Teatro galante

Part 5

Chapter 53,815 wordsPublic domain

MANOLO

Eso creo yo.

DANIEL

¡Y yo, el primero! ¿Pero, por qué vais á hacerme responsable de este incidente?

ARACELI

La responsable seré yo...

DANIEL

Ni tú, ni yo, ni Manuel, ni nadie. ¿Tú quieres ir al baile? Pues vete enhorabuena, ¿quién te lo impide?... ¡Ve y diviértete mucho... y vuelve á la hora que te plazca! Creo que no puedo ser más liberal... Pero de que yo te deje ir á que tú me «obligues» á acompañarte, ¡hay mucha diferencia!... ¿No te parece?

MANOLO

Sí, y no se enfade usted, Araceli; yo creo, imparcialmente, que Daniel tiene razón.

DANIEL

¡Y tanta! Cada cual distrae su fastidio como puede: yo lo distraigo leyendo, tú bailando... ¡Muy bien! Aquí no se ventila ninguna cuestión de amor propio, ni se trata de que nadie imponga á nadie su voluntad... Sí de que todos pasemos la noche lo más agradablemente posible. (_Pausa._)

LEOCADIA

En llegando á ese punto, yo no digo ni pío; los señores verán. Señorita, hable usted...

MANOLO

Vaya usted, si quiere...

DANIEL

Ve, tonta, ve... ¿pero por qué dudas?

ARACELI

(_Irritadísima_). ¡Venga el mantón! Ea, se acabaron las contemplaciones. ¡Venga!... He prometido ir, y no quiero quedar en ridículo. ¿Usted necesitará su dinero, verdad?... Sí, tome usted...

LEOCADIA

No hay prisa.

ARACELI

Sí, tome, mejor es... á cada cual lo suyo... (_Registrando su portamonedas._) ¡Qué demonio! No tengo bastante...

LEOCADIA

¡Pero déjelo usted, señorita!

ARACELI

¡Que no! Tome usted; mañana le daré el resto.

LEOCADIA

¡Nada, no quiero nada!

ARACELI

Sí, sí.

LEOCADIA

¡Que de ninguna manera!

DANIEL

Yo daré lo que falte.

LEOCADIA

¡Vaya, que no! ¡Ni que se fueran _ustés_ á morir! Hasta mañana, hasta mañana si Dios quiere. (_Recoge los otros disfraces precipitadamente._)

ARACELI

Venga usted por la tarde.

LEOCADIA

Repito que no hay prisa. Ea... ¡y que pasen _ustés tóos_ muy buena noche!

MANOLO

Adiós, mujer.

ESCENA V

ARACELI, DANIEL, MANOLO

ARACELI

¿Ya estarás contento, verdad? Me has puesto en ridículo... ¡Ya estarás contento!

DANIEL

Araceli, te ruego que no riñamos; es de mal gusto.

ARACELI

Egoísta...

DANIEL

No, hija querida, no soy egoísta.

ARACELI

Sí lo eres; Manolo puede decirlo; no hay hombre que se quiera tanto á sí mismo como tú.

MANOLO

Yo, si ustedes me lo permiten, voy á marcharme.

ARACELI

No... yo le ruego que se quede aquí.

MANOLO

Si usted lo quiere...

(_Durante este diálogo, Manolo leerá periódicos, hojeará libros, etc._)

ARACELI

Sí, quédese usted... Con usted, amigo íntimo de Daniel, no hay para qué tener secretos. (_Pausa._) No crea usted que mi enfado y mi dolor provienen de lo que acaba de suceder. ¡No!... Ir al baile ó no ir... ¿á mí qué me importa?... Pero este hecho, insignificante en sí, es como la gotita que hace derramar el vaso. Sufrimos una pena grande, y otra pena mayor, y otra y otra... y sonreímos. Hasta que llega una contrariedad pequeñísima, una contrariedad cualquiera... ¿qué diría yo?... ¡Unos zapatos que acabamos de comprar y que nos lastiman un poco!... Y, de súbito, acordándonos de que nada nos sale bien, la garganta se nos llena de sollozos y rompemos á llorar á gritos. Y así es todo: eche usted sobre un edificio una piedra más de las que puede soportar, y el edificio se hunde; dele usted al corazón una gota de sangre más de la que pueda contener, y el corazón se rompe.

