Chapter 11
--La sencillez sería el silencio, y por demasiado tiempo he hablado en esa forma. También tiene su atractivo hablar complicadamente. Porque todo cansa, Julio, hasta la poesía del silencio. ¿Cómo le gusto más? ¿Silenciosa o habladora? Créame que estoy azorada y que me desconozco. No me soñé nunca semejante conversación. No haga caso, Julio. Hablo así por la alegría de volver a conversar con usted.
--Y sin embargo desea, me lo ha dicho, que llegue Adriana.
--¡Y usted también, Julio! Usted más que yo... Si llega, no la dejaremos subir. Nos quedaremos aquí, los tres, conversando sinceramente, hasta confesar la intimidad más íntima de nuestros corazones. Le propongo una cosa que será muy original: repetirle a ella hasta la última palabra de nuestro diálogo, y después decir todo lo que pensamos y todo lo que sospechamos. Será divino. Y entonces ya verá usted que sospechó mal... Si "eso" fuera cierto, ¿se imagina que yo se lo hubiera dejado adivinar nunca?
--¿Adivinar que usted pudiera quererme?
Laura, sorprendida por la inesperada pregunta, bajó los ojos y se puso a reír; sus mejillas se habían coloreado.
--"Eso" sería un secreto mío que no podría sospechar usted nunca, suponiendo que fuese cierto.
--¿Y no es cierto?
--Claro que no, Julio.
Y Laura, excitada, embellecía extraordinariamente. Sus ojos arrojaban un brillo cada vez más febril.
--¡Laura! llamó Zoraida desde arriba.
--¿Qué quieres, Zoraida?--preguntó ella con tono de júbilo.
--¿Con quién estás?
--Con Julio. Ya iremos.
Luego, subiendo la escalera, su rostro recobró la calma, y dijo a Julio en voz baja:--Ya ve usted que no hay motivos para sufrir, ni usted ni yo. Ha sido una suerte que Zoraida llamase... He pasado unos días de pena muy íntima, tanto que tal vez hubiese concluido por desahogarme, por decirle toda la verdad... Que lo quiero como a un hermano... o todavía más que a un hermano.
Ya llegaban. Se paró:--Por eso voy a pedirle una cosa, un favor... escuche, no entremos todavía. No dejen pasar tanto tiempo sin venir, usted y Adriana. Y cuando se casen... no nos olviden tampoco, vengan siempre, vengan, por favor. Prométalo que vendrán, por lo menos en los primeros meses...
Y Julio, mudo, la contemplaba con un asombro triste.
XXI
Carmen apoyó las manos sobre las páginas abiertas del diario de Laura, para impedir que Adriana leyera ante todo, como pretendía, algo de las páginas últimas.
--Por favor, Carmen, sólo tres líneas, para sacarme la curiosidad de lo que ha pensado ahora, sobre la vuelta de José Luis...
De pronto se arrepintió de haber venido ese día.
--Tengo miedo, murmuró, ella podría aparecer, sorprendernos... Oye, creo que ha entrado alguien; están hablando.
Se levantaron, pero Carmen oprimiendo contra su pecho el diario abierto. Alcanzaron a escuchar la voz de Laura y Julio que conversaban muy cerca, en el vestíbulo.
--Ya irán a la pieza de abuelita.
--Quién sabe... dejemos esto. Es una mala acción.
Aguardaron algunos minutos hasta que les oyeron subir llamados por Zoraida.
--Dejemos esto, suplicó Adriana casi trémula.
--Entonces he de leerlo sola. Debe ser todo una novela.
--Lee, Carmen.
Empezaron:
* * *
"Septiembre 22 de 19...
"Hace varios días conocí a José Luis Aguirre. Presiento, no sé por qué, una pasión. Dios quiera que sea la única de mi vida y no se cumpla ese mal augurio de Zoraida. Dice ella que para nosotras sólo puede haber amores desdichados. Lo repite tanto que ha llegado a darme un poco de susto. Además, allí está el recuerdo de mamita. No importa; si José Luis llega a quererme, yo le corresponderé. ¡Qué suave y qué raro es el comienzo del primer amor! Siento que pronto me dominará la delicia de adorarlo..."
--Por favor, Camucha--interrumpió Adriana--no leamos más, yo sé por qué te lo digo. Dejemos esto.
--No, estás loca. ¡Y te has puesto pálida! No tengas miedo, tonta. Después subimos. La miramos con cara de muy inocentes y nunca llegará a sospechar nada. Oye; yo la miraré así, bien en los ojos; ¿se me conoce algo?
