Chapter 9
--¡Toma! ¡ya caigo! Se lo enviaría a un sobrino que tiene de músico[105-3] en aquella catedral..., a un tal Bonifacio de Tudela....
15 --Puede ser.
--¡Pícaro D. Matías! ¡Estafar de ese modo a su compadre![105-4] ¡Pero véase cómo la casualidad ha vuelto a traer el pergamino a mis manos!...
--Dirá usted a las mías...--observó el forastero.
20 --¡A las nuestras!--replicó el Alcalde, echando más aguardiente.--¡Pues, señor! ¡somos millonarios! Partiremos el tesoro mitad por mitad, dado que[105-5] ni usted puede excavar en aquel terreno sin mi licencia, ni yo puedo hallar el tesoro sin auxilio del pergamino que ha llegado a ser de 25 usted. Es decir, que la suerte nos ha hecho hermanos. ¡Desde hoy vivirá usted en mi casa! ¡Vaya otra copa! Y, en seguidita que almorcemos,[105-6] daremos principio a las excavaciones....
Por aquí iba la conferencia cuando la señá Torcuata volvió 30 de misa. Su marido le refirió todo lo que pasaba y le hizo la presentación del señor Jaime Olot. La buena mujer oyó con tanto miedo como alegría la noticia de que el _tesoro_ estaba a punto de parecer; santiguóse repetidas veces al enterarse de la traición y vileza de su compadre D. Matías de Quesada, y miró (p106) con susto al forastero, cuya fisonomía le hizo presentir grandes infortunios.
Sabedora, en fin, de que tenía que dar de almorzar a aquel hombre, entró en la despensa a sacar de lo más precioso y 05 reservado que contenía, o sea lomo en adobo y longaniza de la reciente matanza, no sin decirse mientras destapaba las respectivas orzas:
--¡Tiempo es de que parezca el _tesoro_; pues, entre si parece o no parece,[106-1] nos lleva de coste los treinta y dos 10 duros de la famosa jícara de chocolate, la antigua amistad del compadre D. Matías, estas hermosas tajadas, que tan ricas habrían estado con pimientos y tomates en el mes de Agosto, y el tener de huésped a un forastero de tan mala cara. ¡Malditos sean los tesoros, y las minas, y los diablos, y todo lo que está debajo 15 de tierra, menos el agua y los fieles difuntos!
XIV
Pensando estaba así la señá Torcuata, y ya se dirigía a las hornillas con una sartén en cada mano, cuando se oyeron sonar en la calle gritos y silbidos de viejas y chicuelos, y voces de gente más formal que decía:
20 --¡Señor Alcalde! ¡Abra usted la puerta! ¡La Justicia de la ciudad está entrando en el pueblo con mucha tropa!
Jaime Olot se puso más amarillo que la cera al oír aquellas palabras, y dijo, cruzando las manos:
--¡Escóndame usted, señor Alcalde! ¡De lo contrario,[106-2] no 25 tendremos tesoro! ¡La justicia viene en mi busca!
--¿En busca de usted? ¿Por qué razón? ¿Es usted algún criminal?
--¡Bien lo decía yo!--gritó la tía Torcuata.--¡De esa cara triste no podía venir nada bueno! ¡Todo esto es cosa 30 de Lucifer! (p107) --¡Pronto! ¡pronto!--añadió el forastero.--¡Sáqueme usted por la puerta del corral!
--¡Bien! Pero déme usted antes las señas del tesoro....--expuso el tío Hormiga.
05 --Señor Alcalde....--seguían diciendo los que llamaban a la puerta. --¡Abra usted! ¡El pueblo está cercado! ¡Parece que buscan a ese hombre que habla con usted hace una hora!...
--¡Abrid al Juzgado de primera instancia![107-1]--gritó por 10 último una voz imperiosa, acompañada de fuertes golpes dados a la puerta.
--¡No hay remedio!--dijo el Alcalde, yendo a abrir, mientras que el forastero se encaminaba por la otra puerta en busca del corral.
15 Pero el mayoral y el cabrero, advertidos de todo, le cerraron el paso, y entre ellos y los soldados, que ya penetraban también por aquella puerta, lo cogieron y ataron sin contratiempo alguno, aunque aquel diablo de hombre desplegó en la lucha las fuerzas y la agilidad de un tigre.
