Novelas Cortas

Chapter 8

Chapter 83,842 wordsPublic domain

05 «Si así no lo hicieres, ¡maldito seas,[93-2] con la maldición de Alah y con la mía! ¡Y pártate un rayo! ¡Y quiera Dios que cada una de mis monedas se vuelva en tus manos un escorpión, y cada perla un alacrán! ¡Y que mueran de lepra tus hijos, con los dedos podridos y deshechos, para que no tengan ni tan siquiera [93-3] 10 el placer de rascarse! ¡Y que tu hija la mayor se escape de tu casa con un judío! ¡Y que a ti te metan un palo por el cuerpo, y te saquen asi a la vergüenza, teniéndote en alto hasta que, con el peso de tu cuerpo, el palo salga por encima de la coronilla y quedes patiabierto en el suelo, como 15 indecente rana atravesada por un asador!

«Ya lo sabes, y sépanlo todos, y bendito sea Alah, que es Alah.

«Torre de Zoraya, en Aldeire del Cenet, a 15 días del mes de Saphar del año de la egira[93-4] 968.

20 «HASSAN-BEN-JUSSEF.»

IX

_Manos-gordas_ quedó profundamente preocupado con la nueva lectura de este documento, no por las máximas morales y por las espantosas maldiciones que contenía, pues el pícaro había perdido la fe en Alah y en Mahoma de resultas de[93-5] su frecuente 25 trato con los cristianos y judíos de Tetuán y Ceuta, que, naturalmente, se reían del Corán,[93-6] sino por creer que su cara, su acento y algún otro signo musulmán de su persona le impedían trasladarse a España, donde se vería expuesto a muerte segura tan luego como cualquier cristiano o cristiana descubriese en él 30 a un enemigo de la Virgen María. (p94) Además, ¿qué apoyo (a juicio de _Manos-gordas_) podría hallar en las leyes ni en las autoridades de España un extranjero, un mahometano, un semi-salvaje, para adquirir la _Torre de Zoraya_, para hacer excavaciones en ella, para entrar en posesión 05 del tesoro o para no perderlo inmediatamente con la vida?

--¡No hay remedio!--díjose por remate de largas reflexiones.--¡Tengo que confiarme al _renegado_ ben-Munuza! Él es español, y su compaña[94-1] me librará de todo peligro en aquella tierra. Pero como no existe bajo la capa del cielo un hombre 10 de peor alma que el tal renegado, no me estará de más[94-2] tomar algunas precauciones.

Y en virtud de esta cavilación sacó del bolsillo avíos de escribir, redactó una carta, púsole el sobre, pególo con un poco de pan mascado, y echóse a reír de una manera diabólica.

15 En seguida fijó los ojos en su mujer, que continuaba haciendo la policía de todo un año a costa de la limpieza física y... moral del malaventurado arroyuelo, y, llamándola por medio de un silbido, dignóse hablarle de este modo:

--Cara de higo chumbo, siéntate a mi lado y óyeme.... 20 Luego[94-3] acabarás de lavarte, que bien lo necesitas, y puede que entonces te juzgue merecedora de algo mejor que la paliza diaria con que te demuestro mi cariño. Por de pronto,[94-5] sinvergüenzona,[94-6] déjate de monadas y entérate bien de lo que voy a decirte.

25 La mora, que, lavada y peinada, resultaba más joven y artística, aunque no menos fea que antes, se relamió como una gata, clavó en _Manos-gordas_ los dos carbunclos que le servían de ojos, y díjole, mostrando sus blanquísimos y anchos dientes, que nada tenían de humanos:

30 --Habla, mi señor; que tu esclava sólo desea servirte.

_Manos-gordas_ continuó:

--Si desde este momento en adelante llega a ocurrirme alguna desgracia, o desaparezco del mundo sin haberme despedido de ti, o, habiéndome despedido, no tienes noticias mías en seis (p95) semanas, procura volver a entrar en Ceuta y echa esta carta al correo. ¿Te has enterado bien, cara de mona?

Zama rompió a llorar, y exclamó:

--¡Admet! ¿Piensas dejarme?

