Part 1
SAN IGNACIO DE LOYOLA
BIBLIOTECA FILOSÓFICA
LOS GRANDES FILÓSOFOS ESPAÑOLES
SAN IGNACIO DE LOYOLA
BIOGRAFÍA.--BIBLIOGRAFÍA.--SU DOCTRINA FILOSÓFICA EXPUESTA EN LOS «EJERCICIOS ESPIRITUALES».--INFLUENCIA DE ÉSTA EN EL MUNDO.
POR
BENJAMÍN MARCOS
(CABALLERO DEL PILAR)
CON UN PRÓLOGO DEL ILLMO. SR. D. ENRIQUE VÁZQUEZ CAMARASA Canónigo Magistral de la S. I. C. de Madrid y Caballero del Pilar
MADRID 1923
IMPRENTA DE CARO RAGGIO: MENDIZÁBAL, 34, MADRID.
IHS
ALOCUCIÓN
_Si el estado de descomposición que presenta nuestra querida España es grande, por lo que se refiere a los importantes problemas de instrucción, moral e ideas, no lo es menos el que atañe al estado actual de la Filosofía, puesto que parecen aumentarse de día en día los vestigios del materialismo y escepticismo y se arraigan hondamente los sistemas socialista, comunista y sindicalista._
_Por eso entendemos que este momento es el más oportuno para dar una sabia y verdadera dirección a nuestra vida social, a nuestra Patria, porque se hace preciso acabar con este período tormentoso en que nos agitamos y nos ahogamos. Urge poblar las inteligencias, fortalecer los corazones y entrar, con paso seguro, en una vida en la que predomine la conciencia y la paz de espíritu[1]._
_Este es el momento en que podemos conocer la causa de tanta inquietud, de tanto sobresalto; este es el instante en que podemos llegar a descubrir si el amor desordenado a las concepciones sintéticas que, como fuegos fatuos, distraen la atención de los pueblos, son férreos lazos que encadenan el espíritu filosófico de nuestra Patria._
_La hora presente es la de saber si la conciencia puede revelarnos su naturaleza racional y eterna, mandándonos, con la imperiosa y santa voz de la verdad, que a la luz de la Ciencia miremos la vida entera, para que cese la anarquía intelectual que hoy nos gangrena y podamos encontrar todo lo que hay de racional en este ser, creado a imagen y semejanza de Dios, principio absoluto de toda verdad y de toda ciencia._
_Nosotros, en nuestra pequeñez, deseamos, queremos, anhelamos colaborar eficazmente a esta gran labor, a la que esperamos nos ayudéis con vuestra cooperación moral y material; y de ahí que nos hayamos atrevido a ofreceros esta obra, que, por ser nuestra, quizá no pueda llenar las aspiraciones de los más exigentes, pero que, bien mirada, puede ser algo así como un aliciente y una ayuda eficaz para completar aquélla._
_Porque, si uno de los medios más eficaces que han contribuído a la transformación y regeneración de las costumbres, ha sido ese libro de oro titulado EJERCICIOS ESPIRITUALES, de San Ignacio de Loyola, bien puede considerarse también como un gran paso para esta obra social la publicación de nuestro libro, en el que estudiamos esa_ Obra _admirable desde el punto de vista filosófico, y, por ende, venimos en incluír al Santo Fundador de la Compañía de Jesús entre los GRANDES FILÓSOFOS ESPAÑOLES, pues en aquel libro encontramos teorías filosóficas admirables y doctrinas divinizadas_.
