Tirano Banderas: Novela de tierra caliente

Part 13

Chapter 132,971 wordsPublic domain

--Soy no más un modesto discípulo de Mesmer. El espiritismo allankardiano es una corruptela pueril de la antigua nigromancia. Las evocaciones de los muertos se hallan en los papiros egipcios y en los ladrillos caldeos. La palabra con que son designados estos fenómenos se forma de dos griegas.

--¡Este Doctorcito se expresa muy doctoralmente! ¿Y gana la plata con su título de Profeta del Cairo?

--Señor Presidente, mi mérito, si alguno tengo, no está en ganar plata y amontonar riquezas. He recibido la misión de difundir las Doctrinas Teosóficas y preparar al pueblo para una próxima era de milagros. El Nuevo Cristo arrastra su sombra por los caminos del Planeta.

--¿Reconoce haber dormido a esta niña con pases magnéticos?

--Reconozco haber realizado algunas experiencias. Es un sujeto muy remarcable.

--Puntualice cada una.

--El Señor Presidente, si lo desea, puede ver el programa de mis experiencias en los Coliseos y Centros Académicos de San Petersburgo, Viena, Nápoles, Berlín, París, Londres, Lisboa, Río de Janeiro. Últimamente se han discutido mis teorías sobre el karma y la sugestión biomagnética en la gran Prensa de Chicago y Filadelfia. El Club Habanero de la Estrella Teosófica me ha conferido el título de Hermano Perfecto. La Emperatriz de Austria me honra frecuentemente consultándome el sentido de sus sueños. Poseo secretos que no revelaré jamás. El Presidente de la República Francesa y el Rey de Prusia han querido sobornarme durante mi actuación en aquellas capitales. ¡Inútilmente! El Sendero Teosófico enseña el menosprecio de honores y riquezas. Si se me autoriza, pondré mis álbumes de fotografías y recortes a las órdenes del Señor Presidente.

--¿Y cómo doctorándose en tan austeras doctrinas, y con tan alto grado en la iniciación teosófica, corre la farra por los lenocinios? Sírvase iluminarnos con su ciencia y justificar la aparente aberración de esa conducta.

--Permítame el Señor Presidente que solicite el testimonio de la Señorita Médium. Señorita, venciendo el natural rubor, manifieste a los señores si ha mediado concupiscencia. Señor Presidente, el interés científico de las experiencias biomagnéticas, sin otras derivaciones, ha sido norma de mi actuación. He visitado ese lugar porque me habían hablado de esta Señorita. Deseaba conocerla y, si era posible, trascender su vida a otro círculo más perfecto. ¿Señorita, no le propuse a usted redimirla?

--¿Pagarme la deuda? El que toda la noche no paró con esa sonsera fue el Licenciado.

--¡Señorita Guadalupe, recuerde usted que como un padre la he propuesto acompañarme en la peregrinación por el Sendero!

--¡Sacarme en los teatros!

--Mostrar a los públicos incrédulos los ocultos poderes demiúrgicos que duermen en el barro humano. Usted me ha rechazado, y he tenido que retirarme con el dolor de mi fracaso. Señor Presidente, creo haber disipado toda sospecha referente a la pureza de mis acciones. En Europa, los más relevantes hombres de ciencia estudian estos casos. El Mesmerismo tiene hoy su mayor desenvolvimiento en las Universidades de Alemania.

--Va usted a servirse repetir, punto por punto, las experiencias que la pasada noche realizó con esa niña.

--El Señor Presidente me tiene a sus órdenes. Repito que puedo ofrecerle un programa selecto de experiencias similares.

--Esa niña, en atención a su sexo, será primeramente interrogada. El Licenciado Veguillas tiene manifestado como evidente que en determinada circunstancia le fue sustraído el pensamiento por los influjos magnéticos de la interfecta.

La niña del trato bajaba los ojos a las falsas pedrerías de sus manos:

--A tener esos poderes, no me vería esclava de un débito con la Cucaracha. Licenciadito, vos lo sabés.

--Lupita, para mí has sido una serpiente biomagnética.

