Traidor, inconfeso y martir

Part 6

Chapter 63,713 wordsPublic domain

Tan imposible, no. ¿Quién en su mente a un recuerdo infantil no da guarida? ¿Quién no vuelve los ojos tiernamente hacia las puertas de oro de la vida? ¿Quién no recuerda en ocasión alguna el pobre hogar o la lujosa estancia, cuya techumbre guareció en su infancia el dulce sueño que gozó en la cuna?

DON RODRIGO

¿Vos recordáis ese lugar?

DOÑA AURORA

Sin duda; mas no por la virtud de mi memoria sola, tan fiel en esa edad no cabe tenerla: sé de mi infantil historia lo que fui recordando con ayuda de la voz de Gabriel, que es quien la sabe.

DON RODRIGO

¿Gabriel la sabe?

DOÑA AURORA

Sí.

DON RODRIGO

¿Y os la ha contado?

DOÑA AURORA

Incompleta.

DON RODRIGO

(También la habrá engañado). Mas yo quiero saber solo la idea que hayáis vos en la mente conservado.

DOÑA AURORA

Tengo, aunque muy confuso, algún recuerdo.

DON RODRIGO

¿De qué?

DOÑA AURORA

De mil objetos.

DON RODRIGO

Aunque sea en confusión, decídmelos.

DOÑA AURORA

Me acuerdo de una ribera donde yo cogía yerbezuelas y conchas; del rugiente mar, que sus ondas sin cesar mecía; de un monasterio triste y solitario fundado al pie de un monte; y vagamente me acuerdo de la iglesia, con su coro enverjado, sus techos con pinturas, su altar lleno de flores, su sagrario iluminado con mecheros de oro; y me acuerdo también, porque me daban miedo, de las inmóviles figuras de mármol que tendidas reposaban encima de sus anchas sepulturas.

DON RODRIGO

¿Qué monasterio era ese?

DOÑA AURORA

Era un convento de monjas.

DON RODRIGO

¿Qué país?

DOÑA AURORA

No lo he sabido nunca.

DON RODRIGO

¿Jamás Gabriel os ha contado lo que hacíais allí? ¿Quién conducido os había a aquel claustro?

DOÑA AURORA

No ha querido decírmelo jamás; sé que aposento tenía allí mi madre, y que he pasado los tres primeros años de mi vida allí.

DON RODRIGO

¿Con ella?

DOÑA AURORA

Sí.

DON RODRIGO

¿De vuestra madre, os ha hablado Gabriel?

DOÑA AURORA

Mil y mil veces.

DON RODRIGO

¿La recuerda a menudo?

DOÑA AURORA

No la olvida jamás, y sé que en sus nocturnas preces la reza como a mártir.

DON RODRIGO

¿Sabéis de ella la historia, el nombre, la familia?

DOÑA AURORA

Nada. Sé que fue un día festejada y bella, y luego escarnecida y ultrajada. Sé que el relato de su triste historia es una horrible e infernal leyenda que conserva Gabriel en su memoria, de expiación y de venganza prenda.

DON RODRIGO

¿Y qué es lo que sabéis de este relato vos?

DOÑA AURORA

Yo, nada tal vez, y acaso todo; porque sus hechos sé, mas nunca supe ni las personas, ni el lugar, ni el modo.

DON RODRIGO

Pero en fin, ¿qué sabéis de vuestra madre?

DOÑA AURORA

Sé que era noble dama; que vivía en la corte de un rey a quien la unía una amistad profunda y verdadera; que era para aquel rey casi una hermana, pues juntos cuando niños se criaron, y fraternal amor constantemente uno a otro los dos se conservaron. Sé que era cuanto rica, generosa; y que el encanto de las gentes era por su virtud y ciencia prodigiosa; que el vulgo la quería, la corte la admiraba y con ella secretos no tenía el rey, que como hermana la trataba.

DON RODRIGO

¿Mas ese rey?...

DOÑA AURORA

Murió.