20 El alguacil del Juzgado, a cuyas órdenes iban un escribano y veinte soldados de infantería, contaba entre tanto al despavorido Alcalde las causas y fundamentos de aquella prisión tan aparatosa.
--Ese hombre--decía--con quien usted estaba encerrado 25 ... no sé por qué, hablando de... no sé qué asunto, es el célebre gallego Juan Falgueira, que degolló y robó hace quince años a unos señores, de quienes era mulero, en cierta casería de la vega de Granada, y que se escapó de la capilla la víspera de la ejecución vestido con el hábito del fraile que lo auxiliaba, 30 a quien dejó allí medio estrangulado. El mismísimo Rey (q.D.g.[107-2]) recibió hace quince días una carta de Ceuta, firmada por un moro llamado _Manos-gordas_, en que le decía que Juan Falgueira, después de haber residido largo tiempo en (p108) Orán y otros puntos de África, iba a embarcarse para España, y que sería fácil echarle mano[108-1] en Aldeire del Cenet, pensaba comprar una torre de moros y dedicarse a la minería.... Al propio tiempo el Cónsul español en Tetuán escribía a 05 nuestro Gobierno participándole que una mora llamada Zama se le había presentado quejándose de que el renegado español ben-Munuza, antes Juan Falgueira, acababa de embarcarse para España después de asesinar al moro _Manos-gordas_, marido de la querellante, y de haberle robado cierto precioso pergamino.... 10 Por todo ello, y muy principalmente por el atentado contra el fraile en la capilla, S.M. el Rey ha recomendado con particular encarecimiento a la Chancillería[108-2] de Granada la captura del tal facineroso y su inmediata ejecución en aquella misma capital.
15 Imagínese el que leyere el espanto y asombro de todos los que oyeron esta relación, así como la angustia del tío Hormiga, a quien no podía caber ya duda de que el pergamino estaba en poder de aquel hombre ¡sentenciado a muerte!
Atrevióse, pues, el codicioso Alcalde, aun a riesgo de comprometerse 20 más de lo que ya estaba, a llamar a un lado a Juan Falgueira y a hablarle al oído, bien que anunciando antes al concurso que iba a ver si lograba que confesase a Dios y a los hombres sus delitos. Pero lo que hablaron en realidad ambos _socios_ fué lo siguiente:
25 --¡Compadre![108-3]--dijo el tío Hormiga.--¡Ni la Caridad[108-4] lo salva[108-5] a usted! Pero ya conoce que será lástima que ese pergamino se pierda.... ¡Dígame dónde lo ha escondido!
--¡Compadre!--respondió el gallego.--Con ese pergamino, o sea[108-6] con el tesoro que representa, pienso yo negociar 30 mi indulto. Proporcióneme usted la Real gracia, y le entregaré el documento; pero, por lo pronto,[108-7] se lo ofreceré a los jueces para que declaren que mi crimen ha prescrito[108-8] en estos quince años de expatriación.... (p109) --¡Compadre!--replicó el tío Hormiga--es usted un sabio, y celebraré que le salgan bien todos sus planes. Pero, si fracasan, ¡por Dios le pido que no se lleve a la tumba un secreto que no aprovechará a nadie!
05 --¡Vaya si me lo llevaré![109-1]--contestó Juan Falgueira--¡De algún modo me he de vengar[109-2] del mundo!
--¡Vamos andando![109-3]--gritó en esto el alguacil, poniendo término a aquella curiosa conferencia.
Y, cargado que fué de grillos y esposas el condenado a 10 muerte, salieron con él los curiales y los soldados en dirección a la ciudad de Guadix, de donde habían de conducirlo a la de Granada.
--¡El demonio! ¡El demonio!--seguía diciendo la mujer del tío Juan Gómez una hora después, al colocar de nuevo el 15 lomo y la longaniza en sus respectivas orzas.--¡Malditos sean todos los tesoros habidos y por haber![109-4]
XV
Excusado es decir que ni el tío Hormiga halló medio de negociar el indulto de Juan Falgueira, ni los jueces se rebajaron a oír seriamente los ofrecimientos que éste les hizo de un 20 _tesoro_ porque sobreseyesen su causa, ni el terrible gallego accedió a revelar el paradero del pergamino ni el sitio del tesoro al impertérrito Alcalde de Aldeire, quien, con tal pretensión, tuvo todavía estómago para ir a visitarlo a la capilla en la Cárcel Alta de Granada.
