Cuentos de Fray Mocho

Part 11

Chapter 113,741 wordsPublic domain

--¡Claro...! Pitanga es otro que tal, como los cuatreros del congreso y del ejército y de la política, solamente que él, inocente y petulante, lo es de la historia griega y nos llama l'atención porque rebalsa la medida y es un sonso que anda guacho... pero ya verás de aquí a unos días, cuando se junte con los Bismarck y con los Edison y los Spencer, como hasta vos lo aplaudís y t'encrespás indignao si me sentís un chiflido.

--¡Bueno, che, perfectamente...! Convengo en que tengás razón, ¿pero serás capaz de decirme qu'en Europa las cosas son de otro modo...? ¿Y qué gauchos hay allí, pa que hayan enseñao a cuatrerear a todos los habitantes?

--¡No creas lo que te cuentan, hermano...! Las gentes allí tienen conciencia y respetan de verdad todo lo qu'es respetable... ¡Te crés que vas a encontrar hombres de tu condición o de tu clase social, que sean lo que sos vos... un'especie de anarquista... en ideas, porque lo qu'es con los pesos más fe le tengo al mastuerzo...!

--¡Esto sí qu'es lindo, che!... ¡yo creía y así se lo dije a éste, que t'iba a encontrar dispuesto pa cáirle a la Europa entera, porque llegastes a ella y ni siquiera mosquió...!

--¿Y vos crés que mosquió más al verlo llegar a Roca, o al alegre Pellegrini...? ¡Mirá!... Allí la gente de aquí no sirve sino para dar propina y para comprar remedios y vestidos de señora... baratitos, pero que parezcan caros.

ENTRE YO Y MI PERRO

Con la primera luz de aquella espléndida mañana de primavera y con el primer mate que me alcanzaba a la cama la vieja sirvienta calabresa, que sabía cebarlo como poquísimas criollas, teniendo la tradición de los grandes maestros en arte tan difícil en realidad como simple en apariencia, llegó a mis oídos la noticia desagradable.

--¡Siñore...! Lu pochocho s'isscapó... S'antretenib'a la porta e se n'andó.

--No importa, le repliqué con fingida seguridad. Estamos en primavera ¿sabe?... y al pobre perrito se lo habrán arrastrado sus instintos perversos, Dios sabe adónde... Ya volverá...

--Ma no te olvidés, padrono, de li asasin monichipali... Prendono i perriti a la matina, e due ore dopo ne ti resta ne la memoria...!

--¡No...! Ahora ha de volver...

Y a pesar de mi seguridad, una extraña desazón se apoderó de mí, obligándome a salir de la cama y llevándome hasta el balcón, ansioso de inquirir algún dato tranquilizador. Pasaban por mi mente, en confuso tropel, ideas terroríficas y cuentos de perritos desaparecidos sin remedio, máxime cuando los protagonistas, como el mío, eran deudores morosos de la municipalidad por el impuesto de patentes y estaban expuestos por ello a una ejecución perentoria como defraudadores del fisco. Miré a lo largo de la calle, escruté la vecindad, aparentemente tranquilo, y no encontré ni sombras de una huella. Seguramente iría ya camino del depósito de perros vagabundos o de la grasería en que dejan su beneficio a la humanidad de su tiempo, ya en forma de manteca o de botas, carteras o cinturones, aquél cuya existencia me preocupaba.

De repente se abrió la puerta del conventillo frontero y salió pacíficamente a la vereda el viejo perro sarnoso del remendón que me atormentaba diariamente con su incesante martilleo y su canto destemplado. Dió algunas vueltas tosiendo, pues además de viejo y sarnoso y cascarriento, era asmático, y se sentó gravemente con el muñón de su cola extendido sobre las piedras. Yo lo observaba comparándolo con mi foxterrier, blanco como un copo de nieve y me decía:

