Part 10
--Mire, allá, junto a aquel sauce quebrado que está como cayéndose al agua... ¿No lo ve cubierto por una bandada de biguáes, que son las aves negras del aguazal?... Obsérvelos... Saltan, zambullen, dan volidos cortitos y vuelven a su puesto a sacudir sus plumas, que parecen de azabache y a tragarse cualquier animalejo que haya robado su pico. Fíjese bien y verá, casi entre ellos, pero discretamente apartada... una garza-mora que se tiene sobre una pata, quizás para no cansar las dos, mirando el agua con ojos de codicia...
Según un cuento de aquí, la garza-mora era una viuda muy rica cuya confianza ganó al dandy de los bañados, el Martín-pescador, mozo pobre y haragán, fastuoso en el vestir y cargado de alhajas falsas como un buen jugador sonso, quien inició la testamentaría, repartiendo cargos y comisiones entre sus parientes los biguáes... ¡Claro! Muy pronto desaparecieron los tesoros y la viuda se vió obligada a pleitear con su apoderado, que es un maestro en la chicana.
El juez es el tuyuyú, personaje grave y sesudo que dicta buenas sentencias, pero que no tiene a sus órdenes ni un miserable gendarme que lleve las citaciones... Y ahí la tiene usted a la viuda, persiguiendo en los bañados a todos sus defraudadores para entregarles las cédulas... Todas las mañanas viene la garza a buscarlos y sale con las bandadas con rumbo hacia las cuchillas donde vive el tuyuyú, pero cuando pica el sol, los biguáes se asientan en las lagunas y no quieren seguir viaje a pretexto de que el calor los enferma. La garza desconfiada, se queda entre ellos y observa el malezal con atención para ver si en las corrientes ve pasar los rubíes y los brillantes que formaban su tesoro aunque en realidad espere los animalejos que los biguáes desprecian... porque no pueden con ellos. No tiene ni amigos en el bañado: ¡ellos son ellos y nada más!... Si formasen gobierno, alguna vez serían los representantes del más completo nepotismo... Se visten igualitos, no conversan sino unos con otros ni se les ve reunirse con nadie que no sea de su familia... Son envidiosos, egoístas y rapaces hasta darles con un palo y de ellos no se saca sino perjuicio... La carne es hedionda como la pluma y no se alimentan sino de bichos inofensivos, porque son flojísimos y no se le animan a la sabandija!
--¿Y el Martín-pescador?
--Adonde anda la garza-mora no se le ve a ese canalla... Ella recorre los ribazos que alumbra el sol, porque a ellos concurren las lombrices y las víboras de que se alimenta y que los biguáes desprecian y él vive entre las malezas sombrías o entre el ramaje tupido de las arboledas costaneras, buscando las plateadas mojarritas que vienen curiosas a contemplar las pedrerías de su ropaje reflejado en el cristal de las corrientes.
DE RAZA
Había concluido el ligero aseo de mi persona que permitían las comodidades de la fonda y me disponía a darle un vistazo a mi caballo, largado en lo que llaman “el potrero” los dueños de la casa, y que era un pequeño corral de alambre, en el cual los animales debían encontrar su comida, pero que no la encontraban sino condicionalmente, cuando golpeó alguien la puerta entrecerrada del cuarto que ocupaba.
Era el patrón, que venía cargado con una pila de guascas y cojinillos y con una maleta de lienzo, por entre cuya abertura se veían los cantos rojizos de varios quesos, curados con pimentón:
--¡Es que viene otro güespe, señor!...
--¿Por qué no le pone en otra pieza, che?... Yo tengo mal dormir... y con ese olor a queso va a ser tremendo...
--¡Si no hay más cuarto qu'éste, señor!... Por eso'stán las camas...
Interrumpió nuestro diálogo la llegada del tal huésped, que venía jadeante. Ni saludó por mirar los efectos que el patrón había descargado en medio de la pieza y cuyo inventario hizo rápidamente con una sola mirada:
--¡Están todos!... ¡Ah!... ¡No!... Me faltan el sobrepuesto de cuero de gato y el cinchón... ¡Ah!... ¡No!... ¡También están!... ¿Y los quesos?... ¡Son ocho!... ¡Ah!... ¡Sí!... ¡No se ha estropeado ninguno?... ¡Bueno!... ¡Perfectamente!... Hay uno que viene bufando, pero todavía está entero...
