Teatro selecto, tomo 2 de 4

Part 3

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Luz han sacado.-- ¿Quién eres, hombre?

COQUIN.

Señor, Yo soy.

D. GUT.

¡Qué engaño! ¡Qué error!

COQUIN.

Pues yo ¿no te lo decia?

D. GUT.

Que me hablabas presumia, Pero no que eras el mismo Que tenía. ¡Oh ciego abismo Del alma y paciencia mia!

D.ª MEN.

¿Salió ya, Jacinta? _(Ap. á ella.)_

JACINTA.

Sí.

D.ª MEN.

¿Cómo esto en tu ausencia pasa? Mira bien toda la casa; Que como saben que aquí No estás, se atreven así Ladrones.

D. GUT.

A verla voy. Suspiros al cielo doy Que mis sentimientos lleven, Si es que á mi casa se atreven, Por ver que en ella no estoy.

_(Vase él y Coquin.)_

ESCENA IX.

DOÑA MENCÍA, JACINTA.

JACINTA.

Grande atrevimiento fué Determinarse, señora, A tan grande accion ahora.

D.ª MEN.

En ella mi vida hallé.

JACINTA.

¿Por qué lo hiciste?

D.ª MEN.

Porqué Si yo no se lo dijera, Y Gutierre lo sintiera, La presuncion era clara, Pues no se desengañara De que yo cómplice era; Y no fué dificultad En ocasion tan cruel, Haciendo del ladron fiel, Engañar con la verdad.

ESCENA X.

DON GUTIERRE, _que debajo de la capa trae una daga_.--DOÑA MENCÍA, JACINTA.

D. GUT.

_(A Doña Mencía.)_ ¿Qué ilusion, qué vanidad Desta suerte te burló? Toda la casa vi yo; Pero en ella no encontré Sombra de que verdad fué Lo que á tí te pareció. (_Ap._ Mas engáñome ¡ay de mí! Que esta daga que hallé ¡cielos! Con sospechas y recelos Previene mi muerte en sí. Mas no es esto para aquí.) Mi bien, mi esposa, Mencía, Ya la noche en sombra fria Su manto va recogiendo, Y cobardemente huyendo De la hermosa luz del dia. Mucho siento, claro está, El dejarte en esta parte, Por dejarte, y por dejarte Con este temor; mas ya Es hora.

D.ª MEN.

Los brazos da A quien te adora.

D. GUT.

El favor Estimo.

_(Al ir á abrazarle Doña Mencía, ve la daga.)_

D.ª MEN.

¡Tente, señor! ¿Tú la daga para mí? En mi vida te ofendí, Deten la mano al rigor, Deten...

D. GUT.

¿De qué estás turbada, Mi bien, mi esposa, Mencía?

D.ª MEN.

Al verte así presumia Que ya en mi sangre bañada, Hoy moria desangrada.

D. GUT.

Como á ver la casa entré, Así esta daga saqué.

D.ª MEN.

Toda soy una ilusion.

D. GUT.

¡Jesus, qué imaginacion!

D.ª MEN.

En mi vida te he ofendido.

D. GUT.

¡Qué necia disculpa ha sido! Pero suele una aprension Tales miedos prevenir.

D.ª MEN.

Mis tristezas, mis enojos, Vanas quimeras y antojos, Suelen mi engaño fingir.

D. GUT.

Si yo pudiere venir, Vendré á la noche, y adios.

D.ª MEN.

Él vaya, señor, con vos.-- (_Ap._ ¡Oh qué asombros! ¡Oh qué extremos!)

D. GUT.

_(Ap.)_ ¡Ay honor, mucho tenemos Que hablar á solas los dos! _(Vanse.)_

* * * * *

_Cámara real en el Alcázar._

ESCENA XI.

DON DIEGO Y EL REY _con broquel y capa de color, y miéntras habla, se muda en traje de negro_.

REY.

Ten, Don Diego, esa rodela.

D. DIEGO.

Tarde vienes á acostarte.

REY.

Toda la noche rondé De aquesta ciudad las calles, Que quiero saber así Sucesos y novedades De Sevilla, que es lugar Donde cada noche salen Cuentos nuevos; y deseo Desta manera informarme De todo, para saber Lo que convenga.

