Orígenes de la novela, Tomo III

Part 34

Chapter 343,922 wordsPublic domain

Aun prescindiendo de esta confusión de dos personas, que pueden ser fácilmente deslindadas, quedan grandes oscuridades en la biografía de nuestro autor. Ni siquiera consta con seguridad la tierra en que nació, que unos quieren que fuese Coimbra, otros Montemor o Velho, sin que falte quien le suponga hijo de Lisboa[399]. Ninguno de los antiguos biógrafos se fijó en el dato capital de haber sido Jorge Ferreira de Vasconcellos mozo de cámara del infante D. Duarte, hijo de D. Manuel, á cuyo servicio estaba en 1540, fecha de la muerte de aquel príncipe, nacido en 1515. De aquí dedujo con excelente crítica doña Carolina Michaëlis que debía de ser joven entonces, no de mayor edad que Francisco de Moraes, el cual también figura en la lista de los servidores del infante[400]. No se sabe á punto fijo si Ferreira siguió formando parte de la casa de la viuda y del hijo póstumo de D. Duarte, ó pasó á la de D. Juan III, como indica su yerno en el prólogo de la _Ulyssipo_[401]. En este caso sería destinado al servicio del príncipe D. Juan, heredero de la corona, puesto que á él dedicó las primicias de su ingenio: la comedia _Eufrosina_ y el _Sagramor_, entre 1550 y 1554 probablemente. Muerto el infante en 1564, siguió al servicio del que fué luego rey D. Sebastián. El único puesto oficial que consta de un modo positivo haber logrado es el de «escribano del Tesoro», con _quince mil reis_ de sueldo al año (!!). Tal destino no era ciertamente para enriquecer á nadie, y es posible que espontáneamente le renunciase, puesto que por un albalá de 10 de julio de 1563 tomó posesión de él un Luis Vicente (hijo acaso del gran poeta), mozo de cámara del rey D. Sebastián, en los mismos términos en que le había tenido Jorge Ferreira, que debía de estar vivo, puesto que no se usa respecto de él la frase sacramental «_que Deus perdoe_»[402]. Además, el prólogo con que en 1567 apareció el _Sagramor_ tiene todas las trazas de estar escrito en aquel mismo año. Tampoco debe negarse crédito á Barbosa Machado, cuando afirma que Ferreira falleció en 1585 y fué enterrado con su consorte doña Ana de Sousa en el crucero del convento de la Santísima Trinidad de Lisboa. Escribiendo Barbosa en 1747 es muy probable que tomase esta fecha del epitafio que existiría en dicho convento, destruído, como tantos otros, por el terremoto de 1755[403].

Otras noticias que el mismo Barbosa da tienen igualmente sello de verisimilitud y no han sido hasta ahora contradichas por ningún documento, aunque tampoco hay ninguno que las confirme. Le llama caballero profeso de la orden de Cristo y uno de los más distinguidos criados de la casa de Aveyro[404] y afirma que fué «tesorero de la casa de la India». De su matrimonio con la ya referida doña Ana de Sousa tuvo dos hijos, Pablo Ferreira, que en edad juvenil perdió la vida en la jornada de África con el rey D. Sebastián, y doña Briolanja de Vasconcellos, que se casó con Antonio de Noronha.

No sólo fué hombre de ingenio agudo y gracia nativa, dotes que en sus composiciones resplandecen, sino verdadero y culto humanista. La _Eufrosina_ parece documento irrecusable de haber hecho sus estudios en Coimbra, lo cual no pudo ser antes de 1537, fecha de la traslación de la Universidad desde las orillas del Tajo á las del Mondego[405].

Parece singular que con tales condiciones y con el positivo mérito de sus escritos, un solo contemporáneo suyo le mencione, Diego de Teive en un elegante epigrama latino[406], que en parte nos da la clave del enigma, pues hace notar que Ferreira jamás ponía su nombre en las obras que compuso:

_Non tua subscribis, sed latitare cupis._

Este amor á la oscuridad y al anónimo, y quizá todavía más la circunstancia de no haberse prestado al cambio de elogios mutuos, puesto que ni se encuentran versos suyos en loor de ningún ingenio de su tiempo, ni sus libros llevan panegíricos de mano ajena, explican su aislamiento respecto de la literatura de su época y el olvido en que cayó muy pronto su nombre, hasta el punto de ser atribuida á otros autores su mejor obra.

