Paris en América

Part 13

Chapter 134,048 wordsPublic domain

--En política, contestóme, no hay que dudarlo. De qué época datan su libertad, y qué libertad! de 1789; la nuestra data de 1620; nosotros somos ciento setenta años mayores que ellos; tenemos tres veces mas esperiencia que ellos, y por consiguiente veinte veces mas sabiduria.

--Luego, es á la América, repuse yo con voz conmovida, á quien discernis la palma de la civilizacion?

--Evitemos las confusiones de palabras, contestóme con piedad. Civilizacion, es una palabra complexa, ¿comprende tantos elementos diversos, que cada pueblo á su turno podria reclamar la prioridad. Qué es lo que constituye la civilizacion? La relijion, la política, las costumbres, la industria, la ciencia, la literatura, el arte? Es alguna de estas cosas? O son todas ellas juntas?

Ved que complicado es el problema. El arte, por ejemplo, que los Jentiles llamaban la flor de la civilizacion, no brota muchas veces sino un bástago podrido, asi, entre nosotros los modernos, que vivimos de la imitacion de los antiguos, yo creo que el pueblo mas viejo es el mas artista. En Francia se tiene un gusto mas refinado que en Inglaterra; pero un Italiano tiene naturalmente mas habilidad que un Francés. En industria, todas las naciones libres valen lo mismo. La ciencia no tiene patria. En cuanto á la literatura, cada pueblo halla en la suya la espresion de su pensamiento; dejo á los críticos el placer pueril de asignarles sus respectivos puestos á Dant, Moliére ó Shakspeare; pero la relijion, la política y las costumbres forman un pabellon inseparable. Ahí está la sávia de un pais, su porvenir. En este punto yo le doy sin vacilar el primer lugar á mi Iglesia y á mi pueblo; yo creo en la libertad, soy Americano, puritano.

--Mohicano, dije yo para mi coleto, te veo venir: tu no sabes ni siquiera mentir para pasar por político.

Iba á confundir á tan insoportable predicante, cuando por fortuna suya, nos levantamos de la mesa. Y dejando ahí á ese espíritu estrecho y adusto, acerquéme á un jóven pastor, cuyo aire agradable disponía en su favor. Antes de almorzar, Truth habíame presentado al Sr. Naaman Walford, como una de las columnas de la nueva Sion. Deseoso de ver ese fénix que se llama un teólogo razonable; y queriendo ser acojido benévolamente por el Sr. Naaman,--comencé felicitándole por la exelente adquisicion que su Iglesia hacia con la persona de mi amigo Truth.

--Perdon, me dijo,--yo soy presbiteriano.

--Presbiteriano, esclamé á mi turno, y venis á complimentar á un rival? Deveras que vuestra accion revela una bella alma; porque, entre, nosotros ese ministro á quien le tomais la mano, es un hereje á quien vos mismo condenais.

--Yo, repuso él muy sorprendido; yo no condeno á nadie,--eso no es cristiano.

--Me esplico mal, querido Sr. Naaman; queria simplemente decir, que á ejemplo del divino pastor, que buscaba las ovejas descarriadas de Israel, vos no temeis el vivir familiarmente con jentes cuyo error detestais.

--El Sr. Truth, me ha edificado esta mañana, contestóme, y no le creo en error.

Asombrado á mi vez, y creyendo haber oido mal le dije:

--Decidme, señor, ¿creeis que vuestra Iglesia enseña la verdad?

--Sin duda,--de otra manera no permaneceria en ella.

--Entonces, repuse yo, quiere decir que asi como hay dos verdades hay tambien dos Iglesias; una verdad presbiteriana y una verdad congregacionalista. Probablemente hay tambien una verdad baptista, metodista, luterana y hasta una verdad católica. Yo suponia, perdonad mi ignorancia, que la verdad era una, y que la señal del error consistia en dividirse al infinito.

--Doctor, dijo Naaman un poco conmovido de mi vivacidad francesa, cuando estais en el mar, qué es lo que haceis si quereis saber la hora que es?

--Le pregunto la hora al sol, y el sol me la dá. Qué! pretendeis contestarme con un apólogo? A mi edad, querido señor, se tiene poco gusto por los ejemplos, y, no se aceptan sino razones.

