Part 2
Tampoco creemos como la mayoría que su martirio, asesinato judicial como lo llama Thales Bernard (Revue des races latines) haya contribuido en nada para su popularidad: esta precedió al drama final y descansa en el verdadero mérito de sus obras: hemos recorrido las diversas opiniones emitidas sobre ese mérito. Nosotros sin incurrir en las exageraciones de Mathurin M. Ballou[13] y otros que quieren hacerlo superior á Heredia, tampoco estarémos con los que afirman que su renombre procede de sus condiciones especiales. Creemos con Villaverde, que ha sido «el poeta de más estro de Cuba» y que de haberle igualado la instruccion nadie hubiera alcanzado más alto. Hay en sus obras un romance _Jicotencal_,[14] que, como dice Suarez Romero en el prólogo á las obras de Palma puede sostener el paralelo con los mejores escritos hasta ahora en la lengua castellana» y junto á esta obra maestra no tenemos reparo en colocar su soneto _Jesucristo en la cruz_ que por la sublimidad de imágenes y el sombrío terror que infunde no palideceria al lado de los mejores de su clase.
Plácido cultivó diversos géneros sobresaliendo en el romance, en la oda y en la sátira. Poseedor en grado eminente de la facultad poética, estro, pocos tuvieron como él facilidad para enaltecer las cosas más triviales, depurándolas de las miserias que las deslucieran, y amoldando su pensamiento á todas las formas, escepto el drama y la epopeya, á no ser que su leyenda _El hijo maldito_[15] se considere de este último género[16]. Decia, y así lo espresó en un ingenioso soneto, que tenia horror á los versos impuestos ú obligados; sin embargo, su triste situacion le hacia ahogar la espontaneidad y prodigar elogios y felicitaciones, raras veces dictadas por la admiracion, muchas por la gratitud y no pocas por la necesidad. Cuéntanse entre las primeras _La Siempreviva_ á Martinez de la Rosa, _Las flores del sepulcro_ á una dama de alto rango que le favorecia, y su oda _A la Condesa de Merlin:_ entre los segundos la oda ya citada á Isabel II.
Cultivó también la fábula, para narrar sus propias desventuras, de modo que ese género volvió con él á su primitivo destino: por ellas principalmente se ha dicho que la vida de Plácido son sus poesías: no habia leido ciertamente su apólogo _La Palma y la malva_, cierto crítico que pretende que los versos de Plácido «respiran libertad sin tinte de democracia.» Es verdad que, segun el mismo escritor, _la conspiracion fué descubierta por una esclava del poeta_.
Tambien el amor suele ser objeto de los poemas de Plácido ¿quién lo cantó como él, y quién ménos apto que el ser entregado al amor sensual que mata al platónico?
En cuanto al lenguage no cabe duda que contiene gravísimos lunares, no podia ser de otro modo, pero parece increible, como ya observó un crítico cubano (Piñeyro) que sea Plácido más puro y correcto que Milanés, cuando aquel era un ignorante y este poseía una regular instruccion literaria. Y es que habia en el primero más estro, más espontaneidad en la inspiracion, en el segundo más preparacion y arte; aquel cantaba lo que sentia, su corazon era un arpa eólica que resonaba á las menores impresiones que lo hirieran; por eso su forma era más adecuada aunque alguna vez ménos pulida: Milanés se ocupaba ántes de la leccion de moral que de la inspiracion; la poesía era para él un medio de amonestar; de aquí la falta de espontaneidad.
Mr. Cambouliu en _Magasin de la Librairie_ lo compara con acierto á Heredia y la Avellaneda; «pero estos dice se desarrollaron bajo otras influencias: la llama del amor patrio vive constante en sus corazones y se revela en sus estrofas, pero vivieron bajo otros climas, se interesaron por otros hombres y otros sucesos, en medio de sus triunfos uno y otro perdieron de vista el cielo de las Antillas, el talento de ambos tiene algo de más cosmopolita. No así respecto á Plácido que jamás salió de Cuba: su corazon palpitó con todos los temores, con todas las esperanzas de sus compatriotas y jamás el aspecto de estrañas tierras vino á entibiar en él las impresiones del suelo natal. Así, con qué brillo no retrata su poesía ese esplendor de los trópicos; aquí la vegetacion fogosa, allí las salvages montañas, ora las noches espléndidas, ora la brisa perfumada, los inviernos sin nieves ni brumas, el huracan furioso desvastando los bosques de naranjos, y las demás maravillas que le rodean! Con la lectura de su tomo puede uno reconstruirlo todo, el pais, los hombres, vida, costumbres, todo, como si la imaginacion nos trasportara á los lugares donde canta el poeta.»
