Colon en Puerto-Rico

Part 7

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Juan de la Cosa fué compañero de Colón en el primero y segundo viaje, y cuando fundada la ciudad de Isabela fué el Almirante en demanda de Cuba[236]. Nosotros, en carta publicada en el periódico LA CORRESPONDENCIA[237] hicimos mención del célebre capitán y cartógrafo, dispuestos á utilizar, como dijimos, el mapa del compañero del gran Ligur para dilucidar el punto, que se discutía, de cuál fuera el fondeadero electo por el Descubridor al arribar á las costas de Boriquén; y también desvanecer con esta interesantísima carta de marear algunos de los errores sostenidos por el presbítero don José María Nazario y Cansel.

En el artículo intitulado[238]: “El mapa mundi de Juan de la Cosa” se ocupa recientemente el padre Nazario de este mapa, para manifestar que,

“Esta carta, tal como se conserva en el Museo naval de Madrid, reproducida por la _Revista general de Marina_, publicada por la revista ilustrada _El Centenario_ y por la _Ilustración Española y Americana_ y antes que por todas estas publicaciones, reproducida en la parte que se refiere á América, en 1860, en el libro _Viajeros modernos_, páginas 50 y 61, esa carta digo:

Es apócrifa; No es auténtica; No tiene la autoridad del autor á quien se atribuye.”

Vemos con satisfacción el número de copias citadas por el erudito presbítero, pero, creemos que aun considerándola apócrifa, es de suma extrañeza no la citase en su obra de referencia, siquiera para combatirla como falsa hija de uno de los compañeros del gran Navegante, testigo presencial de su segunda empresa.

A las copias citadas por el padre Nazario podemos añadir: la reproducida fotográficamente por el periódico ilustrado ESPAÑA Y AMÉRICA—3 de Abril de 1892;—el fac-símil del Barón de Humboldt; la copia litografiada en negro de Mr. Jomard; el fac-símil del Diccionario enciclopédico hispano-americano[239]; y la reproducida por calco y grabada en piedra por I. Bouffard, en 1837, para ilustrar la obra de don Ramón de la Sagra[240]. ¡Es raro tanto honor á un pergamino viejo, imperfecto y por añadidura apócrifo!

Al señor de La Sagra se debe, según afirma el Conde de las Navas[241], la iniciativa de las diligencias llevadas á cabo para recuperar la carta de Juan de la Cosa.

Si la carta trae los descubrimientos de Juan Cabot, hay que tener en cuenta, que este célebre navegante veneciano propuso al rey de Inglaterra Enrique VII ir á descubrir nuevas tierras tan pronto se tuvo noticia del primer viaje de Colón; y que en 1497 arribó al continente norteamericano; por lo cual dice Cronau[242] que Cabot “tuvo la fortuna de descubrir el continente del Nuevo Mundo un año entero antes que el gran navegante genovés.”[243]

Sebastián Cabot, hijo del anterior, así como Luís y Sancho Cabot le acompañaron en esa expedición[244]. En seguida se tuvo conocimiento en la corte de los Reyes Católicos del viaje y exploración del inglés[245]; y su hijo Sebastián se pasó después al servicio de España y asistió posteriormente al congreso de Badajoz, en el que se repartieron las Molucas entre España y Portugal; navegó luego al servicio de la Corona de Castilla, y volvió á Inglaterra con el título de gran piloto.

En el mapa de Juan de la Cosa está la exploración de Vicente Yañez Pinzón, que había sido piloto de la NIÑA durante el primer viaje del Almirante. Con cuatro barcos abandonó, el 18 de noviembre de 1499, el puerto de Palos; hizo rumbo más directo al suroeste, que las precedentes expediciones, pasó la línea equinoccial y el 20 de Enero de 1500 atracaba al continente sud-americano, en el punto donde la costa brasileña proyecta en el Atlántico el ángulo más oriental de la América meridional, tres meses antes de la expedición de Cabral[246]. Pinzón puso al cabo, junto al cual había aterrado, el nombre de Santa María de la Consolación, cambiado más tarde en el de San Agostinho. Después de breve marcha al sur, retrocedió la flotilla hacia el norte, dió la vuelta al ángulo que forma la costa en el cabo S. Roque, siguió al noroeste recorriendo la considerable extensión de 650 leguas, por lo menos, hasta el golfo de Paria y la costa de las Perlas, y prosiguiendo al oeste llegó hasta el litoral de Costa Rica. De donde retornó á España, pasando por la Española y las islas Bahamas (septiembre de 1500).—No hay imposibilidad cronológica para que este viaje figure en la carta de marear de Juan de la Cosa, cuando nos consta por la historia, que entrambos pilotos fueron compañeros desde el primer viaje del Almirante, y les vemos después figurar juntos en Burgos (1507) en la Junta de hábiles pilotos que se reunió por orden del Rey Católico para dar impulso á los descubrimientos.