05 --¡No rebuznes, mujer!--contestó el moro.--¿Quién habla ahora de eso? ¡Demasiado sabes que me gustas y que me sirves! Pero de lo que[95-1] ahora se trata es de que te hayas enterado bien de mi encargo....

--¡Trae!--dijo la mora, apoderándose de la carta, abriéndose 10 el justillo y colocándola entre él y su gordo y pardo seno, al lado del corazón.--Si algo malo llega a sucederte, esta carta caerá en el correo de Ceuta, aunque después caiga yo en la sepultura.

Aben-Carime sonrió humanamente al oír aquellas palabras, y 15 dignóse mirar a su mujer como a una persona.

X

Mucho y muy regaladamente debió de dormir aquella noche el matrimonio agareno[95-2] entre los matorrales del camino, pues no serían menos de las nueve de la siguiente mañana cuando llegó al pie de Cabo-Negro.

20 Hay allí un _aduar_ de pastores y labriegos árabes, llamado «Medik», compuesto de algunas chozas, de un morabito o ermita mahometana, y de un pozo de agua potable, con su brocal de piedra y su acetre de cobre, como los que figuran en algunas escenas bíblicas.

25 El _aduar_ se hallaba completamente solo en aquel momento. Todos sus habitantes habían salido ya con el ganado o con los aperos de labor a los vecinos montes y cañadas.

--Espérame aquí...--dijo _Manos-gordas_ a su mujer.--Yo voy á buscar a ben-Munuza, que debe de hallarse al otro 30 lado de aquel cerro arando los pobres secanos que allí posee.

--¡Ben-Munuza!--exclamó Zama con terror.--¡El renegado de quien me has dicho.... (p96)

--Descuida....--interrumpió _Manos-gordas_.-- ¡Hoy puedo yo más que él! Dentro de un par de horas estaré de vuelta, y verás cómo se viene[96-1] detrás de mí con la humildad de un perro. Esta es su choza.... Aguárdanos en ella, y haznos 05 una buena ración de alcuzcuz[96-2] con el maíz y la manteca que hallarás a mano. ¡Ya sabes que me gusta muy recocido![96-3] ¡Ah! Se me olvidaba.... Si ves que anochece y no he bajado, sube tú; y si no me hallas en la otra ladera del cerro o me hallas cadáver, vuélvete a Ceuta y echa la carta al correo.... 10 Otra advertencia: suponiendo que sea mi cadáver lo que encuentres, regístrame, a ver[96-4] si ben-Munuza me ha robado o no este pergamino.... Si me lo ha robado, vuélvete de Ceuta a Tetuán, y denuncia a las autoridades el asesinato y el robo. ¡No tengo más que decirte! Adiós.

15 La mora se quedó llorando a lágrima viva, y _Manos-gordas_ tomó la senda que llevaba a la cumbre del inmediato cerro.

XI

Pasada la cumbre, no tardó en descubrir en la cañada próxima a un corpulento moro vestido de blanco, el cual araba patriarcalmente la negruzca tierra con auxilio de una hermosa 20 yunta de bueyes. Parecía aquel hombre la estatua de la Paz tallada en mármol. Y, sin embargo, era el triste y temido _renegado_ ben-Munuza, cuya historia os causará espanto cuando la conozcáis.

Contentaos por lo pronto con saber que tendría cuarenta años, 25 y que era rudo, fuerte, ágil y de muy lúgubre fisonomía, bien que sus ojos fuesen azules como el cielo y rubias sus barbas como aquel sol de África que había dorado a fuego[96-5] la primitiva blancura europea de su semblante.

--¡Buenos días, _Manos-gordas_!--gritó en castellano el antiguo 30 español, tan luego como divisó al marroquí.

Y su voz expresó la alegría melancólica propia del extranjero que halla ocasión de hablar la lengua patria. (p97) --¡Buenos días, Juan Falgueira!--respondió sarcásticamente ben-Carime.

El renegado tembló de pies a cabeza al oír semejante saludo, y sacó del arado la reja de hierro como para defender su vida.

05 --¿Qué nombre acabas de pronunciar?--añadió luego, avanzando hacia _Manos-gordas_.

