Recuerdos de Italia (parte 1 de 2)
Part 12
—¿Creeis que Dios ha escogido una persona aparte, privilegiada, para comunicarle la verdad? Yo soy más creyente. Yo creo que así como ha extendido la luz por todos los orbes, ha extendido la razon por todos los espíritus. Yo creo que así como nos ha dado la propia vista para el mundo externo, y la propia vista no puede ser por ninguna autoridad, ni reemplazada ni sustituida, nos ha dado la conciencia para comunicarnos con el mundo interior, y la conciencia no puede ser tampoco por ninguna autoridad sustituida ni reemplazada. Yo creo que todos vemos la luz, que todos la confesamos; y los tenebrosos de alma son tan raros y tan excepcionales, como los ciegos de nacimiento. Los seres se bañan en la vida universal; los planetas y los soles, en el éter; las almas, en Dios. Creo más: creo que la revelacion es eterna, inmanente, progresiva, de todos los siglos; teniendo por sus órganos á los filósofos, á los poetas, que han revelado una verdad, y á los mártires que por la verdad han muerto. Sólo así la historia se ilumina, la vida se eleva á lo infinito, la conciencia se enrojece en la absoluta verdad, como el hierro en el fuego. Sólo así nos sentimos unos en todas las generaciones y nos elevamos á la comprehension de todas las ideas; sólo así traemos á nuestra alma el espíritu humano, y en el espíritu humano diluimos nuestra alma. Sólo así nos elevamos á Dios, y Dios se comunica íntimamente con nosotros. Sólo así podemos ser habitantes verdaderos del Universo, verdaderos hijos de Dios, y unos é idénticos en toda la sucesion de los siglos con el desarrollo progresivo del humano espíritu.
—Yo de ninguna suerte puedo conformarme con vuestras ideas. Parécenme contrarias á todas las verdades y justificativas de todos los errores. Yo creo que un solo pueblo ha conocido á Dios en el mundo antiguo, el pueblo judío; y que una sola sociedad conserva y difunde esta vida en el mundo moderno, la Iglesia católica. Fuera de estas dos grandes ráfagas de luz tendidas por el tiempo como la Vía Láctea por el espacio, sólo descubro tinieblas y tinieblas, que ciegan y asfixian.
—¿Y el resto del trabajo humano se ha perdido? ¿Y del resto de la conciencia humana se ha Dios ausentado? ¿Qué creeriais de mi razon si yo os dijese: este jilguero ó esta rosa deben su vida al Creador; pero no se la deben ni este helecho ni ese murciélago? Si dividimos las cosas en divinas y no divinas, entregamos el mundo al maniqueismo; y el diablo disputa con derecho á Dios una parte en la creacion.—Si dividimos los pueblos en elegidos y réprobos, entregamos la sociedad á un poder arbitrario más temible que el destino antiguo. El ázoe, el oxígeno, el carbono, que separados matan, forman juntos el aire vital. No separeis tampoco las várias revelaciones de la verdad y del bien, porque todas juntas forman la atmósfera del humano espíritu. Los profetas no han escrito solamente en Judea, no han bebido solamente las aguas del Jordan y del Eufrates; han escrito en la India tambien, y han bebido las aguas del Gánges. Á formar las ideas judías ha contribuido tanto el sacerdote egipcio como el mago de Babilonia y el dualista de Persia. La idea es como la savia, como la sangre, como la luz, como la electricidad, como los jugos de la tierra, como los gases de la atmósfera, como los flúidos del planeta. La idea no reconoce ni naciones, ni sectas, ni iglesias; pasa de la Pagoda á la Pirámide, y de la Pirámide á la Sinagoga, y de la Sinagoga á la Basílica, y de la Basílica á la Catedral, y de la Catedral á la Universidad, y de la Universidad al Parlamento, con la celeridad del rayo que truena, ilumina, quema y purifica. El cristianismo ha sido preparado lo mismo en las estancias de Isaías que en los diálogos de Platon. Á la revelacion universal ha llevado cada raza humana su contingente. El pueblo griego creia su vida completamente original, aparte de toda otra vida humana, sus