DON RODRIGO

¿Cómo?

DOÑA AURORA

En la guerra, y concluyó con él su dinastía, y otro rey vino a gobernar su tierra, y a otras manos pasó su monarquía.

DON RODRIGO

¿Y vuestra madre entonces?...

DOÑA AURORA

Fue mirada como enemiga del monarca nuevo, y al fin de algunos meses acusada de traición; por diabólica su ciencia tomaron, y la dieron por culpada, diciendo que hizo creer que el rey vivía no sé a quién, a favor de un sortilegio, mostrando a sus conjuros evocada la aparición de su fantasma regio.

DON RODRIGO

¿Y después?

DOÑA AURORA

¡Oh! Después..., eso es lo horrible de la historia, señor. Se apoderaron de ella, de su palacio, de su hacienda, los vendieron, sus armas infamaron, y ocupó un extranjero su vivienda, y su nombre y su raza se olvidaron.

DON RODRIGO

¿Y ella?

DOÑA AURORA

Como las hojas del otoño despareció de encima de la tierra, y en ella más los hombres no pensaron solo pensando en libertad y guerra.

DON RODRIGO

¿Pero vos?

DOÑA AURORA

No lo sé... Sé que mi madre pobre, triste, ofendida y no vengada, en aquel solitario monasterio tejía su existencia desdichada, y yo existía ya, bajo el misterio de aquellas santas bóvedas velada.

DON RODRIGO

¿Y luego?

DOÑA AURORA

No sé más.

DON RODRIGO

¿Gabriel no os dijo nada de vuestro padre?

DOÑA AURORA

Le tenía siempre por padre a él, y él me quería más que el padre mejor quiere a su hijo.

DON RODRIGO

¿Pero cómo supisteis?...

DOÑA AURORA

En su sueño sorprendí su secreto: y como me era necesario su amor de una manera u otra, el amor filial hallé pequeño, y del amor de la mujer y el niño formé para Gabriel solo un cariño.

DON RODRIGO

¿Pero al saber que vuestro padre no era, no preguntasteis vos?

DOÑA AURORA

Quién era el mío.

DON RODRIGO

¿Y qué dijo Gabriel?

DOÑA AURORA

Que él lo sabía: mas que de él a acordarme no volviera, porque mi amor filial no merecía.

DON RODRIGO

Siempre merece un padre...

DOÑA AURORA

No lo ha sido jamás el mío para mí.

DON RODRIGO

¡Aurora!

DOÑA AURORA

¿Creéis que una razón me fue bastante para echar su memoria en el olvido? ¡Insistí, porfié, lloré y ahora sé que nunca mi amor ha merecido! Sé que me echó a la vida despojada de su nombre, y sin pan y sin abrigo. Sé que dejó a mi madre deshonrada en medio de la tierra abandonada para llorar y perecer conmigo.

DON RODRIGO

¿Y creéis a Gabriel?

DOÑA AURORA

¿Que si le creo? Es la verdad del cielo descendida; su palabra es mi fe, y en esta vida por su fe juzgo, por sus ojos veo.

DON RODRIGO

¿Nunca os dijo Gabriel nada en abono de vuestro padre?

DOÑA AURORA

Nada; y si lo hubiera, yo sé bien que Gabriel me lo dijera.

DON RODRIGO

¿Es decir?...

DOÑA AURORA

Que es mi padre y le perdono, como amor exigir de mí no quiera. Mi madre, que al dolor ha sucumbido, de Dios le aguarda ante el excelso trono. Yo, a quien solo dio el ser, nada le pido; pero como él nos olvidó, le olvido, como él me abandonó, yo le abandono.

DON RODRIGO

¿Vive, pues?

DOÑA AURORA

No lo sé.

DON RODRIGO

¿Mas si viviera?

DOÑA AURORA

Como él no me buscó, no le buscara.

DON RODRIGO

¿Y si una vez en la vital carrera con él os encontrarais?