Y siguió leyendo:
"...me dominará la delicia de adorarlo. Tía lo ha invitado a pasar una temporada en la estancia, para el verano. El año pasado estuve allí. Me distraje leyendo _Ivanhoe_ y _Romeo y Julieta_ y pensando en lo que podía guardar para mí el porvenir. ¡Qué idea absurda la de Zoraida! La vida es amor, nada más que amor".
"Ayer he cumplido quince años".
* * *
Carmen levantó los ojos pensativa: Yo pronto cumpliré veintiuno y el gran amor no viene...
--Lee, por favor.
En las páginas que seguían, Laura contaba larga y minuciosamente su amor con José Luis. Lo más conmovedor eran las interpretaciones que ella hacía respecto de cualquier frase que le escuchaba; siempre Laura les prestaba una significación que no tenían, por embellecerlas y dejar que recayera sobre él un mérito más alto.
Carmen se interrumpía, para comentar cada cosa del manuscrito. Pero Adriana la apuraba con impaciencia, angustiada; ya no hubiera podido arrancarse a la ansiedad con que devoraba los secretos de Laura. El diario, después de referir las dolorosas consecuencias que tuvo la intervención de Zoraida, aparecía con una página en blanco.
Luego se reanudaba, según la fecha, siete años más tarde.
* * *
"5 de junio de 19...
"¿Podría asegurarse que la intervención de Zoraida ha sido realmente un mal para mí? José Luis no brilla en mi recuerdo con el prestigio de antes. ¿Volvería a quererle, si las circunstancias lo trajeran otra vez aquí? No lo creo. Aquello ha muerto para siempre. Más todavía: muchas veces cuando releo las dos cartas suyas que no quise devolverle, y cuando ahora pienso en su cariño y en las cosas que decía, me cuesta trabajo concebir cómo él pudo llegar a trastornarme tanto. Hay alguna espontaneidad, alguna frase sentida entre otras muchas vulgares y de mal gusto, tontamente literarias..."
* * *
--¡Oh! ¡Y a mí que me parecían divinas!--exclamó Carmen. ¿Estaría yo enamorada, también?
--Cállate, Camucha, no tenemos tiempo de conversar ahora. Hagamos los comentarios después.
Continuaron leyendo:
"Sí, acaso debo más bien agradecerle a Zoraida lo que hizo entonces. Acaso... No puedo saberlo todavía. El porvenir vuelve a espantarme".
* * *
Seguían muchas páginas referentes a un período de indecisión, reflexiones escritas sin la sospecha siquiera de que otros ojos que los suyos pudieran leerlas nunca; el alma de Laura asomaba por ellas con toda su gracia interior, como una vestal que descubriera sus hechizos a la luna. Adriana las leía con encanto, sus ojos y sus labios sonreían. Pero pronto le volvió la inquietud. Laura contaba sus impresiones de Julio.
* * *
"12 de noviembre.
"Julio se quedó anoche hasta muy tarde. Retraídas como vivimos, su compañía nos resulta inapreciable. Es un amigo leal. En realidad, no creo que puedan encontrarse fácilmente muchachos así. Lo digo pensando en los mismos parientes nuestros, aunque sólo de tarde en tarde nos tratamos con alguno, y por los amigos que suele traer Eduardo. Hay en ellos no sé qué de superficial o de incomprensivo. ¿Cómo diré? Aunque sean inteligentes, carecen como quiera que sea de suficiente tacto espiritual".
* * *
"22 de noviembre.
"Eduardo tiene de Julio la más alta opinión. Todavía más alta es la opinión mía. ¡Qué interesante y qué bueno es! Me hace mucha gracia cuando la pelea a Camucha, por broma. Pero ella es viva y le contesta con habilidad.
"Hoy, cuando él vino, se había puesto en una postura romántica, el codo en la rodilla y la cara apoyada en el dorso de la mano. Julio la comparó con "El Pensador" de Rodin. Ella se quedó callada.
--"¿Una pena de amor?
--"Peor que eso, Julio. Me ha pedido Lorenzo en matrimonio, y Zoraida no sabe qué contestar.
--"Lorenzo... Lorenzo...--Julio quería recordar. Había oído ese nombre varias veces en la casa.
--"Dile quién es, Laura, para que él nos aconseje.
"Le dije quién era, un viejecito algo opa, que fue peón en la estancia nuestra.