25 Ahorcaron, pues, a Juan Falgueira el Viernes de Dolores[109-5] en el paseo del Triunfo, y regresado que hubo[109-6] a Aldeire el tío Hormiga el Domingo de Ramos,[109-7] cayó enfermo con calentura tifoidea, agravándose de tal modo en pocos días que el Miércoles Santo[109-8] se confesó e hizo testamento, y expiró el Sábado 30 de Gloria[109-9] por la mañana. (p110) Pero antes de morir mandó poner una carta[110-1] a D. Matías de Quesada, reconviniéndole por su traición y latrocinio (que habían dado lugar a que tres hombres perdiesen la vida) y 05 perdonándole cristianamente, a condición de que devolviese a la seña Torcuata los treinta y dos duros de la jícara de chocolate.
Llegó esta formidable carta a Ugíjar al mismo tiempo que la noticia de la muerte del tío Juan Gómez; todo lo cual afectó por tal extremo al viejo abogado que no volvió a echar más luz,[110-2] y murió de allí a poco, no sin escribir a última hora 10 una terrible epístola, llena de insultos y maldiciones, a su sobrino el maestro de la capilla de la catedral de Ceuta, acusándole de haberle engañado y robado, y de ser causa de su muerte.
De la lectura de tan justificada y tremenda acusación dicen que se originó la apoplejía fulminante que llevó al sepulcro a 15 D. Bonifacio.
Por manera que[110-3] solamente los barruntos de la existencia de un tesoro fueron causa de cinco muertes y de otras desventuras, quedando a la postre las cosas tan ignoradas y ocultas como estaban al principio, puesto que la señá Torcuata, única persona 20 que ya sabía en el mundo la historia del fatal pergamino, guardóse muy bien de volver a mentarlo en toda su vida, por juzgar que todo aquello había sido obra del diablo y consecuencia necesaria del trato de su marido con los enemigos del Altar y del Trono.
25 Preguntará el lector: ¿cómo es que nosotros, sabedores de que el tesoro está allí escondido, no hemos ido a desenterrarlo y apoderarnos de él? Y a esto le responderemos que la curiosísima historia del hallazgo y empleo de aquellas riquezas, con posterioridad a[110-4] la muerte de la señá Torcuata, nos es también 30 perfectamente conocida, y que tal vez la refiramos, andando el tiempo,[110-5] si llega a nuestra noticia que el público tiene interés en leerla.
VALDEMORO, 6 de Julio de 1881.
EL AÑO EN SPITZBERG (p111)
I
Estoy viendo desaparecer hacia el Mediodía el buque ballenero que me deja abandonado en esta isla desierta, sobre la arena de una playa sin nombre.
¡Heme aquí solo; solo en un ámbito de mil leguas!
05 Yo amaba a una mujer.... El demonio de los celos me mordió el corazón, y he matado a mi rival en desafio.... ¡Era un príncipe!...
Y el Gobierno ruso me ha condenado a pasar aquí _un año_...; es decir, me ha condenado a muerte.
10 ¡Ah! ¿Por qué no me entregó al hacha[111-2] del verdugo? ¿Por qué hacerme expirar de frío, de hambre, de tristeza, de desesperación, o disputando mi cuerpo al terrible _oso blanco_, si mi delito no era más que uno?
¡_Spitzberg_!... ¡Estoy en el terrible archipiélago que 15 ninguna raza ha podido habitar! ¡Me hallo a los 77 grados latitud Norte, a doscientas sesenta leguas del _Polo_!
Creo haber oído decir a mis asesinos que esta isla es la del _Nordeste_, la más meridional del horroroso grupo, la más _templada_ de todas.... ¡Cruel compasión..., que prolongará 20 algunas horas mi agonía!
