Ausías March y su época

Part 6

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Pero Ausías March era un gran poeta y como tal capaz de sentir, con más fuerza que los corazones vulgares, los grandes dolores, á la manera que lo es el Océano de ser sacudido y turbado hasta en sus más hondos senos por tempestades, que apenas podrían desplegarse en toda su imponente majestad en pequeños mares: Ausías March era también un gran cristiano, y por lo mismo, no tanto era el dolor de la separación de los cuerpos el que más tormento le daba, como la duda de si debía ó no ser eterna la de sus espíritus. Nuestro trovador tenía bastante temple de alma como hombre, y como cristiano fe sobrada, para despreciar esos amores teatrales que sólo se exhiben ante testigos y buscan para desahogarse lugares sombríos, pero dispuestos á manera de decoración escénica, si en su tiempo hubiesen estado de moda, como lo estuvieron en los nuestros; y para saber que todo acaba para los cuerpos con la muerte, hasta el día en que sean llamados á gozar ó á sufrir con las almas, según contribuyeron á su salvación ó á su condenación eterna. Él sabe que los difuntos no piensan en los vivos, y que por lo tanto no agradecen los dolores que éstos sufren;

Quant pens dels morts que res del vius no pensen E los dolors que pas sens grat se perden:

Cant I.—_Aquelles mans_, etc.

sabe también que los muertos no vuelven al mundo;

Si be los morts en lo mon no retornen,

y por esto no piensa en ir al sepulcro donde yace su amada, ni para esparcir flores sobre ella como pagano, ni para llorar sobre sus restos cual mujer de corazón flaco.

Ni le preocupa si el cuerpo del que fué su ídolo es pasto de gusanos, ni si los transeuntes huellan indiferentes la losa que cubre sus cenizas: el único pensamiento que le aflige, la única espina que la muerte, al arrebatarle su amiga, ha dejado clavada en su corazón, es saber en qué compañía se encuentra en la otra vida, ó como dice él mismo:

Quins esperits á tu de prop te son.

Para averiguarlo se dirige al de su amada, diciéndole:

Tu, esperit, si res no te'n deffen Romp lo costum que dels morts es comú: Torna en lo mon é mostram qu' es de tu; Lo teu esguart no'm donará espaven:

Cant VII.—_Lo gran dolor_, etc.

y como no tiene, cual Dante respecto de Beatriz, la seguridad de encontrarla, para vivir amándola eternamente, en los celestes prados donde sestea el divino Esposo de las almas, se estremece al pensar que pueda por culpa suya estar en el infierno ó en el purgatorio, y ruega á la Virgen que, no tomando en cuenta de dónde vienen las oraciones que le dirige, no sean en daño de ella sus pecados;

Mare de Deu, si es en purgatori Son esperit per no purgats delits, A ton Fill prech no guard los prechs d'hon venen, Mes llá hon van mos peccats no li noguen.

Cant IV.—_Puig me trob sol_, etc.

Por lo demás tan poco egoista y carnal es su pasión, á diferencia de la de los amadores vulgares, que si pudiese echar de sí aquella duda, que es su tormento; si de cierto supiera que estuviese su amada gozando de la compañía de los bienaventurados, ya no sentiría que hubiese sido herida por los dardos de la muerte:

E si cert fos qu'entre los sants fos mesa, Non volgra jo que de Mort fos defesa.

Cant I.—_Aquelles mans_, etc.

La duda, sin embargo, subsistía. Aquel nuevo Job, que con perderlo todo, al perder lo que era su único supremo bien aquí bajo, no había podido siquiera guardar dentro de su alma la esperanza de hallar en otro mundo mejor el espíritu á quien en vida había unido el suyo; aquel nuevo Job que, como el patriarca árabe, en un momento de desesperación había maldecido también su existencia, debía como aquél llevar hasta el heroismo su resignación: y hé aquí que en medio de los males que se desploman sobre su corazón, anegándole en amarguras, á manera de las olas que, cayendo sobre ella, cubren de salobres espumas la combatida roca que irgue su cabeza en solitaria playa, impone silencio á aquél recordándole que

.....Tot es bó puig es obra de Deu.

«Admirable, sublime Ausías, exclama al llegar á este punto nuestro amigo Quadrado; después de oir de tu boca este verso, ¿qué más pudiéramos añadir acerca de tí ni como hombre ni como poeta?»