D. DIEGO.

Bien haces, Que el rey debe ser un Argos En su reino, vigilante: El emblema de aquel cetro Con dos ojos lo declare. Mas ¿qué vió tu Majestad?

REY.

Ví recatados galanes, Damas desveladas ví, Músicas, fiestas y bailes, Muchos garitos, de quien Eran siempre voces grandes La tablilla, que decia: «Aquí hay juego, caminante.» Ví valientes infinitos: Y no hay cosa que me canse Tanto como ver valientes, Y que por oficio pase Ser uno valiente aquí. Mas porque no se me alaben Que no doy exámen yo A oficio tan importante, A una tropa de valientes Probé solo en una calle.

D. DIEGO.

Mal hizo tu Majestad.

REY.

Antes bien, pues con su sangre Llevaron iluminada...

D. DIEGO.

¿Qué?

REY.

La carta del exámen.

ESCENA XII.

COQUIN.--DICHOS.

COQUIN.

_(Ap.)_ No quise entrar en la torre Con mi amo, por quedarme A saber lo que se dice De su prision. Pero ¡tate! (Que es un pero muy honrado Del celebrado linaje De los tates de Castilla), Porque el Rey esta delante.

REY.

Coquin.

COQUIN.

Señor.

REY.

¿Cómo va?

COQUIN.

Responderé á lo estudiante.

REY.

¿Cómo?

COQUIN.

_De corpore bene_, Pero _de pecuniis male_.

REY.

Decid algo, pues sabeis, Coquin, que como me agrade, Teneis aquí cien escudos.

COQUIN.

Fuera hacer tú aquesta tarde El papel de una comedia Que se intitula: _El Rey Angel_. Pero con todo eso traigo Hoy un cuento que contarte, Que remata en epigrama.

REY.

Si es vuestra, será elegante. Vaya el cuento.

COQUIN.

Yo ví ayer De la cama levantarse Un capon con bigotera. ¿No te ries de pensarle Curándose sobre sano Con tan vagamundo parche? A esto un epigrama hice. (No te pido, Pedro el Grande, Casas ni viñas; que solo Risa pido: en este guante Dad vuestra bendita risa A un gracioso vergonzante.) «Floro, casa muy desierta La tuya debe de ser, Porque eso nos da á entender La cédula de la puerta: Donde no hay carta, ¿hay cubierta? ¿Cáscara sin fruta? No, No pierdas tiempo; que yo, Esperando los provechos, He visto labrar barbechos, Mas barbi-deshechos no.»

REY.

¡Qué frialdad!

COQUIN.

No es más caliente.

ESCENA XIII.

DON ENRIQUE.--DICHOS.

D. ENR.

Dadme vuestra mano.

REY.

Infante, ¿Cómo estais?

D. ENR.

Tengo salud, Contento de que se halle Vuestra Majestad con ella; Y esto, señor, á una parte: Don Arias...

REY.

Don Arias es Vuestra privanza: sacadle De la prision, y haced vos, Enrique, esas amistades, Que á vos os deben las vidas.

D. ENR.

La tuya los cielos guarden, Y heredero de tí mismo, Apuestes eternidades Con el tiempo. _(Vase el Rey.)_

ESCENA XIV.

DON ENRIQUE, DON DIEGO, COQUIN.

D. ENR.

Iréis, Don Diego, A la torre, y al Alcaide Le diréis que traiga aquí Los dos presos. (_Ap._ ¡Cielos! dadme

_(Vase Don Diego.)_

Paciencia en tales desdichas Y prudencia en tantos males.) Coquin, ¿tú estabas aquí?

COQUIN.

Y más me valiera en Flándes.

D. ENR.

¿Cómo?

COQUIN.

Es el Rey un prodigio De todos los animales.

D. ENR.

¿Por qué?

COQUIN.