_Por otra parte, San Ignacio quiso cumplir, al pie de la letra, aquello del Redentor: “Salvar todo lo que se ha perdido, rescatar a las ovejas descarriadas, encender al mundo en el fuego del amor de Dios y declarar guerra abierta a Luzbel, que es el error”._
_Siendo esto así, bien se advierte cómo nuestra obra responde a un mismo fin, y, por tanto, bajo su égida y la protección vuestra queremos poner nuestro trabajo._
_Esto de un lado; de otro, que acaba de celebrarse bien solemnemente el III centenario de la canonización del Santo Fundador; y ya que nuestro deseo fué contribuír, en la medida de nuestras fuerzas, a la mayor esplendidez de esta solemnidad y ensalzar aún más, si es posible, ese nombre bendito, esa figura excelsa de nuestra Sacrosanta Religión y gloria de nuestra Patria, faltándonos los medios materiales para dar a la estampa en tan oportuna época este nuestro estudio, sirva como broche de oro para cerrar con él estas fiestas, de las que tan gratos recuerdos guardan sus devotos y la Nación entera, pues no habrá restado ello interés, ya que la buena doctrina esparcida es siempre buena semilla, para fructificar._
_Si, por tanto, aceptáis esta nuestra ofrenda humilde, nuestro único galardón queremos que sea tan sólo la satisfacción de haber sido útiles en algo y la de haber cumplido con un deber de ciudadanos, de católicos y de hombres de conciencia, cooperando, con nuestros esfuerzos, al engrandecimiento de nuestra Patria, al bien de nuestro prójimo, a la mayor gloria de Dios y la de su Santa Iglesia, nuestra Madre amantísima._
_Recibid, pues, esta ofrenda del último y más indigno de vuestro hermano en Congregación._
_BENJAMIN MARCOS._
(Caballero del Pilar.)
Madrid, 12 de octubre de 1922, día de Nuestra Patrona, la Virgen del Pilar.
PRÓLOGO
Si yo estuviera hecho a las lides periodísticas o supiese luchar con la pluma tajante y con la tizona punzante, a buen seguro que podría salir airoso de esta empresa o aventura, en la que me ha querido meter el erudito autor de este libro, mi amigo el señor Marcos, figura prestigiosa del periodismo español, luchador infatigable y avezado a los estudios filosóficos, según lo viene demostrando en los dos primeros volúmenes publicados en esta BIBLIOTECA, obra que merece los aplausos de los estudiosos y la gratitud de los buenos españoles.
Pero no me ha sido dado este privilegio de escribir, y tan sólo la oratoria sagrada ha invadido mi ser y mi alma toda, dedicándome por entero a ella y deseando plegue a Dios que, con mi modesta, pero incesante labor evangélica, consiga conquistar muchas almas para la eterna bienaventuranza.
Por eso temo que estas breves líneas con que el señor Marcos, congregante fervoroso del Pilar, quiere que encabece su meritísimo trabajo, no responda a lo que de mí espera, puesto que _nemo dat quod non habet_, y yo no tengo lo que de mí quiere y desea.
Autor y lector me habrán de perdonar estas consideraciones que voy a hacer respecto a la obra de mi ilustre hermano en Congregación.
* * * * *
Siéntese desde que se empieza a leer este libro algo así como una efusión espiritual, como una fruición interna, pues comienza presentándonos un cuadro real y exacto del estado social moderno, bien que basado en palabras de la más alta autoridad de la Iglesia, de nuestro Santísimo Padre el actual Pontífice, cuya primera carta encíclica, _Arcano Dei_, con la que ha inaugurado su pontificado, es como una intensa luz que derrama raudales de irisaciones sobre toda la faz de la tierra con su sabia y santísima palabra, reverbero de la luz increada, destello del Perínclito Espíritu, eco de la voz del Eterno.
Pero, no contento con esto, el señor Marcos va caminando poco a poco por la senda de los razonamientos y nos jumenta las facetas distintas o estados diversos del hombre espiritual, y aun material, ya sea su anhelo compenetrarse con la soberana Belleza y la infinita Santidad, ya sea su deseo tan sólo mirar a las cosas de la tierra entendiendo que _ex nihilo nihil fit_, y, por tanto, el hombre, que es sólo polvo, ceniza--_memento homo quia pulvis est et in pulverem reverteris_--, en eso quedará convertido _in aeternum_, puesto que, según los materialistas, el cuerpo humano en ninguna de sus partes tiene señales del posarse del alma, espiritual, inmaterial, incorpórea.
* * * * *
Esto en cuanto a la introducción que el autor hace de su obra.