dioses puramente nacionales y domésticos, y su casta Diana habia tenido templos en el Asia Menor, y su Baco, que representa la exaltacion, el delirio de la vida en el Universo, venía ébrio del néctar destilado por los bosques indios. Cuando el judío se aislaba al pié de sus altares y allí creia conservar su Dios alejado de todas las tentaciones paganas, iba Alejandro á perturbar aquel monólogo triste de un pueblo, y á llevar tras su carro de guerra las divinidades griegas, tocando el címbalo y la flauta frigia, despertadores de la alegría helénica en el seno de la triste, inmóvil y panteista Asia. El mesianismo no era una esperanza hebráica, era una esperanza universal. La sibila de Cúmas lo concebia en su gruta, á las orillas del sensual Tirreno, en los mismos dias en que Daniel contaba con los dedos las semanas de años que faltaban para su cumplimiento. Y en el Pausilipo, á la sombra de los altos olmos festoneados por las vides, á la vista de las ondas recamadas de espumas en que cantaban las sirenas griegas, entre las danzas báquicas, oyendo el caramillo del dios Pan y los coros de las vírgenes que trenzaban guirnaldas de flores sobre las aras humeantes de mirra, Virgilio anunciaba la redencion universal casi al mismo tiempo que el Bautista la pedia, vestido de sayal, macerado por el cilicio, en el desolado seno del desierto. Aténas con sus artes, Roma con su derecho, Alejandría con su ciencia, han contribuido tanto á la revelacion cristiana, como Jerusalen con su Dios. No olvideis, no, estas verdades evidentes, confirmadas por toda la historia. No seais como el judío que se encierra en las oraciones de su Biblia, y cree que despues el género humano ni una sola verdad religiosa ha podido añadir á las ideas judaicas. El cristianismo, más humano y más divino al mismo tiempo, ha tomado toda la Biblia y le ha añadido el Evangelio. ¿Por qué nosotros no añadirémos al Evangelio el Renacimiento, la Filosofía, la Revolucion, que ha llevado á la esfera social estas tres palabras cristianas: Libertad, Igualdad, Fraternidad? Leonardo de Vinci trazó Baco y trazó el Bautista en sus cuadros, que representan la primavera del espíritu moderno. Rafael encerró en las líneas de las diosas griegas el alma efusiva y santa de las Vírgenes cristianas. Miguel Ángel puso los dos coros de las sibilas y de los profetas en las bóvedas de la Sixtina. El espíritu humano es uno como el Universo, uno como Dios; y Dios, la naturaleza, el espíritu, son la eterna trinidad que ilumina las páginas de la historia. No nos separemos, ni del espíritu, ni de la naturaleza, ni de Dios.
Estas palabras, si no arrastraron, comovieron á mi interlocutor. Yo mismo habíame exaltado extraordinariamente al calor de mis propias palabras. Así es que cogí la mano que el jóven sacerdote me tendia, la apreté, y dejéle entregado á sus pensamientos. La noche era serena, tranquila; brillaban las estrellas en el cielo y el fósforo en las aguas; un aliento primaveral refrescaba el ambiente y traia los ecos de la ciudad y del campo á los espacios celestes de la laguna, que convidaba á meditar sobre esta verdad evidente: como permanece inmóvil, serena, luminosa la naturaleza sobre las disputas y las discordias de los hombres.
EL DIOS DEL VATICANO.
¿Creeis que en realidad ha sido roto y deshecho el paganismo en esta tierra de Roma? Cerca de mi alojamiento se eleva el Panteon de todos los dioses. El genio católico no se ha contentado con alzarlo á las alturas y ceñirlo, como diadema, á la Basílica madre de todas las Basílicas cristianas, sino que lo ha convertido en el templo de todos los santos. La oracion se apaga allí en los labios. Entra demasiada luz por el círculo que corona la Rotonda para que pueda entregarse el ánimo á la meditacion y al recogimiento. Bautizado, lleno de altares, convertido en iglesia como la gran aljama de Córdoba, protesta contra los innovadores, y suspira calladamente por su antiguo culto.
