Part 1
NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
* Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.
* Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar. Para su detección se han tenido en cuenta otras ediciones de estos dramas.
* Se ha respetado la ortografía original. También se han respetado las inconsistencias en la acentuación, aunque se han añadido algunas tildes a las mayúsculas para deshacer ambigüedades.
* Se han reparado los emparejamientos de los signos de admiración e interrogación.
* Las notas a pie de página se han renumerado y colocado tras el párrafo o la estrofa en que se encuentra la llamada.
* En el original impreso, las indicaciones o acotaciones escénicas se distinguen del texto principal por su menor tamaño. En esta transcripción se presentan en cursiva.
TEATRO SELECTO DE CALDERÓN DE LA BARCA.
BIBLIOTECA CLÁSICA.
Doce reales cada tomo en toda España.
OBRAS PUBLICADAS.
Tomos.
HOMERO.—_La Ilíada_, traduccion directa del griego en verso y con notas de D. José Gomez Hermosilla. 3
CERVANTES.—_Novelas ejemplares y viaje del Parnaso._ 2
HERODOTO.—_Los nueve libros de la historia_, traduccion directa del griego, del padre Bartolomé Pou. 2
ALCALÁ GALIANO.—_Recuerdos de un anciano._ 1
VIRGILIO.—_La Eneida_, traduccion directa del latin, en verso y con notas de D. Miguel Antonio Caro. 2
— _Las églogas_, traduccion en verso, de Hidalgo.—_Las geórgicas_, traduccion en verso, de Caro; ambas traducciones directas del latin, con un estudio del Sr. Menéndez Pelayo. 1
MACAULAY.—_Estudios literarios._ 1
— _Estudios históricos._ 1
— _Estudios políticos._ 1
— _Estudios biográficos._ 1
— _Estudios críticos._ 1
Traduccion directa del inglés de M. Juderías Bender.
QUINTANA.—_Vidas de españoles célebres._ 2
CICERÓN.—_Tratados didácticos de la elocuencia_, traduccion directa del latin de D. Marcelino Menéndez Pelayo. 2
SALUSTIO.—_Conjuracion de Catilina._—_Guerra de Jugurta_, traduccion del infante D. Gabriel.—_Fragmentos de la grande historia_, traduccion del Sr. Menéndez Pelayo, ambas directas del latin. 1
TÁCITO.—_Los anales_, traduccion directa del latin de don Cárlos Coloma. 2
PLUTARCO.—_Las vidas paralelas_, traduccion directa del griego por D. Antonio Ranz Romanillos. 5
ARISTÓFANES.—_Teatro completo_, traduccion directa del griego por D. Federico Baráibar. 2
POETAS BUCÓLICOS GRIEGOS.—(_Teócrito, Bion y Mosco._) Traduccion directa del griego, en verso, por el Ilmo. Sr. D. Ignacio Montes de Oca, Obispo de Linares (Méjico). 1
MANZONI.—_Los Novios_, traduccion de D. Juan Nicasio Gallego. 1
ESQUILO.—_Teatro completo_, traduccion directa del griego, con notas, por D. Fernando Brieva Salvatierra. 1
QUEVEDO.—_Obras satíricas y festivas._ 1
DUQUE DE RIVAS.—_Sublevacion de Nápoles._ 1
MADRID.—IMP. CENTRAL Á CARGO DE VÍCTOR SAIZ, COLEGIATA, 6.
BIBLIOTECA CLÁSICA TOMO XXXIX
TEATRO SELECTO DE CALDERÓN DE LA BARCA
PRECEDIDO DE UN ESTUDIO CRÍTICO DE D. MARCELINO MENÉNDEZ PELAYO
TOMO IV OBRAS VARIAS
COMEDIAS. NO SIEMPRE LO PEOR ES CIERTO. GUÁRDATE DEL AGUA MANSA.
ZARZUELAS. EL LAUREL DE APOLO.—LA PÚRPURA DE LA ROSA.