--¡Que así me acusés vos, con todito que os di el amoniaco!

--Lupita, reconoce que estabas la noche pasada con un histerismo magnético. Tú me leíste el pensamiento cuando alborotaba en el baile aquel macaneador de Domiciano. Tú le diste el santo para que se volase.

--¡Licenciado, si estaban los dos ustedes puritos briagos! Yo quise no más verlos fuera de la recámara.

--Lupita, en aquella hora tú me adivinaste lo que yo pensaba. Lupita, tú tienes comercio con los espíritus. ¿Negarás que te has revelado médium cuando te durmió el Doctor Polaco?

--Efectivamente, esta Señorita es un caso muy remarcable de lucidez magnética. Para que la distinguida concurrencia pueda apreciar mejor los fenómenos, la Señorita Médium ocupará una silla en el centro, bajo el lampadario. Señorita Médium, usted me hará el honor.

La tomó de la mano y, ceremonioso, la sacó al centro de la sala. La niña, muy honesta, con pisar de puntas y los ojos en tierra, apenas apoyaba el teclado de las uñas suspendida en el guante blanco del Doctor Polaco.

IV

--¡Chac! ¡Chac!

Tenía una verde senectud la mueca humorística de la momia indiana. El Doctor Polaco sacó del fraque la vara mágica, forjada de siete metales, y con ella tocó los párpados de Lupita: Finalizó con una gran cortesía, saludando con la vara mágica. Entre suspiros, enajenose la daifa. Veguillas, arrodillado en un rincón, esperaba el milagro: Iba a resplandecer la luz de su inocencia: Lupita y el farandul le apasionaban en aquel momento con un encanto de folletín sagrado: Oscuramente, de aquellos misterios, esperaba volver a la gracia del Tirano. Se estremeció. La mueca verde mordía la herrumbre del silencio:

--¡Chac! ¡Chac! Va usted a servirse repetir, punto por punto, como creo haberle indicado, las experiencias que la noche de ayer realizó con la niña de autos.

--Señor Presidente, tres formas adscritas al tiempo adopta la visión telepática. Pasado, Actual, Futuro. Este triple fenómeno rara vez se completa en un médium. Aparece disperso. En la Señorita Guadalupe, la potencialidad telepática no alcanza fuera del círculo del Presente. Pasado y Venidero son para ella puertas selladas. Y dentro del fenómeno de su visión telepática, el ayer más próximo es un remoto pretérito. Esta Señorita está imposibilitada, absolutamente, para repetir una anterior experiencia. ¡Absolutamente! Esta Señorita es un médium poco desenvuelto: ¡Un diamante sin lapidario! El Señor Presidente me tiene a sus órdenes para ofrecerle un programa selecto de experiencia similares, en lo posible.

La acerba mueca llenaba de arrugas la máscara del Tirano:

--Señor Doctor, no se raje para dar satisfacción al deseo que le tengo manifestado. Quiero que una por una repita todas las experiencias de anoche en el lenocinio.

--Señor Presidente, solo puedo repetir experimentos parejos. La Señorita Médium no logra la mirada retrospectiva. Es una vidente muy limitada. Puede llegar a leer el pensamiento, presenciar un suceso lejano, adivinar un número en el cual se sirva pensar el Señor Presidente.

--¿Y con tantos méritos de perro sabio se prostituye en una casa de trato?

--La gran neurosis histérica de la ciencia moderna podría explicarlo. Señorita, el Señor Presidente se dignará elegir un número con el pensamiento. Va usted a tomarle la mano y a decirlo en voz alta, que todos lo oigamos. Voz alta y muy clara, Señorita Médium.

--¡Siete!

--Como siete puñales.

Gimió en su destierro Nachito:

--¡Con ese juego ilusorio me adivinaste ayer el pensamiento!

Tirano Banderas se volvió, avinagrado y humorístico:

--¿Por qué visita los malos lugares, mi viejo?

--Patroncito, hasta en música está puesto que el hombre es frágil.

