Part 4
Conque decid, ¿es verdad que en África el rey murió? Que allá estuvisteis sé yo con toda seguridad. Hablad, marqués de Tavira, vuestra nobleza es notoria. No echéis en su ejecutoria el borrón de una mentira.
MARQUÉS
Inexperto capitán, de mi edad en el vigor esclavo fue mi valor de mi rey don Sebastián. Juntos un mismo bajel a tierras del africano nos llevó; como un hermano al combate fui con él. Un mar de sangre corrió. Pero al partirse la suerte solo el baldón y la muerte a nosotros nos tocó.
GABRIEL
(No sé por qué la memoria de este lance me enternece y me irrita; no parece sino que cuentan mi historia).
MARQUÉS
El rey, que escudo y celada tiró para más grandeza de valor, en la cabeza recibió una cuchillada tal, que la frente serena le rajó hasta la nariz.
DON RODRIGO
(_A Gabriel_). ¡No es mala esa cicatriz!
GABRIEL
La cuchillada fue buena.
DON RODRIGO
(_Al marqués_). Seguid.
MARQUÉS
El rey, nuevo Marte de tan sangrienta jornada, continuó, rota la espada defendiendo su estandarte, hasta que el filo fatal de un yatagán africano, segó de su izquierda mano dos dedos.
DON RODRIGO
(_A Gabriel_). Si no oí mal, me habéis dicho...
GABRIEL
(_Con calma y sin volverse_). Que perdí dos dedos en un combate naval.
DON RODRIGO
Marqués, el remate de la batalla.
MARQUÉS
Caí bajo un hachazo a los pies de mi rey..., y no viví más; perdí el sentido.
DON RODRIGO
Quizás al recobrarlo después...
MARQUÉS
Ya no le hallé; con la luna tomé del mar el camino, maltratado peregrino, caballero sin fortuna, llevando en el corazón el recuerdo de una hazaña que será, no para España, para su rey, un baldón.
DON RODRIGO
¡Señor marqués de Tavira! Esa frase infamatoria...
MARQUÉS
No tendrá mi ejecutoria el borrón de una mentira.
DON RODRIGO
Conque, en fin, ¿el rey murió?
MARQUÉS
No lo sé, ¡por vida mía! Si lo supiera os diría, señor alcalde, que no.
DON RODRIGO
(_Al Marqués, llevándole aparte_). ¿Buena memoria tenéis?
MARQUÉS
Buena.
DON RODRIGO
¿Y vista?
MARQUÉS
Perspicaz.
DON RODRIGO
Si vive y le veis, ¿capaz de conocerle seréis?
MARQUÉS
¡Si vive habéis dicho!
DON RODRIGO
Sí.
MARQUÉS
¿Tenéis, pues, noticias de él?
DON RODRIGO
¿Recibisteis un papel anónimo?
MARQUÉS
Recibí uno ayer.
DON RODRIGO
¿Y qué os decía?
MARQUÉS
Las señas de un personaje me daban, que iba de viaje y aquí a hospedarse vendría. Mandábanme a un comerciante que me daría dinero para pagar del viajero el gasto, y que en el instante fuera a cobrarlo y corriera con el pago, y tras el tal viajero hacia Portugal la vuelta sin falta diera.
DON RODRIGO
¿Y cobrasteis?
MARQUÉS
Sí cobré.
DON RODRIGO
¿Y pagasteis?
MARQUÉS
¿Pues cobrado por mí, no fuera pagado?
DON RODRIGO
Perdonad; ¿e iréis?
MARQUÉS
Iré.
DON RODRIGO
¿Luego sabéis de quién es el anónimo?
MARQUÉS
Aunque no lo sé, jamás me engañó en uno.
DON RODRIGO
¿Os ha escrito, pues, otros?
MARQUÉS
Varios.
DON RODRIGO
Sobre asuntos...
MARQUÉS
Secretos.