* * * * *

Habiéndonos detenido tanto, menos sin embargo de lo que hubiéramos deseado, en los cantos de Amor y de Muerte, difícilmente podríamos, sin caer en repeticiones y pecar por difusos, extendernos en los Morales y en el Espiritual, escritos por ventura por nuestro trovador para buscar en la filosofía cristiana y en el amor divino un bálsamo á las penas que tan hondamente le afligían. En ellos, sin dejar de mostrarse elegante y á momentos sublime poeta, aparece menos la fecundidad de su ingenio, por efecto sin duda del tono didáctico que con frecuencia en los mismos domina, y de que la materia se presta más á las severas bellezas de la razón que á las brillantes galas de la fantasía. Como árbol que tiene echadas sus raíces en el campo de la ética cristiana, produce más frutos que flores, ó únicamente se reviste de éstas en cuanto sirven para atraer hacia los primeros las voluntades y á excitarlas á alimentarse de ellos.

Es excusado decir que la moral de Ausías es elevada y no menos que su pasión pura. «Fundando, dice el crítico á quien acabamos de citar, la dignidad del hombre en su perfeccionamiento incesante, su felicidad y grandeza en el cumplimiento de su fin, levanta sobre estos pilares su noble cuanto sólido edificio.» Aplicando continuamente tan fecundo principio, no reconoce en el hombre otra libertad que la que conserva respecto de sus mismos deseos, otra paz que conciliar su voluntad con su deber, otra sabiduría que la de mejorarse y atender á su fin, ni otro privilegio en el sabio que el de su inmensa responsabilidad sobre los que no conocen sinó los goces y tareas materiales; no considera otro bien en la nobleza y opulencia que el de servir de instrumentos para el bien, otra ceguedad en la fortuna que la ceguedad de nuestras pasiones, que piden á sus favores lo que ellas no alcanzan á dar, otra ocasión de valor que la de morir por un gran bien ó en provecho de muchos, otra mayor cobardía que la del suicida, que escapa de los males, como el bisoño ante el enemigo..... Moralista austero, desearía establecer una severa censura que arrancase la máscara á los hipócritas, que los castigase en la opinión misma á que aspiran por recompensa, que desterrase esa moral cómoda, ficticia, de pomposa apariencia, estéril en virtudes y en frutos de verdad, sin los cuales

«L' hom qui n' es menys es arbre menys de fruit; Oms en bell ort son los homens del mon.»

Cant moral XI.—_Lo tot es poch_, etc.

Como todos los hombres que, reconociéndose superiores á los espíritus comunes que les rodean, creen que el mundo, á la manera de un campo cansado de dar frutos, no puede producir ya más que generaciones de mente flaca y enteco corazón en cuerpo raquítico, y vuelven por lo tanto la vista á los tiempos que fueron, que tienen por mejores que los en que ellos viven, Ausías deseaba haber nacido cien ó más años atrás, porque creía que las generaciones presentes eran peores que las pasadas:

Volgra ser nat cent anys ó pus atrás Perqué som cert, que 's pijorat lo mon.

Cant moral VI.—_Volgra ser nat_, etc.

Imagínase que

Bondat, virtut han perduda sa rassa, Cossos humans han molt disminuit: Deu es per nos mal honrat é servit E ja la mort pus estret nos abrassa;

y deduce de ello que

Foll es aquell que no imaginava Que fallirem, puig fall ço per que som, Si com decau la rama é lo pom Si la rahel del arbre hom tallava.

Cant moral V.—_Yo crit lo bé_, etc.

¡Qué extraño, pues, que al presentarse ante sus ojos el triste cuadro de enfermedades morales que ofrecía la sociedad de su tiempo, y no viendo remedio á ellos en lo humano, rompiese indignado en este enérgico y doloroso apóstrofe!

Yo 'sguart lo cel é no veig venir flames Per abrasar la sodomita secta. Hon es lo temps que tu prenias venja De tots aquells que natura greujaven? Mire lo cel quant plourá la justicia Que 'n temps passat entre nos habitava, E no veig res que d' aquest loch devalle; En té roman tot quant de tu s' espera.

O senyor Deu, e quant será que 't mostres? Ja tarda molt com del mal hom no 't venges. Yo so ben cert qu' aprés la mort l' esperes, Mes en lo mon be 'm sembla que 't mostrasses. Vulles haver pietat del teu poble; Puneix aquells sehents alts en cadira Qui del Anyell volen la carn e lana E son contents que feres lo devoren.

Cant moral X.—_Qui de per si_, etc.