"Y Camucha, sin cambiar de postura, le explicó muy seria:
--"Figúrese, Julio; cuando Zoraida era criatura la llevó en los brazos, y ahora quiere llevarme a mí al registro civil.
"En realidad, yo creo que si en vez de Lorenzo la pidiera Julio... ¡Quién sabe! Es capaz de estar un poquito enamorada. Por eso pelean".
* * *
Carmen suspendió la lectura para protestar vivamente.
--¡Qué desatino! No lo creas, Adriana, no lo creas. En todo caso a ella, tal vez, en aquel tiempo, le gustaba Julio.
Adriana suspiró y la obligó a continuar, volviendo otra hoja del manuscrito. En su cara había cada vez más ansiedad, más angustia. Pero el manuscrito se interrumpía nuevamente, para reanudarse tres meses más tarde.
* * *
"4 de marzo de 19...
"¡Cuánto tiempo sin escribir en mi diario! Estoy desganada, triste. Algo raro pasa en mí. Ni quiero pensarlo. Pensar es inquietarse, sufrir".
* * *
"5 de marzo.
"¡Qué cosas lindas ha dicho Julio esta tarde, así, al azar de la conversación! Y no acostumbra, como suelen hacerlo otros hombres inteligentes, abordar asuntos difíciles para demostrar que viven en un mundo de ideas superiores. Al contrario, nunca le he oído hasta ahora hablar sino de temas que nosotras comprendemos. Ese tacto que tiene su alma es lo que en él más me gusta. Hoy, por ejemplo, nos habló de un autor ruso, Nicolás Gogol. Nos ha hecho vivir durante media hora en un mundo de cosas primitivas y al mismo tiempo misteriosas, de seres raros, de sentimientos toscos y grandes. Y él, generalmente tan sereno, tan despreocupado, se apasionó. Este muchacho no podría enamorarse de una manera vulgar. Camucha estuvo graciosísima. A toda costa quería que Julio continuara hablando.--¡Más, más!, le decía; y quería seriamente obligarle a seguir".
* * *
--Me acuerdo muy bien, dijo Carmen, interrumpiendo de nuevo la lectura. Y como yo así le pedía que siguiera hablando, nos contó un cuento jocoso de ese mismo autor, titulado "La Nariz", sobre un panadero que un día se despierta, se mira al espejo y observa muy asustado que ha perdido la nariz. Y entonces, la mujer del panadero...
--¡Oh, Camucha, después me lo contarás! Ahora sigamos, que ella puede venir de un momento a otro.
--Sí, después te contaré, te morirás de risa.
* * *
"9 de marzo.
"¿Por qué conmigo no bromea nunca? Al contrario, me habla con seriedad. No deja de preocuparme esa curiosa diferencia que establece entre Camucha y yo. A Zoraida, en cambio, la trata... ¿cómo diré? con una especie de término medio: ni le da bromas ni la habla con esa carita tan seria...
"Sí, ¿porqué viene tan seguido a casa? ¿Por alguna de nosotras? Camucha, a la menor sospecha se entusiasmaría en seguida".
--¿Y ella?--saltó Carmen. ¿Te crees que ella no estuvo tal vez enamorada de Julio? ¿Cómo se explicaría, si no, esa manera de apuntar tan minuciosamente todo lo que a él se refiere?
Adriana no la miró, no habló. La mano le temblaba sobre el manuscrito abierto. Iba surgiendo, desgraciadamente, la revelación temida, aquello que fuera sólo indecisa sospecha, ligero fantasma rechazado siempre, pero que no había cesado de rondar invisible, a sus espaldas. Su alma se llenó de desesperación. ¿Y cómo era posible que Carmen no comprendiera todavía?
* * *
"16 de marzo.
"Largo rato estuve hoy hablando con Julio, sólos. Me comprende bien. ¿Qué clase de sentimiento es este que se va formando entre nosotros? Una muy delicada amistad, tal vez... Su voz parece que tuviera un alma".
* * *
"25 de marzo.
"Se diría que Julio Lagos no es feliz. Idealista, demasiado idealista. Se queda encantado cuando yo le cuento alguna intimidad mía. Alguna intimidad disfrazada, naturalmente. Le dejo ver un chiquito de mi alma, alguna rareza mía, y después me asusto de que él pueda adivinarme toda".
* * *
"28 de marzo.
