Part 6
[Ilustración: MAPA DE LAS ANTILLAS]
Cómputo de fechas y escalas.
LUGARES. │ NAZARIO. │ COLL. │ │ Cádiz │Salida: el 25 de Stbre. de │Igual fecha. │ 1493. │ Gran │Empleados 4 días en llegar á │La escuadra empleó seis días Canaria │ ella, ó sea la arribada el │ en llegar á la Gran │ día 29 de Septiembre. │ Canaria. El 1º ó el 2 de │ │ Octubre. Gomera │Nada dice. │Arribada el 5 de Otbre. Hierro │Salida el 13 de Octubre. │Igual fecha. Mar Océano │Nada dice. │21 días de navegación. Domínica │Arribada: el domingo 3 de │Igual fecha. Por la mañana. │ Noviembre. │ Marigalante│El día 3 de Noviembre. │Ese día por la tarde. Fondeó │ │ el crucero. Guadalupe │Arribada: el 4 de Nbre. y │El 4 por la tarde. Fondeó. │ salida el día 12. │ Partida el 10 por la │ │ mañana. Monserrate │El 13 de Noviembre á │El 10 de Noviembre á │ mediodía. │ mediodía. Redonda │El 13 de Noviembre por la │El 10 de Nbre. por la tarde. │ tarde. │ Fondeó. Antigua │Se inclina á que no fué │El día 11 por la mañana. │ visitada. │ San │Opina que después de Santa │El día 11 á mediodía. Cristóbal│ María la Redonda fué esta │ Distinguieron los viajeros │ isla la visitada. │ islas al noroeste sureste. San Martín │El día 15 al mediodía. │El día 11 por la tarde. │ Partida: cinco ó seis horas│ Fondeó el crucero. Partida: │ después. │ el 12 por la mañana. Santa Cruz │Opina que no la visitó el │El día 14 de Nbre. llegó á │ Almirante en este segundo │ ella la armada de arribada │ viaje; y sí, únicamente, en│ forzosa. Salida: el mismo │ el cuarto (1502.) │ día á las cinco ó seis │ │ horas. Virgen │Nada dice. │Arribada: el 14 de Noviembre, Gorda │ │ de noche. Las │Arribada: el 15 de noche. El │El día 15 exploró el Vírgenes │ día 16 por la mañana costeó│ Archipiélago de las │ el crucero los 40 y tantos │ Vírgenes, y corrió estas │ islones. │ costas el día 16 con rumbo │ │ al suroeste. Boriquén │Avistada: el 17 de Noviembre │El 16 de Nbre. por la tarde. │ por la tarde. Por la noche │ El día 17 corrió la armada │ se recogió á Vieques. El │ la costa sur. El 18 │ día 18 corrió la armada la │ voltejeó los Morrillos y │ costa meridional de la │ corrió la banda occidental; │ isla; y el 19 por la mañana│ y el 19 fondeó en el último │ fondeó en Guayanilla. El │ ángulo occidental ó sea │ día 21 por la mañana zarpó │ bahía de Aguada y │ para la Española. │ Aguadilla. Salida el 22 por │ │ la mañana. La Española│Avistada: el 21 por la tarde.│El día 22 por la tarde se │ Tomaron tierra los viajeros│ divisó cabo Engaño. Después │ el 22 en Haití; y luego │ se costeó y exploró la │ costearon el sur de la isla│ banda norte de la isla │ hasta llegar al puerto de │ hasta llegar al fuerte de │ Navidad. │ Navidad.
JUAN DE LA COSA
Santoña y el Puerto de Santa María se disputan la gloria de ser la patria de este ilustre piloto y capitán. Bartolomé de las Casas le llama VIZCAINO, y Leguina considera esta apreciación del obispo de Chiapa como consecuencia de que en aquella época se confundía frecuentemente á los oriundos de provincias vecinas, y se designaba con el nombre de VIZCAINO al procedente de la costa cantábrica[198].