Pasando a la primera y segunda parte, o sea a la biografía y a la bibliografía, sólo habremos de decir cuan bien se advierte la erudición que atesora el señor Marcos, pues los libros que cita, los testimonios que aduce, las opiniones que aporta al tratar de la inspiración de los _Ejercicios Espirituales_, de San Ignacio, obra es de un concienzudo y meditado estudio y de un tenaz rebuscamiento, buceamiento de datos, textos y autores, que acusan un amor vehemente al estudio y estar acostumbrado ya a esta busqueda.
El libro de San Ignacio, el que inmortalizó su nombre y fué como la piedra angular de esa Ínclita Orden que se llama Compañía de Jesús, no cabe duda--como prueba el autor--que es verdaderamente universal, semilla que, diseminada por todo el orbe católico, y aun infiel, ha dado tan ópimos frutos, que ha estrellado de santos el cielo y ha llenado de sabios el mundo, pudiéndose aplicar a esta Compañía y al libro inmortal lo que decía el gran Tertuliano de los cristianos: _Somos de ayer y ya lo llenamos todo: templos, calles, plazas, etc._
De ahí que hayan tenido para el fundador y para su gran obra (la Compañía y los _Ejercicios_) frases inspiradísimas y encomiásticas los papas, los sabios, los hombres de ciencia, aun heterodoxos, y no hay que decir los católicos.
Y, como libro inspirado por Dios, ha logrado el máximo de perfección, ya en su letra, ya en su espíritu, pues de tal manera, leyéndolo, se va infiltrando en el alma el sentimiento del amor a Dios, la virtud santa, el deseo de bien obrar, el temor de perder al Bien Sumo, el ardimiento por adorar a Jesús en el augusto Sacramento, la devoción bella y tierna de Nuestra Madre la Virgen María, que, como escalones, van formándose en el espíritu por los que el alma cristiana va acercándose cada vez más a la Única y Suma Verdad y a la Incomparable Belleza.
Libro mágico, a cuyo conjuro, los más empedernidos pecadores, los más enfangados en el vicio, los más descreídos, han caído de rodillas, llorando sus culpas, detestando sus extravíos, confesando su error; y así comenzando y después siguiendo por el verdadero arrepentimiento, por la penitencia austera, por el firme propósito, han llegado al amor, a la virtud, al deseo del sacrificio y hasta a la íntima unión con el Sumo Bien, con la Divinidad increada y de todo creadora.
* * * * *
Ahora bien; el señor Marcos ha hecho un verdadero alarde de erudición en su parte tercera, en la que estudia, desde el punto de vista filosófico, el libro inmortal del _Ermitaño de Manresa_--como llama a San Ignacio--, pues, basándose en sanas teorías de autores cristianos, y aun profanos, deduce conclusiones verdaderamente sorprendentes, admirables y lógicas.
Claro es que por ellas él afirma que puede catalogarse _desde hoy_ a San Ignacio entre los GRANDES FILÓSOFOS ESPAÑOLES, teoría que no nos atrevemos a compartir en absoluto.
San Ignacio fué un inspirado, un iluminado, como Teresa, como Francisco de Asis, etc., etc.; pero no sabemos si, fuera de esa inspiración, hubiera podido escribir, como lo hizo en aquel entonces, carente de cultura básica y fundamental, pues posible fuera que ni siquiera hubiera sabido razonar filosóficamente las verdades eternas, y menos las metafísicas. Esto, claro es, en el terreno especulativo.
Ahora bien; existe un hecho, y es que el libro está ahí henchido de doctrina filosófica, en sus razonamientos, en la forma de sentar las premisas y sacar las conclusiones verdaderas, en el estudio psicológico del humano corazón, en la metafísica de su doctrina y hasta en la Teodicea de sus inspiradas meditaciones.
Y, siendo esto así, en el terreno práctico, no se le puede negar al señor Marcos el derecho a formular esta aseveración, que prueba suficientemente, y hasta consideramos de justicia, el que se le dé al Santo Fundador el calificativo de _gran filósofo_ por este su libro, que es como el río de oro que va surcando las conciencias todas y todos los corazones, en los que florecen al contacto de la frescura de esas aguas, purísimas y virginales, las virtudes más hermosas de obediencia, castidad y pobreza, trinidad augusta que forman el triángulo del alma santificada y aureolada por ellas; espejo donde puede verse a Dios tal cual es, para temerle, para amarle y hasta para enamorarle y con Él compenetrarse íntima y eternamente.
