Part 8
En seguida noté, entre los pies de los ángeles, una multitud de sapitos nuevos. Además, en el agua, flotaban cadáveres de otros sapitos, a los cuales iban adheridos por la trucha los renacuajos.
En el agua, no había ningún sapito vivo.
Después de un rato de contemplación, el profesor ordenó silencio a sus discípulos, y, al rayo del sol, les dió una lección de biología. Los muchachos se sentaron al borde de la fuente y le escucharon con interés.
"He aquí, amigos míos--dijo--una maravillosa oportunidad de aplicar la inteligencia a la explicación de los hechos.
He aquí, que acabo, tal vez, de descubrir el porqué del paso de los peces a los anfibios, en la evolución de las especies.
Notad que esta fuente no tiene salida. Es una laguna con cuatro islas. En la laguna, algunas sapas depositaron sus huevos, de los que salieron miles de renacuajos. Unos han evolucionado más pronto que otros. Se ven aquí batracios en todos los grados de desarrollo, desde el huevo al estado adulto, y por tanto, desde que respiran por branquias hasta que respiran por pulmones.
Pero es el caso que los ya pulmonados, se han visto forzados a refugiarse, _bajo pena de muerte_, en las islas. Lo prueban los cadáveres de sapitos que sirven, como veis, de alimento a los renacuajos, mucho más grandes, fuertes y vivaces por ser el agua su medio apropiado dada su respiración branquial.
La batracofobia de los renacuajos es, pues, un hecho indiscutible. Y lo particular es que tal hecho explica, según creo, el origen de los anfibios. Bastaría suponer en ciertos charcos del mundo primitivo, una superabundancia enorme de una forma dada de peces, que, habiendo desalojado a otras especies, empezaron a comerse entre ellos. Establecida así la lucha, se salvaban únicamente de la carnicería los que podían ganar tierra y resistir más tiempo al nuevo ambiente, hasta que las branquias se adaptaran al aire y se convirtieran en pulmones. El hábito y la herencia fijaron el nuevo carácter específico, y el atavismo reproduciría la forma primitiva acuática. Y como la duración de las condiciones físicas del medio sería de miles de años, tendríamos repetidas las causas y los efectos en millones de generaciones sucesivas, y por lo tanto fijada una especie intermedia, entre peces y reptiles.
De los peces a los batracios, no sólo ha cambiado la respiración, sino la alimentación. Los renacuajos se alimentan por succión. Los sapos, son insectívoros. Al comenzar la existencia terrestre, no les fué muy difícil cambiar de régimen alimenticio, como lo probaría la poca variación que exige un aparato bucal chupador (renacuajo) para convertirse en captador (sapo).
Si se compara la organización de los peces superiores con la de los batracios anuros que por ahora nos ocupan, se nota que los peces son más complicados. Los batracios no derivarían, pues, de los peces superiores, sino tal vez de los branquiostomas, o de una forma intermedia entre éstos y los ciclóstomos, cuya organización es más rudimentaria.
Pronto estudiaremos la organización interna de los batracios, y, en su metamórfosis, la transformación del aparato circulatorio en correlación con el respiratorio. Entonces os haré notar cómo, la respiración cutánea, tan intensa en los batracios, y propia de organismos inferiores, ha hecho tal vez posible al conservarse el paso de la respiración branquial a la pulmonar.
Antes de terminar, amigos míos, libertemos a los sapitos, que están condenados a morir de hambre en estas islas de cemento, al pie de los ángeles indiferentes. Ayudemos así al cumplimiento de las leyes naturales. Arrojemos los sapitos entre la húmeda gramilla del parque, para que se coman las larvas corrosivas y los insectos que atacan las plantas de los jardines."
--¡Libertemos al náufrago refugiado en la galleta!--gritó un muchacho. Pero en aquel momento, cuando una mano amiga se le acercaba, el pequeño sapo saltó al agua, y un renacuajo vivaz y ventrudo se apoderó de su presa al instante.
Así hemos leído, en un charco, una hermosa página escrita hace millares de siglos por el azar de la evolución.
LA INMORTALIDAD
La desagregación del protoplasma por la mineralización creciente no se manifiesta en los unicelulares. Dado un ambiente propicio, un protozaorio no muere nunca, puesto que alcanzada la dimensión normal en la especie, el individuo se parte en dos y del ser único derivan dos individuos nuevos, continuando en cada uno de ellos los procesos de asimilación y desasimilación que determinan el crecimiento y la división consecutiva, completándose así el ciclo evolutivo.
A medida que la estructura orgánica se complica, disminuye la resistencia normal del individuo en su medio, en razón de la mayor conexión y subordinación de unas funciones con otras en el organismo.
En los protozoarios la división experimental del núcleo no impide la regeneración de cada parte.
En los metazoarios inferiores, cada fracción regenera las que faltan. (Hidras).
Algunos escalones más arriba, la división experimental del individuo por su eje de simetría, ya no permite la reconstitución de cada mitad. (Asteroideos).
En los grados más avanzados de complejidad estructural, de los artrópodos a los cordados, la capacidad regenerativa del protoplasma tórnase de más en más problemática.
En los anfibios, la vitalidad de los principales órganos (por ejemplo, del corazón), separados del cuerpo, es mayor que la de los mamíferos.
