Colon en Puerto-Rico

Part 8

Chapter 83,670 wordsPublic domain

Y vaya otro ejemplo, á la inversa del anterior: hasta hace poco tiempo se escribía ARMONÍA sin H; pero la Academia, volviendo por la fuerza del lenguaje exige hoy la H, y se escribe, HARMONÍA, por su origen latino y griego. Si mañana viésemos que la misma docta Corporación ordenaba, que ABOGADO se escribiese AVOGADO, sería una innovación de igual pureza; porque esa voz procede del latín ADVOCATO, ablativo de ADVOCATUS, y lo escribimos anómalamente con B teniendo en su origen V.

Aceptaríamos, que se agregase la N, en BORIQUÉN, para hacer BORINQUÉN, si el uso hubiese traído la desaparición de la N contra su etimología; pero la sílaba RÍ es una raíz indo-antillana y RIN no lo es.

La sílaba KEM en sustitución á QUEN que introduce el doctor Domínguez va también contra la escritura y ortografía de los primeros cronistas y le da á la E acento nasal, al agregarle la M por la N, aunque la M sea letra labial.

Verdaderamente que las vocales nasales existían en las lenguas antiguas, principalmente en el sánscrito, y también en el latín, donde serían escritas como hoy en portugués AM, EM, IM, OM[265]; pero los indígenas antillanos no daban preferencia á sonidos nasales ni al uso de sílabas fuertes, que requiriesen consonantes como la K. Y no sacamos nuestras afirmaciones de conjeturas é hipótesis. Oigamos lo que dice el Almirante, el martes 25 de Diciembre, en su cuaderno de bitácora:

“tienen una habla la más dulce del mundo y mansa, y siempre con risa.”

Los holandeses son muy amigos en su lengua de reemplazar la C y la Q por la K[266] y los suecos tienden hoy día á este cambio. Los polacos acostumbran á usar una K, muy ruda, delante de A en algunas palabras y son muy dados á usar dobles consonantes. Los árabes, tan dados á los signos de aspiración tienen una K que representa una mezcla de inspiración muy ronca y particular, una K gutural; y también tienen otro sonido que corresponde á una K muy fuerte[267]; pero Colón nos dice gráficamente, que el habla de nuestros indios era la más dulce del mundo y mansa, y siempre con risa. Y este parecer si lo diera un hombre del norte de Europa, de áspero parlar en guturales sonidos, podría pasar por cortesía del gran Navegante con los que le habían ayudado á salvar los restos del naufragio de la SANTA MARÍA, pero lo emite nada menos que un genovés, poseedor de los dulces y melodiosos acentos del Lacio.

Para cerciorarnos de la veracidad del Almirante, al justipreciar la dulzura del lenguaje de nuestros indios, comparemos algunos vocablos indo-antillanos con los de otras lenguas americanas, la mexicana, por ejemplo, y notaremos la suavidad de las palabras de nuestros indígenas.

Hé ahí los nombres de algunas islas del Archipiélago antillano, tomados al azar: Boriquén, Cuba, Quisqueya, Haití, Biminí, Ay-ay, Guanahaní, Yumá, Mayaguaná, Bieque, Sibuqueira, Siquéo, Xaymaca, Cayrí, Yumay, Yucayo, Guanaja, Ocamaniro, Matininó, Babeque, Guanabo, etc.

Y en el mapa del Anahuac, tales como eran los nombres en 1521 (Duvotenay, geógrafo), también leemos al azar: Mechoacan, Zacatallan, Cuitlatecapan, Matlatzingo, Cohuixco, Coatzacualco, Zatonacapan, Tlatlauhquitepec etc. Como los mexicanos no pronunciaban las letras b, g, r, s, se veían precisados á usar mucho de las letras p, c, l, x, y, t.

De manera, pues, que ni la ETIMOLOGÍA ú origen, ni la necesidad de PRONUNCIACIÓN, ni el USO autorizado por los cronistas informan en favor del vocablo BURIKEM ó BURINKEM, con el cual pretende el señor don José de Jesús Domínguez sustituir á la palabra BORIQUÉN, usada por una mayoría respetable de cronistas, cartógrafos é historiadores.

Qué significa Boriquén?

