Paris en América

Part 12

Chapter 123,928 wordsPublic domain

Cuando la locomotora atraviesa nuestras calles arrastrando tras de ella un largo convoy, ¿por qué os haceis á un lado al oir la campana que anuncia su paso? Porque os han enseñado que esa masa que avanza os aplastaria con toda la fuerza de su peso, multiplicada por su lijereza. Hé ahí una verdad científica que para vosotros no es mas que una abstraccion. Ella se ha convertido en una conviccion enérjica que guarda y salva vuestro cuerpo. Esa conviccion es ahora parte de vosotros; ella vive como vosotros.

En esta ciudad, que se gloria de su civilizacion, hay millares de hombres que se embrutecen y se matan por la locura del alcohol. ¿Por qué hermanos mios, no os abandonais á esa pasion, mas terrible, pero menos culpable que otros vicios de que os sonrojais? Es porque sabeis que el alcohol es un veneno que no perdona. La ciencia os sirve de virtud, Hé ahí una verdad mas, fisica y moral á la vez, que una vez que ha entrado en vuestra alma, se identifica con vosotros.

¿Es esto todo? No conoceis nobles corazones para quienes la lujuria, la ambicion, la avaricia, son mas repelentes aun que la embriaguez? Preguntádselo al padre á quien han robado el honor de su hija; preguntádselo á la madre cuyo hijo ha perecido en alguna rejion lejana, preguntádselo al hombre que le disputa á la usura, la vida de su mujer y de sus hijos? Esas pobres víctimas, odian por experiencia el vicio que han sufrido; otras hay mas felices, deben á la educacion toda su ciencia. La piedad de una madre; la abnegacion del maestro, es lo que les ha inspirado el instinto que las salva. Hé ahí una verdad viva mas, verdad que confesamos por nuestros remordimientos, en el momento mismo en que rehusamos escucharla.

En nuestra república hay patriotas que resisten á los caprichos de la multitud. ¿Es esto orgullo, cálculo? No, con tal que domine, el orgullo se acomoda á todas las bajezas; el interés encuentra su conveniencia en plegarse bajo el viento. Pero una alma pura, un espíritu ilustrado vé de mas alto y de mas léjos. Hombre ó pueblo, quien dice despota, dice un amo cuyas pasiones se descadenan, y que no puede escapar á los bajos apetitos de los que lo rodean y lo engañan. Guerras criminales, gastos locos, corrupcion en lo alto, miseria é ignorancia en lo bajo, hé ahí los frutos de todo poder sin freno, el flajelo de toda fuerza que nada modera! El que esto sepa no descenderá jamás al oficio de adulador. La verdad aisla y consuela en su soledad á las almas que no pueden envilecerse.

Esas son, direis, vosotros, viejas máximas que andan por todas partes. Hace mas de veinte siglos que las enseñan en la escuela; y el mundo no anda mejor. ¿Por qué? Es que en los libros de donde se la deja, la verdad está muerta; dadle vuestro corazon, uníos á ella; y vivirá. Se hará vuestra conciencia, vuestro honor, vuestra salud. El espíritu es como el cuerpo: no se alimenta con palabras; necesita la sustancia de las cosas. Arrojar la libertad á un pueblo esclavo, es confiar á niños una arma que hará esplosion en sus manos. ¿Por qué? Porque el respeto de sí mismo y el de otro, el sentimiento del derecho, el amor de la justicia, esas condiciones esenciales de la libertad, no son artículos de ley; no se decretan. Son virtudes que el ciudadano adquiere á fuerza de paciencia y de ejercicio. Mientras que la libertad no viva en las almas, no será sino _un bronce sonoro y una cimbala estrepitosa_; cuando haya penetrado en nosotros hasta la médula de los huesos, ni la perfidia ni toda la furia de los tiranos podrán arrancarla.

