Chapter 7
--¡Propio! ¡Propio!... ¡A saber[81-1] de quién sería esa torre que te ha vendido el Ayuntamiento!
05 --¡Toma! ¡Del _Moro_!
--¡A saber quién sería ese _Moro_!... Por de pronto,[81-2] Juan, las monedas que el _Moro_ escondiera en su casa, serían suyas o de sus herederos; no tuyas, ni mías....
--¡Estás diciendo disparates! ¡Por esa cuenta, no debía 10 yo ser alcalde de Aldeire, sino el que lo era el año pasado cuando se pronunció Riego![81-3] ¡Por esa cuenta, habría que mandar[81-4] todos los años a África, a los descendientes de los moros, las rentas que produjesen las vegas de Granada, de Guadix[81-5] y de centenares de pueblos!...
15 --¡Puede que[81-6] tengas razón!... En fin, ve a Ugíjar, y el compadre te aconsejará lo mejor en todo.
III
Ugíjar dista de Aldeire cosa de cuatro leguas de muy mal camino. No serían,[81-7] sin embargo, las nueve de la siguiente mañana 20 cuando el tío Juan Gómez, vestido con su calzón corto de punto azul y sus bordadas botas blancas de los días de fiesta, hallábase ya en el despacho de D. Matías de Quesada, hombre de mucha edad y mucha salud, doctor en ambos Derechos[81-8] y autor de la mayor parte de los _entuertos_ contra la justicia que 25 se hacían por entonces en aquella tierra. Había sido toda su vida lo que se llama un abogado picapleitos, y estaba riquísimo y muy bien relacionado en Granada y Madrid.
Oído que hubo[81-9] la historia de su digno compadre, y después de examinar atentamente el pergamino, díjole que, en su opinión, nada de aquello olía a tesoro: que el nicho en que 30 halló el tubo debió de ser[81-10] un _babuchero_,[81-11] y que el escrito le parecía una especie de oración que los moros suelen (p82) leer todos los viernes[82-1] por la mañana.... Pero que, sin embargo, no siéndole a él completamente conocida la lengua árabe, remitiría el documento a Madrid a un condiscípulo suyo que estaba empleado en la Comisaría de los Santos Lugares,[82-2] a fin de que 05 lo enviara a Jerusalén, donde lo traducirían al castellano; por todo lo cual sería conveniente mandarle al madrileño un par de onzas de oro,[82-3] en letra,[82-4] para una jícara de chocolate.
Mucho lo pensó el tío Juan Gómez antes de pagar un chocolate tan caro (que resultaba a diez mil doscientos cuarenta 10 reales la libra); pero tenía tal seguridad en lo del _tesoro_[82-5] (y a fe que[82-6] no se equivocaba según después veremos), que sacó de la faja ocho monedillas de a cuatro[82-7] duros y se las entregó al abogado, quien las pesó una por una antes de guardárselas[82-8] 15 en el bolsillo; con lo que el tío Hormiga tomó la vuelta de Aldeire decidido a seguir excavando en la Torre del Moro, mientras tanto que[82-9] enviaban el pergamino a Tierra Santa y volvía de allá traducido; diligencias en que, según el letrado, se tardaría cosa de año y medio.
IV
No bien había vuelto la espalda el tío Juan, cuando su compadre 20 y asesor cogió la pluma y escribió la siguiente carta comenzando por el sobre:
«SR. D. BONIFACIO TUDELA Y GONZALEZ,[82-10] _Maestro de capilla_ [82-11] _de la Santa Iglesia Catedral de CEUTA._[82-12]
«Mi querido sobrino político:[82-13]
25 «Solamente a un hombre de tu religiosidad confiaría yo el importantísimo secreto contenido en el documento adjunto. Dígolo porque indudablemente están escritas en él las señas de un _tesoro_, de que te daré alguna parte si llego a descubrirlo con tu ayuda. Para ello es necesario que busques un moro 30 que te traduzca ese pergamino, y que me mandes la traducción (p83) en carta certificada,[83-1] sin enterar a nadie del asunto, como no sea[82-2] a tu mujer, que me consta es persona reservada.
