuando lo tengo más estudiado que la cartilla!... ¡Mire! Eso de los hombres que no tienen miedo, es una macana vivita... El miedo no necesita que lo llamen para venirse sobre uno en los momentos de peligro y lo mismo le cae a un blanco que a un negro... ¿Sabe la única diferencia que hay entre los flojos y los guapos?... ¡Que los primeros no se saben tragar su miedo como los segundos!... Si yo no hubiese tenido la desgracia de que el tal comisario se llamara García, a esta hora andaría mi nombre volando por toda la República en alas de un hecho incontrovertible, probatorio de este aserto atrevido...
--¡Hombre!... ¿Sabe que no veo bien la concomitancia que puede haber entre su cacería de tigres y el hecho de que el comisario se llamara García?...
--¡Claro!... ¿Qué va a ver?... Para ser ciego y sordo con perfección, en este país, no hay como ser periodista... ¡Mire! A mí los Garcías me tienen reventado y cada vez que me topo con uno, es casi a la fija que me ocurre una desgracia: por dolorosa experiencia sé que es inútil que les haga la cruz ni que toque fierro... Dígame... ¿Ha pensado usted alguna vez en contar los Garcías que hay en Buenos Aires? ¡Bueno! Yo lo he hecho, porque ellos son mi desventura y he querido conocerla en toda su extensión... ¡Tome nota!... Hay nueve mil veintitrés García y de éstos son hombres cinco mil doscientos once, contando como entero a un sastre cojo y manco, que vive en la calle Balcarce al llegar a Brasil, de cuya exigua persona no quedan sino retazos y que se completa con un hijo que tiene seis dedos, y tres mil ochocientas doce mujeres. Setecientos veintidós son almaceneros, doscientos cincuenta y un corredores, ciento tres abogados, cuarenta y tres médicos, doscientos cincuenta y un militares, entre los cuales hay un general; un comodoro y doce coroneles, veintiocho clérigos y el resto pertenecen a profesiones varias, teniendo teléfono solamente diecinueve, pues es la gente más refractaria al progreso y al gasto de dinero en superfluidades.
--¡Demonio...! ¿Sabe que es curiosa su estadística?
--¡Ya lo creo!... La he hecho como un cálculo de probabilidades contra la desgracia, pero no me ha servido de un comino y por lo que le he contado del maldito comisario, ya puede ver de lo que son capaces los García cuando se le atraviesan a un hombre... ¡Puede tener la seguridad absoluta de que la sola presencia del más insignificante de ellos, basta para desbaratar el proyecto mejor elaborado...!
--¡Bueno! ¡Perfectamente...! ¿Pero cuántos tigres lleva usted despachurrados hasta la fecha, a pesar de la siniestra influencia de los García?
--¿Yo?... ¡Pero ni uno, amigo...! ¿No le he dicho que lo que ando buscando todavía, sin poder conseguirlo, es tener la ocasión de probar que el miedo es común a todos los hombres y que los más guapos son todavía los que se lo tragan mejor?
--¿Pero, entonces, cómo tiene usted tanta fama de cazador de tigres...?
--¡Ahí verá lo que son las famas...!
--¿Sabe que es curioso el asunto? ¿Y el chirlo ése que tiene en la frente no es un zarpazo de felino, entonces?
--¡No, hombre... qué va a ser! Éste es un arañón que me pegué con unos vidrios de botella cuando era chico.
--Me ha embromado Gutiérrez con sus informes... ¡La gran perra que es mentirosa la gente...!
--¡No crea...! Es que la vida es así no más, mi querido señor Pérez, y que en este país como es nuevo, tenemos que inventarnos todo para poder vivir a la europea... ¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos historiadores, militares, artistas, políticos clarividentes, periodistas, comerciantes, literatos, autores dramáticos, cantores y hasta cazadores de tigres...? Una miserable toldería con indios de levita.
DIPLOMÁTICO EN BOTÓN
--¡No che...! Apuntá para otro lao... Lo qu'es a mí, ni pintao volvés a verme n'un atrio.
--¡Perfetamente...! ¡Sos dueño'e tu voluntá...! ¡Pero no vengás, después, diciendo que sos patriota y maldiciendo al partido porque no sacaste nada...! Bien me decía vez pasada el padre'e los Amarillos.
--¿De mí...? ¿Y qué te pudo decir el padre'e los Amarillos, que apenas si me conocía de haberle pagao la copa en algunas ocasiones...?
--No sé si te conocía, hermano... pero p'al caso es lo mismo, desde que va saliendo verdá todita su información... ¡Hombre!... Fué cuando te sostuve pa citador del jujao... ¿te acordás?... ¡Bueno! Entonces me sabía decir con aquel tonito gangoso que nos hacía tanta gracia: “No se fíe d'ese mozo, amigo... porque no ha'e ser de firmeza y el día menos pensao la sangre lo ha'e tiroñar... ¡El padre usaba un escapulario con retrato'e don Bartolo... y la cabra tir'al monte!”.
--¡Buen viejo chancho y embustero...! Permita Dios qu'esté ardiendo en el tacho más caliente que tengan en el infierno... ¿Conqu'él conoció a mi padre, no?... Mirá... Andá y decil'e mi parte que se rasque si le pica... ¿Querés?
--¡Cómo no! ¡Aurita voy conforme pas'el calor!
--¡La pucha con el viejito...! ¡Con razón tuv'unos hijos que son tan calamidá y unas hijas que pa bagres no les falta ni collar...! ¡Conque mi mama, qu'era una mujer tan seria y que sabía tanta cosa, me supo dar ningún dato respeto el particular... y los ib'a tener él que al fin ni parecía de aquí... al menos por la tonada...!
--¿Y qué querés, hermano?... Hasta se l'oí repetir en el mismo comité...
--¿En el comité...? P'cha que siento, che, qu'ese viejo se haiga muerto... L'hubiera hecho confesar lo que siempre sospeché, ¿sabés?... ¡que hasta él mismo era toda una matufia que caminaba com'hombre!... ¡Fijate sinó...! Se llamab'Agapito ¿te acordás? y nunca hizo ni morisquetas, porque no sabía ni rairse y de apelativo Amarillo y era aindiao tirando a negro.
--¡Bueno, hermano, así sería... pero ya ves...!
--¿Ya ves?... ¡Yo no veo nada, che!... Lo que sé's que no m'iscribo, ni voto ni m'enrolo, ni me meto en política ni en nada...
--¡Pero, che...! Vas a quedar pior que gringo, porque un criollo sin boleta no sirve ni pa charlar... ¿Ve? ¡Así son todos ustedes!... Se les viene la ocasión de hacerse valer com'hombres y empiezan a hinchar el lomo y la dejan escapar...
--Yo no encumbro más manates, que después ni me saludan...
--¡Veanlón al mozo vivo...! ¿Ve?... ¿Pero te crés, infeliz, que ni vos, ni yo, ni nadie servimos para otra cosa que pa'muchar el montón de los pobres zanagorias...? ¡Y no encumbro más manates...! ¡Dejat'e cantar, chicharra, que todavía pued'elar!... ¡Atendé...! Vos no tenés porqu'estar desencantao... Si no cuajastes de citador, no fué porque tus amigos no te hubiesen sostenido; sino porqu'el acuerdo t'esigió ese sacrificio... El empleo se le dió al pardo González, candidato e los mitristas, qu'hicieron, como se dice, hasta cuestión de gabinete...