Hay pues verdades vivas que están á la vez en el corazon y en nosotros. Ellas son las que nos ponen en relacion con la naturaleza y nuestros semejantes. Al revelarnos las leyes del mundo físico, nos lo someten; en cada hombre que piensa como nosotros, ellas nos hacen reconocer á un amigo y á un hermano. Pero esta luz que basta para guiarnos aquí abajo, no enardece nuestro corazon. Encanta nuestro espíritu, modera nuestras pasiones, ilumina y dulcifica nuestro egoismo; no dá la felicidad. El hombre tiene una sed de infinito, una impaciencia de la tierra, una necesidad de amar que la ciencia no puede satisfacer. Para procurarnos el bien por el cual nuestra alma suspira, necesitamos una nueva verdad, que nos ponga en relacion con Dios, que esté en nosotros y que esté en él. Esa verdad, que no puede ser sino Dios mismo, nos es necesario conocerla y amarla.

Amar á Dios, y en cambio ser amado de él es lo que la sabiduria antigua no ha podido nunca comprender; la filosofia moderna perece por la misma impotencia. En vano la conciencia busca á Dios, en vano le llama con la pasion del náufrago que vá á zozobrar, la fria razon está allí para repetirnos que entre Dios y el hombre, entre el infinito y la creatura de un dia, hay un abismo que nada puede franquear. Una naturaleza inflexible, un Ser Supremo, esclavo de sus propias leyes: hé ahí todo cuanto puede ofrecernos el mayor esfuerzo de los mas grandes espíritus. El amor de Dios es una ilusion, la oracion, ese grito del alma, es un vano murmullo que muere en un cielo mudo. Calla mortal; ahoga tu corazon, enciérrate en una resignacion desesperada; no eres sino un átomo, demolido por la rueda de la inexorable fatalidad.

Y bien hermanos mios, hace diez y nueve siglos que un hombre vino á la tierra para anunciar _la buena nueva_, para acercar á Dios y á la humanidad. Ese profeta se llamó el Hijo de Dios y el Hijo del hombre, (ó lo que no es quizá sino otro nombre del mismo misterio) se llamó la luz y la verdad. _Yo soy, ha dicho él, él camino, la verdad y la vida. Nadie viene al padre sino por mi._ El mundo lo ha escuchado: el mundo lo ha creido. Desde el dia en que el verbo se ha hecho carne, en que la verdad divina ha tomado cuerpo, la fé, la esperanza, y el amor han aparecido aqui abajo y han entrado en el corazon del hombre. Ese problema, que la razon declara imposible, donde ella no vé sino proposiciones contradictorias, Cristo lo ha resuelto. Una verdad viva, una verdad encarnada, que Dios puede amar como á un hijo, y que el hombre puede amar como un salvador, hé ahí el vínculo de union que ha ligado el cielo y la tierra, que ha dado un padre á la humanidad, é hijos á Dios! Ahí está el misterio de la revelacion, ahí la prueba de su divinidad. Nunca el espíritu del hombre por sí solo se habria elevado hasta esa concepcion que confunde nuestra intelijencia, y que la ilumina sin embargo con un esplendor infinito. Sí, si Dios ama á los hombres, no puede ser sino amándose á sí mismo, en la contemplacion de su eterna verdad; sí, sí el hombre puede rendir á Dios un culto que no sea una injuria, es cuando adora un rayo de esa suprema luz, que no desdeña descender hasta él.

Amar á Cristo, es amar la verdad, amar la verdad es amar á Cristo, Hé ahí el gran secreto del Evanjelio. El que no lo comprenda, no es cristiano sino en el nombre.

Ahora, hermanos mios, entrad en vosotros mismos, y reflexionad. ¿Cuando amais á Cristo, qué amais? Por ventura, ¿no es al mártir que ha dado su vida por los suyos? ¿No es al crucificado, cuyas heridas sangran todavia? Tened cuidado, eso no es sino un amor humano: todas las relijiones, todos los partidos tienen sus mártires. Cristo exije mas, Cristo es algo mas que un cadáver adorado cuyas llagas se besan; Cristo es la verdad: á ese título es que os pide vuestro amor. ¿Así es como lo amais?

Vosotros teneis fé, sin duda; creeis en el Evanjelio. ¿Pero no es esto una preocupacion hereditaria, un símbolo que no os atreveis á mirar de frente, de miedo de encontraros infieles? ¿Razonais vuestra creencia; le quitais todo amalgama judaico ó pagano que altere su pureza? ¿Haceis de vuestra fé la regla de vuestras acciones? ¿Quebrais con el mundo y con vosotros mismos? ¿Decis con el profeta y el apóstol: _Yo he creido, por que he hablado_? Si es asi, amais á Cristo como él quiere que lo amen; amais la verdad.

