Part 6
--Primera correspondencia, color del viejo Pam.[22] “Guerra á la América; la justicia es una bella cosa; pero el algodon vale mas; incendiemos el mundo para calentar la Inglaterra.” Segunda correspondencia, color Derby. “El viejo Pam se burla del público, grita á las armas, amontona fortificaciones y navíos corazados, juega á los soldados, y no quiere mas que dos cosas: conservar la paz y su puesto. Que nos den el ministerio, seremos tan patriotas y costaremos mas barato.” Tercera correspondencia, color Bright y Cobden. “John Bull, mi amigo, vuestro gobierno se burla de vos. Hace cosquillas á vuestra vanidad para sustraeros vuestro último chelin. Sed hombre, imitad á vuestro primo Jonathan,[23] haced vos mismo vuestros negocios; el dia que los pueblos no se hagan cuidar por esos charlatanes ruinosos que se llaman diplomáticos y grandes políticos, vivirán como hermanos; tendrán paz y vida baratas.”
--Espero, dije á Humbug, que al dar al público esas tres correspondencias, agregareis vuestro parecer.
--Absolutamente no, respondió Humbug; Jonathan tiene la costumbre de hacerse él mismo su opinion; tiene muy buenos ojos para tomar nuestros espejuelos.
La puerta se abrió bruscamente: tres mujeres jóvenes y elegantemente vestidas se aproximaron á nosotros; la de mas edad que no tenía veinte y cinco años, tomó la palabra en un tono á la vez modesto y seguro:
--Señor, dijo á Humbug, venidas enviamos por las señoras costureras de ropa hecha, os rogamos que anuncieis que vamos á constituir una liga y que el lúnes próximo tendremos un _meeting_ á fin de buscar el medio de sacudir la opresion que sufrimos; queremos reconquistar y asegurar nuestros derechos.
--Los sastres son ricos, dijo Humbug. Antes de reducirlos, será necesario que os comais vuestras economías. ¿Teneis un millon que mascullar? que desperdiciar?
--Señor, dijo la mas jóven con aire altanero, con cien dollars de avisos llenaremos nuestro objeto. Enseñaremos á los señores sastres y al mundo entero lo que pueden quinientas mujeres, á quienes se les ha puesto en la cabeza no ceder. Es una leccion que aprovechará á los monopolizadores y á los tiranos, leccion que hará palidecer sobre sus tronos á los déspotas del viejo continente. Tened la bondad solamente de poner mañana en el diario el manifiesto al público, que nuestro comité ha deliberado y redactado.
Con lo que nuestra amazona alcanzó al periodista un papel doblado en cuatro; Humbug leyó en alta voz esta impertinente broma, memorable monumento de la locura y de la perversidad femeninas, en un pais donde hasta las mujeres mismas creen en la libertad.
A LOS PARISIENSES DE MASSACHUSETTS.
Las costureras de trajes.
Para revindicar nuestros derechos desconocidos, para obtener justicia, nos, las costureras de ropa hecha de la ciudad de París (Massachusetts) nos constituimos en liga: dentro de ocho dias nuestros tiranos habrán cedido, no tendremos mas empleo. ¿Quién quiere darnos trabajo? no gustamos quedar con los brazos cruzados; pero estamos resueltas á no trabajar devalde en provecho de gentes que pueden pagar. ¿Quién tiene necesidad de una puntada? Nosotros sabemos hacer sombreros, fracs, budines, masitas, y tortas; sabemos coser, bordar, hacer punto de medias, asar y cocer. Sabemos ordeñar las vacas, hacer manteca y queso, engordar gallinas y cuidar un jardin; sabemos asear la cocina, barrer la sala, hacer las camas, hachar leña, encender fuego, lavar y planchar, y lo que mas, adoramos á los nenes. En una palabra, cada una de nosotros, puede ser una cumplida mujer casera. Por nuestra inteligencia y nuestro injenio preguntad á nuestros antiguos amos. Resolveos pronto señores. ¿Quién quiere ojos negros, frentes hermosas, cabellos crespos ó ondeados, el encanto y la juventud de Hebe, la voz de un serafin, la sonriza de un angel? Viejos _gentlemen_ que necesitais una buena ama de llaves, hermosos jóvenes que buscais una mujer activa y delicada, hablad, el remate está abierto. A la una, á las dos, á las tres: adjudicado. ¿Cuál es el feliz mortal?