La naturaleza Permite que el toro brame, Ruja el leon, muja el buey, El asno rebuzne, el ave Cante, el caballo relinche, Ladre el perro, el gato maye, Aulle el lobo, el lechon gruña, Y sólo permitió darle Risa al hombre, y Aristóteles Risible animal le hace Por difinicion perfecta; Y el Rey, contra el órden y arte, No quiere reirse. Déme El cielo para sacarle Risa, todas las tenazas Del buen gusto y del donaire. _(Vase.)_

ESCENA XV.

DON GUTIERRE, DON ARIAS, DON DIEGO.--DON ENRIQUE.

D. DIEGO.

Ya, señor, están aquí Los presos.

D. GUT.

Dános tus plantas.

D. ARIAS.

Hoy al cielo nos levantas.

D. ENR.

El Rey mi señor de mí (Porque humilde le pedí Vuestras vidas este dia) Estas amistades fía.

D. GUT.

El honrar es dado á vos.--

_(Coteja la daga que se halló, con la espada del Infante.)_

(_Ap._ ¿Qué es esto que miro? ¡Ay Dios!)

D. ENR.

Las manos os dad.

D. ARIAS.

La mia Es esta.

D. GUT.

Y estos mis brazos, Cuyo lazo y nudo fuerte No desatará la muerte, Sin que los haga pedazos.

D. ARIAS.

Confirmen estos abrazos Firme amistad desde aquí.

D. ENR.

Esto queda bien así. Entrambos sois caballeros, En acudir los primeros A su obligacion; y así Está bien el ser amigo Uno y otro; y quien pensare Que no queda bien, repare En que ha de reñir conmigo.

D. GUT.

A cumplir, señor, me obligo Las amistades que juro: Obedeceros procuro, Y pienso que me honraréis Tanto, que de mi crêréis Lo que de mí estais seguro. Sois fuerte enemigo vos, Y cuando lealtad no fuera, Por temor no me atreviera A romperlas, vive Dios. Vos y yo para otros dos: Me estuviera á mí muy bien Mostrar entónces tambien Que sé cumplir lo que digo; Mas con vos por enemigo, ¿Quién ha de atreverse? ¿quién? Tanto enojaros temiera El alma cuerda y prudente, Que á miraros solamente Tal vez áun no me atreviera; Y si en ocasion me viera De probar vuestros aceros, Cuando yo sin conoceros A tal extremo llegara, Que se muriera estimara La luz del sol por no veros.

D. ENR.

(_Ap._ De sus quejas y suspiros Grandes sospechas prevengo) Venid conmigo, que tengo Muchas cosas que deciros, Don Arias.

D. ARIAS.

Iré á serviros.

_(Vanse Don Enrique, Don Diego y Don Arias.)_

ESCENA XVI.

DON GUTIERRE.

