Tres Comedias Modernas en un acto y en prosa
Chapter 3
ATILANO.--¡Ah, señor! ¿Cómo podré pagarle?... 25
PELÁEZ.--Á propósito de pagar... ¿Cuánto le debo?
ATILANO.--¡Nada!
PELÁEZ.--Eso no: usted está supliendo al señor Raigón, y no es justo que lo ponga de su bolsillo. Dígame 30 usted lo que es.
ATILANO.--Lo que usía quiera.
PELÁEZ.--Tome usted. (_Le da dos billetes de veinticinco pesetas._)
ATILANO.--¡Diez duros! Es demasiado...
PELÁEZ.--Me parece baratísimo. Estoy como en la 5 gloria.
ATILANO.--(¡Santa Polonia bendita, yo te pondré seis velas!) (_Ayuda á Peláez á ponerse el sobretodo y le da el sombrero._)
ESCENA XX
DICHOS, INOCENCIA _y_ LELIS
INOCENCIA.--¡Ay, Dios mío, Dios mío! (_Llorando._) 10
LELIS.--Aguanta un poco, monina. Se conoce que hay gente dentro.
INOCENCIA.--¡Ay!
LELIS.--Eso ha sido del cabello de ángel.
INOCENCIA.--¿Por qué lo habré comido? ¡Ay! (_Se 15 sienta._)
ATILANO.--Tome usía el bastón.
PELÁEZ.--Vaya, adiós. Hasta mañana, ¿eh?
ATILANO.--No faltaré. Descuide usía. (_Salen del gabinete._) 20
INOCENCIA.--¡Esa voz!... ¡Mi papá! (_Inocencia y Lelis se ocultan detrás de la mampara._)
LELIS.--(¡Su papá!)
ATILANO.--Ya verá usía, (_Acompañándole hasta la puerta._) en la nota que debe tener, que he sido auxiliar 25 tercero de la clase de quintos...
PELÁEZ.--Quede usted tranquilo. Y conste que, aunque usted esté empleado, será siempre mi dentista y el de mi familia.
ATILANO.--(¡Pobre familia!)
PELÁEZ.--Adiós.
ATILANO.--Vaya usía con Dios. (_Se vuelve de pronto 5 bailando y castañeando los dedos._) ¡Qué felicidad, qué felicidad! (_Repara en Inocencia y Lelis, que están aterrados y como pegados á la pared._) ¡Inocencia! ¡Tú aquí! ¡Y usted!
INOCENCIA.--Oye, papá... 10
LELIS.--Don Atilano, yo soy el culpable. Yo la he traído. Ya comprenderá usted que aquí no podíamos venir con malas intenciones...
ATILANO.--Pero tú... pero usted...
LELIS.--Yo, que la amo, sí; yo que no podía verla 15 padecer, porque es mi vida, mi bien...
INOCENCIA.--Perdón, papá...
LELIS.--Perdón, don Atilano. (_Arrodillándose ante él._)
ESCENA XXI
DICHOS, FRANCISCO _por la puerta del foro_
FRANCISCO.--¿Qué es esto? 20
INOCENCIA _y_ LELIS.--¡Perdón!
ATILANO.--Sí, hijos míos, hoy es día de que nos perdonen á todos... ¡Á todos! (_Á Francisco con intención._) ¡Francisco, tráeme la levita!
FRANCISCO.--Pero... 25
ATILANO.--Tráeme la levita... (_Vase Francisco y vuelve al instante con la levita de don Atilano al hombro._)
INOCENCIA.--Papá, ¿quieres explicarme?
ATILANO.--Luego, en casa lo sabréis todo...
FRANCISCO.--Aquí está esto, y dígame usted... (_Ayuda á don Atilano á ponerse la levita._)
ATILANO.--Mira: diez duros. Cinco te corresponden. Toma... Me los ha dado el subsecretario, á 5 quien he sacado una muela.
LELIS.--¡Usted!
INOCENCIA.--¡Tú! Pero sabías eso...
