Part 21
Vulles tostemps dir veritat De ço que serás demanat Mas de cas de necessitat Pots dir falçía.
[165] «Car vous liset l'Escriture, et ne l'entendez. Vous sçavez bien, que Salomon, qui a esté le plus sage que iamais ait esté entre les fils d'Adam dit en son Ecclesiaste chap. 3. Qui est celuy qui sçait si les ames des fils d'Adam montent en haut, et les ames des iumens et autres animaux descendent en bas? Comme s'il vouloit diré: nul ne le sçait, si non celuy qui les a creé. Et vous asseure, frere Anselme, que vostre parler est peu sage en cela. Voulez-vous determiner ce que Salomon met en doute, parlant sagement?» (p. 84).
[166] Hay, entre otras reminiscencias, el nombre de _Trotaconventos_: «Llámame á Trotaconventos, la vieja de mi prima, que vaya de casa en casa buscando la mi gallina rubia» (p. 120). Le cita expresamente en el cap. IV de la primera parte (p. 18): «E un exemplo antiguo es, el qual puso el Arcipreste de Fita en su tractado», y en el VIII de la tercera parte (p. 213), «Dice el Arcipreste: Sabyeza temprado callar, locura demasiado fablar».
El caso es digno de notarse, porque las citas del Arcipreste de Hita son rarísimas en los autores de la Edad Media. Sólo recuerdo la del Marqués de Santillana en su _Prohemio_, pero de paso y sin calificación alguna.
[167] Del segundo se hablará más adelante. Del Petrarca cita dos veces el _Tratado de remediis utriusque fortunæ_ (pp. 139 y 162).
[168] _Arcipreste de Talavera (Corvacho ó Reprobación del Amor Mundano), por el Bachiller Alfonso Martínez de Toledo. Lo publica la Sociedad de Bibliófilos Españoles._ Madrid, 1901, pp. 118-120.
Esta edición, dirigida por el insigne erudito D. Cristóbal Pérez Pastor, tiene por base el códice _iij-h-10_ de la Biblioteca del Escorial, copiado por Alfonso de Contreras en 1466; pero como su texto no es intachable ni mucho menos, se han añadido las variantes de las dos primeras ediciones entre las seis antiguas que hasta ahora se conocen. Digo seis y no siete, porque la que se cita de Sevilla, 1495, sólo es conocida por una vaga mención, acaso equivocada, de Panzer. Las restantes son: _a_) Sevilla, por Meynardo Ungut Alemán y Stanislao Polonio, 1498; _b_) Toledo, por Pedro Hagembach, 1499; _c_) idem, por el mismo impresor, 1500; _d_) Toledo, 1518, por Arnao Guillén de Brocar; _e_) Logroño, por Miguel de Eguía, 1529; _f_) Sevilla, por Andrés de Burgos, 1547; todas en folio, á excepción de la última, que es en octavo y sumamente incorrecta.
La fecha en que el Arcipreste compuso su obra consta en el encabezamiento del códice escurialense: _Libro compuesto por Alfonso Martínez de Toledo, Arcipreste de Talavera, en hedat suya de quarenta annos, acabado á quince de Março, anno del Nascimiento de Nuestro Salvador Ihesu Xº de Mil e quatrocientos e treynta e ocho años._
Sobre el donoso pasaje de las lamentaciones del huevo y la gallina hizo Rodrigo de Reinosa unas coplas, que se imprimieron en un pliego suelto gótico, y son nuevo testimonio de la popularidad del Arcipreste: «_Síguense unas coplas que hablan de cómo las mujeres, por una cosa de nonada, dizen muchas cosas; en especial, una mujer sobre un huevo con su criada_».
Hay buenos extractos del Arcipreste en Lemcke, _Handbuch der Spanischen Literatur_ (Leipzig, 1855), t. I, (pp. 105-117), que es el primer crítico que concedió á este autor la importancia debida. Véase también Wolf, _Studien zur Geschichte der Spanischen und Portugiesischen Nationalliteratur_ (Berlín, 1859), pp. 232-235, y Puymaigre, _La Cour littéraire de Don Juan II_ (París, 1873), tomo I, pp. 155-166.