Un protozario partido en dos, por su núcleo, continúa viviendo; un mamífero lesionado solamente hasta su red arterial, tiene muchas probabilidades de morir.
Cuanto más avanza la diferenciación progresiva de las formas, más acrece la posibilidad de la muerte.
Viniendo a un punto de vista más general; no existe solución de continuidad en la materia viva, desde la mónera que aparece en el limo del océano pre-geológico, hasta las especies que pueblan en la actualidad la tierra. Negarlo supone aceptar creaciones particulares de todas las especies, en cada época.
Ahora bien. Pensando en la muerte con datos así, objetivos, sin recurrir a los conceptos absolutos creados por la imaginación, se ilumina de pronto la mente con la esperanza de una inmortalidad menos egoísta.
Pongamos nuestra fe en la ciencia.
Ella nos dice que durante algunos siglos todavía estaremos condenados a morir; pero somos inmortales como partículas orgánicas de la especie, puesto que las generaciones venideras, perfeccionadas de continuo en su mecanismo de pensar, por el esfuerzo adaptativo de las que las precedieron, irán acumulando el aprendizaje de la experiencia, para alcanzar acaso el ideal de los ideales: la existencia infinita, individual y específica del hombre.
Como si la muerte durante siglos fuese nuestro tributo a la inmortalidad futura, la naturaleza, al perfeccionar su mejor instrumento, el hombre, le ha hecho quizá el más endeble y el más delicado de los seres.
No en vano la eternidad es la obsesión de todos los tiempos. El hombre tiende al azul desde que aprendió a pensar. Interroga siempre al gran enigma infinito suspendido sobre su cabeza.
Obstinado, aborda su problema.
Ante el microscopio y ante el telescopio; ante el animal y la planta; ante el microbio y el astro; ante el mineral y el flúido intangible; junto a las máquinas, junto a los crisoles, junto a las retortas; sobre los libros, sobre los terrenos, sobre los aires, sobre los mares, en todos sentidos y en todas direcciones, escarba en lo desconocido, con un apetito insaciable de más allá, que es ansia de lo eterno, su parte de Verdad, de Belleza y de Bien.
¿Perecerá la civilización sin que algún ser humano haya transpuesto los límites de la atmósfera?
¿Será inacabable el misterio?
La inteligencia, la ciencia, el progreso, todo lo noble y todo lo grande que vamos alcanzando, a trueque de sacrificio y de dolor, ¿no pesará nada en la balanza del devenir?
¿Todo eso no será más que combinaciones peregrinas del azar, efímero aleteo, ensueño quimérico de algo perdurable, de algo absoluto?
¿Llegará día en que ninguna pupila humana pueda escrutar la sombra?
La naturaleza parece responder: "Hombre, ¿vale más tu inteligencia complicada, sutil, poderosa, rápida, vale más que una hormiga o una flor? Eres una onda del río que va desde lo que no tiene principio hacia lo que no tiene fin. Envanécete. Sin embargo, para mí que soy la energía ciega, la casualidad indiferente, no hay bueno ni malo, fácil ni difícil, mejor ni peor; pues a mí no me cuesta trabajo el cerebro de Newton que el vuelo de los astros".
Y yo he soñado con una humanidad más perfecta, más buena y más sabia, remontándose por medios mecánicos a los espacios estelares.
La ciencia vencerá a la muerte.
Siendo infinita la duración de la vida, no habrá porqué desdeñar un viaje de siglos por el universo.
Magnífico espectáculo el del hombre atravesando los espacios interplanetarios en expresos más veloces que la luz.
La conquista del infinito será precedida de una agitación jubilosa como la que anuncia el vuelo de las colmenas.
Abandonando su viejo casco, libador de la eterna belleza, el hombre remontará su vuelo por aquel jardín que tiene por flores las estrellas.
INDICE
Página
A Manuel Gálvez 5 Prólogo 7
LA CIUDAD
Los burritos leñateros 19 Una proclamación 23 El reñidero 27 La tabeada 33 Los perros 37 Defensa de un perro 41 La condenada 43 La creciente 47 La decadencia de los opas 51 Los cocheros 55 Un baile de villorrio 59 El duende 63 La viuda 67 La mula ánima 71 La Juana Figueroa 73 Don Matías Linares y Sanzetenea 79
LOS CAMPOS
El erque 85 El fantasma del remate 89 El gaucho salteño 95 La selva de Anta 97 Cruz guiez 103
HISTORIETAS Y CUENTOS
Un viaje raro 109 El último vuelo 115 La cacería de patos 121 El caballo que perdió la lengua 127 La transmigración 131 El suicidio de Burela 135 El caso del esqueleto 139 La cola de Gato 145 El salto atrás 149 La muerte del muerto 155
HUMORISMOS Y FILOSOFIAS
Tedio 163 La tristeza 167 Amor de arañas 169 El sapo 173 Paseos zoológicos 175 Batracoforia de los renacuajos 179 La inmortalidad 185
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Notas del Transcriptor:
Se han corregido algunos errores tipográficos presentes en el original. Las vacilaciones en algunas grafías se han mantenida como en el original.
P. 138: "el cielo azul, el cerro, el valle de Lerma; se persignó"--En el original, este frase fué despues de las palabras "en el pescuezo, pasé la"