Tres Comedias Modernas en un acto y en prosa

Chapter 4

Chapter 43,410 wordsPublic domain

PROCOPIO.--Ya comprenderás mi idea al hospedar 20 en casa á este joven.

SANDALIA.--Desde luego.

PROCOPIO.--En cuanto ví revolotear el pájaro, le he preparado la trampa.

SANDALIA.--¿Sabes que me parece algo estúpido? 25

PROCOPIO.--Pues que no te lo parezca; tenlo por seguro. Mejor. Éstos caen en seguida. Ah, pero por nuestra parte, nada de preferencias en favor de una ó de otra. No vayas á creer que porque Casta es hija mía, arrimo el ascua á mi sardina.

SANDALIA.--Pues hasta ahora ella es la que...

PROCOPIO.--¡Quién sabe si le gusta también Pura! 5

SANDALIA.--Pero con las dos no va á casarse.

PROCOPIO.--¡Ojalá! ¡Qué lástima que la ley no lo permita! Es preciso que las aconsejes, que se dejen de sueños y que procedan con él con mucho tacto.

SANDALIA.--¿Y él, qué es? 10

PROCOPIO.--Un imbécil. Ya lo hemos dicho.

SANDALIA.--Me refiero á su profesión.

PROCOPIO.--¿Su profesión? ¡Oh! Su profesión es la de futuro Secretario del Ayuntamiento de Matalauva, y si se casa con una de nuestras hijas, lo será también de 15 Matalavieja.

SANDALIA.--¡Qué exagerado eres! ¡Pues mira que tener que irse á vivir á un pueblo!...

PROCOPIO.--¿Qué importa? La vida del pueblo es sana y amena. Allí entre sus gallinitas, sus cerdos y su 20 marido, lo pasará muy bien. ¡Digo! ¡Y á ellas que les gustan tanto los animales!...

SANDALIA.--¿Pero tú tienes antecedentes de su familia?

PROCOPIO.--¡Ya lo creo! Conozco al padre. ¡Buena persona! Es un antiguo acaparador de cereales, que 25 hizo dinero. En cuanto venía un cargamento de cebada, ya lo estaba comprando por grande que fuera. Nunca había bastante cebada para él.

SANDALIA.--¡Qué estómago!

PROCOPIO.--Conque ve adentro, Sandalia, y haz tus 30 ensayos de suegra tierna y bondadosa.

SANDALIA.--¡Qué papeles tiene una que hacer por las hijas!

PROCOPIO.--¡Ya, ya! El día que salga de ellas, ¡qué peso se me va á quitar de encima!

SANDALIA.--¡Hombre, ni que las llevaras á cuestas! 5

PROCOPIO.--¡Anda, mujer, anda; que sabe Dios cuándo nos veremos en otra! (_Vase Sandalia por la segunda puerta lateral._)

ESCENA VI

PROCOPIO, _solo_

PROCOPIO (_Frotándose las manos de contento_).--Esto es hecho. La verdad es que ser Secretario del Ayuntamiento 10 de un pueblecillo, no es una posición muy brillante. Sin embargo, él es rico por su casa, y... peor sería que fuese el barbero, el veterinario ó el herrador. Esto último sí que sería peor que todo; porque eso de que un padre entregue su hija al herrador... En cualquiera 15 de estos casos no sé lo que habría hecho; pero casi estoy por asegurar que hubiera transigido. En fin, voy á ver á mi futuro yerno... (_Se dirige á la segunda puerta lateral en el momento en que sale Claudio comiéndose un bizcocho, y tropieza con Procopio._) 20

ESCENA VII

PROCOPIO _y_ CLAUDIO

PROCOPIO (_Al tropezar_).--¡Canastos!

CLAUDIO.--Usted perdone...

PROCOPIO.--¡Calle! ¿Ha almorzado usted ya? ¿Tan pronto?

CLAUDIO.--Yo acostumbro á comer en un pe... pe... (_Atragantándose con el bizcocho._)

PROCOPIO.--(Sí; en un pesebre.)