"Hemos jugado anoche a la lotería por moneditas, con Julio y varios muchachos que también estuvieron. Pero Julio y Eduardo nos dejaron temprano. Claro, la lotería resulta un juego tan tonto, y tenían tan poca gracia los chistes que hacía uno de los muchachos. Y comenzó por el chiste más desagradable: sentarse al lado mío, cuando Zoraida le había ya indicado ese asiento a Julio".
* * *
"21 de abril.
"Hace dos semanas que Julio no viene. ¿Por qué? Es cierto que antes estaba a lo mejor meses enteros sin venir. Sin embargo, ahora lo extraño, lo extraño mucho".
* * *
"22 de abril.
"Hoy nos visitó Adriana Zumarán. Estuvo una vez el año pasado y entonces fue una gran sorpresa para nosotras. Yo me pregunto si ella sabrá o no lo que pasó con su papá.
"Será una gran amiga. Sin embargo, su visita me ha dejado triste".
* * *
"30 de abril.
"Anoche Julio nos leyó, a Carmen y a mí, _Ligeia_ de Edgardo Poe. ¡Cómo siente y hace sentir las cosas realmente divinas!
"Seguramente Julio no se enamorará nunca, si no encuentra en el mundo un ser así, sobrenatural, como Legeia. Afortunadamente, no hay Ligeias..."
* * *
"3 de mayo.
"Hoy volvió a visitarnos Adriana Zumarán. La llevé a mi cuarto, le mostré mis libros, le presté uno. Estuvimos conversando mucho. No podría soñar, como amiga, nada mejor. También a Zoraida y a Carmen les gusta mucho. Abuelita nos ha reprochado que no se la hubiésemos llevado, para verla. Ella conoció mucho a los bisabuelos de Adriana".
* * *
"12 de mayo.
"Ya somos con Adriana las más íntimas amigas. ¡Qué admirable su espíritu, su modo! Nos queremos entrañablemente. Hay en ella una sensibilidad finísima. Todos los elogios serían pocos para ella".
* * *
"13 de mayo.
"Decididamente Julio nos ha olvidado. ¿Diré a Camucha que le escriba?
* * *
"14 de mayo.
"Finalmente Julio ha vuelto. Lo hemos cargado de reproches, sobre todo Camucha. Zoraida tuvo que reprenderla por una broma bastante atrevida que le dio. Y ella lo hace de inocente, porque no se da cuenta de lo que significan ciertas cosas. No contenta con eso se puso a contar un sueño rarísimo, lleno de disparates tan atrevidos, que Zoraida y yo nos pusimos coloradas. ¡Y Julio, cómo se reía!
"Al fin no dio ninguna explicación del por qué había faltado tantos días. Alguna aventura, con seguridad.
"Zoraida lo ha invitado para mañana a comer".
* * *
"15 de mayo.
"Mientras oíamos la música de Zoraida, en el piano, Julio me ha mirado mucho. Yo me fingía absorta en la música. Como una puede ver sin necesidad de mirar, noté que él no cambiaba de expresión, me miraba y sin embargo parecía distraído de mí.
"Tengo siempre un miedo mortal de decir alguna cosa que le desilusione o que no corresponda a la idea pura que debe haberse formado de mí. Que no le soy indiferente, es seguro. Pero procura descubrirme, tal vez le intrigo algo. Quisiera confiarme a él, contarle cosas de mi alma... Pero no puedo. A veces sufro cuando nos quedamos solos.
"El gran problema a resolverse es este: si el final desdichado de mi amor con José Luis ha sobrevenido para darme la ocasión de una felicidad más grande, más verdadera, la única, la indecible felicidad que sueño, o al contrario, para hacer que caiga sobre mí una desdicha todavía más irreparable y más triste".
* * *
Ambas levantaron los ojos del manuscrito y se miraron con desolación. Adriana sintió que el corazón se le desgarraba.
Le pareció que el fantasma temido tomaba formas y se sentaba frente a ella, familiarmente, con una sonrisa de curiosidad irónica bajo la sombría capucha.
Siguieron leyendo.
* * *
"20 de mayo.
"Yo le demuestro ahora una gran indiferencia. Me aterra la idea de que él adivina las preocupaciones mías. Me aterra, también, que yo pueda enamorarme inútilmente. No debo ser el ideal de Julio. No existe su ideal.
"Cualquier galantería suya me halaga de un modo indecible. No puedo creer que mi cariño por él esté condenado a vivir ocultamente, para mí sola".
* * *
"22 de mayo.