No existe nada en la naturaleza que tenga más vida que las palabras, y para llegar á poseer tal vitalidad ha debido el lenguaje estar en un estado de fluctuación ó indecisión hasta llegar á constituir un verdadero organismo. Hoy podemos admirar la diversidad que hay, en el modo de expresarse por medio de las palabras, entre unos y otros pueblos; pero con un detenido exámen se pueden señalar los jalones de una marcha evolutiva, llegando hasta encontrar las tres grandes divisiones del lenguaje: monosilabismo, aglutinación y flexión.

Los sabios están unánimes en admitir que la construcción del lenguaje ha principiado por la génesis de las raíces. Dice Max Müller[268]: “Si el sánscrito, el hebreo ó el griego no hubiesen atravesado la aglutinación ó capa aglutinativa, si no hubieran atravesado un período como el chino, aislado ó monosilábico, su forma actual sería un milagro.” El monosilabismo, pues, ha sido el primer medio que los hombres han tenido para comunicarse sus afectos, sus necesidades y sus ideas, prescindiendo de la mímica y de la onomatopeya; de aquí han pasado por una evolución secular de grados diferentes á la aglutinación; y por fin, han alcanzado algunos pueblos por medio de la compenetración y las tendencias flexivas, la forma más perfecta del lenguaje.

Es, por lo tanto, una cosa reconocida en el progreso de la lingüística, que la raíz ha tenido que existir por sí misma antes de llegar á la aglutinación y á la flexión.

En el estudio de las raíces de las lenguas indo-jaféticas es un auxiliar poderosísimo el zend y el sánscrito, manantiales fecundos donde el investigador filólogo sacia la sed que le devora; pues no conforme la Filología con darnos á conocer el hebreo, el griego y el latín asciende en busca de progenie más antigua. Las investigaciones interesantísimas de Grimm sobre las lenguas germánicas, y los trabajos de Bott y otros filólogos sobre las lenguas indo-europeas constituyen la escala de Jacob para la Filología comparada, pudiendo considerar esos estudios como fuente regeneradora de la Historia antigua[269]. Pero en las investigaciones del lenguaje indo-antillano, todo es tinieblas; no nos queda un dialecto siquiera, que pueda servir de apoyo para verificar nuestros estudios; únicamente, palabras sueltas, ya designando un árbol, una comarca ó un río, ya el nombre de un cacique, ya alguna que otra palabra recogida por los cronistas de la época de la colonización.

Estas palabras, que quedan al azar en la roca, en el arbusto y en el cronicón son aún verdaderas margaritas. Las hemos recogido, con asiduidad, no para reconstruir un lenguaje, lo cual es imposible, sino para propia satisfacción en nuestros estudios filológicos; tratando de averiguar sus raíces, sus temas y desinencias, para fijar sus etimologías, porque el estudio de los elementos de una voz es el estudio de la formación de la palabra. Y como dice muy bien el docto catedrático del Instituto don Enrique Alvarez Pérez en la gramática española que está editando[270]: “El filólogo, como el naturalista, analiza los distintos elementos que constituyen el organismo de la palabra; estudia las diversas fases que presenta en su desenvolvimiento; y compara las analogías y diferencias que tiene con otras del mismo idioma ó de los congéneres.”

En la carta de Cristóbal Colón escrita en el mar cuando regresaba del primer viaje, y enviada desde Lisboa, en Marzo de 1493, á Barcelona, donde se encontraban los Reyes Católicos[271], se lee:

“En todas estas islas non vide mucha diversidad en la fechura de la gente, nin en las costumbres, nin en la lengua, salvo que todos se entienden que es cosa muy singular.”

Dice el Almirante en su Diario de navegación:

_Lunes 12 de Noviembre._—“... y también estas mujeres mucho enseñarían á los nuestros su lengua, la cual es toda una en todas estas islas de India y todos se entienden y todas las andan en sus almadías.”

Además de un lenguaje indo-antillano, conocido en todo el archipiélago[272], ocupado por los indios procedentes de la Florida, había sus dialectos en algunas islas[273], nacidos de la peregrinación de las palabras, y de la evolución en el continuo fermento en que se hallaban, principalmente en un idioma, como el indo-antillano, que no había llegado á la cristalización fonética[274].