El Tirano, recogiéndose en su gesto soturno clavó los ojos con suspicaz insistencia en la pendejuela del trato. Desmayada en la silla, se le soltaban los peines y el moño se le desbarata en una cobra negra. Tirano Banderas se metió en la rueda de compadres:

--De chamacos hemos visto estos milagros por dos reales. Tantos diplomas, tantas bandas y tan poca suficiencia. Se me está usted antojando un impostor, y voy a dar órdenes para que le afeiten en seco la melena de sabio alemán. No tiene usted derecho a llevarla.

--Señor Presidente, soy un extranjero acogido en su exilio bajo la bandera de esta noble República. Enseño la verdad al pueblo, y le aparto del positivismo materialista. Con mis cortas experiencias, adquiere el proletariado la noción tangible de un mundo sobrenatural. ¡La vida del pueblo se ennoblece cuando se inclina sobre el abismo del misterio!

--Don Cruz, por lo lindo que platica le hará no más la rasura de media cabeza.

El Tirano remejía su mueca con avinagrado humorismo, mirando al fámulo rapista, que le presentaba un bodrio peludo, suspendido en el prieto racimo de los dedos.

--¡Es peluca, patrón!

V

La niña del trato se despertaba suspirante, salía a las fronteras del mundo con lívido pasmo, y en el pináculo de la escalerilla, la momia indiana apuntaba su catalejo sobre la ciudad. El guiño desorbitado de las luminarias brizaba clamorosos tumultos de pólvoras, incendios y campanas, con apremiantes toques de cornetas militares:

--¡Chac! ¡Chac! ¡Zafarrancho tenemos! Don Cruz, andate a disponerme los arreos militares.

El guaita de la torre ha desclavado su bayoneta de la luna, y dispara el fusil en la oscuridad poblada de alarmas. El Reloj de Catedral difunde la rueda sonora de sus doce campanadas, y sobre la escalerilla dicta órdenes el Tirano:

--Mayor del Valle, tome usted algunos hombres, explore el campo y observe por qué cuarteles se ha pronunciado el tiroteo.

Cuando el Mayor del Valle salía por la puerta, entraba el fámulo, que, abiertos los brazos, con pinturera morisqueta, portaba en bandeja el uniforme, cruzado con la matona de su Generalito Banderas. Se han dado de bruces, y rueda estruendosa la matona. El Tirano, chillón y colérico, encismado, batió con el pie, haciendo temblar escalerilla y catalejo.

--¡Sofregados, ninguno la mueva! ¡Vaya un augurio! ¿Qué enigma descifra usted, Señor Doctor Mágico?

El farandul, con nitidez estática, vio la sala iluminada, el susto de los rostros, la torva superstición del Tirano. Saludó:

--En estas circunstancias, no me es posible formular un oráculo.

--¿Y esta joven honesta, que otras veces ha mostrado tan buena vista, no puede darnos referencia, en cuanto al tumulto de Santa Fe? Señor Doctor, sírvase usted dormir e interrogar a la Señorita Médium. Yo paso a vestirme el uniforme. ¡Que ninguno toque mi espada!

Un levantado son de armas rodaba por los claustros luneros, retenes de tropas acudían a redoblar las guardias. La morocha del trato suspira bajo los pases magnéticos del pelón farandul, vuelto el blanco de los ojos sobre el misterio:

--¿Qué ve usted, señorita Médium?

VI

El Reloj de Catedral enmudece. Aún quedan en el aire las doce campanadas, y espantan la cresta los gallos de las veletas. Se consultan sobre los tejados los gatos, y asoman por las guardillas bultos en camisa. Se ha vuelto loco el esquilón de las Madres. Por el Arquillo cornea una punta de toros y los cabestros en fuga tolondrean la cencerra. Estampidos de pólvora. Militares toques de cornetas. Un tropel de monjas pelonas y encamisadas acude con voces y devociones a la profanada puerta del convento. Por remotos rumbos ráfagas de tiroteos. Revueltos caballos. Tumultos con asustados clamores. Contrarias mareas del gentío. Los tigres, escapados de sus jaulones, rampan con encendidos ojos por los esquinales de las casas. Por un terradillo blanco de luna, dos sombras fugitivas arrastran un piano negro. A su espalda, la bocana del escotillón vierte borbotones de humo entre lenguas rojas. Con las ropas incendiadas, las dos sombras, cogidas de la mano, van en un correr por el brocal del terradillo, se arrojan a la calle cogidas de la mano. Y la luna, puesta la venda de una nube, juega con las estrellas a la gallina ciega, sobre la revolucionada Santa Fe de Tierra Firme.