Así es todo en Roma. El paganismo se ha transformado, no se ha destruido. Los meses del año y los dias de la semana llevan los nombres de las antiguas divinidades, de los antiguos césares, de la antigua numeracion romana, y no hemos osado tomar el calendario de la República francesa que parece concebido en las entrañas de la creacion. Los dos solsticios de invierno y de verano todavía los celebramos con fiestas análogas á las fiestas clásicas. Adónis nace, muere, resucita, cuando el trigo se siembra y brota y espiga. Las fiestas de la Candelaria, como las fiestas lupercales, hállanse consagradas á la luz. El romano agita las antorchas bajo el dominio de los papas, como las agitaba ántes bajo el dominio de los césares, y entona á la luz himnos que han cambiado en su forma, pero que no han cambiado en su esencia. Cuando el Papa aparece conducido en hombros, puesto sobre altísima silla, envuelto el cuerpo en crujientes brocados, coronada la cabeza por áurea tiara que reluce, en las manos el preciado báculo, á los piés aquellas legiones de mitrados con sus capas de mil colores, cree el ánimo hallarse en los dias en que el lujo oriental y las costumbres orientales invadieron con los césares venidos de Siria la Ciudad Eterna.
No trato yo ciertamente con esto de combatir ni negar las virtudes del espíritu católico. De lo que trato es de negar esa originalidad que le atribuyen todos cuantos desconocen cómo obró el espíritu antiguo en el cristianismo, que fué al cabo su continuacion y hasta cierto punto su purificacion. El verbo es un concepto platónico-alejandrino, y es el concepto fundamental de la fe cristiana. La apoteósis de los héroes se ha reemplazado con la canonizacion de los santos. Cualquiera creeria oir un poeta católico cuando oye á Lucano decir ante la tumba de Pompeyo, cómo irán á orar sobre su losa los fieles que rehusan ofrecer incienso á los dioses del Capitolio. Es el infierno creacion pagana, como son los demonios creacion mágica. Satanás ha pasado por el mazdeismo ántes de pasar por el cristianismo. Las esperanzas mesiánicas no son exclusivas de la raza judía en el siglo del advenimiento de Cristo; son esperanzas universales. Cuando San Juan escribia el Apocalípsis, lo escribian tambien los estoicos, y palabras de desesperacion se pronunciaban por dos coros á un mismo tiempo, y se unian en los cielos paganos como en los cielos cristianos, el espanto religioso por la próxima conclusion del mundo. Nos extrañamos del número de dioses que tenian los antiguos. Los dioses hanse convertido en ángeles, dice el mismo San Agustin: _deos quos nos familiarios angeles dicimus_. ¿Por qué, pues, tanto ódio al mundo antiguo, á las ideas que vienen á ser como el blason de nuestra nobleza y la genealogía de nuestras propias ideas?
Pues qué, ¿no recibimos tambien el agua lustral? ¿No colgamos de las capillas los ex-votos? ¿No tenemos procesiones como tenian los griegos teorías? ¿No encendemos la noche de San Juan hogueras como las encendian los rhodios, los corinthios, los grandes fundadores de las colonias helénicas? Nuestra personalidad no ha venido de súbito á la creacion; es, como el planeta que habitamos, obra lenta de los siglos, obra á su vez de las generaciones. Así, cuando yo veia pasar bajo los arcos triunfales de mármol, cuya sucesion compone el Vaticano, la figura majestuosísima del Papa, entre tantas aclamaciones, entre tanto lujo, no podia ménos de decir para mis adentros que aquella autoridad tan universal, tan grande, es una autoridad que no proviene tanto del espíritu cristiano, democrático, sobre todo en los primeros tiempos, como de la superioridad que tuvo Roma por sus derechos y por sus conquistas sobre todas las ciudades del mundo.