Juan de la Cosa se retiraba á Santoña, provincia de Santander á descansar de sus expediciones marítimas; allí ha existido un barrio llevando su nombre; el apellido LA COSA perdura en la marítima villa; el autor de SANTONIA (1677) afirma haber nacido el ilustre marino y capitán en aquella población; y en los archivos parroquiales de aquella villa se registra, por el siglo XV, un Juan de la Cosa, figurando á menudo, como padrino. Todas estas razones inducen á Leguina, Fernández Duro[199] y Picatoste[200] ha considerar como santanderino al compañero del gran Ligur en sus dos primeras empresas.
Cuando Cristóbal Colón, á bordo de la carabela NIÑA, y bojeando después de su segundo viaje las costas cubanas, cita ante el escribano Fernando Pérez de Luna—12 de Junio de 1494—á Juan de la Cosa, maestre de hacer cartas, para que dé su opinión, si Cuba era isla ó tierra-firme, el modesto cartógrafo, al manifestar sus generales de Ley, se da por vecino del Puerto de Santa María. Además, el notable é interesantísimo mapa lleva una nota marginal de haber sido trazado por Juan de la Cosa en dicho puerto de Santa María, el año de 1500.
Andaluz ó santoñés, puede fijarse su nacimiento á mediados del siglo XV; también aseverarse que navegó mucho por la costa cantábrica, donde en tan agitados mares aprendería con perfección el difícil arte de navegar; y probablemente vendría después á avecindarse al puerto de SANTA MARÍA.
Juan de la Cosa acompañó á don Cristóbal Colón en el primero[201] y segundo viaje á las Indias Occidentales: en el primero como dueño de la nao SANTA MARÍA[202]; y en el segundo, yendo en la carabela NIÑA como Maestre de hacer cartas. Acompañó también al Almirante cuando terminada la feliz segunda empresa, y fundada la ciudad Isabela, marchó el Descubridor á explorar las costas de Cuba. El sabio cosmógrafo genovés no se desdeñaba de consultar los mapas y cálculos de Juan de la Cosa.
Aunque Colón en su tercer viaje (1498) exploró las costas de Paria y su extenso golfo, columbrando el Continente americano, la mayor parte de los pilotos de sus naves, que habían anotado diligentemente la marcha de los vientos, recabaron de SS. AA., con la influencia de Fonseca, licencia para hacer descubrimientos á sus expensas, separando el quinto con destino al real Erario. Otorgada la demanda, Alonso de Ojeda, protegido del duque de Medinaceli, preparó una expedición (1498), eligiendo como primer piloto de su empresa á Juan de la Cosa, asociándosele también el florentino Américo Vespucio, que había de tener la gloria, usurpada á Colón, de dar su nombre al nuevo mundo. Juan de la Cosa levantó mapa del derrotero seguido en las costas americanas y su exploración fué más larga que la del gran Navegante[203].
El padre Nazario, aludiendo á esta empresa, dice[204]:
“No es mi propósito escribir la biografía de Juan de la Cosa.—Ya otros la hicieron con brillantez, aunque no tanta que lograran borrar la mancha que grabaran en la historia del maestro de cartas, _la infidencia que lo arrastró á sorprender y copiar los secretos del Almirante_, que en él tenía plena confianza, _y la traidora explotación de aquellos secretos_, puestos por su vanidad y sed de renombre y lucro á disposición de los encarnizados enemigos de su maestro.”
Es injusto este ataque al ilustre cartógrafo y capitán, y la gloria de Colón es tan grande, que no hay necesidad de empequeñecer á sus compañeros para que se destaque la figura del gran marino.
Juan de la Cosa no traicionó al Almirante, ni sorprendió sus secretos; fué su compañero en el primero y segundo viaje, y en la exploración de Cuba, y como hábil maestre de hacer cartas levantó su mapa.
La era de los descubrimientos había sonado y los Monarcas sosteniendo las prerrogativas del Almirante y poniendo freno al espíritu de conquistas y aventuras del pueblo español hubieran ido contra sus propios intereses y los de la Nación; máxime teniendo al lado á Portugal que les disputaba las invenidas tierras, é Inglaterra que había lanzado á Cabot hacia el Océano—no ya mar tenebroso—descubriendo las costas de la América del Norte.