_Dirijirse al Comité de señoras Costureras._
calle de los Alamos, N.ᵒ 20.
--Muy bien, señoras, dijo Humbug, el anuncio aparecerá esta tarde en el diario, y pondremos en el sumario: _Liga de las costureras_, para que nadie lo ignore.
--Diciendo esto, hizo un profundo saludo y acompañó hasta la puerta á las costureras, con tanta política como si se tratára de un prefecto.
--¿Es posible, esclamé yo, que en América las mujeres tengan derecho á hacer lo que se les antoja? ¿No es esto un desmentido dado á la esperiencia y al buen sentido? _Meetings_ de costureras, coaliciones de lavanderas, una _liga_ de parteras! La revolucion con frac es odiosa, pero la revolucion con polleras es ridícula.
--Lo que es ridículo, respondió Truth con su flema ordinaria, es que los fracs se crean con derecho para oprimir á las faldas.
--Está bien, repliqué. Verted en esas cabezas locas la embriaguez de la libertad, vereis cuales son las primeras víctimas.
--Doctor, estais lúgubre, dijo Truth; á la menor sacudida que reciben vuestras antiguas preocupaciones, gritais que el mundo se acaba. Las mujeres, querido señor, son la mitad del jénero humano, esta es una verdad profunda que Aristóteles ha comprobado, pero que hace dos mil años nadie ha comprendido, escepto los americanos. Si nuestras mujeres no nos acompañan ni en nuestras esperanzas, ni en nuestros temores, nos harán tomar parte en sus debilidades y en sus caprichos. Necesitamos esposas, hijas y madres que amen la libertad con pasion, á fin de que los maridos, los padres y los hijos no pierdan nunca ese santo amor. Esas costureras os parecen ridículas,--yo las admiro, mientras rio de su anuncio; yo amo las almas jenerosas que tienen fé en la justicia y que defienden su derecho. Esas almas son las que hacen un gran pueblo: en eso consiste la superioridad de nuestro bello pais.
--Acabemos el diario, dijo Humbug; hé aquí los mercados. Algodon, lana, carbon, hierro, harina, granos, puerco, carnero, vaca, heno, cobre, azúcar, café. Nada de particular, sino es en las harinas; las _buenas marcas_ se han vendido á dos por ciento mas que las harinas comunes.
--¿Qué marcas? dijo Truth, tomando el catálago; Colfax, Stevens, Pennington; es necesario subrayar esos nombres, é imprimirlos en grandes caracteres. Reis, doctor, no es esta una cosa insignificante. La responsabilidad individual, es la fuerza y la vida de las repúblicas. Es necesario que todos lleven inscriptos en la frente lo que son y lo que hacen. Ligar á la honradez, la reputacion y la fortuna, unir á la pilleria y la ruina, es el secreto de la moral y del gobierno, es un problema cuya solucion no ha encontrado ningun lejislador, y que, sinembargo, la prensa resuelve todos los dias.
--Bello trozo, apropósito de una barrica de harina!
--Y cuya aplicacion vereis al instante, dijo Humbug; aqui teneis: Mercados de cerdos: veinte barriles averiados, de las marcas de Tomas y de Williams. Subrayar estos dos nombres indignos,--es echarlos del mercado.
--No lo hareis, grité, no teneis derecho para ello.
No contento con ser el gobierno; ¿quereis aun ser la policia?
--Lo habeis dicho, respetable doctor, replicó Humbug; somos la policia y algo mas todavia: somos la conciencia pública. Somos nosotros los que damos el honor y la fortuna: _Honestus rumor alterum patrimonium est_[24].
Abrid los ojos cuanto querrais si os agrada, y gritad á voz en cuello si eso os divierte. Pero, si hablais seriamente, en verdad que os han cambiado en la cuna, no sois un Americano.
--Tú no sabes, me dije, tú no sabes, ignorante, cuanta razon tienes. No sabes hasta que punto desprecio á un Don Quijote bastante loco para tomar á pecho el interés de otro, el interés del primer desconocido, y eso sin mision y sin honorarios. ¡Hé ahí lo que es un pais sin funcionarios! Es necesario que todos se ocupen hasta de sus propios negocios. ¡Eso es ridículo! En Francia, una administracion intelijente y compacta me libra de todo jénero de cuidados: soy rey: se me sirve: gozo en paz de una prosperidad y de una grandeza que no me cuestan sino mi dinero. Es el triunfo de la civilizacion, ó yo no entiendo jota.
