Part 12
“Mi querida Ernestina: Te escribo apurada para hacerte saver que recién acavamos de yegar de Lomas y que estamos muy buenas de salud. Mamá a perdido completamente aquellos mareos que le daban y tuvo que achicar la bata como tres sentímetros porque con los aires del campo perdio como medio kilo. Yo no puedo salir todavía porque acabo de bagar del tren y estoy desnuda. Nos vinimos con lo puesto porque el equipage se lo dejamos a mi tio para que él nos lo mande despacio. Si vieras como he pasado estos quince días que no nos bemos. Encontré una cimpatía que es bastante buen mozo y, después te contaré. Es un mozo de ogos asules, que está muy bien empliao en el jujao de pas y dice mi tio que es de porbenir y muy serio. No te escribo más porque el muchacho está esperando y no quiero demorarlo. Ernestina, dise mamá que te pide como un cerbisio que le digás por el teléfono a ese amigo tuyo que puso el otro día la noticia de que nos íbamos, que lla emos buelto y estamos aquí y que este año pensamos dar algunos resibos a las relaciones festegando la entrada del inbierno. No te vallas a olvidar y decile el nombre de nosotros bien, para que no ponga en la noticia que somos la familia de Mogarrita, que es el apellido de papá, que es tan feo, sino de Lagos, que es más conocido y es el de mama. Dice mama que le digás tanvien que hemos sido muy osequiadas por lo megor de Lomas y que nos visitaron mucho, porque mi tío es allí muy querido y que el gobierno le dibia de dar algún empleo bueno, bisto lo bien que se a portado. El corría con las luces del corso y nadies tubo nada que decir. El pobre es mui bueno y nie va a yudar para que me bisite el mozo de que te hable mas arriba. Se disfrazo de Juan Moreira y otra noche de Cocoliche y nos hiso reir con las ocurrencias que nos digo. A mí me digo que desde que me había visto, le paresia que tenia un hormijero en la naris, en italiano arebesao le salió muy gracioso. Yo creo que me quiere, porque se paso las tres noche con nosotros. Es afisionao a la bisicleta y sacó a Juan Moreira y a Cocoliche montado en bisicleta por lo que todo lo aplaudían. A mí me digo un berso muy lindo. Cuando nos veamos te contare de otra cosas. En Lomas estaban las de García que dijieron los diarios que se iban a Mar del Plata. Bibian en una casita de las orilla alquilaban una piesa para todos y decían que eran sobrinas del presidente y que no podían quedarse sino hasta el gueves después del entiero, porque tenian que ir a resibir a Marselo de Albiar. Que te parece lo que son la notisia de los diarios, ya no se puede crer las notisias que dan sobre la bida social con las mentiras que disen. A mí me encontraron en la plasa y se icieron la que no me conocían, pero yo me les acerqué no más y entonces no sabían qué hacer con nosotras. Nos digieron que estaban con un enfermo que creían era tifos para que no las bisitaramos y supiéramos como bibían amontonadas. Juanita trago un bestido rosa de bolado en forma y manga de farol y María Ester un sombrero muy lebantado de atras y bago de adelante.
Parese que a Juanita la festega un provinsiano y que se casa. Ay algunas que tienen suerte y saben mariar los moso así que no es estraño. Dice mama que te pide que no te olbidés de la notisia de la yegada de nosotras y que hagás costar que somo las de Lagos y no de Mogarrita como digieron. Si tenés algún ratito venite a conbersar. Ya me contaron que el ofisialito aquel de los bomberos, andaba pasando siempre y que te había escrito. Me conto Laurita en la estación Costitucion cuando yegamo y ella iba para Adrogue. No le vas a contestar, acordate de lo que me paso a mi con aquel dependiente por aberle contestado, que después les mostro a todos los amigos y tata mimo lelló mi carta en el café, enseñada por el y se la tubo que quitar y romperla dándome un reto grandísimo...”.
--¡Niña!... Si no v'acabar, v'y a espumar el puchero... y a retirar la olla'sta que vuelva... ¡si acaso me v'a mandar!
--¿Y recién te acordás... condenado?... Vas a ver luego con mama... ¡Ya verás lo que cobrás!... Llevale'esta carta a Ernestina y si te pregunta cuándo llegamos, decile que recién entramos...
--¿Y quién espuma el puchero?... Mire que la niña vive lejos... ¡y no v'y a venir a tiempo!...