Algunos hay que opinan que la lengua MAYA, ó primitiva del Yucatán, tuviese sus afinidades con la que se hablara en Cuba, especialmente en la parte occidental de la isla, tan cercana á la península yucateca. Indudablemente había diferencia de dialecto en la región del oeste de Cuba; pues el intérprete Diego, que acompañaba á Colón, cuando viajaba cerca de BATABANÓ ó MAYABEQUE, no fué comprendido de los indígenas, y sí por los indios de Vueltarriba. Pero el lenguaje SIBONEY, ó de los indios de Cuba, era un dialecto con ligeras diferencias de la lengua general indo-antillana.

Ahora bien, ciñéndonos á la palabra BORIQUÉN, cuya etimología queremos estudiar, tenemos, que existen en ese vocablo tres raíces aglutinadas: bo-ri-quen.

La inicial BO[275] equivale á GRANDE, SEÑOR[276]. Y la encontramos con este valor en las palabras indígenas:

Caona-bó Señor del oro. Llamado así este régulo por hallarse en su cacicazgo las minas auríferas del Cibao.

Bo-hechio Señor de gran territorio. Nombre asignado al anciano cacique de Jaragua.

Bo-jío Territorio del señor. Denominación adjudicada á la parte septentrional de Santo Domingo. También tenía este nombre el rancho do se guarecía el indio con su familia. Por antonomasia, la propiedad de un hombre jefe.

Bo-yá Gran lugar en el cacicazgo de Higiiey.

Bo-cú Gran río de Santo Domingo.

Bo-hití El sacerdote entre los haitianos.

Bo-niata Comida del señor.

Bo-siba Piedra grande.

Jo-bo-baba Cueva del Señor. Los indios suponían que de esta gruta habían salido el Sol y la Luna. Radicaba en tierras del cacique Maniatibex.

Bo-nao Lugar montañoso del señor. Valle montañoso de S. Domingo donde Roldán y Riquelme se alzaron en armas contra el Almirante.

Jo-bo Gran árbol. Los indios referían á Fray Román Pane, que habiendo ido unos hombres á pescar les cogió el sol y les convirtió en jobos; explicando de este modo la formación de los árboles.

Bo-iní-ael El hijo del señor del agua. Este era el nombre de un zemí de piedra, al cual tenían los indios en Haití gran veneración, y cuando no llovía iban á visitarle. (Fray Román Pane).

Na-bo-rí Cosa del valiente señor. Llevando la idea de SIERVO, porque el primer indio que reconoció al Dios de los cristianos, según refiere Fray Román Pane, dijo al morir: DIOS NABORÍ DACHA, que quiere decir YO SOY SIERVO DE DIOS.

La sílaba intermedia RÍ, de Boriquén, entraña el concepto de VALOR guerrero, así como la idea de FUERTE. Y la encontramos en los vocablos:

Ca-ri-be Nombre aplicado á los belicosos indios de Barlovento.

In-ri-rí Según Fray Román Pane, los indios daban este nombre al pájaro carpintero. Por onomatopeya llamaron así á esta ave, por el ruido RÍ, RÍ, que produce al horadar los árboles. Los carpinteros son pájaros valientes; su pico es una verdadera lezna; sufre los tiros repetidos del cazador, y caido picotea la mano que va á cogerle.

Baha-rí Tratamiento á los nitainos, equivalente á Señoría.

Guacanaga-rí El cacique adicto á los españoles.

Gua-ri-onex Nombre de un cacique de Haití y de otro de Boriquén. Entrambos muy belicosos.

Ju-ri-can Por evolución, huracán. JU, viento; RI, fuerte: y CAN, grande. Viento fuerte y grande.

Cana-rí Vasijas de barro. Los indios usaban los calabazos de higüera para guardar líquidos; pero á estas vasijas por ser más fuertes les daban esta denominación.

A-rí-juna Extranjero, A, evolución de GUA, el; RI, valiente; JU, viento; NA, lugar. El valiente del lugar del viento. Refiriéndose á los indios de Barlovento, ó del del Este, de donde sopla siempre el viento alisio.

Cu-rí-can El actual vocablo CURRICÁN. Cordel largo y fuerte para pescar.