A esta altura de sus investigaciones recién notó mi presencia, pues me hizo una especie de mueca y movió la cabeza.
--¡Vea... fondero!... ¿Es seguro el cuarto?... Mire que traigo buenas pilchas, que no son mías y además esos quesos... Ya ve que el asunto es serio...
Comprendí que mi catadura no le inspiraba confianza y que me tomaba por hombre capaz de hacerle un tirito...
--¡Puede cerrar la puerta si gusta, señor! Yo no tengo nada que hacer en el cuarto sino a la hora de dormir...
--¡Ah!... ¡Bueno!... Así estaré tranquilo... Mil gracias, señor... Yo soy don Aurelio--quizás me conozca de nombre--el nuevo maestro nombrado para la escuela cinco... Me he formado con Canete en el distrito tres y soy de los que ya se van aburriendo, amigo, con estas cosas... ¡Che... fondero!... Tenga cuidado con mi caballo, ¿eh?... Mire que si me quedo a pie el responsable es usted... ¿no?
Y encarándose conmigo y tomándome familiarmente por un botón del saco, como para asegurarme, prosiguió:
--No crea que la recomendación es infundada... En estos fondines de campo, dejan escapar los caballos para obligarlo a uno a quedarse dos o tres días de huésped, hasta que se procura otro... La mejor manera que hay para defenderse es decir que uno no tiene plata para pagar la pensión. Entonces se apresuran a sacarlo del atolladero estos vampiros...
El hombre era locuaz y pronto me mostró todo su bagaje, formado por palabras sin sentido positivo y por ideas ajenas, recogidas en el correr de la vida, ya sea en los comentarios de pequeños círculos, como en las columnas de los diarios, cajones de turco en que encuentran baratijas lucientes, para adornarse a poco costo todos los perezosos petulantes que gustan de las galas del pensamiento, pero que no quieren trabajar para obtenerlas, contentándose con los facsímiles de ellas. Se quejó del estado financiero del país y me dijo que si él fuera ministro de Hacienda ya vería yo lo que era prosperidad:
--¡Pero no lo seré nunca, compañero!... Roca no busca sus ministros entre los hombres como yo, sino entre sus paniaguados... ¡Y es justo!... Un suertudo como él, que no sabe nada de nada, les teme a las personas ilustradas... Se siente chiquito ante un libro, aunque sea una anagnosia... ¡Vea!... Aquí, entre nosotros, no más, suceden cosas que lo pintan... Tenemos un auxiliar de la subinspección escolar a un tipo picado de viruelas, ñato, peticito... que es de los que dicen setiembre por septiembre... ¿Y sabe por qué lo nombraron?... Porque le escribió una carta llamándole ¡Conquistador del Desierto!... Y del maestro de la escuela rural del segundo distrito ¿qué le diré?... Bástele este dato... Ha sido guitarrero y es hijo de un francés boticario...
Estirado en mi catre, poco a poco me iba adormeciendo, mecido por la voz monótona de mi interlocutor que parecía un arrorró...
--Perdone, amigo... pero tengo que madrugar y voy a ver si me duermo...
--¡Hombre!... feliz de usted que tiene sueño... Yo soy tremendo para pescarlo... Dígame, ¿le incomoda dormir con luz?... Le pregunto, porque yo, en lo obscuro, no pego los ojos ni a garrote... Cada ruidito que siento me pone nervioso y despierta mi curiosidad... Me pongo a rezar... ¡y nada!... ¡No viene!... Me pongo a contar a media voz... ¡y nada!... ¡Tampoco viene! ¡Es una desesperación!... ¿Sabe lo que me suele dar sueño a veces?... ¡La conversación!... ¡Cuando tengo la suerte de toparme con algún solista suelo ser dichoso!...
No le contesté y me quedé inmóvil. El hombre se revolvió en la cama, y luego que vió la inutilidad de sus esfuerzos para tener un oyente, sentí que empezaba a murmurar un padre nuestro, que repitió hasta que me dormí.
De repente oí entre sueños una voz que clamaba:
--¡Amigo!... ¡Eh, amigo!... ¡La gran perra con el ronquidito embromador que había tenido!... ¡Amigo!...
--¿Qué hay?...