Ignoro en cuál de estos témpanos de hielo eterno tiene la Rusia una colonia para la peletería y la pesca de la ballena; pero lo que sí sé[111-3] es que los colonos emigrarían[111-4] (p112) a la Laponia a fines de Agosto,[112-1] hace dos meses, y no volverán hasta la primavera...; ¡dentro de doscientos cuarenta días!
¡Estoy, pues, solo, sin hogar, sin amparo, sin víveres, sin consuelos!
05 ¡Morir! He aquí mi inevitable y próxima suerte.
Hoy es 17 de Octubre.... El frío avanza por el Norte.... Dentro de pocos días me helaré sin remedio.
Entretanto me alimentaré con la caza. ¡Siquiera[112-2] esos crueles me han dejado una escopeta... «_por si quería_[112-3] _suicidarme 10 de este modo_»! Mataré rengíferos, chuparé hielo y me procuraré un abrigo entre esas rocas. El inglés Parry[112-4] habitó cabañas de nieve en el Norte de América a los 73 grados.
¡Ah! Sí...; ¡pero yo estoy cuatro grados más cerca del Polo, y no tengo fuego para calentarme!
15 ¡Morir! ¡Morir! ¡He aquí mi infalible destino!
II
Han transcurrido seis días.
Una ráfaga de esperanza brilla ante mis ojos....
Me he procurado fuego como Robinsón,[112-5] rozando dos pedazos de cedro.
20 Ayer encontré en el centro de inmensa roca una profunda cavidad muy reservada del frío.
Todos los días mato cinco o seis rengíferos, los despedazo y conservo la carne entre los témpanos de hielo.
Así se conservará incorrupta hasta el año que viene.
25 También hago provisión de combustibles. No tengo hacha; pero el frío me sirve de leñador. Todas las noches crujen algunos árboles y saltan hechos astillas por el rigor de la helada, y yo traslado a mi gruta cada mañana miles de estos fragmentos, que alimentarán mi hogar hasta que me muera.
30 Voy, pues, a entablar una insensata lucha con el invierno. (p113) ¡Porque deseo vivir y volver al lado de los hombres! ¡Porque la soledad me ha vuelto cobarde!... ¡Porque adoro la vida!...
III
El frío es ya irresistible....
05 Ha llegado el momento de encerrarme en las entrañas de esa peña; de incrustarme en su centro como un marisco en su concha.
Antes de sepultarme en la que acaso será efectivamente mi tumba; antes de vestirme esa mortaja de piedra, quiero despedirme 10 del mundo, de la Naturaleza, de la luz, de la vida....
Camina el sol tan poco elevado en el horizonte, que desde que sale hasta que se pone no hace más que _recorrer su ocaso_ [113-1] como luminoso fantasma que da vueltas alrededor de su sepulcro.
15 Sus rayos pálidos y horizontales reverberan tristemente sobre el mar.
Las aguas empiezan a rizarse.... Pronto quedarán encadenadas por el hielo.
La bóveda celeste ostenta un azul cárdeno y sombrío, que la 20 hace aparecer como más distante de la Tierra.
El soplo del aquilón quema y marchita las tristes flores que osaron desplegar aquí sus encantos, y ata con lazos de cristal el curso de los torrentes.... ¡Helos ya mudos, inmóviles, petrificados en sus enérgicas actitudes, como trágicos héroes esculpidos[113-2] 25 en mármol!...
Reina un silencio sepulcral, un silencio absoluto. No se oye ni canto de ave, ni rumor de corriente, ni suspiro de brisa, ni columpio de planta....
¡Ni movimiento ni ruido!... ¡Nada! El mutismo del 30 _no ser_: he aquí todo. La eternidad y lo infinito deben de parecerse a estas monótonas soledades, a estos páramos de inacción y muerte. (p114) El calor de mi sangre, los latidos de mi corazón, el soplo de mi aliento, el eco de mis pasos, son los únicos síntomas de vida que ofrece la Naturaleza. Me creo, pues, solo en un mundo cadáver, en un planeta posterior a su Apocalipsis;[114-1] en la 05 Tierra misma, pasado el Juicio final....
Hoy tiene el _día_ diez y seis minutos.
Mañana _no saldrá_ el sol.
Mañana me ocultaré yo por seis meses; él por tres.
¡Oh, sol! ¿Volveremos a vernos?