ATILANO.--¡Sin dolor!
LELIS (_Á Inocencia_).--Pues que te la saque... 10
ATILANO.--¡No, no quiero ser parricida!
INOCENCIA.--Si ya no me duele.
FRANCISCO (_Á don Atilano_).--Pero, ¿quiere usted decirme?...
ATILANO (_Á Inocencia_).--Tu muela del juicio ha sido 15 mi fortuna. Por ella vine aquí, por ella seré colocado mañana mismo.
FRANCISCO.--¿Sí?
INOCENCIA.--¡De veras!
ATILANO.--Sí. Ahora me voy con la conciencia 20 tranquila. Esto me lo he ganado yo con mi trabajo, (_Enseñándole el billete._) ¡ay!, con muchísimo trabajo.
ESCENA XXII
DICHOS. EL CABALLERO, _que entra mugiendo como antes_
CABALLERO.--¡Berr! ¡Esto no se puede aguantar!
FRANCISCO.--¡El de antes!
CABALLERO.--¿Hay alguien dentro? 25
FRANCISCO.--Nadie, pase usted. (_Entra el Caballero en el gabinete y resueltamente se sienta en el sillón. Francisco á don Atilano._) Ande usted con él.
ATILANO.--¡De ninguna manera!
FRANCISCO.--Pues yo no pierdo esto. (_Se pone el batín._)
ATILANO.--¡Allá tú! 5
FRANCISCO.--Al momento acabo. (_Entra en el gabinete. El Caballero sigue quejándose. Francisco le mira la boca: figura preguntarle qué muela le duele, busca el instrumento, etc. Todo esto mientras se dice el diálogo siguiente._) 10
ESCENA ÚLTIMA
DICHOS, _una Señora y un Caballero. Luego dos Caballeros. Luego Otro, y después dos Señoras que van sentándose como para esperar turno._
ATILANO (_Mirando á los que entran_).--¡Más víctimas!
LELIS.--Don Atilano, ya comprenderá usted que mis intenciones...
ATILANO.--Ya hablaremos de eso. ¿Cómo se llama usted? 15
LELIS.--Camilo de Lelis; pero todos me llaman Lelis.
ATILANO.--Hacen bien. (_Asustado al ver la gente que entra._) ¡Dios mío! ¡Los innumerables mártires de Zaragoza! (_Francisco da un tirón al Caballero, que da un grito. Ha de verse que no le ha sacado la muela, Francisco 20 retrocede asustado con el «forceps» en alto y el Caballero queda en actitud amenazadora hasta que baja el telón._) ¡Jesús! (_Á Inocencia y Lelis._)
Vámonos ya, basta de horrores.
(_Al público._) 25
Perdonad al autor y á los actores.
LAS SOLTERONAS
JUGUETE CÓMICO EN UN ACTO Y EN PROSA
ORIGINAL
POR
LUIS COCAT Y HELIODORO CRIADO
REPARTO
_Personajes_
PURA CASTA SANDALIA PROCOPIO CLAUDIO
_La escena en Madrid.--Época actual_
ACTO ÚNICO
Gabinete lujosamente amueblado. Puertas laterales á la derecha y otra en el fondo. Á la izquierda chimenea y al lado de ella dos butacas. Mesa de escritorio á la derecha, y una butaca delante de ella.
ESCENA PRIMERA
PURA, CASTA, SANDALIA _y_ PROCOPIO. _Al alzarse el telón aparecen Procopio sentado á la mesa escribiendo; Sandalia y Pura sentadas en las butacas de junto á la chimenea; la primera haciendo calceta, y la segunda leyendo en un devocionario. Casta, sentada en la butaca de delante de la mesa, lee un periódico._
PROCOPIO (_Escribiendo_).--Cinco, y me llevo seis... seis, y me llevo siete... siete, y me llevo ocho...
SANDALIA.--Pero, Procopio, veo que siempre te llevas más de lo que dejas.