CLAUDIO.--En un periquete. Á poco me ahogo. ¿Sabe usted que tiene usted un vinillo que se cuela sin sentir? 5

PROCOPIO.--¿Le ha gustado?

CLAUDIO.--Mucho. ¡Vamos, que estoy animadete!... ¡Jé!... ¡jé!...

PROCOPIO.--¡Magnífico! Cuando se bebe con cierta medida es muy bueno. El vino tomado así, tiene la 10 virtud de inspirar á los necios y hacer atrevidos á los apocados. ¡Es una gran cosa!

CLAUDIO.--Sí que lo es. Tanto que he requebrado á sus hijas y hasta á su señora.

PROCOPIO.--¿Á mi mujer también? Hola, hola... 15 (¡Pues es más valiente de lo que yo pensaba!...)

CLAUDIO.--Son muy amables. Ya todos somos una familia.

PROCOPIO.--Eso: eso me agrada. (La cosa marcha.) Mucha confianza, ¿eh? Nada de cumplidos. ¿Conque, 20 qué piensa usted hacer ahora? ¿Quiere usted que salgamos?

CLAUDIO.--No; ahora voy á escribir á mi padre.

PROCOPIO.--Es muy justo. Pues aquí tiene usted todo cuanto necesita. (_Indicándole la mesa. Claudio se 25 sienta ante ella dispuesto á escribir._)

CLAUDIO.--Bueno, bueno...

PROCOPIO.--Entonces yo le dejo, para que tranquilamente...

CLAUDIO.--No se vaya usted. Á mí no me estorba 30 usted... Está usted en su casa...

PROCOPIO.--Ya, ya lo sé; pero voy un instante allá dentro... Vuelvo, vuelvo...

CLAUDIO.--Como usted quiera. (_Vase Procopio por la segunda puerta lateral._)

ESCENA VIII

CLAUDIO, PURA _y después_ PROCOPIO

CLAUDIO.--¡Qué buena gente es ésta! Yo estoy muy 5 contento de quedarme con ellos. (_Escribiendo._) «Querido padre: He llegado bien, por fortuna, pues en el camino tuve una cuestión con un torero, que quiso matarme cuando pasé por Toro. Fué horrible...» (_Entra Pura y mira por la habitación como buscando algo._) 10 (¿Eh? ¿quién anda ahí? Ah; es la mosquita muerta. ¡Y es muy mona! Se parece á la Santa Casilda, que hay en la iglesia de mi pueblo.)

PURA.--(No le veo.)

CLAUDIO.--¿Qué busca usted? 15

PURA (_Con fingida sorpresa_).--¡Ah! ¿Estaba usted ahí? Buscaba mi devocionario.

CLAUDIO.--Vea usted si en la mesa...

PURA (_Acercándose á ella y mirando_).--No, no está. ¿Escribe usted?... 20

CLAUDIO.--Sí, una carta.

PURA.--¿Á su novia, sin duda?

CLAUDIO.--No. Á mi padre. Vea usted. (_Dándosela._)

PURA (_Mirándola_).--¡Ay, qué buena letra! 25

CLAUDIO.--La letra no es maleja; pero la ortografía...

PURA.--Sí; ya veo que pone usted horrible sin hache.

CLAUDIO.--¿Horrible se escribe con hache? Pues no lo corrijo. Mejor. Así le parecerá más horrible todavía. 5

PURA.--Pues... ya le dejo.

CLAUDIO.--No se vaya usted, señorita.

PURA.--No me llame usted señorita. Llámeme Pura.

CLAUDIO.--Pues bien, Pura, no se vaya usted. 10

PURA.--Temo molestarle...

CLAUDIO.--¿Á mí? Al contrario. Tengo tanto gusto en verla...

PURA.--Es usted muy galante. No ha entrado usted en Madrid y ya se vuelve cortesano. 15

CLAUDIO.--Confieso que desde que estoy con ustedes me siento otro. No sé si será el vinillo... ¡Caramba! ¿No tiene usted frío?

PURA.--No.