Además, sus gustos parecen haber estado en discordancia con esa misma literatura. Era, como Cristóbal de Castillejo, un rezagado de la escuela del siglo XV. Á ella pertenecen todos los poetas que elogia: Macías, Juan Rodríguez del Padrón, Garci Sánchez de Badajoz, el Bachiller de la Torre, Juan de Mena, el Ropero, Jorge Manrique, Juan del Encina, entre los castellanos; D. Juan de Meneses, Gil Vicente, Bernaldim Ribeiro, entre los portugueses[407]. De los poetas de la escuela nueva menciona á Boscán, Garcilaso y Sá de Miranda.

Hasta aquí las noticias biográficas de Jorge Ferreira, que no he tenido ni siquiera el trabajo de recoger, puesto que juntas y depuradas las ha puesto á mi disposición la doctísima escritora doña Carolina Michaëlis, ornamento al par de la erudición germánica y de las letras peninsulares, á quien me complazco en dar este público testimonio de gratitud por su admirable compañerismo literario.

No todas las producciones del ingenio de Jorge Ferreira han llegado á nuestros días. El conde da Ericeira, al dar cuenta en 1724 á la Academia Real Portuguesa de los manuscritos que contenía la biblioteca del Conde de Vimieiro, cita con el núm. 79 unas _Obras Moraes_ de Jorge Ferreira de Vasconcellos compuestas en 1550 para la educación del rey D. Sebastián. La primera de ellas era un _Diálogo das grandeças de Salomāo_, y la otra un coloquio sobre el psalmo 50. La librería de Vimieiro fué de las que perecieron en el terremoto. Barbosa Machado, que escribió antes de aquella catástrofe, menciona, no sólo el _Diálogo de las grandezas de Salomón_, dedicado al rey D. Sebastián en su infancia, sino también el _Peregrino_, «libro curioso escrito en el estilo de la _Eufrosina_ (lo cual hace creer que se trataba de una nueva comedia en prosa), y los _Colloquios sobre Parvos_ (coloquios sobre los tontos), en respuesta á una pregunta que le hizo una prima suya religiosa, «_que cosa era parvoisse_». De ninguno de estos manuscritos queda, al parecer, rastro.

Como obras impresas tenemos las tres comedias, y un libro de caballerías, del cual existen dos redacciones, al parecer distintas. La primera, que con el título de _Triunfos_ _de Sagramor_, fué impresa en 1554[408], se enlaza artificialmente con el ciclo del rey Artús y de la Tabla Redonda, pero su principal objeto fué describir las fiestas ó torneo de Xabregas con ocasión de haber sido armado caballero el príncipe D. Juan, á quien servía, mozo estudioso y protector de las Musas, ensalzado como tal por todos los poetas de su tiempo, incluso Luis de Camoens (en la égloga 1.ª). Más ó menos refundida esta obra con el título de _Memorial das proezas da segunda Tavola redonda_, y dedicada al rey D. Sebastián, volvió á imprimirse en 1567[409]. El editor de la _Aulegraphia_ en 1619 habla de una segunda parte inédita, que al parecer se ha perdido. Los versos que el _Memorial_ contiene no desmienten las aficiones arcaicas y enteramente hispanistas de Jorge Ferreira. Son casi todos romances, algunos de ellos de asunto clásico, como la guerra de Troya, los amores de Sofonisba y la batalla de Farsalia; otros enlazados con la acción de la novela, y algunos de tema histórico portugués, como la muerte del príncipe D. Alfonso, hijo de D. Juan II, y la del mismo príncipe D. Juan, mecenas del autor[410].

No puede negarse que Jorge Ferreira, sin dejar de ser ingenio genuinamente portugués, y el que después de Gil Vicente nos ha dejado más fieles pinturas de la sociedad de su tiempo, tenía puestos los ojos en nuestra literatura del siglo anterior, y especialmente en la obra insigne que glorificó las postrimerías de aquella centuria. Sus comedias lo comprueban, sin que el autor trate de ocultarlo, y no pueden confundirse de ningún modo con _Os Estrangeiros_ y _Os Vilhalpandos_ de Sá de Miranda, con _Bristo_ y _O Cioso_ de Antonio Ferreira, que son también comedias en prosa, pero de pura imitación latino-itálica, de moderada extensión y de forma representable. Ferreira de Vasconcellos, por el contrario, es un imitador deliberado de la _Celestina_, y sus comedias son extensos libros, destinados á la lectura únicamente[411].