Éste lo aguardaba riéndose, y le respondió en árabe, con un valor de que nadie le hubiera creído capaz:

--He pronunciado... tu verdadero nombre: el nombre 10 que llevabas en España cuando eras cristiano, y que yo conozco desde que estuve en Orán[97-1] hace tres años....

--¿En Orán?

--¡En Orán, sí, señor!... ¿Qué tiene eso de extraordinario? De allí habías venido tú a Marruecos,[97-2] y allí fuí yo a comprar 15 gallinas. Allí pregunté tu historia, dando tus señas, y allí me la contaron varios españoles. Supe,[97-3] por tanto, que eras gallego, que te llamabas Juan Falgueira, y que te habías escapado de la Cárcel Alta de Granada, donde estabas ya en capilla para ir a la horca por resultas de[97-4] haber robado y dado 20 muerte, hace quince años, a unos señores a quienes servías en clase de mulero.... ¿Dudarás ahora de que te conozco perfectamente?

--Dime, alma mía...--respondió el renegado con voz sorda y mirando a su alrededor--¿y has contado eso a algún 25 marroquí? ¿Lo sabe alguien más que tú en esta condenada tierra? Porque es el caso que yo quiero vivir en paz, sin que nadie ni nada me recuerde aquella mala hora, que harto he purgado. Soy pobre; no tengo familia, ni patria, ni lengua, ni el Dios que me crió. Vivo entre enemigos, sin más capital 30 que estos bueyes y que esos secanos, comprados a fuerza de[97-5] diez años de sudores.... Por consiguiente, haces muy mal en venir a decirme....

--¡Espera!--respondióle muy alarmado _Manos-gordas_--No me eches esas miradas de lobo, que vengo a hacerte un (p98) gran favor, y no a ofenderte por mero capricho. ¡A nadie he contado tu desgraciada historia! ¿Para qué? ¡Todo secreto puede ser un tesoro, y quien lo cuenta se queda sin él! Hay, empero, ocasiones en que se hacen _cambios de secretos_ sumamente 05 útiles. Por ejemplo: yo te voy a contar un importante secreto mío, que te servirá como de fianza del tuyo, y que nos obligará a ser amigos toda la vida....

--Te oigo. Concluye....--respondió calmosamente el renegado.

10 Aben-Carime leyóle entonces el pergamino árabe, que Juan Falgueira oyó sin pestañear y como enojado; visto lo cual[98-1] por el moro, y a fin de acabar de atraerse su confianza, le reveló también que había robado aquel documento a un cristiano de Ceuta....

15 El español se sonrió ligeramente al pensar en el mucho miedo que debía de tenerle el mercader de huevos y de gallinas cuando le contaba sin necesidad aquel robo, y, animado el pobre _Manos-gordas_ con la sonrisa de ben-Munuza, entró al fin en el fondo del asunto, hablando de la siguiente 20 manera:

--Supongo que te has hecho cargo[98-2] de la importancia de este documento y de la razón por qué te lo he leído. Yo no sé dónde está la _Torre de Zoraya_, ni _Aldeire_, ni el _Cenet_: yo no sabría ir a España, ni caminar por ella; y, además, allí me 25 matarían por no ser cristiano, o, cuando menos,[98-3] me robarían el tesoro antes o después de descubierto.[98-4] Por todas estas razones necesito que me acompañe un español fiel y leal, de cuya vida sea yo dueño y a quien pueda hacer ahorcar con media palabra; un español, en fin, como tú, Juan Falgueira, que, 30 después de todo, nada adelantaste con robar ni matar, pues trabajas aquí como un asno, cuando con los millones que voy a proporcionarte podrás irte a América, a Francia, a la India, y gozar, y triunfar, y subir tal vez hasta rey.[98-5] ¿Qué te parece mi proyecto?[98-6] (p99) --Que está bien hilado, como obra de un moro....--respondió ben-Munuza, de cuyas recias manos, cruzadas sobre la rabadilla, pendía, balanceándose, la barra de hierro a la manera de la cola de un tigre.

05 _Manos-gordas_ se sonrió ufanamente, creyendo aceptada su proposición.