De que el Marañón, ó Amazonas, y el cabo de Santa María de la Consolacíón, ó de San Agustín, no estén trazados con suma precisión geográfica no creemos lógico se deduzca que es pseudónima la carta de marear de Juan de la Cosa[247], considerando esta equivocación como patente prueba de que Vicente Yañez Pinzón no dió conocimiento de sus descubrimientos á la Cosa. Estos errores geográficos son propios de aquella época, en que se empezaba á explorar y delinear las tierras del Nuevo Mundo. Colón en su Diario de navegación del primer viaje da á Cuba una latitud de 42° en vez de 21°. El globo terráqueo de Martín Behaim contiene errores hasta el grado 16. En el mismo mapa de Juan de la Cosa se encuentra la Boca del Drago paralela con Buenavista en el cabo de las islas Verdes, en vez de estar bajo los 11° á los 16°.—El signo de Cancro toca la costa sur de Haytí, cuando la verdadera situación de la punta extrema meridional de la Española está á los 17° y medio, etc. Sería, pues, lo mismo que decir que la carta geográfica dibujada por Pizigano en Venecia, en el año de 1367, es apócrifa por no ser exactas sus anotaciones cosmográficas; que el mapa de Andrés Bianco, dibujado en 1436, es pseudónimo por no existir las tierras trazadas; y que la carta marítima de Toscanelli no tiene la autoridad del autor á quien se atribuye por no haber dado Colón en su viaje con ANTILIA y ZIPANGU.

El viaje de Rodrigo de Bastidas fué efectuado de octubre de 1500 á septiembre de 1502, y comprendió desde la isla de Trinidad hasta el istmo de Darién. Juan de la Cosa acompañó á Bastidas en calidad de primer piloto. Partieron de Cádiz en dos barcos. Visitaron el golfo de Venezuela, conocido de la Cosa hasta el cabo de la Vela, y desde aquí investigaron las costas hasta llegar al istmo de Panamá. Las costas delineadas por el hábil cartógrafo y piloto son las que le eran conocidas en su mayor parte, desde el viaje de Ojeda en 1499.

Este viaje se efectuó, dándose á la vela la flota de Ojeda en el puerto de Santa María el 20 de mayo de 1499. A los 24 días de navegación llegaron á la Guayana francesa; á un punto de la costa americana mucho más meridional que la isla de Trinidad, donde Colón había arribado. Costearon el litoral con rumbo noroeste hasta el golfo de Paria; exploraron al oeste las costas de Venezuela, á la cual dieron este nombre, por recordarles Venecia las viviendas de los indígenas; llegaron á las bocas del Magdalena, desde donde singlaron á la Española. No entraña, pues, falsedad alguna, y se encuentra perfectamente dentro del orden cronológico é histórico, el delineamiento de estas costas de Tierra-firme en un mapa trazado en 1500, y cuyo autor pudo muy bien ir perfeccionando personalmente á medida que completaba sus estudios geográficos de las invenidas comarcas.

Y llegamos al argumento Aquiles del padre Nazario. Dice en su artículo de referencia:

“El bojeo de la isla de Cuba efectuado en el año 1509, del que no tuvo conocimiento Juan de la Cosa, porque en ese año moría saeteado en Cartajena, es testimonio poderosísimo para probar que Juan de la Cosa no es autor de la carta Mapa-Mundi que se le atribuye y que, como un tesoro, se guarda en el Museo Naval de Madrid.”