--¡Andá no más... y apurate... Mirá... Si te pregunta qu'estoy haciendo, no le digás que cocinando... decile qu'estaba en el piano... ¡No te vayás a olvidar!... ¿eh?... Y fijate, así de paso, a ver lo qu'está'ciendo ella...
--¡La pucha que tiene vueltas el oficio e cocinero... en estas casas de ricos!... ¡Uno es casi com'un estuche!
¡ROBADITA!...
¿Per'usté cre qu'es por verla, mi vida, que me paso todo el día plantao en la bocacalle, llamandolé l'atención a la misma policía?... ¡No crea!... Ya pronto v'acer un mes que la tengo retratada en lo profundo del alma y pa mirarm'en sus ojos y recriarme con la gracia de ese cuerpito tan lindo, miro un poquito p'adentro y ya se me representa como si fuera verdá... hasta con ese gestito de cruel, de mala y d'ingrata, qu'está diciendo “alto el fuego... no se pasen de la raya”, mientras da unos tironcitos que se lo llevan a uno como si fuese a la rastra... Mire, mi alma... y perdone la confianza... Ya que usté sabe muy bien qu'inoro como se llama, m'he visto en la obligación de tener que darle un nombre pa poder hasta tutiarla!... Si acaso no le gustase, digameló con franqueza, porque ya que nadie sabe, puedo cambiarlo por otro de los tantos que me brotan de lo más hondo del alma... Entre “ricura” y “mi vida”, pasé dos noches pensando...
--Se le conoce'n la cara...
--Y así no más ha de ser, a'nque usté le juegue risa!... ¡Bueno!... ¡Mire, mi alma! Si yo me paso las horas como sabe que las paso, quizá arriejando que crean que soy un aplana-calles y que no sé respetar lo qu'es dino de respeto, es sólo porque se me hace qu'el aire que aquí respiro me trai como una esperanza...
--No diga... que aura es de noche... porque v'y a creer qu'es verdá y que soñando dispierta, escuché como llovía...
--¡Mayhaya que soy sin suerte!... Bien me decía la otra tarde el agente Caña-dulce, oservando que mi vista estaba como clavada en cierto balcón dichoso...
--El agente Caña-dulce... Mejor qu'en andar hablando, bien se podía ocupar de ser menos sinvergüenza... Ya no hay muchacha en el barrio que ni siquiera lo mire, por caluñero y guarango... ¿Y qué le dijo su lengua con respeto a mi persona?...
--De malo no dijo nada... porqu'estando yo presente, no hay quien capaz d'echar sombra ni siquiera en la paré de la casa en qu'ella vive... pero sí me declaró qu'éramos más de quinientos atacaos del mismo mal y que no había ninguno que hallara el menor alivio!... Me habló de un joven francés de pantalón de cuadritos, que sabía pasarse días...
--¿No ve si será canalla?... A nadie mejor que a él le costa que ése afiló lo mismo qu'él afilaba y por causa de los dos abandonó su conchavo una muchacha tan buena como Paca Miraflor... Es pa que no suceda lo que a ella le pasó, que le pido que me deje...
--¿La patrona es delicada?...
--¿Delicada?... ¡Cómo no!... Lo que hay es qu'es una vieja separada del marido...
--¡Y se le hace la boca agua si ve comer caramelos!... ¡Bueno, mi alma! ¡Vea!... Yo le v'y a'blar con franqueza y le v'y a probar con hechos que sé lo qu'es respetar lo que merece respeto... ¿Usté sale los domingos?
--¿Y pa qué quiere saberlo?...
--Pa tener un'esperanza y pasarme la semana siquiera con la ilusión de que v'a llegar la hora de poder mirar sus ojos, así, de cerquita, mi alma... ¡como aura la estoy mirando!...
--No se pase... tan seguido, por la vereda de casa... y apriend'a tener pacencia... ¡siquiera hasta otra ocasión!...
--¡La perra... con Caña-dulce y la vieja sin marido! ¡Lo qu'es al criollo Morales no le van a cantar flor sin que uno de estos domingos conteste con una contra... ¡que parezca como dos!...