--Que quereis, doctor, soy jóven y me permito contar con vuestra induljencia, contestó Naaman, sonriendo amablemente. El sol os dá la hora. Cuando es medio dia en Paris, podriais decirme que hora es en Berlín?

--No; todo lo que yo sé,--es que un telégrama espedido de Berlín á las once se recibe en Paris hácia las diez y media; es decir que aparentemente llega treinta minutos antes de haber partido. Por lo demas, importa poco, os lo concedo,--que cuando es medio dia en Paris, sean la una en Berlin, las dos en San Petersburgo, y, si quereis, las nueve de la mañana en las Azores y las siete en Quebec. Todo depende del meridiano.

--Asi, dijo Naaman, el sol es el mismo en todas partes y en ninguna marca la misma hora: qué significa esto?

--Decididamente, repuse yo, vos sois astrólogo, y quereis hacer de mi un adepto. Os contesto, pues, señor profesor, que es el mismo sol visto de diferentes puntos.

--Una interpelacion mas, doctor, y os pediré despues gracia por mi indiscrecion. Entre todas esas horas, cual es la cierta?

--Singular pregunta! la hora es cierta para cada cual, desde que el sol sale ó parece salir de un punto distinto. Está satisfecho el señor profesor de su discípulo de barba gris?

--Sí, doctor, veo que estamos conformes asi en teolojia como en astronomia.

--Señor Naaman, le dije yo,--comienzo á comprenderos. Para vos, la verdad es el sol, que cada uno de nosotros vé segun el horizonte que nos rodea. Por consecuencia, cuando para la Iglesia presbiteriana es medio dia, la hora se ha pasado para los baptistas y no ha llegado aun para los metodistas. Quién sabe si á los católicos se les coloca en las antípodas? Y, hé ahí un medio injenioso de armonizar su orgullo con su caridad.

--Señor, dijo Naaman ruborizándose,--vos me ofendeis. Habeis comprendido mi pensamiento, y sin embargo desconfiais de mis sentimientos. Sí, yo creo que hay un horizonte distinto para cada iglesia, y, me atreveré á decirlo, para cada cristiano. El nacimiento y la educacion nos dan el punto de partida; ahora, toca á nosotros mismos caminar hácia esa verdad que nos llama,--acercándonos á ella sin cesar á fuerza de estudio y de virtud. No digo que no haya iglesias mas iluminadas las unas que las otras por la luz divina; pero al mismo tiempo creo que el mejor cristiano puede muy bien encontrarse en el seno de la iglesia mas oscura. No hay la menor duda que es una gran ventaja estar colocado cerca del sol, sin embargo, esto no es siempre una razon para verlo mejor. Hé ahi, señor, porque amo á mi Iglesia presbiteriana, y por qué, no obstante amarla tanto,--no condeno á nadie.

Todo esto era dicho con una ingenuidad encantadora. ¡Qué bella cosa es la virtud en un alma jóven; es como la sonrisa de la aurora en los primeros dias de Mayo!

--Mi jóven amigo, le dije yo, vuestras ilusiones tienen algo de seductor; el sentimiento que las hace nacer es respetable, pero el primer soplo de la razon las disipará. Si cada cristiano vé la verdad á su modo,--no hay verdad. Y, hénos aquí de nuevo en el escepticismo de Montaigne. En vano buscareis un dogma que sea atacado,--una creencia que no se conmueva. Vuestra teoria tan cristiana en apariencia, nos condena á una duda invencible, y conduce á la incredulidad universal.

--Doctor, contestóme el jóven con un tono de modestia que me chocó,--me parece que estais haciendo el proceso al espíritu humano, es decir, á la obra de Dios. De la diversidad y debilidad de nuestros ojos, podria tambien concluirse que no vemos nada. Sería la misma lógica y el mismo sofisma. En los estudios naturales, cada uno de nosotros no toma sino la parte que puede apropiarse; se ha observado que esta diversidad de opiniones arruine la ciencia? En la física, por ejemplo, hay una sola teoria siquiera que escape á la discusion? Negarias por esto que existe una verdad física?

--La comparacion es mala, mi querido Naaman. Qué queda de la física de ha treinta años? La verdad de ayer,--es el error de hoy dia.