Al regresar el rey don Fernando desde Nápoles, y después de haber llevado á efecto, en Burgos, la Junta de hábiles pilotos para impulsar los descubrimientos, ordenó al Comendador Ovando el bojeo de Cuba, pues se dudaba aún si el Almirante en la Información que había hecho en la isla de Pinos, tuvo razón en creerla tierra firme, ó si realmente era isla[248]. Esta exploración la verificó Sebastián de Ocampo, que había sido criado de la Reina Isabel, y era uno de los vecinos de la Española. Se hizo á la vela en el puerto de Santo Domingo y costeó toda la parte norte de Cuba, reconociendo algunos puertos. Por averías en las naves surgió en una bahía, que llamó Puerto de Carenas, por haber puesto una nave en seco para la carena. Este puerto es el que se denomina hoy San Cristóbal de la Habana. Repuesto de este contratiempo siguió Ocampo viaje y reconoció la punta occidental de la isla, que tituló cabo de San Antonio. Voltejeó el cabo é hizo rumbo al este, recorriendo la banda meridional de la isla hasta cabo de la Cruz; de aquí navegó, desviándose de la isla, hacia cabo San Miguel (hoy Tiburón) de la Española; de donde prosiguió su derrotero hasta Santo Domingo.

Basta una simple Ojeada en el mapa de Juan de la Cosa, y la narración del viaje de Sebastián de Ocampo, para evidenciar el error en que incurre el párroco de Guayanilla al considerar en la carta náutica de Juan de la Cosa el bojeo de Cuba ordenado en 1509.

Hemos dicho que la figura trazada por el célebre cartógrafo carece del Departamento occidental de Cuba.—Juan de la Cosa delineó la extremidad occidental de la isla uniendo la Península de Zapata á la isla de Pinos, porque precisamente hasta esta isla llegó el piloto en unión del Almirante. Y en el viaje de Ocampo los lugares mejor explorados fueron los de la provincia de la Habana, donde se detuvo á componer sus naos trabajadas por la broma. Y tanto esta provincia como la de Pinar del río con su península de Guanahacabibes y cabo San Antonio corresponden al Departamento occidental, ignorado por Juan de la Cosa y no trazado en su carta de marear.

Si Cuba aparece en el discutido mapa como isla, y no como tierra firme, obedece á que, desde el primer reconocimiento de ella, la trazó Juan de la Cosa como isla, siguiendo las indicaciones de los indígenas; y hasta el mismo Colón estaba en esa creencia, cayendo en error cuando quería seguir el mapa de Toscanelli y dar con Cipango, Catay y el Quersoneso Aureo.

Y prueba de ello; que dice el Diario del Almirante:

“_Domingo 21 de Octubre._—... y después partir para otra isla que se llama _Cipango_, según las señas que me dan estos indios que yo traigo, á la cual ellos llaman _Colba_.”

“_Martes 23 de Octubre._—Quisiera hoy partir para la isla de _Cuba_, que creo que debe ser _Cipango_, según las señas que dan esta gente de la grandeza della y riqueza.”

“_Miércoles 24 de Octubre._—Esta noche á media noche levantó las anclas de la isla _Isabela_ del _Cabo del isleo_, qués de la parte del Norte, á donde yo estaba posado, para ir á la isla de _Cuba_, á donde oí desta gente, que era muy grande y de gran trato. Y porque ventaba ya recio y no sabia yo cuanto camino hobiese fasta la dicha isla de _Cuba_.”

“_Domingo 28 de Octubre._—La isla, dice, qués llena de montañas muy hermosas, aunque no son muy grandes en longura, salvo altas, y toda la otra tierra es alta de la manera de Sicilia: llena es de muchas aguas, según pudo entender de los indios que consigo lleva, que tomó en la isla de _Guanahaní_, los cuales le dicen por señas, que hay diez ríos grandes, y que con sus canoas no la pueden cercar en veinte días.”

A pesar de los indios manifestar siempre á Colón, que Cuba era una isla, cuando estaba la armada en el RÍO DE MARES—puerto de Nuevitas—anota el gran Navegante en su Diario lo siguiente, que nos trasmite Las Casas:

“_Jueves 1º de Noviembre._—Y es cierto, dice el Almirante, questa es la tierra firme, y que estoy, dice él, ante _Zayto_ y _Guinsay_.”