DOÑA AURORA

Le mirara sin ira, mas la espalda le volviera.

DON RODRIGO

¿Y si al veros partir él os llamara?

DOÑA AURORA

De su paterna voz no hiciera caso.

DON RODRIGO

¿Y si llorando el mísero os siguiera?

DOÑA AURORA

Apresurara, sin volverme, el paso.

DON RODRIGO

Pero, ¿y si os alcanzara y os asiera de los vestidos él?

DOÑA AURORA

Los rasgaría dejándole en la mano los pedazos.

DON RODRIGO

¿Y si os tendiera sus paternos brazos?

DOÑA AURORA

Su abrazo paternal rechazaría.

DON RODRIGO

¿Por qué?

DOÑA AURORA

Porque mi padre todavía no ha ido a orar sobre la tumba oscura de mi madre, y Gabriel me dijo un día que al querer abrazarnos se abriría entre mi padre y yo su sepultura.

DON RODRIGO

¡Fatal superstición!

DOÑA AURORA

Tal es la mía.

DON RODRIGO

Tal es la ira de Dios. Es un misterio impenetrable. Satanás me ciega sin duda, y nunca a comprenderle llega mi corazón ansioso.

DOÑA AURORA

He respondido a cuanto preguntarme habéis querido. Señor, a vos os toca.

DON RODRIGO

¡Sí, a fe mía! Vais a ver a Gabriel. (¡Oh!, sí; yo quiero apurar este cáliz de agonía.) (_Abre la puerta que da al encierro de Gabriel, mientras Aurora dice_):

DOÑA AURORA

Libres al fin... Para Gabriel ahora libre será mi corazón entero.

ESCENA VIII

DOÑA AURORA, DON RODRIGO y GABRIEL

DON RODRIGO

(_A Gabriel_). Espinosa.

GABRIEL

Heme aquí.

DOÑA AURORA

(_Viendo a Gabriel_). ¡Gabriel!

GABRIEL

(_Abrazándola_). ¡Aurora! ¡Infeliz! ¿Quién aquí te ha conducido?

DOÑA AURORA

La libertad, Gabriel, libres estamos, y cual juntos aquí nos han traído, juntos espero que de aquí partamos.

GABRIEL

(_Pidiendo explicación de estas palabras de doña Aurora_). ¡Santillana!

DON RODRIGO

(_Dándole la orden de libertad_). Leed.

DOÑA AURORA

¿Ves?

GABRIEL

(Lo comprendo todo. La agitación de don Rodrigo, de mi Aurora infeliz la fe tranquila... ¡He aquí el instante para mí tremendo! La hora del martirio y del castigo. Señor, Señor..., mi espíritu vacila; sostenedme hasta al fin... ¡sed vos conmigo!)

DOÑA AURORA

¿Qué te agita, Gabriel?... Tu faz sombría, tu palidez...

GABRIEL

Un poco conmovido estoy; y es natural, Aurora mía. Y también vos estáis descolorido, Santillana...

DON RODRIGO

Espinosa, concluyamos. Yo os llamé...

GABRIEL

No os canséis: el por qué entiendo. ¿A solas con Aurora habéis hablado?

DON RODRIGO

La historia de su madre me ha contado.

GABRIEL

Solo para que a vos os la contara se la he contado yo.

DON RODRIGO

Toda pretendo saberla, pues.

GABRIEL

¡Curiosidad avara!

DON RODRIGO

Pero que vos satisfaréis.

GABRIEL

Sin duda; mas puédeos ser satisfacción muy cara; porque os advierto, juez, que he observado que mis satisfacciones y respuestas, por más que yo riendo os las he dado, han sido siempre para vos funestas.

DON RODRIGO

Hablad..., hablad.

GABRIEL

¡Si os empeñáis en eso! Mas después de tres meses de proceso no sé cómo no estáis escarmentado de interrogarme ya.

DON RODRIGO

¡Siempre lo mismo! Acabemos, Gabriel.