--Sin embargo....--añadió después el sombrío gallego.--Tú no has caído en una cuenta[99-1]....

--¿En cuál?--preguntó cómicamente ben-Carime, alzando 10 mucho la cara y no mirando a parte alguna, como quien se dispone a oír sandeces y majaderías.

--¡Tú no has caído en que yo sería tonto de capirote[99-2] si me marchase contigo a España a ponerte en posesión de... medio tesoro, contando con que tú me pondrías a mí en posesión 15 del otro medio! Lo digo porque no tendrías más que pronunciar media palabra el día que llegásemos a Aldeire y te creyeses libre de peligros, para zafarte de mi compañía y de darme la mitad de las halladas riquezas.... ¡En verdad que no eres tan listo como te figuras, sino un pobre hombre, digno 20 de lástima, que te has metido en un callejón sin salida al descubrirme las señas de ese gran tesoro y decirme al mismo tiempo que conoces mi historia, y que, si yo fuera contigo a España, serías dueño absoluto de mi vida!... Pues ¿para qué te necesito yo a ti? ¿Qué falta me hace tu ayuda para ir a apoderarme 25 del tesoro entero? ¿Ni[99-3] qué falta me haces en el mundo? ¿Quién eres tú, desde el momento en que me has leído ese pergamino, desde el momento en que puedo quitártelo?

--¿Qué dices?--gritó _Manos-gordas_, sintiendo de pronto circular por todos sus huesos el frío de la muerte.

30 --No digo nada.... ¡Toma!--respondió Juan Falgueira, asestando un terrible golpe con la barra de hierro sobre la cabeza de ben-Carime, el cual rodó en tierra, echando sangre por ojos, narices y boca, y sin poder articular palabra....

El desgraciado estaba muerto.

(p100) XII

Tres o cuatro semanas después de la muerte de _Manos-gordas,_ el veintitantos[100-1] de Febrero de 1821, nevaba si había que nevar[100-2] en la villa de Aldeire y en toda la elegantísima sierra andaluza,[100-3] a que la propia nieve da vida y nombre.

05 Era domingo de Carnaval, y la campana de la iglesia llamaba por cuarta vez a misa, con su voz delgada y pura como la de un niño, a los ateridos cristianos de aquella feligresía demasiado próxima al cielo, los cuales no se resignaban fácilmente, en día tan crudo y desapacible, a dejar la cama o a separarse de los 10 tizones, alegando acaso, como pretexto, que «los días de Carnestolendas no se debe rendir culto a Dios, sino al diablo.»

Algo semejante decía por lo menos el tío Juan Gómez a su piadosa mujer, la seña[100-4] Torcuata, defendiéndose, en el rincón del fuego, de los argumentos con que nuestra amiga le rogaba 15 que no bebiera más aguardiente ni comiese más roscos, sino que la acompañase a misa, a fuer de buen cristiano, sin miedo alguno a las críticas del maestro de escuela y demás electores liberales; y muy enredada estaba la disputa cuando cata aquí[100-5] que entró en la cocina el tío Jenaro, mayoral de los pastores 20 de su merced, y dijo, quitándose el sombrero y rascándose la cabeza, todo de un solo golpe:[100-6]

--¡Buenos días nos dé Dios, señor Juan y señá Torcuata! Ya se harán ustedes cargo[100-7] de que algo habrá sucedido por allá arriba para que yo baje por aquí con tan mal tiempo, no 25 tocándome oír misa este domingo. ¿Cómo va de salud?

--¡Vaya! ¡vaya! ¡no espero más!--exclamó la mujer del alcalde, cruzándose la mantilla[100-8] con violencia.--¡Estaría de Dios[100-9] que hoy echases la misa en el puchero![100-10] ¡Ya tienes ahí conversación y copas para todo el día, sobre si [100-11] 30 las cabras están preñadas o sobre si los borregos han echado cuernos! (p101) ¡Te condenarás, Juan; te condenarás si no haces pronto las paces con la Iglesia dejando la maldita alcaldía!

Marchado que se hubo[101-1] la seña Torcuata, el Alcalde alargó un rosco y una copa al mayoral, y le dijo:

05 --¡Simplezas de mujeres, tío Jenaro! Arrímese usted a la lumbre y hable. ¿Qué ocurre por allá arriba?