--Hé aquí la Bolsa, dijo al entrar un jóven hipando por haber corrido.
--¿Nada de nuevo?--preguntó Humbug.
--Nada, sinó el empréstito mejicano.
--¿Qué dicen de él? Eujenio, dijo Truth.
--Fiasco completo, es una fulleria del viejo Little.
--Cómo, una fulleria! dije leyendo el programa de la Bolsa; el empréstito ha subido un dollar sobre el precio de emision.
--Little ha comprado con una mano lo que vendia con la otra, dijo Truth; la broma es vieja y entre nosotros nunca hará fortuna. No somos bastante carneros para eso--Señor Rose, agregó dirijiéndose al recien llegado, hacedme para mañana un artículo sobre este asunto; ved á los ajentes de cambio y decidme toda la verdad.
--Estará hecho esta noche, Señor Truth; tendré mas datos que los que necesito.
--Señor, dije á aquel jóven, cuyo nombre me anunciaba un hijo del boticario, y, ay de mi! un hermano de mi yerno; los negocios deben ser muy dificiles con esa costumbre de descubrirlos en provecho del público.
--Señor, respondió Eujenio, en tono desvergonzado, los negocios son tanto mas fáciles cuanto son mejor conocidos. En la Bolsa, la mentira es la ruina, la verdad, es la riqueza.
--Bueno, dije para mi, todos dicen la misma necedad. En Paris, centro de la intelijencia, capital del injenio, todo el mundo sabe que los negocios que preocupan al público, son aquellos que no entiende. ¿Qué puede dar un negocio conocido? El cinco ó el seis por ciento cuando mas, mientras que los desconocidos prometen el quince ó el veinte por ciento: ahí está el secreto del banquero. Aquí se cambia valor por valor, es un comercio miserable; en Paris, se compra la esperanza; es la poesia del juego, es el encanto de la loteria. ¿Qué le importa á un Francés perder su dinero?--eso es prosa. Devorar las riquezas con el pensamiento, satisfacer en sueños las pasiones, los caprichos, la ambicion, hé ahí el ideal; se paga, es cierto, pero, ¿cuándo es caro una ilusion?
--Amigo Humbug, dijo una voz gañidora, aqui teneis dos avisitos que quisiera insertar en tu diario; me harás una buena rebaja; los tiempos son malos.
El que hablaba así, era un hombrecillo de larga levita y cubierto con un inmenso sombrero; su aspecto, su jesto, su traje decian á todo el mundo:--Miradme, soy cuácaro.
Humbug tomó los dos avisos y se echó á reir.
--Son chuscos, dijo, pero no los entiendo.
Y leyó lo que sigue:
QUINTA MONTMORENCY.
(Seth Doolittle, propietario del Hotel de la Rosa, en Montmorency, tiene el honor de prevenir al público que, durante toda la buena estacion, los enamorados que se apeen en su casa no pagarán mas que la mitad del precio).
--¿Por qué esta escepcion,? pregunté yó.
--Amigo, respondió el hombrecillo, cruzando las manos sobre su vientre y dirijiendo sus ojos al cielo, nada hay mas bello ni mas respetable que el amor. Poned á un jóven delante de un vestido blanco y de dos bucles negros que se ajiten al viento y se sentirá tan celestial, de tal manera eterizada, que en toda la semana no descendará nunca á probar el asado. Es un robo hacer pagar el precio comun á esos ánjeles del cielo que no examinan jamás la cuenta; mi conciencia se opone á esa iniquidad.
--Ese escrúpulo te honra, dijo el exelente Humbug, mordiéndose los lábios. Pasemos á la segunda insercion:
AVISO AMISTOSO.
(_Dinah D. L._--Se te suplica que no vuelvas. Tu madre goza de exelente salud; no puede arreglarse nada; y tu familia se encuentra mucho mejor desde que tú la has dejado).
--Este es un secreto de familia, dije yo sonriendo; no tiene esplicacion alguna.