DON RODRIGO
Mas ¿ciertos?
MARQUÉS
Sí. Siempre que salieron vi ciertos en todos sus puntos.
GABRIEL
(_Aparte_). (¡Con famosos servidores cuenta el rey don Sebastián! ¡Pobres reyes! ¡Siempre dan con tontos o con traidores!).
MARQUÉS
Si he concluido, no es cosa de estarme aquí sin provecho.
DON RODRIGO
Perdonadme que aún insista; mas ya que memoria y vista tenéis, de ese hombre en acecho estad, y del rey en nombre os mando decir, marqués, si le conocéis, quién es.
GABRIEL
(_Aparte_). (Santillana es todo un hombre).
MARQUÉS
(_Aparte_). (¿Qué diablos de juego es este? ¡Posición más engorrosa!).
DON RODRIGO
(_A Gabriel_). Señor Gabriel Espinosa, permitid que os manifieste que habéis descortés andado con el marqués de Tavira, que está mirándoos con ira.
GABRIEL
¿Se lo habéis vos ordenado?
DON RODRIGO
Ved que son los portugueses quisquillosos; despedidle al menos; vamos, decidle cuatro palabras corteses.
GABRIEL
Voy, pues que vos lo queréis.
DON RODRIGO
(Yo apuraré la mentira).
GABRIEL
¿Señor marqués de Tavira?
MARQUÉS
¡Jesucristo!
GABRIEL
¿Qué tenéis?
MARQUÉS
¡Señor!... ¿Sois vos?... ¿Aún vivís?
GABRIEL
¡Si vivo! ¿Pues no lo veis? ¡Pero qué diablos decís!
MARQUÉS
¡Ese gesto, ese ademán, esa voz, ese semblante que no olvidé ni un instante! (_Cae de rodillas_). Es el rey don Sebastián.
GABRIEL
¡Imbécil! A ser de cierto don Sebastián, ¿no reparas que antes que me delataras a mis pies te hubiera muerto?
MARQUÉS
¡Jesús!
GABRIEL
Señor Santillana, ¿que sé, daréis por supuesto, que sois vos quien me ha dispuesto una farsa tan villana?
DON RODRIGO
¡Yo! ¡Farsa!... ¿Y con qué interés?
GABRIEL
Salta a los ojos: es fuerza que ya la opinión se tuerza del buen pueblo portugués. Interesa a un impostor ahorcar porque más en él no espere, y soy yo, Gabriel, el que os parece mejor. Ya veis que os he comprendido. Vos y ese hombre los traidores sois aquí y los impostores; con él estáis convenido.
DON RODRIGO
¡Yo!
GABRIEL
Traedme otro marqués como ese; aunque sean doce. Ni ese sandio me conoce, ni es noble ni portugués.
(_Gabriel se mete desenfadadamente en su cuarto, dejando estupefactos al marqués y a don Rodrigo_).
ESCENA VIII
DON RODRIGO y el MARQUÉS DE TAVIRA
DON RODRIGO
Ese hombre me va a volver el juicio a mí. ¡Por mi vida que está buena la salida! No me queda más que ver. Mas me pone en confusión su aplomo, su majestad y su audacia... ¿Habrá verdad en esta resurrección?
MARQUÉS
Sandio dijo..., sandio soy, mas contenerme no pude.
DON RODRIGO
¿Es él?
MARQUÉS
No habrá quien lo dude.
DON RODRIGO
¿Estáis seguro?
MARQUÉS
Lo estoy.
DON RODRIGO
¿Engañado no os habrán vuestro error y su apariencia?
MARQUÉS
No.
DON RODRIGO
¿Jurárais en conciencia?
MARQUÉS
Que es el rey don Sebastián.
DON RODRIGO
(_Llamando_). El capitán Santillana.