Y respecto á este particular dice un autor dominicano[205] que no puede ser tachado de parcial hacia España:
“En los contratos de los Reyes con los particulares, se subentienden ciertas condiciones tácitas, que pertenecen al dominio del derecho general de las naciones. Y si estos convenios tienen algún vicio, ó en su ejecución encuentran un obstáculo invencible no hay duda que no pueden prevalecer contra lo que la realidad exige. En este caso se hallaba el enunciado derecho del primer Descubridor, á excluir á todos los que por una necesidad política fuera indispensable facultar para la toma de posesión del resto de América, ya porque España tuviese que burlar la ambición de otras naciones, ya sea por la oportunidad de adelantarse en descubrimientos importantes detenidos por los sucesos de la Española. Es, pues, preciso convenir en que la Corte pudo remover el obstáculo, conciliando los derechos generales con los particulares, porque ni los Reyes quisieron hacer ilusorios los beneficios que podría alcanzar la nación en el contrato privado con el Almirante, ni éste hubiera alcanzado los derechos reclamados renunciando España á ulteriores conquistas, y he ahí un conflicto que la alta política debía evitar, conservando al primer Descubridor ciertos fueros y preeminencias que le indemnizaran de las pérdidas que pudieran resultarle de no respetarse sus privilegios.”
En poder de Fonseca estaba la carta que Colón había levantado de su tercer viaje[206], y ésta le fué facilitada á Ojeda, el protegido del duque de Medinaceli, por el Obispo encargado de los asuntos de Indias. No vemos, pues, justificado el título de TRAIDOR adjudicado por el Pbro. Nazario al célebre cartógrafo Juan de la Cosa.
En esta expedición de Ojeda fué Américo Vespucio, y si este piloto florentino tuvo la gloria de dar su nombre al Nuevo Mundo[207] no tuvo la culpa Juan de la Cosa, sino la marcha de los acontecimientos. Y prueba de que los sucesos se precipitaban, es ver para esa época á la escuadra de Portugal recalar á la costa firme de América y tomar Pedro Alvarez Cabral posesión del Brasil, cuando Vicente Yañez Pinzón había atravesado la línea equinoccial y descubierto antes que Cabral esas tierras.
Al dar el rey don Fernando, desde Nápoles, su vuelta á Castilla (1507) convocó en Burgos una JUNTA DE HÁBILES PILOTOS, con objeto de reanimar y encauzar el espíritu y propósitos de los descubrimientos. Formaron el núcleo de ella Juan Diaz de Solís, Vicente Yañez Pinzón, Américo Vespucio y Juan de la Cosa.—Las Casas dice, que Juan de la Cosa era el primer piloto de aquel tiempo. Pedro Mártir de Anglería anota, que fué el primero que recogió oro en las arenas de URABÁ. Y Navarrete manifiesta que era “gran marino y cosmógrafo, maestro hábil para hacer cartas é instrumentos, y hombre valeroso; el mismo á quien se debe la más antigua carta geográfica que se conoce de países pertenecientes al Nuevo Mundo.”
En 1507 se le dió el mando de dos carabelas para vigilar la costa desde el cabo de San Vicente á Cádiz y proteger la vuelta de las Indias Occidentales de los buques españoles. En 1508 se le confirmó su nombramiento de Alguacil mayor de Urabá. Y en 1509 acompañó á Ojeda á la infortunada expedición que con 300 soldados hizo á Cartagena de Indias.
Esta costa era de Caribes: gente, aunque desnuda, dispuesta siempre á guerrear. Los españoles asaltaron una aldehuela indígena, que distaba del mar 12 millas. Los caribes arremetieron desesperadamente á los cristianos y los derrotaron. Juan de la Cosa con algunos castellanos corrió al auxilio del hazañoso Ojeda, que á las puertas de un templo, donde se hizo fuerte, peleaba con una multitud de indios. El heróico piloto, después de ver caer á su alrededor setenta de los suyos, cayó atravesado por muchas flechas emponzoñadas. Ojeda pudo salvarse, y auxiliado de Nicuesa, recuperar el cadáver de Juan de la Cosa atado á un árbol, hinchado y desfigurado, á causa del veneno de las saetas[208].