--No, doctor, el error de ayer ha caido como caen las hojas secas; la verdad no ha cambiado, por que dándole otro nombre, ella no es otra cosa sino el conocimiento de la naturaleza, y la naturaleza no cambia.

--Os concedo eso, jóven; pero la verdad relijiosa es de otro órden que la verdad natural.

--Doctor, repuso Naaman, aunque os concediese esa hipótesis discutible, no por eso nos entenderiamos. Cualquiera que sea el número y la variedad de los cuerpos que poblan el mundo, nosotros no tenemos para verlos sino nuestros ojos; lo que no vemos no existe para nosotros. Cualquiera que sea el carácter de una verdad, nosotros no tenemos sino nuestro espíritu para comprenderla. Nuestra alma, es por ventura doble? Para descubrir las verdades naturales, Dios le ha dado á cada uno de nosotros una facultad investigadora, inquieta, laboriosa que se llama, la razon. Habrá acaso en nosotros otra potencia, destinada á recibir sin esfuerzo individual la verdad relijiosa, á la manera del espejo que refleja el objeto que se le presenta? Si esa facultad no existe, la diversidad de opiniones relijiosas es forzosa; depende de la edad, de la educacion, del pais, de la enerjia natural de nuestro espíritu ó de su actividad.

Si, al contrario, esa facultad existe, todos debemos pensar de la misma manera, así como todos respiramos del mismo modo, por una ley de la naturaleza. Pero tal no es el caso, y por ello bendigo á Dios. El le ha _dejado_ á cada uno de nosotros la libertad de desconocerlo, para darnos el derecho de amarlo. Esa libertad que os espanta es nuestra mas hermosa herencia; ella es la que hace de la relijion, un amor, y de la fé una virtud.

--Naaman, esclamé yo, vos sois el profeta de la anarquia. Vos disipais el mas bello sueño de la humanidad. _Una fé, una ley, un rey_, tal era la divisa de la Edad Media, divisa que cada hombre lleva en el fondo de su corazon. Qué es lo que vos nos ofrecéis en cambio? La confusion. Qué significa una Iglesia, en la que cada cual habla una lengua distinta, sin comprender la de su vecino?

--Señor, repuso el jóven ministro, yo amo tanto como vos la unidad. Cristo nos lo ha dicho: llegará un dia en que no habrá sino _un solo rebaño_ y _un solo pastor_; yo creo en la palabra de Cristo. Pero la unidad no es la uniformidad. Contemplad la naturaleza; qué conjunto admirable! Y, sin embargo, no hay un árbol, una planta, una flor, qué digo! una hoja, siquiera que se parezca á otra. Dios saca de la variedad infinita, la unidad viviente y perfecta. Por qué, la ley de la naturaleza no ha de ser la de la humanidad? Por qué, no ha de tener su puesto, la voz de cada criatura, en ese concierto de alabanzas que la tierra canta al Señor? Qué es la esteril monotonia de una nota única, al lado de esa armonia fecunda? La unidad mia, es la Iglesia universal, esa Iglesia que abraza todas las almas fieles. Quien ama á Cristo es mi hermano: lo que yo miro es su amor, no su símbolo. Agustin Crisóstomo, Gerson, Melachthon, Jeremias, Taylor, Bunyan, Fenelon, Law, Channing, hé ahí los soldados de ese ejército divino. Qué me importa su rejimiento? Su bandera es la mia, la bandera de la verdad.

--Bravo! Naaman, dijo Truth, apoyando su mano en el hombro del jóven ministro; convertidme á ese pagano.

--Vos, sereis el pagano, esclamé yo. Pienso que aqui no hay mas cristiano que yo, ó si os parece mejor, mas católico, en la verdadera acepcion de la palabra. Al paso que vosotros destrozais la relijion, abandonándola á todos los caprichos, solo yo, fiel á los viejos y sólidos principios, quiero un símbolo único que sea la ley de los espíritus; y para mantener esa ley de verdad llamo en mi socorro el brazo secular.

--No os lo decia, carísimo Naaman, repuso Truth riéndose. Es un pagano de la decadencia, uno de esos adoradores de la fuerza que se imajinan que la verdad se decreta, ni mas ni menos que como se borronean leyes.

