Part 1
NOTAS DEL TRANSCRIPTOR
En la versión de texto sin formatear, el texto en cursiva está encerrado entre guiones bajos (_cursiva_), las versalitas se representan en mayúsculas como en VERSALITAS y el texto en negritas como en =negritas=.
El criterio utilizado para llevar a cabo esta transcripción ha sido el de respetar las reglas de la Real Academia Española vigentes cuando la presente edición de esta obra fue publicada. El lector interesado puede consultar el Mapa de Diccionarios Académicos de la Real Academia Española.
En la presente transcripción se adecuó la ortografía de las mayúsculas acentuadas a las reglas indicadas por la RAE, que establecen que el acento ortográfico debe utilizarse, incluso si la vocal acentuada está en mayúsculas.
La cubierta del libro fue modificada por el transcriptor y ha sido añadida al dominio publico.
El Índice ha sido reposicionado al principio de la obra.
Se han corregido errores evidentes de puntuación y otros errores de imprenta y ortografía. Las correcciones mencionadas en las ERRATAS no se han enmendado.
* * * * *
[Ilustración: ANTONIO MACHADO]
POESÍAS COMPLETAS
DE
ANTONIO MACHADO
[Ilustración]
PUBLICACIONES DE LA RESIDENCIA DE ESTUDIANTES
POESÍAS COMPLETAS
POESÍAS COMPLETAS DE ANTONIO MACHADO
[Ilustración]
PUBLICACIONES DE LA RESIDENCIA DE ESTUDIANTES
SERIE IV.--VOL. 7
MADRID 1917
ES PROPIEDAD QUEDA HECHO EL DEPÓSITO QUE MARCA LA LEY
DERECHOS RESERVADOS PARA TODOS LOS PAÍSES
COPYRIGHT 1917 BY RESIDENCIA DE ESTUDIANTES
Imp. de Fortanet, Libertad 29.--Tel. 991.--Madrid
ALGUNAS ERRATAS
PÁGINA DICE DEBE DECIR
70 variolaban bariolaban 94 habitual usual 164 segundo segundón
ANTONIO MACHADO
Misterioso y silencioso Iba una y otra vez. Su mirada era tan profunda Que apenas se podía ver. Cuando hablaba tenía un dejo de timidez y de altivez. Y la luz de sus pensamientos Casi siempre se veía arder. Era luminoso y profundo Como era hombre de buena fe. Fuera pastor de mil leones Y de corderos a la vez. Conduciría tempestades O traería un panal de miel. Las maravillas de la vida Y del amor y del placer, Cantaba en versos profundos Cuyo secreto era de él. Montado en un raro Pegaso, Un día al imposible fué. Ruego por Antonio a mis dioses, Ellos le salven siempre. Amén.
RUBÉN DARÍO.