“_Viernes 2 de Noviembre._—... y todavía afirma que aquella es tierra firme.”

Colón, ansiando llegar al anhelado continente, y fijo en el mapa de Toscanelli, dudaba de los indígenas y de sus propias exploraciones[249]; y por eso, le vemos al visitar la banda meridional de Cuba, después de su segunda empresa, levantar aquella desgraciada información en que opinaba y hacía opinar á todos sus compañeros, que Cuba era tierra firme.

Finalmente, Pedro Mártir de Anglería nos testifica[250] del aprecio en que ya en su época se tenían las cartas de Juan de la Cosa, sin considerarle ladrón de los papeles del Almirante, dando el sabio cronista superioridad á los pergaminos del hábil cartógrafo sobre los de los demás cosmógrafos de su tiempo, y manifestándonos la reserva con que se guardaban estos documentos geográficos en poder del Gobierno.

Queda, pues, probado suficientemente, que el Mapa Mundi de Juan de la Cosa no es apócrifo, y que con sobrada razón se conserva en el Museo Naval de Madrid como un tesoro geográfico inapreciable.

BORIQUÉN.

Aún hay escritores puertorriqueños que continúan poniendo en tela de juicio el nombre indígena de la isla de Puerto-Rico, á pesar de la brillante conferencia desarrollada sobre este tema, en el Ateneo, por don Salvador Brau.

El sesudo investigador, nutrido de interesantes datos, concretó[251] los testimonios históricos aducidos en pro de su tesis, de esta manera:

ESCRITORES EPOCA │DENOMINACION ─────────────────────────────────────┼──────────── Doctor Chanca 1493 │Buriquén ─────────────────────────────────────┼──────────── Gonzalo Fernández de Oviedo 1535 │Boriquén Fray Bartolomé de las Casas 1550[252]│ „ El Bachiller Santa Clara 1582 │ „ Juan de Castellanos 1589 │ „ Antonio de Herrera 1601 │ „ Juan de Laet 1640 │ „ Diego de Torres Vargas 1647 │ „ ─────────────────────────────────────┼──────────── Fray Iñigo Abbad 1788 │Borinquén ─────────────────────────────────────┼──────────── Juan Bautista Muñoz 1793 │Boriquén Washington Irving 1828 │ „ Alejandro Tapia 1854 │ „

El doctor Diego Alvarez Chanca, en su carta al Cabildo de Sevilla, llama á la isla de Puerto-Rico, primero, BURENQUÉN; después, BURIQUÉN; y por último, BORIQUÉN.

Letronne, en su Geografía Universal (1844), y Pastrana en su Catecismo geográfico (1852) llaman á la isla BORICUA.

El mismo Pastrana, con su genio poético, toma el vocablo de Fray Iñigo Abbad, Borinquén, y cambiando el acento crea la palabra BORÍNQUEN: la cual ha tenido popular aceptación, principalmente entre literatos y poetas.

El Pbro. don Juan Manuel Echeverría y el Profesor don Manuel Felipe Castro, en sus cantos épicos consagrados al sitio puesto por los ingleses á la ciudad de San Juan en el año de 1797, llaman á Puerto-Rico, CARIB.

El padre Nazario[253], al tratar este punto, se separa de Chanca y se decide por CARIB, como nombre primitivo de la isla.

Castro y Echeverría, al fijarle á Puerto-Rico el nombre de CARIB en sus poemas, escritos el año de 1851, no hicieron más que seguir á don Martín Fernández de Navarrete, en sus comentarios de 1825 al Diario de Colón.