No concluirémos sin tomar algo del prólogo de Mr. Jourdan, filósofo en sus apreciaciones aunque lleno de inexactitudes por lo que respecta á datos biográficos. «La limpidez del estilo, dice, la propiedad de la espresion, sus giros sencillos y originales, la riqueza de imágenes caracterizan y enaltecen las composiciones de Plácido: para él la concepcion y la creacion son simultáneas: como comprendió todas las ideas amoldó su lira á todos los metros y géneros: trozos pudiéramos citar de él que parecen de Shakspeare ó de autores alemanes: la facilidad cómica corre parejas con los transportes de la fantasía, y maneja la sátira tan hábilmente como la oda...... como Quevedo el poeta cubano satiriza, riendo...... saludemos á ese génio que á la vez fué un gran mártir.»
Nada estraño pues que por medio de repetidas ediciones la posteridad haya dado á Plácido el lugar que le corresponde. La primera aquí conocida es la de Matanzas 1838: pocos saben que con gran anterioridad se hizo una muy incompleta en Palma de Mayorca, por Feliú Perelló, que despues de conocer al autor en la Habana se habia retirado á su ciudad llevando los primeros versos del poeta: no está allí la Siempreviva que aun no se habia escrito. Despues de la edicion de Matanzas que hasta hace poco tuvimos por primera y que contenia solo 26 piezas, se hizo otra en la misma ciudad en 1842, Poesias escogidas de Plácido, y en el propio año otra en Méjico, donde ya el autor era popular: la edicion de Veracruz de 1845 y la de Nueva Orleans de 1847 se suponen tambien hechas en Matanzas: en el 54 se hizo la de Barcelona que nada agregó á las anteriores; con posterioridad tres en Nueva York, por Vingut, la primera en 1854 ha sido la que más rodó, otra en el 56 y la tercera bastante completa en el 57: en el mismo 56 se dió otra en Méjico por Mellado y Contreras, tomo en 12.º con 387 páginas: finalmente en Nueva York, con prólogo y biografia, la edicion de 1860 que todos conocemos.
«No será esta la última, observa un eminente crítico francés, porque la reputacion de Plácido se formó sola y no puede sino aumentar con los tiempos.»
V.
Despues de conocer la vida de Plácido tratemos de saber la popularidad que alcanzó en el estrangero y las traducciones que de sus versos se han hecho. Para este trabajo ameno y que alhaga nuestro amor propio, no tenemos más que estractar la parte que á él se refiere de nuestro opúsculo _Cuba literaria en el extranjero_ (inédito).
Quizás ninguno, inclusos los dos que acabamos de analizar (Heredia y Avellaneda) haya logrado más voga que Plácido, fuera de la tierra natal. Su _Plegaria_, difícil será hallar idioma culto moderno en que no se haya reproducido[17] y hubiera pasado á los antiguos si aun hubiera quien necesitara leerla en aquellas lenguas. Plácido es de todos nuestros poetas el más apto para hacer conocer á los de afuera la índole de nuestro suelo y tendencia de nuestra amena literatura; es esencialmente cubano, más aún que el Cucalambé y Poveda que le son inmensamente inferiores: no canta sino á Cuba y si alguna vez su fantasía sale de ella es para cubanizar, por decirlo así, todo lo que pinta.