CLAUDIO.--Pues yo sí. 20

PURA.--Pobre Claudio... ¡Tiene frío!... Echaré más leña en la chimenea. (_Lo hace._) ¡Ajajá! Ya está. Verá usted como ahora se le pasa.

CLAUDIO.--Es usted muy buena.

PURA (_Encontrando el devocionario sobre la chimenea y 25 tomándolo_).--¡Ah! aquí está mi libro. Puesto que no quiere usted que me vaya, mientras usted escribe, yo leeré. (_Se sienta en la butaca frente al público, y se pone á leer. Pausa breve._)

CLAUDIO.--Bueno. 30

PURA.--¿Se le pasa?

CLAUDIO.--No.

PURA.--¡Claro! Está usted tan lejos de la lumbre...

CLAUDIO (_Levantándose y yendo hacia la chimenea_).--Tiene usted razón. Soy lo más topo... (_Mirando el fuego._) ¡Anda, como arde! (_Se sienta junto á Pura._) 5 Esto ya es otra cosa. ¿Qué lee usted?

PURA.--Los medios de que se vale el diablo para perdernos.

CLAUDIO.--Deben ser muchos. ¿En cuál está usted ahora? 10

PURA.--En «La Tentación.»

CLAUDIO.--Vaya, no lea usted más. (_Quitándola el libro y echándolo en la butaca de al lado._)

PURA.--¿Y qué vamos á hacer?

CLAUDIO.--Toma; pues... hablar: mirarnos... 15

PURA.--En cuanto á lo primero, mi conversación, ¿qué puede interesarle? Y respecto á lo segundo, ¿qué encanto le puede ofrecer contemplar á una pobre mujer sin atractivos?

CLAUDIO.--No diga usted eso, Purita. Pues si tiene 20 usted unos ojos...

PURA.--¿No siente usted ya frío?

CLAUDIO.--Ya, no. (_Fijándose en el pie de Pura._) Y un pie... ¡Ay, qué pie!... (_Contemplándolo._)

PURA (_Enseñando el pie con coquetería_).--¿Qué tiene 25 mi pie de particular? Como todos.

CLAUDIO.--Sí; como todos los pies bonitos. Y su mano... (_Cogiéndola._) Vaya una mano linda. (_Acariciándola._) ¡Y qué cutis más fino!...

PURA.--Me va usted á hacer creer que soy un conjunto 30 de perfecciones. Vamos, estése usted quieto.

CLAUDIO.--¿La incomodo á usted?

PURA.--No; pero... (_Levantándose rápidamente y pasándose la mano por la frente._) ¡Uf! qué calor despide la chimenea. (_Vase junto á la mesa, donde se queda en pie jugando con los libros. Claudio, sin moverse de su 5 sitio, se pasa también la mano por la frente._)

CLAUDIO.--Es verdad. Ha echado usted tanta leña al fuego... (_Breve pausa. Se oye tocar el piano._) ¡Hola! música;... ¿Quién toca el piano?

PURA (_Con desdén_).--Ésa. Mi... mi hermana. 10

CLAUDIO.--Toca bien.

PURA.--¡Bah! Lo de siempre. No sale de ahí. Se conoce que quiere desplegar ante usted todas sus habilidades.

CLAUDIO (_Levantándose_).--¿Cree usted eso? 15

PURA.--Pero no le molestará á usted mucho. ¡Tiene tan pocas! (_Como arrepintiéndose de lo que dice._) ¡Ah! pero usted dispense: ahora caigo en que está usted enamorado de ella, y...

CLAUDIO.--¿Yo? No hay tal cosa. 20

PURA.--Pero le gusta á usted.

CLAUDIO.--Eso sí: es bastante guapa.

PURA.--¿Que es guapa? No sé donde tiene usted los ojos. ¿Qué ha visto usted en ella de notable? Sus facciones son incorrectas; su figura es vulgar... 25

CLAUDIO.--Sin embargo...

PURA.--Vaya, veo que tiene usted muy mal gusto. (_Hace un gracioso mohín y se sienta en la butaca. Cesa el piano. Claudio se aproxima á ella._)

CLAUDIO.--No lo tendré tan malo, puesto que usted 30 me gusta más que ella.