¿Qué Imperio habrá como el Imperio de Pío IX? Ya no se extiende sobre la tierra; la revolucion le ha quitado sus dominios, y lo ha reducido primero á Roma, despues al Vaticano. Pero nadie puede quitarle, nadie, que en la exaltacion de su propia fe pueda creerse con dominio eminente sobre la conciencia humana, y autoridad bastante á interpretar sobre la tierra el pensamiento y la voluntad de los cielos.
Ningun Papa ha sido osado, ninguno, á prescindir de la Iglesia universal, del concilio ecuménico solemnemente convocado, para proclamar un dogma de fe y un dogma de tanta trascendencia como el dogma de la Purísima Concepcion de María, que, ademas de exceptuar á una criatura de las leyes generales humanas, sobrepone al cristianismo, que veló un tanto la pura idea deista de la Biblia, otra religion en la que se exalta á una criatura hasta las alturas donde sólo puede brillar el Creador.
Pío IX ha reinado mucho tiempo. Su predecesor, el viejo Gregorio XVI, á pesar de todo su poder divino sobre las conciencias, no tenía igual poder sobre la naturaleza, y en una fiesta de la Ascension cogió agudo constipado que rápidamente le llevó al sepulcro. Rossi creyó definir á este Papa en tres palabras, diciendo: es un Patriarca austriaco. Para la eleccion de un Pontífice parece natural que se muevan los labios á murmurar oraciones, que se rodeen los altares de nubes de incienso y se pida á Dios de todas maneras su luz divina, indispensable á una acertada eleccion; y sin embargo, moviéronse para la eleccion de Pío IX regimientos de artillería en las Marcas, y naves de la imperial marina austriaca por las aguas de Ancona. Si los ejércitos marítimos y terrestres se movieron como si fueran los ángeles de la córte celestial, no se movieron ménos los embajadores, cuyo carácter de doblez y disimulo, si les da grande aptitud para entenderse con los reyes, no debe darles grande aptitud para entenderse con los cielos. Entre los embajadores, eran de excepcional influjo el embajador de la córte de Francia y el embajador de la córte de Austria; éste demasiado tímido, aquél demasiado atrevido. El conde Broglia hablaba en los siguientes términos al Gobierno sardo del representante de Luis Felipe en los dias del cónclave: «Emplea el conde Rossi una actividad febril, y se adjudica á sí mismo casi casi el poder del Espíritu Santo.» El embajador frances oponia su veto á todos los cardenales tachados de apego á los jesuitas y al Austria, en tanto que el embajador austriaco oponia su veto á todos los cardenales tildados de apego á Francia y al espíritu moderno. En el número de los que Austria ponia en verdadero entredicho, contábase al entónces cardenal Mastai, hoy Pío IX. Si el príncipe de la Iglesia, encargado de formular este veto, llega al cónclave á tiempo, no hubiera sido, no, Mastai Papa.
El 14 de Junio de 1846 dirigíanse los cardenales al Quirinal. Gregorio XVI habia sido enterrado pocos dias ántes, y su cadáver insultado, y su memoria denostada por el pueblo. El cónclave prefirió los salones del Quirinal á los salones del Vaticano, porque si esperaba las inspiraciones del Espíritu Santo en todas partes, temia que en el palacio por excelencia pontificio no bastáran estas inspiraciones divinas á contrastar los efluvios de la fiebre.