Nada Enrique respondió; Sin duda se convenció De mi razon. ¡Ay de mí! ¿Podré ya quejarme? Sí; Pero consolarme, no. Ya estoy solo, ya bien puedo Hablar. ¡Ay Dios! ¡quién pudiera Reducir solo á un discurso, Medir con sola una idea Tantos géneros de agravios, Tantos linajes de penas Como cobardes me asaltan, Como atrevidos me cercan! ¡Ahora, ahora, valor, Salga repetido en quejas, Salga en lágrimas en vuelto El corazon á las puertas Del alma, que son los ojos! Y en ocasion como esta, Bien podeis, ojos, llorar: No lo dejeis de vergüenza. ¡Ahora, valor, ahora Es tiempo de que se vea Que sabeis medir iguales El valor y la prudencia! Pero cese el sentimiento, Y á fuerza de honor, y á fuerza De valor, áun no me dé Para quejarme licencia; Porque adula sus penas El que pide á la voz justicia dellas. Pero vengamos al caso, Quizá hallarémos respuesta. ¡Oh, ruego á Dios que la haya! ¡Oh, plegue á Dios que la tenga!-- Anoche llegué á mí casa, Es verdad; pero las puertas Me abrieron luego, y mi esposa Estaba segura y quieta. En cuanto á que me avisaron De que estaba un hombre en ella, Tengo disculpa en que fué La que me avisó ella mesma. En cuanto á que se mató La luz, ¿qué testigo prueba Aquí que no pudo ser Un caso de contigencia? En cuanto á que hallé esta daga, Hay criados de quien pueda Ser. En cuanto (¡ay dolor mio!) Que con la espada convenga Del Infante, puede ser Otra espada como ella; Que no es labor tan extraña, Que no hay mil que la parezcan. Y apurando más el caso, Confieso (¡ay de mí!) que sea Del Infante, y más confieso, Que estaba allí, aunque no fuera Posible dejar de verle; Mas siéndolo, ¿no pudiera No estar culpada Mencía? Que el oro es llave maestra, Que las guardas de criadas Por instantes nos falsea. ¡Oh! ¡cuánto me estimo haber Hallado esta sutileza! Y así acortemos discursos, Pues todos juntos se cierran En que Mencía es quien es, Y soy quien soy. No hay quien pueda Borrar de tanto esplendor La hermosura y la pureza.-- Pero sí puede, mal digo; Que al sol una nube negra, Si no le mancha, le turba, Si no le eclipsa, le hiela. ¿Qué injusta ley condena, Que muera el inocente y que perezca? A peligro estais, honor, No hay hora en vos que no sea Crítica, en vuestro sepulcro Vivís, puesto que os alienta La mujer, en ella estais Pisando siempre la huesa. Yo os he de curar, honor, Y pues al principio muestra Este primero accidente Tan grave peligro, sea La primera medicina Cerrar al daño las puertas, Atajar al mal los pasos. Y así es receta y ordena _El Médico de su honra_ Primeramente la dieta Del silencio, que es guardar La boca, tener paciencia: Luégo dice que apliqueis A vuestra mujer finezas, Agrados, gustos, amores, Lisonjas, que son las fuerzas Defensibles, porque el mal Con el despego no crezca; Que sentimientos, disgustos, Celos, agravios, sospechas Con la mujer, y más propia, Aun más que sanan, enferman. Esta noche iré á mi casa, De secreto entraré en ella Por ver qué malicia tiene El mal; y hasta apurar ésta, Disimularé, si puedo, Esta desdicha, esta pena, Este rigor, este agravio, Este dolor, esta ofensa, Este asombro, este delirio, Este cuidado, esta afrenta, Estos celos... ¿Celos dije? ¡Qué mal hice! Vuelva, vuelva Al pecho la voz. Mas no, Que si es ponzoña que engendra Mi pecho, si no me dió La muerte (¡ay de mí!) al verterla, Al volverla á mí podrá; Que de la víbora cuentan Que la mata su ponzoña, Si fuera de sí la encuentra. ¿Celos dije? ¿Celos dije? Pues basta; que cuando llega Un marido á saber que hay Celos, faltará la ciencia; Y es la cura postrera Que el médico de honor hacer intenta.

_(Vase.)_

ESCENA XVII.

DON ARIAS, DOÑA LEONOR.

D. ARIAS.

No penseis, bella Leonor, Que el no haberos visto fué Porque negar intenté Las deudas que á vuestro honor Tengo; y acrêdor á quien Tanta deuda se previene, El deudor buscando viene, No á pagar, porque no es bien Que necio y loco presuma Que pueda jamás llegar A satisfacer y dar Cantidad que fué tan suma; Pero en fin, ya que no pago, Que soy el deudor confieso: No os vuelvo el rostro, y con eso La obligacion satisfago.

D.ª LEON.

Señor Don Arias, yo he sido La que obligada de vos, En las cuentas de los dos Más interes ha tenido. Confieso que me quitasteis Un esposo á quien queria; Mas quizás la suerte mia Por ventura mejorasteis; Pues es mejor que sin vida, Sin opinion, sin honor Viva, que no sin amor, De un marido aborrecida. Yo tuve la culpa, yo La pena siento, y así Solo me quejo de mí Y de mi estrella.

D. ARIAS.

Eso no: Quitarme, Leonor hermosa, La culpa, es querer negar A mis deseos lugar; Pues si mi pena amorosa Os significo, ella diga En cifra sucinta y breve Que es vuestro amor quien me mueve, Mi deseo quien me obliga A deciros, que pues fuí Causa de penas tan tristes, Si esposo por mí perdistes, Tengais esposo por mí.

D.ª LEON.