Y vamos á probarlo.—Al estudiar Navarrete el Diario del Almirante y llegar á la anotación del martes 15 de Enero, donde dice CARIB, pone el académico don Martín una llamada y signa: PUERTO-RICO; é igual manipulación efectúa al encontrar dicha voz CARIB en la signación del miércoles 16 de Enero.—Y ha inducido á error á Navarrete y al padre Nazario la siguiente relación del mismo Diario. Al amanecer de ese día 16 partió la armada del GOLFO DE LAS FLECHAS (bahía de Samaná), “llevando la proa al Leste cuarta del Nordeste para ir diz que á la isla de Carib.”—Con esta ruta, Colón se acercaba indudablemente á Puerto-Rico, quedándole la isla al sureste, á más de 120 millas; y quizás, rectificando algo el rumbo, hubiera dado el Almirante con Boriquén, en este su primer viaje, si la gente no deseara el retorno á España por el mal estado de las carabelas. Pero hay que tener en cuenta, que si tal derrotero hubiera podido llevar á Colón á la isla de Puerto-Rico, también con igual rumbo, más ó menos rectificado, hubiera ido á las islas de Barlovento, donde señoreaban los CARIBES, y á quienes se referían los indígenas, que estaban á bordo, al hablar de CARIB; pues no correspondía á los naturales de Boriquén, y sí á los de las islas de Barlovento, la descripción que los indios quisqueyanos y yucayos, de á bordo, le daban al Almirante de los habitantes de Carib, Narra el Diario de navegación:

“_Martes 15 de Enero._—Dice (el Almirante) que quiere partir, porque ya no aprovecha nada detenerse, por haber pasado aquellos desconciertos; debe decir del escándalo de los indios. Dice también que hoy ha sabido que toda la fuerza del oro estaba en la comarca de la villa de la Navidad de sus Altezas, y que en la isla de _Carib_[254] había mucho alambre y en _Matinine_, puesto que será dificultoso, porque aquella gente diz que come carne humana.”

Y al siguiente día escribe Colón en su cuaderno de bitácora:

_Miércoles 16 de Enero._—“... para ir diz que á la isla de Carib[255] donde estaba la gente de quien todas aquellas islas y tierras tanto miedo tenían, porque diz que con sus canoas sin número andaban todos aquellas mares, y diz que comían los hombres que pueden haber. La derrota diz que la había mostrado unos indios de aquellos cuatro que tomó ayer en el _puerto de las flechas_.”

Basta la simple lectura de este párrafo para comprender claramente que los indios quisqueyanos no se referían á Puerto-Rico. A suroeste de la bahía de Samaná está la isla de ADAMANAY, hoy Saona, la cual para la época del descubrimiento estaba ya en poder de los caribes. Además todos esos mares estaban infestados de los belicosos antropófagos, que en sus almadías salían á piratear por las vecinas tierras desde las islas de Barlovento y costas de Venezuela y Colombia. Y confirma nuestro parecer, de error de Navarrete en interpretar á CARIB por PUERTO-RICO, aquella seguridad, que le daban los indios de á bordo á Colón, de que iba á dar con MATININÓ (Martínica) al poner el rumbo de la armada “nordeste cuarta del este”: lo cual no era cierto; como tampoco lo era, que dicha isla estaba ocupada solamente por mujeres. Téngase en cuenta además, que ya el domingo 13 de Enero, al tropezar el Almirante con los indios CIGUAYOS de la bahía de Samaná, se creyó que eran los caribes, á quienes tantos deseos tenía de conocer.

En la carta de Cristóbal Colón, escrita en el mar, cuando regresaba del primer viaje, y enviada desde Lisboa, en Marzo de 1493, á Barcelona, donde se encontraban los Reyes Católicos, se lee:

“Así que monstruos no he hallado, ni noticia, salvo de una isla de _Caribes_, que es la segunda á la entrada de las Indias, que es poblada de una gente que tienen en todas las islas por muy feroces, los cuales comen carne humana”

Vése, pues, que la isla de CARIB, era una del grupo de las de Barlovento, ocupada por indios antropófagos; y probablemente se referían los indios de á bordo á SIBUQUEIRA (Guadalupe), especie de fortaleza, de donde salían á piratear los caribes en sus grandes canoas por todo el mar de las Antillas. Lo acontecido en esa isla en el segundo viaje de Colón confirma este aserto; pues no había ninguna isla con el nombre especial de CARIB, é indudablemente se referían los indígenas, que estaban en la NIÑA, al pueblo de aquellas islas que, á diario, les atacaban y saqueaban, y al cual llamaban CARIBES. Y dada la dificultad de interpretar un lenguaje nuevo y extraño, á pesar de llevar Colón un expedicionario políglota como lo era el judío Luís de Torres, que dominaba el hebreo, caldeo y árabe, tomaron el CONTENIDO por el CONTINENTE y aplicaron el vocablo á la isla cuando los quisqueyanos se contraian á los naturales de ella.