--¡Pues nada! que ayer tarde el cabrero Francisco vió que un hombre, vestido a la malagueña, con pantalón largo y chaquetilla de lienzo, y liado en una manta de muestra,[101-2] se había 10 metido en el _corral nuevo_ por la parte que todavía no tiene tapia, y rondaba la _Torre del Moro_, estudiándola y midiéndola come si fuese un maestro de obras.[101-3] Preguntóle Francisco qué significaba aquello, y el forastero le interrogó a su vez _quién era el dueño de la Torre_; y como Francisco le dijese que _nada menos 15 que el Alcalde del pueblo_, repuso que él hablaría a la noche con su merced y le explicaría sus planes. Llegó presto la noche, y el hombre hizo como que se marchaba,[101-4] con lo que el cabrero se encerró en su choza, que, como sabe usted, dista poco de allí. Dos horas después de obscurecer enteramente notó el 20 mismo Francisco que en la Torre sonaban ruidos muy raros y se veía luz, lo cual le llenó de tal miedo que ni tan siquiera [101-5] se atrevió a ir a mi choza a avisarme; cosa que hizo en cuanto fué de día,[101-6] refiriéndome el lance de ayer tarde, y advirtiéndome que los tales ruidos[101-7] habían durado toda la 25 noche. Como yo soy viejo, y he servido al Rey, y me asusto de pocas cosas, me plantifiqué en seguida en la _Torre del Moro_ acompañado de Francisco, que iba temblando, y encontramos al forastero liado en su manta y durmiendo en un cuartucho[101-8] del piso bajo, que tiene todavía su bóveda de hormigón. Desperté al 30 sospechoso personaje, y le reconvine por haber pasado la noche en la casa ajena sin la voluntad de su dueño; a lo que me respondió que aquello no era casa, sino un montón de escombros, donde bien podía haberse albergado un pobre caminante en noche de nieves, y que estaba dispuesto a presentarse a (p102) usted y a explicarle quién era y todas sus operaciones y pensamientos. Le he hecho, pues, venir conmigo, y en la puerta del corral aguarda, acompañado del cabrero, a que usted le dé licencia para entrar....

05 --¡Que entre!--respondió el tío Hormiga, levantándose muy alterado por habérsele ocurrido, desde las primeras palabras del mayoral, que todo aquello tenía bastante que ver con el célebre _tesoro_, a cuyo hallazgo por sus solos esfuerzos había renunciado su merced hacía una semana, después de arrancar 10 antes inútilmente muchas y muy pesadas piedras de sillería.

XIII

Tenemos ya cara a cara y solos al tío Juan Gómez y al forastero.

--¿Cómo se llama usted?--interrogó el primero al segundo con todo el imperio de un Alcalde de monterilla[102-1] y sin 15 invitarle a que se sentara.

--Llámome Jaime Olot--respondió el hombre misterioso.

--¡Su habla de usted no me parece de esta tierra!...--¿Es usted inglés?

--Soy catalán.[102-2]

20 --¡Hombre! ¡Catalán!... Me parece bien. Y... ¿qué le trae a usted por aquí? Sobre todo, ¿qué diablos de medidas tomaba usted ayer en mi _Torre_?

--Le diré a usted. Yo soy minero de oficio, y he venido a buscar trabajo a esta tierra, famosa por sus minas de cobre y 25 plata. Ayer tarde, al pasar por la _Torre del Moro_, vi que con las piedras de ella extraídas estaban construyendo una tapia, y que aun sería necesario derribar o arrancar otras muchas para terminar el cercado.... Yo me pinto solo[102-3] en esto de demoler, ya sea dando barrenos, ya por medio de mis propios 30 puños, pues tengo más fuerza que un buey, y ocurrióseme la idea de tomar a mi cargo, por contrata, la total destrucción (p103) de la _Torre_ y el arranque de sus cimientos, suponiendo que llegase a entenderme con el propietario.

El tío Hormiga guiñó sus ojillos grises, y respondió con mucha sorna:

05 --Pues, señor; no me conviene la contrata.