No hemos, pues, de discutir al autor de este libro el mérito de su trabajo ni de su ingenioso descubrimiento, y más de admirar es el que un seglar haya parado mientes en esta faceta, en este aspecto, nuevos por completo, y haya salido tan airoso de su empresa.
Claro es que el señor Marcos tiene otros hábitos y otras virtudes que le permiten hacer este alarde.
Por último; si miramos, no ya a la parte técnica del libro, llamémosla así, a la que se refiere a la Filosofía, sino al estilo literario, quedaremos perplejos, sin saber cuál de las dos cosas habremos de admirar más en este trabajo, si el fondo o la forma. Yo no sé decirlo, como no sé aquilatar lo bastante el mérito de este trabajo, pues que los encuentro iguales en belleza, en intensidad, en emotividad, en galanura.
Quede esto para los eruditos, para los hombres de ciencia, pues yo no he podido hacer otra cosa que poner mi granito de arena en este colosal edificio que se intenta construír, y quiera Dios que le veamos terminado, pues esta BIBLIOTECA sería una perla más, colocada en la corona inmarcesible de la ciencia filosófica española.
Madrid, 10-3-23.
INTRODUCCIÓN
PROMESA CUMPLIDA.--NUESTROS PROPÓSITOS. LA GRAN CAMPAÑA SOCIAL.--ESTADO SOCIAL Y FILOSÓFICO DE NUESTRO SIGLO.--INFLUENCIA BENÉFICA DE LA FILOSOFÍA.--LOS «EJERCICIOS», DE SAN IGNACIO, ENCIERRAN LA VERDADERA FILOSOFÍA.
Sin duda habrás pensado, lector amigo, que la _Biblioteca Filosófica_ de los GRANDES FILÓSOFOS ESPAÑOLES, iniciada en 1914 con el primer tomo dedicado a FRANCISCO DE VALLES (el Divino), había quedado en promesa, quizá por falta de energías o por falta de decisión en los autores.
No ha sido así, y porque te debo una explicación de esta tardanza de nueve años en reanudar la publicación de los tomos sucesivos al primero, de esta Biblioteca, he de dártela cumplida.
Aparte de las dificultades económicas que se han presentado a mi paso en estos años, impidiéndome dar a la estampa y a la publicidad éste y los sucesivos volúmenes, la guerra europea vino a conturbarnos más aún, pues tal situación se creó a las industrias del papel y del libro, que no permitían otros dispendios y otras atenciones que las más perentorias y las más apremiantes.
Y una desgracia mayor vino a entorpecer mi propósito. Fué ésta la muerte prematura de mi querido e inolvidable amigo y colaborador D. Eusebio Ortega, que, víctima de ese terrible azote que tantas vidas siega en flor, sucumbió cuando le sonreía un porvenir brillante, ganado por su trabajo, por su talento, por su actividad y por sus simpatías.
Alma hermosa, corazón bueno, pasó por este mundo haciendo sólo bien.
Dios Nuestro Señor habrá acogido su alma en el seno de la gloria, pues, al decir de San Agustín: tuvo una muerte tan santa como había sido su vida: _sicut vita finis ita_.
Creo, pues, un deber no sólo de compañerismo, sino de conciencia, rendirle, con esta ocasión, un tributo de admiración y de cariño.
Colaboró con gran talento, y dispuesto estaba a continuar esta obra; mas el hombre propone y Dios dispone, por lo cual habremos de repetir con el poeta:
Dios lo ha querido así, Bendito sea[2].
Esta pérdida, para mí casi irreparable, ha hecho que mi trabajo fuese más lento, más intenso, y que mi labor se dilatara más, ya que, sin colaboración de nadie, he tenido necesidad de invertir doble tiempo, en la preparación de este tomo, al que empleamos en el anterior.
También, merced a esta pérdida tan por mí llorada, notarás, quizá, algunas deficiencias que sabrás perdonar, así como la tardanza en salir a la luz pública, amén de otras causas de índole puramente económica con que he tropezado.