PURA.--¡Adulador!... (_Muy cariñosa._)

CLAUDIO.--Á su lado no sentiría lo que siento al de usted. No me dominaría esta fuerza irresistible que me hace cogerla á usted la mano, besársela...

PROCOPIO (_Saliendo de pronto y viendo que Claudio está 5 besándola la mano_).--(¡Zambomba! ¡Esto va de veras!) (_Desaparece rápidamente por donde ha salido._)

ESCENA IX

PURA, CLAUDIO _y á poco_ CASTA

PURA (_Levantándose_).--Pero, ¿qué hace usted?

CLAUDIO.--Pues ya lo ve. Probarle que la prefiero á su hermana. 10

PURA.--¿De veras?... ¡Ay, Claudio! No me engañe usted, y considere que sería una infamia que no fuese verdad que había llegado el momento para mí de dejar de ser...

CLAUDIO (_Viendo aparecer á Casta_).--Su hermana 15 de usted...

CASTA (_Saliendo y reparando, contrariada, en Pura_).--¡Calle! ¿Estabas aquí?

PURA.--Ya lo ves.

CASTA.--Si estorbo, me voy. (_Haciendo un movimiento 20 para ello. Claudio la detiene._)

CLAUDIO.--No. Quien se va soy yo. Con el viaje y las emociones que he tenido, necesito descansar. Voy á echarme un rato. (_Se dirige á la primera puerta lateral. Á Casta y Pura._) Adiós... Aquí estoy. (_Entra._) 25

ESCENA X

PURA _y_ CASTA

CASTA.--Sentiría haber venido á interrumpir...

PURA.--Pues con no haber venido...

CASTA.--Vamos, se conoce por tu contrariedad que el diálogo era interesante.

PURA.--Interesantísimo. 5

CASTA.--Un idilio de amor, sin duda.

PURA.--Eso es: y tan poético que hasta le han amenizado con serenata.

CASTA.--¿Serenata? Cencerrada querrás decir. (_Burlona._) 10

PURA.--Es verdad. No recordaba que quien tocaba eras tú.

CASTA.--¡Pero qué descarada! ¿Dónde está aquel fervor religioso?

PURA.--Donde tu entusiasmo por las novelas 15 caballerescas.

CASTA.--¿Das al olvido ya á los santos?

PURA.--Como tú les haces traición á tus trovadores. (_Riendo._)

CASTA.--Miren la monjita, con ese aire modesto y 20 pudoroso.

PURA.--Pues y la literata, con esa majestad de reina de comedia...

CASTA.--Eres una hipócrita.

PURA.--Como tú: ni más ni menos. 25

CASTA.--No te has dado poca prisa...

PURA.--Por si acaso.

CASTA.--¿Temías que te lo robase?

PURA.--No sería tu primer hazaña.

CASTA.--¿Qué, yo?

PURA.--Acuérdate de cuando me hacía el amor Ricardito. Empezaste á hacerle tanta monada é insinuaciones, 5 que el pobre, ya aburrido, nos dejó plantadas á las dos. Si eres el perro del hortelano...

CASTA.--¡Pero qué embustera!

PURA.--Mira, no finjamos. Eso es bueno delante de los hombres; pero entre nosotras no sirven esas pamemas. 10 Conocemos el personal.

CASTA.--Me das lástima.

PURA.--Lo que te doy es envidia; pero, hija, llegas tarde.

CASTA.--Eso lo veremos. 15

PURA.--Claro que sí.

CASTA.--Y no es porque me guste ese... tipo; sino porque lo hago cuestión de amor propio.

PURA.--¡De amor propio! Es natural. Como que estás rabiando por casarte. Pero por esta vez, perdone, hermana. 20

CASTA.--¡Hermana! Yo no soy hermana tuya.

PURA.--Dices bien: perdona... prima. (_Ríe._)

CASTA.--¡Eres una insolente!... (_Airadas se acercan la una á la otra._)

PURA.--Á mí no me alces el gallo. 25

CASTA.--¡Qué! ¿Me amenazas?...