¡Qué extraño que al ver tan extendida la corrupción de costumbres, hasta el punto de que no haya quien tenga derecho de censurar á los demás, crea que si hay alguno que sea excepción á lo que los otros practican, éste no rompa la regla general, de la misma manera que

Un oronel l'estiu no denuncia!

Permítasenos que además de estas citas, y á fin de que nuestros lectores puedan formarse un más cabal y exacto concepto del carácter y del tono que reinan en los cantos en que nos ocupamos, transcribamos algunas estancias de aquel en que trata de la fuerza de la voluntad y del menosprecio de la muerte, que, con ser de los más cortos, es sin disputa, á juicio de nuestro amigo el Sr. Milá, uno de los más notables de esta parte de sus obras:

Por de pijor á molts fa pendre mort Per'esquivar mal esdevenidor, Si bé la mort resembla cas pijor, Cell qui la pren la té per bona sort: E de'açó Cató mostra camí E li mes nom us de la libertat, Car de tots als pot esser l'hom forçat Sino en morir qu'es en nostre juhi.

Algú la pren e reb nom de mesquí Fugint perill qui l'es devant posat; Altre será de cor nobl' animat Que vol morir per la valor de sí. Venint en mans d'enemich seu potent Sobrat lo cors guerrej' ab lo voler; De vencedor encara 's veu poder Vol perdre 'l cors per l'esperit vencent...

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Alguns passats que voluntat iniqua Los feu morir ó l'opinió vana, Aquets no llou, mes les de pensa sana Volent morir per fer llur arma rica. Perdent un poch per l' infinit atendre, Guanyant lo goig qu' al Fill de Deu acosta; Gran es lo bé segons aquesta costa Que per la mort de tal hom s' hagues vendre.

Cant VII.—_Por de pijor_, etc.

Renunciamos á analizar el canto espiritual. Pretender hacerlo valdría tanto, á nuestro modo de ver, como querer contar los granos de incienso que entraran á formar parte de cada uno de los tenues retazos de vapor de que se compone la ligera nube que sale de un incensario, y analizar el perfume que de ella se exhala. No sabríamos cómo dar una idea aproximada de él, sinó comparándolo con la guirnalda de escogidas flores con que ciñe la devoción la imagen de un santo. Por la energía y grandeza de sus conceptos, por el sabor verdaderamente religioso y hasta místico, que en él reina á trechos y por la espontaneidad de la expresión, más feliz por ventura que en ningún otro de los cantos en _estramps_ que tiene nuestro poeta, consideramos el espiritual como su obra más bella é inspirada. Hé aquí algunas de sus más notables estancias:

Puig que sens tu algú á tu no basta Dónam la má ó pels cabells me lleva, Sino estench la mia vers la tua Quasi forçat á tu mateix me tira. Yo vull anar envers tu al encontre: No sé perqué no faç lo que volría, E no sé qué aquest voler empacha Puig yo so cert haver voluntat franca.

Llevar mi vull e prou no mi esforçe; Çó fá lo pes de mas terribles colpes; Ans que la mort lo procés á mi cloga Placia't Deu, puig teu vull ser, que'm vullas. Fer que ta sanch mon cor dur amollexca, De semblant mal guarí ella molts altres; Ya lo tardar ta ira 'm denuncia; Ta pietat no trob en mi que obre.

No te repós qui en altra fi guarda Car en res als lo voler no reposa; Çó fent cascú, é no hi cal subtilesa, Que fora tu lo voler no s' atura. Si com los rius á la mar tots acorren, Aixis les fins totes en tu se'n entren; Puig te conech esforçam que yo t'ame; Vença l'amor á la port que yo't porte.

Qual será 'l jorn que la mort yo no tema E será quant de t'amor yo m' inflame, E no 's pot fer sens menyspreu de la vida, E que per tu aquella jo menysprehe. Llá donchs serán jus mi totes les coses Que de present me veig sobre los muscles: Lo qui no tem del fer leó les ungles Molt menys tembrá lo fibló de la vespa.

O quant será que regaré les galtes D'aigua de plor ab les llágrimes dolses: Contrició es la font d'hont emanen, Aquell es clau que 'l cel tancat nos obre. D'atricció parteixen les amargues Perqué en temor més qu'en amor se funden, Mas tals quals son d'aquestes m'abunda, Puig son camí é via per les altres.

Cant espiritual.