--¡Lo que es la vida, amigo!... ¿De cuántas aventuras peligrosas habrá escapado esta inmundicia de perro de zapatero, que ya no será charquiado por nadie?... ¡Sin embargo... para haber llegado a tener la facha que tiene, más le valiese que lo hubieran ahorcado hace algunos años!... ¿Qué placeres puede guardarles la vida a perros de semejante catadura?... Y como en ese momento lo mirara, vi que se ponía de pie, paraba las orejas y trataba de ver algo que sus ojos no veían, seguramente, pero que su instinto le anunciaba, y siguiendo la dirección de sus miradas, apercibí, allá a lo lejos, una cuadrilla de ocho o diez perros de todo pelaje y alzada, que corrían jadeantes detrás de una perrilla calavera; que, haciéndose la temerosa y la esquiva, los excitaba en sus empeños.

Por la vereda venía mi perrito, apartado de la cuadrilla, pero corriendo a su lado con verdadero entusiasmo. Con su cola en alto, su lengua fuera de la boca y el cuello y el lomo salpicados de pintas rojas, reveladoras de los combates que había librado con sus rivales, pasó por frente al balcón como una flecha, no sin lanzarme una mirada de soslayo, como diciéndome:

--¡Espérese!... ¡Vuelvo!... ¡Esto no es cosa de perder tiempo!... Usted sabe lo que son necesidades...

Y pasó como un torbellino la perrada jadeante, mientras el pobre viejo tosía en la vereda y se lamía los rígidos bigotes, como diciendo ante aquella visión de lejanas épocas pasadas, pero queridas:

--¡Ah... mis tiempos...! ¡Si no fuese esta tos del diablo, ya les enseñaría yo cuántas son cuarenta y cinco a todos esos macacos...!

De repente, la perrilla, volviendo sobre sus pasos, desembocó en la cuadra y tomando por la vereda donde se hallaba el asmático protestador, siguió su carrera desenfrenada habiendo dejado muy atrás a la turba de sus adoradores.

El viejo la vió venir y permaneció impasible en apariencia, engañándome a mí mismo que lo observaba, pero cuando la tuvo a su alcance se transformó: se le concluyó la tos, le brillaron los ojos entre las tupidas cejas, y sus manos tuvieron fuerzas todavía para sujetar a la incauta y empujarla hacia el zaguán de la casa, previendo la cólera irreflexiva de la juventud que la seguía, y que ya doblaba la bocacalle prosiguiendo la persecución interrumpida.

Llegaron los perros en tropel y se arremoliñaron ladrando furiosos y arremetiendo contra el viejo camandulero y atrevido, con intenciones de despedazarlo, mientras yo gritaba al zapatero, deseoso de defenderlo, movido por una instantánea simpatía:

--¡Che!... ¡Zapatero...! ¡Defienda a su perro, que es un tigre...!

Y terminado el ruidoso suceso callejero, el fugitivo volvió al hogar y nuestra vida siguió su curso de siempre, borrándose de mi memoria el incidente hasta una mañana en que un hecho en apariencia insignificante me lo recordó, probándome con la elocuencia de los hechos que hasta los perros conservan memoria de los sucesos desgraciados de su vida.

Entraba el invierno y tomábamos el sol, mi perro y yo, en el balcón de la casa, cuando de repente aparece en la vereda de enfrente el viejo del remendón. Verlo mi perro, erizarse y echarse a ladrar furoso fué todo uno: quería salir del balcón y atropellarlo. El viejo vencedor lo miraba impasible e indiferente:

--Callesé, le dije yo a mi perro... ¡Joven petulante y rencoroso!... ¿No tiene vergüenza de querer vengarse de un pobre viejo que le enseñó a vivir...? ¡agradezca y aprenda para algún día... que también le ha de llegar, si no se muere... que más vale una aguja a tiempo que una máquina de coser!