Conste, pues, que don Martín Fernández de Navarrete es el ÚNICO historiador, que ha aplicado la palabra CARIB á la isla de Puerto-Rico, siguiéndole después Castro y Echeverría, en 1851, y en la actualidad el presbítero Nazario y Cansel.

Bastarían los testimonios históricos presentados por don Salvador Brau, en su interesante conferencia, y los razonamientos anteriormente expuestos, para dejar dilucidado este punto de nuestra prehistoria regional; pero como además del párroco de Guayanilla con su CARIB ha aparecido don José de Jesús Domínguez asignándole á la isla, como nombre indígena, el de BURIKEM[256] ó BURINKEM[257], creemos, por lo tanto, conveniente apurar el testimonio de todos los cronistas é historiadores. Y para ello, agregamos á la ya rica tabla de escritores de Indias, presentada por el señor Brau por orden cronológico, la siguiente:

AUTORES FECHA NOMBRE ─────────────────────────────────────────────────────────── Pedro Mártir de Anglería 1494 Burichena[258] Juan de la Cosa 1500 Boriquén D. Fernando Colón 1571[259] Idem P. P. Priores de San Gerónimo[260] 1517 Boriquén Francisco López de Gómara 1540[261] Boriquén Martín Fernández de Navarrete 1825 Carib Modesto Lafuente 1860 Boriquén Alejandro Gómez Ranera 1860 Idem Manuel Felipe Castro 1851 Carib Juan Manuel Echeverría 1851 Idem Rodolfo Cronau 1891 Boriquén Otto Neussel 1892 Boriquén[262] Emilio Castelar 1892 Boriquén Revue des Deux-Mondes 1893 Boriqve

La sílaba BU, en sustitución al BO de BORIQUÉN, la encontramos en Chanca, Mártir de Anglería, y los Gerónimos, cronistas que respecto á vocablos indígenas sufren lamentables equivocaciones. Los demás cronistas é historiadores, que se han ocupado de Puerto-Rico usan el BO, como puede verse perfectamente en las dos tablas que hemos presentado.

Don José de Jesús Domínguez, en nuestros días[263], se decide por la sílaba BU.—Tanto BO como BU, son dos sílabas de pronunciación labial, susceptibles de pasar de un sonido á otro por leyes filológicas conocidas. La raíz BO es mucho más común en los vocablos, que conservamos del lenguaje indo-antillano, y con etimología conocida. Además, es importantísimo notar que Juan de la Cosa, que acompañó al Almirante en el primero y segundo viaje, don Fernando Colón, que tuvo en su poder los documentos de su padre, Bartolomé de las Casas, que residió tanto tiempo en Santo Domingo y el capitán Gonzalo Fernández de Oviedo, que trató personalmente al conquistador y poblador Juan Ponce de León, escriben el nombre indígena de la isla de Puerto-Rico con la silaba BO.

Respecto á la K, que el doctor Domínguez pone en sustitución á la QU, obedece á miras innovativas fonéticas. Roque Barcia ha dicho[264]: “conviene que seamos innovadores con discreción, no bárbaros; y bárbaros somos siempre que vamos contra la razón de la palabra, que es su etimología, su fuente, su principio.” Desfigurar la palabra indo-antillana BORIQUÉN sustituyéndola, arbitrariamente, con BORIKUA, BURINKEM ó BURIKEM es ir contra la etimología del vocablo, contra sus radicales, y contra la escritura y ortografía de los primeros cronistas.

Tan bárbaro es añadir letras de más á una palabra como quitárselas.—En RELOJ, por ejemplo, ¿queréis una letra más inútil que esa J? Sin embargo, RELOJ procede del griego HOROLOGION (el indicador de la hora) y mediante la eufonización tenemos RELOGIO, RELOGE, RELOX y RELOJ. Esa J, pues, que representa la G del griego y del latín, sería un barbarismo retirarla del vocablo.