PROCOPIO.--¿Qué sabes tú? Ésta es la aritmética, 5 mujer. Ajajá. (_Sumando._) Cincuenta mil seiscientos setenta y cuatro. Nuestra renta ha tenido este año un aumento de diez mil setenta y cuatro reales. Por ahora puede contar cada una de nuestras hijas con una renta de unos veinticinco mil realitos. 10
SANDALIA.--Más vale así.
PROCOPIO.--¿Qué haces, Pura?
PURA.--Padre mío, leo los ejercicios del día.
PROCOPIO.--¿Los ejercicios? ¿Ha venido tropa?... ¿Y tú, Casta?
CASTA.--Estoy saboreando una magnífica composición que se titula: «_El día del juicio, ó el acabose._» El 5 mundo no es más que un inmenso espacio lleno de calaveras. Los pelos se ponen de punta...
PROCOPIO.--¿Los pelos de las calaveras? No lo entiendo. ¿Y tú, Sandalia, haces calceta al amor de la lumbre? 10
SANDALIA.--Ya lo estás viendo.
PROCOPIO (_Levantándose y contemplándolas con regocijo_).--Bien; perfectamente bien. Hé aquí un cuadro de familia en que todo respira felicidad, paz y sosiego. Pero esto no puede seguir así, y no seguirá. 15
SANDALIA.--¿Qué dices, Procopio? ¿Te disgusta ver á tu familia feliz?
PROCOPIO.--Al contrario, mujer. Quiero decir que aun cuando éste es un espectáculo hermoso, tierno y conmovedor, no me satisface por completo. Me preocupa 20 mucho el porvenir de nuestras hijas, quedándose solteras, y es necesario que piensen seriamente en el matrimonio.
CASTA.--¡Horror! (_Haciendo un gesto de disgusto._)
PURA.--¡Ave María! (_Santiguándose._) 25
PROCOPIO.--Ya me van cargando vuestros repulgos y aspavientos siempre que se habla de casaros. ¿Qué os proponéis de seguir así? Tú, Casta, pasas tu tiempo ocupada en la literatura, en la música y en echarle alpiste al canario. Tú, Pura, estás con tus rezos, novenas y 30 místicas ideas de tal modo abstraída, que ya todo el mundo te llama la _monjita_. Es, pues, preciso que salgáis de esta monotonía que os imprime cierta antipática seriedad. Para desterrarla, nada como el amor, que os brinda con... en fin, que hay que hacer algo.
SANDALIA.--Procopio, no seas majadero. 5
PROCOPIO (_Como siguiendo el hilo de su discurso_).--Eso es. El amor llena la imaginación de gratas ilusiones, nos hace amables, alegres, comunicativos. Dormir y comer tranquilamente; como hacéis, no es bastante para la vida, pues no sólo de pan se alimenta el hombre: es 10 preciso además...
SANDALIA.--La carne.
PROCOPIO.--Y el vino. ¿Te quieres callar? ¿No ves que estoy filosofando? Pues como decía: es preciso además atender á la vida del espíritu. Tú, Casta, tienes 15 ya veintinueve años.
CASTA (_Protestando rápidamente_).--¿Yo? ¡Imposible! ¡Qué atrocidad!
PROCOPIO.--Lo dicho. Y tú, Pura, treinta.
PURA (_Con ira_).--¡Falta usted á la verdad! 20
PROCOPIO.--¿Eh? ¡Miren la monjita!
PURA (_En tono dulce_).--Perdone usted. He querido decir que se equivoca.
SANDALIA.--Pero, hombre, ¿á qué viene hablar de edades? Eso no hace al caso ni está decente. 25
PROCOPIO.--¿También tú? ¡Lo que son las mujeres! ¡Que no hace al caso!... Pues entonces no sé para cuándo van á dejar el casarse.
