Part 21
--Estad tranquilo, repuso el coronel, tendreis jenerales, y mas de los que querreis. La guerra es como la caza, un oficio muy ordinario; en que ciertas jentes descuellan desde el primer dia. Tal que es hoy dia herrero, mecánico, abogado, médico quizá, mañana se despertará jeneral en el campo mismo de batalla. Abrid la historia; hay épocas estériles en que las letras, las artes, la industria están muertas; no hay ninguna en que hayan faltado soldados. El hombre tiene instintos de cazador, sanguinarios que la paz comprime; pero que no destruye. Venga la guerra, y tendreis héroes, y haga el cielo que el pueblo los estime en su justo valor, y que no les sacrifique su libertad.
--Verdaderamente, coronel, le dije, vos hablais de la guerra con poco respeto.
--Es que la he hecho, dijo tristemente, y sé lo que vale ese juego sangriento. Que los retóricos tranquilamente sentados en el rincon de la lumbre, se diviertan en celebrar los combates y la gloria,--yo me encojo de hombros ante esas paradojas; la guerra es el mayor de los azotes, el enemigo del trabajo y de la libertad, la ruina de la civilizacion. Mal haya aquellos cuya ambicion desencadena sobre la tierra esa peste abominable; pero malditos sean tres veces los que atentan á la patria con mano parricida! Que Dios nos ayude, y les haremos pagar caro su crímen. La guerra es tambien el castigo del orgullo y de la locura; cruel leccion que no se comprende sino cuando es tarde yá.
El ruido de los clarines nos anunció la hora del adios. Bajé teniendo de la mano á Enrique y Alfredo. Jenny nos abrazó á los tres con el valor de una mujer y de una madre cristiana. Susana silenciosa y ajitada, nos dió á cada uno una Biblia, que no debia separarse un momento de nosotros. Marta habia preparado un sermon profético, pero la pobre dió un terrible solloso á la primera palabra, y tomando á Enrique en sus brazos, como á un niño, le inundó de lágrimas y de besos. Yo la estreché la mano, ella me saltó al cuello, y fué medio estrangulado que monté á caballo.
Al mismo tiempo acudió Zambo ataviado ridículamente; habíase puesto un cinturon encarnado y azul, un sombrero con plumas y un sable que arrastraba por el suelo.
--Amo, gritó, llevadme con vos, yo soy bravo. Tengo la piel negra y la sangre colorada. Si no me matan antes de la victoria, los derrotaré á todos.
No fué sin dolor que me desembarazé de aquel pobre muchacho. Hícele los raciocinios mas prudentes para probarle que su coraje era ridículo. Cuando se tienen cabellos motosos, no se ha nacido para derrotar sino para ser derrotado. Palabras inútiles! Zambo tenia el ángulo facial demasiado agudo para comprender los grandes descubrimientos de nuestros eruditos. El pobre diablo se creía hombre, cristiano, ciudadano, y tenia la piel negra! Era una locura! Fué menester emplear la amenaza para hacerle entrar, y así lo hizo, pero refunfuñando. Era tiempo de acabar aquella triste comedia, las filas estaban formadas, los tambores batian; partimos.
Mientras estuve cerca de la casa no me atreví á mirar para atras; sentia que las lágrimas iban á arrazar mis ojos, y no queria derramarlas; pero al dar vuelta la calle volvíme; las tres mujeres ajitaban sus pañuelos y nos seguian con la vista. Mi corazon palpitó con fuerza.
--Oh, mi Dios! esclamé, yo te confio todo lo que amo. Lloré por primera vez, oré y me sentí consolado.
A las cuatro estábamos formados en batalla en la plaza de la Municipalidad. Green nos pasó revista, y nos habló de la patria con una emocion que rayó en la elocuencia. Su voz fué cubierta por nuestras aclamaciones. En seguida todo quedó en silencio y cada cual se recojió sobre sí mismo. Yo era el único quizá del rejimiento que estaba ajitado, y cosa estraña! no veia la hora de ir al fuego. En un momento de reposo pasé por delante de mis compañeros riendo, hablando, jesticulando y teniendo una palabra para cada soldado; hacía burla á los que estaban conmovidos, animaba á los que procuraban sonreir, y á todos prometia mi socorro en el momento del peligro; me sentia ya con la fiebre del combate.