«Perdona que no te haya escrito en tantos años; pero bien conoces mis muchos quehaceres. Tu tía sigue rezando por ti 05 todas las noches al tiempo de acostarse. Que estés mejor[83-3] del dolor de estómago[83-4] que padecías en 1806, y sabes que te quiere tu tío político,
«MATÍAS DE QUESADA. «UGÍJAR, 15 de ENERO, 1821.
10 «POSDATA.--Expresiones a Pepa, y dime, si habéis tenido hijos.»
Escrita la precedente carta,[83-5] el insigne jurisconsulto pasó a la cocina, donde su mujer estaba haciendo calceta y cuidando el puchero, y díjole las siguientes expresiones en tono muy áspero 15 y desabrido, después de echarle en la falda las ocho monedas de a cuatro duros que ya conocemos:
--Encarnación,[83-6] ahí tienes: compra más trigo, que va a subir en los meses mayores,[83-7] y procura que lo midan bien. Hazme de almorzar mientras yo voy a echar al correo esta carta para 20 Sevilla preguntando los precios de la cebada. ¡Que el huevo esté bien frito y el chocolate claro! ¡No tengamos la de todos los días![83-8]
La mujer del abogado no respondió palabra, y siguió haciendo calceta como un autómata.
V
25 Dos semanas después, un hermosísimo día de Enero, como sólo los hay en el Norte de África y en el Sur de Europa, tomaba el sol en la azotea de su casa de dos pisos el maestro de capilla de la catedral de Ceuta con la tranquilidad de quien ha tocado el órgano en misa mayor y se ha comido 30 luego una libra de boquerones, otra de carne y otra de pan, con su correspondiente dosis de vino de Tarifa.[83-9] (p84) El buen músico, gordo como un cebón y colorado como una remolacha, digería penosamente, paseando su turbia mirada de apoplético por el magnífico panorama del Mediterráneo, y del Estrecho de Gibraltar, del maldecido Peñón[84-1] que le da nombre, 05 de las cercanas cumbres de Anghera[84-2] y Benzú[84-3] y de las remotas nieves del Pequeño Atlas, cuando sintió acelerados pasos en la escalera y la argentina voz de su mujer, que gritaba gozosamente:
--¡Bonifacio! ¡Bonifacio! ¡Carta de Ugíjar! ¡Carta de tu tío! ¡Y vaya si es gorda![84-4]
10 --¡Hombre![84-5]--respondió el maestro de capilla, girando como una esfera o globo terráqueo sobre el punto de su redonda individualidad, que descansaba en el asiento.--¿Qué santo se habrá empeñado para que mi tío se acuerde de mí? ¡Quince años hace que resido en esta tierra usurpada a Mahoma, 15 y cata aquí[84-6] la primera vez que me escribe aquel abencerraje, [84-7] sin embargo de haberle yo escrito cien veces a él! ¡Sin duda me necesita para algo!
Y, dicho esto,[84-8] abrió la epístola (procurando que no la leyese la _Pepa_ de la posdata), y apareció, crujiente y tratando de 20 arrollarse por sí propio,[84-9] el amarillento pergamino.
--¿Qué nos envía?--preguntó entonces la mujer, gaditana[84-10] y rubia por más señas,[84-11] y muy agraciada y valiente a pesar de sus cuarenta agostos.
--¡Pepita, no seas tan curiosa!... Yo te lo diré, si debo 25 decírtelo, luego que me entere. ¡Mil veces te he advertido que respetes mis cartas!...
--¡Advertencia propia de un libertino como tú! En fin, ¡despacha! y veamos si yo puedo saber qué papelote[84-12] te manda tu tío. ¡Parece un billete de Banco del otro mundo!
30 En tanto que[84-13] su mujer decía aquellas cosas y otras, el músico leyó la carta, y maravillóse hasta el extremo de ponerse de pie sin esfuerzo alguno.