1905
ÍNDICE
_Págs._
ANTONIO MACHADO, POR RUBÉN DARÍO 7
SOLEDADES
I. EL VIAJERO 11
II. HE ANDADO MUCHOS CAMINOS 13
III. LA PLAZA Y LOS NARANJOS ENCENDIDOS 14
IV. EN EL ENTIERRO DE UN AMIGO 15
V. RECUERDO INFANTIL 17
VI. FUÉ UNA CLARA TARDE, TRISTE Y SOÑOLIENTA 18
VII. EL LIMONERO LÁNGUIDO SUSPENDE 20
VIII. YO ESCUCHO LOS CANTOS 22
IX. ORILLAS DEL DUERO 24
X. A LA DESIERTA PLAZA 25
XI. YO VOY SOÑANDO CAMINOS 26
XII. AMADA, EL AURA DICE 27
XIII. HACIA UN OCASO RADIANTE 28
XIV. CANTE HONDO 31
XV. LA CALLE EN SOMBRA 32
XVI. SIEMPRE FUGITIVA Y SIEMPRE 33
XVII. HORIZONTE 33
XVIII. EL POETA 34
XIX. ¡VERDES JARDINILLOS! 37
DEL CAMINO
XX. PRELUDIO 38
XXI. DABA EL RELOJ LAS DOCE... Y ERAN DOCE 39
XXII. SOBRE LA TIERRA AMARGA 40
XXIII. EN LA DESNUDA TIERRA DEL CAMINO 40
XXIV. EL SOL ES UN GLOBO DE FUEGO 41
XXV. ¡TENUE RUMOR DE TÚNICAS QUE PASAN! 42
XXVI. ¡OH, FIGURAS DEL ATRIO, MÁS HUMILDES! 42
XXVII. LA TARDE TODAVÍA 43
XXVIII. CREAR FIESTAS DE AMORES 44
XXIX. ARDE EN TUS OJOS UN MISTERIO, VIRGEN 45
XXX. ALGUNOS LIENZOS DEL RECUERDO TIENEN 45
XXXI. CRECE EN LA PLAZA EN SOMBRA 46
XXXII. LAS ASCUAS DE UN CREPÚSCULO MORADO 47
XXXIII. ¿MI AMOR?... ¿RECUERDAS, DIME? 47
XXXIV. ME DIJO UN ALBA DE LA PRIMAVERA. 48
XXXV. AL BORDE DEL SENDERO UN DÍA NOS SENTAMOS 49
XXXVI. ES UNA FORMA JUVENIL QUE UN DÍA 48
XXXVII. ¡OH!, DIME, NOCHE AMIGA, AMADA VIEJA 50
CANCIONES Y COPLAS
XXXVIII. ABRIL FLORECÍA 51
XXXIX. DE LA VIDA 54
XL. INVENTARIO GALANTE 56
XLI. ME DIJO UNA TARDE 58
XLII. LA VIDA HOY TIENE RITMO 60
XLIII. ERA UNA MAÑANA Y ABRIL SONREÍA 61
XLIV. EL CASCO ROÍDO Y VERDOSO 62
XLV. EL SUEÑO BAJO EL SOL QUE ATURDE Y CIEGA 63
HUMORISMOS, FANTASÍAS, APUNTES
XLVI. LOS GRANDES INVENTOS: LA NORIA 65
XLVII. EL CADALSO 66
XLVIII. LAS MOSCAS 67
XLIX. ELEGÍA DE UN MADRIGAL 69
L. ACASO 70
LI. JARDÍN 71
LII. FANTASÍA DE UNA NOCHE DE ABRIL 72
LIII. A UN NARANJO Y A UN LIMONERO 76
LIV. LOS SUEÑOS MALOS 77
LV. HASTÍO 78
LVI. SONABA EL RELOJ LA UNA 79
LVII. CONSEJOS 80
LVIII. MONEDA QUE ESTÁ EN LA MANO 80
LIX. GLOSA 80
LX. ANOCHE CUANDO DORMÍA 81
LXI. ¿MI CORAZÓN SE HA DORMIDO? 82
GALERÍAS
INTRODUCCIÓN 83
LXII. DESGARRADA LA NUBE 85
LXIII. Y ERA EL DEMONIO DE MI SUEÑO, EL ÁNGEL 86
LXIV. DESDE EL UMBRAL DE UN SUEÑO ME LLAMARON 87
LXV. SUEÑO INFANTIL 87
LXVI. SI YO FUERA UN POETA 89
LXVII. LLAMÓ A MI CORAZÓN, UN CLARO DÍA 89
LXVIII. HOY BUSCARÁS EN VANO 90
LXXI. Y NADA IMPORTA YA QUE EL VINO DE ORO 90
LXX. ¡TOCADOS DE OTROS DÍAS! 91
LXXI. LA CASA TAN QUERIDA 92
LXXII. ANTE EL PÁLIDO LIENZO DE LA TARDE 92
LXXIII. TARDE TRANQUILA, CASI 93
LXXIV. YO, COMO ANACREONTE 93
LXXV. ¡OH, TARDE LUMINOSA! 94
LXXVI. ES UNA TARDE CENICIENTA Y MUSTIA 94