Señor Don Arias, estimo, Como es razon, la eleccion; Y aunque con tanta razon Dentro del alma la imprimo, Licencia me habeis de dar De responderos tambien Que no puede estarme bien, No, señor, porque á ganar No llegaba yo infinito; Sino porque si vos fuisteis Quien á Gutierre le dísteis De un mal formado delito La ocasion, y ahora viera Que me casaba con vos, Fácilmente entre los dos De aquella sospecha hiciera Evidencia; y disculpado, Con demostracion tan clara, Con todo el mundo quedara De haberme á mí despreciado. Y yo estimo de manera El quejarme con razon, Que no he de darle ocasion A la disculpa primera; Porque, si en un lance tal Le culpan cuantos le ven, No han de pensar que hizo bien Quien yo pienso que hizo mal.

D. ARIAS.

Frívola respuesta ha sido La vuestra, bella Leonor; Pues cuando de antiguo amor Os hubiera convencido La experiencia, ella tambien Disculpa en la enmienda os da. ¿Cuánto peor os estará Que tenga por cierto, quien Le imaginó, vuestro agravio, Y no le constó despues La satisfaccion?

D.ª LEON.

No es Amante prudente y sabio, Don Arias, quien aconseja Lo que en mi daño se ve. Pues si agravio entónces fué, No por eso ahora deja De ser agravio tambien; Y peor, cuanto haber sido De imaginado á creido. Y á vos no os estará bien Tampoco.

D. ARIAS.

Como yo sé La inocencia de ese pecho En la ocasion, satisfecho Siempre de vos estaré. En mi vida he conocido Galan necio, escrupuloso Y con extremo celoso, Que en llegando á ser marido, No le castiguen los cielos. Gutierre pudiera bien Decirlo, Leonor; pues quien Levantó tantos desvelos De un hombre en la ajena casa, Extremos pudiera hacer Mayores, pues llega á ver Lo que en la propia le pasa.

D.ª LEON.

Señor Don Arias, no quiero Escuchar lo que decís, Que os engañais, y mentís. Don Gutierre es caballero Que en todas las ocasiones Con obrar y con decir Sabrá, vive Dios, cumplir Muy bien sus obligaciones; Y es hombre cuya cuchilla, O cuyo consejo sabio, Sabrá no sufrir su agravio Ni á un infante de Castilla. Si pensais vos que con eso Mis enojos adulais, Muy mal, Don Arias, pensais: Y si la verdad confieso, Mucho perdisteis conmigo; Pues si fuerais noble vos, No hablárades, vive Dios, Así de vuestro enemigo. Y yo, aunque ofendida estoy, Y aunque la muerte le diera Con mis manos si pudiera, No le murmurara hoy En el honor, desleal. Sabed, Don Arias, que quien Una vez le quiso bien, No se vengará en su mal. _(Vase.)_

D. ARIAS.

No supe qué responder. Muy grande ha sido mi error, Pues en escuelas de honor Arguyendo una mujer Me convence. Iré al Infante, Y humilde le rogaré Que de estos cuidados dé Parte ya de aquí adelante A otro; y porque no lo yerre, Ya que el dia va á morir, Me ha de matar, ó no he de ir En casa de Don Gutierre. _(Vase.)_

* * * * *

_Jardin._

ESCENA XVIII.

DON GUTIERRE, _que sale como saltando unas tapias_.--DOÑA MENCIA, _durmiendo_.

D. GUT.

En el mudo silencio De la noche, que adoro y reverencio, Por sombra aborrecida, Como sepulcro de la humana vida, De secreto he venido Hasta mi casa, sin haber querido Avisar á Mencía De que ya libertad del Rey tenía, Para que descuidada Estuviese (¡ay de mí!) desta jornada. Médico de mi honra Me llamo, pues procuro mi deshonra Curar; y así he venido A visitar mi enfermo á hora que ha sido De ayer la misma, (¡cielos!) A ver si el accidente de mis celos A su tiempo repite: El dolor mis intentos facilite. Las tapias de la huerta Salté, porque no quise por la puerta Entrar. ¡Ay Dios! ¡qué introducido engaño Es en el mundo, no querer su daño Examinar un hombre, Sin que el recelo ni el temor le asombre! Dice mal quien lo dice; Que no es posible, no, que un infelice No llore sus desvelos: Mintió quien dijo que calló con celos, O confiéseme aquí que no los siente; Mas ¡sentir y callar! otra vez miente. Este es el sitio donde Suele de noche estar: áun no responde El eco entre estos ramos. Vamos pasito, honor, que ya llegamos; Que en estas ocasiones Tienen los celos pasos de ladrones.--