Gua-rí-co Fuerte porción de tierra, ó punta, que en Haití y en Cuba penetra en el mar.

Jumi-rí Fuerte árbol resinoso. (Hedwigia balsamifera). El tabonuco.

La final QUEN[277], de Boriquén, implica idea íntima ó de relación con la TIERRA, según lo prueban las palabras:

Jeni-quén. Especie de pita ó agave, que abarca mucho TERRENO en su desarrollo.

Atebeane ne-quén. Frase con que, al decir de Oviedo, se denominaba á la india que se ENTERRABA viva con el cadáver de su marido.

Bie-que. Tierra pequeña. La actual isla de Viequez.

Babe-que. La isla Grande Inagua.

Bajara-que. El bohío que ocupaba mucha extensión de TERRENO.

Si-que-o. Evolucionando en CICHEO, y en el actual Desecheo. La isleta al oeste de Puerto-Rico.

Ya-que. Gran río que recorre toda la longitud de la TIERRA de la Vega Real de Santo Domingo.

Baiti-que-rí. Punta de TIERRA en la isla de Cuba, que hace una FUERTE entrada en el mar. Hoy se llama, punta MAISÍ.

Guamí-que-ní. Tratamiento que daban los indios á Cristóbal Colón, y que equivale á DUEÑO DE TIERRA Y AGUA.[278]

De modo que BORIQUÉN puede traducirse por TIERRAS DEL VALIENTE SEÑOR, calificativo justificado; pues, aunque los boriqueños no constituían un pueblo belicoso, ni tenían necesidad para subsistir de hacer la guerra á sus convecinos, es fama que se mostraron siempre muy valerosos en la defensa de su país contra las invasiones y depredaciones de los isleños de Barlovento, sus encarnizados enemigos. A Cuba la conquistó Velázquez sin pérdida de un solo hombre, Juan de Esquivel se adueñó de Jamayca sin sacrificio alguno, y respecto al VALOR de los boriqueños, comparándolos con los haitianos, dice Oviedo: “En la manera de la gente, no difieren en cosa alguna de lo que tengo dicho de la isla Española, excepto que estos indios de SANCT JOHAN, eran flecheros é más hombres de guerra; pero assí andan desnudos é son de la misma color y estaturas.”

CARIB.

Hemos dicho que don Martín Fernández de Navarrete, el año 1825, anotando el Diario de navegación del Almirante, conservado por las Casas, fué el que aplicó, por vez primera, el vocablo CARIB[279] á la isla de Puerto-Rico; pero con documentos auténticos de cronistas y cartógrafos hemos probado ser BORIQUÉN el verdadero nombre indígena de la Isla.

Con esta palabra, CARIB, designaban los indo-antillanos al pueblo indígena de la América, que habitaba las Antillas menores y las costas de Tierra-firme, de donde, navegando en sus piraguas, marchaban estos belicosos indios á piratear en las grandes islas y regiones comarcanas.

Pueblo guerrero y antropófago, terror de sus convecinos, aunque no eran los caribes los indios más sanguinarios de América. Cerca del Orinoco dominaban los corpulentos OTOMACOS “la quinta esencia de los bárbaros, barbarísimos entre todos los bárbaros”[280]. Eran éstos, á su vez, el terror de sus vecinos los Jiraras, Caribes, Maypures y Maypoyas[281]. Los ACHAGUAS, indígenas colombianos, decían ser los Caribes descendientes de los tigres, de quienes habían heredado la crueldad que los distinguía. A los tigres los llamaban CHABÍ y á los caribes, CHABÍ-NABÍ, oriundo de tigre.