En la procesion, desde la iglesia, donde el cónclave se reunió, al Quirinal, donde el cónclave se encerró, faltaron los cardenales á todo el respeto que se debian á sí mismos; y como cayeran cuatro gotas, entraron en el palacio, sin órden y sin ninguna compostura. Por fin la hora de la votacion llegó. El cónclave estaba dividido. Fueron varios escrutinios indispensables. En ninguno de ellos resultaba el número de treinta y siete votantes que un Papa necesita para subir al sólio, y desde allí interpretar la voluntad del cielo. El escrutinio último fué impuesto despues de largas dilaciones. Pío IX era escrutador, y debia leer en voz alta los nombres de los votados. Conforme sacaba papeletas y las desdoblaba y leia, sus fuerzas flaqueaban, su voz balbuceaba, lágrimas amarguísimas caian de sus ojos, sollozos profundos anudaban su garganta, hasta que, al fin, temeroso de desmayarse, entregó á otro cardenal el escrutinio, y yéndose á un sitio apartado, cubrióse con ambas manos el rostro. Al término obtuvo los treinta y siete votos indispensables á su proclamacion. Ántes de que oficialmente se viera proclamado, dirigióse uno á uno á los cardenales, y les pidió, les rogó, les instó á que apartasen de sus labios aquel cáliz. Parecia anunciarle secreto presentimiento que él habia de ser último rey en el trono temporal de San Pedro. El cónclave no quiso oirle, y le confirmó en su altísima dignidad. Pío IX aceptó, y despues de haber aceptado, postróse de hinojos ante un altar, y salmodió entre dientes várias fervorosas oraciones por espacio de media hora, despues se volvió al Sacro Colegio, y el Espíritu Santo vino á posarse sobre aquella cabeza como su nido en la tierra.
Busca el poder siempre en épocas de decadencia á los caractéres de escaso temple, á los indecisos, y sobre todo á los que han pasado su vida en una especie de crepúsculo, sin determinarse por ninguna de las ideas en guerra. Inocencio III en época favorable al Pontificado, á su poder y á su autoridad, dominará con imperio sobre el mundo; pero en época desfavorable á este mismo poder, la fuerza, el carácter de Inocencio, reproducido en Bonifacio VIII, solamente servirá para atraer sobre la mejilla del Pontificado el ruidoso bofeton de Nogaret. Débil, oscuro, su debilidad, su oscuridad sirvieron á Mastai como su apartamiento de los grandes combates que habian dividido en mil ocasiones el Sacro Colegio y el cónclave. Su vida habia sido muy vária. De la milicia armada pasó á la milicia espiritual. Su estancia en Chile fué digna de un profeta, digna de un mártir. Pero sus ideas habian quedado siempre en la incertidumbre del crepúsculo. Si se examinaba su conducta en Espoleto, Pío IX era un jesuita; pero si se examinaba su conducta en Imola, Pío IX era un liberal. Esta contradiccion de ideas y de carácter le sirvió admirablemente para obtener los sufragios de sus colegas y elevarse á la más alta autoridad religiosa que puede en nuestro tiempo ejercerse, y que, á pesar de tanta decadencia, todavía conserva señales de su antiquísimo esplendor.
El cardenal Mastai, si deseó la tiara, no la pidió á sus colegas. Ni una súplica que no fuera para eximirse, ni una palabra que no fuera de renuncia y de alejamiento. Así no es mucho que algunos hayan comparado á Pío IX con Sixto V. Relaciones hay entre los predecesores de ambos Papas: rivalidades en Roma, y rivalidades temibles del embajador de Francia con el embajador de España; emulacion dentro del Sacro Colegio, y emulacion casi guerrera entre la familia Médicis y la familia Farnesio; inquietud é inquietud pavorosa en toda Italia; particularidades que, si tienen coincidencias y analogías con las particularidades de la eleccion del Papa reinante, no llegarán nunca á confundir dos caractéres verdaderamente contradictorios y opuestos, porque es el uno imperioso hasta constituir un cesarismo pontificio, y el otro humilde hasta ser dócil instrumento, quizá contra su voluntad, de todos modos contra su conciencia, del siniestro jesuiticismo.
Sixto V subió al trono cuando espiraba el Renacimiento y venía la gran reaccion católica; Pío IX cuando espiraba la reaccion de la Santa Alianza y volvia el mundo á las ideas revolucionarias. En la eleccion de Pío IX, como en la eleccion de Sixto V, triunfó el cardenal que ménos probabilidades tenía de triunfar. Ninguno de sus colegas habia pensado en ellos al entrar; y aunque Pío fué elegido por simple mayoría y Sixto por unanimidad y adoracion, ambos vinieron á pacificar guerras del cónclave romano y rivalidades de la política europea. Pero aquí concluyen las analogías.