[169] Págs 165 y 167.
[170] Quedan muy pocas noticias de él. Consta por una escritura que vivía aún en 1466. Por varias referencias de sus libros sabemos que hizo larga residencia en la Corona de Aragón, especialmente en Barcelona, donde estuvo dos años. Habla como testigo de vista de los terremotos de 1421 y 1428. Además de la obra que vamos examinando escribió una compilación histórica llena de curiosidades que se titula _Atalaya de las Cronicas_, y unas _Vidas de San Isidoro y San Ildefonso_, ilustradas con traducciones de algunos opúsculos de uno y otro Santo. Fué curioso colector de libros, y todavía existen algunos que le pertenecieron y llevan su autógrafo, entre ellos el _Libro de las Donas_, que citaré después, y el hermoso ejemplar de la _Crónica Troyana_, que hoy posee la Duquesa de Alba, y tiene al fin la siguiente anotación: _«Et ego Alfonsus Martini, archipresbyter talaverensis domini nostri regis Joannis capelanus in decretis bachalaureus ac porcionarius eclesiae Toletanae eadem oriundus civitate capelanus idemque capelae regis sancii dictae eclesiae librum hoc scribi feci tempore supra scripto_ (alude á la fecha de 20 de mayo de 1448 que se estampa antes) _propter dulcissimam latini sui ac stili necnon nobilissimi seriem et suavitatem. Deo gratias. A. Talaverensis porcionarius Toletanus_».
[171] _Gerson_ dice en el texto impreso, _Juan de Ausim_ en el manuscrito, pero creo que se trata de la misma persona: «Tomé algunos notables dichos de un doctor de París, por nombre Juan de Ausim, que ovo algund tanto scripto del amor de Dios y de reprobacion del amor mundano de las mujeres» (p. 3). Y más adelante: «Tomando, como dixe, algunos dichos de aquel doctor de Paris que en un su breve compendio ovo de reprobacion de amor compilado para informacion de un amigo suyo, hombre mancebo que mucho amaba, veyendole atormentado e aquexado de amor de su señora» (p. 5).
[172] Págs. 124-125.
[173] Págs. 129-132.
[174] Pág. 330.
[175] «Otra razon te diré la qual Juan Bocacio prosygue, de la qual pone un exemplo tal. Dize que él, estando en Nápoles oyendo un dia licion de un grand filosofo natural maestro que ally tenia escuela de estrologia, el qual avia nombre Andalo de Nigro, de Genova cibdadano, leyendo la materia que los cielos en sus movimientos facen e de los cursos de las planetas e sus influencias, dixo esta razon: non deve poner culpa á las estrellas, signos e planetas cuando el causador busca su desaventura e es causador de su mal; e pone un enxemplo para probanza desta razon, el qual queriendolo entender alegoricamente, tiene en sy mucha moralidad, quien en él bien pensare, aunque á primera vista paresca patraña de vieja. E el ensemplo es este...». (Págs. 285-317).
[176] _I primi influssi di Dante del Petrarca e del Boccaccio sulla Letteratura Spagnuola_. _Saggio di Bernardo Sanvisenti_, Milán, 1902, pág. 318.
[177] «Este libro es de Alonso Martínez, arcipreste de Talavera, racionero en la iglesia de Santa María de Toledo, comprado en xxvj d'agosto de 48 años de mas de mil CCCC en Toledo. Quinientos maravedis, et otro libro, Alfonsus Talaverensis, porcionarius Toletanus».
[178] «¿Qué diremos de las mugeres presentes, que se fasen desir _mujeres del tiempo, mujeres de la guisa, mujeres de la ventura e mujeres de la arte_? Que van con nuevos tajos de vestiduras e con enamorados gestos, que vuelven los ojos acá et allí, van juntas brazo por brazo et se muestran todas las joyas, si bien no es dia de mercado; que cuando se muestran, colean et cabecean más espesso que la sierpe, et fasen á todos los maridos bestias et más que locos... et traen las cejas pintadas en arco, et coloradas con catorce colores; que de cabeza á pies son remifadas, et non les fallesce solo vn chaton; que todas van enjoyadas, todas almiscadas et con olores de tunique; solamente de punta tocan en el suelo, quando van, et los chapines con polaynas, et de verano guantes dorados en las manos...». (Cap. XXIV del tratado 3.º de la primitiva versión castellana del _Libro de las Donas_, distinta de la que luego se imprimió con el título de _Carro de las Donas_. Apud Amador de los Ríos, _Historia de la literatura española_, t. VI, p. 283).