GABRIEL

Sí, concluyamos; hora es de penetrar en este abismo.

DON RODRIGO

Descender quiero a él.

GABRIEL

Y yo os prometo que lo haréis: el momento es oportuno.

DON RODRIGO

Decid, pues.

GABRIEL

Esperad, que este secreto os pertenece a tres y falta uno. Llamad al capitán, que con vos debe penetrarle también.

DON RODRIGO

(_Llama y sale un alguacil_). ¡Hola! Don César.

DOÑA AURORA

¿Qué tienes, Gabriel mío? En tu semblante, en tus palabras y ademanes noto siniestra agitación.

GABRIEL

Aurora mía, tu corazón amante por mí no tenga la inquietud más leve; a mis pesares Dios hoy pondrá coto, y ambos tendremos libertad en breve. ¿Tú no te olvidarás desde este día de tu Gabriel?

DOÑA AURORA

Jamás. ¿Eso preguntas? Juntas caminarán nuestras dos vidas, nuestras almas a Dios subirán juntas.

GABRIEL

Sí, ni la muerte las podrá un instante mantener una de otra divididas.

DOÑA AURORA

¡Dios! ¿A qué mientas la muerte ahora?

DON RODRIGO

Ya está aquí el capitán.

GABRIEL

Silencio, Aurora.

ESCENA IX

DOÑA AURORA, DON RODRIGO, GABRIEL y DON CÉSAR

GABRIEL

¡Hola! Sed, capitán, muy bien venido. Voy muy pronto a emprender un largo viaje y un encargo dejaros he querido...

DON CÉSAR

¡Un viaje!

GABRIEL

Sí, estoy libre; me parece que el portador de la orden habéis sido.

DON CÉSAR

(¡Ay de mí! La infeliz aún nada sabe).

GABRIEL

Decidme, capitán, ¿me habéis traído un pliego de Madrid?

DON CÉSAR

Tomadle.

GABRIEL

Bueno; guardadle por ahora. En esa carta de un gran misterio encontraréis la llave. (_A don Rodrigo_). Vos sois algo curioso, y no me fío de vos: sois padre y juez; os la confío, capitán, solo a vos. Cuando yo parta, dádsela a vuestro padre y que la lea. ¿Me entendéis? Cuando parta: que no sea ni un solo minuto antes.

DON CÉSAR

Os lo juro.

GABRIEL

Vuestra palabra sola es buen seguro. Además, por si acaso no volvemos a vernos, pues yo parto con Aurora del mundo terrenal a otros extremos, quiero un regalo haceros, en memoria de nuestro buen encuentro en esta vida, que os será complemento de mi historia y prenda de amistad y despedida. (_Gabriel saca del pecho un relicario que lleva al cuello con una cadena_).

DON RODRIGO

(Esa calma satánica me aterra).

DOÑA AURORA

(Tiemblo no sé por qué).

DON CÉSAR

(No es ser humano quien así se despide de la tierra).

GABRIEL

Tomad. Es, capitán, un amuleto sagrado; don del Papa. Un relicario que un _lignum crucis_ venerando encierra y guarda como el pliego otro secreto. Con el respeto mismo que a un sagrario contempladlo, y lo mismo que la carta se lo daréis al juez... cuando yo parta. (_A don Rodrigo_). Abridlo solo vos: es mi conciencia, y Dios solo con vos sondarla debe; en ella echad una ojeada breve y reconoceréis la omnipotencia. ¡Mas si un soplo hay en vos de fe cristiana, esperad a que muera, Santillana! ¡Ea! Ya que se acerca mi partida, escuchad, señor juez, el cuento extraño que queríais saber, y por mi vida que oiréis una historia divertida.

DON RODRIGO

(Yo tiemblo).

GABRIEL

Oídme, pues. La escena pasa no importa el día, la estación ni el año, de noche, en Setubal, y en una casa.

DON RODRIGO

(¡Cielos!).