_(Ve á Doña Mencía.)_

¡Ay, hermosa Mencía, Qué mal tratas mi amor y la fe mia! Volverme otra vez quiero. Bueno he hallado mi honor, hacer no quiero Por ahora otra cura, Pues la salud en él está segura. Pero ¿ni una criada La acompaña? ¿Si acaso retirada Aguarda?...--¡Oh pensamiento Injusto! ¡oh vil temor! ¡oh infame aliento! Ya con esta sospecha No he de volverme; y pues que no aprovecha Tan grave desengaño, Apuremos de todo en todo el daño. Mato la luz, y llego, _(Apaga la luz.)_ Sin luz y sin razon, dos veces ciego; Pues bien encubrir puedo El metal de la voz, hablando quedo.-- ¡Mencía! _(Despiértala.)_

D.ª MEN.

¡Ay Dios! ¿qué es esto?

D. GUT.

No des voces.

D.ª MEN.

¿Quién es?

D. GUT.

Mi bien, yo soy: ¿no me conoces?

D.ª MEN.

Sí, señor; que no fuera Otro tan atrevido...

D. GUT.

_(Ap.)_ Ella me ha conocido.

D.ª MEN.

Que así hasta aquí viniera. ¿Quién hasta aquí llegara, Que no fuérades vos, que no dejara En mis manos la vida, Con valor y con honra defendida?

D. GUT.

(_Ap._ ¡Qué dulce desengaño! ¡Bien haya, amén, el que apuró su daño!) Mencía, no te espantes de haber visto Tal extremo.

D.ª MEN.

¡Qué mal, temor, resisto El sentimiento!

D. GUT.

Mucha razon tiene Tu valor.

D.ª MEN.

¿Qué disculpa me previene...

D. GUT.

Ninguna.

D.ª MEN.

De venir así tu Alteza?

D. GUT.

_(Ap.)_ ¡Tu Alteza! No es conmigo. ¡Ay Dios! ¡qué escucho! Con nuevas dudas lucho. ¡Qué pesar! ¡qué desdicha! ¡qué tristeza!

D.ª MEN.

¿Segunda vez pretende ver mi muerte? ¿Piensa que cada noche...

D. GUT.

_(Ap.)_ ¡Oh trance fuerte!

D.ª MEN.

Puede esconderse...

D. GUT.

_(Ap.)_ ¡Cielos!

D.ª MEN.

Y matando la luz...

D. GUT.

_(Ap.)_ ¡Matadme, celos!

D.ª MEN.

Salir á riesgo mio Delante de Gutierre?

D. GUT.

_(Ap.)_ Desconfío De mí, pues que dilato Morir, y con mi aliento no la mato. El venir no ha extrañado El Infante, ni dél se ha recatado; Sino sólo ha sentido Que en ocasion se ponga (¡estoy perdido!) De que otra vez se esconda. ¡Mi venganza á mi agravio corresponda!

D.ª MEN.

Señor, vuélvase luégo.

D. GUT.

_(Ap.)_ ¡Hay Dios! todo soy rabia, todo fuego.

D.ª MEN.

Tu Alteza así otra vez no llegue á verse.

D. GUT.

¿Quién por eso no más ha de volverse?

D.ª MEN.

Mirad que es hora que Gutierre venga.

D. GUT.

(_Ap._ ¿Habrá en el mundo quien paciencia tenga? Sí, si prudente alcanza Oportuna ocasion á su venganza.) No vendrá, yo le dejo Entretenido; y guárdame un amigo Las espaldas el tiempo que conmigo Estais: él no vendrá, yo estoy seguro.