Tenía, sin embargo, tal hábito de disimular, que acertó a decir muy naturalmente: (p85) --¡Qué tontería! ¡Sin duda está ya chocheando aquel mal hombre! ¿Querrás creer que me remite esta hoja de una Biblia en hebreo, para que yo busque algún judío que la compre imaginándose el muy bobo que darán por ella un dineral? 05 Al mismo tiempo...--añadió para cambiar la conversación y guardándose[85-1] en la faltriquera la carta y el pergamino:--al propio tiempo... me pregunta con mucho interés si tenemos hijos.
--¡Él no los tiene!...--observó vivamente Pepita.--¡Sin 10 duda piensa dejarnos por herederos!
--¡Más fácil es que al muy avaro se le haya ocurrido heredarnos a nosotros!... Pero ¡calla!: están dando las once, y yo tengo que afinar el órgano para las vísperas de esta tarde.... Me voy. Oye, prenda: que la comida esté dispuesta a 15 la una, y que no se te olvide[85-2] echar dos buenas patatas en el puchero. ¡Que si tenemos hijos[85-3]!... ¡Vergüenza me da de haber de contestarle que no!
--¡Escucha! ¡Espera! ¡Oye!--contestó como un rayo la parte contraria....
20 --¡Ya! ¡Ya!
--¡Anda, zambombo, tonel, desagradecido![85-4] ¿Quién te habrá amado a ti en el mundo como esta necia, que, con ese barrigón y todo, te considera el hombre más hermoso que Dios ha criado?
25 --¿Sí? ¿Me has dicho _hermoso_? ¡Pues mira, Pepa--respondió el artista, pensando seguramente en el pergamino árabe;--si mi tío llega a dejarme por heredero, o yo me hago rico de cualquier otro modo, te juro llevarte a vivir a la plaza de San Antonio de la ciudad de Cádiz, y comprarte más 30 joyas que tiene la Virgen de las Angustias[85-5] de Granada! Conque hasta luego, pichona.
Y tirando un pellizco[85-6] en la barba a la que de antemano tenía ya el hoyo en ella, cogió el sombrero y tomó el (p86) camino..., no de la catedral, sino de las callejuelas en que suelen vivir las familias moras avecindadas en aquella plaza fuerte.[86-1]
VI
En la más angosta de dichas callejuelas, y a la puerta de una muy pobre, pero muy blanqueada casucha, estaba sentado 05 en el suelo, o más bien sobre sus talones, fumando en pipa de5 barro secado al sol, un moro de treinta y cinco a cuarenta años, revendedor de huevos y gallinas, que le traían a las puertas de Ceuta los campesinos independientes de Sierra-Bullones y Sierra-Bermeja, y que él despachaba, a domicilio o en el mercado, 10 con una ganancia de ciento por ciento. Vestía chilava[86-2] de lana blanca y jaique[86-3] de lana negra, y llamábase entre los españoles _Manos-gordas_, y entre los marroquíes Admet-ben-Carime-el-Abdoun.
Tan luego como el moro vió al maestro de capilla levantóse 15 y salió a su encuentro, haciéndole grandes zalemas; y, cuando estuvieron ya juntos, díjole cautelosamente:
--¿Querer[86-4] morita? Yo traer mañana cosa meleja; de doce años....
--Mi mujer no quiere más criadas moras....--respondió 20 el músico con inusitada dignidad.
_Manos-gordas_ se echó a reír.
--Además...--prosiguió D. Bonifacio--tus endiabladas moritas son muy sucias.
--Lavar....--respondió el moro, poniéndose en cruz[86-5] y 25 ladeando la cabeza.
--¡Te digo que no quiero moritas!--prosiguió D. Bonifacio.--Lo que necesito hoy es que tú, que sabes tanto y que por tanto saber eres intérprete de la plaza, me traduzcas al español este documento.
30 _Manos-gordas_ cogió el pergamino, y a la primera ojeada murmuró: (p87) --Estar moro....
--¡Ya lo creo que es árabe! Pero quiero saber qué dice, y, si no me engañas, te haré un buen regalo... cuando se realice el negocio que confio a tu lealtad.
05 A todo esto, Admet-ben-Carime había pasado ya la vista por todo el pergamino y puéstose muy pálido.
--¿Ves que se trata de un gran tesoro?--medio afirmó, medio interrogó el maestro de capilla.