Pero si la relijion no es para vosotros sino una ceremonia; sino buscais en ella sino un refujio contra la verdad que os persigue; si vuestra fé muere en vuestros lábios y no se traduce en acciones, si entregados del todo á vuestra fortuna ó á vuestro reposo, temeis menos al error que al escándalo; si en vuestra cobarde prudencia, dejais á Dios el cuidado de defender él mismo su palabra; si vuestra caridad no se emplea sino en aliviar las miserias del cuerpo, y no combate la ignorancia y el vicio; si no sentis que vuestro primer deber es arrancar las almas inmortales de la servidumbre del pecado; si no teneis esa santa locura que desafia y pisotea la sabiduria del siglo; si vosotros mismos en fin, no haceis las obras que Cristo ha hecho aquí abajo, no os engañeis, hermanos mios: quiero creer que sois hábiles, prudentes, discretos, sensibles; pero no sois cristianos, no amais la verdad.

Tengo dudas, decis; si yo os creyera, amaria á Cristo.

Y yo digo: Amadle, y en seguida creereis. Amadle como á la verdad viva y que conduce á Dios.

Os desagradan estas ceremonias, dejadlas; estos dogmas os aterran, hacedlos á un lado; quizá es esta una invencion humana, quizá lo comprendereis mas tarde; Cristo no ha establecido ceremonia ni dogma. Simplificad vuestra fé, y como ha dicho el mas creyente y el mas animoso de los apóstoles: _No apagueis el espíritu....probadlo todo, guardad lo que es bueno_.[35] Hay en el Nuevo Testamento pasajes que os confunden, hacedlos á un lado. ¿Qué importa que los Evanjelistas difieran entre ellos, si el Evanjelio está siempre acorde consigo mismo, si en las palabras de Cristo se vé siempre la llama de la eterna verdad?

¿Cristo es acaso para vosotros un objeto de escándalo? ¿No habeis comprendido todavia que era necesario que la verdad se encarnara para que fuese viva y pudiéseis amarla? Y bien! Cristo mismo tiene piedad de vuestra debilidad y os devuelve vuestra libertad: _Si alguno habla contra el Hijo del hombre; le será perdonado; pero si alguno blasfema contra el Espíritu-Santo_ (ó en otros términos _el espíritu de verdad_,[36]) _no le será perdonado_.[37] Buscad entonces la verdad _por ella_ como decis, pero buscadla de buena fé; despues de un largo rodeo, la verdad os conducirá á Cristo.

La verdad, decis, la busco y no la encuentro. No, hermano mio, vos no la buscais. El orgullo de vuestro espíritu, las pasiones de la carne son las que os retienen, la ciencia se os escapa quizá, pero la verdad moral, la verdad religiosa, vosotros sabeis donde está.

Ella está ahí, en vuestro hogar, muda, velada como el Alcesto escapado del reino de los muertos, allí os espera.

Bien lo sabeis, cuando volveis fatigados de la vida y de vosotros mismos, allí está ella mirándoos bajo su velo; y esa mirada os juzga. Durante la noche, cuando en la sombra, y solo, pensais en las ambiciones y quizá en los crímenes del dia siguiente; ella está allí, siempre allí, su ojo os sigue en las tinieblas; su silencio os hiela. Despreciais á los hombres, os jugais de las leyes, pero temblais delante de ese espectro que no podeis ni corromper ni matar.

Vosotros no huireis jamás de ese centinela que vela al rededor de vuestra alma. Llegará una hora en que la mano de la muerte pesará sobre vuestra frente, en que no vereis sino en una nube todo lo que amais; vuestro dinero, vuestros honores, vuestra mujer, vuestros hijos. Pero, en medio de la desesperacion y de las lágrimas, siempre estará allí, esa figura encubierta, pronto á recibiros y á arrebataros al mundo invisible. Culpable ó inocente no escapareis á ella; ella será vuestro remordimiento ó vuestra esperanza.