Humbug, que se habia reunido á mí en la plaza, me miraba con aire sorprendido.
--Qué hombre sois, doctor, me dijo suspirando. Admiro vuestro buen humor y vuestra alegria. Ayer erais un tímido ciudadano, hoy sois un valiente soldado. Sois Irlandés? Teneis en las venas la sangre?
_Non parventis funera Galltæ?_
Nosotros los Sajones, llevamos al campo de batalla,
_Devota morti pectora liberæ,_
pero no tenemos ni esa gracia, ni esa elegancia, ni esa bravura. Al veros, no parece sino que el combate es una fiesta y el peligro un placer. Capaz seríais de darle gana de morir al que menos lo deseara.
El redoble de los tambores ahogó mi contestacion; Humbug me abrazó tiernamente llamándome en latin la mitad de su alma; un instante despues habíame separado de mi viejo amigo y para siempre.
La noche estaba hermosa; la luna, que habia salido temprano, iluminaba en lontananza las praderas bordadas de álamos y cortadas por sauces; en el horizonte corria un rio de plateadas olas; habia cierto encanto en dejarse conducir por el caballo y en abandonarse al fantaseo en medio de aquella hermosa campiña. La felicidad del soldado, consiste en gozar de la hora presente sin inquietarse del porvenir. Tiempo hacía que me daba el placer de soñar con los ojos abiertos, cuando dos caballeros se colocaron cerca de mí. Alzé la cabeza, y con gran sorpresa reconocí al sombrío Brown y al amable Truth.
--Qué haceis aquí? esclamé. Qué quiere decir ese gran sombrero, esa levita cruzada y ese sable al lado? Ese no es el traje de un soldado ni el de un pastor.
--Doctor, dijo el puritano, la guerra es una enfermedad cruel; en ella, tanto peligra el alma como el cuerpo; vos cuidais del uno, nosotros cuidamos de la otra; nosotros somos médicos lo mismo que vos.
--Me alegro mucho de teneros por cofrádes, repuse; pero el oficio es rudo. Un cirujano se hace; la ternura, es en él un mal desconocido; para que la mano no tiemble es menester que el corazon calle; pero vos, Truth, ¿cómo resistireis al grito de los heridos y á la desesperacion de los muertos?
Es mi deber, dijo, Dios me dará fuerzas, mientras juzgue que mi servicio es útil ó necesario. Pertenezco al Señor.
La etapa no era larga; á las ocho hicímos alto. El coronel habia querido enseñarnos á marchar; la leccion no fué inútil, el rejimiento tenia el aire de una majada en derrota. Sin embargo, el bravo Saint John felicitó á todos los novicios, habituándolos poco á poco á que le miráran como á un padre y á depositar su confianza en él.
Mayor, me dijo, no ríais. Antes de un mes valdremos tanto como los Prusianos. Cuando un hombre se cree soldado ya lo es á medias; vereis lo que es un ejército de ciudadanos.
Establecimos el vivac en medio del campo, y despues de encender los fogones y de atar los caballos á la estaca, cenamos de buena gana con las provisiones que cada cual habia llevado consigo. Para conscriptos aquella primera comida al aire libre era una fiesta; la guerra no habia enjendrado todavia en ellos ni el deseo del bien estar ni el amor del hogar.
Terminada la cena, y no duró nada, los soldados en lugar de reir y gritar, se sentaron en silencio sobre sus capotes para oir á los ministros. Nuestro estado mayor formó el círculo; Truth se colocó en el centro, y abriendo la Biblia, leyó con voz inspirada el himno que cantó David cuando Dios le hubo salvado de manos de sus enemigos.
“El Señor es el baluarte mio, y él es mi Salvador. Dios es mi defensa, en él esperaré: es mi escudo y el apoyo de mi salvacion: él es el que me ensalza sobre mis enemigos y él es mi amparo.
“Tú eres Señor mi antorcha....
“Quién es Dios fuera del Señor? Y quién es fuerte, sino nuestro Dios?
“Dios es el que me revistió de fortaleza....
“El es el que adiestra mis manos para la batalla, y hace mis brazos firmes como un arco de bronce.
“Perseguiré á mis enemigos y los esterminaré: no volveré atrás hasta acabar con ellos.
“Por mas que griten, nadie acudirá á su socorro: clamarán al Señor mas no los escuchará.