LXXVII. Y NO ES VERDAD, DOLOR, YO TE CONOZCO 95
LXXVIII. ¿Y HA DE MORIR CONTIGO EL MUNDO MAGO? 96
LXXIX. DESNUDA ESTÁ LA TIERRA 96
LXXX. CAMPO 97
LXXXI. A UN VIEJO Y DISTINGUIDO SEÑOR 98
LXXXII. LOS SUEÑOS 99
LXXXIII. GUITARRA DEL MESÓN QUE HOY SUENAS JOTA 99
LXXXIV. EL ROJO SOL DE UN SUEÑO EN EL ORIENTE ASOMA 100
LXXXV. LA PRIMAVERA BESABA 101
LXXXVI. ERAN AYER MIS DOLORES 102
LXXXVII. RENACIMIENTO 103
LXXXVIII. TAL VEZ LA MANO, EN SUEÑOS 104
LXXXIX. Y PODRÁS CONOCERTE RECORDANDO 104
XC. LOS ÁRBOLES CONSERVAN 105
XCI. HÚMEDO ESTÁ, BAJO EL LAUREL, EL BANCO 105
VARIA
XCII. CABALLITOS 106
XCIII. RUIDOS 107
XCIV. PESADILLA 108
XCV. DE LA VIDA 108
XCVI. SOL DE INVIERNO 110
XCVII. RETRATO 111
XCVIII. A ORILLAS DEL DUERO 113
XCIX. POR TIERRAS DE ESPAÑA 116
C. EL HOSPICIO 118
CI. EL DIOS IBERO 119
CII. ORILLAS DEL DUERO 122
CIII. LAS ENCINAS 124
CIV. CAMINOS 130
CV. EN ABRIL, LAS AGUAS MIL 130
CVI. UN LOCO 132
CVII. FANTASÍA ICONOGRÁFICA 134
CVIII. UN CRIMINAL 135
CIX. AMANECER DE OTOÑO 137
CX. EN TREN 138
CXI. NOCHE DE VERANO 140
CXII. PASCUA DE RESURRECCIÓN 141
CXIII. CAMPOS DE SORIA 142
CXIV. LA TIERRA DE ALVARGONZÁLEZ 149
CXV. A UN OLMO SECO 182
CXVI. RECUERDOS 184
CXVII. AL MAESTRO «AZORÍN», POR SU LIBRO CASTILLA 186
CXVIII. CAMINOS 187
CXIX. SEÑOR, YA ME ARRANCASTE LO QUE YO MÁS QUERÍA 189
CXX. DICE LA ESPERANZA: UN DÍA 189
CXXI. ALLÁ, EN LAS TIERRAS ALTAS 189
CXXII. SOÑÉ QUE TÚ ME LLEVABAS 190
CXXIII. UNA NOCHE DE VERANO 191
CXXIV. AL BORRARSE LA NIEVE, SE ALEJARON 191
CXXV. EN ESTOS CAMPOS DE LA TIERRA MÍA 192
CXXVI. A JOSÉ MARÍA PALACIO 194
CXXVII. OTRO VIAJE 195
CXXVIII. POEMA DE UN DÍA 197
CXXIX. NOVIEMBRE, 1914 205
CXXX. LA SAETA 206
CXXXI. DEL PASADO EFÍMERO 207
CXXXII. LOS OLIVOS 209
CXXXIII. LLANTO DE LAS VIRTUDES Y COPLAS POR LA MUERTE DE DON GUIDO 213
CXXXIV. LA MUJER MANCHEGA 218
CXXXV. EL MAÑANA EFÍMERO 219
CXXXVI. PROVERBIOS Y CANTARES 221
CXXXVII. PARÁBOLAS 239
CXXXVIII. MI BUFÓN 244
ELOGIOS
CXXXIX. A DON FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS 245
CXL. AL JOVEN MEDITADOR JOSÉ ORTEGA GASSET 247
CXLI. A XAVIER VALCARCE 247
CXLII. MARIPOSA DE LA SIERRA 249
CXLIII. DESDE MI RINCÓN 251
CXLIV. A UNA ESPAÑA JOVEN 255
CXLV. ESPAÑA, EN PAZ 256
CXLVI. FLOR DE SANTIDAD 260
CXLVII. AL MAESTRO RUBÉN DARÍO 261
CXLVIII. A LA MUERTE DE RUBÉN DARÍO 262
CXLIX. A NARCISO ALONSO CORTÉS, POETA DE CASTILLA 263
CL. MIS POETAS 265
CLI. A DON MIGUEL DE UNAMUNO 266
CLII. A JUAN RAMÓN JIMÉNEZ 267
POESÍAS COMPLETAS (1899-1917)
SOLEDADES
I EL VIAJERO
Está en la sala familiar, sombría, y entre nosotros, el querido hermano que en el sueño infantil de un claro día vimos partir hacia un país lejano.