Seguidla pues aquí abajo; seguidla en medio de vuestras tribulaciones y de vuestras incertidumbres; seguidla, apesar de vuestra incredulidad. Uníos á la verdad, ella os salvará. Sí, cuando hayais franqueado la vida, esa figura arrojará su velo, y Cristo, visible en fin, en todo el esplendor de su divina sonrisa, Cristo os dirá: “Hijo mio, reconóceme, soy la verdad.”

Salí de la asamblea, á las últimas palabras de este discurso y corrí á una sala vecina. Recibí en mis brazos á Truth, jadeante, casi desmayado. Le tomé la mano, estaba abrazadora.

--Desgraciado le dije, os matais!

--Amigo mio, murmuró reposando su cabeza sobre mi hombro, hagamos nuestro deber; lo demas es vanidad.

CAPITULO XX.

Un luncheon[38] de ministros.

El nuevo apóstol fué conducido á su casa por mí, en medio de la multitud que le felicitaba. Truth, tenia gran necesidad de reposo. Le incité á echarse un rato en su cama. Pero desgraciadamente tuvo que pagar su tributo personal permaneciendo de pié. La señora Truth habia preparado un formidable _luncheon_ para los amigos de su marido, dignándose darme un puesto entre los invitados.

Jenny y Susana estaban allí, encantadas del sermon que acababan de oir, sin comprenderlo quizá. Es increible el imperio que la palabra ejerce en las mujeres. Mas de una vez estando solo en mi cuarto, me he preguntado á mí mismo, cerrando las puertas con dobles cerrojos, si la mujer no era naturalmente superior al hombre. Ella tiene pasiones menos violentas y mayor facilidad de educacion. Cuando Adan se adormecía en su inocencia, Eva tenia ya curiosidad de saber. Paréceme que si de entonces acá, nosotros hemos heredado la _bonhomia_ de nuestro primer padre, las hijas de Eva no han dejenerado de su abuelo. Yo creo, con Moliére, que es prudente no instruir á este sexo malicioso é inquieto. Manteniendo á las mujeres en una honesta ignorancia dámosles todos los vicios; pero á la vez todas las debilidades de la esclava; nuestro reinado está asegurado. Pero si educamos esas almas ardientes é injénuas, si las inflamamos con el amor de la verdad, quien sabe si no se avergonzarian muy pronto de la necedad y brutalidad de sus amos? Guardemos el saber para nosotros solos; él es quien nos divinisa:

“_Notre_ empire est détruit si l’homme est reconnu.”

Sentáronse á la mesa, y lo confieso, parecióme una feliz determinacion. En mi ardor relijioso habia olvidado de almorzar, de suerte que mi _bestia_ comenzaba á sufrir. La dueña de casa hízome el honor de sentarme á su izquierda y junto con el té sirvióme dos ó tres tajadas de jamon de Cincinnati, que me costó gran trabajo devorar decentemente. Susana hacíame señas con sus grandes ojos, como reprochándome mi voracidad. En esto reconocí á mi hija; por que en los Estados-Unidos, lo mismo que en Francia, son los niños los que en toda casa decente le dan la leccion á su padre.

Asi que mi terrible hambre se hubo aplacado un poco, entablé conversacion con mi vecina; era esta una excelente y amable persona que adoraba á su marido, lo cual es costumbre en América. La salud de Truth me inquietaba; yo tenia para mí que el púlpito le agotaria mas pronto que el diario, y hé ahí lo que traté de insinuarle diestramente á su mujer. Por no alarmarla, la dije en términos jenerales que la palabra era un oficio duro, y que ciertos temperamentos nerviosos y delicados tenian á veces necesidad de un reposo absoluto. Tarea inútil! La señora Truth no habló sino de la grandeza de su nuevo estado. El orgullo la embriagaba.

--Ser esposa de un pastor, hé ahí el sueño de todas las jóvenes, me decia. Si supiérais que pena tuve cuando mi querido Joel renunció á su primer vocacion para hacerse diarista! Solo el ministerio puede colmar todos los votos de una mujer; solo así es que ella puede ser la compañera de su marido, su verdadera mitad, en toda la estension de la palabra. Tener las mismas penas, los mismos placeres, los mismos deberes.