"Esta tarde, con gran espontaneidad, me habló de su vida, de su infancia, de lo que ha buscado inútilmente cuando cortó sus estudios y viajó por Europa. Para realizar grandes cosas sólo le ha faltado un amor que le diera alas. Es un idealista imposible. Sus confesiones me impresionaron, claro está, porque yo también soy una idealista imposible. Tuve que bajar los ojos y luego fingirme distraída, para que él no pudiese advertir la exaltación que me producían sus palabras. Mi actitud le ha sugerido seguramente una idea errónea. Me dio cierta lástima cuando noté que la incomprensión mía le hacía sufrir. Es curioso lo que sucede entre nosotros. Yo lo desconcierto sin querer. Es que yo misma tampoco sé qué pensar con respecto de mí. No responde a coquetería ni menos a cálculo mi modo de ser. Pero existe en el interior mío una muy curiosa inconstancia: de pronto me posee un deseo ardiente de que nuestra amistad se convierta en amor, y al rato rechazo como absurdo semejante anhelo y prefiero prolongar indefinidamente esta situación ambigua, para que él pueda seguir añadiendo a los encantos que tengo los hechizos que me faltan. ¡Cómo debo haber embellecido en su imaginación! Si sobreviniera la intimidad sentimental con él, tendría que despedirme, a la larga, de las mejores prendas con que él me adorna; en cambio, como no sé hablar, las prendas que realmente poseo quedarían invisibles, de todos modos. No podré nunca, por ejemplo, describirle un ángel que se posesiona de mí cuando en él pienso..."
* * *
"27 de mayo.
"Ya nada puedo esperar y acepto lo que disponga Dios. Vino Adriana, y Camucha nos hizo bajar a Julio y a mí; se miraron con curiosidad, ella y él; pude notar en los dos, el deseo de hablarse, de tratarse íntimamente".
* * *
"4 de junio.
"Hoy he pasado dos horas con Adriana, conversando sin interrupción, de mil asuntos y de Julio. ¡Con qué naturalidad hablé de Julio! Ella ni nadie hubiera podido sospechar que se trataba de mi pasión. Le dije que era nuestro mejor amigo, nuestro único amigo de verdad, lo puse por las nubes. No sé por qué lo hice. Mientras hablaba, comprendía muy bien que mis palabras le aumentaban el prestigio. En mí existe una necesidad muy inexplicable de atarme a ella. La acaricio y la beso con una especie de sinceridad dolorosa".
* * *
"5 de junio.
"El pensamiento de que Adriana y Julio pueden enamorarse, ha hecho avivar mi pasión. Ahora, sí, es una verdadera pasión. Lo veo de continuo en mi pensamiento, lo siento en mi alma y me cantan en los oídos las palabras que llegó a decirme. Estoy arrepentida de no haber precipitado las cosas entonces; para entrar en su alma con más prestigio, hice demasiado misterio y concluí por sugerirle, acaso, la idea de que se estaba él engañando y de que yo carecía de capacidad para el gran cariño soñado. Cuando él buscaba la intimidad mía, cuando con tanta reserva y tanta habilidad procuraba vencer mi resistencia tonta, yo, en vez de sonreír enigmáticamente debí abrirle mi corazón. ¡Qué júbilo hubiera él tenido, con qué abandono nos hubiéramos puesto a querernos!"
* * *
"6 de junio.
"No está todo perdido. ¡Qué mal hice de ponérselo yo misma por los ojos! En adelante ya no le hablaré más de Julio. Realmente no tengo motivos para pensar que mi felicidad se ha desvanecido. Han vuelto a encontrarse hoy. Ni en él ni en ella he notado nada de particular. Hasta se han hablado con cierta indiferencia. Seguramente el otro día yo he visto visiones. Ella hoy se fue temprano. El saludo que se hicieron sólo demostraba afecto amistoso. Claro está que si cometo la torpeza de pintárselo como un héroe, ella no podrá menos que enamorarse.
"Decididamente mi opinión es esta: con el recuerdo de la ocasión en que se hablaron con tanta galantería, el año pasado, los dos se habían llenado la imaginación y deseaban volverse a ver; se vieron y la pasión no se produjo. Yo deseo infinitamente que así sea. La esperanza de mi vida volvería a brillar.
"Sin embargo, si esa indiferencia no fuera sino fingida, en los dos...