DANIEL

¿Tantos disgustos te dí que ya no puedes resistir ni uno más?

ARACELI

Tantos, tantos me diste, Daniel... que mi alma, toda mi pobre alma es una llaga.

DANIEL

No recuerdo ninguno.

ARACELI

¡Si lo sé! Pues ese, ese es, cabalmente, mi mayor dolor: que me lastimas sin advertirlo, por distracción... como sólo pueden hacerlo los que no quieren.

DANIEL

¡Ahora salimos con que no te quiero!

ARACELI

No, Daniel, no; aquello se fué...

DANIEL

Eres injusta conmigo.

ARACELI

¡Injusta!

DANIEL

Me acusas sin razón. Yo te quiero con amor firmísimo, lleno de lealtad. Pero recuerda, Araceli, que si yo tengo veinte años más que tú, el cariño que me lleva á ti y el cariño que te acerca á mí, no pueden ser iguales.

ARACELI

¡Estás cansado de amar!

DANIEL

De amar no estoy cansado, pues que tu amor basta á hacerme dichoso; de lo que sí estoy fatigado es de las impaciencias de la pasión, de las grandes «chiquilladas» de la pasión, de todo cuanto hay en ella de intemperante y ostentoso.

ARACELI

Eso tiene un nombre: se llama desilusión.

DANIEL

Desilusión, sí; pero desilusión de lo pequeño, de lo accidental, de lo que en modo alguno daña á la esencia del amor. Tú tienes ahora veinticinco años; yo ¡ay! también los tuve, los cumplí hace tiempo... y entonces, que mi sangre ardía, la posesión de una mujer no me bastaba: necesitaba que mis amigos la conociesen, la llevaba á los bailes, la obligaba á beber, la arrastraba de orgía en orgía como á una presa; no concebía el amor sin exhibición, sin escándalo... Pero, mira... la vida fué pasando... y cuando los cabellos empezaron á blanquear, el alma tuvo frío.

ARACELI

Y ahora tienes frío.

DANIEL

Sí, mucho...

ARACELI

De muy distinto modo me hablabas cuando nos conocimos.

DANIEL

¡Y es natural! Diez años pasaron desde entonces; diez años, en los cuales, sobre mi corazón ha nevado mucho. La vida está dispuesta de modo que la primavera de un alma coincida generalmente con el otoño de otra alma. ¡Siempre fué así!... En las comedias del teatro humano, el Tiempo representó siempre el papel de protagonista.

ARACELI

¡Y para esto me arrancaste de mi casa!... ¡Para engañarme así! (_Llorosa._)

DANIEL

¿Engañarte yo, Araceli?

ARACELI

Sí. Entonces mis padres acababan de casarme con un hombre viejo, feo, entregado en cuerpo y alma á sus negocios, á cuyo lado mis quince años, llenos de impaciencias, se ahogaban. Y tú me dijiste: «Ven, sígueme, huyamos... yo soy la alegría...»

DANIEL

¡Y lo era! (_Con amargura._)

ARACELI

«Yo soy la locura... déjalo todo, renuncia á todo; viajaremos, conoceremos todos los placeres, nos asomaremos á todos los paisajes; mis labios, que tienen sed de amor, colgarán una túnica de besos sobre tus hombros; yo he aprendido una risa y una canción que nadie sabe...» ¡Eso me decías, Daniel, acuérdate, eso me decías!... ¡Y me volví loca!... Y ahora resulta que mentías...

DANIEL

¡No mentía!

ARACELI

O, cuando menos, te engañabas. Tú también eres frío, tú también eres indiferente y egoísta y cansino, ¡como el otro!... (_Con brusca explosión de cólera._) ¡Pues no y no y no!... ¡Aquello, nunca!... Yo te juro que aquel muerto vivir de mi primera juventud, no volverá á repetirse. ¡Te lo juro!... Para eso, para ser dichosa, fue para lo que me puse fuera de la ley. La vida se va... la siento ir... ¡se va!... Es como una vena rota... y no quiero perderla sin haberla vivido...

DANIEL

Habla más bajo, Araceli.

ARACELI

Estoy en mi casa.

DANIEL

Pero no es necesario que los criados se enteren de lo que hablamos aquí.

ARACELI

No me importa.

DANIEL

Yo creía que debía importarte.

ARACELI

Y yo creo que estoy en mi casa, repito, y que tengo derecho á hacer en ella mi gusto...