GABRIEL

Temblando estáis si no me engaño, Santillana.

DON RODRIGO

Seguid.

GABRIEL

En hora buena. En una alcoba cómoda, alumbrada por una lamparilla perfumada con asiático aroma, bien ajena el alma de inquietud y bien guardado por leales domésticos, el dueño de aquella rica estancia descuidado yacía en brazos de agradable sueño. Era un hombre harto noble y poderoso para que no tuviera por asilo muy seguro su casa, y al reposo se entregaba en su cámara tranquilo. Una noche creyó sobresaltado, a pesar de lo doble de la alfombra, pasos del lecho percibir al lado. Abrió los ojos y miró espantado trazarse en la pared movible sombra: volvió la faz, y con la faz de seda se tropezó de un hombre enmascarado. ¡Frío quedó como el cadáver queda! «Levantaos», le dijo con acento imperioso el incógnito; y vistiose la bata que él le daba. «A ese aposento salid». Obedeció y enfrente hallose de dos hombres plantados a la puerta, una dama como ellos encubierta y un sacerdote pálido, y tenaces sintió pesar sobre su frente yerta las miradas ardientes y voraces lanzadas a su frente descubierta a través de los negros antifaces. Entonces de estos hombres el primero, de la sombría dama el velo alzando, «¿La conocéis?», le dijo, y él, temblando, «Sí», respondió. «Pues bien, sed caballero», repuso el disfrazado; y avanzando el grave sacerdote se dispuso a unirle con la dama en matrimonio, mientras el de la máscara se puso a escribir en silencio el testimonio. El despertado resistirse quiso; pero su daga el disfrazado al pecho le presentó y ceder le fue preciso; firmó, y el matrimonio quedó hecho. Partió la dama y los demás con ella. Mas quedose el primer enmascarado, y dijo gravemente al despertado: «Tenéis una mujer ilustre y bella, gracias a mí y a vuestra buena estrella, que os hizo viudo para ser casado; le quitasteis la honra, y habéis dado nombre a sus hijos; mas seguid su huella y morís, ¡os lo juro!, asesinado». Dijo así el de la máscara, y partiose con los demás; y de la casa el dueño enmedio de la cámara quedose dudando si era realidad o sueño.

DON RODRIGO

Tremenda realidad.

GABRIEL

(_Apartándole a un lado_). Sí, don Rodrigo; la dama, doña Inés; vos, el casado.

DON RODRIGO

¿Y vos, señor?

GABRIEL

El hombre enmascarado.

DON RODRIGO

Tal vez Dios permitió...

GABRIEL

Lo habéis soñado.

DON RODRIGO

¿Y si el sueño es verdad?

GABRIEL

Silencio, digo. Que ellos no os oigan, que la faz no os vean; sueño o verdad, que sepultados sean con vos el sueño, la verdad conmigo.

DON RODRIGO

Pero mi alma concibe en este punto que ese arcano fatal guardar podría una verdad.

GABRIEL

Os dije que era asunto concluido. Escuchadme: si yo fuera el rey don Sebastián, morir debía por la quietud del reino, y mi alma entera ser mártir a ser rey preferiría. Si soy un impostor, y perjudico con mi existencia la quietud de España, debo morir también; debo una hazaña de mi impostura hacer, y sacrifico mi vida a sostener esta patraña que mi historia desde hoy hará famosa. ¿Me comprendéis?

DON RODRIGO

Señor, yo no me atrevo, dudando...

GABRIEL

Ahogad la duda: morir debo, si no por Sebastián, por Espinosa; y deben sepultarse, don Rodrigo, con vos el sueño, la verdad conmigo. No lo olvidéis.

(_Vuelven al centro de la escena_).

DOÑA AURORA

¿No sigues tu leyenda, Gabriel? No está acabada.

GABRIEL

No por cierto; para leer su conclusión horrenda de vuestros ojos quitará una venda el juez cuando haya el relicario abierto.