--Para el público, no; para tí, doctor Smith, sí, repuso el cúacaro. Se trata de una hermana, tan loca, que por su propio interés, en el de su familia, y por respeto á la moralidad pública, la hemos enviado á California como maestra de escuela. Es de temer que la desgraciada se haya sido detenida en el camino y que quiera volver á las andadas. Teniendo esto en vista prevenímosla caritativamente,--por medio de un aviso encubierto, que haria mejor de continuar su camino: no hay lugar para ella en la casa.
--Eso es admirablemente caritativo, señor Seth, repuse yo alzando los hombros. Siento no haber reconocido antes de ahora á un hombre tan galante.
--Algo te habria costado para reconocerme, replicó Seth bajando la vista, no me has visto jamás; pero la señorita Marta me ha pintado su amo, y el terrible incidente de ayer con tanta fidelidad, que á primera vista te he reconocido.
Aquel virtuoso hostelero pronunció el nombre de Marta con una uncion estraña, y que mas tarde me vino á la memoria; hubiera puesto mas atencion en ello si un hombre de rostro inflamado no hubiese entrado bruscamente en la habitacion gritando:--Gran noticia, señor Truth; gran noticia señor Humbug: el intendente municipal de la ciudad acaba de ser condenado. Se le ha sorprendido en conversacion criminal con una actriz del Liceo, está obligado á pagar al marido diez mil dollars de daños y perjuicios.
--Doctor, dijo Humbug, tomad la pluma, y concluyamos el resúmen: tenemos un diario bien nutrido, la venta está asegurada. Véamos:
Derrota de las tropas federales
_3,000 muertos 6,000 heridos_
ADMIRABLE DISCURSO DEL ELOCUENTE SENADOR DE MASSACHUSETTS, ¡VUELTA A LA LEY Y A LA LIBERTAD!
_Robos de la marina denunciados á la nacion_, Liga de las costureras CONDENACION CRIMINAL DEL INTENDENTE DE LA CIUDAD.
--Vamos, continuó, el dia es bueno, no hemos ladrado mal á los pícaros. Despues de esto, gritó, á la imprenta; componed, muchachos y dentro de un cuarto de hora izad el tablero.
CAPITULO XI.
De la máxima protectora,--que la vida privada debe ser sagrada.
Me habia acurrucado en mi sillon, reflexionando en mis adentros sobre el triste espectáculo que tenia á la vista. Anarquia devorante, espionaje jeneral, perturbacion universal, el gobierno en manos de todo el mundo, hé ahí esa prensa tan ponderada! Enregimentad pues, un pueblo con semejante enemigo á vuestro lado!
--Eh bien, querido doctor, me dijo Truth con voz cariñosa, ya sabeis ahora como se hace un diario. ¿Os seduce?--¿sereis mi sucesor?
--Nunca! jamás! respondí echando para atras mi asiento por un movimiento involuntario. Lo que veo me espanta; os jugais con todo lo que me han enseñado á mirar como respetable y sagrado. Que se ataque á un ministro ó á los diputados, poco me importa, estoy habituado á ello; en todos tiempos los ministros han servido de blanco á los señores folletinistas; el gacetero mas célebre es el que hecha abajo dos ó tres. Si hay paises y pueblos á quienes divierte esa destruccion, que les haga buen provecho! Les deseo dos ó tres revoluciones para curarlos.... Pero la vida privada, señor, debe ser sagrada, entendeis, completamente sagrada.
--¿Quién ha dicho eso?--preguntó Humbug, con un aire pillo que no probaba sino su ignorancia.
--Señor Humbug, respondí, es M. Royer-Collard, un gran metafísico, que jamás ha tenido ideas propias; pero que ha fundido en bronce y grabado en acero las ideas de otro. El es, el ilustre sábio, que ha pronunciado esta palabra de oro, que debiera fijarse en toda oficina de diario: _La vida privada debe ser sagrada_.
--Vuestro gran metafísico ha dicho una necedad, respondió Humbug. ¿Acaso puede uno ser un pícaro en la vida privada y un Fabricio en la vida pública? ¿Qué es la vida privada? ¿Dónde comienza, dónde concluye? Gritar al perro rabioso ¿es un ataque contra la vida privada ó contra la vida pública? Si nuestra marina es robada por impudentes proveedores? es la vida privada la que se ataca denunciando al ladron? Si el honorable M. Little, rico con los millones de otro, quiere una vez mas despojar á los simples en provecho de su codicia insaciable; ¿es atacar su vida privada decirle á M. Little que es un bribon?