--¡Nada!... Es que usted es tremendo cuando duerme... ¿Cree que he podido pegar los ojos?... ¡Voy a contar!... Quizás logre algo si usted me da tiempo y suspende un poco el soplidito... ¿Sabe que si no es asmático le pasa raspando?... ¿O duerme con la boca abierta?
Sentí que el hombre decía a media voz... ¡uno!... ¡dos!... ¡tres!... acompasadamente.
Lo seguí hasta que dijo “treinta”, y de ahí para adelante no sé lo que sucedió, pero el hombre debe haberse entregado a excesos terribles a fin de despertarme, porque en algunos momentos llegaron a mis oídos ruidos diversos y hasta una alegación con el fondero, quien desde la pieza vecina reprochó a mi compañero su imprudencia, recibiendo de éste una andanada de insultos y maldiciones...
A la madrugada abrí mis ojos y lo primero que oyeron mis oídos fué la voz del nuevo maestro de la escuela cinco, que agotaba la aritmética, poniéndola de carnada para su sueño rebelde.
--¡Setenta y tres mil novecientos noventa y cuatro!... ¡Setenta y tres mil novecientos noventa y cinco!...
--¡Buenos días, amigo!... ¿Qué tal la noche?
--¡Como la mona, amigo!... En mi vida he pasado otra igual!... ¡Qué desvelo bárbaro!... Decididamente la conversación es para mí como un veneno...
--Tal vez se marea...
--No sé, amigo... pero en adelante no admito cuarto con gente... Preferiré quedarme en el patio... ¡La gran perra... con los roncadores!... Si yo fuera gobierno los condenaba a la muerte o les ponía una campanilla que no la pudieran dejar ni para comer...
--Los roncadores y los solistas, debían nacer con un cascabelito como las víboras venenosas...
Se quedó callado un momento y luego, incorporándose para comenzar a vestirse, me dijo confidencialmente:
--El mundo, che, iba a parecer una pandereta y a ser más aburrido que baile entre la familia... ¡Mire!... Es mejor que las cosas sigan como están no más, pues si el no dormir es feo, el no hablar será peor. ¡Se lo afirma uno que entiende el asunto!...
PATRIOTISMO... Y CALDO GORDO
--¡Mirá, hermano... yo sé lo que te digo!... Si la historia y el patriotismo, manejaos con cierta malicia, no te pueden abrir cancha, es porqu'estás destinao a vivir de tu trabajo... ¡Pero es bueno que tentés!... La historia...
--Como para historia'ndo yo... que de pobre me voy quedando hasta miope.
--Pior andaba Taquito... ¿te acordás?... ¡Bueno!... Y ya lo ves aura... ¡Juntó platita para casarse, se da corte hasta con Roca y es hombre que ha'segurao su pucherito y su catre!... ¡Mirá! P'hacer vivir a las gentes no vas a'llar protector que lo iguale a San Martín... ¡Ésa es muñeca, che!... Si aprendés a manejar la vida e nuestros guerreros, reít'e todos los jueces con sus listas de remates y nombramiento de oficios... ¡No hay caldo más sustancioso que el que toman los patriotas!
--Sí, che... pero hay que tener coraje... ¿sabés?... y cierto barniz de loco...
--¡Gran cosa el barniz!... Lo que hay que tener es ganas y sentir necesidá...
--La perra con el Taquito que habí'entendido la biblia... ¿Quién ib'a crer, viendoló en la facultá, que llegase a pesonaje y se codiara algún día con Carranza y con Mantilla, con Biedma y Leguizamón?...
--¡Ésos son los pichoncitos!... ¡Pensá en los otros más grandes!... Mirá. Cuando hizo el descubrimiento de aquella hija natural del trompa de San Martín, recién estaba estudiando y sin embargo se hizo de relación con López y don Bartolo, terciando una polémica entre Groussac y Zeballos... ¡Ya lo ves!... ¿Qué no podrías ser vos, que al fin sos tod'un dotor, si te metieras en una?...
-Yo, hermano, no tengo cuero pa semejantes correas...