Pedro Mártir de Anglería asevera, que por los niños capturados por los españoles, después de incendiar el villajo y pasar á cuchillo á todos los adultos, supieron que los caribes habían hecho pedazos el cadáver de Juan de la Cosa y los de los demás compañeros, y luégo se los habían comido[209]. ¡Triste fin del célebre piloto y capitán! La Corona trató de mitigar tan dolorosa pérdida, ordenando por Real cédula expedida á 2 de abril de 1511[210], que el Tesoro de la Casa de Contratación de las Indias entregase á la viuda de Juan de la Cosa cuarenta y cinco mil maravedises para ayuda del casamiento de su hija mayor.
El mapa de Juan de la Cosa.
Examinemos ahora la importancia de la carta de marear del ilustre cartógrafo y capitán descubridor. Y para que no se nos considere apasionados al ameritar la obra del compañero del inmortal genovés, compilaremos las frases de un perito, las del capitán de navío don Cesáreo Fernández Duro, que fué uno de los miembros del Jurado Académico, constituido en Madrid, para examinar el mejor libro sobre el Descubrimiento de América y adjudicar el premio de 30 mil pesetas. He aquí el comentario del señor Fernández Duro:
“Ni la carta existente en el monasterio de Viladestes, fechada en 1413; ni el _Atlas catalán_ del siglo XV, el más antiguo que se conoce, publicado en París por Duchón; ni los mapas hidrográficos que componen una colección de diez, formada por Andrés Bianco en 1436, existente en la Biblioteca de San Marcos de Venecia; ni el mapa de Fra Mauro, 1459; ni el de San Juan Ruyschio, citado por Humboldt; ni el del cosmógrafo catalán Jayme Ferrer, 1494–1495; ninguno de estos antiguos documentos llega en exactitud ni en extensión de tierras descubiertas y situadas á la Carta de Juan de la Cosa, que desde su hallazgo eclipsó á los anteriores, conquistando el primer puesto en la historia de la cartografía universal.”
Este mapa desapareció de España cuando la invasión francesa y la guerra de la Independencia. En 1832 lo compró á un agiotista prendero el Barón de Valckenaer. Al fallecimiento de este noble (1852) sus testamentarios pusieron en venta sus libros y papeles, y entre ellos la carta marítima de Juan de la Cosa. La puja fué sostenida por varias bibliotecas, y en un arranque de patriotismo, y en nombre del Gobierno español, el general Zarco del Valle aseguró que daría por él cien francos más que el que ofreciese mayor precio, adquiriendo la preciosa joya en 4200 francos[211].
Hoy se conserva el mapa mundi de Juan de la Cosa en el Museo Naval, en el gabinete de descubridores y sabios marinos, anotado en el Catálogo con el número 553 y las siguientes palabras:
“553.—Carta de la parte correspondiente á la América, que levantó el piloto Juan de la Cosa en el segundo viaje del Descubridor genovés, en 1493, y en la expedición de Alonso de Ojeda. Sustraída de España, la poseía el Barón de Valckenaer, cuyos testamentarios la vendieron en pública almoneda, y la adquirió el Depósito Hidrográfico. Su Director, que fué el señor don Jorge Lasso de la Vega, tuvo la condescendencia de que se depositase en este Museo, para que el público pueda ver un documento tan curioso y de mérito, con relación á la época en que se hizo”[212].
Hemos dicho que Juan de la Cosa acompañó á Colón en el primer viaje como dueño de la nao Santa María. En el mapa están las tierras descubiertas en esta empresa, GUANAHANÍ, la primera al oriente, por ser la SAN SALVADOR del Almirante. No tiene ninguna banderola con castillos y leones, por la misma razón que no la tiene Cuba, en el puerto de San Salvador, ni la Española en Navidad é Isabela, ni Domínica, ni Marigalante, etc. Estas banderolas están puestas en distintas tierras sin marcar puntos de desembarco. En Cuba está colocada precisamente en la región inexplorada.