--Señor, dije á aquel impudente, vos no dudais cuanto podria responderos; pero bastará una palabra. Hé ahí al intendente de Paris que ha cedido á una desgraciada debilidad. Quizá ha caido en el lazo tendido por alguna sirena de baja ralea, y á no dudarlo, esta falta no la ha cometido en calidad de majistrado municipal.
¿A qué viene ese ruido, ese escándalo, esa difamacion de un hombre cuyo error, no os concierne, al fin del cuento?
--¿Para qué?--dijo Truth con una frialdad digna de Robespierre, para hacerlo presentar su renuncia. ¿Quereis que prediquemos en nuestras familias el respeto al vínculo conyugal y el horror al vicio, en presencia del adulterio entronizado en la casa municipal?--Eso no se puede. Es el honor de la vida privada lo que nos responde de la virtud pública. De otra manera, la política es una comedia donde cada uno lleva una máscara, desempeña un papel y se divierte en hablar de conciencia, de derechos, de deberes, sin creer palabra de lo que dice. Puede suceder que los pueblos niños se diviertan con esas farsas peligrosas, y que concluyen siempre mal; pero en América todo es sério. Que nuestros corrompidos vayan, si les agrada, á arruinar su salud, y comerse su dinero del otro lado del Atlántico: entre nosotros es necesario ser respetable para ser respetado.
--Hé aquí una carta del intendente, dijo un empleado; presenta su renuncia.
--Señor Truth, esclamé, todavia hay tiempo, detened la impresion del diario, haced desaparecer una sentencia que no concierne sino á un simple ciudadano, un juicio que va á hacer la deshonra de un hombre y la desgracia de una familia. Borrad de vuestro resumen esas líneas odiosas que hieren con una nueva mancha, y que la justicia no ha previsto, una falta escusable sin duda. ¿No hay mas que Catones en América?; y, ya que siempre hablais del Evanjelio, ¿no hay alguno entre vosotros que haya leido la historia de la mujer adúltera? En nombre del cielo, sed humano.
--Yo no soy ni humano ni cruel, respondió Truth con su tono glacial; no soy una persona, soy un diario, es decir: un éco, una fotografia. El resumen quedará como está; lo siento por el culpable; pero, yo tambien tengo una mision que cumplir, no transijo con la verdad.
--Pero esa mision, esclamé indignado, os la dais vos mismo!
--¿Es menos santa por eso? replicó el periodista. Comprended, pues, el papel que desempeño. En una sociedad enteramente ocupada de sus asuntos, de sus intereses, y que sin embargo se gobierna á sí misma ¿cómo se conserva la libertad?--¿Cómo se mantienen y engrandecen las ideas jenerosas? ¿Cómo se respeta el derecho, cómo se estima la virtud y se recompensan los servicios? Gracias á la prensa, invencion mas admirable todavia que la del vapor y la de la electricidad. Nosotros los periodistas, somos el éco de la sociedad, éco formidable, trompeta estrepitosa, que aumenta todos los ruidos, los esparce hasta los confines del hemisferio y va á despertar la conciencia pública mas embotada. El bien ó el mal, todo nos sirve; el bien, para hacer palpitar de gozo y de emulacion á todos los corazones; el mal, para sublevarlos de indignacion y de disgusto. Ayer habeis realizado un acto heróico.--En Rusia, en España ¿quién lo habria sabido?--algunos amigos, algunos vecinos, un barrio. Gracias á nosotros, treinta y un millones de hombres van á repetir el nombre del doctor Smith; tres millones de jóvenes envidiarán vuestro valor y se prometerán imitarlo. Hé ahí la obra de esos panfletistas, á los cuales estimais tan poco. Hoy dia se ha dado un escándalo, una falta cometida por un majistrado. La justicia ha condenado al hombre, la prensa condena el crímen y lo hace odiar y detestar por toda la nacion. Mientras mas grande es la caida, mas formidable es la leccion. Nuestra dureza apesadumbrará á una familia y herirá á algunas almas tímidas; salvará de una debilidad semejante á millares de hombres á quienes alentaria la impunidad. Sin duda alguna, nuestro rigor nos valdrá una enemistad mortal--¿Qué importa?--¿Pongamos en balanza nuestro deber y nuestro interés? Doctor, sed menos severo con nosotros.--Teniendo necesidad de estas cualidades para ser periodista, ¿cuántos hombres de estado serian capaces de desempeñar nuestra mision,--cuántos aceptarian resueltamente nuestros peligros y nuestra obscuridad?