AUTOS SACRAMENTALES. LA CENA DE BALTASAR.—LA VIDA ES SUEÑO. Á DIOS POR RAZON DE ESTADO.
MADRID LUIS NAVARRO, EDITOR COLEGIATA, NÚM. 6 — 1881
COMEDIAS.
NO SIEMPRE LO PEOR ES CIERTO.
PERSONAS.
DON CÁRLOS, _galan_. DON JUAN ROCA, _galan_. DON DIEGO CENTELLAS, _galan_. DON PEDRO DE LARA, _viejo_. FABIO, _criado_. GINÉS, _criado_. LEONOR, _dama_. DOÑA BEATRIZ, _dama_. INÉS, _criada_. GENTE.
La escena es en Valencia.
JORNADA PRIMERA.
_Sala de una posada._
ESCENA PRIMERA.
DON CÁRLOS y FABIO, _vestidos de camino; despues_, LEONOR.
D. CÁRL.
¿Diste el papel?
FABIO.
Sí, señor, Y con notable alegría Dijo que al punto vendria A esta posada.
D. CÁRL.
Y Leonor ¿Habráse ya levantado?
FABIO.
Aun no ha abierto su aposento.
D. CÁRL.
Pues llama á él, porque intento Darla parte del cuidado Con que asegurar me atrevo Su vida y su honor aquí Por lo que me debo á mí, No por lo que á ella la debo. Llámala pues, que ya es hora De que despierte. _(Sale Leonor.)_
LEONOR.
Eso fuera Si yo, Don Cárlos, durmiera; Pero quien padece y llora Desdenes de una fortuna Tan cruel, tan inclemente, Tan á todas horas siente, Que no descansa en ninguna. ¿Qué me quieres?
D. CÁRL.
Informarte De cómo en tan triste suerte Trata mi amor defenderte, Ya que no es posible amarte. Sabrás...
LEONOR.
No prosigas, no, Pues sea justo ó no sea justo, Basta saber que es tu gusto, Para obedecerle yo. Que aunque en pena semejante Atento te considero A la ley de caballero Primero que á la de amante; En mí no hay más eleccion, Más gusto, más albedrío, Que el tuyo: siendo este el mio, ¿Para qué es la relacion?
D. CÁRL.
¡Oh qué bien esa humildad, Hermosa Leonor, viniera, Si de voluntad naciera, Y no de necesidad!
LEONOR.
A quien ya le ha persuadido La apariencia de un engaño, Tarde ó nunca el desengaño Pondrá su queja en olvido: Y más cuando él de su parte Tan poco hace por creer Qué pudo ó no pudo ser.
D. CÁRL.
No trates de disculparte; Que no has de poder, Leonor.
LEONOR.
Haz una cosa por mí, Por ser la última que aquí Ha de deberte mi amor.
D. CÁRL.
Sí haré: sal dese cuidado. Díme, pues, lo que deseas.
LEONOR.
Escúchame, y no me creas Despues de haberme escuchado.
D. CÁRL.
Con aquesa condicion, Sí haré. Prosigue, pues: dí, ¿Qué es lo que quieres de mí?
LEONOR.
Solamente tu atencion.
D. CÁRL.
Aguarda.—Fabio.
FABIO.
Señor.
D. CÁRL.
Si viniere el caballero Que llamaste, entra primero, Porque se esconda Leonor.—_(Vase Fabio.)_ Prosigue ahora.
ESCENA II.
LEONOR, DON CÁRLOS.
LEONOR.