Subsanadas hoy, gracias a Dios, y esperando obtener el éxito que obtuvo el primer tomo[3], me encomiendo a tu juicio severo, pero imparcial y justo.
* * * * *
Si, por un espíritu de sutileza o por un deseo de notoriedad, alguien se hubiera atrevido a entrar en las regiones de la ciencia filosófica para estudiar la obra escrita por el cenobita de Manresa, titulada _Ejercicios Espirituales_, de San Ignacio de Loyola, seguramente se le hubiera tachado, no ya de temerario, sino de iluso o de fantástico.
Y, sin embargo, he aquí nuestro propósito en esta obra.
Fieles cumplidores de la misión que nos hemos impuesto, al comenzar nuestra _Biblioteca filosófica_, y en el deseo de estudiar a LOS GRANDES FILÓSOFOS ESPAÑOLES, entendemos como un deber moral estudiar a San Ignacio de Loyola COMO FILÓSOFO.
Bien sabemos que se nos objetará diciendo que nada tiene el libro de los _Ejercicios_ como sistema filosófico o como escuela; mas nosotros entendemos que la filosofía es “_todo aquello que concierne a Dios, al mundo y al hombre_”, pues así la definen algunos autores, y, por tanto, la obra de Ignacio cabe, según más tarde hemos de probar, no sin analizarla, dentro de la Filosofía.
Gran temeridad supone por nuestra parte tal empresa, por la que quizá alguien nos califique de atrevidos; mas entendemos que si la Filosofía, en la época presente, se ciñera, con exclusividad, a explicar los fenómenos intelectuales y morales, valiéndose para ello de un principio exclusivo, fácil sería concretar quiénes son los verdaderos filósofos; mas la experiencia nos demuestra que la Filosofía se extiende a más vastos horizontes y enseña de continuo que se debe mirar con desconfianza el espíritu sistemático, puesto que tan sólo deja ver en los hechos la parte que se relaciona con la doctrina de ellos recibida.
El materialismo que arrastra, en los modernos tiempos, a sus secuaces a la escuela sensualista, de un lado[4], y de otro los que consideran al hombre como si fuese un espíritu puro, han hecho que cuantos al estudio de la Filosofía se dedican procuren huír de los opuestos principios, ya que bien conocido es el axioma: _in medio consistit virtus_.
Por otra parte, esta falta de convicciones, este vaivén de inteligencias que caracteriza a la generación moderna, esta babel de teorías y de métodos, hace que cuantos amamos la Ciencia, la Religión y la Patria nos aunemos para emprender una cruzada que venza esa ola de materialismo que, al decir de un gran pontífice, todo lo ha invadido[5], teniendo por único fin la gloria de Dios y la grandeza de España, fin que se propusieron siempre nuestros padres contra Mahoma cuando sostuvieron una lucha cruenta durante siete centurias; fin que tuvieron nuestros navegantes, nuestros descubridores, nuestros misioneros; fin que llevaron a cabo siempre los españoles nobles cuyos nombres nadie borrará del libro inmortal de la Historia, escritos con tinta sacada del Corazón abierto de Jesús[6].
* * * * *
Esta gran campaña social y religiosa es menester llevarla a cabo para entronizar a Dios en España y en el Mundo todo, pues desde que la sociedad ha expulsado a Dios de su seno[7] parece que todo se ha trastrocado, olvidándose los principios de la verdad.
Y España, que es la predilecta, la Nación mimada de Dios, la santificada por la presencia en carne mortal, de su Madre Santísima, la Virgen del Pilar, ha de ser la primera en acudir a este campo y dar la batalla decidida al enemigo común[8].
Cierto que esta gran campaña social se inició en 1921 y tuvo en sus comienzos una vibración estruendosa y una radiante perspectiva para nuestra Patria; mas, a pesar del hermoso y admirable plan trazado y de la entusiasta y fervorosa acogida que tuvo por el pueblo madrileño, y podríamos decir que español, abortó apenas nacida. El rosicler que apareció en nuestro cenit, llegó rápidamente al nadir.
¿A qué obedeció tal fenómeno?