Después de lo que llevamos dicho de Ausías como hombre y como poeta; después de los muchos versos suyos que hemos transcrito, ¿qué podríamos añadir acerca de las cualidades artísticas de que estaba aquél tan ricamente dotado, y que tan bella y ostensiblemente se revelan en éstos? El señor Milá, á quien nadie acusará de que se deje llevar en sus juicios críticos ni por entusiasmos ni por antipatías convencionales, ni por las corrientes de las modas,—que las hay por desgracia en los gustos y en las teorías estéticas, como en los trajes;—el señor Milá, que califica á March de notable personalidad poética, dice de él «que le singulariza el especial acento de verdad que se manifiesta en sus obras, las cuales nos revelan con viveza grande y sin fingimiento cuanto él sentía, fuese bueno ó malo... Era, añade, muy hijo de su tiempo, pero á la manera que serlo suelen los grandes hombres, es á saber, como norma y excepción del mismo. No es un poeta completo, pero sí grande, y pocos habrá de quienes puedan recordarse pasajes tan bellos y tan elevados conceptos. Sobresaliente en la parte intelectual y afectiva, fáltale únicamente,—nosotros nos atreveríamos á limitar algún tanto lo demasiado absoluto de este juicio,—la fantasía inventiva, que convierte en un nuevo sér poético cada objeto representado ó cada situación del ánimo, sin que deje por esto de acercarse mucho á aquella soberana perfección que únicamente alcanzan del todo la natural inspiración ó el arte más exquisito. Ni mengua su valor el que como obra poética deje algo que desear la suya, ya que cuando hace que se exhalen ciertas voces de lo íntimo de su corazón, no le es dado entonces al lector acordarse de nada más y queda como preso y esclavo suyo.»

No se le escapa al señor Milá el defecto de la oscuridad que en sus versos se nota, y que fué considerado como primor de no escaso valer por sus antiguos admiradores; «oscuridad que procede en parte, dice, de que quería adelgazar demasiado la materia, pensar por sí mismo, y decir lo que otros no habían sentido ni expresado;» y en parte, añadiremos nosotros, además de lo arcaico del lenguaje, de lo violento y desusado de sus giros, efecto de la dificultad que al parecer experimentaba á veces en encerrar el concepto en el estrecho molde de su estilo, por demás conciso y epigramático, y en la forma harto difícil de sus estancias. Y esa oscuridad es, á nuestro juicio, la principal causa de que no sea hoy Ausías tan leido y estimado como merece serlo. Sin embargo, cuando se ha logrado rasgar el velo que por las indicadas causas envuelve á veces con sus pliegues algunos de sus versos, entonces aparece tal cual es, ó sea verdadero poeta, y el trabajo que se ha empleado en desenmarañar el sentido de su frase queda con creces compensado con el placer que se experimenta al comprenderle.

Mucho dudamos que pueda hallarse un poeta más subjetivo; un poeta que, siendo menos plástico, haya sido no obstante más que él aficionado á convertir sus ideas en imágenes, y por lo tanto á personificaciones y semejanzas. ¿Sería que se sintiese como obligado, más que otros, á acudir á ellas por la necesidad de explicar sus conceptos, por lo común abstractos y de suyo oscuros? Así lo creemos. Mas ora fuese éste el motivo, ora efecto de riqueza de imaginación, ello es que sus estancias están como matizadas de comparaciones, unas veces, y son las menos, sacadas de los objetos de la naturaleza, y otras, y con más frecuencia, de las ocupaciones y de los mismos afectos humanos, cual si creyese,—como discretamente observa el señor Quadrado,—que sólo el hombre puede explicar al hombre. Fácil nos sería formar un escogido y primoroso ramillete de ellas con trasladar aquí algunas de las que se encuentran esparcidas en sus cantos; mas creemos que con las que se leen en los fragmentos citados las tendrán nuestros lectores de sobras para apreciar la índole y riqueza de las mismas, á las cuales dan, á nuestro modo de ver, más realce y mayor energía la manera especial y casi siempre idéntica de expresarlas. Dejemos á los descontentadizos y severos Aristarcos, que para andar á caza de defectos pasan no pocas veces distraídos ó mal humorados por delante de grandes bellezas, la poco grata tarea de ir apuntando uno á uno los lunares que afean de vez en cuando las obras de nuestro gran trovador, acá sorprendiendo un verso duro y poco armonioso; señalando más allá alguna estancia prosaica; en un punto notando un giro violento y que no disculpa la libertad de la hipérbaton, en otros indicando algunas rimas imperfectas y poco variadas. Nosotros preferimos gozar en la blancura del lirio y en la fragancia del clavel, más que detenernos en señalar el grano de sucio polvo que habrá arrojado sobre ellos al pasar el viento. No todos los corazones son capaces de comprender, ni todas las inteligencias de apreciar las bellezas de sentimiento ó de concepto que derrama el artista en su obra, y es deber del crítico hacerlas resaltar para que sean más estimadas, por igual modo que el inteligente en pinturas pone á buena luz los cuadros de los grandes maestros para que brillen más y mejor se pueda gozar de sus primores. Bastan para descubrir los lunares de forma que puedan afear una obra del humano ingenio la vista menos ejercitada y una mente no educada en las enseñanzas estéticas; para poder juzgar con acierto á poetas como Ausías March, lo hemos dicho antes de ahora, es preciso ser capaz de sentir lo que habían ellos sentido y comprender lo que habían pensado.