Ya sabes, Cárlos mio... Mal empiezo, Pues yendo á decir verdades, Hube de empezar mintiendo. Descuido fué.—¡Ay Dios! ¡Cuál debe De andar mi amor acá dentro, Pues de cuanto arroja fuera, Hasta el descuido es requiebro! Ya sabes, digo otra vez, La ilustre sangre que tengo, Por la estimacion que has visto En mis padres y en mis deudos. Tambien sabes que por mí, Cárlos, no la desmerezco, Aunque quieran mis desdichas Deslucir mis pensamientos. ¡Oh cuánto en esta materia Cobarde estoy, conociendo Que contra mí hasta la misma Verdad sospechosa tengo! Pues quien me viere venir Peregrinando á otro reino En poder de un hombre mozo, Y deste con tal despego Tratada, que las finezas Que á su ilustre sangre debo Aun no las debo yo, pues El se las debe á sí mesmo, ¿Como crêrá que sin culpa Tantas desdichas padezco, Cuando al primero que obligo Es el primero que ofendo? Pero ¿qué importa, qué importa Que en lo aparente y supuesto Se conjuren contra mí Estrella, fortuna y tiempo, Si en la verdad han de hallarse Todos de mi parte, haciendo Lo que el sol con el eclipse, Que aunque borre sus reflejos, Aunque perturbe sus rayos, No por eso, no por eso Deja, á pesar de las sombras, De salir despues, venciendo La vaga interposicion Que ya le juzgaba muerto? Yo al fin, contra cuantas nieblas Mi esplendor deslucen, pienso Coronarme victoriosa: Y hasta llegar este efecto, Hoy, á pesar de sus iras, A atar el discurso vuelvo. En la corte, patria mia (¡Oh pluguiera al mismo cielo Hubiera sido al nacer Mi cuna y mi monumento!), Cárlos, me viste una tarde, Que á San Isidro saliendo Con unas amigas mias, Por amistad ó por deudo Llegaste á hablarlas; y dando Licencias el campo, atento... —A mi hermosura dijera, Si pensara que la tengo...— De galan y de entendido Juntaste los dos extremos, Haciendo la cortesía Capa del atrevimiento. Continuaste desde entónces En mi calle los paseos, En mi reja los suspiros, De dia y de noche siendo La estatua de mis umbrales, Y la sombra de mi cuerpo. Solicitaste criadas Y amigas, que son los medios Comunes de amor, á quien Debiste que tus afectos Oyese para escucharlos, Si no para agradecerlos. Cuántos dias te costó De finezas y desvelos Que leyese un papel tuyo, Tú lo sabes; y así, quiero, Dejando empeños menores, Ir á mayores empeños. Enterada yo de que Fuesen, Cárlos, tus intentos Tan lícitos, que aspiraban Sólo al fin de casamiento, Admití ménos cruel Que debiera, tus deseos; Pero con aquel seguro, Bastante disculpa tengo En lo ilustre de tu sangre, Lo honrado de tus respetos, Lo galan de tu persona, Y lo sutil de tu ingenio. Ya nuestra correspondencia Entablada, en el silencio De la noche, porque á él sólo Se fiaba el amor nuestro, Nos hablábamos por una Reja de mi cuarto; y viendo Que no dejaba de ser Escándalo á los que necios De sus cuidados se olvidan Por cuidar de los ajenos, Tratamos que desde entónces Entrases al aposento De un criado, donde yo Hablarte podia, sin miedo Desta vil curiosidad Que tantos daños ha hecho, Pues los peligros de afuera Enmienda con los de adentro. Una noche que viniste Más tarde que otras (no quiero Hablar, que no es ocasion, En si otro divertimiento Más gustoso te detuvo, Pues al fin yo le agradezco La novedad de venir Al daño y no venir presto), Entraste en mi casa; y cuando Quejoso mi sentimiento, Desconfiada mi fe, Te esperaba con aquellos Dulces desaires de amor Que entre confianza y miedo Hacen el cariño más Porque le descubren ménos; Apénas una palabra Pude hablarte, cuando siento Dentro de mi cuarto ruido, Y á saber quién era vuelvo. Tú, pensando que sería Desden estudiado á efecto De castigar tu tardanza, Me seguiste, cuando (¡ay cielos!) Ví (máteme mi memoria) Que (¡con qué dolor me acuerdo!) Un (¡con qué pena lo digo!) Hombre (ahógame mi aliento) Embozado (¡qué desdicha!) Hácia mí...