DANIEL

Indudablemente.

ARACELI

A no ser que me eches de aquí.

DANIEL

Jamás; quien probablemente se irá de aquí, seré yo.

MANOLO

Araceli, Daniel... ¿qué va á ser esto?

ARACELI

Usted lo ha oído todo.

MANOLO

¿Pero se han vuelto ustedes locos?

DANIEL

¡Al contrario! Todos estamos muy cuerdos, porque cada cual defiende lo suyo, lo que más quiere. Por eso, para no molestar nos mutuamente, repito que me iré.

ARACELI

Nadie te ha despedido.

DANIEL

Indirectamente, sí.

ARACELI

Eso, no; yo no te despedí. (_Orgullosa._) Ahora, claro es, tú eres libre y, como tal, dueño de hacer lo que más te agrade.

DANIEL

Por eso me iré; ya no te convengo porque no te divierto, y debo marcharme. Mi delicadeza lo entiende así.

ARACELI

¡Si estaba viendo llegar este rompimiento! ¡Si me lo anunciaba el corazón!... (_Llora._)

MANOLO

(_Colérico_). Haces muy mal en decir lo que dices.

DANIEL

¿Que he dicho?

MANOLO

Araceli no merece que la trates de ese modo.

DANIEL

Mira, chiquito... (_Nervioso._)

MANOLO

¡Nada, lo sostengo! ¡No lo merece!

ARACELI

Déjele usted, Manolo; ¡es inútil!

MANOLO

Tú no puedes tratar así á Araceli; tú tienes la obligación de hacerla dichosa.

DANIEL

¿La obligación?

MANOLO

La obligación, sí. Tú, que la arrancaste de su hogar, del hogar donde vivía mal ó bien, pero decorosamente, la debes toda clase de respetos...

DANIEL

Creo que te ha hecho daño el coñac que hemos bebido.

MANOLO

¡Daniel!

DANIEL

Me parece que sí.

MANOLO

Piensa lo que gustes. Pero, repito, que á Araceli no la consideras lo que merece... y que delante de mí...

DANIEL

Acaba.

ARACELI

Manolo... no... no se disguste usted...

MANOLO

Que delante de mí no permito que la insultes.

DANIEL

(_Fríamente_). Está bien.

ARACELI

Bueno, basta... (_Conciliadora._) La cuestión terminó ya.

MANOLO

Hay sinrazones que hacen hervir la sangre...

ARACELI

Yo le suplico á usted...

MANOLO

No tiene usted nada que suplicarme.

ARACELI

(_Cogiendo el mantón_). Yo vuelvo en seguida. Voy á vestirme.

MANOLO

¿Va usted al baile por fin?

ARACELI

Sí. Creo que es lo mejor.

ESCENA VI

DANIEL, MANOLO

DANIEL

¿Qué ha sido eso?

MANOLO

¿El qué? ¿Lo que te he dicho?

DANIEL

Sí.

MANOLO

No sé... los nervios, los nervios, que no siempre vibran del mismo modo... Perdona... O será el coñac, como tú dices. (_Nervioso._)

DANIEL

No, no es eso.

MANOLO

¿No?

DANIEL

No; no es cuestión de nervios, ni cuestión de bebida...

MANOLO

¡De lo que sea!

DANIEL

No es fácil que yo me equivoque. (_Pausa._) La causa de tu apasionamiento la sospecho... la conozco. (_Pausa._) Tú estás enamorado de Araceli. (_Pausa larga._) ¿No es cierto?

MANOLO

No es.

DANIEL

Sí es.

MANOLO

Te aseguro que no.

DANIEL

Ahora es cuando empiezas á parecerme desairado. Me gustó tu arrebato de hace un momento porque había en él sinceridad juvenil. La juventud sólo sabe pelear así, cara á cara... Pero has reflexionado, y la reflexión envejece á los hombres.

MANOLO

¿Y aunque estuviese enamorado de Araceli, ¡qué importa!... si ella no lo sabe?

DANIEL

Luego la quieres... Sé franco; la franqueza es siempre, siempre, una valentía. Luego la quieres...

MANOLO

No sé si la quiero.

DANIEL

Pero te gusta.

MANOLO

¡Mucho!