DE BAQUET'A SACATRAPO
--¡Lo siento... caramba!... Lo siento en l'alma, ¡pero no va'ber más remedio!... ¡Yo v'y tener que dejar de ler los diarios si no quiero reventar de un sofocón el día menos pensao!... ¡Sí, señor!... Nada menos que yo, Juan Antonio González, el hombre más letor que ha'bido en Buenos Aires, v'a tener que privarse de hacer su gusto si no quiere desertar del pellejo en que lo retobó su mama, ¡como decía el finao Apolinario!... ¡No!... Lo qú'es este número, me lo guardo ni a'nque me queme el bolsillo y no paro hasta que no se lo muestre a medio mundo y le pueda decir qu'este señor don Ruperto Cortabarría que ha dao un baile en su casa, al que han asistido todos los copetudos de la ciudá, es aquél mismo Ruperto qu'el infrasquito supo tener de pión en la call'e La Piedá y que se formó a su lao... Mire qu'es chancho el mundo y que pega vue'tas y trompezones!... ¿Quién le diría a la misia Rosario Llavero de Cortabarría, que aura le ponen _Ll._ de Cortabarría,--pa'cer crer a los abombaos qu'es alguna Llavallol.--qu'iba'ndar pisando alfombras, ella, que sabia chapaliar l'agua con que lavaba las pilas de frascos vacíos p'al anís falsificao?... ¿Y a mí?... ¡Quién me diría cuando salía pa la Bolsa en mi coche propio, hech'un brazo e mar, o cuando jugaba mis truquitos en el Progrueso, qu'iba'llegar un día en que recostao en una pila'e cajones me pasaría las horas renegando y tomando el sol!... ¡Bah!... ¡Y Rosario ha'e tener hijitas lindas y diablas, porqu'ella a'nque'ra lavadora'e frascos tenía unos ojitos y un gestito y un modito'e caminar cuando s'empaquetaba los domingos, que hast'a mí, con ser qu'era el patrón de su marido, me sabía envidar hasta la falta!... ¡Yo no agarraba, porque nunca me gustó revolcarme en la ceniza... pero tuve tentaciones... ¡caramba si las tuve!... ¿Y pa qué lo v'y a negar?... Si me quedé con el punto no fué por irme a la pesca, sino por no traicionarme. ¡Como pa escuchar chillidos andaba yo en ese entonces con aquella campanita que hast'aura me toca a fuego!... ¡Amigo con la Enriqueta, que me supo cortar grande!... Bueno; pero también hay que convenir en qu'era d'esas mujeres que no conocen el yelo, no digo ya ni pintao, sino vivito y coliando!... ¡Qué ojos y qué boquita y qué cuerpo!... ¡Si era un verso caminando y creo que hasta difunto me ha de seguir su cadencia... a'unque ella l'aiga olvidao!... ¡Y es cochino el Ruperto hasta darle con un palo!... Nunca me olvidaré de la mañana en que fuí a verlo después de mi quiebra y cuando ya'bía puesto su Ropería del Carretel... Ni bien le hablé de mi estao, me comenzó a sermoniar y conforme me descuidé me largó como por un tubo, pataliando y sin darme calce... ¡Bueno!... ¿Y a mí qué me va ni qué me viene con que Ruperto dé bailes o dé velorios?... ¿Qué m'importa, vamos a ver?... ¿Acaso yo m'indino por mí, tampoco?... ¡Si me da rabia es que soy argentino, criollo d'esta ciudá y que me revientan las confusiones y las mescolanzas!... Aura'ndamos aquí como cajón de turco y ya la gente ni se conoce... Hombres como yo, que son hijos de buena familia y qu'en su tiempo han sabido dragoniar a lo mejorcito que pisaba la cancha, andan rajuñando en las veredas pa ver si agarran un pan y si se descuidan los revienta el coche de alguno que fué su pión... ¿A mí? ¡Sí!... ¡Lindo lo va'poner la suerte al que me quiera empardar!... Yo no soy d'esos mansitos que los ensilla cualquiera y ya salen al galope... Yo'e corcobiar el día que muerda el freno, como se lo dije ayer a mi compadre García en su misma oficina... ¿Ve?... Ahí está otro pa'yuntarlo con Ruperto... Un cualquiera, nieto de un gringo zapatero que ganó unos pesos pa que los bambolleros de los hijos se metieran a gente, ¡sin fijarse que'andan jediendo a cerote!
SIN REVANCHA...
--¿Quién dice que yo no he tenido miedo?...--preguntó a sus interlocutores el viejo caudillo.
--Es la voz que corre de fogón en fogón!... Todos dicen qu'el comandante, Mosquera, que hoy tropea pa saladero, le supo parar rodeo hast'el ejército e liña...
--Gran caudal con diez centavos, che... Los que hablan han de ser del terneraje, que no ha sentido una lanza culebriando en las costillas en medio de un entrevero... ¡Que yo no he tenido miedo!... ¡Qué bárbaros!...