Curioso es, sin duda, el pasaje de Eximenis, pero ¡qué frío y seco parece al lado de los atrevidos toques y ardientes pinceladas del Arcipreste de Talavera! Este era un poeta á su modo; Eximenis, un moralista.
Una cita de su _Vita Christi_ hallamos también en el _Corbacho_, nuevo argumento de lo familiares que eran á Alfonso Martínez las obras del franciscano catalán: «segund en el libro de _Vita Christi_ dixo maestre Francisco Ximenes, frayle menor» (pág. 235).
[179] El cuento de Aristóteles enamorado procede, como es sabido, de un _fabliau_ francés (_Lai d'Aristote_). Véase cómo le aprovecha el Arcipreste: «E demas Aristotyles, uno de los letrados del mundo e sabidor, sustentó ponerse freno en la boca e silla en el cuerpo, cinchado como bestia asnal, e ella, la su coamante, de suso cavalgando, dándole con unas correas en las ancas. ¿Quién non debe renegar de amor sabiendo que el loco amor fizo de un tan grand sabio, sobre cuantos fueron sabios, bestia enfrenada andando á cuatro pies?»
La leyenda de Virgilio es todavía más famosa; pero copio la versión del Arcipreste, porque no la cita más que por referencia Comparetti en su admirable libro _Virgilio nel Medio Evo_:
«¿Quién vido Vergilio, un hombre de tanta acucia e ciencia, cual nunca de mágica arte nin ciencia otro cualquier o tal se sopo nin se vido nin falló, _segund por sus fechos podrás leer, oyr e veer_, que estuvo en Roma colgado de una torre a una ventana, a vista de todo el pueblo romano, solo por dezir e porfiar que su saber era tan grande que mujer en el mundo non le podía engañar? E aquella que le engañó presumió contra su presuncion vana cómo le engañaría, e así como lo presumió lo engañó de fecho: que non ha maldad en el mundo fecha nin por facer que á la mujer mala deficile á ella sea de esecutar e por obra poner... Pero non digamos de los engaños que ellas rescibieron, resciben e rescibirán de cada dia por locamente amar, pues el susodicho Virgilio sin penitencia non la dexó que mucho bien pagó a su coamante, que apagar fizo en una hora, por arte mágica, todo el fuego de Roma, e vinieron á encender en ella todos fuego, que el fuego que el uno encendia non aprovechaba al otro, en tanto que todos vinieron á encender en ella fuego en su vergonçoso logar e cada cual para sí, por venganza de la desonrra que fecho avia á hombre tan sabio» (págs. 49-53).
Más adelante trae otra variante de la misma leyenda, atribuyéndosela á un personaje español, al almirante D. Bernardo de Cabrera:
«Mas te diré, que yo vi en mis dias enfinidos hombres, y aun fembras sé que vieron á un hombre muy notable, de casa real e cuasi la segunda persona en poderío en Aragon, mayormente en Çezylia, por nombre mosen Bernad de Cabrera, el cual estado en cárceles preso por el rey e reyna, porque facia en Çeçilia mucho mal e daño al señor rey, por cuanto tenia por sí muchos castillos e logares fuertes e non andaba á la voluntad del rey, fue preso; e por lo aviltar e desonrrar fizieron con una mujer que él amaba que le consejase que se fuese e se escolase por uña ventana de una torre do preso estaba, para ir á dormir con ella, e después que se fuese e fuyese desde su casa; esto por enduzimiento del rey, e ella que le plogo de lo facer. E él creyendo la mujer, pensando que le non engañaría, creyola e tomó una soga que le ella envió. E el que le guardaba dióle logar á todo e dexóle limar el cerrojo de la ventana, e començó á descender por la torre abaxo e enmedio de la torre tenia una red de esparto gruesa, abyerta, que allá llaman xábega, con sus arteficios. E cuando fue dentro en la red, cerráronla e cortaron las cuerdas los que estaban dalto en la ventana, e asi quedó alli colgado fasta otro dia en la tarde que le levaron de allí sin comer nin beber. E todo el pueblo de la cibdad e de fuera della, sus amigos e enemigos, le vinieron á ver allá, donde estaba en jubon como Virgilio, colgado».