DANIEL

Si eso me lo dijeses teniendo yo los años que tú tienes, esta conversación acabaría á cuchilladas. Pero, no... ya, no... Pasó la edad de los celos homicidas, la edad terrible... Si Araceli se va, si Araceli quiere á su placer, es decir... si se quiere á sí misma más que á mí, ¿para qué retenerla?

MANOLO

(_Irónico_). Haces bien.

DANIEL

Y tú eres quien me la quita. (_Colérico._)

MANOLO

¿Yo?

DANIEL

Sí, sí... ¡Oh!

MANOLO

¡Ojalá! Ya ves si soy sincero; ¡ojalá!... Pero no es así; en todo caso será ella quien te deja.

DANIEL

Es que ella no hubiese hablado así, si tú no hubieras estado presente.

MANOLO

Piensa lo que gustes.

DANIEL

(_Con repentina cólera_). Manuel... ¡eres un miserable!

MANOLO

¿Qué dices?

DANIEL

Que eres un miserable.

MANOLO

Es que si te crees con derecho á insultarme...

DANIEL

Lo tengo.

MANOLO

Yo me reservo el derecho de partirte la cara.

DANIEL

Y yo... ¡Mira!... Manuel... ¡No me saques fuera de mí!... (_Avanzando amenazador._)

ESCENA VII

DICHOS y ARACELI

ARAGELI

(_Que aparece disfrazada con el mantón de Manila y con un antifaz en la mano_). Ya estoy lista. ¿Qué tal?

DANIEL

(_Dominándose_). Muy bien.

MANOLO

Está usted guapísima.

ARACELI

(_A Daniel y sonriendo_). ¿El mantón, verdad?

DANIEL

Todo influye.

MANOLO

Pero, tenía usted razón; el mantón, efectivamente, es magnífico.

ARACELI

Precioso; ¿qué hora será?

MANOLO

Poco más de las once.

ARACELI

Entonces, llego á tiempo. Desde aquí voy á casa de Filomena, que está aguardándome, y desde allí, al Real.

MANOLO

Allí nos veremos. Si me concede usted el vals...

ARACELI

Con mucho gusto. (_A Daniel, que habrá vuelto á sentarse junto á la chimenea._) ¿Vienes?

DANIEL

(_Con dulzura y melancolía_). No, hija mía.

ARACELI

Decídete y te espero. Anda, ¿quieres?...

DANIEL

No, no... ¿para qué?

ARACELI

En un momento te vistes.

DANIEL

Los bailes ya no me divierten. Perdona...

ARACELI

Como gustes...

DANIEL

Sí, déjame; prefiero leer. (_Dentro suena una estudiantina que pasa tocando un alegre paso doble. La música se acerca y luego se aleja gradualmente._)

ARACELI

(_Con alegría infantil_). ¡Una estudiantina, una estudiantina!... (_Ella y Manolo corren hacia la ventana y miran._)

MANOLO

¡La juventud pasa!

ARACELI

¡Y pasa llamándonos, invitándonos á seguirla!... ¡Qué hermosa la juventud, que lleva consigo la alegría!... (_Pausa. Los tres escuchan._)

MANOLO

(_A Araceli_). ¡La alegría! ¿Verdad que arrastra?

ARACELI

Sí. ¡Qué hermosa es! Mire usted, estoy llorando... La alegría es eso: es llorar y es reir, sin saber por qué... ¡Vámonos, vámonos!...

MANOLO

Ya, apenas se oye...

ARACELI

Vámonos. (_A Manolo._) ¿Quiere usted acompañarme hasta que encuentre un coche?

MANOLO

Estoy á sus órdenes.

ARACELI

(_A Daniel_). Entonces, hasta luego.

DANIEL

O hasta nunca... (_Tranquilo._)

ARACELI

¿Hasta nunca?

DANIEL

Sí. Porque aunque yo esté aquí cuando tú vuelvas, las almas sólo se despiden una vez, y yo he sentido que en este momento, nuestras almas, Araceli, acaban de decirse «adiós». (_Pausa._)

ARACELI

(_A Manolo_). ¿Me da usted su brazo?

MANOLO

(_Desde la puerta, á Daniel._) Buenas noches.