SANDALIA.--¿Pero tienen la culpa las pobres de que sus novios hayan dado media vuelta? 30
PROCOPIO.--Puede que sí. Generalmente, cuando un hombre deja á su novia, es porque ésta no tiene lo que vulgarmente se llama _gancho_. ¿Y qué es el gancho? me diréis. Entre otras cosas, es la afabilidad, el cariño, la dulzura; cierta estudiada sumisión que consiste en aparentar ceder siempre, haciendo que él sea quien 5 transija inconscientemente con vuestros menores caprichos. Hacer pequeñas concesiones; por ejemplo: que él os estrecha la mano apasionadamente; pues no la retiréis con indignación: al contrario, abandonadla como si no os dierais cuenta de ello; que os pisa suavemente el 10 pie, contestad en la misma forma y no le apartéis rápidamente á no ser que os diera en un callo. ¿Tenéis vosotras callos?
CASTA.--¡Qué pregunta, papá! ¿Quién tiene eso?
PROCOPIO.--Toma; pues cualquiera. Yo, tu 15 madre...
SANDALIA.--Pero, Procopio...
PROCOPIO.--Déjame. Estoy poniendo los puntos sobre las íes.
SANDALIA.--Di más bien: los pies sobre los callos. 20
PROCOPIO.--Y últimamente. Si la mujer tuviera un poco más de sentido práctico, no se quedarían tantas solteronas por perseguir fantasmas y no aprovechar bien las ocasiones. La mayor parte de las niñas de buen palmito y bien parecidas, y esto no hay ninguna que no 25 se lo crea al mirarse al espejo, sueñan á los quince años con casarse con un título de Castilla: á los veinte, ceden y se conforman con un banquero; á los veinticinco transigen por fin con un empleado, abogado, comerciante, etcétera, etcétera, y á los treinta, todos los hombres les son 30 igualmente simpáticos y agradables; hasta el aguador.
SANDALIA.--¿Sabes que estás hoy elocuentísimo?
PROCOPIO.--Es que la verdad se abre paso y hace listos á los más imbéciles; y no es esto decir que yo lo sea. (_Dirigiéndose á Pura y Casta._) Conque, ¿qué opináis vosotras? Hablad. 5
CASTA.--Francamente; yo encuentro al hombre sumamente antipático. En su exterior es grosero, ordinario. (_Animándose con ira mal reprimida._) ¡Moralmente es aleve, traidor, falso, perjuro!... (_Transición._) Hago una excepción en favor de usted porque es mi 10 padre.
PROCOPIO.--Gracias, hija. (_Á Pura._) Y tú, ¿qué dices?
PURA (_Levantándose y con misticismo_).--Yo, padre mío, no juzgo al hombre físicamente. Bajo este punto 15 de vista son para mí todos iguales; me son indiferentes. En cuanto á lo moral, no veo en él más que un fiel trasunto del demonio, de quien hay que huir en absoluto. Su palabra es engañadora, diabólica su sonrisa, y su mirada... ¡ah! su mirada es tan satánica y penetrante 20 que hace asomar á la mejilla el color de la vergüenza. ¡Oh! Yo le aborrezco tanto, que lamento que usted, padre mío, sea hombre. (_Vuelve á sentarse._)
PROCOPIO.--¿Pues qué había de ser siendo padre? ¿Sabéis lo que os digo? Que más que horror lo que 25 sentís es despecho porque no ha habido todavía quien cargue con vosotras.
CASTA.--¡Qué disparate!
PURA.--¡Dios me libre!
PROCOPIO.--¿De modo que pensáis permanecer solteras? 30
SANDALIA.--Pero, hombre, déjalas que hagan de su capa un sayo. Además, lo primero que se necesita para casarse es novio, y ellas no lo tienen.
CASTA.--Por fortuna.
PURA.--Tienes razón. (_Á Casta._) 5
PROCOPIO (_Á Pura_).--No te pareces á tu madre, que me atrapó siendo viuda y teniéndote á tí.
SANDALIA.--Yo tuve siempre mucho gancho, como tú dices.
PROCOPIO (_Á Casta_).--Ni tú á la tuya, que en paz 10 descanse; que se casó conmigo en terceras nupcias, siendo tú el fruto de nuestro tierno amor.