--Predicais acaso vos tambien, la dije.

--En la Iglesia no, repuso; el apóstol Pablo, nos lo prohibe. Pero qué! es por ventura solo en el templo donde se ejerce el ministerio y se anuncia la palabra de Dios? Instruir á las niñas, aconsejar á las jóvenes, visitar las recien paridas, llorar con las viudas, velar los enfermos, leerles el Evanjelio, y ayudarles á bien morir, si necesario fuese; hé ahí diversas obras en que puedo ayudar, y algunas veces, hasta suplir á mi marido. Joel, añadió, alzando la voz, ¿no es verdad que yo soy vuestro vicario, y que vos teneis confianza en mi?

A este singular discurso, que, cosa estraña, no sorprendió á nadie sino á mí, Truth contestó haciendo una seña con la mano y sonriéndose dulcemente. La mujer de un pastor, convertida en pastor á su vez y en sub-ministro! Semejante absurdidad no habia nunca crusado mi mente. Verdad es que siempre he vivido en un pais razonable. El baile y la olla, hé ahí para una francesa los dos polos de la existencia. Salir de ellos es un desórden, y lo que es peor, ridículo.

--Sin embargo, continuó la señora Truth, hay todavia algo mas bello que el ministerio, es la mision.

--Teneis mujeres misioneras? esclamé espantado.

--No, contestó ella; solo los católicos tienen ese privilejio que yo les envidio. Nosotros no tenemos hermanas de caridad; tenemos simplemente mujeres de misioneros. Es un papel que siento no poder desempeñar. Compartir uno las tareas de su marido; participar de sus peligros, eso es grande á los ojos de Dios. No os asombreis de mi ambicion; soy hija de ministro; mis dos hermanas se han casado con misioneros. El uno está en el Cabo, el otro en la China, y las dos bendicen al Señor que les ha dado una suerte gloriosa.

--Vuestros misioneros casados, contesté yo, no tienen una vida muy ruda, que digamos. Llevar consigo su mujer, sus hijos, su hogar, es cambiar apenas de patria. Unid á esto una instalacion cómoda y fija, acompañada de un buen sueldo, y convenid conmigo en que bajo tales condiciones, no se necesita una gran virtud para predicar el Evanjelio.

--Deveras? repuso mi vecina, asombrada de mi ironia, añadiendo en seguida: Ignoro si vale mas atravesar el mundo, sembrar de paso la palabra de Cristo, y confiar su jérmen á la gracia de Dios, que encerrarse en un campo limitado para plantar en él, regar y cultivar hasta la mies de ese precioso grano; pero lo que yo sé es, que la felicidad de tener uno á su lado lo que se ama, lejos de quitarle nada á la caridad del misionero, le añade quizá un mérito mas á su abnegacion. Pedro era casado; dejó por esto de ser escojido para servir de príncipe á los apóstoles? En el cabo, mi hermana ha establecido una escuela y un obraje para las negras jóvenes, y sirviéndose así de la civilizacion, prepara los corazones á recibir el Evanjelio; los Boers han quemado tres veces la mision, y mi cuñado que es médico, como la mayor parte de los misioneros, ha perdido la mano sacándole á un pobre cafre una flecha envenenada. En China los Taí Pings han espulsado á mi hermana de provincia en provincia. Encuéntrase ahora cerca de Shang-Hai, arruinada, enferma; pero siempre llena de fé. Su casa es el hospicio de los heridos, el asilo de las viudas y de los huérfanos; ella es la que en medio de la fiebre y de una inquietud perpétua, ayuda á su marido á predicar el Evanjelio. Mas probada que Abraham, Dios le ha exijido ya dos veces la vida de sus hijos. Feliz de ella, no obstante, que ha sido elejida para tal sacrificio y que ha podido servir al Señor, aun á costa de lo mas puro de su sangre!

Yo no contesté nada. En la historia de Abraham hay cosas que me conmueven mas que el episodio de Isaac. Sea virtud ó fanatismo, esa obediencia es superior á mis fuerzas; no la comprendo.