10 ¡Qué frío tan espantoso!... La humedad del aire se convierte en agujas de hielo que punzan mi semblante.
Mi aliento me rodea de una especie de niebla que no puede elevarse a la condensada atmósfera.
15 El humo de mi escopeta se dilata también horizontalmente.
Ayer toqué el gatillo sin mis gruesos guantes, y mis dedos quedaron tan fuertemente unidos al acero que, para separarlos, hube de dejarme allí la piel.
La sábana blanca que se extiende indefinidamente alrededor 20 de mí, y las irradiaciones de la luz en ella, hanme producido en la vista una terrible inflamación....
Pronto vendrá el escorbuto....
¡Oh! ¡Qué espantosa es esta lucha de mi vida con la muerte de todo lo creado!
IV
25 En efecto: ayer apareció el sol; no por el Oriente, sino por el Sur. Trazó en lontananza un ligero semicírculo, y se hundió al cabo de un cuarto de hora.
Hoy es el 7 de Noviembre, el tremendo día del _Spitzberg_, el último en que ve el sol.... (p115) Son las once y media de la mañana.
Hace tres horas que un esplendoroso crepúsculo luce en el remotísimo confín de los cielos.
Mas el sol no aparece....
05 ¡Ah!... ¡Sí!... ¡Helo pálido y entristecido, pugnando por asomar su frente!...
Pero el disco no se eleva....
El limbo solamente pasa rozando por el límite del cielo y de las olas....
10 ¡Un momento más, y ha desaparecido!
¡Adiós para siempre, padre de la luz, corona de los cielos, alma del mundo!
¡Adiós, mi último amigo! ¡Adiós, y vuelve!
V
¿Cuánto tiempo ha transcurrido?
15 No lo sé.
Mi reloj anduvo una semana: el frío lo paró después, o, mejor dicho, lo mató.
El frío lo mata todo.[115-1]
Ignoro, pues, qué día es hoy.
20 Pero ¿qué significa la palabra _hoy_?
El _hoy_ no existe para mí.
Mi vida carece de horas.
Lo pasado, lo presente y el porvenir forman horrible grupo en mi imaginación.
25 Un momento _continuo_: tal es el tiempo dentro de este sepulcro.
Si los muertos pensaran en el panteón, padecerían lo que yo padezco.
Los siglos caminan más de prisa que aquí los instantes.
30 Un invierno en Spitzberg da una idea de la eternidad en el infierno. (p116) ¡Y qué abismo sin fondo el de mi tenaz meditación!
Mis ideas, indefinidamente desbordadas, explayadas, extendidas por el páramo de mi _no ser_,[116-1] concluirán por escapárseme..., y no me volveré loco.
05 Vivo náufrago y sin tabla en un océano de negaciones. Paréceme un sueño la idea de que existe el mundo. Dudo hasta de mi propia existencia. Mi desesperación es más cruel que la de los ateos: ellos niegan el porvenir; yo niego lo presente. Yo no he perdido la esperanza, sino la realidad.
VI
10 ¡Qué lejos estoy de los hombres! ¡Qué olvidado sobre la tierra! Hacia cualquier parte que dirijo el pensamiento, disto de la humanidad centenares de leguas.
Mil quinientas millas al Occidente se halla la Groenlandia,[116-2] continente de hielo que enlaza dos mundos....
15 Al Norte... ¡no hay más que el _Polo_!
El Océano Atlántico se dilata por el Sur.... Allá está el continente europeo, con su perdurable primavera.... Luego el África, ¡la patria del sol!... Después las zonas antárticas, gozando ahora de los favores del estío....
20 Al Oriente, a dos mil cuatrocientas millas de este archipiélago, sólo se halla la Nueva Zembla.[116-3]
¡Oh! ¡Qué pesadilla descorrió[116-4] en mente humana ilusión tan negra como la realidad de mi desventura!
VII
El _upas_, árbol venenoso de la Oceanía,[116-5] no deja brotar ni 25 una planta en el ámbito que cobija su ramaje.
Donde el caballo de Atila[116-6] sentaba el pie no volvía a nacer la hierba.
El envidioso no ve más que la sombra del bien ajeno. (p117) El egoísta está siempre asfixiado por falta de otro mundo que absorber....