CARNAVALESCA

--Así me dijo Parrita, mirándome con aquellos ojazos negros que tiene... Vayasé mañana, comadre, hasta la call'e Perú y trat'e convidarmel'a esa galleguita ingrata... ¿quiere?... Y aquí me tenés m'hijita cumpliendo la comisión pa tranquilidá d'ese pobr'e mi compadre, que anda como asonsao de puro pensar en vos... Aura sí que no le faltaría más sino que lo desairases... ¡Un mozo tan bueno y tan caballero...! No es por ofender a naides ¿sabés? pero en toda la segunda, no hay agente que se le compare y esto lo ha reconocido hast'el mismo comisario... ¡Y mirá quién te lo dice... ¡Nada menos que la novia del cabo Pancho Rosales, president'e los Macacos...

--Bueno... pero... es que yo no puedo salir porque la señora es enemiga del carnaval...

--¿Y todavía tenés coraje de llamarle señor'a semejante espantajo...? ¿Y quién es ella pa ser enemiga del carnaval, con ese pescuezo que tiene y ese tall'e budinera?

--¡Sí...! Es así... ¿Pero qué quieres hacerle?...

--¡Dejat'e firuletes, mujer... y no seas pava...! ¿Vas a cambiar tu novio y un baile, nada menos qu'en los Macacos Ambulantes, por una cucaracha vieja, que al fin se aprovecha de que sos d'España pa sacarte el jugo por unos cuantos centavos...?

--¡Yo no cambio... pero es menester pensar en que no tengo ni ropa!... Tendría que hacerme algún traje... y aprontar alguna cosa...

--Mirenlán a la princesa... T'estás creyendo, quizás, que te van a retratar pa que salgás en los diarios... ¡Fijate...! Con esa pollerita que tenés, que a'nqu'es de volao en forma, le cairán bien unos moños prendidos en el costao y una bata figurada con un metro e sedalina puesta a modo e corselete... vas a ser un figurín pues, como dice Parrita, tenés uno d'esos cuerpos que no precisan de ropa pa pegar un sofocón... Y, después, como sos rubia y la bata ha'e ser celeste pa que haga con la pollera los colores de la patria...

--¿Pero los colores de la patria no son rojo y gualda?...

--¡No seas pava, haceme el favor!... Como representamos la confraternidá, vos que sos española, tenés que ir de argentina y yo que soy argentina tengo que ir d'española... ¡Ligadas por una cinta formad'e las dos banderas y llevando una pantalla y un pañuelito bordao con pinitos o laureles... vamos a ser dos princesas para esos pobres Macacos!...

--¿Sabés?... ¡A mí lo único que me escuece es la señora!... ¿Cómo me podré arreglar si me niega su permiso?...

--¡Gran cosa lo que v'a negar ese barrilete!... ¡Le tenés un miedo que no parece sino que fuera tu mama!...

--¡Sí!... ¿Pero cómo hago... si me lo niega?

--Enfermatelé o decile que tenés una tía qu'está malísima y que querés ir a verla...

--¡Si ella sabe que no tengo más pariente que mi hermano, que es corista en el Apolo!... ¿Y si le avisa a éste?...

--¡Bueno, che!... Si empezás a sacar dificultades te vas a quedar sin baile y de paso me embromás, porque contando con vos yo me arreglé mi disfraz y aura me v'a resultar que fué crudo y no coció... Acordate que este baile es el baile del entierro y que ha'e ser mucho mejor que los que hubo en carnaval, con ser que fueron de aquéllos que no se olvidan jamás... ¡Figuráte aquel salón con alfombras y cortinados com'una casa e familia y después con una mesa qu'era una confitería! ¡Los helaos y las masitas eran una tentación... A mi me sirvió Rosales con esa gracia que tiene y no sé si fué porqu'eran de manos suyas, pero jamás he probao un bocao más delicioso!... ¡Mirá, si t'encontrás con Parrita que anda tan enamorao... qué rato irás a pasar... sin contar con los festejos de toda aquella mozada que v'a ser de lo mejor!... ¡Con decirte que v'a estar hasta'el hermano del auxiliar, creo que te digo todo!...

--¿Y si le avis'a mi hermano?...