ESCENA III.
FABIO.—LEONOR, DON CÁRLOS.
FABIO.
Aquel caballero Que enviaste á llamar, aguarda Ahí fuera.
D. CÁRL.
_(A Leonor.)_ Éntrate allá dentro, Que no quiero que te vea Hasta despues.
LEONOR.
¡Que hasta en esto Hube de ser desdichada, Pues áun para este pequeño Alivio de hablar siquiera, Hubo de faltarme tiempo!
D. CÁRL.
Hoy verás cuánto es en vano Querer disculparte.
FABIO.
Presto, Si has de esconderte, que entra.
D. CÁRL.
Tú salte allá fuera luego, _(A Fabio.)_ Y tú escucha lo que hablamos. _(A Leonor.)_
LEONOR.
¡Qué poco á mi estrella debo!
D. CÁRL.
Ménos debo yo á la mia, Pues lo que me dió la he vuelto.
_(Vanse Leonor y Fabio.)_
ESCENA IV.
DON JUAN.—DON CÁRLOS.
D. JUAN.
¡Don Cárlos! ¡primo!
D. CÁRL.
Los brazos Me dad, Don Juan.
D. JUAN.
Aunque tengo Para negarlos razon, Conmigo acabar no puedo Que valga la queja más Que vale el gusto de veros. ¡Vos en Valencia, Don Cárlos, Y no en mi casa! ¿Qué es esto? Pues ¿cómo se hace este agravio A amistad y parentesco?
D. CÁRL.
La queja, Don Juan, estimo Como es justo; pero tengo La disculpa tan á mano, Que habreis de olvidarla presto. ¿Cómo estais?
D. JUAN.
Para serviros Siempre, á todo trance expuesto[1].
[1] Dispuesto.
D. CÁRL.
Vuestra hermana y prima mia...
D. JUAN.
Salud goza; mas dejemos El cumplimiento, por Dios, Que es un hidalgo muy necio. ¿Qué venida es ésta, Cárlos? ¿Qué hay en la corte de nuevo?
D. CÁRL.
¿Qué ha de haber? Desdichas mias, De que en vano voy huyendo, Pues donde quiera que voy, Allí, Don Juan, las encuentro.
D. JUAN.
Con eso que me habeis dicho, Me habeis crecido el deseo De saber qué causa os trae Tan depulsado el aliento.
D. CÁRL.
Yo ví una hermosura, y yo La amé, Don Juan, tan á un tiempo Todo, que entre ver y amar, Aun no sé cuál fué primero. Rendido ostenté finezas, Constante sufrí desprecios, Fino merecí favores, Celoso lloré tormentos; Que estas son las cuatro edades De cualquier amor, pues vemos Que en brazos del desden nace, Crece en poder del deseo. Vive en casa del favor Y muere en la de los celos. Entraba una noche á hablarla De un criado al aposento Que corresponde á su cuarto... Escuchamos pasos dentro: Volvió ella, y yo tras ella, O recelando ó temiendo Que fuese su padre, cuando Vimos un hombre encubierto, Que de su cuarto venía A hurto sus pasos siguiendo. «¿Quién es?» dijo[2]. Él respondió:
[2] Leonor.