ESCENA IX
DON RODRIGO, el MARQUÉS y DON CÉSAR
DON RODRIGO
Ruégoos que me perdonéis, señor marqués, mas me obliga mi deber a hacer que el viaje suspendáis.
MARQUÉS
(Ya no podría continuarlo: ya le he visto y a verle nada más iba).
DON RODRIGO
(_Aparte a don César_). Escucha, César.
DON CÉSAR
Decid.
DON RODRIGO
Antes de que apunte el día deben de partir los presos.
DON CÉSAR
¿Adónde van?
DON RODRIGO
A Medina del Campo.
DON CÉSAR
¿Pues qué razones hay?
DON RODRIGO
Dos: aquí la atrevida audacia de algunos pocos que mucho a Gabriel estiman, pudiera hacer un arresto y burlar a la justicia.
DON CÉSAR
¿Sabéis, pues?...
DON RODRIGO
Yo no sé nada. La situación se complica de tal modo, que no hay ciencia ni sagacidad que sirvan para dominarla. Doña Ana de Austria, sobrina del rey y abadesa ahora de las monjas agustinas de Madrigal, y otras muchas personas como ellas dignas de respeto, es menester que declaren. En la villa de Madrigal peligroso fuera instalarme; en Medina hay cárcel segura, estoy casi a la distancia misma de aquí que de Madrigal, y hay algunas compañías de arcabuceros.
DON CÉSAR
¿Pues tantas precauciones son precisas?
DON RODRIGO
Todas son pocas tratándose de una cabeza proscrita, que puede hacer la desgracia de toda una monarquía. Tú le escoltarás, y luego partirás a toda prisa a la corte, para el rey con una consulta mía. Voy a mandar las literas traer, y estar prevenida la escolta que has de llevar. César, la más exquisita vigilancia ten: con ellos vas guardando nuestras vidas. Adiós. Seguidme si os place, señor marqués de Tavira.
ESCENA X
DON CÉSAR; después DOÑA AURORA
(_Don César aguarda a que se vayan don Rodrigo y el marqués, escucha un momento a la puerta del fondo y va a abrir la primera de la izquierda, donde está el cuarto de doña Aurora, llamándola con precaución_).
DON CÉSAR
¿Aurora?... ¿Aurora?... Cerráronla en la cámara vecina, sin duda porque no oyera lo que en esta sucedía. (_Entra y vuelve a salir con doña Aurora_). Venid, Aurora.
DOÑA AURORA
¿Qué pasa, capitán, que así os obliga a llamar? (_Don César cierra la puerta del fondo_). ¿A qué cerráis las puertas con tanta prisa?
DON CÉSAR
¡Aurora, Aurora! Esta casa es ya una cárcel sombría para vosotros.
DOÑA AURORA
¡Dios mío! ¿Qué decís?
DON CÉSAR
De la justicia en poder estáis. Gabriel con pertinacia inaudita se obstina en callar, e inútil todo es con él. Ni le obligan las ofertas, ni le mueven los ruegos, ni le dominan las amenazas. Impávido hacia el abismo camina con el semblante sereno y en los labios la sonrisa, cual si pudiera de un soplo disipar la enfurecida tempestad en que sin rumbo va la nave de su vida.
DOÑA AURORA
Capitán, es inflexible; sus acciones son siempre hijas de una decisión resuelta y de una convicción íntima, y no cede.
DON CÉSAR
Pues os lleva esa condición altiva hoy, antes que raye el alba, a la cárcel de Medina bajo mi custodia.
DOÑA AURORA
¿Entonces?
DON CÉSAR
Ya os he dicho que no había ley ni deber que valiera para mí lo que una mínima insinuación vuestra. Habladle vos, que sois su amor, su hija; habladle y decidle: «Huyamos; don César nos facilita la fuga, huyamos...», y huid, Aurora. Y ya que mi vida, por un tenebroso arcano que vuestro padre no explica, está, ¡ay de mí!, para siempre de la vuestra dividida, huid, y al menos debédmela aunque pierda yo la mía. Huid. Nada hay que me espante: seré traidor, si es precisa la traición para salvaros.