--¡Gran cosa!... ¿Y qué v'acer?... ¿Les v'a escribir a Galicia qu'estuvistes en un baile?... ¡No seas pava, mujer!... Si tu hermano se lleg'a meter a sonso, lo hacemos agarrar con los muchachos diciendo qu'está borracho y necesita dormir pa que no vay'acer daño...

--¡Es que mi hermano es muy bruto!...

--¿Y los Macacos?... ¡Se v'a armar si se mete a sonso!... ¡Mirá!... Refalale un par de pesos pa que se vay'a pasiar y reite de lo demás... ¡Los hombres hay qu'entenderlos, che!... ¡Claro!... Si te lo largás en seco y vos te vas a farriar arriejando el conchabito... sin darle ni pa cigarros... el hombre se ha de enojar y le ha de dar la razón al mamarracho e'la vieja... Pero si vos te hacés ver... ¡ha e'prender en otra hornalla!...

--El miedo que tengo es que vaya a la sociedad y que me saque del baile...

--¡Mirá!... Salite a las dos y andate derecho a casa pa'acabar con los arreglo del vestido y de la bata y llevá la sedalina y unos tres metros de cinta... ¡De l'otro ni te ocupés!... Si tu hermano es caprichoso, ya verá quién es Parrita y aprender'a respetar la vos de la autoridá... ¡Diez horas de calabozo, me decía una vez Rosales cuando empezó a festejarme y tata quiso privarnos, valen más que cien discursos!... Y tenía razón mi negro... Tata quedó como un guante...

--Yo lo conozco a mi hermano y sé que a bruto y a terco no le han de ganar muy fácil...

--¡Y yo sé quién es Parrita, y sobre todo Rosales, p'hablar de confraternidá!...

* * * * *

--¡Porca vita de un cane!... La maliñitá di le donne innamorata e proprio cume la sarna, que non rispeta ne figlio, ne fratello, ne babo... e a'nque ne archivescovo... ¡Mirá in po li pobero gallego, come l'e vichino da la cumesaria per ubriaco... ¡e per sunsu!...

DE VUELTA DEL PARAGUAY

Aunque los diarios no lo hayan anunciado en sus crónicas sociales, yo he regresado a Buenos Aires y por desdicha mía ha coincidido la vuelta con las pascuas de Navidad y los festejos de Año Nuevo, lo cual equivale a decir que también me han ligado felicitaciones y saludos, no por mi llegada, así, sin noticias previas, sino por haber presenciado, como cualquiera, la agonía y la muerte del 1902 y el trabajoso nacimiento de su sucesor, al cual tendremos que vivirnos todavía, sabe Dios en qué forma ni de qué manera. En fin, sea como sea, el hecho es que yo estoy de vuelta, cargado de recuerdos y de impresiones y que como corresponde al carácter de un periódico moderno, el director de éste se ha demostrado tan adelantado, que llegado el caso de veranear, lo ha hecho antes de comenzar la estación.

¡Cuán provechosos son los viajes para la juventud y cómo desarrollan la observación, el tacto social y el instinto de conservación!

Esto lo pensaba durante una tibia mañana tropical en la estación central del ferrocarril del Paraguay, mientras esperábamos con mi compañera la partida de un tren que debía conducirnos de la Asunción a San Bernardino y que estaba anunciada de esta manera: salida de 6 a 8 a. m.

Sin embargo, como hubiesen sonado las ocho y media y no viéramos ninguno de esos signos característicos, precursores de la salida de un tren en cualquier parte del mundo, resolví iniciar una pequeña investigación antes de formular un juicio definitivo a propósito de la exactitud en idioma guaraní.

--¡Señor!...--le dije al jefe de la estación, que quizá para dilapidar un poco la abundante riqueza del país--el sueño,--se paseaba lentamente en el andén...--El tren para San Bernardino saldrá más tarde... ¿todavía?