(_Araceli mira á Daniel con intención cruel y hace mutis riendo á carcajadas._)

ESCENA VIII

DANIEL, luego MARIANO

DANIEL

(_Sentado ante la chimenea_). ¡Se fué!... Cuando á mí me querían, yo no quise á nadie; ahora, que quiero... ya es tarde para hacerme querer. (_Se cubre el rostro con las manos y llora._)

MARIANO

(_Por la izquierda_). Señor... (_Al verle llorando queda suspenso._)

TERMINA EL ACTO PRIMERO

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ACTO SEGUNDO

Otro gabinete elegante. Al foro y á la derecha, puertas. La chimenea y la ventana, con objeto de dar variedad á la escena, aparecen á la izquierda.

Es de noche.

Al levantarse el telón, Teresa acaba de arreglar la chimenea y se dirige hacia el foro para recibir á Daniel, que está medio ciego y camina con pasos inseguros. Daniel se sienta junto á la chimenea, y sentado permanece durante todo el acto.

ESCENA PRIMERA

TERESA, DANIEL

TERESA

Ya sabía yo, don Daniel que era usted quien llegaba.

DANIEL

¿Por la voz me conociste, Teresita? (_Risueño._)

TERESA

Sí, señor marqués, fué por la voz y por el modo de andar. Venga usted por aquí... (_Le lleva hacia la chimenea._)

DANIEL

¡Ah, sí!... Ya... ¿Porque arrastro los pies?

TERESA

Los arrastra usted un poquito, muy poco...

DANIEL

¿Tú no sabes por qué, Teresa?

TERESA

No, señor marqués.

DANIEL

Porque la tierra nos quiere mucho á los viejos, y se agarra á nuestros pobres pies cansados... y tira de nosotros... ¡Necesario será irse pronto con ella!

TERESA

¿Quién piensa en morir? Ea, siéntese usted... Esta noche no dirá usted que la chimenea está fría.

DANIEL

No, por cierto, que su calor parece quemarme las mejillas. ¡Brrr!... ¡Qué frío hace!... De poco aprovechan los guantes con este tiempo; ¡heladitas traigo las manos! (_Pausa._) ¿Y la señorita?

TERESA

En su cuarto.

DANIEL

¿Pero, está bien?

TERESA

Sí, señor.

DANIEL

Eso es lo principal. ¡Vaya!... ¿Y el señorito Paco?

TERESA

En las habitaciones de la señorita. (_Confidencial._) Creo que están riñendo.

DANIEL

¿Sí? ¡Lo siento mucho!

TERESA

No vaya usted á decir nada, don Daniel... que ustedes, los cortos de vista, lo dicen todo, sin duda porque no ven el efecto que causa lo que dicen...

DANIEL

No, mujer. ¿Y por qué riñen?

TERESA

Porque el señorito Paco quiere llevar á la señorita al baile, y ella no quiere ir.

DANIEL

Hace bien la señorita. Los bailes son estúpidos; en ellos se pierde el tiempo, el dinero, la salud... ¡todo lo que más vale! ¿Y qué se saca de los bailes?... Nada... ó casi nada. ¿Verdad, Teresa?

TERESA

Verdad, don Daniel.

DANIEL

Tú, que también habrás perdido en los bailes de máscaras muchas noches, ¿no piensas como yo?

TERESA

Lo mismo, señor marqués.

DANIEL

¡Naturalmente!... Lo que parece imposible es que hayamos necesitado llegar á viejos para saberlo.

TERESA

¿Quiere usted que llame á la señorita?

DANIEL

No, déjala. Supongo que la cena no se habrá retrasado por mí...

TERESA

No, señor. Ya sabe usted que aquí nunca hay hora fija para cenar. Además, hoy tenemos invitados.

DANIEL

¿Y han venido?

TERESA

¿No les oye usted?... En el comedor están.

DANIEL

¿Quiénes son? ¿Les conozco yo?

TERESA

¡Pues digo!... Don Nicolás, don Ángel, la señorita Raquel, la señorita Luisa... y otra joven que no conozco. La han tomado con el _champagne_...

DANIEL

Les apruebo el gusto.

TERESA

Llegaron hace poco más de una hora y ya llevan descorchadas seis ó siete botellas. Lo que esos cenen después, que me lo claven en la frente. ¿Quiere usted que les llame?.

DANIEL

¡No, no!...

TERESA

No sé si ha reparado usted, don Daniel, en que le dije que hay en el comedor dos hombres y tres mujeres.

DANIEL

Sí.

TERESA

Pues entonces...

DANIEL

¿Y qué quieres decir con eso?

TERESA

¿No cae usted?

DANIEL

No caigo.