[180] Publicado por Knust en la colección de los Bibliófilos Españoles (_Dos obras didácticas y dos leyendas_), 1878, págs. 249-295. Contiene la historia de Griselda, pero no tomada de la última novela del _Decameron_, sino de uno que llama «libro de las cosas viejas», donde sin duda estaba muy abreviada.
[181] Págs. 41-42 de la reimpresión.
[182] Págs. 44-47.
[183] Pág. 102.
[184] Las primeras ediciones de estos opúsculos de Alonso de Palencia, impresas en caracteres góticos á fines del siglo XV, sin año ni lugar de impresión, son de extremada rareza. _De la Batalla campal de los perros y lobos_ no se conoce más ejemplar que el de la Biblioteca de Palacio, procedente de la Mayansiana. Eli original latino de la _Perfección del triunfo militar_ se guarda en un códice de la Biblioteca Capitular de Toledo. De la versión castellana hay un ejemplar impreso en la Biblioteca Nacional y otro poseyó Salvá. Ambos tratados fueron reimpresos en la colección de _Libros de antaño_ (tomo V, 1876) por el docto y malogrado académico D. Antonio María Fabié, con un buen estudio biográfico y un glosario.
[185] Por ejemplo, su teoría del profetismo, muy semejante á la de Maimónides; sus ideas sobre el entendimiento agente, más afines á las de Avempace y Algazel que á las de los escolásticos; su doctrina de las tres vidas del hombre, que reaparece en muchos místicos; sus ideas sobre la música, que para él es una especie de metafísica latente, como para Schopenhauer; su clasificación de las lenguas en guturales, paladiales y dentales; sus ideas sobre la palabra, que son las de la escuela tradicionalista, etc.
[186] Hállase en un códice de la Biblioteca Nacional (S. 219), y fué publicado por Amador de los Ríos en los apéndices al tomo VII de su _Historia crítica_, pp. 578-590. El extraño título con que se le designa en loa antiguos índices se debe al encuadernador, y sólo tiene relación con las primeras frases del tratado, que realmente es acéfalo.
IV
BREVES INDICACIONES SOBRE LOS LIBROS DE CABALLERÍAS.--SU APARICIÓN EN ESPAÑA.--CICLO CAROLINGIO («TURPÍN», «MAYNETE», «BERTA», «REINA SEVILLA», «FIERABRÁS», ETC.).--INFLUENCIA DE LOS POEMAS ITALIANOS («REINALDOS DE MONTALBÁN», «ESPEJO DE CABALLERÍAS», ETC.).--ASUNTOS DE LA ANTIGÜEDAD CLÁSICA («CRÓNICA TROYANA»).--NOVELAS GRECO-ORIENTALES («PARTINUPLÉS», «FLORES Y BLANCAFLOR», «CLEOMEDES Y CLARIMONDA», «PIERRES Y MAGALONA», ETC.).--NOVELAS VARIAS («OLIVEROS DE CASTILLA Y ARTÚS DE ALGARBE», «ROBERTO EL DIABLO», ETC.).--EL CICLO DE LAS CRUZADAS EN LA «GRAN CONQUISTA DE ULTRAMAR» («EL CABALLERO DEL CISNE»).--OTRAS NOVELAS DE LOS SIGLOS XIV Y XV.--EL CICLO BRETÓN EN ESPAÑA («TRISTÁN», «LANZAROTE», «DEMANDA DEL SANTO GRIAL», «BALADRO DEL SABIO MERLÍN», «TABLANTE Y JOFRE»).--CARÁCTER EXÓTICO DE TODA ESTA LITERATURA.