DOÑA AURORA
Dios hará que tal mancilla sobre vuestro honor no caiga. (_Mira por el hueco de la cerradura del cuarto de Gabriel_). Él va a salir... ¡Que me asista rogad al cielo!... Y dejadme con él. (_Vase don César, cerrando la puerta_). Trae embebida su alma en los pensamientos de hiel que le martirizan.
(_Sale Gabriel sombrío, los brazos cruzados, sin ver a Aurora, que se ha retirado a un lado, y habla consigo mismo_).
ESCENA XI
DOÑA AURORA y GABRIEL
GABRIEL
A él solo, sí, desenredar le toca la peligrosa red que se me tiende; solo el rey puede descoser mi boca; él solo; si me salva o si me vende, él con Dios se verá: no es cuenta mía. Yo acepto mi fortuna, tal cual sea la que el cielo me dé; mas vendrá un día en que todo mortal con Dios se vea, y en aquel día en que de Dios espero temblar ante el semblante soberano, yo, de cetro en lugar, tener prefiero una palma de mártir en la mano.
DOÑA AURORA
¿Ni una mirada para mí?
GABRIEL
Mi Aurora, único sol que en mi sombría frente disipa con la luz de una sonrisa las nubes del pesar que la ennegrecen, perdóname si en reflexiones tristes abismado ante ti pasé sin verte. Mas, ¿por qué el llanto tu mirada enturbia? ¿Por qué la agitación que te conmueve? ¿Qué te asusta, mi bien?
DOÑA AURORA
Riesgos traidores te acechan por doquier, tal vez la muerte. ¿Y te admira, señor, de que mi llanto copioso y triste mis mejillas riegue?
GABRIEL
Te engañas.
DOÑA AURORA
Tú, la misteriosa nube que impenetrable tu existencia envuelve, es fuerza que hoy ante la ley se rasgue de un juez, terror de cuantos nobles seres asilo hallaron, nacimiento o nombre de Tajo y Miño en las riberas fértiles.
GABRIEL
¿Quién te lo ha dicho?
DOÑA AURORA
Yo lo sé.
GABRIEL
Pregunto quién te lo ha dicho.
DOÑA AURORA
El capitán, que tiene más de leal, de noble y generoso que tú de franco con quien más te quiere.
GABRIEL
¡Aurora!
DOÑA AURORA
No receles que mis labios dejen salir palabras imprudentes, que a impulso de un amor desatinado compliquen más la situación presente.
GABRIEL
¿De don César, al fin, desventurada, al fuego dio tu corazón albergue?
DOÑA AURORA
El corazón entero es de otro hombre y me son los demás indiferentes. Ni te hablara yo de él en esta hora, que habrá de ser para los dos solemne. Yo quiero al capitán porque tú mismo me viniste a decir: «Aurora, quiérele»; mas yo le quiero porque tú lo mandas, porque quiero no más lo que tú quieres.
GABRIEL
Quiérele, Aurora, porque ya es acaso el solo amigo que tu padre tiene.
DOÑA AURORA
¡Mi padre, sí, mi cariñoso padre!... ¿No es este el nombre que emplear conviene en esta situación?
GABRIEL
Silencio, Aurora; que es el encanto de mi vida advierte ese nombre feliz.
DOÑA AURORA
Pero ese nombre, dímelo de una vez, ¿te pertenece?
GABRIEL
¿Quién te lo hizo dudar? ¿Quién te lo dijo?
DOÑA AURORA
La que a tu lado y con placer mil veces y acaso en busca de la paz perdida veló tu sueño y sorprendió inocente tu secreto.
GABRIEL
¡Gran Dios! ¿y nada dije de mi vida anterior? ¿De otros placeres, de otros tiempos, en fin?