A la llegada de los españoles al Archipiélago antillano, capitaneados por Cristóbal Colón, dos razas americanas[282] se disputaban el imperio de estas islas. Una raza procedente del Norte y originaria de la desembocadura del Mississipí[283], adueñada de la península de la Florida, salvó fácilmente en sus amplias canoas, que daban cabida á ciento y ciento cincuenta hombres, las treinta leguas, que la separan de la isla de Cuba. Además, posteriormente, hubo el fácil acceso por el grupo de las Lucayas[284]. Esta raza, llamada por algunos, de los GUAICURE, fué arrojada de sus posesiones del Continente americano por la belicosa de los SEMINOLAS, valientes indios guerreros, que tan tenazmente combatieron, en 1512, al Adelantado Juan Ponce de León, descubridor del país de CANSIO[285]. La otra raza, procedente del Sur, alejándose de las margenes del Orinoco[286], su cuna, fué domeñando las costas de Venezuela y Colombia, y en son de conquistadora y en virtud de sus condiciones guerreras entró en el Archipiélago antillano, apoderándose de las pequeñas islas, cercanas á Tierra-firme, de donde extendió sus correrías á las mayores.

Al poner el Almirante el pié en GUANAHANÍ, una de las Lucayas, la lucha de estas razas continuaba á muerte, siendo los campos situados al este de BORIQUÉN la marca invasora de la raza dominante, aunque los caribes no habían podido aún apoderarse del territorio. Si el descubrimiento del Nuevo Mundo se hubiera retardado algún tiempo, los españoles hubieran encontrado todo el Archipiélago antillano en poder de la raza caribeña; pues los GUAYCURE eran más dados al AREYTO, ó bailar cantando, y al BATO ó juego de pelota, que á los ejercicios guerreros; preferían el alimento vegetal al animal, y sabemos por el Diario de Colón, que los indios de las Lucayas ni tenían siquiera los aprestos guerreros del salvaje. En cambio, los caribes desde niños se educaban, en el manejo del arco, se nutrían con carne humana[287], salían de continuo en sus almadías á sus terribles aventuras de pillaje, por lo cual eran más potentes para el combate que los BORIQUEÑOS y HAITIANOS[288]; y ya desde Sibuqueira (Guadalupe) y Ay-ay (Santa Cruz) organizaban á diario, sus correrías á Boriquén, acantonándose en las desiertas islillas situadas al este de la isla, principalmente en BIEQUE.

El padre Labat opinaba (1724), que los caribes habían emigrado desde la Florida á las Antillas y Tierra-firme; y algunos escritores de nota, entre ellos Alejandro de Humboldt, le han seguido en esta opinión; haciendo proceder el pueblo caribeño de los APALACHES de la América del Norte; pero después de la obra de D’Orbigny[289] las razas de la América del Sur han sido mejor conocidas. El sabio D’Orbigny, que empleó ocho años en recorrer el Continente sur-americano en una extensión de 775 leguas de Norte á Sur y de 900 leguas de Este á Oeste y que al regresar á Francia en 1834 obtuvo el gran premio anual de la Sociedad de Geografía, opina que la raza caribe procedía de la gran familia BRASILIO-GUARANIANA. Estos indios cubrían toda la parte oriental de la América del Sur desde las Antillas hasta cerca del río de la Plata. Además, D’Orbigny ha sentado, que los caribes que poblaban las islas de Barlovento y Sotavento, eran idénticos á los GUARANÍS, del Brasil, pertenecientes al tronco BRASILIO-GUARANIANA. Según el erudito venezolano Arístides Rojas[290], los jeroglíficos, ya en las llanuras y orillas de los ríos, ya en las alturas de la cordillera costanera de Venezuela, marcan el itinerario del pueblo Caribe y de sus diversas tribus de Este á Oeste. El padre Raymond y el padre Dutertre, misioneros que vivieron largo tiempo entre los caribes antillanos, conformes á las tradiciones caribeñas, los hacen provenir de los GALIBIS del Continente sur-americano; rama, según D’Orbigny, procedente, á su vez, de la gran familia BRASILIO-GUARANIANA.