Nadie espere encontrar en el presente bosquejo de nuestra primitiva novela un tratado completo y formal sobre los libros de caballerías. Esta materia vastísima y sobremanera compleja debe ser estudiada aparte y con toda la extensión que su importancia requiere. La investigación comenzada por Gayangos en 1857 va á ser continuada en dos ó tres volúmenes de la presente _Biblioteca_ por un joven erudito, de grande ingenio y saber, á quien sus primeros trabajos han dado ya muy honorífico puesto entre los cultivadores de nuestra historia literaria. De buena voluntad hubiese dejado yo enteramente intacta la materia caballeresca para que dignamente la ilustrara el Sr. D. Adolfo Bonilla y San Martín, si no me detuviese la consideración de que, omitiendo por completo esta enorme masa de libros, quedaría incompleta la historia de la novela en uno de sus puntos capitales, y nos faltaría la clave para explicar sus transformaciones posteriores. Pero como no gusto de meter la hoz en mies ajena, y menos cuando ha de ser tan bien espigada, procederé aquí muy rápidamente, trazando sólo las líneas generales del cuadro, sin entrar en una exposición detallada ni en un examen crítico, que aquí serían de todo punto imposibles. Lo que procuraré establecer con claridad es la clasificación y deslinde de los diversos ciclos y grupos de novelas, la época precisa de su aparición en España y la cronología de su desenvolvimiento.
Los libros de caballerías, á pesar de su extraordinaria abundancia, que excede con mucho á todas las demás novelas juntas de la Edad Media y del siglo XVI, no son producto espontáneo de nuestro arte nacional. Son una planta exótica que arraigó muy tarde y debió á pasajeras circunstancias su aparente y pomposa lozanía. Muchos de ellos son traducciones, otros, imitaciones muy directas; pero es cierto que en el _Amadís_, en el _Tirante_, en los dos _Palmerines_, el género se nacionalizó mucho, hasta el punto de parecer nuevo á las mismas gentes que nos le habían comunicado y de imponerse á la moda cortesana en toda Europa durante una centuria. Una reacción del genio hispano, encarnándose en su hijo más preclaro, mató y enterró para siempre tan enorme balumba de fábulas; la misma facilidad con que desaparecieron y el profundo olvido que cayó sobre ellas indican que no eran verdaderamente populares, que no habían penetrado en la conciencia del vulgo, aunque por algún tiempo hubiesen deslumbrado su imaginación con brillantes fantasmagorías. Había, con todo, en algunos de esos libros una parte de invención española, de originalidad y creación, aunque fuese subalterna. El autor del _Amadís_, sobre todo, digno de ser cuidadosamente separado de la turba de sus satélites, hizo algo más que un libro de caballerías á imitación de los poemas del ciclo bretón: escribió la primera novela idealista moderna, la epopeya de la fidelidad amorosa, el código del honor y de la cortesía, que disciplinó á muchas generaciones. Fué, sin duda, un hombre de genio, que combinando y depurando elementos ya conocidos y todos de procedencia céltica y francesa, creó un nuevo tipo de novela más universal que española, que en poco ó en nada recuerda el origen peninsular de su autor, pero que por lo mismo alcanza mayor transcendencia en la literatura del mundo, á la par que es gloria de nuestra raza el haberle impuesto á la admiración de las gentes con una brillantez y una pujanza que ningún héroe novelesco logró antes de Don Quijote.