¡Ah! Es que cuando un pueblo tiene por gobernantes hombres que ni prevén las catástrofes, ni pechan con responsabilidades; cuando tiene por gobernados a quienes ni cuidan de echar a esos hombres, ni castigarles, cual merece su dejación, su torpeza, su ignorancia o su debilidad, y aguanta paciente el derrumbamiento de nuestro poderío colonial y hasta marroquí, nada de extraño habrá verle también impávido ante esta otra maniobra política, indigna de hombres, no ya de políticos, que impide por todos los medios llevar a cabo esta magnífica empresa que traía consigo la reforma de las costumbres sociales y morales, vigorizando el corazón, iluminando la mente y obligando a ejercitar la voluntad decidida del pueblo español.
No se realizó, pues, esa campaña, con los augurios que de ella se hizo, con las esperanzas que en ella se habían cifrado; pero, ¿se dejará, por esto, de llevarla a cabo, aunque sea lenta, indirecta, pero enérgica, insistentemente?
Queremos ser nosotros los promotores de ella y deseamos sea, con este nuestro libro, el primer paso a realizarla, esperando ser secundados por cuantos sientan en su pecho amor a España y en su espíritu cariño a la Religión Cristiana[9].
Y ningún arma puede esgrimirse mejor que la Ciencia aunada a la doctrina de Dios, pues que se transforma en el divino verbo, y, así como las tinieblas desaparecen con la luz, así el error desaparecerá con la verdadera ciencia[10].
Y ¿dónde hay más ciencia filosófica, ni más divinidad de palabra que en los _Ejercicios_ de San Ignacio?
Ese libro, sólo comparable, después de la _Biblia_, con el _Kempis_ y con el _Quijote_, por su universalidad y por su difusión, fué lo bastante para matar el luteranismo y el protestantismo[11].
¿Por qué, pues, no estudiarle hoy, no ya como causa de esa milagrosa transformación en la vida espiritual y material del hombre, y aun de las sociedades, sino como campo de investigaciones filosóficas, como base para fundamentar un sistema, como principio de creación de una escuela en el sentido filosófico?
* * * * *
Muchas veces habremos sentido en el fondo de nuestro ser la dolorosa agonía de este hombre interno que vive como emparedado entre nosotros, porque el aire que necesita son las ideas, la sangre que debe animarle son las convicciones razonadas; y las ideas y las convicciones en los modernos tiempos--ha dicho un ilustre pensador--no dejan de ser sino exquisitos manjares, reservados para pocos, y por los que suspira la hambrienta inteligencia de nuestro pueblo.
Pues en el libro de Ignacio se nos pone bien claramente de manifiesto la síntesis de toda esta doctrina, porque él nos muestra ese hombre que llevamos dentro de nosotros mismos, y nos proporciona ideas nuevas, sanas y saludables; convicciones firmes y arraigadas; pensamientos honrados y altos y, con todo esto, sacia esta hambre y esta sed a todo el que se acerca a su mesa.
Claro es que, como toda obra grande, los _Ejercicios_, de San Ignacio, han dado lugar a grandes controversias y desorientaciones[12]; mas también han producido en muchas inteligencias y en no pocos corazones efectos bien saludables.
* * * * *
Movidos por esto habremos de presentar el cuadro de dudas, temores e inquietudes que asaltan a la generación contemporánea cuando intenta levantarse a la pura región de las ideas, y que son causa de ese desasosiego, de esa contradicción en que vive Europa, y que hace que presenciemos ese rápido y sangriento panorama de revoluciones y guerras que han venido a confundir y trastrocar imperios, repúblicas y monarquías.
Quizá nunca como en este siglo de vanidad y sutileza, de vacuidad y erotismo, encontremos tendencias más opuestas, doctrinas más subversivas y heterogéneas. Y es que el siglo XX, nacido en un cráter de revolución y alimentado por una guerra, la más grande que registra la Historia en sus anales, ha visto caer imperios de anchas fronteras que sucumbieron al empuje de la Europa entera (¡que tanto fué menester para vencerlos!) y escuchado atrevidas negaciones que han declarado desierto el Cielo, por no decir desaparecido, huérfana o desolada la tierra, levantando altares al Dios Exito y a la Diosa Fortuna.