En el segundo viaje de don Cristóbal Colón venía Juan de la Cosa en la carabela Niña, como Maestre de hacer cartas. En el interesante mapa están trazadas las islas avistadas y visitadas por los viajeros: la Deseada, Domínica, Santa María Galante, Santa María de Guadalupe, Santa María de Monserrat, San Martín, la Gorda, San Cristóbal, Santa Cruz, Boriquén y la Española. Vése por la investigación de este viaje, que Colón visitó á Santa Cruz, negado por el padre Nazario[213], y que Puerto-Rico se llamaba BORIQUÉN y no CARIB. Además, al trazar el entendido cartógrafo la isla de Puerto-Rico, delineó con perfección—y es lo más exacto que hay en la configuración que le da á la isla—el último ángulo de occidente, que comprende hoy los puertos de Aguada y Aguadilla. Llama la atención, sobre manera, esa exactitud del dibujo en lo que corresponde á la bahía limitada por los cabos San Francisco y Boriquén. La costa norte de Puerto-Rico está trazada de imaginación, es defectuosísima, y ha sido delineada calculando la acción violenta de los mares del septentrión, que siempre hacen grandes cortaduras en las costas nortes. Como el crucero recorrió la banda meridional, bien retirado de tierra[214] por temor á las restingas y escollos, el piloto de la NIÑA, al terminar la jornada del día 17 de Noviembre, en cuyo día corrieron 30 leguas por aquella costa, le consagra una línea, pudiendo trazar el día 18 la parte occidental de Boriquén; y sobre todo, con mayor perfección, el último ángulo de occidente, donde permaneció la armada dos días.
Entre Boriquén y la Española no traza Juan de la Cosa ninguna isla; por lo que nos inclinamos á creer que los viajeros no vieron la Mona. La islilla que llamó la atención del doctor Chanca fué indudablemente CICHEO, hoy Desecheo. Fernando Colón tampoco menciona la Mona al referir este viaje del Almirante. D. Martín Fernández de Navarrete, al anotar la Relación de Diego Alvarez Chanca, es quien pone, por vez primera, en una llamada á la isla MONA como la divisada. Error acogido por don José Julián de Acosta al glosar la obra de Fray Iñigo Abbad, y seguido después por Vizcarrondo, Janer y otros al redactar sus Epítomes de Geografía de Puerto-Rico.
Al partir la armada el 22 de noviembre, por la mañana, con rumbo al noroeste, en demanda de la Española, la islilla divisada fué de tan escasa importancia, y llamó tan poco la atención, que el hábil Maestre de hacer cartas no juzgó necesario delinearla en su mapa. Y téngase en cuenta que el cartógrafo traza la DESEADA, avistada únicamente, y delinea dos isletas frente á SANTA CRUZ, como cerrando el paso al norte.
Basta una ojeada al mapa de Juan de la Cosa para ver palpablemente, que el crucero se corrió al norte de la Española, ruta negada por el párroco de Guayanilla[215]. Toda la costa septentrional está anotada en el mapa, sobresaliendo los conocidos nombres de SAMANÁ é ISABELA.