DOÑA AURORA
Nada dijiste, nada, señor; mas aunque dicho hubieres en el pecho de Aurora lo enterraras, que en ti a sufrir como a callar aprende.
GABRIEL
(¡Miserable de mí! Porque el misterio que intentan aclarar oculto quede siempre en mi corazón, ¿será preciso que yo mismo la lengua me cercene?).
(_Gabriel escucha desde aquí como distraído en sombrías reflexiones_).
DOÑA AURORA
¡Padre!
GABRIEL
Explícate, Aurora.
DOÑA AURORA
Oye: al impulso de una curiosidad impertinente, o de otro sentimiento inexplicable que en mí se agita y que en mi alma enciende la misteriosa luz de una esperanza lejana, incierta, misteriosa, débil, cedí, señor, y en la callada noche mi lecho abandoné..., porque a mi mente mil visiones de amor se amontonaron en confuso tropel, puras y alegres como las olas que la mar en calma sobre sus lomos incansable mece; como las aves que en el árbol saltan trinando al son de la escondida fuente.
GABRIEL
Prosigue, Aurora.
DOÑA AURORA
Abandoné mi lecho, y al tuyo me acerqué, como quien teme ser sorprendido en criminal intento por un extraño que a su lado duerme. Tu faz un punto contemplé, y mi labio un ósculo filial posó en tu frente. ¿Me oyes, Gabriel?
GABRIEL
Prosigue, Aurora mía, tu voz la voz de un ángel me parece.
DOÑA AURORA
Al contacto sutil del labio mío sonreíste, señor; y tu voz débil oí que el nombre mío murmuraba entre esos ayes conque el mal divierte de una pasión el que vivió en el mundo secretos hondos ocultando siempre; y entonces supe por la lengua misma que hablar en sueños indiscreta suele, que si es la tuya misterioso arcano, espesa sombra mi existencia envuelve.
GABRIEL
¿Y entonces?
DOÑA AURORA
Me aparté ruborizada de quien mi padre no es; sentí más fuerte latir mi corazón; sentí otra sangre circular por mis venas más ardiente; sentí en presencia del mayor cariño mi cariño filial desvanecerse, y al apartarme de tu lecho trémula un ósculo de amor grabé en tu frente.
GABRIEL
No lo digas jamás, Aurora mía. Jamás a nadie tu pasión reveles. Quema los labios que en mi frente seca pusiste; quema el corazón rebelde que el cariño filial de sí arrojando, dio a mi cariño en su lugar albergue.
DOÑA AURORA
Es ya tarde, Gabriel, mi amor es hijo de tu callado amor.
GABRIEL
Tú lo mereces; tú eres la sola flor que brotar hizo en mi camino Dios... Dios, que al ponerme sobre la tierra, me alfombró de espinas la senda que mis pies recorrer deben; pero yo no merezco tu amor santo; yo soy un árbol cuyo tronco estéril despojado de vida por el rayo, ya ni sombra, ni flor, ni aroma tiene.
DOÑA AURORA
No, no: tú eres un árbol cuya sombra cobijó mi niñez: cuyo ámbar bebe mi pobre corazón, de quien tú solo sombra, delicia y alimento eres. Dios me entregó a tus brazos en mi infancia, porque Dios quiso que en tu pecho ardiente brotase, para encanto de tu vida, de esta pasión correspondida el germen.
GABRIEL
Tienes razón, Aurora, reconozco en tu amor la piedad omnipotente. Tienes razón, Aurora, Dios del cielo te envía..., un ángel de los cielos eres.
DOÑA AURORA
Escúchame, Gabriel.
GABRIEL
Habla.
DOÑA AURORA
En el nombre de esa pasión que en nuestras almas hierve, desaparezcan hoy esos misterios que nuestras dos historias oscurecen.
GABRIEL
Imposible.
DOÑA AURORA
No temas que me espante, Gabriel, ni me arrepienta, conociéndote, de haberte amado nunca.