Y cosa que debe llamar la atencion es lo poco conocidas que son esas traducciones en Cuba: es verdad que poseyendo el original no hemos de ir á saborear nuestros poetas por las copias siempre inferiores; pero nada ensalza tanto á una obra ó á una literatura como el que se la crea digna de ser conocida universalmente, y si á fuer de cubanos nos envanece la multitud de versiones que de nuestras obras se han hecho, tambien nos duele que la mayoría de ellas solo sean conocidas de los bibliófilos. ¿En cuál de nuestras bibliotecas se encuentran Kennedy, Maddens, y otros que nos han honrado difundiendo en otras rejiones los pensamientos madurados al calor de nuestro clima? No fué tan severo La Luz cuando dijo que entre nosotros son muchos los que estudian de los idiomas lo suficiente para pedantear: solo son aquí populares las mal escojidas traducciones de Mr. Aveline y las de Mr. Vingut contenidas en la obra _Gems of spanish poetry_, impresa por 1854.
Tenemos delante en este momento la traduccion de Mr. Fontaine (Poesies complétes de Placido, G. de la C. Valdés, Paris 1863) y es la que vamos á analizar por ser de las más conocidas. Mr. Fontaine, gran apreciador de nuestra literatura, residió en Cuba en los años corridos del 39 al 48 y se hallaba por lo tanto aquí cuando ocurrieron las repugnantes escenas de la Escalera.
No puede decirse que sea un mal traductor: es un verdadero poeta francés, y comprendió muy bien al genio que traducia; sin embargo, cuan diferente es el Plácido cubano del Plácido que Mr. Fontaine presenta á su patria: Treinta y cinco son las piezas que tradujo en verso, entre ellas _El hijo maldito_ que no es de las peor traducidas, y vertió las otras en elegante prosa: son sin duda las mejor interpretadas _La sombra de Pelayo_, _La Siempreviva_, _La flor de la cera_, _La Sombra de Padilla_, _Al Yumurí_, hermoso ramillete que justamente constituye la mejor corona del autor cubano; pero el romance Jicotencal, que es su obra más completa, no nos parece que dé una idea en la traduccion de la magnífica obra española: es verdad que es intraductible, y el traductor hubiera acertado, colocándolo entre las que trasladó en prosa, con tanta más razon cuanto que la forma del romance y el artificio del asonante son esclusivamente de la literatura española: nos bastará comparar algun pasage, y será el siguiente:
Es que ya del caracol que por los montes retumba á los prisioneros muerte el eco sonante anuncia. Suspende á lo lejos hórrida la hoguera su llama fúlgida de humanas víctimas ávida que bajan sus frentes mústias.
Il reconnait le son de la conque guerrière Pour les tristes captifs c'est un signal de mort, Et l'incendie au loin projetant sa lumière Ajoute ses terreurs à l'horreur de leur sort.
No se traspira ahí la sombría magestad del castellano; no se nota esa lobreguez que, resaltando hasta en el sonido de las palabras, hacen esos versos intraducibles para cualquier idioma: esos dos cuartetos constituyen en mi concepto el rasgo más brillante que ha producido la musa cubana hasta el presente.
El siguiente hermoso cuarteto de la misma composicion está traducido en esos dos versos.
Y que si los puentes corta porque no vaya en su busca con cráneos de sus guerreros calzada haré en la laguna
Il me verra combler la profonde lacune Avec les crânes seuls de ses nombreux guerriers.
¡Cuánta viveza en la intencion, cuánta energia en el cuarteto español! y cuánta _platitude_ en el dístico francés! el original habla al alma, el dístico solo al buen sentido.
En cuanto á la _Plegaria_ no se puede negar el mérito de la francesa; pero no es la española: pudiera decirse que el traductor hizo una plegaria escrita sobre motivos de Plácido: son más exactas aunque de ménos mérito las en prosa de Thales Bernard y Villemain.
Tampoco se han traducido, aunque aparezcan en versos franceses, aquellos populares sonetos que reflejan en un modo tan melancólico toda la vida del autor, y que se hallan en su mayor parte más impresos en nuestra memoria que en los libros. Veamos uno, y sea _A la Fatalidad_, cuyos dos primeros cuartetos rinde de esta manera. No copiamos el original: ¿acaso hay cubano que se atreva á no saberlo?