PURA.--¡Más aún!... (_Se cogen de las muñecas la una á la otra y forcejean un instante. Aparecen Sandalia y Procopio._)

CASTA.--¡Adefesio! 30

PURA.--¡Espantajo!

ESCENA XI

DICHAS, SANDALIA _y_ PROCOPIO

SANDALIA (_Corriendo á separarlas_).--¡Jesús! Pero, hijas, ¿qué es esto?

PROCOPIO (_Frotándose gozoso las manos_).--Gracias á Dios que se puede ya vivir á gusto en esta casa.

PURA (_Abrazándola_).--¡Mamá! 5

CASTA (_Lo mismo á Procopio_).--¡Papá!

SANDALIA.--¡Quién dijera que vosotras!...

CASTA.--Es que Pura...

PURA.--Es que Casta...

PROCOPIO.--Ni una palabra más. Ya me figuro lo 10 que ha pasado. Ese bribón de Claudio se ha permitido hacer el amor á las dos, y vosotras os lo queréis ceder como buenas hermanas.

CASTA.--¡Cá! no es eso.

PURA.--No, señor. 15

PROCOPIO.--Pues en ese caso no hay más remedio que él elija; y á quien Dios se lo dé... Dejadme á mí, que yo me pinto solo para estas cosas. ¿Dónde está él?

PURA.--En su cuarto.

PROCOPIO.--Corriente. (_Se acerca á la primera 20 puerta lateral, que abre._) ¡Caballerito! Tenga usted la bondad de salir. ¡Ejem! Ahora veremos. (_Casta y Pura se colocan cada una al lado de una butaca durante la escena siguiente._)

ESCENA ÚLTIMA

PURA, CASTA, SANDALIA, PROCOPIO _y_ CLAUDIO

CLAUDIO (_Saliendo_).--¿Qué quiere usted?

PROCOPIO.--¿Es así como corresponde usted á la franca y cariñosa hospitalidad que le he dado?

CLAUDIO.--¿Cómo?

PROCOPIO.--¿Y usted me lo pregunta?... ¿Conque 5 ha tenido usted la avilantez de hacer el amor al propio tiempo á mis inocentes y candorosas hijas?

CLAUDIO.--¿Yo?

PROCOPIO.--Sí, señor. Y esto, como comprenderá, no puede quedar así. 10

CLAUDIO.--Pero esto es una encerrona...

PROCOPIO.--¡Silencio! Y aún se atreve... Concluyamos. Elija usted la que más le guste de las dos.

CLAUDIO.--¿Que elija? 15

PROCOPIO.--¡Claro!

CLAUDIO.--¿Y para qué?

PROCOPIO.--¡Me gusta! ¡Para casarse!

CLAUDIO.--¿Pero quién piensa en eso?

PROCOPIO.--¿Cómo que quién piensa en eso? Ellas, 20 yo, su madre... que hace quince años que no pensamos en otra cosa.

CLAUDIO.--Pero si yo no puedo casarme.

PROCOPIO.--¿Que no? ¿Por qué?

CLAUDIO.--Toma, porque... Pues porque soy casado. 25 (_Al oirle, Pura y Casta caen desvanecidas cada cual en una butaca._)

PURA.--¡Ah!...

CASTA.--¡Villano!...

SANDALIA (_Á Claudio_).--¡Monstruo! ¡Las ha dado usted la puntilla!

CLAUDIO.--¿Yo? 5

SANDALIA (_Auxiliándolas_).--¡Hijas mías!...

PROCOPIO (_Como vacilando para caer_).--¡Casado!... (_Con indignación._) ¿Y no le da á usted vergüenza?...

CLAUDIO.--¿De ser casado? No, señor. 10

PROCOPIO.--Pero, hombre de Dios, eso se dice...

CLAUDIO.--Pues bien claro lo estoy diciendo... Pero si sus hijas quieren casarse, yo tengo un medio...