SANDALIA.--Ésa tuvo más gancho todavía.
PROCOPIO.--En fin, me aflige y me desatina veros por ese camino. Parece mentira, que el elemento joven, 15 relativamente, de la casa, goce en el aburrimiento. El día menos pensado, para alegrar esto, voy á tener que salir bailando el cancán con vuestra madre.
PURA (_Santiguándose_).--¡Jesús!
SANDALIA.--¡Pero qué cosas dices!... 20
PROCOPIO.--Déjame, Sandalia. Estoy desesperado. ¿Ves? (_Haciendo contorsiones con los brazos._) ¡Tengo los nervios como las cuerdas de un violín!... Ven, y hazme una taza de tila para calmarlos.
SANDALIA.--Vamos allá. Lo que es hoy, parece que 25 tienes el diablo en el cuerpo. (_Vanse Sandalia y Procopio por la segunda puerta lateral._)
ESCENA II
PURA, CASTA _y á poco_ CLAUDIO
CASTA.--¡Qué empeño en que seamos víctimas de esos malvados! ¡Pues bonitos son los hombres!
PURA.--¡Qué han de ser bonitos! ¡Horribles!
CASTA.--Mis convicciones son tan arraigadas, que no cedo. 5
PURA.--Ni yo.
CLAUDIO (_Presentándose en la puerta del foro_).--Muy buenos días...
CASTA.--¿Eh? ¿Quién es?
CLAUDIO.--¿El señor don Procopio Canchalagua? 10 (_Avanzando._)
CASTA.--¿Busca usted á nuestro padre?
CLAUDIO.--Sí, señora.
CASTA (_Muy marcado_).--Señorita.
PURA (_Lo mismo_).--Señoritas. Las dos somos señoritas. 15 (_Desde que apareció Claudio, Casta y Pura le examinan con atención._)
CLAUDIO.--Perdonen ustedes, no había reparado... Pues bien, señoritas, yo deseo hablar con su papá; pero si incomodo... 20
CASTA.--Nada de eso. Tome usted asiento, que vamos á avisarle. ¿Su gracia de usted?
CLAUDIO.--Ninguna.
CASTA.--¿No tiene usted nombre?
CLAUDIO.--Ah, sí; Claudio Pasalodos. 25
CASTA.--Está bien. (_Fijándose en él._) (Es muy simpático...)
PURA (_Lo mismo_).--(Tiene unos ojos interesantes...) (_Vanse las dos por la segunda puerta lateral._)
ESCENA III
CLAUDIO _y á poco_ PROCOPIO
CLAUDIO.--Pero, ¿por qué me mirarán de ese modo estas señoritas? No son feas. Y se han incomodado porque las he llamado señoras... Yo quisiera saber 5 cómo va uno á conocer á la simple vista el estado de las mujeres. (_Examinando la habitación._) ¡Cuánto lujo! No hay una casa así en el pueblo. Se conoce que don Procopio tiene guita.
PROCOPIO (_Apareciendo_).--Señor mío... Me han 10 dicho que me buscaba usted, y por cierto que su apellido no me es desconocido.
CLAUDIO.--Ya lo creo que no. Yo soy hijo de su amigo don Policarpo Pasalodos.
PROCOPIO.--Cuánto celebro... Pero siéntese usted. 15 (_Se sientan._) ¿Y está bueno el papá?
CLAUDIO.--Baldado: y con unos dolores, que le hacen poner el grito en el cielo; pero por lo demás, está completamente bien.
PROCOPIO.--Lo siento mucho. 20
CLAUDIO.--¿Que esté bien?
PROCOPIO.--No; que esté baldado.
CLAUDIO.--Pues como él no podía venir conmigo á Madrid, me dijo:--toma esta carta (_Saca una carta que entrega á Procopio, y éste la lee._) para mi amigo Canchalagua, 25 que tiene muy buenas aldabas, y él te acompañará como un perro á todas partes.
PROCOPIO.--(¡Qué animal!) ¿Por lo que dice en la carta viene usted á gestionar un asunto?...