--Porque sos sonso y te da por lo romántico, cosa que Taquito no tenía... ¡Fijate!... Una mañana me lo hallo en plena calle Florida y lo convido a'lmorzar... Estaba contentísimo. Hasta llegó a interesarse por mis trabajos d'estancia... Nos sentamos y como era natural vo'y le paso el menú... ¡Pucha qué cambio, che!... No bien l'ech'una mirada, se paró temblando e rabia y me gritó como loco... A ver, che, vamonós d'este fondin!... ¡Esto es un crimen!... ¡Es un delito!... ¡Al gringo qu'es dueño de este tugurio, deberían secarlo en la cárcel por bandido y facineroso! ¡Claro!... A los gritos, corrió el dueño de la casa y todos los concurrentes, y él, saltando sobre una mesa, pidió a los argentinos que s'encontrasen presentes que abandonasen la sala... ¡No se puede comer, decía, en la casa de un canalla, que ha tenido el atrevimiento de poner entre los platos del día nada menos que bacalao a la española, siendo el aniversario del sorteo de Matucana, en que los más preclaros patriotas, pagaron con su vida su amor a la libertá!... ¡Qué cosa bárbara, che!... ¡Claro!... Fuimos a dar a la comisaría... ¡Per'hubieras visto los diarios a la mañana siguiente!... Taquito fué casi un héroe y el gobierno le tuvo que dar un puesto pa medio desagraviarlo y apaciguar la opinión...
--¡Bueno! ¡Perfectamente!... Yo lo comprendo todo... pero cuand'uno no puede hermano... ¡no puede y no hay que hacerle!
--¡Hay que poder no más!... Taquito es consecuente con sus locuras y es lógico con su conducta... ¡por eso ha subido!... Un día, lo hallo parao en la calle, grave y serio como debe ser todo hombre que sabe qu'es importante y lo convidé a seguir. “No puedo, hermano... Estoy esperand'un tránway... ¡el único d'esta línea en qu'es mayoral un criollo!... No hay nada que me reviente como pagarle a un gallego para poder circular en las calles de mi patria... ¡d'esta patria, agregó con voz de trueno, qu'es cuna de tanto prócer!” ¡Ya ves!... Cualquiera crería que Taquito ib'a dar al manicomio y ha ido a dar al Congreso y es caudillo y hombre de porvenir... Será ministro en el extranjero, senador y si me apurás mucho hasta president'e la república... Con la historia y el patriotismo, che, se lleg'a todo en esta tierra...
--Si yo soy un convencido, hermano... pero le temo al ridículo... ¿Soy sonso, me dirás?... ¡Y bueno!... Yo lo sé, pero con eso no me voy a remediar y es por lo que t'he pedido que me recomendés a tu primo... ¡Los jueces pueden hacer mucho por los sonsos, cuando quieren!...
--Pucha que sos pavo... ¡En fin!... No hay pior sordo qu'el que no quier'escuchar...
--Decime... ¿Y vos sabés por qué se mudó Taquito de la casa e la suegra, produciend'un bochinche de familia?... ¡Fué porque la señora permitió que visitas'en la casa un catamarqueñito que se llamaba Goyeneche!... No podía oir el nombre, según decía, sin recordar Vilcapugio y los versos del himno nacional: “!Y cual lloran bañados en sangre, Potosí, Cochabamba y La Paz!...”
--¿Qué loco lindo, no?... Yo, a la verdad, me alegro de que le vaya bien y lo sigo con placer, aunque se'a la distancia... Vez pasada la fuí a ver a la hermana, con quien tengo relación y atend'este dialoguito que lo pinta de mano máistra:
--¿Y Taquito?... ¿Dónde vive?... ¡Hace mucho que no lo veo!
--Vive aquí... Ocupa, la planta baja...
--¡Mirá... qué suerte para usted!...
--¡Cómo no!... Sin embargo, ahor'andamos medio mal, por causa e mi chiquilina qu'está'prendiendo el piano...
--¡Ah!... ¿Lo molesta en sus estudios?...
--¡No! Es que la otra mañana vino el máistro y l'empezó a enseñar la introdución del himno nacional, qu'es tan bonita... En eso estábamos, cuando de repente l'oigo que gritaba de abajo... ¡Che!... ¿Querés decirle a la chiquilina que se deje d'embromar?... ¿Vos no sabés que yo n'oigo nunca el himno aplastao en una silla? ¡Desde hace dos horas me tiene de pie!
--¡Si no es nada, che, le contesté, es la niña qu'está con el máistro!... ¡Más bien no me hubiera óido!... ¡Vino a casa y lo puso al pobre don Domingo pior que si fuese un trapo e cocina, diciendo qu'era una indignidad andar manoseando la música de la patria y enseñando al pueblo a no tenerle respeto y que lo debían quemar por hereje y mal entretenido!