“Disiparélos como polvo de la tierra: los aplastaré y desmenuzaré como lodo de las calles.
“Viva para siempre el Señor y bendito seas mi Dios. Sea engrandecido el Dios fuerte que me ha salvado[62].”
Mientras que Truth recitaba esa bella poesía, miré á mi alrededor. Todos los oficiales escuchaban rezando; sus ojos brillaban de entusiasmo y de fé. Las últimas llamas de nuestros fogones próximos á extinguirse iluminaban aquellos nobles rostros, dándoles no sé que brillo misterioso. Creíame en pleno siglo diez y seis y transportado á un campo de Cabezas-Redondas.--Es este, decia para mis adentros, es este el pueblo á que nuestros diarios de Paris niegan todo patriotismo y toda relijion! No, la tiranía militar no se establecerá nunca en aquella tierra jenerosa; aquel suelo abierto y fecundado por los puritanos no puede enjendrar sino la libertad.
Terminada la lectura, estreché la mano de Truth, y aprovechando de mi privilejio, inspeccioné todas las compañias buscando á mi hijo y á Alfredo. Hallé á los dos acostados en el suelo, envueltos en sus capotes y hablando en voz baja. De qué hablaban? era escusado preguntarlo; lo sabia.
--Hijos, les dije; cuando uno es soldado es menester contemplar sus fuerzas, y la primer condicion es dormir. Hacedme lugar entre los dos y soñad con los ojos cerrados.
Con lo cual, abrazé tiernamente á mis dos hijos, cerré con cuidado mi capote, me eché sobre la cara la capucha, y me dormí tan tranquilo y con el corazon tan aliviado como si estuviera en mi casa. Cuando el hombre se consagra á la patria, cuando le es permitido sacrificarse por lo que ama, la fatiga es dulce y hasta el peligro tiene atractivos.
CAPITULO XXIX.
Un viaje de placer.
En medio de mi apasible sueño, tuve una vision. Un hombre, ó mejor dicho un fantasma, de mirada burlona, y frente arrugada estaba acostado sobre mí y me ahogaba. Reconocí á Jonatás Dream; solo él tenia aquella mirada terrible.
--Eh bien, doctor, dijo con voz chocarrera, la prueba está hecha; supongo que ahora no dudareis del magnetismo y sus milagros, puesto que en ocho dias os habeis vuelto Yankee.
--Sí, sí murmuré; y estoy orgulloso de ello. Tengo mujer é hijos segun mi corazon; tengo una patria que amar, una libertad que servir y defender, soy dueño de mi vida, creo en el Evanjelio y soy feliz; si esto es un sueño, por piedad, no me desperteis.
--Bravo gritó la voz, estoy vengado. Ahora, en camino para Francia; á Paris!
Sentí una mano que apartaba mi capote y se deslizaba bajo mi capucha. Me levanté sobresaltado, quise gritar, esfuerzo inútil! estaba magnetizado. Un brazo invisible me cojió de la única mecha de cabellos que quedaba en mi frente calva, y me llevó por los aires con una espantosa rapidez.
No habia vuelto aun de mi tan natural emocion, cuando me hallé cerniéndome por el cielo como un pájaro y revoloteando por arriba de mi casa. El traidor que me habia quitado la palabra, teniéndome siempre suspendido, me hizo descender hasta la ventana del locutorio[63]. Apercibí en aquel recinto querido, reunidos en derredor de una mesa de trabajo,--á mi Jenny, á mi Susana y á Marta; el pobre Zambo sentado en el suelo sollozaba en un rincon. Susana leia el Evanjelio con voz entrecortada. Jenny y Marta rompian jénero y hacian hilas.
Mi corazon las llamó y las bendijo. Jenny levantó en el acto la cabeza.
--Susana, dijo temblando, me parece oir á tu padre; estoy segura que en este momento piensa en nosotros.
--Mamá, repuso Susana, que estraño es lo que decís; tengo el mismo presentimiento.
--Es un efecto magnético, murmuró Jonatás, riendo de una manera siniestra. Qué decís de esta esperiencia, sabio doctor?
--Dios mio! dijo Jenny, levantándose, tú que me has dado á Daniel y que me has dicho le amára, protéjele, te lo suplico. Aleja de él y de mis hijos el peligro y la muerte. Pero ante todo, Señor, hágase tu voluntad y bendito sea el tu nombre.