Sixto V se habia educado en las montañas y Pío IX en la córte; Sixto era hijo de un jardinero y Pío hijo de un noble; Sixto habia tomado en su mocedad, casi al salir de la infancia, el hábito de monje, y Pío el uniforme de soldado; la juventud del uno corrió en el retiro y en el claustro, la juventud del otro en la sociedad y en el mundo; era el antiguo Papa de una familia puramente eslava, que se refugió en las costas del Adriático huyendo de los turcos; es el Papa actual de una familia puramente italiana, que desde el modesto oficio del comercio al por menor se elevó hasta la dignidad nobiliaria, por enlaces, por ardides políticos y hasta por empresas guerreras; predicador Sixto V, su elocuencia tenía el temple de su carácter, abundante pero viril y ruda; predicador Pío IX, su elocuencia es tambien abundante, pero melodiosa y melíflua; la idea de autoridad embargó el ánimo del gran Papa antiguo, y el hábito de la servidumbre es el carácter esencialísimo del Papa reinante, implacable ante todos los poderes, intransigente con todos los reyes cuando á sus ideas se oponen, y sometido por completo hoy, despues de algunas veleidades liberales, á las camarillas de los reaccionarios y de los jesuitas.
Su madre dió una educacion distinguida al jóven Mastai. Pero enfermedad terrible, la epilepsia, impidió que esta educacion rindiera todos sus frutos. Eran los tiempos de las guerras de Napoleon y de sus victorias, cuando Mastai entraba en la adolescencia, y abrazó la carrera militar. Pero en la carrera militar gustó más de las aventuras que de las batallas, y curó más del color de su uniforme que del brillo de su hoja de servicios. La poesía le gustaba hasta el punto de tomarle todo su tiempo, y en poesía es seguro, dado su carácter, que prefirió Metastasio al Dante. Por fin entró en la Iglesia y se dió al oficio de predicador. Su atractiva figura, su majestuoso aire, sus facciones prominentes, dulcificadas por sonrisa de pura bondad; su complexion impresionable y nerviosa, la sensibilidad un poco enfermiza del temperamento, la viveza de la imaginacion poética, el timbre de voz, la más sonora y la más pastosa que he oido, así cuando entona la misa en San Pedro como la bendicion en el Vaticano; todas estas cualidades le dieron privilegios indudables para orador escuchado y querido de las muchedumbres. Algunos recuerdan todavía sus sermones nocturnos en la plaza pública, medio iluminada por las antorchas, con gran crucifijo á la espalda; sucia calavera sobre la cual se consumia amarilla vela, delante; en las manos, ya las bendiciones, ya la maldicion de la Iglesia, con ademanes verdaderamente trágicos; y en los labios una elocuencia, arrebatadora para el pueblo italiano por su sentimiento y su poesía. Con estas dotes debió brillar extraordinariamente en Chile, donde fué agregado á una legacion apostólica. Pero en Chile no podia su palabra mover los ánimos como en Italia, á causa de faltarle el conocimiento profundo de nuestra lengua y la armonía de nuestro acento. Sin embargo, áun habla el español, y á los oidos españoles suena su acento cómo si fuera puro acento americano. Yo solamente le he oido hablar en latin. Dos grandes diócesis regentó, y en las dos observó diversa conducta. En la primera diócesis desenterró el cadáver de un liberal, con lo que se atrajo el ódio de aquellas comarcas, y tuvo que huir á la primera revolucion que estallára por el año 30 ó 31; pero en la segunda diócesis, tal vez cediendo al influjo de su familia, toda liberal, fué con los liberales tolerante y benévolo. Tales son los rasgos principales de la vida del Pontífice ántes de subir al Pontificado.