En la carta náutica de Juan de la Cosa está también el viaje del Almirante, cuando fué en demanda de Cuba. Sabemos, por la historia, que Colón, una vez constituida la incipiente colonia en la Isabela, entregó el mando á su hermano don Diego, y en una escuadrilla, formada de la NIÑA, la SAN JUAN y la CARDERA costeó la parte boreal de la Española, vía recta á Monte Christi[216] y al lugar que ocupó el fuerte de Navidad[217]; de allí siguió hasta la isla Tortuga[218]; luego volvió á tocar en la Española[219], pasando á Cuba, cuya tierra avistada llamó ALFA. Los indios llamaban aquel sitio BAITIQUIRÍ, y hoy tiene el nombre, también indio, de MAISÍ[220]. Navegó 20 leguas el crucero, costeando el sur de la isla de Cuba, y reconoció la gran bahía de Guantánamo, donde los indígenas agasajaron á los viajeros con pescado, iguanas, hutías y casabe. Diego, el indio de Guanahaní, hizo de intérprete. Prosiguió el Almirante su derrotero, y el 3 de Mayo (1494) modificó el rumbo hacia el sur descubriendo la isla de Jamaica. Corrió la costa[221] y fué el crucero á un puerto, que el Almirante llamó PUERTO BUENO[222]. El 14 de Mayo hizo rumbo de nuevo á Cuba, resuelto el marino genovés á navegar quinientas ó seiscientas leguas adentro á ver si era tierra firme. Llegó á un cabo, que denominó CABO DE LA CRUZ[223]; hubo tronadas, y el crucero tuvo que evitar innumerables isletas[224] y bajos. Siguió navegando hacia Occidente, siempre evitando las islillas y restingas, y después de recorridas 335 leguas se detuvo en la isla de Pinos, la cual Colón llamó SAN JUAN EVANGELISTA[225]. Retornó el Almirante, levantando por fin aquella Información en que opinaba, y hacía opinar á la tripulación de las tres carabelas, que la isla de Cuba era tierra firme. En el mapa de Juan de la Cosa se ve terminar al cartógrafo su dibujo sin trazar el resto de la isla de Cuba[226], y dejando marcadas en aquellos sitios un sin número de islillas é islas, diseminadas en el mar[227]. A la vez coloca, en el lado opuesto á la región de Cuba explorada, una banderola castellana como señal de dominación sobre aquellas tierras. Volviendo atrás el crucero, tocó de nuevo en cabo Cruz, donde se dijo una misa solemne bajo un árbol. De cabo de la Cruz, por no tener vientos favorables, volvió la escuadrilla á Jamaica, y de aquí á cabo Tiburón de la Española, que llamó el Almirante, cabo de San Miguel[228]. No conoció Colón el sitio á que había arribado, hasta que los indios le sacaron de dudas, llamándole un cacique por su nombre. Entonces empezó el Almirante á costear, por primera vez, el sur de la Española. A fines de Agosto surgió la NIÑA en una isla, que llamó Colón ALTOVELO[229], y allí esperó á las otras dos carabelas. Reunidas las tres naves fueron á otra isla[230], y costeando de nuevo la banda meridional de la Española pasaron por delante de la boca del río Neyba[231] avistando un llano amenísimo lleno de caseríos tan contiguos, que por espacio de una legua parecía un solo pueblo. Envió Colón correos á la Isabela dando cuenta de su llegada, y prosiguió su derrotero llegando al antiguo cacicazgo del HIGÜEY, donde le impidieron los indios de CAYACOA hacer aguada. Este espíritu guerrero encontrado en esta comarca marítima se explica por su inmediación á la isla ADAMANAY (Saona), ya en poder de los terribles caribes. Al llegar á este punto, las fuerzas físicas del gran marino genovés estaban agotadas; las carabelas permanecieron seis días resguardadas á la entrada[232] del canal de Saona por el mal tiempo que hacía; y habiéndose agravado la enfermedad del Almirante, hizo rumbo la escuadrilla á la Isabela. Si el Almirante hubiera en su segundo viaje recorrido la Española por el sur para ir al fuerte de Navidad, como pretende el padre Nazario[233], al llegar al cabo Tiburón, á su regreso de Cuba y Jamaica, hubiera conocido inmediatamente aquella costa, y no sucedió tal cosa, sino que necesitó oírse llamar[234] por los indígenas para cerciorarse que había arribado á la Española. Además, después del largo viaje efectuado, se hubiera Colón dirigido inmediatamente á la Isabela, no volviendo á costear la parte sur ya conocida, y vemos todo lo contrario, que enfermo y rendido prosigue el bojeo de la banda meridional de la Española para explorarla personalmente, pues sabía únicamente que era una isla por haber enviado antes una carabela á voltearla.
No es apócrifa.
Ni una sola vez nombra el presbítero Nazario la carta náutica de Juan de la Cosa al ocuparse, en su libro[235], del segundo viaje de don Cristóbal Colón; lo cual apareja suma extrañeza, si consideramos que el párroco de Guayanilla manifiesta especial predilección hacia Diego Alvarez Chanca, PRECISAMENTE por haber sido uno de los viajeros expedicionarios, que acompañaron al intrépido marino genovés en el bojeo de la armada por el archipiélago antillano.