--Amén, dijo Susana; amén dijo Marta, y las tres mujeres se pusieron á llorar, mientras que Zambo se metia un pañuelo en la boca para sofocar sus gritos.
Oh, mis amores! Yo os abria mis brazos cuando por segunda vez una fuerza irresistible me lanzó en el espacio sin fin. En un abrir y cerrar de ojos la gran ciudad desapareció de mi vista y con ella sus luces vacilantes; despues de la ciudad se evaporaron los campos y los prados, los bosques y la tierra; solo oí el soplo del viento y los jemidos de la onda. Como en el fondo de un abismo, apercibí las olas temblando bajo los pálidos rayos de la luna; estaba á diez mil piés de altura sobre la superficie del Océano.
--Charlemos ahora, dijo el espantoso brujo cerniéndose sobre mí como un águila que tiene en sus garras un pichon. Doctor Lefebvre, os devuelvo la palabra; dadme ahora el placer de gozar de vuestra conversacion.
--Mónstruo, esclamé, cuánto tiempo he de ser tu víctima?
--Mi buen amigo, repuso fisgando, permitidme decíros que no sois político. Tutear á un hombre á quien se ha visto dos veces es cosa grosera, algo mas, una torpeza; me bastaria abrir los dedos para precipitaros en las olas, y no pienso que la jendarmería Francesa, con toda su vijilancia, pudiera prestaros aquí el menor socorro. Sed pues amable, y divertidme. Estoy cansado, he perdido mucho fluido, y me es difícil hacer mas de cien leguas por hora; no estaremos en Paris antes de mañana al amanecer. Todavia tenemos que vivir juntos una noche; el tiempo está hermoso y la ruta es agradable; séamos amigos y charlemos.
De qué se puede hablar en las nubes sino de metafísica.
--Señor Jonatás, dije tomando mi mas respetuosa voz, creeis en Dios?
--Dios, esclamó, con tono de profesor, y como si repitiera una leccion, Dios es una vieja palabra; es la personalizacion del idealismo.
--Hablad Francés, esclamé.
--Sea, dijo, Dios, es la idealizacion de la personalidad.
--Si ese es vuestro Francés, señor brujo, habladme Griego por piedad.
--Pues bien, dijo con tono gracioso, Dios es la categoría del ideal, nada mas.
--No entiendo jota, le dije.
--Es que no sabeis el Aleman, repuso. La filosofía es una lengua mística que nos viene de ultra Rhin. Ilustres sabios he visto que la han hablado durante veinte años sin entenderla; y que no por eso han dejado de ser aplaudidos.
--Esplicadme vuestro sistema, repuse con afectada dulzura. Vos sois un gran hombre, un jénio, me gustaría instruirme en vuestra escuela. Tened tambien la bondad de tirarme un poco menos los cabellos, tengo la cabeza sensible, y estoy seguro que Absalon filosofaba con trabajo cuando estaba colgado de su árbol.
--Yo soy discípulo de Spinoza, dijo Jonatás, pero he ido mas lejos que mi maestro. No hay ni materia ni espíritu en el mundo,--solo hay un conjunto de fuerzas organizadas, que se dividen á lo infinito; la planta, el animal, el hombre, son otras tantas formas de esa vida universal, otras tantas burbujas de agua que brotan en la superficie del Océano de los seres, y que solo entran en el abismo para volver á salir de él. La vida y la muerte son simples fenómenos sin importancia; el individuo desaparece, la especie dura; es lo esencial. Poco importa lo que la rueda aplasta, con tal que dé vuelta siempre. Hé ahí mi sistema, él acepta todo.
--Y no esplica nada, esclamé. Quién ha creado esas fuerzas?
--En qué pensais, doctor, repuso el májico. Crear, seria perturbar el órden universal y fatal de las cosas; nunca ha habido creacion. Suponer un principio,--es suponer una voluntad; eso trastornaria todo el sistema.
--Yo creia, le dije, que los sistemas se acomodaban á los hechos observados.
--Eso es bueno para los físicos, repuso. Nosotros, al contrario, acomodamos los hechos al sistema; nosotros somos filósofos.
--Eso es muy injenioso, dije, pero sacadme de una duda; yo creia que el hombre no era muy antiguo en la tierra.
--Esa es mi opinion, repuso; el hombre apareció hacen doce ó quince mil años cuando mas,--pero eso no implica una creacion! La naturaleza........