Aveugle deité que sans nulle clemence D'épines m'entouras au debut de mes ans Comme les sombres bords du ruisseau d'où s'élance Ou la ronce vivace ou le _magueys_ piquants. Toi qui fis de l'honneur une barrière inmense Entre la pauvre mère et ses tristes enfans Et qui jusqu' aux cieux ne m'élevas par chance Que pour me faire choir sous des coups plus puisants.
En primer lugar debemos recordar que Plácido fué unigénito; y en segundo lugar ¿pudo llamar á su madre _desgraciada_? ¡Con qué sagacidad y con que nobleza, evita aplicarle ningun epíteto diciendo el _materno tálamo_! Denostar á la suerte, á la preocupacion, era un modo muy astuto de lamentarse sin hacer reproches á nadie. Además ¿dónde está ahí ese misterio doloroso de la vida del autor encerrado en ese lamento del hijo abandonado? En otro lugar el traductor dice _tendre mère_: tierna madre! no tuvo facultad para serlo aunque hubiera deseado: en la relajacion de nuestras costumbres, ya se ha hecho hasta cierto punto tolerable, la union ilícita de blanco y africana; pero una blanca dando vida á un semiblanco ¡qué horror!...... Tampoco se divisa en la traduccion la fuente silvestre rodeada de espinas, bellísima imágen que tan poéticamente retrata á Cuba. Fuera de esto la version es buena y aun podemos añadir que en los versos 7.º y 8.º ha correjido el original[18].
Muy feliz estuvo Mr. Fontaine en _La Siempreviva_: lástima que en algunas estrofas quisiera ceñirse demasiado al original: se ha dicho con razon que la poesía no se traduce sino se imita: así tradujo Jáuregui al Tasso, así nuestro Mendive á Thomas Moore. El soneto _A orillas del mar_ no es tampoco el español, aunque es un bello soneto francés: el traductor no podia trasladar el oportuno juego de palabras que es la esencia de la composicion: _nada, hombre, nada_ que los curiosos entienden del verbo _nadar_, y que tiene que vertirse por _rien_. En cambio el soneto á la _Muerte de Jesus_, está traducido de mano maestra: bellísima tambien, _Al Yumurí_; ésta, si no iguala al original, es una de las mejores de la obra.
Veamos para concluir el inimitable _Despedida_.
ADIEU À MA MÈRE.
Si le destin fatal qui me voue au malheur Si la cruelle fin de ma sanglante histoire Quand je m'en vais quitter ce monde transitoire En ton cour maternel fait naître la douleur. Ton âme peut encore se livrer au bonheur Ma mère calme-toi car je meurs plein de gloire Et des bords du tombeau c'est un chant de victoire Que songe à t'adresser mon luth consolateur. Les acents en sont doux, divïns et salutaires Innocents, spontanées, purs, glorieux, austères Tel que le premier cri de mon sein exhalé: Mais je me sens poussé vers la tombe qui s'ouvre De la Religion le saint manteau me couvre...... Adieu, ma mère, adieu: je signe: L' Exilé.
Es, sin duda, una buena traduccion; pero no todos, aun entre cubanos, son capaces de interpretar el valor de esa joya literaria: la traduccion íntima de ese soneto la percibe el corazon, la siente el alma, pero no la espresan las palabras. Reparad que empieza por la conjuncion _si_: espantosa conjuncion, que es aquí un anatema. Es un hijo que dice á au madre:
--¡Escucha! para mí no hay deberes filiales, pero eres mi madre y te hablaré siempre con deferencia: una falta me dió nacimiento: no te has ocupado para nada de tu hijo: nada te debo...... sin embargo, _si acaso_ mi triste fin te hace desgraciada, consuélate; yo muero contento y te dedico mi último gemido.»