PROCOPIO.--¿Eh? 15

SANDALIA.--Niñas, este joven tiene un medio... (_Pura y Casta vuelven en sí, se levantan y se acercan._)

CLAUDIO.--Sí; yo tengo un medio para que se casen en seguida.

PROCOPIO (_Anhelante_).--¿Y cuál es? 20

CLAUDIO.--Que se vengan á mi pueblo. En él escasean las mujeres, y las pocas que hay son feas. Si ellas van, estoy seguro que antes de quince días, es cosa echa. Con decirle á usted que allí tienen gran partido las tuertas, las cojas y hasta las jorobadas... En fin, 25 que todo se aprovecha. (_Sandalia se acerca á Claudio, con quien habla aparte animadamente._)

PROCOPIO (_Á Pura y Casta_).--Ya lo oís. Este año á veranear á Matalauva... (_Al público._) Y á ver si quiere Dios que se queden por allí en alguna parte. Si 30 no, ¡qué remedio! Paciencia y barajar.

Y en tanto que la ocasión de casarlas se presente, mi deseo es solamente escuchar tu aprobación.

LOS PANTALONES

CUENTO EN UN ACTO Y EN PROSA

PUESTO EN ACCIÓN

POR

MARIANO BARRANCO

REPARTO

_Personajes_

DOÑA PAULA CARMEN LUISA PEPA JUAN FELIPE

_La acción en Madrid.--Época actual_

ACTO ÚNICO

Comedor de una casa modesta. Aparador en el fondo; mesa en el centro, debajo de la cual se ve un felpudo. Á la izquierda un brasero con lumbre; sillas, etc. Es de noche.

ESCENA PRIMERA

DOÑA PAULA, CARMEN _y_ JUAN. _Doña Paula y Carmen sentadas junto al brasero, leyendo cada una un periódico. Juan, sentado junto á la mesa del centro, escribe._

PAULA.--¡Oh! ¡Qué bien habla este hombre! Oye... oye...

JUAN.--(¡No me dejarán acabar hoy!)

PAULA (_Leyendo_).--«Yo acato y respeto á la autoridad del presidente, pero repito por centésima vez que la 5 administración pública está perdida en España, perdida, señores diputados...»

CARMEN.--Y tiene mucha razón.

JUAN.--(¡Por vida de la política!)

PAULA (_Leyendo_).--«¿Y á qué se debe esto? Á que 10 los destinos públicos no han sido desempeñados nunca por hombres de verdadero mérito, de reconocida probidad y honradez, sino por ineptos, por paniaguados de los señores ministros, de los caciques de los partidos, ó de los asquerosos mercaderes de la política.»--«Murmullos 15 en la mayoría.»

CARMEN.--¿Qué mayoría? Á todos comprenden esos calificativos.

JUAN.--(Perdonadlas, Señor, no saben lo que dicen.)

PAULA.--Oye, oye. (_Lee._) «Arrojemos á esos mercaderes del templo de la Nación, como fueron arrojados 5 aquellos otros del templo de Dios, y nos encontraremos limpios de polilla.»

CARMEN.--¡Bravo!

PAULA.--«Es tan grande en este momento el ruido que se produce en la Cámara, que nos impide seguir 10 oyendo al joven orador.»

CARMEN.--¡Ah! ¿Es joven?...

PAULA.--Y por lo visto, un joven de provecho.

CARMEN.--Si yo fuera gobierno le daba una cartera á ese diputado. 15

PAULA.--Y yo otra.

JUAN.--¡Ea! Y si yo fuera ustedes me ocuparía en zurcir los calcetines; ó me iría á leer á otra habitación... porque así es imposible trabajar.

PAULA.--¡Qué grosero es tu marido! 20

JUAN.--¡Señora!

CARMEN.--Si no trabajaras en domingo, como no tienes obligación, no te sucedería eso.

JUAN.--¡Claro! Si no trabajara no había caso.

PAULA.--No he visto hombre más trabajador que tu 25 marido, y á quien menos le luzca el trabajo.

JUAN.--¡Qué remedio!...