--Creer que sí--tartamudeó el mahometano.
10 --¿Cómo creer? ¡Tu misma turbación lo dice!
--Perdona....--replicó _Manos-gordas_ sudando a mares.[87-1] --Haber aquí palabras de árabe moderno, y yo entender. Haber otras de árabe antiguo o literario, y yo no entender.
--¿Qué dicen las palabras que entiendes?
15 --Decir _oro_, decir _perlas_, decir _maldición de Alah_[87-2]... Pero yo no entender sentido, explicaciones ni señas. Necesitar ver al derwich de Anghera, que estar sabio, y él traducir todo. Llevarme yo pergamino hoy, y traer pergamino mañana, y no engañar ni robar al señor Tudela. ¡Moro jurar!
20 Así diciendo, cruzó las manos, se las llevó a la boca[87-3] y las besó fervorosamente.
Reflexionó D. Bonifacio: conoció que para descifrar aquel documento tendría que fiarse de algún moro, y que ninguno le era tan conocido ni tan afecto como _Manos-gordas_, y accedió 25 a dejarle el manuscrito, bien que bajo reiterados juramentos de que al día siguiente estaría de vuelta de Anghera con la traducción, y jurándole él, por su parte, que le entregaría lo menos[87-4] cien duros cuando fuese descubierto el tesoro.
Despidiéronse el musulmán y el cristiano, y éste se dirigió, 30 no a su casa ni a la catedral, sino a la oficina de un amigo, donde escribió la siguiente carta:
«SR. D. MATÍAS DE QUESADA Y SÁNCHEZ (p88) «Alpujarra, _UGÍJAR_.
«Mi queridísimo tío:
«Gracias a Dios que hemos tenido noticias de usted y de tía 05 Encarnación, y que éstas son tan buenas como Josefa y yo deseábamos. Nosotros, querido tío, aunque más jóvenes que ustedes, estamos muy achacosos y cargados de diez hijos, que pronto se quedarán huérfanos y pidiendo limosna.
«Se burló de usted quien le dijera que el pergamino que me 10 ha enviado contenía las señas de un tesoro. He hecho traducirlo por persona muy competente, y ha resultado ser una sarta de blasfemias contra Nuestro Señor Jesucristo, la Santísima Virgen y los santos de la Corte celestial, escritas en versos árabes por un perro morisco del marquesado del Cenet durante la 15 rebelión de Aben-Humeya.[88-2] En vista de semejante sacrilegio, y por consejo del señor Penitenciario,[88-3] acabo de quemar tan impío testimonio de la perversidad mahometana.
«Memorias a mi tía: recíbanlas ustedes de Josefa, y mande algún socorro a su sobrino, que está en los huesos[88-4] por 20 resultas del pícaro dolor de estómago.
«BONIFACIO. «CEUTA, 29 de Enero de 1821.»
VII
Al mismo tiempo que el maestro de capilla escribía la precedente carta y la echaba al correo, Admet-ben-Carime-el-Abdoun 25 reunía en un envoltorio no muy grande todo su hato y ajuar, reducidos a tres jaiques viejos, dos mantas de pelo de cabra, un mortero para hacer alcuzcuz,[88-5] un candil[88-6] de hierro y una olla de cobre llena de pesetas (que desenterró de un rincón del patinillo de su casa); cargó con todo ello a su única mujer, 30 esclava, odalisca o lo que fuera, más fea que una mala noticia (p89) dicha de pronto[89-1] y más sucia que la conciencia de su marido, y salióse de Ceuta, diciendo al oficial de guardia de la puerta que da al campo moro que se iban a Fez[89-2] a mudar de aires por consejo de un veterinario. Y como quiera que esta sea la hora,[89-3] 05 después de sesenta años y algunos meses de ausencia, que no se haya vuelto a saber de _Manos-gordas_ ni en Ceuta, ni en sus cercanías, dicho se está[89-4] que D. Bonifacio Tudela y González no tuvo el gusto de recibir de sus manos la traducción del pergamino, ni al día siguiente, ni al otro, ni en toda su vida, que por 10 cierto debió de ser muy corta, puesto que de informes dignos de crédito aparece que su adorada Pepita se casó en Marbella en terceras nupcias con un tambor mayor asturiano, a quien hizo padre de cuatro hijos como cuatro soles, y era otra vez viuda a la muerte del Rey absoluto,[89-5] fecha en que ganó por oposición en 15 Málaga el destino de matrona aduanera.