GABRIEL
Es imposible.
DOÑA AURORA
Habla. Dime quién soy, dime quién eres. Si eres villano y en tus venas viles la sangre impura y maldecida tienes de raza hebrea o de morisca tribu, yo te amaré, Gabriel; si reales puedes ostentar de tu estirpe en el escudo coronados y espléndidos cuarteles, yo te amaré, Gabriel; si eres acaso criminal fugitivo y por mí temes de un patíbulo infame la deshonra, yo te amaré, Gabriel; llama si quieres a un sacerdote, y que con lazo eterno anude nuestras almas; y no pienses que el deshonor de criminal memoria me humille. Te amo con amor tan fuerte, que oraré mientras viva en tu sepulcro, orgullosa del nombre que me dejes.
GABRIEL
¡Calla, Aurora, deliras!
DOÑA AURORA
Un momento, Gabriel, óyeme aún, no te impacientes. Si eres un impostor, un ambicioso, cogido al fin entre sus propias redes, huyamos; tienes ocasión y tiempo. Sí, nuestra fuga el capitán protege, huyamos, nuestro amor y nuestra infamia arrastrando a remoto continente.
GABRIEL
¡Aurora!
DOÑA AURORA
Hoy a la cárcel de Medina rayando el alba trasladarnos deben, y el capitán que en nuestra guarda parte...
GABRIEL
Silencio, Aurora. ¿Deshonrarle quieres para salvarte tú? ¿Sabes que si huyo cuando en su guardia el infeliz me lleve, morirá en mi lugar, y que al fugarme me doy por criminal siendo inocente? Yo no huiré jamás; ni sé, ni quiero, ni nací para huir: ya muchas veces la he visto cara a cara, y en el pecho, no por la espalda, me herirá la muerte.
DOÑA AURORA
Hiéranos a los dos un mismo golpe.
GABRIEL
Tú no debes morir; aún que hacer tienes sobre la tierra.
DOÑA AURORA
¿Qué, sin ti?
GABRIEL
Llorarme.
DOÑA AURORA
¿Me lo mandas?
GABRIEL
Yo, no: Dios. Obedece. Dios me pone en los labios un candado, no lo intentes romper. Pura, inocente, noble eres tú; si a deshonrada tumba mi silencio me lleva, Dios lo quiere. Inclina, Aurora, la cabeza humilde bajo la voluntad omnipotente, y ora en mi tumba sin vergüenza, Aurora. Mártir me quiere Dios, y obedecerle es fuerza. Vive; y si te dice el mundo que he sido un impostor, el mundo miente. Yo no he dicho jamás que era el que buscan, y a morir me enviarán sin conocerme. Ora en mi tumba sin vergüenza, y ora mientras los hombres libertad te dejen; y si te culpan como a mí, en silencio, digna siempre de mí, como yo muere.
DOÑA AURORA
¿Tú me lo mandas? Obedezco: sea, Gabriel; digna de ti quiero ser siempre.
ESCENA XII
DOÑA AURORA, GABRIEL, DON CÉSAR
DON CÉSAR
Don Rodrigo sube.
GABRIEL
(_A don César_). Oíd antes. Si en algo apreciáis a Aurora, ved cómo enviáis ese papel a Madrid. (_Gabriel da una carta a don César, que la toma rápidamente_).
DON CÉSAR
Sabéis que mi fe la aprecia en más que en mi mismo honor. Yo lo llevaré.
GABRIEL
Al señor embajador de Venecia.
ESCENA XIII
DICHOS, un ALGUACIL, después DON RODRIGO
ALGUACIL
(_Entrando_). Su señoría.
GABRIEL
Aguardamos sus órdenes.
DON RODRIGO
(_Entrando_). Os espera allá abajo una litera, señor Gabriel.
(_Gabriel, tomando de la mano a doña Aurora y dirigiéndose a la puerta, dice_):
GABRIEL
Pues partamos.