CARMEN.--Tiene razón mamá. Métete en política, conspira, ó dedícate á negocios y sube como suben otros.

JUAN.--Ya vivimos en piso cuarto; me parece que 30 he subido bastante.

PAULA.--¡Quita de ahí! ¡Tú no serás nunca nada ni servirás para el caso!

JUAN.--Conforme para lo que sea.

CARMEN.--¿Qué ha de ser éste? Escribiente en el ministerio de Hacienda con cinco mil reales de sueldo, 5 como hace catorce años.

JUAN.--Esa antigüedad demuestra que soy un hombre honrado y probo.

PAULA.--Eso lo que demuestra, es que eres un tonto.

JUAN.--Gracias. 10

CARMEN.--Un bobo que no ha sabido aprovecharse de las circunstancias.

JUAN.--Bueno; sea lo que ustedes quieran, pero déjenme al menos trabajar un rato.

PAULA.--¡Trabajar!... ¿Y qué es lo que trabajas, 15 vamos á ver?

CARMEN.--Eso; ¿qué es lo que trabajas?

JUAN.--Estoy poniendo en limpio una minuta del jefe.

PAULA.--¡Poniendo en limpio! Para eso sirves tú, para ser el mozo de la oficina, para limpiar lo que otros 20 ensucian.

JUAN.--¡Señora!

CARMEN.--Para llevar el peso de todo, mientras que los que cobran grandes sueldos se pasean ó conspiran en provecho propio. 25

JUAN.--Señora: poner en limpio una minuta es copiar en letra clara y correcta una nota del jefe.

PAULA.--¡Claro! Como que la mayor parte de los jefes no saben escribir.

CARMEN.--Lo que dice ese diputado: son paniaguados 30 de los ministros.

JUAN.--En fin: ¿me hacen ustedes el favor de dejarme concluir?

CARMEN.--¡Ay! Si yo hubiera sabido para lo poco que tú servías, no me caso contigo.

JUAN.--(¡Ay! ¿Por qué no lo supo?) 5

PAULA.--Ni yo consiento en semejante unión.

JUAN.--Ni yo hubiera tenido una suegra tan... amable como usted.

PAULA.--Parece que lo dices con retintín.

JUAN.--Lo digo como lo siento, señora. 10

CARMEN.--No haga usted caso.

PAULA.--¿Cómo que no haga caso?

JUAN.--(¡Adiós! ¡El diluvio!)

PAULA.--Ha de saber tu marido que debe considerarse muy honrado con haber entrado en una familia 15 como la nuestra. Somos nobles por los cuatro costados.

JUAN.--(¡Y sin una peseta!)

PAULA.--¿Lo duda usted?

JUAN.--No, señora.

PAULA.--Y si hoy, por circunstancias de la vida, no 20 nos vemos muy desahogados, nos han envuelto en ricos pañales, y mi familia ha levantado siempre su cabeza, aun en presencia de los magnates.

JUAN.--No lo dudo, señora, pero...

PAULA.--Déjeme usted en paz, mamarracho. 25

JUAN.--Gracias.

CARMEN.--Tiene razón mamá, tú debes considerarte honradísimo con haberte casado conmigo.

JUAN.--¿Quién lo duda, mujer, quién lo duda?

PAULA.--¡Como si mi hija no hubiese tenido más pretendientes 30 que usted!

JUAN.--Vaya, con permiso de ustedes me voy á escribir á otra habitación. (_Recoge los papeles._)

PAULA.--Vaya usted enhoramala.

JUAN.--Gracias, señora, gracias. (¡Por vida de mi debilidad de carácter!) (_Vase._) 5

ESCENA II

DOÑA PAULA _y_ CARMEN

PAULA.--Tú tienes la culpa. Si le hubieras dicho á tu marido que con cinco mil reales de sueldo, y lo poc que le dejó su tío el extremeño, no era posible establecer una familia como la nuestra, no sucedería esto.

CARMEN.--¡Es verdad; pero de habérselo advertido 10 antes, no se hubiera casado conmigo!

PAULA.--¿Y qué? No te hubieran faltado proporciones mejores.