--No soy tan ridículo, contesté yo á mi vez, un poco alterado. Yo tambien amo la verdad, pero no soy ciego como los utopistas. Para ellos la libertad es una panacea universal que en todas partes cura el mal y el error; la esperiencia me ha hecho menos confiado. El mundo no es una academia de filósofos, discutiendo tranquilamente las mas temerarias tésis; el pueblo, esa hidra de infinitas cabezas, es un conjunto de criaturas débiles, ignorantes, locas, perversas, criminales; para contenerlo y dirijirlo se necesita un freno. Ese freno es la relijion, sostenida, impuesta por una autoridad exterior. Si el poder no se encarga de la causa de la Iglesia, se acabó el cristianismo; la sociedad queda entregada al ateismo, á la anarquia, á la revolucion. Hé ahí señores, por qué razon creo en la necesidad, qué digo! en la santidad de la fuerza, puesta al servicio de la verdad. Soy pues un pagano, á la manera de San Agustin, de Bossuet, y de tantos otros cristianos exelentes, sin hablar de vuestro Calvino; pido que la sociedad le empreste su espada á la Iglesia; ó en otros términos,que el Estado tenga una relijion.

--Una relijion de Estado, dijo de repente Brown, estirando su cabeza de perro dogo; quién es ese mónstruo? Y qué! por ventura tiene alma el Estado para tener una relijion?

--Señor, le contesté secamente, vos teneis sin duda necesidad de un Estado impío, y de leyes ateas.

--Señor, repuso mi áspero interlocutor, yo no me pago de palabras. Qué es el Estado? En una monarquía, el príncipe. Así, pues, treinta millones de cristianos tendrán la relijion de Achab, cuando por casualidad Achab llegue á tener relijion. Entre nosotros, donde el poder alterna, se cambiará de fé cada cuatro años. Hé ahí lo que yo llamo, ateismo puro; creer por órden, es no creer en nada.

--Cuando yo hablo de Estado, le interrumpí, entiendo la sociedad política.

--Bien, repuso él: será la mayoria la que decida del símbolo y de la fé, despues de discutir y enmendar. Tendremos una relijion parlamentaria. Se pondrá en discusion la Encarnacion ó la Trinidad y se votará. Qué comedia! Cosa estraña! desde que el mundo existe, no hay una sola verdad natural que haya sido descubierta por un solo hombre; son necesarias muchas pruebas, á veces, hasta el martirio del inventor para que esa verdad reuna algunos fieles; un siglo no es mucho para conquistarle la mayoria. Pero en relijion es otra cosa, la mayoria no se equivoca nunca. Vaya una infalibilidad! Que nos devuelvan el papa, acepto el milagro, y rechazo el absurdo.

--Señor Brown, le dije, alzando la voz, vos no respondeis á mi objecion. Si el Estado no tiene relijion,--la ley será atea.

--Siempre palabras, señor, repuso el intratable predicante. El Estado es una abstraccion; un modo de designar el conjunto de los poderes públicos. Pero la sociedad es una cosa viva,--es la reunion de todos los ciudadanos que habitan una misma patria. Y, si esos hombres son cristianos,--si su moral es cristiana,--como ha de ser atea la sancion que esos hombres le den á la moral pública,--ó en otros términos, la ley dictada por ellos? _El buen árbol no puede producir malos frutos_[39].

--Imprudente! esclamé,--cómo podeis imajinaros que si el Estado permite toda especie de creencias, no ha de sufrir el Evanjelio?

--Vos teneis poca fé, señor, dijo Brown dirijiéndome una mirada terrible, y olvidais que Pablo ha dicho: _las armas de nuestra milicia no son carnales_. El cristianismo,--nunca ha sido mas bello, ni mas fuerte que cuando ha tenido en contra suya al mundo entero. Mirad á vuestra alrededor, señor, y vereis que en ninguna parte como los Estados Unidos se mezcla la relijion con la vida; y sin embargo el Estado no la conoce. No aprisioneis las almas, no las tengais en la noche que las corrompe; dejadlas en libertad, é iran á Dios.

--Pero, señor Brown, es imposible que el Estado pague todas las comuniones, y que se haga el tesorero del primer fanático á quien se le antoje abrir una iglesia.