VII

Lupita la Romántica suspira en el trance magnético, con el blanco de los ojos siempre vuelto sobre el misterio.

EPÍLOGO

EPÍLOGO

I

--¡Chac! ¡Chac!

El Tirano, cauto, receloso, vigila las defensas, manda construir faginas y parapetos, recorre baluartes y trincheras, dicta órdenes:

--¡Chac! ¡Chac!

Encorajinándose con el poco ánimo que mostraban las guerrillas, jura castigos muy severos a los cobardes y traidores: Le contraría fallarse de su primer propósito, que había sido caer sobre la ciudad revolucionada y ejemplarizarla con un castigo sangriento. Rodeado de sus ayudantes, con taciturno despecho, se retira del frente luego de arengar a las compañías veteranas, de avanzada en el Campo de la Ranita:

--¡Chac! ¡Chac!

II

Antes del alba se vio cercado por las partidas revolucionarias y los batallones sublevados en los cuarteles de Santa Fe. Para estudiar la positura y maniobra de los asaltantes subió a la torre sin campanas: El enemigo, en difusas líneas, por los caminos crepusculares, descubría un buen orden militar: Aún no estrechaba el cerco, proveyendo a los aproches con paralelas y trincheras. Advertido del peligro, extremaba su mueca verde Tirano Banderas. Dos mujerucas raposas cavaban con las manos en torno del indio soterrado hasta los ijares en la campa del convento:

--¡Ya me dan por caído esas comadritas! ¿Qué haces vos, centinela pendejo?

El centinela apuntó despacio:

--Están mal puestas para enfilarlas.

--¡Ponle al cabrón una bala y que se repartan la cuera!

Disparó el centinela, y suscitose un tiroteo en toda la línea de avanzadas. Las dos mujerucas quedaron caídas en rebujo, a los flancos del indio, entre los humos de la pólvora, en el aterrorizado silencio que sobrevino tras la ráfaga de plomo. Y el indio, con un agujero en la cabeza, agita los brazos, despidiendo a las últimas estrellas. El Generalito:

--¡Chac! ¡Chac!

III

En la primera acometida se desertaron los soldados de una avanzada, y desde la torre fue visto del Tirano:

--¡Puta madre! ¡Bien sabía yo que al tiempo de mayor necesidad, habíais de rajaros! ¡Don Cruz, tú vas a salir profeta!

Eran tales dichos porque el fámulo rapabarbas, le soplaba frecuentemente en la oreja cuentos de traiciones. A todo esto no dejaban de tirotearse las vanguardias, atentos los insurgentes a estrechar el cerco para estorbar cualquier intento de salida por parte de los sitiados. Habían dispuesto cañones en batería, pero antes de abrir el fuego, salió de las filas, sobre un buen caballo, el Coronelito de la Gándara. Y corriendo el campo a riesgo de su vida, daba voces intimando la rendición. Injuriábale desde la torre el Tirano:

--¡Bucanero cabrón, he de hacerte fusilar por la espalda!

Sacando la cabeza sobre los soldados alineados al pie de la torre, les dio orden de hacer fuego. Obedecieron, pero apuntando tan alto, que se veía la intención de no causar bajas:

--¡A las estrellas tiráis, hijos de la chingada!

En esto, dando una arremetida más larga de lo que cuadraba a la defensa, se pasó al campo enemigo el Mayor del Valle. Gritó el Tirano:

--¡Solo cuervos he criado!