«Quien solo quiso ver esto.» Yo nada hablé, porque á vista De mi dama y de mis celos, Remití toda la voz A la lengua del acero. Saqué la espada, y cerrando Los dos, á morir resueltos, Quiso (no sé bien si diga Piadoso ó cruel) el cielo Que de una herida cayese En la tierra, para hacernos Iguales la suerte; pues Nos vimos á un punto mesmo, Muerto de la herida él, Y yo del agravio muerto. Bien pensareis que esta es sola Mi desdicha, y que el suceso Pára en que yo delincuente Me vengo á Valencia huyendo Del rigor de la justicia: Pues no, Don Juan, pues no es eso; Que ahora empieza el más extraño, El más notable, el más nuevo Lance de amor que jamás Dió la cadena á su templo. Al ruido de las espadas, De la dama á los extremos, Dieron las criadas gritos: Despertó su padre á ellos. Consideradme á mí ahora, Sobre declarados celos, Conjurando contra mí Su familia á un noble viejo, Desmayada aquí mi dama, Y allí mi enemigo muerto. En este trance me hallaba, Cuando ella (¡ay de mí!) volviendo Del desmayo, me pidió Su vida amparase. ¡Ah cielos! ¡Qué bien hace la mujer Que habiendo de hacer un yerro, Lo fía de buena sangre! Dígalo yo, pues en medio De su traicion y mi agravio, Dispuse acudir primero Al reparo de su vida, Que no al de mi sentimiento. «Sígueme presto,» la dije, Y haciendo muro mi pecho, Salí con ella á la calle, Donde las alas del miedo Nos ampararon de suerte Veloces, que en un momento, En cas de un embajador Tomamos seguro puerto. Envié á llamar un criado, Que informado de secreto De todo, volvió á decirme Que el hombre era un caballero Forastero (que en la corte Estaba á seguir un pleito), Cuyo nombre, aunque le oí, Por ahora no me acuerdo. Que la herida en la cabeza Le privó el sentido; pero Aunque con poca esperanza De vida, no estaba muerto, Sino en otra casa, adonde Le llevó un alcalde preso, Que habiendo sabido que era Yo el agresor del suceso, Mi hacienda estaba embargando: Y añadió despues á esto Que el padre, como hombre al fin Prudente, advertido y cuerdo, Ni querella, ni otra alguna Diligencia habia hecho, Porque su venganza solo Librada tenía en su esfuerzo. Yo, viéndome pues cercado De penas, y en un empeño Tan grande como amparar La causa dellas, resuelvo Salir de Madrid, adonde Pueda vivir por lo ménos Sin temor de la justicia Ni de su padre y sus deudos. Y así, lleno de pesares Y de obligaciones lleno, Acordándome de vos, De vos á valerme vengo. Yo, Don Juan, traigo conmigo Aquesta dama, á quien tengo De salvar la vida á costa De todos mis sentimientos. En dejándola segura (Pues esta es en todo riesgo Mi primera obligacion), Podrán mis desdichas luégo Acudir á la segunda; Pues la segunda que tengo Es huir desta enemiga, Que como noble defiendo, Que como quejoso obligo, Como enamorado quiero, Y como ofendido huyo, Y en dos contrarios extremos, Acudiendo á las dos partes, De amante y de caballero, Enamorado la adoro, Y celoso la aborrezco: Cuyas dos obligaciones Tan cabal la accion han hecho, Que desde Madrid aquí, Si no es hoy, juraros puedo Que no la hablé dos palabras, Porque no quise que en tiempo Alguno de mí dijese La fama, que pudo ménos Mi valor que mi apetito; Que es hombre bajo, que es necio, Es vil, es ruin, es infame El que solamente atento A lo irracional del gusto Y á lo bruto del deseo, Viendo perdido lo más, Se contenta con lo ménos. Mirad vos cómo en Valencia, Con otro nombre supuesto, Podrá vivir esta dama, En qué casa, en qué convento, En qué retiro, en qué aldea, Donde vereis que la dejo Lo poco que traer conmigo Pude, para su sustento; Que á mí me basta esta espada, Pues al instante, al momento Que ella asegurada quede, Yo tengo de ir della huyendo. A Italia, á servir al Rey Me pasaré, donde al cielo Le pido que la primera Bala acierte con mi pecho; Porque con mi vida acaben De una vez tantos recelos, Tantas penas, tantas ánsias, Agravios y sentimientos, Que como noble las huyo, Y como amante las siento.