Plácido era el único hijo que en su postrer momento podia poner en duda el dolor de su madre: el único que podia encabezar su despedida con esa horrible conjuncion que, implicando una duda cruel, reasume toda la amargura con que sin duda fué escrita. ¿Y á quién habia de dirigirse en tan supremo instante la víctima para quien no habia proteccion ni amigos? Su corazon cristiano primero se eleva á Dios, hé ahí _La Plegaria_, luego piensa en su _Lira_, única amiga y consoladora en sus infortunios: después...... recuerda que existia por el mundo una muger que le habia abandonado, pero que tal vez en aquel momento lloraba, y, grande y generoso en su adversidad, hace más que perdonar, toma la pluma para dirijirle un consuelo: ¡Con cuánta nobleza y dignidad lo hace, sin llamarla _tendre mère_ como quiere Mr. Fontaine, sin suponerla _grief-smitten_ como añade Longfellow[19]. Es que ni Longfellow ni Bryant ni otros traductores estudiaron esos antecedentes y era preciso conocerlos para interpretar en su verdadero valor el original; para comprender la melancolía que impregna muchas de sus composiciones, el amargo sarcasmo con que escribió otras, y sobre todo la verdad dolorosa que encierra esa tristísima despedida que más que despedida parece un perdon.
Es en nuestro concepto el rasgo más sublime de Plácido y sin duda uno de los más grandes que haya producido jamás poeta alguno. ¡Rasgo digno de aquel hombre que al salir de un mundo en que no habia encontrado sino agravios escribe á su esposa que ejercite la caridad y que perdone á sus enemigos!
¡Ay! se necesitaron todas las circunstancias adversas que se acumularon en la vida de aquel desgraciado, para tener derecho á escribir ese soneto que la posteridad leerá vertiendo sobre él las piadosas lágrimas que ahora derramamos á la memoria de su autor.
JUAN FRANCISCO MANZANO.
El lector mil veces habrá oido nombrar á Juan Francisco Manzano, habrá quizá leido algunas de las producciones de su inculto genio; pero ¿conoce su vida? ¿se detuvo alguna vez á escuchar los lamentos de aquel pobre-desheredado de todos los bienes del mundo? Quizás no; por lo mismo le invitamos ahora á derramar algunas lágrimas á su memoria: lea su lamentable historia y por empedernido que se halle su corazon se unirá á nosotros para tributarle ese tardío tristísimo homenage.
Víctima de una malhadada institucion que si aun existe es porque responde todavía á ciertas ya moribundas exigencias de los tiempos, la historia de aquel esclavo es una prolongada nota de agonía, un poema de dolor y lágrimas. Nunca llegó á la altura popular de Plácido; pero la relacion de su vida no es ménos interesante: es, sí, más dolorosa; Plácido es una súbita ráfaga de muerte, un drama de sangre; Manzano es una larga série de padecimientos ocultos, de sollozos ahogados en misterioso silencio. La historia de Plácido conmueve é indigna, la de Manzano enternece y hace llorar.
Desde luego no puede ménos de admirar el hecho de un esclavo oscuro, para cuyo talento no fué rémora la más miserable de las condiciones, y que gracias á su solo ingenio hace sonar su nombre en lenguas y naciones extranjeras. ¿Qué habria sido se pregunta uno naturalmente, si hubiera nacido libre y con proporciones?
--Nada ó muy poco, contestará quizá alguno, porque la pólvora necesita la presion para estallar, y solo el lamentarse de su suerte presenta á un esclavo fecundo y no esplotado campo de poesía elegiaca. Pero he ahí justamente en lo que erraría el que así pensara, porque Manzano nunca empleó su musa en llorar su condicion; es verdad que todas sus poesías están impregnadas en mística melancolía, es verdad que en cada verso parece oirse el ay desgarrador del siervo indefenso; pero jamás una imprecacion, jamás un arranque de ira en quien tenia más que otro alguno derecho á maldecir.
Para considerar en su justo valor la situacion de Manzano, es preciso trasladarse á su época, en la cual, aunque precedente inmediata de la nuestra, eran mucho mayores las preocupaciones y mucho menor la conmiseracion hácia esa raza: el hombre de color aun libre no podia hablar al blanco más humilde sino con el sombrero en la mano y con tratamiento de _su merced_: no existia esa luz que solo de hace poco ilumina nuestra conciencia en ese oscurísimo punto que hemos dado en llamar institucion _social_.