--Concedo que no pague á nadie, esclamó el adusto puritano. Y, con qué derecho intervendria? Tiene acaso otro dinero que el nuestro. Cómo! el judio ha de pagarles á los cristianos para que estos le llamen deicida? Y yo he de pagarles á los unitarios que me disputan la divinidad de Cristo? Qué injusticia! qué ultraje á mi fé! Ved ademas qué papel le dais al Estado. Cuando el lejislador declara que la relijion no es de su competencia,--proclama el respeto de la conciencia, y, es cristiano por su misma abstencion. Suponed ahora que proteja diez comuniones distintas, diez creencias enemigas, qué significará esa tutela insolente sino que el Estado vé en la relijion un instrumento político, y que no tiene por todas ellas sino la misma indiferencia y el mismo desprecio? Ese hermoso sistema, señor, que vos no habeis inventado,--es la política del paganismo.

--Muy bien, repuse yo, dejad á cada fiel el entretenimiento de su culto, veremos cuantas iglesias tendreis. Todo el mundo se hará ateo por economia.

--Os equivocais, mi querido doctor, dijo Truth con amistoso tono. La prueba está hecha y arguye en contra vuestra. Tenemos cuarenta y ocho mil iglesias, edificadas todas por los particulares, y cuyo valor se estima en cien millones de pesos[40]. Cada año erijimos mil doscientos templos nuevos y el término medio del salario de nuestros pastores es próximamente de quinientos pesos,[41]--lo que equivale á un presupuesto de veinte y ocho millones de pesos[42]. Buscad un pais donde el Estado pague los cultos, estoy seguro que no hallareis uno solo que gaste la mitad de lo que nosotros gastamos[43]. La razon es sencilla: el Estado debe ser avaro del dinero que le toma á la comunidad, al paso que el individuo se complace en enriquecer su iglesia, y no retrocede ante ningun sacrificio. Nada hay tan pródigo como la fé y la libertad.

--Muy bien, dije yo; pero la cuestion de dinero no es todo: falta la cuestion política. Darle al primero que se presente el derecho de establecer una iglesia,--es reconocer todas las asociaciones, es abrirle ancha arena á la ambicion relijiosa y al fanatismo,--es decir, á lo mas ardiente y pérfido que hay en el mundo. Suponed que una de esas iglesias aventaja á las demas,--que se apodera de las almas, y hé aquí un Estado en el Estado. Entonces sentireis, aun que demasiado tarde,--la falta en que habeis incurrido al abdicar una proteccion mas necesaria al gobierno que á la iglesia, una proteccion que no es en el fondo sino la defensa de la soberania.

--Ahí es donde os esperaba! gritó el puritano entrando en el entrevero á la manera de un jabalí. Os conozco, señores políticos; ha tiempo que Spinosa, el príncipe de los ateos y Hobbes el materialista, y Hume el escéptico me descubrieron vuestro secreto. Necesitais una iglesia oficial para deshaceros de la relijion. No es la influencia política lo que os incomoda; ella es nula en un pais de libertad; lo que temeis es la influencia moral. El cristianismo es por naturaleza,--inquieto, agresivo, conquistador. Quiere poseer al hombre por entero; sociedad y gobierno,--todo quiere invadirlo y penetrarlo con su espíritu. Hé ahí lo que á nosotros nos anima y á vosotros os espanta. Obispos que se duermen en su púrpura señorial,--pobres vicarios, cuyo celo se modera y se dirije; una relijion, especie de moral frívola y estéril, que predica la obediencia al pueblo, hablándole siempre de sus deberes y nunca de sus derechos,--tal es el ideal que á vosotros os encanta y á nosotros nos horroriza. Vosotros rechazais la libertad por la misma razon que á nosotros nos hace detestarla. Nosotros creemos en el Evangelio, y vosotros le temeis.

--Yo tengo miedo de las asociaciones, le dije,--no del Evanjelio.