--Sí, señor... ¡Ahora no más va a salir!... me contestó con el dulcísimo acento regional, y agregó bondadosamente a guisa de disculpa por el retardo... Estamos esperando a mi compadre don Bautista--ese boticario gordo de la calle de Palmas, frente al mercado--que va a su quinta de Paraguarí... Es un hombre buenísimo, señor... Yo soy el padrino de óleos de la menor de sus hijitas y él me sacó de la pila al mayorcito de mis nenes...

La llegada del aludido fué punto final de la instructiva relación amistosa y pronto respiramos las frescas brisas del balneario paraguayo--la laguna Ipacarahy--cuyo manso oleaje parece adormecer a los yacarés y estimular con el calorcito de sus aguas la sed insaciable de los colonos alemanes establecidos en sus orillas, haciéndoles consumir con entusiasmo la cerveza de su propia fabricación, que, a no ser así, tendría que consumirse a sí misma.

--Vea, señor hotelero... No podemos bañarnos en esa casilla que nos ha dado...

--¿No?... ¿Y por qué?... me respondió el buen hombre, un poco sorprendido de que halláramos una dificultad, nada menos que en el mejor balneario de la República del Paraguay.

--Primero... porque se ha instalado un yacaré precisamente a la entrada del baño.

--¡Bueno!... No le hagás caso... Ése se ha criado ahí desde pichón...

--Y luego porque se nos ha metido en la casilla un hombre borracho y se quiere desnudar junto con nosotros...

--¡Ah!... ¡Bueno!... ¡No le hagás caso tampoco!... Es el capataz de la cervecería... Ése está acostumbrado a bañarse hasta con la familia del presidente...

¡Claro!... No paramos hasta Montevideo, y me parece sentir todavía sobre los labios el escozor de la brisa marina, cuando sopla del este y en los ojos la cosquilla deliciosa que producen las uruguayas... sea cual sea el viento dominante.

¡Aquello sí que es vida y no esto de aquí, en que uno, atosigado por los versos y las felicitaciones, no encuentra punto de reposo!

En la tierra vecina, la existencia no es una carga, sino el día en que hay extracción de lotería, pues todos los habitantes sin distinción de sexo ni de edad, ofrecen ceremoniosamente a los extranjeros “el último numerito que les queda”.

Un comerciante holandés con quien departía una tarde, me informó de que hasta el presidente Cuestas era billetero en sus ratos de ocio y que ya había repartido varias grandes entre el sacerdocio y la milicia, clases en las cuales tenía mayor número de amigos.

¡Y quién me diría ahora, al verme en mi oficina pegando sobres y escribiendo tarjetas, que soy yo aquel mismo mortal que pasó tan lindas horas haraganeando y escapó con vida de un viaje de recreo porque Dios, tal vez, no lo alcanzó a ver bien a la distancia!

¿Por qué no me sucederá algo así como lo que le sucede al candidato oficial a la presidencia uruguaya?

Tiene dos personalidades, una escrita--Mac-Eacenh--y otra hablada--Maquica--y gracias a esa particularidad desorienta a los orientales más rumbeadores... aunque dudo que ni con eso fuera capaz de escapar, entre nosotros, a las asechanzas de la propina y al goce inefable de la felicitación...

FRENTE A FRENTE

--Si es con dinero, che, que buscás ser ayudado, haceme el favor de ni siquiera pensar en Enrique... ¡Se te va a enojar de veras y ya sabés el geniecito que tiene... ¡A mí misma me desconocería!...

--¡Basta, che!... ¡Basta!... decile que no se enoje y que cuide su salud!... Su cuñado Raúl lo conoce demasiado, para ser capaz de acercarselé con propósitos hostiles... Y haga patria uno con semejante familia... Los cuñados, conforme se para uno en el zaguán, empiezan a echarle los perros, y las hermanas no te digo nada...

--¡Vos son injusto, Raúl!... Acordate de lo que ha sido Enrique con vos y que aura te desconfía, sus buenas razones tiene...