Con que busquemos nosotros a _Manos-gordas_, y sepamos qué fué de él y del interesante pergamino.
VIII
Admet-ben-Carime-el-Abdoun respiró alegremente, y aun hizo alguna zapateta,[89-6] sin que por eso se le cayesen las mal 20 aseguradas zapatillas, tan luego como se vió fuera de los redoblados muros de la plaza española y con toda el África[89-7] delante de sí....
Porque África, para un verdadero africano como _Manos-gordas_, es la tierra de la libertad absoluta; de una libertad anterior 25 y superior a todas las Constituciones e instituciones humanas; de una libertad parecida a la de los conejos no caseros y demás animales de monte, valle o arenal.
África, quiero decir, es la Jauja[89-8] de los malhechores, el seguro de la impunidad, el campo neutral de los hombres y de las 30 fieras, protegido por el calor y la extensión de los desiertos.(p90) En cuanto a los sultanes, reyes y beyes que presumen imperar en aquella parte del mundo, y a las autoridades y mílites que los representan, puede decirse que vienen a ser, para tales vasallos, lo que el cazador para las liebres o para los corzos: un mal 05 encuentro 05 posible, que muy pocos tienen en la vida, y en el cual muere uno o no muere: si muere, tal día hizo un año;[90-1] y si no muere, con poner mucha tierra por medio[90-2] no hay que pensar [90-3] más en el asunto. Sirva esta digresión de advertencia a quien la necesitare, y prosigamos nosotros nuestra relación.
10 --¡Toma aquí,[90-4] Zama!--dijo el moro a su cansada esposa, como si hablase con una acémila.
Y, en lugar de dirigirse al Oeste, o sea hacia el Boquete de Anghera, en busca del sabio santón, según había dicho a D. Bonifacio, tomó hacia el Sur, por un barranquillo tapado de malezas 15 y árboles silvestres, que muy luego le llevó al camino de Tetuán,[90-5] o bien a la borrosa vereda que, siguiendo las ondulaciones de puntas y playas, conduce a Cabo-Negro por el valle del Tarajar, por el de los Castillejos, por Monte-Negrón y por las lagunas de Río-Azmir, nombres que todo español bien nacido 20 leerá hoy con amor y veneración, y que entonces no se habían oído pronunciar todavía en España ni en el resto del mundo civilizado.
Llegado que hubieron[90-6] ben-Carime[90-7] y Zama al vallecillo del Tarajar, diéronse un punto de descanso a la orilla del arroyuelo 25 de agua potable que lo atraviesa, procedente de las alturas de Sierra-Bullones; y en aquella tan segura y áspera soledad, que parecía recién salida[90-8] de manos del Criador y no estrenada todavía por el hombre; a la vista de un mar solitario, únicamente surcado, tal o cual[90-9] noche de luna, por cárabos de piratas o buques oficiales de Europa encargados de perseguirlos, 30 30 la mora se puso a lavarse y peinarse, y el moro sacó el manuscrito y volvió a leerlo con tanta emoción como la primera vez.
Decía así el pergamino árabe: (p91) «La bendición de Alah sea con los hombres buenos que lean estas letras.
«No hay más gloria que la de Alah, de quien Mahoma fué y es, en el corazón de los creyentes, profeta y enviado.
05 «Los hombres que roban la casa del que está en la guerra o en el destierro viven bajo la maldición de Alah y de Mahoma, y mueren roídos de escarabajos y cucarachas.
«¡Bendito sea, pues, Alah, que crió estos y otros bichos para que se coman[91-1] a los hombres malos!