ESCENA X

GABRIEL, DOÑA AURORA, DON RODRIGO, DON CÉSAR, el DOCTOR N. y ALGUACILES. A la parte exterior de la puerta, soldados. Después, el Verdugo

ALGUACIL

Las seis.

GABRIEL

Partamos, pues.

DOÑA AURORA

¡Virgen María! Gabriel, ¿qué es esto?

GABRIEL

Mi destino, Aurora.

DOÑA AURORA

¡Tu destino!... ¡Mi mente se extravía!

ALGUACIL

(_Anunciando_). El verdugo del rey. (_Se presenta el Verdugo con el dogal en la mano_).

DOÑA AURORA

¡Dios mío! ¡Ahora lo comprendo!... ¡Ay de mí!... (_Se desmaya en los brazos de don César, que la coloca en el sillón_).

DON CÉSAR

¡Mísera!

GABRIEL

El día concluye. Vamos, pues me faltaría valor para dejarla si volviera en sí. Pronto, marchemos.

DOCTOR

(_A Gabriel, poniéndose a su lado_). Vos, conmigo.

GABRIEL

Es inútil.

DOCTOR

Mirad.

GABRIEL

Todo es en vano.

DOCTOR

¿Sin confesión iréis?

GABRIEL

Ha que os lo digo cuatro semanas ya.

DOCTOR

¿No sois cristiano?

GABRIEL

Porque lo soy, si a confesarme accedo, os tendré que decir lo que no puedo. Velad por ella, capitán; se encierra en ella sola cuanto amé en la tierra.

DON RODRIGO

Señor...

GABRIEL

No os fatiguéis; empresa es vana. Llegó, rey o impostor, mi último día y moriré cual debo, Santillana. Si impostor, con impávida osadía, y si rey, con fiereza soberana.

(_Vase, y todos tras él_).

ESCENA ÚLTIMA

DON RODRIGO, DOÑA AURORA y DON CÉSAR

DON RODRIGO

A concebir mi mente no se atreve de la verdad el espantoso arcano. Por ser y por no ser perecer debe, sí; pero no mi desdichada mano a ciegas al patíbulo le lleve. César, dame esa joya.

DON CÉSAR

Cuando muera.

DON RODRIGO

Sepamos antes la verdad entera, César.

DON CÉSAR

Padre, excusad vana porfía; con su secreto perecer quería y he de cumplir su voluntad postrera.

DON RODRIGO

¡César!

DON CÉSAR

Se lo juré.

DOÑA AURORA

(_Volviendo en sí_). ¡Ay! ¿Quién hablaba aquí? ¿Sois vos, don César? ¡Qué terrible pesadilla!

DON CÉSAR

(_Aparte_). (¡Infeliz!).

DOÑA AURORA

Sí, yo soñaba sin duda... ¡Eran quimeras! Mas ¡qué horrible sospecha! Ese silencio..., esa tristeza... ¿Qué sucede? ¡Ay de mí! Los pensamientos no acierto a combinar en mi cabeza. ¿Y Gabriel? Aquí estaba unos momentos hace. ¿Y Gabriel? Decid: ¿dónde está ahora? ¿Dónde está? Yo he soñado que venían por él. Mas ¡qué rumor!...

(_Ruido de voces dentro; doña Aurora se abalanza a la ventana, que abre, a pesar de don César que intenta impedírselo_).

DON CÉSAR

Tened, Aurora; tened, no os asoméis.