--¿Y cuál es la vez en que corrió más peligro?...
--¿Peligro de qué?
--Dejuro que ha'e ser de muerte... ¿qu'es el más grand'en que puede hallarse un hombre?...
--¡Asigún, che... asigún!... Pa mí, la vez que la vi más cerca y en que le tuve más miedo... ¡Peligra la verdá, pero es cierto!... fué p'al setenta y cuatro en la liña'e Santa Fe... ¿Pa qué v'y a'blar d'estas cosas?... Dentran mujeres y no quiero que se diga de que no sé respetar lo que merece respeto...
--¡P'cha, qu'es lindo!... ¿Y nos v'a dejar lambiendo?... ¡No diga!...
--No, che... es que hay cosas que mejor es no meñarlas... Eso de comenzar a revolver la memoria, es toriar un avispero... ¡La gran perra!... Fu'en una d'esas cruzadas que se hacían medio escondidas y m'encontr'en una fiesta de aquéllas que ya no se hacen... Er'a la entrada'el verano y yo caí con el sol alto, montao en un parejero que lo traia de tapao, pa ver si le daban calce y les hacía repuluz... ¡Qué flete, che!... Si parece que lo veo... ¡Er'alazán... requemao y pico blanco y yo lo tení'a lo gringo... sin tuzar y con la co'lal garrón... ¡Claro!... Llegué, lo puse a a la sombra y me perdí entre el gauchaje que andaba remolineando alrededor de un fogón como p'asar un rodeo... Ya se puede figurar si me agarrarían con ganas, sabiendo qu'era forastero y que andaba medio alzao... Desd'el locro a los pasteles les corrí sin castigar y en cuanto pa'sé la raya, qu'era un pipón de francés, recogí los cojinillos y pa que no me tentaran ni con taba ni con naipes, labrando mi perdición, enderecé pa un sauzal que costeaba el tajamar... Siempr'he sido sestiador, pero esa vez, el almuerzo y tal vez el calorcito, que ya empezab'a picar, m'estaban gritando vamos... Elegí un tronco grandote, atrás de un cañaveral y ahí no más ya me ovillé, deleitao con las chicharras, que le hacían colita al sueño y a las nubes de jilgueros que caían al desplayao en silencio y apuradas... ¡P'cha que estaba lindo!... A la tarde ib'a salir como quien sale del cielo y los pesos a ponchadas me pasaban por delante conforme clavaba el pico, acariciao por el fresco y aquella tranquilidá del sauzal como dormido... Redepente sient'un ruido y apareció una muchacha con un atadito e ropa... ¡A la cuenta la pioncita!... ¡La perra con el destino que sabe ser chacotón y tiene bromas pesadas!... Era una flor en botón la mocita lavandera... ¿y de'ande va y se me ocurre de comenzarl'a observar?... Si el diablo sabe andar suelto se me hace que es a la siesta y que le ha'e gustar perderse a la orilla'e los arroyos y cerca'e los lavaderos... Me pareció qu'el solcito estaba cayendo a plomo y me dió gan'e pararme y de mandarme a mudar...
--¡Jesús... que barbaridá!...
--¡Y no lo hice, che... y esa fué mi perdición!... Acabao el lavadito, se paró como sin ganas, miró l'agua, se desperezó y comenzó despacito a soltarse la pollera y a desprenderse la bata... Qu'irá a'cer esta chinita? pensé... y algo como una inquietú me dejó paralisao... ¡Amigo con la pioncita que había sabido ser linda, mirada, así, en camisita... y sobre todo después... al dentrar al tajamar!... ¡Conform'iba caminando y se'iba metiendo al hondo ella alzaba la ropita y yo la veia erizarse lo que l'agua la tocaba, apartándose encrespada como no queriendo dirse!... Tuve hasta la tentación de decirle... “hijita... tenga cuidao”... pero no le dije nada, porque en ese mismo instante vi que se zumbullía...
--¿Y usté... qué hizo?
--¿Y qué iba'cer?... ¡Aproveché la ocasión pa medio cerrar los ojos que m'estaban lagrimiando a fuerza e no pestanear, y cuando volvió a salir y enderezó pa la ropa, la miré pa n'olvidarla ni aunque pasaran los años y aquí me tenés tuavía... sin haber tomao venganza de quien me tuvo tan mal y que quizás me'cha al hoyo si le llego a cabrestiar...
¡OJO POR OJO!...