--¡Bueno, che... todo eso te prueba qu'es un desequilibrao!
--¿Y qué ganás vos ni yo con el equilibrio que tenemos?... ¿Vamos a ver?... ¿De qué nos sirve?... Él, con sus locuras, vive y engorda, y nosotros con nuestro juicio nos morimos de hambre... ¡Mirá, hermano... convencete!... ¡La gent'e juicio va siendo la cola'el mundo y hay que castigar pa ponerse a la cabeza, si es que se quiere andar limpio!...
DIVORÇONS... EN CRIOLLO
--¡Claro!... ¡Pa vos es de lo más sencillo que agarremos cada una pa nuestro lao, porque no pasás de ser una mujer inorante, que ni sabés valorar el marido que tenés, cuantimás guardarle las consideraciones y los respetos debidos!... Convencete, che... sos de lo más ordinario...
--¡Tan fino que sos vos... que no respetás ni el kerosene de la lámpara!...
--¡Tu madre... usab'alpargatas pa curarse de las muelas!... ¡La gran perra... con el destino que tienen algunos hombres...! ¡Cada vez que pienso que yo he sido medio pueta y que si no llegué a nada fué por haberte querido... me dan unos ímpetos y una rabia...! ¡P'cha qu'he sido animal...! Bien me lo sabía decir la madre de mi padrino... ¡Disparale al conventillo Manolo y vivirás en palacio!... ¡Y en lugar de dispararle m'encajé hasta las orejas...!
--¡Mejor sería que trabajaras a'nque fuera de changador... en vez de pasarte el día cargando monas al hombro, sin que te paguen un cobre!... Debías de tener vergüenza y dejarte de puesías...
--¡Callate... besti'e carga!... ¿Qu'entendés vos de la vida ni de los goces del mundo...? Vos sos feliz teniendo un pedazo e carne y dos hojas de repollo... ¿No ve, aura... no más? ¿No me atropellás, furiosa porque no he venido anoche y en lugar de preguntarme, como mujer cariñosa, si h'estao ocupao en algo, me amenazás a una limpia, queriendo echarme del cuarto diciendo qu'estoy mamao...? ¿Cres qu'eso será cariño?... ¡Lé los diarios, che... instruite un poco y tratá de ser más fina, siquiera pa diferenciar...!
--¡Es claro...! ¿Y por qué no me aconsejás de que me siente en el piano y abandone los planchaos...?
--¡No seas macaniadara, che... hacem'el favor y seguí, a'nque sea de lejos el movimiento social pa que no te sorprendan los sucesos y te lleven por delante...! Dejá de ser planchadora ni a'nque sea por diez minutos y sé un poco mujer... ¿sabés?... Eso es lo que buscamos nosotros, como dic'el diputá'Olivera... ¿ves?... que las mujeres sean menos animales de trabajo y apriendan a no desperdiciar la felicidá... P'cha si l'hubieses escuchao como yo lo escuché anoche, hablandonós del divorcio y pidiendonós ayuda pa'cer triunfar sus principios...
--¿Ustedes...? ¡Bueno...! Solamente a un extranjero se le puede perdonar que s'equivoque tan feo...
--¿Extranjero...? ¡Si es más criollo qu'el chiripá, y usa unos lentes gruesísimos y pantalones finitos...! Y qué pico el que tiene, che, y qué cáidas las que les hizo a las criollas, que no saben sino trabajar y llenarse de familia, olvidando que sus maridos son también hijos de Dios y que si no los atienden ha de llegar un momento en que se cansen de ellas y se salgan a la calle en busca de una puesía que no encuentran en su casa... ¿Sabés cuáles son los enemigos de los pobres y de los trabajadores...? ¡La vulgaridá aplastadora de las mujeres que no piensan sino en enllenarse el buche y enllenar el de sus hijos...! Hay que tener puesía ¿sabés?... idiales grandes y ler much'historia, pa saber lo que hacían los romanos, que fueron los dueños del mundo cuando toavía no se conocían los ingleses... ¡Ésa era gente, che!... Todo el día no la veías sino pasiando en las calles, tomando el sol en las plazas, pintando, haciendo versos y discursos o sin'ocupando sus horas en banquetes y comilonas que no se acababan nunca!... Se compriende que las mujeres de semejantes maridos no anduviesen com'ustedes prendiendo velas a los santos pa salir de un atolladero...