"Nada hay peor que esta clase de incertidumbres. Para distraerme, para arrancarme un poco la preocupación, acompañé a Camucha al taller de repujado que tiene una profesora francesa. Son muchas las señoras y las niñas que aprenden ese trabajo. Camucha está en la tarea muy seria de un bargueño. Quién sabe cuándo lo terminará, porque no permite que nadie la ayude. Ella se lo piensa regalar a abuelita, y la verdad que el bargueño haría juego con el armario y con la cómoda. Yo desde el lunes también comenzaré a ir".
* * *
"11 de junio.
"Hoy Adriana trajo violetas, que Zoraida puso encima del piano. Nos quedamos conversando, todos. En cierto momento Julio se levantó, y pasando junto al piano, se detuvo a mirar las flores. Fingiendo que aspiraba el perfume, las tocó con los labios. Lo hizo tal vez distraído".
* * *
"12 de junio.
"Tengo un gran desgano para todo; no he querido ir al taller de repujado. Me sorprenderían a cada rato dejando el punzón para ponerme a pensar. Cuando tomo un libro, obligándome a mí misma a leer, ocurre que al poco rato ni sé lo que estoy leyendo. Comencé una novela que, según dice Zoraida, es interesantísima. No he podido pasar del segundo capítulo. Han dejado de interesarme, ahora, los dramas puramente imaginados y la hermosura del estilo me entristece, no sé porqué.
"No puedo quitarme la visión de Julio cuando tocó con los labios, como distraído, las violetas de Adriana.
"Hasta los dramas reales han dejado de interesarme. Hoy Camucha entró corriendo para contarnos cómo acaba de romperse el compromiso de una prima nuestra que iba a casarse el mes que viene. Una cuestión de intrigas, complicadísima, y ella que amenaza con envenenarse. Una hora estuvo Camucha contando los detalles. Yo la oía sin escucharla. Entonces sucedió algo cómico. A propósito de lo que contaba reclamó mi opinión.--¿A ti te parece, dime?--Sí, Camucha, le contesté al azar. Todos pusieron una cara de sorpresa.--¿Entonces tú lo defiendes, a ese pillo? Yo había aprobado, sin vacilación, inconscientemente, la actitud del novio indigno".
* * *
"13 de junio.
"Anoche casi me desmayé. Se trata de algo tan penoso y desagradable que no puedo arrancarme a la impresión. He dado al hecho mayor trascendencia de la que tiene, porque en realidad ¿puede importarme algo, ahora, que Julio sepa o no sepa mi asunto con José Luis? ¿Acaso abrigo todavía esperanzas? Estábamos en el comedor conversando, cuando a Camucha se le ocurrió hablar de mi antigua pasión por José Luis. Yo sentí como si me dieran un golpe en el pecho y no pude dejar de mirar a Julio. Noté muy bien en su cara una pequeña sorpresa y también se me ocurrió que la noticia le producía algo así como un desencanto. ¿Me habrá puesto demasiado alto, me habrá figurado inasequible cuando parecía festejarme? Todo esto se junta en mi alma con reflexiones oscuras y me sería difícil escribirlo. Pero no me cabe duda de que él, al notar cómo yo me conturbaba, fingió no oír la frase de Camucha. ¿Para qué fingió? ¿Sabe que yo lo quiero? ¿Lo adivinó en ese momento al pensar, lógicamente, que yo le había ocultado esa pasión? No puedo salir de las conjeturas".
* * *
"14 de junio.
"¿Por qué se habrán conocido? Tal vez ella hubiera sido feliz con otro. Yo, en cambio, sin él estoy perdida. Lo que me mata es una duda egoísta. Tengo el deseo, la esperanza última, de que no lleguen a un amor duradero. Me pongo a pensar, a meditar horas y horas sobre qué clase de sentimiento puede haber entre ellos. Dicen que una pasión violenta pasa pronto; en tal caso, ojalá se quieran con la pasión más ardiente, hasta la locura, ojalá lleguen a los minutos de la dicha más grande, a la embriaguez de la dicha, ojalá sean felices como jamás podría serlo nadie. Mi alma, mi corazón, los bendecirá. Y después, después... que el uno al otro se dejen para siempre. ¡Yo entonces lo llamaré, yo misma lo llamaré; y si ha quedado triste, mi consuelo será como una dulzura tibia, tomaré para él una delicadeza de lirio, y seré tan íntegramente suya que nada podrá nunca más separarnos!"
* * *
"30 de junio.
"¿Por qué vienen ahora con tan poca frecuencia? Estoy segura de que se ven en otra parte. Se me ocurre que ella ha sospechado.