Además de marcarnos la Antropología la diferencia de tipo y naturaleza del indio del Norte y el del Sur[291], sabemos por los cronistas que las costumbres y los usos de los indígenas de una y otra de estas razas que estudiamos eran bien diversos; pues, mientras los indios de las grandes Antillas y grupo de las Lucayas eran hospitalarios y pacíficos, los caribes eran crueles y sanguinarios.—Los guaycures apelaban únicamente á las armas para combatir tan sólo la agresión de sus feroces vecinos; éstos, por el contrario, hacían de la guerra un uso cuotidiano y se entregaban en sus débiles embarcaciones á atrevidas empresas. A Cuba la conquistó Velázquez, sin pérdida de un solo hombre.—Juan de Esquivel no tuvo que hacer sacrificio alguno para adueñarse de Jamayca. En Haytí inició la guerra contra los españoles el cacique Caonabó, que era de raza caribe; los demás régulos siguieron el movimiento con tibieza, aceptando prontamente la coyunda castellana. En Boriquén, cuyos indígenas eran más flecheros, al decir de Oviedo, y se explica, por tener sus naturales que contrarrestar, muy á menudo, el empuje de la invasión caribeña, que venía por el Este, recibióse á los cristianos cordialmente, y fué la servidumbre la que provocó después el alzamiento. Y los indios de las Lucayas eran tan inocentes, que se herían las manos palpando el filo de las espadas de los compañeros de Colón. En cambio, los caribes de Santa Cruz recibieron con flechas envenenadas, diestramente arrojadas por hombres y mujeres, á los compañeros del Almirante, que fueron á tomar lengua y hacer aguada. En Guadalupe no ocurrió lo mismo, porque todos los hombres dispuestos para la guerra se habían ido á piratear por las islas vecinas. Y ya nos dice Oviedo, que los buques hacían aguada en la Domínica á fuerza de armas. Cuando Ponce de León hizo recalada, expresamente, en la isla de Guadalupe para castigar á sus naturales, tuvo que retirarse bien descalabrado. Y las crónicas de Puerto-Rico están bien nutridas con la narración de las terribles invasiones de los caribes de las islas de Barlovento[292]. Eran, pues, los GUAYCURES y los CARIBES dos pueblos de diversa procedencia genealógica, y cuya lucha á muerte tenía que terminar, por ley antropológica, con el triunfo de la raza caribeña, más viril y más apta para la guerra, y la completa absorción y desaparición de nuestros pacíficos indígenas.

No podía, por lo tanto, corresponder el vocablo CARIB á los hospitalarios BORIQUEÑOS, que tan sólo empuñaban el arco y la macana para defender el terruño; y, por lógica deducción, tampoco á su país, y sí, ÚNICAMENTE, á los naturales de las islas de Barlovento.

Qué significa Carib?

Según el sabio Humboldt, el vocablo CARIBE procede de CALINA, CARIPUNA, habiéndose transformado la -L- y la -P- en -R-y-B-; de CALINA ó CARINA se ha hecho CARIBI ó GALIBI.

Nosotros, siguiendo la teoría filológica de que estos vocablos antes de llegar al período de aglutinación en que se encuentran han pasado por el monosilabismo, creemos que la primera sílaba -CA- de CARIBE, así como el -GA- de GALIBI es una evolución de la raíz GUA; cuya sílaba GUA ó HUA, en sus diversas acepciones pertenece á tres idiomas americanos: el guaraní, el muysca y el quechúa[293].

Pedro Mártir de Anglería ha sido el primero de los cronistas de Indias[294], que ha llamado la atención sobre la frecuencia de la silaba GUA en el lenguaje indo-antillano.

Según el misionero Ruíz Montoya[295] la palabra GUARANÍ equivale á GUERRA; y GUARINIARA, á GUERRERO; y AGUARINÍ, á GUERREAR etc. D’Orbigny acepta esta etimología. Y Arístides Rojas[296] opina, que GUARANÍ es corrupción de GUARINÍ; y que de esta voz se derivan CALIBI, CARIBE, CARAIBE, CASIBÍ y CARINA.

De manera, que CARIB es igual á CARIBE, CARIBO y GUARIBO.—Y nosotros, analizando y deshaciendo la aglutinación, traducimos: GUA, artículo; RÍ, valiente ó guerrero; y BO, grande, señor ú hombre jefe. Es decir: EL GRAN GUERRERO ó EL HOMBRE VALIENTE.

Vése, pues, que el vocablo CARIB, según los cronistas de Indias y la etimología de la palabra, corresponde de lleno á los CARIBES, habitadores de las islas de Barlovento y Costa-firme, ya haciendo relación á los individuos, ya á sus pertenencias; y de ningún modo á Puerto-Rico, no ocupada aún en la época del Descubrimiento por los terribles antropófagos.

Archipiélago Antillano.