--¡Historia antigua, che!... ¡Macanas!... A una simple calaverada de muchacho le da una importancia y un retintín... ¡Psch!... Decile que no embrome, che... ¡que el jueguito es conocido!

--No te digo que no... ¡pero la culpa la tenés vos, que sos un tarambana y un ocioso!...

--¡Bueno!... ¡Mirá!... Dejemonós de filosofía y vamos al grano... Escuchame con atención, que la cosa es seria, Edelmira!... Lo que yo ando buscando, ¿sabés lo que es?... ¡Bueno!... ¡Hacerme una plataforma para ver si me caso como la gente!

--¡Vaya!... ¿Y contra quién... dirigís tus tiros?

--¡Todavía no he apuntado, che!... Ando con el arma cargada no más y tengo la intención de no tirar sino sobre algo seguro y que medio valga la pena... Por lo pronto, necesito darle cierto relieve a la persona, comenzando a figurar en el mundo social con visos de personaje... ¿sabés? y es para eso que lo vengo a ver a Enrique... Quiero que los amigos me obsequien con un banquete, con motivo de mi llegada de Europa.

--¿Cómo de tu llegada de Europa?...

--Es figurado no más,¿sabés?... Es un pretexto para dar la noticia en todos los diarios, como hacen muchos... No me voy nada, pero llego... ¿Comprendes?... ¡Bueno!... El banquete no tengo interés de que se realice tampoco, pero sí de que se diga que me lo dieron... Ya tengo cinco o seis firmas de lo mejor, para iniciar el movimiento y conforme cuente con que él no se meterá a andar con rectificaciones y con sonceras... ¡Zas!... Largo la noticia de que subscriben la invitación los señores tales y tales y comienzo a festejar a la muchacha a la que le haya echao el ojo... Así hizo Fermincito Covarrubias y la cosa le salió como de molde. ¡Fijate qué bolada para una muchacha que no halla quién la afile, toparse con una simpatía que es nada menos que un mozo recién llegado de Europa y a quien le dan un banquete!... ¡Claro!... ¡La cosa pega como con goma y se viene derechito!

--¡Sí!... Pero vos sabés que Enrique es enemigo de farsas y que no se va a prestar...

--¡Ya sé y es por eso que lo busco!... Además es necesario que figure algún pariente, por el efecto moral... Lo que es para acompañar tengo firmas de primera... Don Mariano Unzué, el doctor Pellegrini, el general Capdevila, el ministro González, el doctor Benjamín Victorica...

--¿Y quién te ha proporcionado esas relaciones? ¿Cómo has hecho para tener su consentimiento?

--Ahí verás, che... ¡que tu hermano no es tan lerdo!... Los he ido sacando de todos los banquetes en que figuran y he descubierto que les agarran el nombre ¡y se los ponen no más!... ¿Qué se van ocupar ellos en andar rectificando, si ya están acostumbrados?... Cuando más dirán: ¿quién diablos será este Raúl?... y después se olvidarán de la cosa...

--¡Enrique no va a querer, che!... Yo lo conozco y sé que le va a dar una rabia grandísima...

--¡Bueno!... Mirá... Eso a mí no me importa un pito, ¿sabés?... Lo único que yo te pido es que no lo dejés que haga rectificaciones, si llegase a ver su nombre al pie de la invitación... Decile que se haga de una vez hombre de mundo... que se temple a la moderna y que se deje de todas esas ideas rancias y de esas macanas que le dan estructura de loco... Yo soy un buen muchacho, che... que lo único que necesita es campo para volar... ¡Pedile que no me corte las alas!

--¡Bueno... che!... ¡Perfetamente! Pero, ¿y si me dice que no?

--Lo meto en la lista no más... y me hago el sonso!... Con decirle que no he sido yo el que lo puse... ya está... Aquí hay que hacer como Roca, ¡y no hay vuelta... che...! ¡Al que le gusta, que se ría, y al que no, que tome quina y piense que es chocolate!

ENTRE GENTES DE CONFIANZA