DOÑA AURORA

¡Ah! Me querían engañar. (_Se asoma_). Allí va. Luces, soldados, gente... ¡Ay! Yo veo, pero no concibo lo que veo... Me envuelve el pensamiento una niebla, un vapor calenturiento, y no sé comprender lo que percibo. Allí va. ¿Pero dónde se lo llevan sin mí? Se paran... ¡El afán me ahoga! ¿Qué palos son aquellos que se elevan allí? ¿Quién es aquel que con él sube? ¿Qué le ponen al cuello?... Es una soga. ¡Dios mío! Rasga la sangrienta nube que me ofusca la mente... Un sacerdote. ¡Ah! Le van a matar... ¡Desventurados, deteneos!... ¡Gabriel!... ¡Y yo, insensata, que lo miraba estúpida! Malvados, tened... Las manos sin oírme le ata. (_Volviéndose de repente a don Rodrigo_). Pero vos, ¡miserable!, que sois hombre, venid..., gritad..., gritad..., alma cobarde, conmigo... ¡Deteneos! Santillana, gritad, a mí no me oyen, ¡en el nombre de Dios! Gritad..., le quitan la escalera... Gritad.

DON RODRIGO

Sí, que se salve aunque yo muera. (_Se acerca a la ventana y grita_). ¡En el nombre del rey!...

DOÑA AURORA

¡Ay, es ya tarde! (_Cayendo de rodillas junto a la ventana_).

DON CÉSAR

(_Dando el relicario a don Rodrigo_). ¡Tomad: sepamos la verdad postrera!

(_Don Rodrigo toma y abre con ansia el pliego y el relicario que le da don César. El relicario contiene un papel y un retrato envuelto: el pliego varios papeles. Lo primero que lee don Rodrigo es el papel del relicario: después registra con ansia los papeles del pliego, y después desenvuelve el retrato; todo con la mayor agitación y ansiedad. Doña Aurora permanece unos momentos de rodillas y se acerca después al grupo que forman don Rodrigo y don César_).

DON RODRIGO

(_Leyendo_). «En nombre de Dios. Quienquier que fueres, juez, sacerdote o asesino, pena de excomunión después que lo leyeres, arroja al fuego este papel. El muerto ha sido el rey don Sebastián».

DOÑA AURORA

¡A buena hora lo ves, imbécil asesino!

DON RODRIGO

(_Registrando el pliego_). Mi firma. Una escritura..., mi contrato de boda... (_Desenvuelve el retrato_). Y esta, doña Inés Aldino.

DOÑA AURORA

(_Quitándoselo_). ¡Mientes! Es de mi madre ese retrato.

DON RODRIGO

(_Tendiéndole los brazos_). ¡Hija mía!

DOÑA AURORA

(_Rechazándole_). ¿Tu hija?... Eso tan solo me faltaba. ¡Hija tuya! Alucinarme quieres con ese nombre; mas el dolo miserable comprendo. No lo intentes. Tú no has podido la existencia darme. Mientes, viejo feroz; dime que mientes. Tú para que su muerte te perdone me llamas hija tuya; mas te engañas. Nada hay en mí que tu maldad abone; para ti solo hay odio en mis entrañas.

DON RODRIGO

(_De rodillas_). ¡Hija mía!

DOÑA AURORA

¡Otra vez! No me lo digas, no me lo expliques; comprender no quiero que el ser infame que en tu seno abrigas me pudo dar el ser. Muerta primero.

DON RODRIGO

(_Asiéndola del vestido_). ¡Calla, hija mía!

DOÑA AURORA

Suelta, no me sigas.

DON RODRIGO

¡Huyes de mí!

DOÑA AURORA

Por siempre.

DON RODRIGO

¿Me abandonas?

DOÑA AURORA

Como a mi madre tú.

DON RODRIGO

¿Nada en mi abono te dice el corazón? Que me perdonas dime.

DOÑA AURORA

Mi madre, contra ti, ante el trono de Dios, venganza pide.

DON RODRIGO

¡Horrendo encono!

DOÑA AURORA

Si eres mi padre tú, ¿por qué te extrañas del infernal rencor que arde en mis venas? La que tiene tu sangre en sus entrañas, solo puede tener sangre de hienas. Suéltame, pues, de tu sangrienta mano. Mi padre era Gabriel, y su asesino y el de mi madre, tú.

DON RODRIGO

Pero el destino te une hoy a mí.

DOÑA AURORA