La más antigua de estas obras, y la que principalmente nos interesa, es la _Eufrosina_. En el proemio al príncipe D. Juan, el autor la llama _primicias de meu rustico engenho, primeiro fructo, que delle colhi inda ben tenro_. Y en el prólogo, puesto en boca de _João de Espera em Deus_, la anuncia como _cousa nova, invenção nova nesta terra_. Tenemos, pues, en ella, no sólo las primicias del ingenio de su autor, sino las primicias de un género: «o novo autor em nova inuençāō».

La acción pasa en Coimbra, y hay continuas alusiones á las costumbres de los estudiantes, aunque no lo son los dos principales personajes[412]. En el prólogo de _Juan espera en Dios_ se declara expresamente que allí fué compuesta: «Na antiga Coimbra, coroa destes Reynos, á sombra dos verdes sincerais de Mondego, nasceo a portugueza Eufrosina». ¿Pero en qué tiempo? No es posible admitir la fecha de 1527, propuesta por Teófilo Braga. Su único apoyo está en una carta fechada en Goa á 28 de diciembre de 1526, que se lee en la escena quinta del acto segundo de la obra. Pero en esta fecha tiene que haber error tipográfico, puesto que en la misma carta se alude á la fortaleza de Diu, no construída hasta 1535. La verdadera fecha de la comedia debe rebajarse, por consiguiente, en diez años, y esta fecha cuadra perfectamente con todo lo que sabemos de la vida del autor.

La _Eufrosina_ corrió mucho tiempo manuscrita, estragándose en las copias, hasta que el autor, doliéndose de verla andar _por muitas māōs deuassa é falsa_, determinó colocarla bajo el real amparo del Príncipe D. Juan, heredero de la corona. Si se la dedicó impresa, como parece muy creíble, esta primera edición es desconocida hasta ahora. Pero existen otras dos del siglo XVI, ambas sin nombre de autor, únicas que nos dan el primitivo y auténtico texto de la comedia. Una es de Coimbra, 1560; otra de Évora, de 1561[413]. Sus ejemplares son de extraordinaria rareza. A ello contribuiría sin duda la prohibición inquisitorial, que aparece por primera vez en el Índice portugués de 1581[414], pero que no pasó al castellano de 1583.

Como á pesar de la censura, ó quizá por virtud de ella, seguía leyéndose con aprecio la _Eufrosina_, un buen ingenio de principios del siglo XVII, poeta y novelista, Francisco Rodríguez Lobo, determinó obsequiar con una reimpresión de ella á su mecenas D. Gastón Coutinho, que había mostrado deseo de leerla, entre otras razones porque todas las cosas prohibidas obligan á la voluntad á procurarlas, más que otras á que no pone precio la dificultad, y siempre nuestro deseo se esfuerza á lo que le prohiben». Y doliéndose él, por su parte, de que una obra tan digna de loor por la excelencia de sus palabras, la galantería de sus conceptos, la verdad de sus sentencias, la agudeza y sal de sus gracias, estuviese fuera del uso común y no pudiese ser leída libremente, se determinó á quitar «algunos descuidos y yerros que en ella había», y es de creer que fuesen alusiones satíricas sobre las costumbres de clérigos y frailes, que nunca faltan en esta casta de libros.