No hay para qué entrar en inútiles disquisiciones sobre el origen de la literatura caballeresca. No procede de Oriente ni del mundo clásico, por más que puedan señalarse elementos comunes y hasta creaciones similares. Nació de las entrañas de la Edad Media, y no fué más que una prolongación ó degeneración de la poesía épica, que tuvo su foco principal en la Francia del Norte, y de ella irradió no sólo al Centro y al Mediodía de Europa, sino á sus confines septentrionales: á Alemania, á Inglaterra y á Escandinavia, lo mismo que á España y á Italia. Pero esta poesía, aunque francesa por la lengua (muy lejana por otra parte del francés clásico y moderno), era germánica unas veces y otras céltica por sus orígenes, y más que la poesía particular de una nación cuya unidad no estaba hecha, fué la poesía general del Occidente cristiano durante los siglos XII y XIII. Independientes de ella, pero recibiendo su influjo, florecieron otras epopeyas como la de Alemania y la de Castilla; se vigorizaron en todas partes las tradiciones heroicas; se despertó el genio poético de algunas razas que parecían próximas á desaparecer de la historia; germinaron en confuso tropel los símbolos de olvidadas mitologías, convertidos en personajes y acciones humanas; la fecunda dispersión del mundo feudal se tradujo en el enmarañado cruzamiento de ciclos y subciclos, y en medio de tal anarquía, un ideal común de vida guerrera brilló en medio de las tinieblas de la Edad Media. Esta gran poesía narrativa tuvo por primer instrumento la forma métrica, asonantada al principio y rimada después; pero en los tiempos de su decadencia, desde la segunda mitad del siglo XIII, y mucho más en el XIV y en el XV, cuando el instinto creador había huido de los juglares, cuando la amplificación verbosa y la mala retórica habían suplantado á la poesía, cuando las narraciones no se componían ya para ser cantadas sino para ser leídas, cuando se había agrandado en demasía el público sin mejorarse la calidad de él, y á la vez que la aristocracia militar, avezada ya á los refinamientos cortesanos y á los artificios del lirismo trovadoresco y de las escuelas alegóricas, volvía desdeñosamente la espalda á las gestas nacionales, comenzaba la burguesía á apoderarse de los antiguos relatos, imprimiéndoles un sello vulgar y pedestre; la Musa de la Epopeya se vió forzada á descender de su trono, calzó el humilde zueco de la prosa, y entonces nacieron los libros de caballerías propiamente dichos. No hay ninguno entre los más antiguos, ni del ciclo carolingio, ni del ciclo bretón, ni de los secundarios, ni de las novelas aisladas, ni de las que toman asuntos de la antigüedad ó desarrollan temas orientales y bizantinos, que no sea transformación de algún poema existente ó perdido, pero cuya existencia consta de una manera irrecusable.
De esta ley se eximió la epopeya castellana, que por su carácter hondamente histórico no engendró verdaderas novelas (á excepción de la _Crónica del Rey Don Rodrigo_, que examinaremos más adelante), sino que se disolvió en cantos breves ó se perpetuó en la forma histórica directa, penetrando en la prosa de las Crónicas y siendo tenida en concepto de historia real aun por los analistas más severos: tal era de verídico y sencillo su contexto, tal su penuria de elementos maravillosos y tan llana y sincera la representación de la vida. Los romances, por una parte, y por otra las grandes compilaciones históricas, á partir de la de Alfonso el Sabio, recogieron el tesoro de los _Cantares de Gesta_, muy pocos de los cuales poseemos en su forma primitiva, y le salvaron en cuanto á la integridad y á la sustancia. Fué una transformación análoga, pero no igual, á la que experimentaron los poemas franceses. Hubo con el tiempo breves crónicas para uso del pueblo, verdaderos libros de cordel sobre Bernardo, Fernán González, los Infantes de Lara y el Cid, que todavía corren en manos de nuestro vulgo; pero no añaden circunstancias novelescas al relato, son meros extractos torpemente sacados de las crónicas más amplias. Bajo este aspecto, la crónica popular del Cid no representa un libro distinto de la impresa por Belorado. Sólo en Portugal, y muy tardíamente (¡en el siglo XVIII!), se prolongó con cierto desarrollo novelesco la leyenda de Bernardo, por capricho particular de un escritor[189].
Después de los temas nacionales, ningunos más divulgados en la vieja literatura española que los del ciclo carolingio, como lo atestiguan los numerosos romances, algunos bellísimos, que nos cuentan las andanzas de sus principales héroes, muy españolizados á veces y tratados con tanto amor como si fuesen compatriotas. Estos romances en su forma actual no son anteriores al siglo XV, pero el grado de elaboración que en ellos alcanza la materia épica, la gran distancia á que se encuentran de sus originales ultrapirenaicos, hasta el punto de ser difícil reconocerlos, hace evidente que descansan en una poesía anterior, en verdaderos _Cantares de Gesta_, compuestos libremente en España sobre temas traídos por los juglares franceses ó provenzales.