--Claro!... ¡Ellas harían como vos... que salís de los pantanos prendiendolé a la giñebra... si encontrás quien te la pague... a'nque sea una planchadora, como lo es tu mujer...!
--No, che, vos lo crerás si querés y sino no lo crerás, pero aquí donde me ves soy una de las columnas que sostendrán el divorcio... Tenemos que reacionar y a'nque no vamos ganando ni un centavo en la parada, es preciso no'lvidarse que no todo ha de ser pan...
--¡Claro!... ¡También ha de haber galleta y ésa no te v'a faltar!
¡CUATRERISMO VIVITO!
--Pero si hasta parec'incréible, che, que un hombre como vos, joven, rico, ilustrao, que ha viajao por toda Europa y que se tiene por miembro de l'alta vida porteña, pueda ser tan lleno e preocupaciones y de sonseras... T'estoy mirando y t'encuentro igualito a mi tía Segunda, que cuando te quiere ponderar la distinción de alguna persona, te dice, frunciendo la boca y abriendo los ojos “habl'en francés, che, como si fues'en castilla...” Esas ideas, hijito, eran como pa tu abuelo y a vos te quedan en el tiempo de aura como te quedarían los calzones de alzapón o la galera peluda.
--¿Pero, qu'es lo que querés, entonces?... Que yo piense como la cocinera o como los piones de l'estancia...? ¡Pues no me faltaban más!... Y después, che, no te olvidés, que por algo tengo un título de abogado y que yo no puedo considerar las cuestiones, así, pedestremente, como vos las considerás... Ustedes aquí... y al decir ustedes me refiero a todos los como vos ¿sabés? que son un'especi'e gauchos de levita, que no respetan nada y para quienes la vida intelectual es como la pampa de antes, cuando no había alambraos, que se podí'atravesar por donde quiera, teniendo caballos y asentaderas... ¡No tienen idea de las responsabilidades, ni se dan cuenta de lo que son las bases fundamentales de la sociedá y atropellan no más a ojos cerraos...! ¡Al pensamiento no le reconocen más límite que la fuerz'e la lengua y le pegan al razonamiento en criollo como sus antecesores le pegaban al parejero en las boleadas de avestruces... hasta reventarlo!... ¿Vamos a ver...? Quienes son los congresales de aura pa corregirle la plana nada menos que a Vélez Sársfield, que cuando les dió a las mujeres los derechos que les dió, lo hizo para que fuesen socialmente lo que son los árboles que el ingeniero Luiggi plant'aura en los médanos de Patagonia... una especie de reparo pa evitar que los vientos se lleven otro lao las arenas que nos trajeron de todas partes del mundo.
--Mirá, hermano... dejá la sociología y vamos a lo qu'es razón... Aquí no estamos en Francia, ni en Inglaterra, ni en los Estados Unidos... ¿sabés?... sino en Buenos Aires, y entonces no tenemos pa qué pensar en francés ni en yanqui, sino en criollo viejo... d'ese que al pan le llama pan y al vino, vino.
--¡Qué le v'a llamar, che... si es pura falsificación y cuatrerismo vivito...! ¡Se cuatrea en moral, en ilustración, en finanzas, en ideas... en el diablo!... ¡Se vive carniando ajeno y maquinando recursos pa desfigurar las marcas y poder vender los cueros! ¡Mirá! Fijate, no más, en lo que pas'en el tiatro con las damas distinguidas del alto mundo social y te convencerás de que todo es faramalla... No van a sus localidades de la Ópera cuando “Iris” sube a escena, porque se ha dado en decir qu'es una obra zafada... pero van a la cazuela...
--¡Che...! ¡Aura que hablás de tiatro... sabés lo que le ha pasao al dandy doctor Pitanga...? ¡Hermanito...! ¡Si es una cosa divina!... Habiendo leído a “Afrodita”, que recién llegó a sus manos cuando Berutti la puso en música, le pareció distinguidísimo aquel bello Demetrios, conquistador de todas las mujeres de su tiempo, como se cre que lo es él con su fach'e tenedor para comer caracoles, y para imitarlo a conciencia llamó su barbero y se hizo dar un'afeitada de la que sólo escaparon, y eso por casualidá, la melena opulenta y el bigote aventurero... A los dos días estaba con una fiebre que volaba, che, y han tenido que acostarlo y envolverlo en algodones...