Corregida de esta manera por Rodríguez Lobo, la _Eufrosina_ volvió á ser impresa en 1616 con permiso del Santo Oficio, que autorizó esta edición sola en el Indice de 1624, continuando la prohibición de las anteriores: _Euphrosina impressa antes de 1616; Author Jorje Ferreira de Vasconcellos_. Los inquisidores sabían el nombre del autor, pero Lobo no le consigna, y la tradición fué perdiéndose, hasta el punto de decir Faria y Sousa en su _Europa Portuguesa_[415]: «El primer libro que se escrivio con la mira de ensartar refranes y dichos graciosos fue (con admirable acierto) el que llaman _Eufrosina_, malissimamente traducido en castellano: _no se le sabe autor_; diole ultimamente a luz Francisco Rodriguez Lobo, muy diminuto». Por su parte, D. Francisco Manuel de Mello, en el _Hospital das Lettras_[416], habla dubitativamente de la paternidad de la _Eufrosina_, aunque no de las otras dos comedias: «O illustre Jorje Ferreira, auctor da _Ulysipo, Aulegraphia e dizem que Eufrosina_. Nuestro D. Nicolás Antonio escribió con mejores informes, catalogando la _Eufrosina_ á nombre de Jorge Ferreira y dando á Lobo por mero editor[417].

Como anónima se había presentado en la traducción castellana del capitán D. Fernando de Ballesteros y Saavedra, regidor de Villanueva de los Infantes (1631), que en la dedicatoria al infante D. Carlos, hermano de Felipe IV, dice textualmente: «Bien pudo la modestia del autor desta comedia ser hazañosa en quitarse la gloria que de averla escrito le resultará en los siglos». D. Francisco de Quevedo, que apadrinó esta traducción con una curiosa advertencia, conocía, no sólo la edición de 1616, sino las antiguas, pues hace notar que «su original no cercenado por Lobo es difícil por los idiotismos de la lengua y los Proverbios antiguos y que ya son remotos a la habla moderna». Pero ignoraba por completo quién fuese el autor primitivo. «Esta comedia _Eufrosina_, que escrita en Portugues se lee sin nombre de autor, es tan elegante, tan docta, tan exemplar, que haze lisonja la duda que la atribuye a cualquier de los más doctos escritores de aquella nación. Muestra igualmente el talento y la modestia del que la compuso, pues se calló tanta gloria que oy apenas la conjetura halla sujeto capaz a quien poder atribuirla».

El juicio que aquel grande escritor formó de la _Eufrosina_ no puede ser más honroso para las intenciones morales de su autor: «Mañosamente debaxo el nombre de comedia enseña a vivir bien, moral y políticamente, acreditando las virtudes y disfamando los vicios con tanto deleyte como vtilidad, entreteniendo igualmente al que reprehende y al que alienta; extraña habilidad de pluma, que sabe sin escandalo ser apacible, y provechosa condicion que deuen tener estas composiciones». Iguales elogios repiten los aprobantes. Así el maestro José de Valdivielso: «La fabula es sentenciosa y exemplar: despierta avisos y avisa escarmientos; deberá al traductor Castilla estos divertimientos y Portugal estos honores». Y Bartolomé Ximénez Patón: «Aunque fábula, es de muy delicada corteza, con substancia y copia de sentencias y consejos». En efecto, el carácter doctrinal y sentencioso está marcado en la _Eufrosina_ más que en ningún otro libro de su clase, y no es el menor de los defectos que hacen cansada su lectura, no obstante la agudeza de muchas de sus reflexiones morales.

La traducción de Ballesteros, que va reimpresa en el presente volumen á título de curiosidad literaria, difícil de hallar, no sólo en la edición príncipe de 1631, á cuyo texto nos ajustamos[418], sino en la reimpresión de 1735, que dirigió D. Blas Nasarre, oculto con el seudónimo de D. Domingo Terruño Quexilloso[419], dista mucho de ser tan mala como Faria y Sousa da á entender. Está, sí, algo abreviada, y en algunos puntos el traductor no penetra bien el sentido de los proverbios portugueses, pero generalmente es fiel, está escrita con soltura y da idea bastante aproximada de los méritos y defectos del original. Hacer la comparación de ambos textos es tarea que peculiarmente incumbe á los eruditos portugueses, así como otra más importante, la de reimprimir críticamente la primitiva _Eufrosina_ de las ediciones del siglo XVI, para que sepamos á ciencia cierta cuáles son las variantes que en ella introdujo Lobo.