CLAUDIO.--Sí, señor. Como mi padre es ahora alcalde, quiere que me nombren secretario del Ayuntamiento de Matalauva, nuestro pueblo. 5
PROCOPIO.--¡Ya; vamos! Sin duda para estar de acuerdo y moralizar más fácilmente la administración.
CLAUDIO.--¡Cá; no es eso!
PROCOPIO.--¿Qué no?
CLAUDIO.--No señor. El otro día me llamó y me 10 dijo:--Mira, Claudio; es menester que te calces la Secretaría; porque siendo yo alcalde y tú secretario, haremos la mar de chanchullos y comeremos á dos carrillos.
PROCOPIO.--¡Ya! Veo que á Policarpo los dolores 15 no le han quitado el apetito. (¡Qué salvaje ingenuidad!)
CLAUDIO.--Y para eso vengo á ver al diputado del distrito...
PROCOPIO.--Pues nada; yo le acompañaré á usted al Congreso y á cuantas partes sea necesario. ¿Usted no 20 ha estado nunca en Madrid?
CLAUDIO.--Sí, señor, pero hace muchos años. Á propósito; ¿sabe usted que sus hijas son muy guapas?
PROCOPIO.--¡Que si lo sé!... (¡Le han parecido guapas! ¡Bravo!) Calle usted, llaman la atención de 25 todo el mundo; tanto, que me violenta ir con ellas por la calle, pues cuantos hombres vienen en dirección opuesta á nosotros se quedan parados como estatuas y con el cuello tieso viéndolas alejarse llenos de admiración. Han producido muchas tortícolis. 30
CLAUDIO.--¡Digo, digo!...
PROCOPIO.--Son dos ángeles, amigo mío, dos verdaderos ángeles. Casta, es la belleza romana. Pura, la belleza griega. Y ambas por sus cualidades morales, dignas de figurar entre las vestales más famosas.
CLAUDIO.--¿Las qué? (_Como no entendiendo lo que 5 oye._)
PROCOPIO.--Yo las amo con delirio. Y el día que cualquiera de ellas me diga;--Papá, me caso--será un golpe terrible para mí. (¡Así fuese mañana!) Pero, en fin, si se trata de un hombre honrado que las haga 10 dichosas...
CLAUDIO.--¿Uno para las dos?
PROCOPIO.--¡Picarillo! (_Dándole un golpecito en la mejilla._) Ellas por su parte labrarían la felicidad de cualquiera, pues además de sus prendas físicas, reunen 15 otras cualidades de orden económico. Cuentan con una buena dote, que unida á lo que tengan sus maridos, les proporcionará vivir con cierto desahogo.
CLAUDIO.--Eso está bien. (_Levantándose._) Conque, don Procopio, yo me voy. 20
PROCOPIO (_Lo mismo_).--¿Tan pronto?
CLAUDIO.--Mañana volveré por aquí...
PROCOPIO (_Reflexionando_).--(¡Le han parecido guapas!...) ¿Dónde para usted?
CLAUDIO.--Como mi padre no quiere que repare en 25 gastos, me he alojado en la mejor fonda de Madrid; y ahí me tiene usted en la _Posada del Peine_.
PROCOPIO.--(¡Oh, qué idea!) Pues yo no puedo consentir...
CLAUDIO.--¿Por qué? 30
PROCOPIO.--Nada; que no puedo consentir que el hijo de mi buen amigo Policarpo vaya á parar á una fonda. ¡No faltaba más! Se instalará usted en mi casa por todo el tiempo que necesite estar en Madrid. Supongo que aceptará usted. Luego mandaremos por el equipaje, y... 5
CLAUDIO.--Bueno. Eso me ahorro.
PROCOPIO (_Indicándole la primera puerta lateral_).--Mire usted. Esta alcoba es independiente. La tenemos destinada precisamente á estos casos. Ahí encontrará usted cuanto necesite. Ea; voy á participar á la 10 familia esta combinación. ¡Sandalia; niñas!... (_Acercándose á la segunda puerta lateral._)
ESCENA IV
DICHOS, SANDALIA, PURA _y_ CASTA
SANDALIA (_Que aparece seguida de Pura y Casta_).--¿Qué quieres?