Y dictando órdenes para que todas las tropas se encerrasen en el convento, dejó la torre. Pidió al rapabarbas la lista de sospechosos, y mandó colgar a quince, intentando con aquel escarmiento contener las deserciones:

--¡Piensa Dios que cuatro pendejos van a ponerme la ceniza en la frente! ¡Pues engañado está conmigo!

Hacía cuenta de resistir todo el día, y al amparo de la noche intentar una salida.

IV

Mediada la mañana, habían iniciado el fuego de cañón las partidas rebeldes y en poco tiempo abrieron brecha para el asalto. Tirano Banderas intentó cubrir el portillo, pero las tropas se le desertaban, y tuvo que volver a encerrarse en sus cuarteles. Entonces, juzgándose perdido, mirándose sin otra compañía que la del fámulo rapabarbas, se quitó el cinto de las pistolas, y salivando venenosos verdes, se lo entregó:

--¡El Licenciadito concertista, será oportuno que nos acompañe en el viaje a los infiernos!

Sin alterar su paso de rata fisgona, subió a la recámara donde se recluía la hija. Al abrir la puerta oyó las voces adementadas:

--¡Hija mía, no habés vos servido para casada y gran señora, como pensaba este pecador que horita se ve en el trance de quitarte la vida que te dio hace veinte años! ¡No es justo quedés en el mundo para que te gocen los enemigos de tu padre, y te baldonen llamándote hija del chingado Banderas!

Oyendo tal, suplicaban despavoridas las mucamas que tenían a la loca en custodia. Tirano Banderas las golpeó en la cara:

--¡So chingadas! Si os dejo con vida, es porque habés de amortajármela como un ángel.

Sacó del pecho un puñal, tomó a la hija de los cabellos para asegurarla y cerró los ojos. Un memorial de los rebeldes dice que la cosió con quince puñaladas.

V

Tirano Banderas salió a la ventana, blandiendo el puñal, y cayó acribillado. Su cabeza, befada por sentencia, estuvo tres días puesta sobre un cadalso con hopas amarillas, en la Plaza de Armas: El mismo auto mandaba hacer cuartos el tronco y repartirlos de frontera a frontera, de mar a mar. Zamalpoa y Nueva Cartagena, Puerto Colorado y Santa Rosa del Titipay, fueron las ciudades agraciadas.

ACABÓSE DE IMPRIMIR ESTE LIBRO EN LA IMPRENTA RIVADENEYRA DE MADRID A XV DÍAS DEL MES DE DICIEMBRE DE MCMXXVI AÑOS

LAUS DEO

ÍNDICE

Págs.

PRÓLOGO 9

PRIMERA PARTE -- Sinfonía del Trópico 19 Libro primero -- Icono del tirano 21 Libro segundo -- El Ministro de España 39 Libro tercero -- El juego de la ranita 49

SEGUNDA PARTE -- Boluca y mitote 61 Libro primero -- Cuarzos ibéricos 63 Libro segundo -- El Circo Harris 77 Libro tercero -- La oreja del zorro 85

TERCERA PARTE -- Noche de farra 105 Libro primero -- La recámara verde 107 Libro segundo -- Luces de ánimas 117 Libro tercero -- Guiñol dramático 133

CUARTA PARTE -- Amuleto nigromante 143 Libro primero -- La fuga 145 Libro segundo -- La tumbaga 153 Libro tercero -- El Coronelito 173 Libro cuarto -- El honrado gachupín 183 Libro quinto -- El ranchero 191 Libro sexto -- La mangana 201 Libro séptimo -- Nigromancia 219

QUINTA PARTE -- Santa Mónica 225 Libro primero -- Boleto de sombra 227 Libro segundo -- El número tres 241 Libro tercero -- Carceleras 251

SEXTA PARTE -- Alfajores y venenos 265 Libro primero -- Lección de Loyola 267 Libro segundo -- Flaquezas humanas 283 Libro tercero -- La nota 301

SÉPTIMA PARTE -- La mueca verde 315 Libro primero -- Recreos del tirano 317 Libro segundo -- La terraza del club 329 Libro tercero -- Paso de bufones 337

EPÍLOGO 355