Mucho antes de salir á luz la edición expurgada de 1616 era conocida y celebrada entre nosotros la obra de Jorge Ferreira, que en Castilla no estuvo prohibida nunca. Prueba irrecusable de su popularidad nos ofrece _La Pícara Justina_, novela impresa, como es notorio, en 1605. Su autor enumera en el prólogo las principales obras de entretenimiento, y allí están citados los chistes de la _Eufrosina_, al lado de _El Asno de Oro_, la _Celestina_ y el _Lazarillo de Tormes_. Tratando Justina en el primer libro, capítulo tercero, «de la vida del mesón», empieza por decir que nadie había escrito sobre ella, pero luego se retracta: «Dígolo por un librillo intitulado _La Eufrosina_, que leí siendo doncella, que se refiere de un _discrépito_ poeta, que para alabar el meson dijo que Abraham se preció en vida de ventero de ángeles, y en muerte de mesonero de los peregrinos y pasajeros del limbo, los cuales tuvieron posada en su seno. Pero este escritor _monobiblio_ no advirtió dos cosas: lo uno, que es necedad traer tales personas en materias tales, y lo otro, porque Abraham dió de comer á su costa en su casa á los vivos y á los del limbo no llevó blanca de posada, lo cual no habla con los mesoneros de este mundo, ni tal milagro acaeció en casa de mi padre. Demás que yo no me quiero meter en historias divinas, no porque las ignoro, sino porque las adoro». El pasaje á que se alude debió de ser por lo irreverente uno de los cercenados en la refundición de Lobo.

Un género de interés, para nosotros secundario, tiene la _Eufrosina_, y es su gran valor _paremiológico_. En todas las _Celestinas_, desde la de Rojas hasta la _Dorotea_ de Lope, abundan los proverbios y los idiotismos familiares; pero en la _Eufrosina_ se encuentran en tal copia, que muchos trozos y aun escenas enteras son un tejido de refranes y de frases hechas. En este sentido fué el modelo primero, aunque indirecto (porque no creo que nadie la imitase de propósito) de las _Cartas en refranes_ de Blasco de Garay, del _Entremés de refranes_ de autor anónimo, de _El Perro y la Calentura_ de Pedro de Espinosa, del _Cuento de Cuentos_ de Quevedo, de la _Historia de Historias_ de D. Diego de Torres, y de las dos _Rondallas_ valenciana y mallorquina de Fr. Luis Galiana y de D. Tomás Aguiló; obras de ingeniosa taracea en que puede aplaudirse el mérito de la dificultad vencida, pero que principalmente valen como repertorios de frases, no como diálogos ó cuentos.

Sería injusto decir lo mismo de la _Eufrosina_, á pesar de lo artificial del procedimiento, que por otra parte no es tan sistemático como en las obras citadas. En la comedia portuguesa lo esencial es el argumento de la comedia, aunque importen mucho los proverbios y sentencias de que el diálogo está materialmente tejido, con menoscabo de la naturalidad, primera condición de toda obra que afecta formas dramáticas. Los interlocutores casi nunca usan la expresión directa y sencilla; todos ellos presumen de ingeniosos, agudos y sutiles: mezclan la pedantería de las escuelas con el tono galante y amanerado de las conversaciones de palacio; son cultos y conceptistas en profecía, y hasta cuando remedan el habla popular lo hacen con dejos y resabios cortesanos. Hay una continua afectación en el estilo, afectación que no siempre desagrada, porque se ve que es trasunto del buen tono de una época gloriosa y de una sociedad elegante, como lo fué la portuguesa de los reinados de D. Manuel y don Juan III. Pero tanta metáfora rebuscada, tanta alusión fría é impertinente, tanta mitología pueril, tantas reminiscencias de los poetas clásicos, especialmente de Ovidio, tanto _doctrinaje_ insípido, vicios que más ó menos afean todas estas comedias y tragicomedias, no van compensados aquí, como en otros casos hemos visto, con la verdad plástica del detalle, con la representación franca y enérgica, aunque á veces brutal, de la realidad. Todo es pálido y atenuado en la _Eufrosina_: los tipos tienen algo de abstracto, y la obra entera se resiente de cierta frialdad seudoclásica.