ESCENA XIX.

JACINTA.--DICHOS.

JACINTA.

_(Ap.)_ Temerosa procuro Ver quién hablaba aquí.

D.ª MEN.

Gente he sentido.

D. GUT.

¿Qué haré?

D.ª MEN.

¿Qué? Retirarte, No á mi aposento, sino á otra parte.

_(Retírase Don Gutierre al paño.)_

¡Hola!

JACINTA.

Señora...

D.ª MEN.

El aire que corria Entre esos ramos, miéntras yo dormia, La luz ha muerto: luego Traed luces. _(Vase Jacinta.)_

D. GUT.

(_Ap._ Encendidas en mi fuego. Si aquí estoy escondido, Han de verme, y de todos conocido, Podrá saber Mencía Que he llegado á entender la pena mia. Y porque no lo entienda, Y dos veces ofenda, Una con tal intento, Y otra pensando que lo sé y consiento, Dilatando su muerte, He de hacer la deshecha desta suerte.)

_(Entrase, y dice en voz alta.)_

¡Hola! ¿Cómo está aquí desta manera?

D.ª MEN.

Este es Gutierre: otra desdicha espera Mi espíritu cobarde.

D. GUT.

¡No han encendido luces, y es tan tarde!

_(Sale Jacinta con luz, y Don Gutierre por otra puerta de donde se escondió.)_

JACINTA.

Ya la luz está aquí.

D. GUT.

¡Bella Mencía!

D.ª MEN.

¡Oh mi esposo, mi bien y gloria mia!

D. GUT.

_(Ap.)_ ¡Qué fingidos extremos! Mas, alma y corazon, disimulemos.

D.ª MEN.

Señor, ¿por dónde entrasteis?

D. GUT.

De esa huerta. Con la llave que tengo, abrí la puerta. Mi esposa, mi señora, ¿En qué te entretenías?

D.ª MEN.

Vine ahora A este jardin, y entre estas fuentes puras Me dejó el aire á obscuras.

D. GUT.

No me espanto, bien mio; Que el aire que mató la luz, tan frio Corre, que es un aliento Respirado del céfiro violento, Y que no sólo advierte Muerte á las luces, á las vidas muerte, Y pudieras dormida A sus soplos perder tambien la vida.

D.ª MEN.

Entenderte pretendo, Y aunque más lo procuro, no te entiendo.

D. GUT.

¿No has visto ardiente llama Perder la luz al aire que la hiere, Y que á este tiempo de otra luz inflama La pavesa? Una vive y otra muere A solo un soplo. Así, desta manera, La lengua de los vientos lisonjera Matarte la luz pudo, Y darme luz á mí.

D.ª MEN.

(_Ap._ El sentido dudo.) Parece que celoso Hablas en dos sentidos.

D. GUT.

(_Ap._ Riguroso Es el dolor de agravios; Mas con celos ningunos fueron sabios.) ¡Celoso! ¿Sabes tú lo que son celos? Que yo no sé qué son ¡viven los cielos! Porque si lo supiera, Y celos...

D.ª MEN.

_(Ap.)_ ¡Ay de mí!

D. GUT.

Llegar pudiera A tener... ¿qué son celos? Atomos, ilusiones y desvelos, No más que de una esclava, una criada, Por sombra imaginada, Con hechos inhumanos A pedazos sacara con mis manos El corazon, y luégo Envuelto en sangre, desatado en fuego, El corazon comiera A bocados, la sangre me bebiera, El alma le sacara, Y el alma ¡vive Dios! despedazara, Si capaz de dolor el alma fuera. Pero ¿cómo hablo yo desta manera?

D.ª MEN.

Temor al alma ofreces.

D. GUT.

¡Jesus, Jesus mil veces! Mi bien, mi esposa, cielo, gloria mia, Ah mi dueño, ah Mencía, Perdona, por tus ojos, Esta descompostura, estos enojos; Que tanto un fingimiento Fuera de mí llevó mi pensamiento: Y véte por tu vida; que prometo Que te miro con miedo y con respeto, Corrido deste exceso. ¡Jesus! No estuve en mí, no tuve seso.

D.ª MEN.