Nosotros, en la tertulia íntima, le escuchábamos con veneración y con respeto, deleitándonos con el relato de sus aventuras romancescas o con el chispear brillantísimo de su espíritu cáustico y mordiente.
--¡Buena cría la suya, che!... ¡Como si no supiéramos aquí lo qu'eran los entrerrianos! ¡Ustedes, en su tierra, nacen chairando el cuchillo!
--¡Miren el nene, se asusta porque tocan a degüello!
--¿Yo?... ¡Ya lo creo!... No me acuerdo haber derramao jamás ni una gota'e sangre inocente... ¡Y cuidao qu'he visto trifulcas!...
--¡Así decían los diarios de su tiempo! Todavía recuerd'un artículo...
--¡Vean! ¡Una cosa son los diarios, che y otra cosa es la verdá!... ¡A no embromar vamos!... Les v'y a contar el único caso en qu'hice degollar un inocente... y quien sabe si lo era tampoco... D'esto no se ocuparon los diarios les aseguro y sin embargo fué tremendo!
--Cruzaba una tardecita por esas sierras de Córdoba, que son com'una pintura, en derecera a los llanos... Iba'apurao y llevaba como escolta un escuadrón de puntanos qu'eran todos como cuadro... Ya casi al anochecer caímos en un rancho serrano, d'esos que ya parece que van a venirse al suelo, pero que se aguantan, dejando pasar los huracanes como si no fuera nada. No hallamos a la llegada más que dos chinas viejas y una chinita obsequiosa, que me convidó con mate y qu'encontré tan donosa, así, a la luz del fogón... Parecía que las llamitas l'alumbraban con cariño, como queriendo besarla... ¡La gran perra!... Era linda con usura y tenía unos ojitos y un modito pa sonreír, que hacían como cosquillas y después era graciosita en el andar... y picarita... Ni sé cómo ni por qué, se me metió en la cabeza que había d'estar resfriada y comencé a recordar una famosa receta que me dieron una vez para curar los resfríos... era una palabra en turco que había que decirle a l'óido a la persona atacada, sin que lo oyera ni el aire...
--¿Ust'está resfriada, hijita?
--No, señor...
--Que no, hijita... si eso se le ve en los ojos... Tal vez usté no lo sepa... viviendo aquí, tan solita...
--Tal vez, señor...
--¿No quiere que yo la cure?...
Y como me mirase sonriendo y me pareciera verle así con una expresión de travesura infinita en sus ojitos tan lindos y hast'en unos dos pocitos que se le hacían en la cara, me saqué un pañuelo'e seda que llevaba en el pescuezo y se lo puse en el d'ella, que me agradeció el regalo... sin decirme ni palabra, pero con más elocuencia que si hubiese hablao en verso...
--¿Y adónde duermes, hijita, en esta casa tan chica?...
--Aquí no más, señor... Allí, en aquel rincón, tienden mi madre y mi tía y yo en aquel otro... en que hay un catre'e guasca...
Y me señaló pa un rincón que quedaba allá en lo oscuro... y que yo vi'luminao como la plaza Vitoria... En ese momento, che, me llegaba de la sierra como a modo de un vientito con fragancia a flor del aire mesturada con poleo, con menta y con piquillín...
--Va a estar fresquita la noche... señor coronel, me dijo la madre de la muchacha que venía a cocinar y empezó a'tizar el fuego...
--¡Así parece, hija!... Y ustedes, cómo viven tan solitas aquí... sin hombres!... ¿No tienen miedo?
--¡Si hay hombres, señor! Lo que tiene es que fueron a meliar... pero tal vez caigan pa la salid'el lucero... Es mi marido, un hijo d'él y tres sobrinos... gente buena, señor... mejorando lo presente.
Comimos como se com'en los ranchos, medio en l'oscuro y yo hice trair mi catr'e campaña. Las viejas me tendieron una cama qu'estaba llamando al sueño con sus sábanas de bramante, almidonadas al estilo'el pago...
--¿Y ya no le llegaba el olorcito a la menta mesturao con flor del aire?...
--¡Qué sé yo, che, si estaba durmiéndome como cuzco en la ceniza!... Derrepente me despertaron las viejas que soplaban a compás y hasta me pareció que la chinita tosía... ¡Claro!... Me acordé de la promesa y quise salir del catre... ¡La perra con las sabanitas!... Empezaron a'cer ruido como si fuesen papeles y como para el remedio tenía que no ser sentido, me comencé a refalar y en eso que fuí a pararme, oigo balar un chivito y siento que me topaba las piernas, mientras una de las viejas le decía a media voz:
--¡Sosegate capitán... que lo vas a despertar al señor coronel!