Pero en esto mismo consiste su relativa originalidad. Un vago sentimentalismo, que no hemos visto hasta ahora, penetra calladamente en algunas escenas, y modifica el concepto del amor, llevándole por rumbos idealistas y en cierto modo platónicos. La psicología del autor no es profunda, genial y avasalladora como la de Fernando de Rojas: no llega á producir criaturas inmortales. Pero es ingeniosa, delicada y de suaves matices, como cuadra á una acción familiar y honesta, en que no hay grandes conflictos de pasión y llegan todas las cosas á un término sereno y apacible. El seso y la gravedad campean en esta producción juvenil, con cierto elevado y noble sentido de la vida, que hace simpático al hombre y al moralista.

El mérito principal de la _Eufrosina_ estriba en el contraste entre los dos jóvenes _Zelotipo_ y _Cariofilo_, representante el primero del amor exclusivo, caballeresco y respetuoso, que hace un ídolo de la persona amada, y el segundo del apetito sensual, frívolo, ligero y veleidoso. Uno y otro logran su condigna recompensa, obteniendo Zelotipo por premio de la pureza y constancia de su afecto la mano de la noble y rica Eufrosina, única hija y heredera de D. Carlos, señor de las Povoas, y viéndose Cariofilo, de resultas de una de sus vulgares aventuras, obligado á casarse por fuerza con la hija de un platero, á quien había dado, como á otras varias, promesa de matrimonio. Los contrapuestos caracteres de los dos amigos se reflejan fielmente en sus palabras: «Quando segui amores que no estimé dexar (dice Zelotipo), a todo me aventuraua; aora que tengo hecho empleo del alma, no ay cosa que no tema, y esto juzgo por lo mejor, porque me lo enseña vn puro y verdadero amor, que es propio maestro de virtudes, y quien muda la mala condicion en buena, el escaso en liberal, el ignorante en discreto, el inconsiderado en prudente, el cobarde en osado». (Pág. 69 de la presente edición). «Las almas contemplativas tienen los gustos muy diferentes de la otra gente... No ay contento general que valga la sombra de una tristeza particular. De mí os sé dezir que no trocaria el estar triste dos horas por quantos placeres ay en la vida, porque estas viuo para mí y las otras para el mundo. De donde se sigue que me enfadan las fiestas públicas y es a mi propósito el pasatiempo solitario, y no me conformo, antes aborrezco los amigos de regocijos públicos y que son comunes con todos en holgarse» (pág. 92).

Antítesis de este contemplativo personaje es Cariofilo, que, sin la grandeza trágica del burlador de Sevilla, profesa una filosofía del amor muy parecida á la suya, y responde á los sanos consejos de su amigo con frases análogas al _Tan largo me lo fiais_: «Atengome á sacudillas y dexallas, que assi hazian los dioses de la gentilidad; lo demas es burla, porque es tan mala ralea la de mugeres, que ya ninguna quiere bien si no es por el interés, y en quanto ay que darles; yo conózcolas por el diente, y en tanto, lo que la loba haze al lobo le place, y a vn ruin ruin y medio. Amor enseña mil caminos de engañar; prometiendo con franqueza, de promessas las hago ricas; al tiempo de la paga no faltan escapatorias...». (Pág. 98). «Quando alcanço fauor de una muger de calidad, que me es de gusto y provecho, en teniendola rendida y señalada de mi señal, por no aficionarme mucho y venir a ser esclauo de mi gusto, procuro diuertirlo, por no criar cuerbo que me saque el ojo, y ocúpome en hazer empleo en otra y en otras. Desta manera juego con cartas dobladas, y no puedo perder, y aseguro mi mercaduria por no estar pendiente de la cortesia de la fortuna, y en esto me escuso grandes disgustos». (Pág. 99).

Pero todavía es más _donjuanesco_ el diálogo siguiente, que no quiero abreviar por su importancia, desatendida hasta ahora:

«_Cariofilo._--Sabeis lo que os digo, amigo mio? O tuerto ó derecho, mi casa hasta el techo; aun no estoy _a porta inferi_; allá vendran los aborrecidos ochenta años; dexadme aora lograr mis años floridos, en quanto tengo tiempo; despues no faltará la merced de Dios y la misericordia, de que la tierra está llena. En poco espacio se saluó el buen ladron.

«_Zelotipo._--Essa es una gentil cuenta. Por qué cédula teneis vos assegurado esse momento y esa condicion que basta para merecer en él? Pues cómo os acogeis á la misericordia, considerando que anda de compañia con la justicia, la cual no se dobla como la del mundo?