PROCOPIO (_Á las tres_).--Tengo el gusto de presentaros 15 al hijo de mi querido amigo Policarpo Pasalodos.
SANDALIA.--Muy bien venido...
PROCOPIO.--Le trae un negocio á Madrid, y le he rogado que se aloje desde este momento en nuestra casa. El me ha hecho la merced de aceptar, y... 20
SANDALIA.--Así debe ser. ¡No faltaba más!...
PROCOPIO.--Pero, sentémonos. (_Aparte á Sandalia._) Le han parecido guapas. ¡Hay que pescar este congrio!
CASTA.--(¡Se queda en casa!...) (_Se sientan; Casta 25 al lado de Claudio. Sandalia al de Procopio, Pura junto á la chimenea._)
CLAUDIO.--(¡Es que son guapas!...) (_Mirando á Casta y Pura._)
PROCOPIO (_Señalándolas_).--Aquí las tiene usted. Casta es hija mía. Pura, de mi mujer. Nos casamos siendo viudos, y no hemos tenido sucesión. Nos habíamos 5 reproducido ya anticipadamente y por separado. (_Pausa. Pura, Sandalia y Procopio miran á Claudio, Pura revelando cierto despecho; Casta mira con cierto coquetismo á Claudio. A parte á Sandalia._) Mira qué ojos le echa á Casta. ¡Se conoce que es la que le ha flechado! 10
SANDALIA (_Por Pura. Á Procopio_).--¡Si esta otra es una boba!
CASTA (_Á Claudio, con coquetería_).--¿Y á usted le gusta la poesía?
CLAUDIO.--No, señorita; me cargan los versos. Me 15 armo un lío con el sol, la luna, las estrellas y los luceros. No me caben tantas cosas en la cabeza. La música, sí; tanto, que en el pueblo me paso todo el día dale que le das al acordeón.
PROCOPIO (_Por Casta_).--Pues ahí tiene usted una 20 gran profesora. Toca el piano durmiendo.
CLAUDIO.--¿Es sonámbula?
PROCOPIO.--Quiero decir... (¡Qué materialista es este hombre!)
SANDALIA (_Dándole á Procopio con el codo_).--¡Calla! 25
CASTA (_Por Claudio_).--(No es un Apolo; pero vestido á la moda...)
PURA.--(¡Miren la de las convicciones arraigadas! ¡Cuánta gazmoñería! ¡Que le causan horror los hombres!... ¡Hipócrita!) (_Claudio bosteza._) 30
SANDALIA (_Aparte á Procopio_).--Suspira...
PROCOPIO (_Lo mismo á Sandalia_).--Sí; un rebuz... digo, un suspiro de amor.
CASTA (_Á Claudio_).--¿Suspira usted?
CLAUDIO.--No, señorita. Es que bostezo de debilidad, porque como no he almorzado todavía... 5
SANDALIA (_Levantándose_).--¡Qué oigo! ¿Sin almorzar... y se está usted tan callado? (_Todos se levantan._)
CLAUDIO.--¡Claro! ¿Quién tiene ganas de hablar con el estómago vacío?
PROCOPIO.--Pero, ¿por qué no lo ha dicho? Á ver, 10 niñas, corriendo, decid á la criada que le saque algo... de comer. (_Á Claudio._) Como nosotros ya hemos almorzado... Pase, pase usted al comedor con mis hijas. En seguida soy con ustedes...
CLAUDIO.--Pasen ustedes. (_Se entra antes que ellas._) 15 Gracias.
PROCOPIO.--(_Deteniendo á Sandalia, que va á salir tras de ellos._) Ven acá tú. (_Vanse por la segunda puerta lateral Pura, Casta y Claudio._)
ESCENA V
SANDALIA _y_ PROCOPIO