El escéptico vive negativamente.
¿Y yo? ¿Qué soy? ¿Qué hago? ¿Cómo vivo?
VIII
05 ¡Cuántos brillantes salones se abrirán en este momento a una multitud alegre y bulliciosa!
El baile... el amor... la música....
¡Condenación para mí!
Allá imagino un perfumado gabinete, una chispeante chimenea, 10 alfombras, butacas, pieles, café, ron, tabaco...; una plática tierna, descanso del placer, incentivo de más placeres...; una alcoba tibiamente alumbrada, un lecho mullido y el sueño de la felicidad....--¡Ay, mi Alejandra!
Pero no.... Estoy en San Petersburgo. Es una tarde de 15 Mayo. Tomamos el sol en embalsamados jardines. La gente ríe, habla acá y allá, me saluda....--¡Alejandra! ¡Alejandra mía!
¡Tampoco!
¡Ah! ¡qué perdurable noche!...
20 ¿Cuándo llegará _mañana_?
IX
Nuevas eternidades han rodado sobre mi cabeza.
Duermo mucho.
¿En qué hora, en qué día, en qué mes me encuentro?
¿Ha pasado ya un año, o una semana solamente?
25 ¿Abulto yo el tiempo con la imaginación, o no lo siento pasar y lo achico?
¿De qué pecan[117-1] mis cálculos? ¿de exagerados[117-2] o de cobar des? (p118)
¡Oh! ¿Qué es este _tiempo_ sin medida, _pro indiviso_,[118-1] sin cronómetro, sin día ni noche, sin sol, luna ni estrellas? ¡Es el caos; es la nada con un solo _sér_, como mi pobre espíritu, abismada en el eterno vacío!
05 Me he puesto a veces las manos sobre el corazón; he sumado luego los latidos que he contado en distintas ocasiones, y ha pasado de un millón la suma total.
¡Un millón de latidos!... ¡Un millón de segundos!... ¡Once días y medio!
10 ¡Y luego se deslizan los años de nuestra ventura como pájaros por el aire, sin dejar rastro en la memoria!
¡Cuántas veces me vió el crepúsculo de la tarde al lado de mi adorada, y llegó la noche, y pasó, y rayó el día..., y toda esta cantidad de tiempo no fué otra cosa que una larga 15 mirada!
¡Oh! ¡cuántas inmensidades contiene un minuto de dolor!
Y ¡cuan pasajera es una inmensidad de dicha!
X
Las rocas crujen sobre mi cabeza.
Parece que la isla va a partirse en mil pedazos.
20 Este debe de ser el vendaval del equinoccio....
Es decir, que Marzo habrá[118-2] mediado ya y que el sol lucirá en el horizonte....
¡Voy a salir! ¡Quiero ver el cielo! ¡Quiero ver el sol!
Pero ¿qué oigo?
25 Los osos blancos rugen terriblemente.... ¡Mejor! ¡Lucharemos!...
¡También yo tengo hambre de sangre caliente, de carne que palpite entre mis uñas!
(p119)
Cojo la escopeta; rompo el hielo que obstruye la entrada de esta gruta, y salgo....
¡Extraña debe ser mi aparición entre las nieves! ¡Pareceré una fiera que deja su cubil, un monstruo que sale del infierno, 05 Lázaro[119-l] que se levanta de la tumba!
XI
¡Me he engañado miserablemente!
Creía hallarme en la primavera; esperaba ver el sol; contaba con que habrían transcurrido cuatro o cinco meses..., ¡y me hallo con el invierno, y es de noche, y estamos en Enero, 10 a juzgar por la disposición de las estrellas!...
¡Aun no ha mediado mi sufrimiento, cuando yo no podía sufrir ya más!...--¿Qué va a ser de mí?
He allí la luna en el cénit obscuro del firmamento....
Parece una blanca paloma venida de otros horizontes a visitar 15 un mundo olvidado por el Criador....
¡Doloroso espectáculo!
Por donde quiera que miro, veo sólo un interminable páramo, una soledad sin límites....
El mar helado, y cubierto además de nieve, no se diferencia 20 de la tierra.
Los elementos se confunden aquí como las horas de mi ocio.
Todo ha mudado de sitio, de forma, de color.