Trasladado uno á esos primeros dias de nuestro protagonista, se pregunta con asombro ¿cómo pudo ilustrarse? ¿cómo aprendió siquiera á leer? Hé aquí lo que van á revelarnos sus _Apuntes autobiográficos_, modelo de sencillez en el estilo narrativo que vamos á dar á conocer. Consérvanse estos en manuscrito autógrafo en la biblioteca del Sr. Delmonte, y aunque traducidos al inglés por Richard Maddens (Lóndres 1840)[20] el original castellano ha permanecido inédito. Nosotros hemos leido sin poder contener el llanto esas páginas de amargura, hemos devorado con el corazon oprimido de angustia ese poema de ignorados dolores. Su publicacion seria el mayor de los anatemas lanzados contra una institucion _social_, pero abominable, admitida aunque inadmisible. No ha llegado empero la hora de su publicacion; aparte la ofensa que se infiriera á ciertas susceptibilidades (que acaso deploran culpas de sus abuelos) debemos recordar que la libertad concedida á la prensa esceptúa lo relativo á la esclavitud. Comprendemos los motivos de esa exclusion, sabemos lo inconveniente que seria ventilar hoy con libertad cuestion de tal trascendencia que ha de resolverse con mesura y precauciones; mas deseando dar á conocer en todas sus faces la vida de nuestro poeta, tomarémos de sus _Apuntes_ lo necesario para nuestra biografía.
Manzano no nació, como dice _Cuba Poética_, «en las haciendas de sus señores» ni fué libertado «por varios matanceros»[21]: con mejores datos aseguramos que vió la luz en la Habana, Agosto de 1804, casa contigua á la Machina, de los marqueses Juztiz de Santa Ana, de quienes nació esclavo (esto es D. Juan Manzano y Doña Beatriz Juztiz de Santa Ana.) Fué su madre la negra María del Pilar Manzano, que traida del ingenio llegó á ser una de las criadas de distincion de la dicha marquesa; y su padre Toribio Castro, mulato, quedando al nacido, como es costumbre el apellido de los amos. «Saliendo yo á luz el año de......... dice la Autobiografía, y aunque no da fecha, la hemos deducido por advertir más adelante que, con diferencia de dias, fué contemporáneo de D. Nicolás de Cárdenas y Manzano, uno de sus señores.
Los primeros años del poeta fueron felices; apacible aurora que precedió á un dia de tinieblas; su madre era la criada favorita de la dicha marquesa, quien llamaba al reciennacido el niño de su vejez, y éste á su vez la llamaba _mamá_. Cuenta la Autobiografía que en el mismo faldellin de la señora Doña Beatriz fué envuelto para su bautismo, del cual recuerda...... «que se celebró[22] con arpa que tocaba mi padre por música, con clarinete y flauta, y que mi señora quiso marcar este dia con uno de sus rasgos de generosidad, coartando á mis padres en trescientos pesos. Yo debí ser más feliz, pero......»
Es preciso notar aquí con cuánto agradecimiento, con qué candorosa sinceridad habla el autobiográfico de estos primeros años, refiriendo los menores detalles relativos á sus amos, y á la educacion cariñosa, aunque no por eso mejor dirijida, que se le dió; es verdad que no se pensaba en formar un poeta, ni nadie habia adivinado al genio: siendo esclavo raro es que se le permitiera aprender á leer.
«A los seis años, dice, por demasiado vivo me mandaron á la escuela en casa de mi madrina de bautismo Trinidad de Zayas; á las doce y por la tarde me traian para que la señora me viera. De diez años daba de memoria los más largos sermones de Fray Luis de Granada, sabia tambien todo el Catecismo, y cuanto puede enseñar de religion una mujer, é infinidad de relaciones, loas, entremeses; cosia regular y conocia la colocacion de las piezas: de esa edad me pusieron á pupilo, con mis padrinos, llevando ya las primeras lecciones de sastre por mi padre.»
Entónces viajaba la señora Marquesa con frecuencia á su hacienda _El Molino_ situada en tierras de Matanzas; en uno de estos viajes enfermó y murió en la dicha finca, y esto fué para el poeta, entónces de once años el crepúsculo nebuloso que anunció la série de sinsabores apuradas durante el resto de su vida; pero no podemos ménos de copiar la hermosa pincelada con que describe la muerte de la buena marquesa, su protectora.