TERESA

¡Que sobra una mujer!

DANIEL

Pues sobra, hija mía, porque yo... ¡á la vista está!... yo, ¡como si no estuviese aquí! Oye, Teresa...

TERESA

Diga usted.

DANIEL

¿Está bien cerrada esa ventana?

TERESA

Sí, señor, está bien cerrada. Además, con los burletes no entra ni pizca de aire; traiga usted la mano, verá usted...

DANIEL

Basta que tú lo digas. Es raro... ¡tengo un frío esta noche! (_Pausa._) Aunque yo creo que eso del frío, más que del tiempo, depende de la edad, ¿no te parece?

TERESA

Iba yo á decirlo.

DANIEL

¡Es claro!... Cuando somos jóvenes, ya puede nevar aprisa en la calle, que llevamos el verano dentro. En cambio, cuando llegamos á viejos y el fastidio nieva y nieva... y nieva... dentro del alma, ¿para qué sirve el sol?

TERESA

Ahí tiene usted á la señorita. Hasta después. (_A Araceli y á Paco._) Con permiso...

ESCENA II

ARACELI, PACO, DANIEL

PACO

(_Campechanamente_). Adiós, marqués.

DANIEL

¡Hola, muchacho!... ¿Y tú, Araceli?

ARACELI

¿Y tú?

DANIEL

Muy bien. Acabo de llegar.

PACO

Creíamos que no vendrías.

ARACELI

Y lo sentíamos.

DANIEL

Ya sabéis que yo nunca falto á cenar los lunes, y menos los lunes festivos. Teresa me ha dicho que tenéis invitados...

PACO

Sí. Ángel y Nicolás han venido con tres amigas suyas; pensábamos comer aquí y luego marcharnos al Real... pero ahora resulta que la señorita Araceli no quiere ir al baile.

DANIEL

Ya...

PACO

¿Qué te parece?

DANIEL

¡Toma!... ¡Qué sé yo!

PACO

Pues yo sí que lo sé: es una estupidez.

ARACELI

No es una estupidez, Paco; es, sencillamente, que no tengo ganas de bailar. ¡Oye, Daniel, fíjate!...

PACO

¿Pero qué vas á explicarle á él?

ARACELI

¿Y por qué no?... Mira, Daniel, óyeme tú, porque estos señoritos que todavía no han salido de la infancia, no nos entienden.

PACO

Como que tenéis veinte ó treinta ó cuarenta años más que nosotros... ¡Es claro!

ARACELI

(_Con amargura_). Sí... soy vieja para ti.

PACO

¡Lo eres!... Yo te quiero, me gustas... ¡Naturalmente! ¿No te parece, Daniel?... Araceli me gusta, porque si no me gustase no estaría yo aquí... pero comprendo que no pensamos del mismo modo; cada cual interpreta la vida á su manera... ¡y eso me aburre! Yo no sé si es cuestión de temperamento ó cuestión de edad... Ahora, por ejemplo, yo quiero ir al baile; esos amigos han venido á buscarme; podemos pasar una buena noche... Y la digo: «Anda, Araceli, ponte un mantón y vámonos...» ¿Hay nada más natural?

DANIEL

Efectivamente...

PACO

¿Me faltarán mujeres que llevar al baile? Y, sin embargo, la prefiero á ella. ¡Si debías estar orgullosa!

ARACELI

Y lo estoy, y te lo agradezco...

PACO

Lo demuestras muy mal.

ARACELI

Pero, Paco... los hombres, con poneros el frac, ya estáis arreglados. Nosotras, no. Para ir al baile, yo necesito vestirme de cabeza á pies, ponerme el corsé nuevo, que me lastima mucho las caderas, peinarme bien... Y para hacer todo esto es indispensable tener buen humor, ganas de lucir, de divertirse... y yo esta noche no me siento bien... me duele la cabeza... (_A Daniel._) Creo que tengo calentura...

PACO

¡Eso faltaba!

DANIEL

(_Pulsando á Araceli_). No, las manos un poco ardientes... pero, no... no hay fiebre...

PACO

¡Estamos divertidos!

ARACELI

¿Qué quieres, hijo mío?

PACO

¿Eh, Daniel?... ¡Estoy divertido! Supongo que cuando conociste á Araceli, ésta no sería así.

DANIEL

No era así, no.

PACO

Sería, probablemente, todo lo contrario.