--Qué es la naturaleza, señor Dream?
--Otro nombre para la fuerza Universal.
--Qué es la fuerza Universal?
--Otro nombre para la Naturaleza.
--Gracias por vuestra esplicacion filosófica.
--La Naturaleza, continuó, esperimenta en ciertas épocas un acrecentamiento de enerjía, una especie de fiebre, y entonces rehace y transforma ciertas especies segun la necesidad. Así es como el hombre ha aparecido sobre la tierra; segun todas las apariencias,--es un mono ó un perro dejenerado.
--Y la palabra, y la conciencia? esclamé.
--Eso es poca cosa, dijo él, consiste en una simple modificacion fisiolójica. Un poco mas de finura en la composicion de la larinjes, ha hecho de un grito bestial un lenguaje articulado. Sin aparato nervioso no hay conciencia posible; por consiguiente, la conciencia es cuestion de nervios. Una acumulacion de la sustancia gris, un juego de la naturaleza han bastado para enjendrar al rey de la creacion.
--Pobre rey en verdad, si solo es el mas malo de los animales.
--No, no, dijo Jonatás; porque, gracias á su aparato nervioso tiene ideas jenerales, y hé ahí lo que hace del hombre una especie aparte. Es el único animal á quien se le divierte y se le engaña con palabras. El hombre vé ciertos hechos que se reproducen en serie regular, y que llama verdades; imajina una verdad universal que comprende y sostiene todas las verdades particulares; apercibe hermosas cosas y se figura una belleza que es el modelo y el tipo de todas las demas. Hé ahí el ideal que le seduce y le consuela,--ó en otros términos, lo que las buenas jentes llaman Dios.
--Muy bien, dije, conmienzo á entrever lo que es la categoría del ideal. El alma es un espejo que refleja lo que no existe; ó si os parece mejor, el hombre se vé á si mismo en ese espejo de aumento, y cual nuevo Narciso prostérnase ante esa imájen agrandada.
--No tan mal para un novicio, dijo el brujo.
--Luego, en el Universo nada hay superior al hombre?
--Conclusion lójica, dijo Jonatás.
--Si no hubiera habido hombres sobre la tierra, no habría idea de Dios, y por consiguiente Dios no existiria.
--Maravilloso, dijo, os haceis filósofo.
--No por cierto, esclamé, y no sé si mi manera de ver depende de mi estraña posicion; pero paréceme que toda esa metafísica está como yo, suspendida en el aire por un cabello. Qué significa esa naturaleza con acrecentamientos de enerjía? Una palabra para reemplazar al Ser Supremo, que en su bondad cria libremente al hombre y al mundo. Qué significa ese cambio de tejidos, esa metamórfosis de aparatos, sino una frase sonora que esplica lo desconocido por lo imposible? Qué significa esa fuerza inconsistente é inmoral? que produce una criatura dotada de conciencia y de moralidad, una quimera. A la altura en que estoy, las cosas se juzgan de una manera muy distinta,--no se paga uno de palabras vanas; las leyes físicas, es decir, un órden intelijente, una creacion constante y contínua, me revelan y me gritan que una voluntad siempre activa, omnipresente, sostiene al Universo y le impide disolverse. En ninguna parte veo la naturaleza, y en todas partes siento á Dios.
--Bravo! tres veces bravo! dijo el májico.
--Entonces lo que esponíais no era vuestro sistema? repuse muy asombrado.
--Sí, ese sistema es mio puesto que lo he robado; pero no creo en él. Pasando ayer por Tubingue, donde iba á visitar á uno de mis buenos amigos, honrado teólogo que siempre sueña,--apercibí á un gran metafísico que, á fuerza de escribir se habia quedado dormido sobre Hegel. De un golpe le he robado su pipa, sus anteojos y su sistema; cuando se despierte, solo hallará sus ojos para ver, y su espíritu para razonar.
--Pobre hombre! esclamé; ¿qué hará de esos instrumentos que nunca le han servido?
--Bah! dijo el brujo, vos no conoceis á los filósofos alemanes. Son gusanos de seda que viven en los libros; ellos sacan del primer mamotreto que se les presenta un hilo con el que se envuelven en un buen sistema, á prueba de luz y de ruido. Mi hombre se desquitará tejiendo un nuevo capullo. La verdad no es nada, la lójica es todo. Hegel no existe, viva Schopenhauer! En esa dinastia de soñadores hay siempre un rey.