--Es que[103-l] haré todo ese trabajo por muy poco precio, casi de balde....

--¡Ahora me conviene mucho menos!

El llamado Jaime Olot paró mientes[103-2] en la soflama del tío 10 Juan Gómez, y miróle _a fondo_ como para adivinar el sentido de aquella rara contestación; pero, no logrando leer nada en la fisonomía zorruna de su merced, parecióle oportuno añadir con fingida naturalidad:

--Tampoco dejaría de agradarme[103-3] recomponer parte de 15 aquel antiguo edificio y vivir en él cultivando el terreno que destina usted a corral de ganado. ¡Le compro a usted, pues, la _Torre del Moro_ y el secano que la circunda!

--No me conviene vender--respondió el tío Hormiga.

--¡Es que le pagaré a usted el doble de lo que aquello 20 valga!--observó enfáticamente el que se decía catalán.

--¡Por esa razón me conviene menos!--repitió el andaluz con tan insultante socarronería, que su interlocutor dió un paso atrás, como quien conoce que pisa terreno falso.

Reflexionó, pues, un momento, pasado el cual alzó la cabeza 25 con entera resolución, echó los brazos a la espalda[103-4] y dijo, riéndose cínicamente:

--¡Luego sabe usted que en aquel terreno hay un _tesoro_!

El tío Juan Gómez se agachó, sentado como estaba; y, mirando al catalán de abajo arriba, exclamó donosísimamente:

30 --¡Lo que me choca es que lo sepa usted!

--¡Pues mucho más le chocaría si le dijese que soy yo el único que lo sabe de cierto!

--¿Es decir que conoce usted el punto fijo en que se halla sepultado el tesoro? (p104) --Conozco el punto fijo, y no tardaría veinticuatro horas en desenterrar tanta riqueza como allí duerme a la sombra....

--Según eso, ¿tiene usted cierto documento?...

--Sí, señor; tengo un pergamino del tiempo de los moros, 05 de media vara en cuadro..., en que todo eso se explica....

--Dígame usted; ¿y ese pergamino?...

--No lo llevo sobre mi persona, ni hay para qué, supuesto que me lo sé[104-l] de memoria al pie de la letra[104-2] en español 10 y en árabe.... ¡Oh! ¡no soy yo tan bobo que me entregue nunca con armas y bagajes! Así es que antes de presentarme en estas tierras escondí el pergamino... donde nadie más que yo podrá dar con él.

--¡Pues entonces no hay más que hablar! Señor Jaime 15 Olot, entendámonos como dos buenos amigos...--exclamó el Alcalde, echando al forastero una copa de aguardiente.

--¡Entendámonos!--repitió el forastero, sentándose sin más permiso y bebiéndose la copa en toda regla.

--Dígame usted--continuó el tío Hormiga,--y dígamelo 20 sin mentir, para que yo me acostumbre a creer en su formalidad....

--Vaya usted preguntando, que yo me callaré cuando me convenga ocultar alguna cosa.

--¿Viene usted de Madrid?

25 --No, señor. Hace veinticinco años que estuve en la corte por primera y última vez.

--¿Viene usted de Tierra Santa?

--No, señor. No me da por ahí.[104-3]

--¿Conoce usted a un abogado de Ugíjar llamado D. Matías 30 de Quesada?

--No, señor; yo detesto a los abogados y a toda la gente de pluma.

--Pues, entonces, ¿cómo ha llegado a poder de usted ese pergamino? (p105) Jaime Olot guardó silencio.

--¡Eso me gusta! ¡veo que no quiere usted mentir!--exclamó el Alcalde.--Pero también es cierto que D. Matías de Quesada me engañó como a un chino,[105-1] robándome dos onzas 05 de oro, y vendiendo luego aquel documento a alguna persona de Melilla[105-2] o de Ceuta.... ¡Por cierto que, aunque usted no es moro, tiene facha de haber estado por allá!

--¡No se fatigue usted ni pierda el tiempo! Yo le sacaré a usted de dudas. Ese abogado debió de enviar el manuscrito 10 a un español de Ceuta, al cual se lo robó hace tres semanas el moro que me lo ha traspasado a mí....