ARACELI

Todo lo contrario... ¡Desgraciadamente!

PACO

(_Irónico_). ¡Ah, vamos!... Le querrías más que á mí...

ARACELI

¡No, hombre!

PACO

Sí, mujer, le querrías mucho más que á mí, y por eso eras con él mucho más complaciente que lo eres conmigo... ¡Delicioso!... ¿Pues sabes lo que digo?

ARACELI

¿Qué dices, Paco? (_Resignada._)

PACO

Que esta casa es mía, y que tú eres mía... y que yo pago todo esto para mí, para divertirme, para usarlo cuando me parezca.

ARACELI

Eres grosero.

PACO

¡Déjame en paz!

ARACELI

Hay momentos en que te desconozco. Si tantas ganas tienes de ir al baile, vete; yo no me enfado.

PACO

¡Pero si quiero ir contigo, imbécil! ¿Es que no lo entiendes? ¡Quiero ir contigo... y emborracharme!... (_Con énfasis cómico._) Porque si á ti te gustan los amores tranquilos y las copitas de coñac bebidas pacíficamente en tu casita, delante de una chimenea, á mí me gusta bailar y dormir en la delegación y beber el _champagne_ en cubo... ¿te has enterado?...

ARACELI

Ya lo sé, hombre, ya lo sé...

PACO

(_A Daniel_). ¿No te parece?

DANIEL

Psch... sí...

PACO

Vamos, ya... tú crees que ella tiene razón.

DANIEL

No... tampoco. Araceli, á mi juicio, tiene razón, pero tú también defiendes un deseo justo... (_Riendo con amargura._) ¡Qué vida... qué incomprensible vida esta, en la que todos, así el golpeado, como el que golpea, tienen razón!

PACO

Es muy cómodo decir: «Hoy no tengo ganas de salir», y quedarse en casa. O bien: «Hoy el cuerpo me pide retozo; llévame al campo...» Y el hombre, entretanto, convertido en figura decorativa, hecho un mamarracho, á disposición de la señora... ¡Eso, que se te quite de la cabeza! Tú vienes al baile porque yo deseo que vengas, ni más ni menos... porque tienes la obligación de divertirme, porque para eso vivimos juntos.

ARACELI

Bueno, Paco, iré... (_A Daniel._) ¿Tú ves qué suplicio?

PACO

Pues, deprisita, deprisita... ¡que se hace tarde! (_Dentro y por la derecha resuenan grandes carcajadas._)

VARIAS VOCES

(_Dentro_). ¡Viva! ¡Viva!

PACO

(_Riendo_). ¡Oye... cómo están ya esos!

ARACELI

Pero me dejarás ir como yo quiera...

PACO

¿Cómo?

ARACELI

Con capuchón.

PACO

¿Tú eres tonta!... ¿Pero cómo quieres que te lleve de capuchón, hecha una cursi?

ARACELI

¡Si es que no puedo apretarme el corsé!

PACO

Pues, ó te vistes bien, ó no vienes.

DANIEL

Déjala, hombre, que vaya á su gusto.

PACO

¡No quiero!... Yo, con mamarrachos, no voy al baile. La llevo para lucirla, eso es, no para que se rían de mí. Te pones el mantón azul, y te calzas bien, y te peinas bien... y la dices á Teresa que te traiga flores... ¡Ya lo sabes...!

ESCENA III

DICHOS y DON NICOLÁS

DON NICOLÁS

(_Desde dentro_). ¡Paco!... ¡Paco!... (_Aparece por la derecha con una copa y una botella de «champagne»_). ¿Qué, no queréis una copa?... Pero, ¿cómo no vais allí?...

PACO

Ahora vamos.

DON NICOLÁS

Señor marqués... beso á usted las manos... (_Da muestras de hallarse ligeramente embriagado._)

DANIEL

¡Hola, Nicolás!

DON NICOLÁS

(_Dirigiéndose á Araceli y á Paco_). Apostaría algo bueno á que estaban ustedes riñendo...

ARACELI

No estábamos riñendo, no; porque yo no riño con Paco; es él, quien quiere reñir conmigo.

DON NICOLÁS

Pero como usted no quiere... ¡Pues no hay riña! ¡Claro!... Ea, tomad, tomad una copa; esto no es _champagne_, ¿sabes?

PACO

¿No?

DON NICOLÁS