DON RODRIGO
¿Ni inquirís adónde vais ni tomáis vuestro equipaje?
GABRIEL
Vos que disponéis mi viaje sabréis cómo me lleváis.
DON RODRIGO
Conmigo.
GABRIEL
Pues ya tardamos.
DON RODRIGO
Vuestros cofres van con sellos.
GABRIEL
Haced lo que os plazca de ellos.
DON RODRIGO
Pues cuando gustéis.
GABRIEL
Pues vamos.
(_Vanse delante Gabriel con doña Aurora, luego don Rodrigo y don César_).
FIN DEL ACTO SEGUNDO
ACTO TERCERO
Sala de juicio en la cárcel de Madrigal; decoración ochavada; puerta en el fondo, balcón a la derecha; al mismo lado, en la segunda caja, puerta del calabozo de Gabriel; puerta a la izquierda de otros calabozos; mesa con papeles, plumas, etc.
ESCENA PRIMERA
DON RODRIGO y el ESCRIBANO sentados a la mesa. GABRIEL, al otro lado, en un sillón, reclinado tranquilamente y como ajeno a lo que pasa a su alrededor.
ESCRIBANO
Señor, no duerme.
DON RODRIGO
¡Y qué mal halláis en que esté despierto!
ESCRIBANO
Que escucha.
DON RODRIGO
Es un hombre muerto; que escuche o no, ya es igual. Seguid leyendo.
ESCRIBANO
(_Tomando un papel de la mesa_). Un oficio del doctor don Juan de Llanos.
DON RODRIGO
¿Qué dice?
ESCRIBANO
Que siendo vanos interrogatorio y juicio, mandó dar a fray Miguel el día cinco tormento.
DON RODRIGO
¿Y qué dijo?
ESCRIBANO
Que era invento suyo lo de que Gabriel fuese el rey de Portugal, y que le movió a este engaño el intento de hacer daño al rey don Felipe.
DON RODRIGO
Mal salió. Leed.
ESCRIBANO
(_Otro papel_). Petición de la nominada Aurora.
DON RODRIGO
¿Y qué pide esa señora?
ESCRIBANO
Ver a su padre.
DON RODRIGO
Ocasión llegará de que le vea cuando ya esté confirmada su sentencia, y no haya nada que temer de que así sea.
ESCRIBANO
(_Otro papel_). Novena solicitud del preso llamado Arbués.
DON RODRIGO
¿Qué solicita?
ESCRIBANO
Que pues vivirá poco, en virtud de haberle dado tormento, se quisiera despedir de su amo antes de morir.
DON RODRIGO
No ha lugar, hasta el momento de la real confirmación de su sentencia, si vive.
ESCRIBANO
(_Otro papel_). Una carta que os escribe un anónimo.
DON RODRIGO
Cuestión diaria: amenazas, fieros contra mí y contra los jueces; juramentos y sandeces de rebeldes o embusteros. Adelante.
ESCRIBANO
(_Una carta_). Para el juez don Rodrigo Santillana; carta que hoy por la mañana llegó de Madrid.
DON RODRIGO
¡Pardiez! ¿Y así os estabais con ella? Dadme acá.
ESCRIBANO
Tomad, señor.
DON RODRIGO
De César. (_Leyendo_). «Del portador mañana sobre la huella partiré; media jornada ante mí llegará a esa; ni puedo darme más priesa, ni hasta hoy el rey hizo nada». ¡Gracias a Dios que tocamos con el fin de ese proceso! Llevaos vos todo eso, escribano.
ESCRIBANO
¿Os esperamos?
DON RODRIGO
Afuera; y si algún correo de la corte de Madrid llega, que suba decid al punto.
ESCRIBANO
Está bien.
(_Vase el Escribano_).
ESCENA II
GABRIEL y DON RODRIGO
DON RODRIGO