SUCESORES DE AUSÍAS MARCH

Ausías es el astro más esplendente, lo hemos dicho antes de ahora, de la literatura catalana en los tres períodos en que al principio de este trabajo la dividimos. Al bajar al sepulcro va á su ocaso aquella poesía y comienza su crepúsculo vespertino; crepúsculo brillante aún mientras aquel astro ha traspuesto apenas los luminosos linderos del horizonte, pero cuyas esplendentes tintas van oscureciéndose á medida que se va hundiendo más en ellos.

Dejamos apuntados algunos de los caracteres que distinguen de los anteriores el último período de nuestra escuela poética. Ahora que vamos á ocuparnos más detenidamente en él, ¿no nos será dado indicar otros que, más que á la forma exterior, como los que entonces señalábamos, se refieren al espíritu que anima á los asuntos mismos, que son especial objeto de dicha escuela, al mismo tiempo que nos ocupemos en los principales de sus numerosos cultivadores que en ellos se inspiraron?

Hemos advertido más de una vez la dificultad de señalar, careciendo como carecemos de exactas noticias biográficas de un crecidísimo número de ellos, cuáles son los poetas que florecieron después de la muerte de Ausías; pero no tememos mencionar como tales, por más que algunos de ellos alcanzasen los días de este poeta y hasta compusiesen alguna de sus obras en los en que él exhalaba sus tristes ayes en los cantos de muerte, al mayor número de los que tomaron parte en el certamen valenciano de 1474, y sobre todo los concurrentes á las justas poético-religiosas de 1482, 1486 y 1488, algunos de los cuales por haber escrito sus obras en la segunda mitad de aquella centuria y por el carácter especial de las mismas, muy distinto del de las melancólicas y filosóficas esparsas del amante de Teresa, pertenecen en alma y cuerpo, permítasenos la expresión, á la nueva faz que ofrece la catalana escuela poética.

No creemos ofender la susceptibilidad literaria, ni el amor á sus respectivos países de nuestros poetas contemporáneos valencianos y catalanes, ni oscurecer la merecida, pero menos brillante fama de los muchos ingenios que, así en las fértiles llanuras de allende, como en las agrestes comarcas de aquende el Ebro, cultivaron en el mencionado período la gaya ciencia, si les decimos que, á nuestro parecer, que es también el de críticos de más valía que nosotros, aquel período lo fué de decadencia para nuestras patrias letras.

No somos de los que medimos los grados de cultura, ni la importancia literaria de una época dada, por el mayor ó menor número de hombres doctos, poetas y artistas, siquiera sean medianos, que en ella florecieron, ó de los congresos científicos y justas poéticas que se celebraron en la misma, ó por el ruido y aparato de que unos y otras se rodearon. Sin salir de nuestra casa ó con sólo asomarnos á la puerta de la de nuestros vecinos, los provenzales, podríamos hallar un doble testimonio en favor de nuestra opinión en este particular asunto. Mireya y la Atlántida, obras de verdadero ingenio, fueron concebidas y por ventura en parte escritas en el apacible retiro de una casa de campo la primera, y en las vastas soledades del Océano la segunda. Por lo demás, y puestos á un lado y en el alto lugar que merecen aquellas dos producciones, en esta como en la otra parte de los Pirineos no hay más que una sola voz para proclamar que la poesía envejece y decae en medio de los _felibrejados_ de los provenzales y de los innumerables certámenes con que la festejan los catalanes. Copiosísima es la miés que en una y otra comarca, Provenza y Cataluña, se produce; pero raquíticas y de escasa substancia no pocas veces, hueras las más, las espigas que en ellas se cosechan. Mucho el ruido que en ambas se produce; pero es el que hace el viento pasando por espesos cañaverales; no el majestuoso rumor que despide la robusta y solitaria encina al sacudirla la brisa.