Hoy tiene ya las sienes plateadas, un gris mechón sobre la angosta frente; y la fría inquietud de sus miradas revela un alma casi toda ausente.
Deshójanse las copas otoñales del parque mustio y viejo. La tarde, tras los húmedos cristales, se pinta, y en el fondo del espejo,
El rostro del hermano se ilumina suavemente. ¿Floridos desengaños dorados por la tarde que declina? ¿Ansias de vida nueva en nuevos años?
¿Lamentará la juventud perdida? Lejos quedó--la pobre loba--muerta. ¿La blanca juventud nunca vivida teme, que ha de cantar ante su puerta?
¿Sonríe al sol de oro de la tierra de un sueño no encontrada; y ve su nave hender el mar sonoro, de viento y luz la blanca vela hinchada?
Él ha visto las hojas otoñales, amarillas, rodar, las olorosas ramas del eucaliptus, los rosales que enseñan otra vez sus blancas rosas...
Y este dolor que añora o desconfía el temblor de una lágrima reprime, y un resto de viril hipocresía en el semblante pálido se imprime.
Serio retrato en la pared clarea todavía. Nosotros divagamos. En la tristeza del hogar, golpea el tic-tac del reloj. Todos callamos.
II
He andado muchos caminos, he abierto muchas veredas, he navegado en cien mares y he atracado en cien riberas.
En todas partes he visto caravanas de tristeza, soberbios y melancólicos borrachos de sombra negra,
y pedantones al paño que miran, callan y piensan que saben, porque no beben el vino de las tabernas.
Mala gente que camina y va apestando la tierra...
Y en todas partes he visto gentes que danzan o juegan, cuando pueden, y laboran sus cuatro palmos de tierra.
Nunca, si llegan a un sitio, preguntan adónde llegan. Cuando caminan, cabalgan a lomos de mula vieja,
y no conocen la prisa ni aun en los días de fiesta. Donde hay vino, beben vino, donde no hay vino, agua fresca.
Son buenas gentes que viven, laboran, pasan y sueñan, y en un día como tantos, descansan bajo la tierra.
III
La plaza y los naranjos encendidos con sus frutas redondas y risueñas.
Tumulto de pequeños colegiales, que al salir en desorden de la escuela, llenan el aire de la plaza en sombra con la algazara de sus voces nuevas.
¡Alegría infantil en los rincones de las ciudades muertas!... ¡Y algo nuestro de ayer, que todavía vemos vagar por estas calles viejas!
IV EN EL ENTIERRO DE UN AMIGO
Tierra le dieron una tarde horrible del mes de julio, bajo el sol de fuego.
A un paso de la abierta sepultura, había rosas de podridos pétalos, entre geranios de áspera fragancia y roja flor. El cielo puro y azul. Corría un aire fuerte y seco.