10 «Yo soy el caid _Hassan-ben-Jussef_, siervo de Alah, aunque malamente he sido llamado D. Rodrigo de Acuña por los sucesores de los perros cristianos que, haciéndoles fuerza y violando solemnes capitulaciones, bautizaron con una escoba, a guisa de hisopo, a mis infortunados ascendientes y a otros muchos islamitas 15 de estos reinos.
«Yo soy capitán bajo el estandarte del que, desde la muerte de Aben-Humeya,[91-2] titúlase legítimamente rey de los andaluces, Muley-Abdalá-Mahamud-Aben-Aboó, el cual, si no está ya sentado en el trono de Granada, es por la traición y cobardía con 20 que los moros valencianos han faltado a sus compromisos y juramentos, dejando de alzarse al mismo tiempo que los moros granadinos contra el tirano común; pero de Alah recibirán el pago, y, si somos vencidos nosotros, vencidos serán también ellos y expulsados a la postre de España, sin el mérito de haber luchado hasta última hora en el campo del honor y en defensa 25 de la justicia; y, si somos vencedores, les cortaremos el pescuezo y echaremos sus cabezas a los marranos.
«Yo soy, en fin, el dueño de esta _Torre_ y de toda la tierra que hay a su alrededor, hasta llegar por Occidente al barranco 30 del Zorro y por Oriente al de los Espárragos, el cual debe tal nombre a los muchos y muy exquisitos que cultivó allí mi abuelo Sidi-Jussef-ben-Jussuf.
«La cosa no anda bien. Desde que el mal nacido D. Juan de Austria[91-3] (confúndalo Alah) vino a combatir contra los (p92) creyentes, prevemos que por ahora vamos a ser derrotados, sin perjuicio de que,[92-1] andando los años[92-2] o las centurias, otro Príncipe de la sangre del Profeta venga a recobrar el trono de Granada, que ha pertenecido setecientos[92-3] años a los moros, y 05 volverá a pertenecerles[92-4] cuando Alah quiera, con el mismo título con que lo poseyeron antes vándalos y godos, y antes los romanos, y antes aquellos otros africanos que se llamaban los cartagineses:[92-5] ¡con el título de la conquista! Pero conozco, vuelvo a decir, que por la presente[92-6] la cosa anda mal, y que 10 muy pronto tendré que trasladarme a Marruecos con mis cuarenta y tres hijos, suponiendo que[92-7] los austriacos no me cojan en la primera batalla y me cuelguen de un alcornoque, como yo los colgaría a todos ellos si pudiera.
«Pues bien: al salir de esta _Torre_ para emprender la última 15 y decisiva campaña dejo escondidos aquí, en sitio a que no podrá llegar nadie sin topar primero con el presente manuscrito, todo mi oro, toda mi plata, todas mis perlas; el tesoro de mi familia; la hacienda de mis padres, mía y de mis herederos; el caudal de que soy dueño y señor por ley divina y humana, como 20 es del ave la pluma que cría, o como son del niño los dientes que echa con trabajo, o como son de cada mortal los malos humores de cáncer o de lepra que hereda de sus padres.
«¡Detente, por tanto, oh tú, moro, cristiano o judío que, habiéndote puesto a derribar esta mi casa, has llegado a descubrir 25 y leer los renglones que estoy escribiendo! ¡Detente, y respeta el arca de tu prójimo![92-8] ¡No pongas la mano en su caudal! ¡No te apoderes de lo ajeno! Aquí no hay nada del fisco, nada de dominio público, nada del Estado. El oro de las minas podrá pertenecer a quien lo descubra, y una parte de 30 él al Rey del territorio. Pero el oro fundido y acuñado, el dinero, la moneda, es de su dueño, y nada más que[92-9] de su dueño. ¡No me robes, pues, mal hombre! ¡No robes a mis descendientes, que ya vendrán, el día que esté escrito,[92-10] a recoger su herencia! Y si es que buenamente, por casualidad, encuentras (p93) mi tesoro, te aconsejo que publiques edictos, llamando y notificando el caso a los causa-habientes de Hassan-ben-Jussef; que no es de hombres honestos[93-1] guardarse los hallazgos cuando estos hallazgos tienen propietario conocido.