--Señor, dijo con tono seco, vuestras preguntas son impertinentes. Cómo os atreveis á preguntarle á un espiritista si cree en Dios? Solo nosotros sabemos lo que es el alma, solo nosotros tenemos en la mano la prueba de su inmortalidad.
--Qué es pues el alma? pregunté con impaciencia.
--Es una fuerza magnética, respondió Jonatás. Esa monada creada por Dios y dotada de conciencia, se hace á sí misma un forro, á la manera del grano de trigo arrojado en la tierra, que echa raices, y produce un vástago y espigas. Cuando el cuerpo ha envejecido, el alma siempre jóven y activa arroja de sí ese forro decrépito, y se vá á un mundo mejor á buscar una nueva forma para su enerjia inmortal. Ved esos globos que centellean en el espacio; Júpiter, Saturno, Sirio! son otras tantas esferas habitadas por espíritus que se elevan. Subir la escala infinita de la creacion, acercarse siempre á Dios sin conseguirlo jamás, tal es nuestro destino glorioso. La muerte no es sino un pasaje á una vida mas intensa. Nada parece aquí abajo, ni siquiera un átomo de polvo; cómo ha de apagarse la conciencia? Dios es acaso un artista caprichoso, que destruye la obra maestra de su grandeza y de su bondad?
--Señor, esclamé, esas palabras son bellas y tocan al corazon; pero la prueba, esa prueba que la humanidad exije hace seis mil años,--dádmela.
Nada mas fácil, repuso Jonatás; remontemonos hasta Sirio, que brilla allá arriba por sobre nuestras cabezas, allí vereis una de las estaciones que debeis habitar algun dia. No ha mucho tiempo que visité á Washington.
--La oferta era como tentar á un curioso; pero el maldito brujo ya se habia burlado de mí; desconfiaba de su májia.
Temiendo los disgustos de un nuevo viaje, rehusé, é hice mal en rehusar; era aquella una ocasion que quizá no se me volveria á presentar.
--Llegarémos pronto? pregunté á Jonatás.
--Hé ahí una pregunta poco amable, me dijo. Mirad abajo; no veis en el mar una lucesita. Es el fanal de la _Arabia_, que salia de Boston, el dia en que os conduje á América; te hallas aun á medio camino de Europa; todavia tenemos que hacer doscientas leguas, ó sea seis horas de camino.
Suspiré y no hablé mas.
--Mi buen amigo, dijo el odioso májico, estais muy áspero. Si no amais la discusion, si la metafísica os ataca los nervios, escojed algun asunto familiar, que nos permita ponernos de acuerdo. Habladme de política.
--Qué pensais de la esclavitud? esclamé; qué pensais de la guerra fratricida que destroza los Estados Unidos?
A este respecto, las jentes de bien no tienen sino una sola opinion; supongo que detestais el despotismo, que aborreceis la esclavitud, no es verdad, señor espiritista, y que sin duda respetais una alma inmortal, cualquiera que sea la piel que la cubre?
--Hé ahí una pregunta del todo pacífica, dijo: pero es mas delicada de lo que creeis. No son las leyes las que hacen que un hombre mande ú obedezca.
--Qué es pues?
--Es el fluido magnético, repuso con una flema insoportable. Lo que los filósofos llaman voluntad, enerjia, potencia, no es otra cosa sino ese fluido que constituye nuestra alma. Cada cual posee una cantidad diversa y desigual. La mujer, por ejemplo, es un ser mas magnético que el hombre; así, resulta que en la mayor parte de los matrimonios, diga el Código lo que quiera, quien obedece es el marido. Los hijos, que la ley somete tambien á sus padres, son tiranos domésticos que imponen sus caprichos á toda la casa y hacen de su madre una esclava. Por qué? Porque son muy ricos en magnetismo. Los viejos, al contrario, tienen la sangre fria, y no poseen influencia sobre lo que se les acerca. Los enamorados........
--Gracias, dije bostezando; no hablemos de medicina, hablemos de política.
--Paciencia, dijo Jonatás con tono burlon. Si es cosa probada que los negros tienen menos fluido que los blancos, la cuestion está resuelta,--la esclavitud es lejítima.