De los gruesos cordeles suspendido, pesadamente, descender hicieron el ataúd al fondo de la fosa los dos sepultureros...
Y al reposar sonó con recio golpe, solemne, en el silencio.
Un golpe de ataúd en tierra es algo perfectamente serio.
Sobre la negra caja se rompían los pesados terrones polvorientos...
El aire se llevaba de la honda fosa el blanquecino aliento.
--Y tú, sin sombra ya, duerme y reposa, larga paz a tus huesos...
Definitivamente, duerme un sueño tranquilo y verdadero.
V RECUERDO INFANTIL
Una tarde parda y fría de invierno. Los colegiales estudian. Monotonía de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel se representa a Caín fugitivo, y muerto Abel junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco truena el maestro, un anciano mal vestido, enjuto y seco, que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil va cantando la lección: mil veces ciento, cien mil, mil veces mil, un millón.
Una tarde parda y fría de invierno. Los colegiales estudian. Monotonía de la lluvia en los cristales.
VI
Fué una clara tarde, triste y soñolienta, tarde de verano. La hiedra asomaba al muro del parque, negra y polvorienta... La fuente sonaba.
Rechinó en la vieja cancela mi llave; con agrio ruido abrióse la puerta de hierro mohoso y, al cerrarse, grave golpeó el silencio de la tarde muerta.
En el solitario parque, la sonora copla borbollante del agua cantora, me guió a la fuente. La fuente vertía sobre el blanco mármol su monotonía.
La fuente cantaba: ¿Te recuerda, hermano, un sueño lejano mi canto presente?... Fué una tarde lenta del lento verano.
Respondí a la fuente: No recuerdo, hermana, mas sé que tu copla presente es lejana.
Fué esta misma tarde: mi cristal vertía como hoy sobre el mármol su monotonía. ¿Recuerdas, hermano?... Los mirtos talares, que ves, sombreaban los claros cantares que escuchas. Del rubio color de la llama, el fruto maduro pendía en la rama, lo mismo que ahora. ¿Recuerdas, hermano?... Fué esta misma lenta tarde de verano.
--No sé qué me dice tu copla riente de ensueños lejanos, hermana la fuente.
Yo sé que tu claro cristal de alegría ya supo del árbol la fruta bermeja; yo sé que es lejana la amargura mía que sueña en la tarde de verano vieja.
Yo sé que tus bellos espejos cantores copiaron antiguos delirios de amores: mas cuéntame, fuente de lengua encantada, cuéntame mi alegre leyenda olvidada.
--Yo no sé leyendas de antigua alegría, sino historias viejas de melancolía.
Fué una clara tarde del lento verano... Tú venías solo con tu pena, hermano; tus labios besaron mi linfa serena, y en la clara tarde, dijeron tu pena.
Dijeron tu pena tus labios que ardían: la sed que ahora tienen, entonces tenían.
--Adiós para siempre, la fuente sonora, del parque dormido eterna cantora. Adiós para siempre, tu monotonía, fuente, es más amarga que la pena mía.
Rechinó en la vieja cancela mi llave; con agrio ruido abrióse la puerta de hierro mohoso y, al cerrarse, grave sonó en el silencio de la tarde muerta.
VII
El limonero lánguido suspende una pálida rama polvorienta, sobre el encanto de la fuente limpia, y allá en el fondo sueñan los frutos de oro...
Es una tarde clara, casi de primavera; tibia tarde de marzo, que al hálito de abril cercano lleva; y estoy solo, en el patio silencioso, buscando una ilusión cándida y vieja: alguna sombra sobre el blanco muro, algún recuerdo, en el pretil de piedra de la fuente dormido, o, en el aire, algún vagar de túnica ligera.
En el ambiente de la tarde flota ese aroma de ausencia, que dice al alma luminosa: nunca, y al corazón: espera.
Ese aroma que evoca los fantasmas de las fragancias vírgenes y muertas.