Para alejar reflexiones que me perturbaban, díme vuelta del lado de mi vecino de la izquierda; era el verdadero tipo del Sajon; anchos hombros, pecho saltado, cuello adornado de una cabeza cuadrada, rasgos abruptos, frente calva y enormes cejas bajo las cuales brillaban unos ojos flamantes, la fuerza y la voluntad á la vez. Noé Brown, así se llamaba mi nuevo amigo, era el pastor á quien Truth sucedia. Aproveché esta ocasion de instruirme, y le pregunté que era esa iglesia _Congregacionalista_, cuyo nombre me intrigaba.

--Cómo! dijo Brown; sorprendido de mi ignorancia, no sabeis que es nuestra vieja iglesia puritana, la que nuestros padres los peregrinos, espulsados por la intolerancia, trajeran consigo en su primer buque, la _Flor de Mayo_? Quebrando con las abominaciones é idolatrias de la Babilonia anglicana, nuestros abuelos quisieron cortar de raiz la herejia de la jerarquia. A ejemplo de los primeros cristianos, de cada reunion de fieles hicieron una Iglesia, ó congregacion independiente, república perfecta, gobernada por los viejos y administrada por el pastor. De ese centro de independencia y de igualdad nació nuestra comunidad. Allí es donde está el secreto de nuestra vida y de nuestra grandeza política. La América no es sino una Confederacion de Iglesias y de comunes soberanos; es decir, la florescencia del puritanismo. Aquí, lo mismo que en todas partes, la relijion ha hecho al hombre y al ciudadano á su imájen; una Iglesia libre, ha enjendrado un pueblo libre.

Esta paradoja, proferida con toda la gravedad puritana me chocó. Si se creyese en estos fanáticos, su catecismo gobernaria el mundo. Que echen su vista á la Francia, esa patria de las luces y de la filosofia, y no tardarán mucho en saber á lo que se reduce la influencia de la relijion sobre el estado y la sociedad. Uno es allí muy católico en la iglesia, y, todavia mas, fuera de ella. Tal era lo que yo procuraba demostrarle á mi predicante; pero el hombre era porfiado como un Sajon forrado en un Yankee, y cuantas mas eran las pruebas que yo amontonaba para confundirlo, tanto mayor era su obstinacion.

--Ved sino á los Ingleses, esclamó él. Quien conoce su Iglesia, conoce su historia. Lores espirituales, asambleas, señoras de la fé, una carta inmutable en treinta y nueve artículos, un libro de oraciones establecido por la autoridad de los obispos y del soberano, universidades y escuelas privilegiadas, enormes propiedades y un patronato considerable; qué otra cosa han podido producir sino una sociedad aristocrática? Sin los disidentes, que son la sal de la tierra, mucho tiempo ha que la Inglaterra estaria momificada lo mismo que el viejo Ejipto.

--Y los franceses? le pregunté yo, con el intento de confundirlo.

--Los franceses, me respondió él, son católicos, monárquicos y soldados, al paso que los Americanos son protestantes, republicanos y ciudadanos; cosas que están en su lugar como los dedos de la mano, de suerte que tan dificil seria hacer de la Francia una República, como de los Estados Unidos una monarquia. La diferencia entre las Iglesias hace la diferencia entre las sociedades.

--Podria saber á cuál de las susodichas sociedades le concedeis la superioridad?

--Juzgad vos mismo, me contestó él; la una es una sociedad de niños, la otra una sociedad de hombres.

--Veo con gusto que somos del mismo parecer.

--Estoy encantado de ello, repuso él; bebiendo tranquilamente su tasa de té.

--Es cierto, añadí yo, inclinándome hácia él: mas bien que un pueblo los americanos son un enjambre de inmigrantes diseminados en el desierto, y por esto, la libertad tiene quizá pocos inconvenientes. Pero la América sentirá á medida que envejezca la necesidad de formar una verdadera sociedad y se plegará á la bandera de la autoridad.

--Caballero, dijo él, poniendo bruscamente su taza sobre la mesa, vos no me entendeis; yo pienso justamente lo contrario de lo que me decis.

--Cómo así, esclamé yo, tomais por ventura á los franceses por un pueblo de niños.