En la vida le han echao maldiciones más tremendas a ningún chivito guacho, que las que l'eché yo al condenao... ¡Tres veces tenté bajarme y tres veces el chivito me dispertaba a la vieja, mientras oía a la chinita que hacía crujir su catr'entre dormida y dispierta!
--¿Y por qué no se levantaba no más? ¡P'cha qu'era mulita!
--¿No ve?... ¡Así son las cosas!... ¿Y el respeto, amigo, que se tiene que tener por la madr'e las enfermas, cuand'uno anda'ciendo'e médico sin estar autorizao?... De repente se oy'un tropel y cayeron al rancho los meliadores, cargaos de carne y con unas fachas de forajidos... ¡Claro! Eran cuatreros mestizos de saltiadores.
--¿Y se quedó sin decirle a la chinita aquella palabra en turco?
--¿Y sinó? Ya nos levantamos todos y empezó la churrasquiada, pero cuando al aclarar les quise decir adiós, me dijo el dueño'e la casa:
--¿Por qué no se lleva un asao, señor?
--¿Pa qué?... Hemos de hallar poblaciones...
En eso miré p'al rancho y vi al maldito chivito qu'estaba pelando un maíz, brotao por casualidá junto a un cardón medio seco:
--Más bien me llevo ese chivo.
Y antes que me arrepintiera ya'stuvo atao a los tientos y en camino pa los llanos... ¿Ven?... ¡Ésta es la única vez que yo hice derramar sangre... y... caray! ¡creo que fué con razón si se me juzga como hombre!
EL HIJO DE DOÑ'AMALIA
Alertearon los chajáes y los teros, cuando aparecimos en la orilla del baño y a medida que su voz rodaba de mata en mata, perdiéndose en la lejanía velada por las sombras de la noche, tendieron el vuelo rumoroso las gallaretas y los patos, seguidos por la turba anónima, habitadora perenne del pajonal, y por las garzas silenciosas, que se alzaban como con pereza, recogiendo, ceremoniosas y coquetas, sus largas zancas, despedidas por el gruñido de los carpinchos y de las nutrias al azotarse en alarma.
El bañado entero pareció levantarse hacia las nubes, volando desmenuzado, y las víboras y los sapos amedrentados, suspendieron sus monótonos dúos y miraron con sus ojos inquietos el revolar insólito,--signo evidente de próximo peligro.
Y guiados por ese instinto peculiar de los hombres de campo para tomar su rumbo, que mi compañero poseía en alto grado, alcanzamos al rancho entrevisto desde la linde del monte y en el cual pensábamos encontrar quien nos indicara el camino para salir al llano.
--Ave María Purísima...
--¡Sin pecado!... Dentren... que no hay perros.
--¡Mil gracias...! Más miedo les tenemos a las pulgas... refunfuñó mi compañero, mientras yo, estirando el pescuezo por la rendija que servía de puerta a la miserable vivienda, descubría una china vieja que, sentada en cuclillas al lado del fogón, revolvía lentamente una olla vocinglera.
--Ustedes perdonarán... pero estoy friyendo una grasita y no la puedo dejar...
--Siga no más, señora... Esperaremos aquí afuera...
--¡Como gusten...! Los bancos están junto al moginete u sinó aquí, del lao de adentro, cerca e la puerta.
Luego que nos sentamos y encendimos nuestro cigarro, dejando que el espíritu y el cuerpo armonizaran con la quietud apacible que, nos rodeaba, exclamó mi compañero:
--Diga, señora... ¿Nos podría dar un matecito?
--¡Cómo no, señor!... Aura, lo que venga doñ'Amalia, los convidaré, si es que trai yerba.
--¿La cosa no es segura, entonces?
--¡Y qué va a ser, señor!... ¡Si el pulpero de la cuchilla le da un fiao que fué a pedirle a cuenta de una pajita que tenemos cortada, haberá conque y sinó, no!
La declaración no podía ser más categórica y guardamos silencio hasta que, terminada la fritura, salió del rancho, limpiándose las manos en la pollera, nuestra desconocida informante, que luego de saludarnos comenzó a armar un fogoncito en el patio, confesándonos de paso que el pulguerío del rancho era una cosa bárbara y que daba miedo, sobre todo a la nochecita.
--¿Y tardará mucho su compañera con la yerba...?