--Sí, por que la asociacion es la única forma posible de la libertad. Necesitais un Estado, cuya omnipotencia nada inquiete,--que no tenga frente de sí sino individuos aislados y conciencias mudas. El despotismo romano en toda su fealdad. Nosotros los cristianos--entre el Estado y el individuo, entre la fuerza y el egoismo,--echamos la asociacion, es decir, el amor, la caridad, verdadero vínculo de los corazones, verdadero cimiento de las sociedades. Para difundir la Biblia, para propagar la palabra divina, para iluminar las almas, para socorrer á los miserables, para consolar á los que sufren, para levantar á los caidos,--necesitamos centenares de asociaciones, millares de reuniones. Nosotros queremos que un pueblo cristiano haga el bien por el concurso libre de todos sus miembros,--que no encargue á nadie de un deber que solo él puede desempeñar. Pero todas esas compañias no pueden existir sino bajo una condicion,--que la iglesia, que es la primera y la mas considerable de todas, sea señora absoluta en su esfera. La iglesia es, la que con su libertad cubre y garantiza todas las asociaciones; y, hé ahí como es que la relijion, lejos de ser un peligro para el Estado,--es la vida misma de la sociedad. Ved, pues, señor, por qué razon es que nosotros tenemos necesidad de la libertad relijiosa; la necesitamos por que Cristo nos la ha dado: y porque ella es la madre de todas las libertades. El que esto no sabe no es cristiano,--ni ciudadano.

Iba á estrangular á aquel fanático por toda contestacion, cuando sentí que una manecita tomó la mia. Reconocí á Susana y me sonreí.

--Mi buen padre, dijo despacito; van á ser las dos, es necesario partir.

--Sí,--la hora de ir al bosque. ¿Está el carruaje ahí?

--Papá, es dia del Señor y no se anda en carruaje. Voy á llevaros á la escuela del Domingo.

--Tienes razon, pensé para mi. Un Parisiense estraviado en este hermoso pais de libertad, siente gran necesidad de ir á la escuela. Siempre tiene algo que aprender y mucho que olvidar.

Cuando me ví en la calle, lejos de aquella atmósfera teolójica, recien respiré.

Uf! dije, bostesando, y que pesados son! Parecen bueyes atados al arado, trillando siempre el mismo surco. Una hora de relijion y de política, es demasiado para un francés; hay con que disgustarlo del Evanjelio y de la libertad. Quién me hablará de algo razonable y divertido,--de pintura, de ópera, de música ó de guerra? Paris, Paris,--yo tengo necesidad de lavarme la cara con tu ambrosía.

No sé que locura iba á decirle á Susana, cuando apercibí al hermoso Naaman, caminando junto á nosotros lo mismo que el pastor que sigue su oveja. Habia olvidado que estaba en América, y que la señorita mi hija era por el momento presbiteriana.

CAPITULO XXI.

La escuela del Domingo.

Quién me dirá de donde proviene la debilidad de un padre por su hija? Consiste en la ilusion de verse reproducido en ella,--lo mismo que la madre de verse reproducida en el hijo? Para nosotros los de las barbas grises, los de las caras arrugadas por la vida, será el placer de vernos renacer bajo una forma graciosa y riente? Será el encanto de un amor puro, que no desea sino sacrificarse? Lo ignoro, pero lo cierto es que el inevitable Alfredo no estaba ahí y que yo saboreaba á la manera de un celoso la dicha de hablar y de reir con Susana. Mirábame en sus límpidos ojos, cuando una mano colorada engastada en un largo brazo me cojió de improviso en mi tránsito, y una voz sepulcral me gritó: _Esta noche te volverán á pedir tu alma_. Al mismo tiempo metiéronme un papel en el bolsillo de mi frac. Dí vuelta, y al hacerlo, otra voz me gritó: _Piensa en tu salud_, metiéndome otro papel, en el otro bolsillo de mi frac. A este ruido acudieron tres hombres negros, levantando los brazos como en el juramento de los Horacios, y aullando á cual mas, metióme cada uno de ellos en el seno no una espada, sino un librito. La vision desapareció en seguida.

--Qué es esto le pregunté á Susana, que reia de mi espanto.

--Padre mio, me dijo,--es la sociedad de los tratados relijiosos que trabaja por vuestra conversion.

--Muchas gracias! esclamé metiendo en mi bolsillo,--los _Signos de la bestia, las Rosas de Saron_, y la Trompeta de Jericó; aquí lo enriquecen á uno, lo mismo que en otra parte lo roban. Qué quieren que haga con estos tesoros de edificacion?

--Tened paciencia, padre mio, dijo Susana,--dentro de un instante ellos han de servirnos para hacer felices á algunos.