Sí, te recuerdo, tarde alegre y clara, casi de primavera, tarde sin flores, cuando me traías el buen perfume de la hierbabuena, y de la buena albahaca, que tenía mi madre en sus macetas.
Que tú me viste hundir mis manos puras en el agua serena, para alcanzar los frutos encantados que hoy en el fondo de la fuente sueñan...
Sí, te conozco, tarde alegre y clara, casi de primavera.
VIII
Yo escucho los cantos de viejas cadencias, que los niños cantan cuando en coro juegan, y vierten en coro sus almas que sueñan, cual vierten sus aguas las fuentes de piedra: con monotonías de risas eternas, que no son alegres, con lágrimas viejas, que no son amargas y dicen tristezas, tristezas de amores de antiguas leyendas.
En los labios niños, las canciones llevan confusa la historia y clara la pena; como clara el agua lleva su conseja de viejos amores, que nunca se cuentan.
Jugando, a la sombra de una plaza vieja, los niños cantaban...
La fuente de piedra vertía su eterno cristal de leyenda.
Cantaban los niños canciones ingenuas, de un algo que pasa y que nunca llega: la historia confusa y clara la pena.
Vertía la fuente su eterna conseja: borrada la historia, contaba la pena.
IX ORILLAS DEL DUERO
Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario. Girando en torno a la torre y al caserón solitario, ya las golondrinas chillan. Pasaron del blanco invierno, de nevascas y ventiscas los crudos soplos de infierno. Es una tibia mañana. El sol calienta un poquito la pobre tierra soriana.
Pasados los verdes pinos, casi azules, primavera se ve brotar en los finos chopos de la carretera y del río. El Duero corre, terso y mudo, mansamente. El campo parece, más que joven, adolescente.
Entre las hierbas alguna humilde flor ha nacido, azul o blanca. ¡Belleza del campo apenas florido, y mística primavera!
¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera, espuma de la montaña ante la azul lejanía, sol del día, claro día! ¡Hermosa tierra de España!
X
A la desierta plaza conduce un laberinto de callejas. A un lado, el viejo paredón sombrío de una ruinosa iglesia; a otro lado, la tapia blanquecina de un huerto de cipreses y palmeras, y, frente a mí, la casa, y en la casa, la reja, ante el cristal que levemente empaña su figurilla plácida y risueña. Me apartaré. No quiero llamar a tu ventana... Primavera viene--su veste blanca flota en el aire de la plaza muerta--; viene a encender las rosas rojas de tus rosales... Quiero verla...
XI
Yo voy soñando caminos de la tarde. ¡Las colinas doradas, los verdes pinos, las polvorientas encinas!... ¿Adónde el camino irá? Yo voy cantando, viajero a lo largo del sendero... --La tarde cayendo está--. «En el corazón tenía la espina de una pasión; logré arrancármela un día: ya no siento el corazón.»
Y todo el campo un momento se queda, mudo y sombrío, meditando. Suena el viento en los álamos del río.
La tarde más se obscurece; y el camino que serpea y débilmente blanquea, se enturbia y desaparece.
Mi cantar vuelve a plañir: «Aguda espina dorada, quién te pudiera sentir en el corazón clavada.»
XII
Amada, el aura dice tu pura veste blanca... No te verán mis ojos; ¡mi corazón te aguarda!
El aura me ha traído tu nombre en la mañana; el eco de tus pasos repite la montaña... No te verán mis ojos; ¡mi corazón te aguarda!
En las sombrías torres repican las campanas... No te verán mis ojos; ¡mi corazón te aguarda!
Los golpes del martillo dicen la negra caja; y el sitio de la fosa, los golpes de la azada... No te verán mis ojos; ¡mi corazón te aguarda!
XIII
Hacia un ocaso radiante caminaba el sol de estío, y era, entre nubes de fuego, una trompeta gigante, tras de los álamos verdes de las márgenes del río.