--Bravo, Truth! gritó Humbug; hablais como un libro, mi buen amigo,--como un libro que dice la verdad: _Rara avis in terris, nigroque simillima cycno_.
--Hay ambiciones que se ocultan, repuse, furioso contra Truth y contra mí mismo (las palabras del sofista me habian conmovido); tal se cree virtuoso haciendo alarde de severidad, que, en el fondo, sin saberlo, es juguete de su propio interés y corre tras la fortuna.
--La fortuna, dijo Humbug, no ha sido hecha para los periodistas. Doctor, amigo, el mundo es un teatro donde figuran tres clases de personas: espectadores, actores, autores. Los espectadores, sois vos, es Green, es Rose, son todos esos buenas jentes que no tienen ni vicios ni virtudes y que viven á la sombra de su viña y de su higuera. Los actores son una banda celosa que se parece á todas las compañías de teatro. El ambicioso, los charlatanes elocuentes, el avaro, el cobarde, el tirano, el lacayo, todos desempeñan su papel con gran placer del público, que aplaude á menudo, silba algunas veces y paga siempre. Esos primeros actores necesitan hermosos trajes, palacios, oro, mucho oro. Conocen el capricho de la multitud y abusan de él. En cuanto á los autores, en cuanto al poeta que ha creado la palabra á la órden del dia, que ha escrito el aire en voga, ó inspirado un trozo de literatura, á ese se le arroja un pedazo de pan y se le desdeña. ¿Qué es la idea para los hábiles? nada mas que una escarapela, todo está en usarla apropósito. Gritad durante veinte años que la libertad es la salud de los pueblos, y no sois mas que un éco, odioso á los que mandan, importuno para los que sirven. Llega un dia en que el pueblo cansado quiere sacudir el peso que lo abruma, el primer temerario que inscriba en una bandera la palabra que habeis repetido veinte años, ese será el elejido de la multitud; honor, dinero, poder, todo será para él. Una hora hará la fortuna de ese primer papel; él no tendrá nunca bastante desprecio para el periodista oscuro que, con veinte años de sufrimientos y de peligros, le ha preparado su triunfo? El pueblo juzgará como el actor. ¿Quereis una moraleja para mi cuento? Paris va á nombrar un intendente; estad seguro que se pensará en todo el mundo, escepto en un solo hombre que honraria ese destino; ese hombre es Truth. El dia que muera en la demanda, si yo no estoy ahí, no tendrá dos líneas de elojio en su propio diario. ¡Hé ahí como se recompensa en América la virtud cívica! y sin embargo, somos el primer pueblo del mundo: _Ab uno disce omnes_. Juzgad ahora de nuestra ambicion.
--Humbug, amigo mio, dijo Truth, ¿en nada contais el honor de ser amado y elojiado? La puerta se abrió por segunda vez, y se vió alargarse un hocico de garduña que no podia pertenecer sinó á M. Fox. Era él, mas risueño que nunca.
--Señor Truth, dijo con su mas almibarada voz, ¿tendriais la bondad de anunciar en vuestro exelente diario que el honorable M. Little acaba de donar diez mil dollars al hospicio de niños, cinco mil dollars á los pobres de la ciudad y cinco mil á la biblioteca municipal?
--El empréstito mejicano vá bien, dijo Humbug: Little es un judio piadoso que paga el diezmo al Señor.
--El empréstito mejicano está abandonado, respondió Fox; M. Little se ha asegurado de que las garantías ofrecidas por el gobierno de Méjico no eran sérias.
--¿De dónde viene esa jenerosidad sospechosa? preguntó Humbug: ahí hay una terrible especulacion en juego, y esos veinte mil dollars nos costarán caro.
--Siempre sospechas,--interrumpí yo, y ¿por qué?
--Es que soy un viejo periodista, respondió Humbug; creo en la virtud de los banqueros como en la simplicidad de los cuácaros.