D. JUAN.
Es tan nueva vuestra historia, Tan raro vuestro suceso, Que sólo puede admirarse, Dejándoselo al silencio. Y hablando, no en lo pasado (Pues ya no tiene remedio), Sino en lo presente, vamos Lo que ha de ser previniendo. Donde mejor esta dama Estará, es en un convento; Mas tiene el inconveniente De haber de estarla asistiendo, Cuando tan pobre os hallais Sin renta, con alimentos. Y aunque mi alma, mi vida, Mi sér y honor, todo es vuestro, Mi hacienda está de manera, Don Cárlos, que no me atrevo, Porque no sé si despues Podré cumplirlo, á ofrecerlo. Y así, en mi casa presumo Que habrá de estar, donde creo Que...
D. CÁRL.
No paseis adelante; Que aunque la oferta agradezco, No me es posible aceptarla, Ni que, estas cosas sabiendo, Dé ese cuidado á mi prima. Fuera de que no es respeto Llevar mi dama á su casa; Que aunque por su nacimiento Mereciera bien su lado, Estos extraños sucesos Ajan mucho las noblezas.
D. JUAN.
Oid, que para todo hay medio. A una doncella de casa, Mi hermana habrá poco tiempo Que puso en estado, y hoy Está sin ella. Yo tengo Una dama, amiga suya, A quien sirvo y galanteo Para casarme, y á quien Podré fiar el secreto. Pidiéndole yo á esta dama Que la envié á casa, dejo Asegurada la parte De que mi hermana, sabiendo Quién es, lo tenga á disgusto; Y aunque el desdoro confieso De que entre con este nombre, Puede tolerarse, siendo En lo público criada Y señora en lo secreto; Pues yo he de estar á la mira; Siempre á su servicio atento.
D. CÁRL.
El medio no era muy malo Para asegurarla; pero No me atreveré, Don Juan, Yo á decirlo y proponerlo A Leonor, porque...
ESCENA V.
LEONOR.—DON CÁRLOS, DON JUAN.
LEONOR.
Detente, Que yo responderé á eso. Señor Don Juan, no tan sólo, Como criada sirviendo, En vuestra casa estaré Honrada y gustosa, pero Como esclava que comprais De aquesta fineza á precio; Porque no habrá para mí, Si es que para mí hay consuelo, Otro alguno, sino sólo Saber que ha de ser mi dueño Cosa tan propia de Cárlos. Y así, humilde á esos piés, ruego Faciliteis esta dicha; Y pues os he estado oyendo, Y en la relacion que él De mis fortunas ha hecho, Parece que estoy culpada Y que apelacion no tengo, Porque á vuestra casa no Lleveis ni áun el más pequeño Escrúpulo de que soy Tan fácil como parezco, ¡Plegue á Dios que él me destruya Con su poder, y los cielos Me falten, si yo á aquel hombre Embozado y encubierto Ocasion le di jamás Para tanto atrevimiento! Si ya no es darle ocasion A un hombre, darle desprecios.
D. JUAN.
Vuestra hermosura, señora, Al paso que vuestro ingenio, Os acredita conmigo; Y no ya por Cárlos quiero Hacer la fineza (si es Fineza la que os ofrezco), Sino por vos. Que la escriba Mi dama á mi hermana quiero Un papel que vos lleveis. Esperad, que al punto vuelvo. _(Vase.)_
ESCENA VI.
LEONOR, DON CÁRLOS.
LEONOR.
Ya, Don Cárlos, que ha llegado El plazo de tus deseos, Pues ya te verás sin mí, Una cosa sola espero Que añadas á las finezas Que hasta este instante te debo.
D. CÁRL.
Déjame, Leonor, por Dios: No apures mi sufrimiento, Porque no sé que te adoro Hasta que sé que te pierdo. Pero díme, ¿qué me quieres Pedir?
LEONOR.
Que si en algun tiempo Te llegare el desengaño De la culpa que no tengo, Me has de cumplir la palabra Que me diste.
D. CÁRL.
No sólo eso Ofrezco á ese desengaño, Leonor, pero hacerte ofrezco Víctima el alma y la vida... Pero ¿cómo me enternezco Desta suerte? Tú ¿no eres La que aquel hombre encubierto En tu aposento tenías? Pues ni áun desengaños quiero Tuyos, sino huir de tí, Ya que segura te dejo.
LEONOR.
Véte, véte; que algun dia Volverán por mí los cielos.
D. CÁRL.
Si esa esperanza no hubiera, Me hubiera yo, Leonor, muerto A manos de mi dolor.
LEONOR.
Si airado una vez, si tierno Otra vez, me hablas, ¿por qué Más al mal que al bien atento, No te pones de mi parte, Y crees, Cárlos, que puedo Estar sin culpa?
D. CÁRL.
Porque Temo que en cualquier suceso Siempre es cierto lo peor.
LEONOR.
Pues yo en mi inocencia espero Que ha de haber suceso en que _No siempre lo peor es cierto_. _(Vanse.)_
* * * * *
_Sala en casa de Don Juan._
ESCENA VII.
DOÑA BEATRIZ, _leyendo un papel; tras ella_, INÉS.
INÉS.
_(Ap.)_ Leyendo mi ama un papel, Tan triste y confusa está, Que mil deseos me da De saber lo que hay en él. Una vez le aja furiosa, Y al cielo elevada mira, Otra llora, otra suspira.
D.ª BEAT.
¿Hay suerte más rigurosa?
INÉS.
_(Ap.)_ A lêr vuelve. ¿De qué nace Ya el agrado y ya el furor? Sin duda que es borrador De alguna comedia que hace.
D.ª BEAT.
Bien dicen que una cruel Pluma áspid es de ira lleno, De quien la tinta es veneno En las hojas del papel. Dígalo yo, pues á mí Muerte su traicion me dió. ¿Quién crêrá mis penas?
INÉS.
Yo.
D.ª BEAT.
Inés, ¿tú estabas aquí?
INÉS.
A esta cuadra salí ahora, Y viendo la confusion Que tiene tu corazon, Te he de suplicar, señora, Digas qué causa te obliga A tan grande extremo.
D.ª BEAT.
Es tal, Que por aliviar el mal, Es fuerza que te la diga. Bien te acuerdas que Don Diego Centellas me galanteó Mucho tiempo.
INÉS.
Sí.
D.ª BEAT.
Y que yo, Agradecida á su ruego, A su amor y á su fineza, Le correspondí.
INÉS.
Muy bien.
D.ª BEAT.
Bien te acordarás tambien Que aunque es tanta su nobleza, No se declaró jamás Con mi hermano, hasta salir Con un pleito que á seguir Fué á la corte.
INÉS.
Lo demas.
D.ª BEAT.
Pues Ginés, un criado suyo Que de mí obligado vive, Aquesta carta me escribe, De que claramente arguyo Que, en Madrid enamorado, El pleito á que fué es de amor. La carta dirá mejor Su traicion y mi cuidado.
_(Lee.)_ _Cumpliendo, señora, con la obligacion de lo que ofrecí, que fué avisar de todo, hago saber á vuestra merced que en casa de una dama de esta corte dejó por muerto á mi señor un caballero, de una herida, de que estuvo dos dias sin sentido y preso: ya gracias á Dios está mejor y libre, y de partida para esa ciudad, adonde..._
No leo más, porque confieso Que me ahogan las ánsias mias.
INÉS.
¿Qué más, señora, querias Leer, despues de leido eso?
D.ª BEAT.
¡Este es el pleito á que fué Don Diego!
INÉS.
Era necesario; Que siempre es pleito ordinario De Madrid amor.
D.ª BEAT.